¡Cuántas veces hemos escuchado palabras sabias de mujeres humildes que uno cree que no saben nada!

¡Cuántas veces hemos escuchado palabras sabias de mujeres humildes que uno cree que no saben nada!

Fue una audiencia general que contó con un participante inesperado, el actor y político Arnold Schwarzenegger. O quién sabe, quizá era un Terminator del futuro que llegaba al Vaticano con un mensaje para el Papa.

Cuando el Papa se acerca a los peregrinos ocurren los momentos más divertidos de las audiencias generales. Este miércoles le detuvo este grupo de brasileños para cantarle una canción. 

Otros intentaron detenerlo para que bendijera a sus hijos, aunque esta pequeña se asustó con la experiencia. 
 
Luego en su catequesis el Papa habló de la tentación de poner condiciones a Dios para obligarlo a que resuelva nuestros problemas exactamente como nosotros queremos. 
 
FRANCISCO
"Pedimos al Señor vida, salud, cariño, felicidad; y es justo hacerlo, pero con la seguridad de que Dios sabe sacar vida también de la muerte, que se puede experimentar paz también en la enfermedad, que puede haber serenidad también en la soledad, y alegría en el llanto”. 
 
El Papa recordó la historia bíblica de Judit. La ciudad estaba rodeada por el ejército de Nabucodonosor y los jefes dieron cinco días a Dios para ayudarles antes de entregarse. Pero esta pobre viuda les convenció de que Dios es un padre bueno y que sabe mejor que los hombres lo que nos hace falta.
 
FRANCISCO
"Si hacemos un poco de memoria... ¡cuántas veces hemos escuchado palabras sabias, consejos valientes de personas sencillas, de mujeres humildes que uno cree que no saben nada! Sin despreciarlas, pero las ve ignorantes. Pero son palabras de sabiduría de Dios. Las palabras de las abuelas. ¡Cuántas veces dicen la palabra justa, la palabra de esperanza!, porque tienen la experiencia de la vida, han sufrido tanto, se han fiado de Dios. Y el Señor les da este don de darnos consejos de esperanza”. 
 
Fue una audiencia general que contó con un participante inesperado, el actor y político Arnold Schwarzenegger. O quién sabe, quizá era un Terminator del futuro que llegaba al Vaticano con un mensaje para el Papa. 
 
ROME REPORTS

Giorgette no pudo escapar en junio de 2014, como habían hecho otros cristianos cuando Telkeif estaba a punto de caer en manos de los yihadistas

Georgette Hanna es una cristiana iraquí de 60 años que ha encontrado refugio con una familia de vecinos musulmanes.

Georgette Hanna es una cristiana iraquí de 60 años que las tropas gubernamentales han encontrado en la casa de una familia musulmana de la ciudad de Telkeif, la pasada semana cuando recuperaron la ciudad después de casi tres años bajo el control de las milicias yihadistas del Estado Islámico (Daesh).

Tal como publica la agencia Fides, Giorgette no pudo escapar en junio de 2014, como habían hecho otros cristianos cuando Telkeif estaba a punto de caer en manos de los yihadistas, y desde entonces había encontrado refugio con una familia de vecinos musulmanes, que todo este tiempo la han ocultado en su propia casa, ocupándose de ella.

Un artículo publicado en Al Araby al Jadeed y relanzado en Italia por el sitio web Baghdadope, la mujer al ver a los soldados del ejército gubernamental se cubrió la cabeza con un velo, pensando que eran milicianos del Daesh. Luego al saber que la ciudad había sido liberada de los yihadistas, salió a la calle, poniendo fin a dos años y medio de aislamiento forzado.

AYUDA A LA IGLESIA NECESITADA

El hijo pródigo

No nos hacemos libres por negarnos a aceptar nada superior a nosotros,
sino por aceptar lo que está realmente por encima de nosotros.
Goethe

 Cuando el hijo pródigo pide a su padre la parte de herencia que le corresponde —explica Henri J. M. Nouwen—, no hay detrás de eso un simple deseo de un hombre joven por ver mundo. Hay un corte drástico con la forma de vivir y de pensar en que había sido educado, una rebelión desafiante, una huida hacia lugares lejanos en busca de otros amores.

Esa huida representa la gran tragedia de la vida de quienes de alguna forma se vuelven sordos, o nos volvemos sordos, a la voz de Dios que nos llama, y abandonamos el único lugar donde podemos oír esa voz, para marcharnos esperando encontrar en algún otro lugar lo que no somos capaces de encontrar en casa.

—¿Y POR QUÉ DEJAN, O DEJAMOS, ESE LUGAR?

Porque hay muchas otras voces, fuertes, llenas de promesas seductoras, que nos ofrecen éxito, reconocimiento, liberación. Además, cuanto más nos alejamos del lugar donde habita Dios, menos capaces somos de oír su voz que nos llama, y cuanto menos oímos esa voz, más nos enredamos en las manipulaciones y juegos de poder del mundo y más alejados nos sentimos de Dios.

Nosotros somos el hijo pródigo cada vez que buscamos amor donde no puede hallarse, cada vez que tomamos la vida y el talento que Dios nos ha dado y lo utilizamos para nuestro egoísmo, para reafirmarnos, para imponernos con un fondo de arrogancia, como le pasaba al hijo pródigo, que malgastó todo lo que le había dado su padre y dilapidó su fortuna en caprichos y en despilfarros hechos para impresionar, en vez de hacer rendir esos talentos en servicio de los demás.

—¿Y POR QUÉ SU PADRE PERMITE QUE ACTÚE DE MODO TAN IRRESPONSABLE?


Su padre no podía obligarle a quedarse en casa. No podía forzar su amor. Tenía que dejarle marchar, sabiendo incluso el dolor que aquello causaría a los dos. Fue precisamente el amor lo que impidió que retuviera a su hijo a toda costa, lo que le hizo dejarle que encontrara su propia vida, incluso a riesgo de perderla. Así actúa Dios con nosotros, siguiendo ese misterio de amor y libertad por el que somos libres de abandonar el hogar de Dios, aunque Él siempre nos espera con los brazos abiertos.

El hijo pródigo, que dejó su casa lleno de orgullo y de dinero, decidido a vivir su propia vida lejos de su padre, vuelve ahora sin nada. Ni dinero, ni salud, ni reputación. Lo ha despilfarrado todo. Solo trae vaciedad, humillación y derrota. Y solo se hizo consciente de lo perdido que estaba cuando nadie a su alrededor demostró interés alguno por él. Le habían hecho caso en lamedida en que podían utilizarlo para sus propios intereses.

Pero cuando ya no le quedaba nada, dejó de existir para ellos. Entonces sintió toda la profundidad de su aislamiento, la soledad más honda que se puede sentir. Estaba realmente perdido, y precisamente eso fue lo que le hizo volver en sí. De repente, vio con claridad que el camino que había elegido le llevaba a la autodestrucción.


—¿PIENSAS ENTONCES QUE HAY QUE PASAR POR UNA CIERTA PRIVACIÓN PARA VALORAR LO QUE SE TIENE, TAMBIÉN EN LO ESPIRITUAL?

No es necesario en absoluto, pero muchas veces es lo que hace despertar a algunas personas. El hijo pródigo tuvo que perderlo todo para entrar en lo profundo de sí mismo. Cuando se encontró deseando que le dieran la comida de los cerdos, se dio cuenta entonces de que tenía una dignidad y de que debía procurar recuperarla. La confianza en el amor de su padre, aunque borrosa, le dio la fuerza para reclamar su condición de hijo, aunque esa reclamación no estuviera basada en mérito alguno.


Su regreso está lleno de ambigüedades. Hay arrepentimiento, pero un arrepentimiento un poco interesado. Es un acercamiento a Dios en el que nos sentimos culpables, pero en el que nos cuesta recibir el perdón de Dios.

Luego, a su llegada, hay un hecho que ensombrece la alegría de la vuelta a casa del hijo perdido durante años. En medio de aquella escena de alegría y de perdón, hay una mirada sombría y distante, la del hijo mayor que no estaba en casa cuando el padre abraza a su hijo y le muestra su misericordia, y que, cuando llega y ve la fiesta de bienvenida en honor a su hermano, se enfada y no quiere entrar.

 

—¿QUÉ PIENSAS QUE OCURRÍA EN EL INTERIOR DE AQUEL HOMBRE?


Estaba tan perdido como su hermano
. No solo se había perdido el hijo menor, que se marchó de casa en busca de libertad y felicidad, sino que también el que se quedó en casa se perdió. Aparentemente, hizo todo lo que un buen hijo debe hacer, pero interiormente, estaba también lejos de su padre. Trabajaba mucho todos los días, y cumplía con sus obligaciones, pero cada vez era más desgraciado y menos libre.

También es algo que puede suceder a quienes, como el hermano mayor, han permanecido aparentemente cerca de Dios, pero en realidad su corazón está tan frío como el del hermano menor. Es una tentación, la del hijo mayor, muy propia de quienes quieren cumplir con las expectativas de otros, y desean que se les considere cumplidores y ejemplares, pero que también experimentan, desde muy temprano, cierta envidia hacia esos hermanos pequeños que abandonan el hogar y viven en el despilfarro y la lujuria.

 

Ellos siempre han actuado con corrección, y les asalta la idea de que lo hacen porque no han tenido el coraje de ser tan irresponsables como los otros. Les resulta extraño admitirlo, pero en el fondo tienen envidia del hijo desobediente, cuando le ven disfrutar haciendo cosas que ellos reprueban. La vida de entrega a Dios les agrada, pero a veces la ven como una carga que les oprime. La obediencia y el deber se han convertido en una carga, y el servicio en una esclavitud.

Hay quizá bastantes hijos e hijas mayores que están un poco perdidos a pesar de seguir en casa. El extravío del hijo menor es visible y claro, pero se comprende e incluso se simpatiza con él. Sin embargo, el extravío del hijo mayor es más difícil de identificar. Al fin y al cabo, parecía hacerlo todo bien. Era obediente, servicial, cumplidor de la ley y muy trabajador. La gente le respetaba, le admiraba y le consideraba un hijo modélico. Aparentemente, no tenía fallos. Pero cuando vio la alegría de su padre por la vuelta de su hermano menor, un poder oscuro salió a la luz. De repente, aparece la persona severa y egoísta que estaba escondida y que con los años se había hecho más envidiosa y arrogante.


—¿QUIERES DECIR CON ESTO QUE QUIEN SE QUEDA MÁS CERCA DE DIOS TIENE MÁS RIESGO DE CAER EN ESA SOBERBIA?

Quiero decir que todos tenemos que esforzarnos por ser mejores, y que el riesgo de perderse es un riesgo que nos afecta a todos. Todos estamos expuestos al peligro de acomodarnos y enfriarnos. Ninguno debemos considerarnos exentos de la tentación por el hecho de habernos entregado a Dios. Igual que el hijo menor se perdió por no escuchar la voz de su padre y marcharse, el hijo mayor se perdió igualmente por no escuchar esa misma voz, aunque estaba más cerca.

Porque, en determinado momento de la vida, una persona entregada a Dios puede sentirse como el hijo mayor, que ha trabajado mucho en la granja de su padre, pero en vez de estar agradecido por todo lo que ha recibido, se siente invadido por los celos de ese irresponsable hermano menor. Y el único remedio es reconocer que esos sentimientos proceden de la soberbia y el egoísmo.

—¿Y CREES QUE EL HIJO MENOR QUE VUELVE ES MÁS QUERIDO POR DIOS QUE EL HIJO MAYOR?

Pienso que el padre quiere igual a los dos, pero expresa ese amor de acuerdo con la trayectoria personal de cada uno. Conoce bien a ambos, y comprende sus cualidades y sus defectos. A los dos les habla con afecto y con claridad, sin enredarse en compararlos tontamente, y les invita a participar de la alegría de estar allí.

—ENTONCES, SI NINGUNO DE LOS DOS FUE FIEL NO QUEDA CLARO QUÉ OPCIÓN ES LA MEJOR.

La opción mejor es ser fiel a la voz de Dios. Esta escena del Evangelio narra dos formas de ser infiel, y, sobre todo, la posibilidad de volver cuando se ha desoído esa voz.

El hijo menor desoyó la llamada de Dios al principio. Si seguimos con aquella comparación, no atendió esa llamada telefónica que Dios le hacía, a pesar de resonar muchas veces, o la atendió pero enseguida cortó. El hijo mayor, en cambio, respondió que sí, pero con el tiempo se fue acostumbrando a oír esa voz y no actuar en consecuencia, y al final quedó tan ajeno a esa voz como su hermano pequeño. El efecto es parecido, uno por cortar y otro por malacostumbrarse o distraerse. Son distintas formas de no ser fiel, y no se trata de ver cuál es mejor o peor, sino de aprender a detectar el daño que siempre produce alejarnos de la voz de Dios.

 

Fuente:Alfonso Aguiló interrogantes.net

El Papa explicó a los peregrinos que a veces lo que quieren las personas no coincide con lo que Dios tiene planeado para ellas. Recordó el personaje bíblico de Judit como modelo de esperanza y fe en la voluntad del Señor.

En situaciones difíciles y dolorosas, el camino a seguir es el de la confianza en Dios

El Papa explicó a los peregrinos que a veces lo que quieren las personas no coincide con lo que Dios tiene planeado para ellas. Recordó el personaje bíblico de Judit como modelo de esperanza y fe en la voluntad del Señor.

 

RESUMEN DE LA CATEQUESIS EN ESPAÑOL 
 
"Queridos hermanos y hermanas:
 
El personaje bíblico de Judit nos muestra a una mujer llena de fe y de valor, capaz de orientar a los hombres y mujeres de su tiempo, que se enfrentaban a una situación límite y desesperada, hacia la verdadera esperanza en Dios.
 
Ella nos enseña que, ante las situaciones difíciles y dolorosas, el camino a seguir es el de la confianza en Dios,y nos invita a recorrerlo con paz, oración y obediencia, haciendo también todo lo que esté en nuestra mano para superar estas situaciones, pero reconociendo siempre y en todo la voluntad del Señor.
 
Como ella, tenemos que mirar más allá de las cosas del aquí y el ahora, y descubrir que Dios
es un Padre bueno que sabe todo lo que nos hace falta mejor que nosotros mismos. Nosotros
podemos pedirle todo lo que necesitemos, pero siempre con la humildad necesaria para reconocer su voluntad y entrar en sus designios, aunque a veces no coincidan con los nuestros, pues él es el único que con su amor puede sacar vida incluso de la muerte, conceder paz en la enfermedad, serenidad en la soledad y el consuelo en el llanto.
 
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Hoy celebramos la fiesta de la Conversión de san Pablo y se concluye la semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, los invito a todos a que, conscientes de que el amor de Cristo nos apremia, no dejen nunca de rezar para que los cristianos trabajemos, con respeto fraterno y caridad activa, por llegar a la tan deseada unidad.
 
Que Dios los Bendiga”.

 

ROME REPORTS

Una revolución gigantesca

 

 

¿Cómo pudo arraigar en la sociedad romana la fe cristiana, que defendía postulados éticos contrarios a los que regían las relaciones entre los hombres?

Una revolución gigantesca

POR JUAN MANUEL DE PRADA

                             

Una visita a Roma, siguiendo las huellas del cristianismo primitivo, me ha impuesto un motivo de reflexión. ¿Cómo pudo arraigar en la sociedad romana una fe como la cristiana, que se sustentaba sobre una visión monoteísta de la divinidad y defendía postulados éticos totalmente extraños, incluso adversos, a los que por entonces regían las relaciones entre los hombres?

Basta leer la brevísima Carta de San Pablo a Filemón, en la que le propone que manumita a su esclavo Onésimo y lo acoja como si de un «hermano querido» se tratase, para que advirtamos que la conversión a la nueva fe proponía una subversión radical de los valores vigentes.

La esclavitud no era tan sólo una situación plenamente reconocida por la ley; era también el cimiento de la organización económica romana. Podemos entender que un esclavo se sintiese seducido por la prédica de un cristiano que le aseguraba que ningún otro hombre podía ejercer dominio sobre él.

Pero, ¿cómo un patricio que funda su fortuna sobre el derecho de propiedad que posee sobre otros hombres se aviene a amarlos «no sólo humanamente sino como hermanos en el Señor», no porque ninguna obligación legal se lo imponga, sino «por propia voluntad», como San Pablo le aconseja a Filemón que haga con Onésimo? Semejante cambio de mentalidad exige una revolución interior gigantesca.

Pongámonos en el pellejo de un patricio romano de los primeros siglos de nuestra era. Sabemos que por aquella época el culto a las divinidades del Olimpo era cada vez más laxo y protocolario. Sabemos también que los sucesivos emperadores que siguieron a Julio César se nombraron a sí mismos dioses, en un acto de arrogancia megalómana que a cualquier patricio romano con inquietudes espirituales le resultaría repugnante.

Probablemente ese patricio romano al que tratamos de evocar hubiese dejado de creer en los dioses paganos, cuyas andanzas se le antojarían una superchería; pero su mentalidad seguía siendo politeísta. La creencia en un Dios único se le antojaría un desatino propio de razas híspidas y fanáticas, oriundas de geografías desérticas, ajenas a la belleza multiforme del mundo.

Pero entonces nuestro patricio romano repara en la novedad del cristianismo. Dios se ha hecho hombre: no para encumbrarse en un trono y para que los demás hombres se prosternen a su paso, como hacían los degenerados emperadores a quienes le repugnaba adorar, ni para disfrutar de tal o cual gozo mundano, como hacían los habitantes del Olimpo; sino para participar de las limitaciones humanas, para probar sus mismas penalidades, para acompañar a los hombres en su andadura terrenal.

Y, al hacerse hombre, Dios hace que la vida humana, cada vida humana, se torne sagrada; a través de su encarnación, el Dios de los cristianos logra que cada ser humano, cada uno de esos «pequeñuelos» a los que se refiere el Evangelio, sea reflejo vivo, portador de divinidad. De repente, ese patricio romano siente que por fin ha hallado una fe que le permite adorar a un Dios único y seguir venerando la belleza multiforme del mundo de un modo, además, mucho más exigente, puesto que ahora esa belleza es sagrada, está poseída por ese Dios que ha querido compartir su misma naturaleza humana.

Para ese imaginario patricio romano que ahora tratamos de evocar en su proceso de conversión desde la mentalidad politeísta tuvo que desempeñar un papel decisivo el culto a los santos. En ellos debió encontrar una simbiosis perfecta entre aquella «virtus» que cultivaron sus ancestros y la nueva fe que hacía de cada hombre un portador de divinidad.

Y, sobre todos ellos, la figura de María. Los dioses del Olimpo elegían a las mujeres más bellas y distinguidas para disfrutar de un placentero revolcón y enseguida abandonar el lecho, con los primeros clarores del alba; el Dios de los cristianos había elegido a la mujer más humilde, una paria de Judea, casada con un carpintero zarrapastroso, para quedarse con ella, para quedarse en ella, para hacerse visible ante los hombres, para hacerse uno de ellos, a través de ella.

En la sociedad romana, la mujer ocupaba un lugar vicario del hombre; al haber confiado en una mujer como depositaria de su divinidad, el Dios cristiano había encumbrado la naturaleza femenina hasta cúspides inimaginables.

De repente, nuestro patricio romano supo que Dios estaba en él, que Dios estaba dentro de cada hombre y de cada mujer. Y se dispuso a abrazar esa revolución gigantesca con un ardor hasta entonces desconocido.

Artículo de Juan Manuel de Prada publicado en la revista XLSemanal

"

Avance del documento preparatorio sobre el síno do de los jóvenes

El documento preparatorio del Sínodo de 2018 sobre “los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional” se dirige principalmente a los obispos y otras autoridades eclesiásticas. El Papa ha querido también entregarlo a los jóvenes como “brújula” para este caminar del sínodo. (cf. Carta a los jóvenes, 13-I-2017).

La introducción plantea “acompañar a los jóvenes para que reconozcan y acojan la llamada al amor y a la vida en plenitud", y también pedir a los jóvenes que "ayuden a identificar las modalidades más eficaces de hoy para anunciar la Buena Noticia”. Para comprender y describir la experiencia vocacional propone fijarse especialmente en la figura del apóstol Juan.

Interesante esa apelación del principio a "una vida en plenitud" para los jóvenes, por contraste con los moldes en los que con frecuencia se les quiere uniformar, para convertirlos en mansoscorderos que siguen a los encantadores de serpientes, que solamente buscan explotarles al servicio de un "sistema" que no les ayuda precisamente a lograr esa vida, en plenitud de belleza y alegría, en la que sueñan sin olvidar que cuesta esfuerzo.

Siguiendo una metodología teológico-pastoral, el documento comienza por una mirada a la realidad sociocultural de los jóvenes en el mundo de hoy. Desde ahí aborda las cuestiones centrales: fe, discernimiento, vocación. En tercer lugar se propone orientar la acción pastoral especialmente de cara a la promoción de vocaciones entre los jóvenes.

 

Un mundo en rápido cambio

El mundo en el que se sitúan hoy los jóvenes -una pluralidad de culturas con ciertas diferencias- es un mundo que cambia rápidamente. Se caracteriza por la fluidez y la incertidumbre (debida a la vulnerabilidad y a la inseguridad de grandes sectores de la población). Estamos en una cultura cientifista, dominada por un paradigma tecnocrático y la búsqueda del beneficio a corto plazo que dan lugar a una cultura del descarte. Una sociedad multicultural y multirreligiosa que ofrece oportunidades y riesgos: oportunidades para el debate y el enriquecimiento mutuo y riesgos de desorientación y relativismo.

 

“A los ojos de la fe –afirma el documento- esto se ve como un signo de nuestro tiempo que requiere un crecimiento en la cultura de la escucha, del respeto y del diálogo”. Así es, para no caer en alguno de los extremos: de un lado el ya citado del relativismo, de otro lado el fundamentalismo que puede vincularse a diversas formas de fideísmo e integrismo.

En lo que sigue nos fijamos solamente en el primer apartado del documento, es decir, en cómo se caracteriza a las nuevas generaciones y cómo se las puede ayudar.

Perfiles de los jóvenes

Nos encontramos en el marco de una globalización que, de un lado, tiende a homogeneizar a los jóvenes, mientras que a la vez persisten en ellos peculiaridades (esto es, características propias de cada persona, familia o grupo) institucionales y sobre todo culturales. Estas peculiaridades se van perdiendo en las “segundas generaciones” de migrantes o en los hijos de parejas de algún modo “mixtas” (desde el punto de vista étnico, cultural y/o religioso).

Cabe pensar, que, por el contrario, los jóvenes se benefician de atesorar las peculiaridades que vemos tal vez en los abuelos, en los que se quedaron en la tierra o patria de origen, en los que guardan la historia de nuestra cultura. En este sentido llama la atención que se valore tanto, por ejemplo, la “denominación de origen” para cosas que apreciamos buenas con el paladar.

¿Cómo crecerá el árbol si se le desconecta de sus raíces? Si pierden las peculiaridades de las familias y de las culturas locales, los jóvenes se arriesgan a perder esa memoria de la propia identidad tan necesaria para el discernimiento del camino a recorrer, en el plano personal o en el social. Esto es especialmente grave si se consideran, como señala el análisis, las condiciones de especial dureza en las que viven muchos niños y jóvenes.

Entre los rasgos de los jóvenes actuales el señala el texto una diversa disponibilidad para la participación y la movilización, que les sitúa entre dos extremos: los pasivos y desanimados (con frecuencia más preocupados por la propia imagen y tal vez conformistas) por una parte, y, por otra, los emprendedores y vitales, según las experiencias y oportunidades que cada uno hayan tenido. Especialmente importan las figuras de referencia y el estilo de la educación recibida en familia.

Tendencialmente cautos,se apunta, los jóvenes actuales son especialmente desconfiados ante las instituciones. Así es, y nada tiene de extraño teniendo en cuenta que son hijos o nietos de una cultura de la sospecha a la vez que víctimas de una sociedad en crisis de valores. Con este panorama, tampoco es extraño que vivan al margen de la religión o busquen experiencias religiosas alternativas, intentando hacerlas compatibles con las ofertas consumistas e individualistas de la cultura dominante.

A la vez, las modernas tecnologías influyen, para bien y para mal, en la concepción del mundo, de la realidad y de las relaciones interpersonales.

 

¿Cómo ayudarles? Arriesgar, reaccionar

En esta situación bastante enmarañada, ¿cómo ayudar a los jóvenes a configurar sus trayectorias vitales y tomar unas opciones acertadas? Se requieren, propone el texto, adecuados instrumentos culturales, sociales y espirituales, que se vuelven “indispensables para que los mecanismos de toma de decisiones no se bloqueen y se termine, tal vez por miedo a equivocarse, sufriendo el cambio [ese cambio cultural] en lugar de guiarlo”. Y se cita una exhortación fundamental del Papa Francisco que va directamente contra el conformismo, también de los educadores:

“¿Cómo podemos despertar la grandeza y la valentía de elecciones de gran calado, de impulsos del corazón para afrontar desafíos educativos y afectivos? La palabra la he dicho tantas veces: ¡arriesga! Arriesga. Quien no arriesga no camina. ¿Y si me equivoco?.¡Bendito sea el Señor! Más te equivocarás si te quedas quieto” (Discurso en Villa Nazaret, Roma, 18-VI-2016).

Tendremos más posibilidades de acertar si nuestra mirada se dirige al mismo tiempo a la centralidad que ocupa la persona de Jesús en el anuncio de la fe, y a la precariedad en que se encuentran muchos jóvenes por los factores arriba citados.

Todo ello nos exige “una mayor capacidad de respuesta al desafío educativo en su acepción más amplia”, en la línea de la “emergencia educativa” señalada por Benedicto XVI (Mensaje a la ciudad y a la diócesis de Roma sobre la urgencia de la educación, 21-I-2008).

Muy cierto. Por esto es preciso, en los ámbitos educativos y especialmente en lo que se refiere a la educación de la fe, reaccionar con urgencia, mejorar la calidad de las ofertas y servicios, crear redes para intercambiar conocimientos y experiencias, impulsar, tanto a nivel regional como nacional e internacional, equipos de educadores lúcidos y experimentados, establecer foros de discusión, abordar juntamente la globalización y las diferencias culturales señaladas.

 

Los jóvenes, protagonistas del cambio

En este sentido, apunta el texto y qué duda cabe, resulta “urgente promover las capacidades personales poniéndolas al servicio de un sólido proyecto de crecimiento común”. Se revela clave esta centralidad de la persona, el servicio a su proyecto de crecimiento.

En esta línea, cabría añadir, conviene especialmente detectar “vocaciones para la educación”, impulsar proyectos concretos en las instituciones educativas, con una atención particular, insistimos, al ámbito de la educación de la fe.

Y es importante algo que les decía el Papa a los jóvenes en su carta con motivo de la presentación de este texto: “La Iglesia desea ponerse a la escucha de vuestra voz, de vuestra sensibilidad, de vuestra fe; hasta de vuestras dudas y críticas”.

Lo recoge también el documento, como hemos visto, desde su principio: hay que escuchar a los jóvenes y darlesoportunidades para que ellos mismos puedan orientar estas cuestiones que les afectan; pues con frecuencia tienen gran capacidad para proponer y practicar alternativas que muestran cómo el mundo o la Iglesia podrían ser.

IGLESIA Y NUEVA EVANGELIZACIÓN

Se celebra la Semana de Oración para la Unidad de los Cristianos del 18 al 25 de enero. En Tierra Santa esa semana tiene lugar del 21 al 29 de enero porque, cada año, comienza el sábado después del día 19, fecha en la que los hermanos armenios celebran la Navidad

 

«Efectivamente, nos apremia el amor de Cristo, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos» (2 Co 5, 15-15).

 

El ecumenismo, el planteamiento destinado a promover la unidad del cristianismo y a curar las heridas de la separación hacen su camino en el mundo cristiano. En Tierra Santa existen numerosas formas de división entre los cristianos. La más visible es la división entre las diferentes denominaciones cristianas, oriental, ortodoxa, católica, protestante y evangélica. Sin embargo, uno de los mayores desacuerdos es el que existe entre cristianos que se identifican a las diferentes partes del conflicto que causa estragos en Tierra Santa. El reto de la unidad no es solamente reunir las denominaciones, sino también favorecer la conciencia de que los cristianos juegan un papel único, ya que se encuentran en cada campo.

 

Existen diferentes tipos de ecumenismo en Tierra Santa hoy: 

 

- El ecumenismo de solidaridad: Un vector fuerte en las relaciones ecuménicas entre cristianos en Tierra Santa reside en su situación común. Mientras que las causas de división teológicas, religiosas e históricas son a menudo abstractas y lejanas, la necesidad de unidad se ve favorecida por una lucha común por sobrevivir. El encuentro ecuménico tiene a veces más que ver con la ocupación, la discriminación y el fundamentalismo religioso que con las causas de división entre cristianos. Este tipo de ecumenismo ha llevado a tejer relaciones más estrechas entre cristianos por motivo de una conciencia creciente del hecho que lo que nos une es mucho mayor que lo que nos divide.

 

-El ecumenismo de piedad: Un género más diferente de ecumenismo se inspira en el enfoque sobre temas específicamente cristianos. Algunos ven su fe como un refugio contra el mundo exterior. Los cristianos van al espacio religioso para escapar del conflicto y se sumergen en un lenguaje religioso y en la práctica para crear una distancia con su medio ambiente. Es una tendencia que se observa a menudo entre las comunidades cristianas tradicionalistas que ven el mundo como un reino de tinieblas y la comunidad cristiana como fuente de luz y consuelo.

 

-El ecumenismo profético: Algunos discípulos de Cristo se comprometieron en una nueva forma de ecumenismo que se podría llamar «ecumenismo profético». «Él es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, derribando con su carne el muro que los separaba: el odio. Él ha abolido la Ley con sus mandamientos y reglas, haciendo las paces, para crear con los dos, en él, un solo hombre nuevo. Reconcilió con Dios a los dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en él, al odio» (Efesios 2, 14-16). Empezamos a pensar que Dios ha plantado la semilla de la fe en Cristo en el suelo de las dos sociedades palestinas e israelí. ¿Es significativo para la vocación de los discípulos de Cristo que, aunque separados por muros de enemistad por el conflicto en curso, están unidos por su fe en Cristo que es nuestra paz?

 

En conclusión me gustaría citar a un hombre que ha llamado sin cesar a sus hermanos y hermanas en Cristo, instándoles a mirar el escándalo de la división cristiana: el papa Francisco. Durante su encuentro con el Patriarca greco-ortodoxo, Bartolomé, delante del la Tumba de Cristo en la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén, el 25 de mayo de 2014, declaró: «Siempre que nos pedimos perdón los unos a los otros por los pecados cometidos en relación con otros cristianos y tenemos el valor de conceder y de recibir este perdón, experimentamos la resurrección. Siempre que, superados los antiguos prejuicios, nos atrevemos a promover nuevas relaciones fraternas, confesamos que Cristo ha resucitado verdaderamente. Siempre que pensamos el futuro de la Iglesia a partir de su vocación a la unidad, brilla la luz de la mañana de Pascua». Los discípulos de Cristo están llamados a hacerse testigos de este amanecer sobre su tierra amada que es también la nuestra, desgarrada desde hace ya demasiado tiempo por el conflicto.

 

* El Pbro. David Neuhaus, jesuita, responsable de la pastoral de los emigrantes y católicos de lengua hebrea para el Patriarcado latino de Jerusalén, ha aceptado compartir con nosotros una reflexión sobre ese tema central para la Iglesia, particularmente esencial en Tierra Santa.

Vatican Insider

 

 Así lo afirma el arzobispo de Cuttack-Bhubaneshwar a propósito de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

“La horrible violencia anti-cristiana ha servido para unirlos en cuanto cristianos, seguidores de Jesucristo”

 Así lo afirma el arzobispo de Cuttack-Bhubaneshwar a propósito de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

En Orissa (India), “el ecumenismo entre los cristianos es una realidad viviente, porque es un ecumenismo de la sangre”. Así lo afirma Mons. John Barwa, arzobispo de Cuttack-Bhubaneshwar, al intervenir en la Semana de oración por la unidad de los cristianos. Según su explicación fueron los pogromos contra los cristianos del 2008, lo que los “volvió unidos y ecuménicos, e hizo que lucháramos por la paz y el desarrollo mutuo”.

Asia News cita Mons. Barwa cuando refiere que “la horrible violencia anti-cristiana ha servido para unirlos en cuanto cristianos, seguidores de Jesucristo”. Además agrega que quienes los persiguen no hacen distinciones entre las denominaciones sino que los buscan porque todos son seguidores de Jesús y que están dispuestos a morir por Él.

En Orissa y en las comunidades del distrito de Kandhamal, la fe es visible. Por eso el arzobispo sostiene que los radicales hindúespudieron castigarlas quemando sus casas, las iglesias y asesinándolos. Pero ante el sufrimiento que han vivido expresa: “La cruz de Cristo era la prueba que nos unía. Para nosotros, esto es el ecumenismo, y nosotros, su pueblo, estamos orgullosos de nuestro amor ecuménico, de la solidaridad, de la unidad y de la paz”.

En su intervención el arzobispo de Cuttack-Bhubaneshwar, Mons. Barwa refiere también que en el Estado indio a menudo se celebran encuentros entre los líderes cristianos de todas las denominaciones y que “estas reuniones son un signo de amor y de fraternidad en el servicio a nuestro pueblo”. Con el amor ecuménico, sugiere, “podemos crear una cultura de paz y armonía, unidad y servicio para el bien de todos”.

El prelado informa asimismo que en Bhubaneshwar se ha localizado un terreno para la sepultura común de cristianos. Luego destaca que “la Iglesia católica está al servicio de todos. Por eso, en puesto que somos cristianos unidos por el amor de Cristo y por Cristo, en todas nuestras instituciones educativas, en el apostolado social y en el campo de la salud no debe haber discriminaciones entre cristianos, y ni siquiera deber haberlas hacia aquellos que nos han perseguido”.

Ayuda a la Iglesia Necesitada

Avance del documento preparatorio sobre el síno do de los jóvenes

El documento preparatorio del Sínodo de 2018 sobre “los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional” se dirige principalmente a los obispos y otras autoridades eclesiásticas. El Papa ha querido también entregarlo a los jóvenes como “brújula” para este caminar del sínodo. (cf. Carta a los jóvenes, 13-I-2017).

La introducción plantea “acompañar a los jóvenes para que reconozcan y acojan la llamada al amor y a la vida en plenitud", y también pedir a los jóvenes que "ayuden a identificar las modalidades más eficaces de hoy para anunciar la Buena Noticia”. Para comprender y describir la experiencia vocacional propone fijarse especialmente en la figura del apóstol Juan.

Interesante esa apelación del principio a "una vida en plenitud" para los jóvenes, por contraste con los moldes en los que con frecuencia se les quiere uniformar, para convertirlos en mansos corderos que siguen a los encantadores de serpientes, que solamente buscan explotarles al servicio de un "sistema" que no les ayuda precisamente a lograr esa vida, en plenitud de belleza y alegría, en la que sueñan sin olvidar que cuesta esfuerzo.

Siguiendo una metodología teológico-pastoral, el documento comienza por una mirada a la realidad sociocultural de los jóvenes en el mundo de hoy. Desde ahí aborda las cuestiones centrales: fe, discernimiento, vocación. En tercer lugar se propone orientar la acción pastoral especialmente de cara a la promoción de vocaciones entre los jóvenes.

Un mundo en rápido cambio

El mundo en el que se sitúan hoy los jóvenes -una pluralidad de culturas con ciertas diferencias- es un mundo que cambia rápidamente. Se caracteriza por la fluidez y la incertidumbre (debida a la vulnerabilidad y a la inseguridad de grandes sectores de la población). Estamos en una cultura cientifista, dominada por un paradigma tecnocrático y la búsqueda del beneficio a corto plazo que dan lugar a una cultura del descarte. Una sociedad multicultural y multirreligiosa que ofrece oportunidadesy riesgos: oportunidades para el debate y el enriquecimiento mutuo y riesgos de desorientación y relativismo.

“A los ojos de la fe –afirma el documento- esto se ve como un signo de nuestro tiempo que requiere un crecimiento en la cultura de la escucha, del respeto y del diálogo”. Así es, para no caer en alguno de los extremos: de un lado el ya citado del relativismo, de otro lado el fundamentalismo que puede vincularse a diversas formas de fideísmo e integrismo.

En lo que sigue nos fijamos solamente en el primer apartado del documento, es decir, en cómo se caracteriza a las nuevas generaciones y cómo se las puede ayudar.

Perfiles de los jóvenes

Nos encontramos en el marco de una globalización que, de un lado, tiende a homogeneizar a los jóvenes, mientras que a la vez persisten en ellos peculiaridades (esto es, características propias de cada persona, familia o grupo) institucionales y sobre todo culturales. Estas peculiaridades se van perdiendo en las “segundas generaciones” de migrantes o en los hijos de parejas de algún modo “mixtas” (desde el punto de vista étnico, cultural y/o religioso).

Cabe pensar, que, por el contrario, los jóvenes se benefician de atesorar las peculiaridades que vemos tal vez en los abuelos, en los que se quedaron en la tierra o patria de origen, en los que guardan la historia de nuestra cultura. En este sentido llama la atención que se valore tanto, por ejemplo, la “denominación de origen” para cosas que apreciamos buenas con el paladar.

¿Cómo crecerá el árbol si se le desconecta de sus raíces? Si pierden las peculiaridades de las familias y de las culturas locales, los jóvenes se arriesgan a perder esa memoria de la propia identidad tan necesaria para el discernimiento del camino a recorrer, en el plano personal o en el social. Esto es especialmente grave si se consideran, como señala el análisis, las condiciones de especial dureza en las que viven muchos niños y jóvenes.

Entre los rasgos de los jóvenes actuales el señala el texto una diversa disponibilidad para la participación y la movilización, que les sitúa entre dos extremos: los pasivos y desanimados (con frecuencia más preocupados por la propia imagen y tal vez conformistas) por una parte, y, por otra, los emprendedores y vitales, según las experiencias y oportunidades que cada uno hayan tenido. Especialmente importan las figuras de referencia y el estilo de la educación recibida en familia.

Tendencialmente cautos, se apunta, los jóvenes actuales son especialmente desconfiados ante las instituciones. Así es, y nada tiene de extraño teniendo en cuenta que son hijos o nietos de una cultura de la sospecha a la vez que víctimas de una sociedad en crisis de valores. Con este panorama, tampoco es extraño que vivan al margen de la religión o busquen experiencias religiosas alternativas, intentando hacerlas compatibles con las ofertas consumistas e individualistas de la cultura dominante.

A la vez, las modernas tecnologías influyen, para bien y para mal, en la concepción del mundo, de la realidad y de las relaciones interpersonales.

¿Cómo ayudarles? Arriesgar, reaccionar

En esta situación bastante enmarañada, ¿cómo ayudar a los jóvenes a configurar sus trayectorias vitales y tomar unas opciones acertadas? Se requieren, propone el texto, adecuados instrumentos culturales, sociales y espirituales, que se vuelven “indispensables para que los mecanismos de toma de decisiones no se bloqueen y se termine, tal vez por miedo a equivocarse, sufriendo el cambio [ese cambio cultural] en lugar de guiarlo”. Y se cita una exhortación fundamental del Papa Francisco que va directamente contra el conformismo, también de los educadores:

“¿Cómo podemos despertar la grandeza y la valentía de elecciones de gran calado, de impulsos del corazón para afrontar desafíos educativos y afectivos? La palabra la he dicho tantas veces: ¡arriesga! Arriesga. Quien no arriesga no camina. ¿Y si me equivoco?.¡Bendito sea el Señor! Más te equivocarás si te quedas quieto” (Discurso en Villa Nazaret, Roma, 18-VI-2016).

Tendremos más posibilidades de acertar si nuestra mirada se dirige al mismo tiempo a la centralidad que ocupa la persona de Jesús en el anuncio de la fe, y a la precariedad en que se encuentran muchos jóvenes por los factores arriba citados.

Todo ello nos exige “una mayor capacidad de respuesta al desafío educativo en su acepción más amplia”, en la línea de la “emergencia educativa” señalada por Benedicto XVI (Mensaje a la ciudad y a la diócesis de Roma sobre la urgencia de la educación, 21-I-2008).

Muy cierto. Por esto es preciso, en los ámbitos educativos y especialmente en lo que se refiere a la educación de la fe, reaccionar con urgencia, mejorar la calidad de las ofertas y servicios, crear redes para intercambiar conocimientos y experiencias, impulsar, tanto a nivel regional como nacional e internacional, equipos de educadores lúcidos y experimentados, establecer foros de discusión, abordar juntamente la globalización y las diferencias culturales señaladas.

Los jóvenes, protagonistas del cambio

En este sentido, apunta el texto y qué duda cabe, resulta “urgente promover las capacidades personales poniéndolas al servicio de un sólido proyecto de crecimiento común”. Se revela clave esta centralidad de la persona, el servicio a su proyecto de crecimiento.

En esta línea, cabría añadir, conviene especialmente detectar “vocaciones para la educación”, impulsar proyectos concretos en las instituciones educativas, con una atención particular, insistimos, al ámbito de la educación de la fe.

Y es importante algo que les decía el Papa a los jóvenes en su carta con motivo de la presentación de este texto: “La Iglesia desea ponerse a la escucha de vuestra voz, de vuestra sensibilidad, de vuestra fe; hasta de vuestras dudas y críticas”.

Lo recoge también el documento, como hemos visto, desde su principio: hay que escuchar a los jóvenes y darles oportunidades para que ellos mismos puedan orientar estas cuestiones que les afectan; pues con frecuencia tienen gran capacidad para proponer y practicar alternativas que muestran cómo el mundo o la Iglesia podrían ser.

IGLESIA Y NUEVA EVANGELIZACIÓN

Presentamos a continuación una entrevista con Claudio Basevi, profesor de Teología en la Universidad de Navarra y experto en temas paulinos.

Para San Pablo la razón de ser de su vida es anunciar el Evangelio a todos los hombres

Presentamos a continuación una entrevista con Claudio Basevi, profesor de Teología en la Universidad de Navarra y experto en temas paulinos.

- ¿QUÉ IMPORTANCIA TIENE SAN PABLO EN LA HISTORIA DE LA IGLESIA?

        La importancia de san Pablo en la historia de la Iglesia se puede valorar por dos factores principales:

        Por un lado, la clara superación del judaísmo. Ya en la predicación de Cristo esta dimensión resultaba evidente, como confirmó, luego, el episodio de Pentecostés. Sin embargo, de hecho, fue san Pablo el que difundió la predicación de Cristo entre los paganos. En este sentido el Apóstol era perfectamente conciente de haber recibido la misión de anunciar el Evangelio a los gentiles, así como Pedro a los judíos. En este sentido, ya desde su conversión, estuvo convencido que Cristo le había llamado a ser "vaso de elección para los gentiles".

        Por otra parte, el lugar relevante y explícito que tiene en la Revelación la "teología de la salvación". Esto supone que el hombre ha de adquirir la conciencia de estar alejado de Dios y de que necesita un Salvador. Entre los autores del Nuevo Testamento san Pablo expone sobre todo la centralidadde Cristo como medio para salvarse: ser cristiano es identificarse con Cristo y aceptar su primacía para la Redención universal: Cristo es la Cabeza del universo. Por tanto, el punto de partida de la evangelización que san Pablo predica es la conciencia de la necesidad de ser salvados.

        Todo hombre, afirma el apóstol, tiene anhelo a la felicidad eterna, a la visión perfecta de Dios, no en imágenes borrosas sino cara a cara. Sin embargo, antes de unirse a Cristo se siente alejado; experimenta la apetencia de la "carne", del "cuerpo de muerte", del pecado. No se trata de un pesimismo radical, sino de una situación de hecho, histórica, debida al pecado de Adán. En Adán pecaron todos y todos han de resucitar con Cristo.

- EN SAN PABLO SE CONJUGAN VARIAS TRADICIONES CULTURALES. PARA EMPEZAR, RECIBIÓ DESDE JOVEN UNA ESMERADA FORMACIÓN DE ORIENTACIÓN JUDAICA…

        La familia en que nació y la primera educación, recibida en familia, fueron en el judaísmo estricto, ciertamente, guiadas por la Providencia para forjar el instrumento que el Señor necesitaba para la tarea que le iba a encomendar. El padre de San Pablo le formó para ser un rabino; le transmitió las tradiciones patriarcales, le enseñó un oficio manual para sustentarse, le explicó las Escrituras y, en un determinado momento, le envió a Jerusalén a estudiar la Biblia "a los pies de Gamaliel". Sin embargo, el joven Saulo estudió, ya en Tarso, con un maestro griego y asimiló varios elementos del pensamiento griego, sobre todo estoico, y de la retórica griega. Tal vez estuvo en Rodas para aprender la retórica y poder desempeñar también un oficio de orador. Pablo, en definitiva, fue un excelente conocedor de la lengua ycultura griegas, hombre profundamente judío, y ciudadano romano plenamente consciente de sus deberes y derechos, al que nada de su tiempo le resulta indiferente. Sobre ese rico perfil humano, elevado por la vocación recibida, se asienta su grandiosa personalidad espiritual.

        La primera formación que Pablo recibió fue, como he señalado, la de su familia, integrada por judíos muy practicantes (de lo cual siempre se sintió orgulloso); era de la tribu de Benjamín (de ahí su nombre Saulo, es decir, Saúl, por el rey Saúl que era de esa tribu), fariseo en la interpretación de la Ley, celoso en mantener las tradiciones paternas. A la vez, aprendió un oficio manual, con el que ganarse la vida, como era costumbre entre los judíos: era tejedor de lonas para tiendas; y también conoció el funcionamiento del comercio y de las redes de transporte de su tiempo.

        Por otro lado, fruto de las enseñanzas obtenidas directamente de Gamaliel y de su estudio, su pensamiento tiene siempre como centro la Sagrada Escritura, que cita y comenta muchas veces; su preocupación es la salvación prometida a Israel; y su visión teológica está profundamente penetrada por el sentido de la historia, según las tradiciones de su pueblo.

- ¿Y EN CUANTO A SU FORMACIÓN HELENÍSTICA?

        Por lo que se refiere a su formación en el helenismo no tenemos muchos datos, pero se puede presumir que, al estudiar en Tarso, fue necesariamente a la escuela con un maestro helénico. Pero no sólo esto, sino que el conocimiento del griego y el dominio de la retórica de san Pablo hacen pensar en un estudio específico, en alguna escuela oratoria de la época. Es posible, aunque no seguro, que fuera a Rodas, donde había una importante escuela de retórica y de filosofía estoica. La disposición abierta y positiva de Pablo hacia la mejor filosofía griega se refleja, más que en sus cartas, en el discurso del Areópago de Atenas y, antes, en el discurso en Iconio, en Panfilia. De todos modos, hay que recordar que en Rom 1,20 San Pablo no duda en afirmar la posibilidad de alcanzar, por el uso de la razón humana, la certeza de la existencia de Dios.

        Lo más importante de este aspecto helenístico de su cultura y formación es la decisión de escribir directamente en griego todas sus cartas. San Pablo, aunque utilice fuentes anteriores a él, pertenecientes al ambiente de Palestina y de Jerusalén, decidió desde el comienzo y con total naturalidad emplear el griego coiné para que todo el mundo entonces civilizado pudiera entenderle.

- ¿QUÉ OTROS FACTORES CULTURALES INFLUYERON EN LA PERSONALIDAD DEL APÓSTOL?

        El tercer factor en su formación espiritual y apostólica, sin duda el más importante, lo recibió directamente de Cristo, por medio de experiencias espirituales o revelaciones personales, y de la catequesis apostólica, como él mismo afirma al exponer las palabras de la institución de la Eucaristía. Sin ninguna duda Pablo fue un pensador cristiano y toda su enseñanza está centrada en Cristo Jesús. Ahora bien, la visión teológica y apostólica de san Pablo no es sólo cristiana, sino universal, "católica", como demuestran repetidas afirmaciones de la unidad de los creyentes, a pesar de sus diferencias étnicas, geográficas o culturales.

        Se puede añadir un elemento más, aunque de menor relieve, en la personalidad del Apóstol: Pablo, como sabemos, era ciudadano romano por nacimiento, lo que supone que recibió la ciudadanía de su padre. Esta característica, aunque no supuso ninguna especial formación cultural, pudo intervenir en el pensamiento del Apóstol, especialmente a partir de la cautividad en Roma. En este sentido, es notable el interés de san Pablo para establecer unas normas de comportamiento en las comunidades cristianas por él fundadas. Este interés por el aspecto jurídico y moral de su actividad apostólica y pastoral le pudo venir de sus raíces judías, pero también por la mentalidad jurídica tan propia de la cultura latina y tan característica del pensamiento estoico.

- Y ESTE ES EL HOMBRE QUE DIOS ESCOGIÓ PARA EVANGELIZAR A LOS GENTILES…

        Precisamente el día más decisivo de su vida fue el de su encuentro personal con Jesucristo en el camino de Damasco: a la luz de la vocación, cobra sentido todo lo vivido hasta ese momento (familia judía de la diáspora, con una sólida práctica religiosa y abierta a la cultura de su tiempo, orgullosa de su ciudadanía romana), pues se descubre que la Providencia divina lo había ido preparando para lo que sería la razón de ser de su vida: anunciar el Evangelio a todos los hombres, primero a los judíos y después a los gentiles. Lo que le ocurrió prefigura de algún modo lo que sucede a cada cristiano cuando le llega el momento de conocer el porqué y el para qué de su vida, y de tomar una decisión que lo comprometa para siempre.

        La llamada divina exige una conversión profunda. Cuando Jesús se le reveló y San Pablo comprendió que era el Mesías glorificado, tuvo que cambiar radicalmente su manera de pensar como ferviente fariseo. Si antes consideraba que el camino para llegar a Dios era la Ley, ahora se convence de que la Ley no sirve, puesto que Jesús, el Mesías e Hijo de Dios, había sido condenado según la Ley, era maldito para la Ley; si antes pensaba que el verdadero Israel era el que descendía de Abrahán según la carne y cumplía la Ley, ahora entiende que el verdadero Israel son los seguidores de Jesús, con los que Jesús mismo se identifica. En su encuentro con Cristo en el camino de Damasco, san Pablo adquiere una nueva visión de los planes de Dios que configurará su pensamiento y su conducta a partir de entonces.

        Para precisar más, hay que subrayar que la ética que San Pablo ofrece a los cristianos no es una ética de mandamientos como era para los judíos, sino de virtudes, entre las que destacan la fe y la caridad. Dos son los fundamentos de la vida cristiana: la seguridad de la filiación divina y la conciencia de estar llamado a la santidad: "esta es la Voluntad de Dios, vuestra santificación". Nadie hasta entonces se había atrevido a plantear un fin tan elevado: los gentiles porque no entendían la noción de "santidad"; los judíos porque pensaban que sólo Dios es santo.

- SIN EMBARGO, SU CAMINO NO ESTUVO EXENTO DE TRIBULACIONES…

        En efecto, la conciencia de la llamada y su decisión de corresponder plenamente a ella no lo dispensó de encontrar dificultades exteriores ni interiores. El Apóstol sigue experimentando en sí mismo las limitaciones personales y el peso del pecado con el que sigue teniendo que luchar.

        Sin embargo, estas limitaciones no impiden ni frenan su afán apostólico, y San Pablo se entrega sin condiciones a la expansión del cristianismo. Aunque sus correrías apostólicas estuvieron plagadas de dificultades, va de un sitio para otro, allá donde es más necesario en cada momento para la difusión del mensaje cristiano, y se adapta a todas las circunstancias y mentalidades. Inmediatamente después de su encuentro con Cristo, se dirigió a los judíos de Damasco y, cuando fue a Jerusalén, predicó a los helenistas, es decir, a los judíos de origen no palestino y de cultura griega. Sólo más tarde tuvo lugar en Antioquía su primer contacto con los gentiles, cuando ayudó a Bernabé en su obra evangelizadora. Después, cuando el Espíritu Santo lo designó, junto con Bernabé, para una misión especial, fue a Chipre y comenzó a predicar en las sinagogas de Salamina. Lo mismo hizo en compañía de Bernabé en Antioquía de Pisidia, e igual conducta - empezar por la predicación en la sinagoga - mantuvo en Iconio, en Filipos, Tesalónica, Berea, Corinto, Éfeso y Roma.

        Como fruto de esa correspondencia continuada, al final de su vida, no tiene miedo a la muerte ni al juicio, sino una gran confianza y serenidad, porque sabe de quién se ha fiado. De hecho, el Apóstol ofrecerá su testimonio supremo bajo el emperador Nerón en Roma; su martirio tuvo lugar entre los años 64 y 67.

 

Primeros Cristianos en otros idiomas
magnifiercrosschevron-down