Si estos dos bustos hablaran, no sólo podrían contar que fueron esculpidos en el siglo III después de Cristo y que su hogar desde entonces fue Palmira, en Siria. Si hablaran, también podrían decir que son "heridos de guerra”.
"El ISIS está combatiendo contra la pluralidad de culturas. El ISIS quiere que el mundo se detenga en los tiempos del primer profeta tras Mahoma. Es una locura histórica. Es inaceptable. No hay un adjetivo para definir esta locura que se basa en la destrucción de la memoria cultural de países como Siria e Irak a los que debemos tanto”.
"Queremos transmitir tanto las emociones que han provocado la pérdida de estas obras pero también la esperanza de la posible reconstrucción de estas obras en su contexto”.
"Queremos demostrar que es factible la reconstrucción basándonos en la documentación, dibujos, relieves y el análisis del material disponible, aunque es también complicado; y también queremos preparar el terreno para la reconstrucción real”.
Los trabajos empezaron en 2013 y aún necesitan dos o tres años más. Se ha conseguido sellar el techo para evitar goteras, pero lo que está siendo espectacular es el trabajo sobre mosaicos y columnas
La Basílica de la Natividad de Belén es uno de los lugares de peregrinación más visitados de Tierra Santa. Edificada en torno al año 300 por iniciativa del emperador Constantino y de su madre Santa Elena, bajo su ábside dos escaleras conducen a la Gruta de la Natividad. En el siglo VI fue restaurada, elevándose un metro su pavimento y construyendo un nártex o atrio. Con el correr de los siglos, en torno a esa estructura se fueron construyendo un convento franciscano, un monasterio ortodoxo y uno armenio, razón por la cual las tres comunidades gestionan el templo, patrimonio de la Unesco desde 2012.

En una entrevista concedida a Tempi, Gianmarco Piacenti, presidente de Piacenti, la empresa italiana del mismo nombre encargada de la reconstrucción, con sede en Prato (Toscana), explica que son los últimos de una tradición empírico-científica, frente a la prevalencia actual de restauradores provenientes de escuelas. La fundó su bisabuelo en 1875 y Gianmarco la dirige desde 1994, en unos años que han sido de expansión e incluyen ahora un laboratorio de dos mil metros cuadrados.
En agosto de 2013 ganaron el concurso para restaurar la Basílica de la Natividad, y en septiembre comenzaron los trabajos. “Hemos tenido que afrontar muchas dificultades e imprevistos. El problema mayor fue la guerra de Gaza. Belén era segura, pero en algunos momentos algún misil pasó por encima de nuestra cabeza”, explica.

En los trabajos participan personas de diferentes confesiones religiosas, junto con consejeros de universidades italianas que habían participado en el proyecto: “Estamos viviendo una hermosa experiencia de colaboración. También es muy bonita la relación que se ha creado con las tres iglesias. Cuando acabamos el techo, llovió, y las tres iglesias se quedaron muy contentas al ver que no goteaba dentro”, un problema que ha durado decenios.
“Nos sentimos muy próximos a la gente”, añade sobre sus relaciones con la gente de Belén: “Nos sentimos en casa. Los jóvenes de mi empresa fueron invitados a participar en un torno de fútbol. Hemos entrado en la sociedad de Belén”.
Gianmarco Piacenti afirma que trabaja siete días a la semana. En cuanto a los trabajadores, trabajan seis días a la semana y alternan 50 días en Palestina con 10 en casa. Cuando salen de noche, lo hacen en Jerusalén, porque en Belén hay poco ambiente.
“El descubrimiento del ángel ha sido hasta ahora el hallazgo más significativo, y nos ha demostrado que todo el mundo mira la Basílica de la Natividad como un patrimonio universal. Nos hemos dado cuenta de que estamos trabajando en el centro de la Cristiandad”.
¿Cómo lo encontraron? “Vi el ángel en cuanto mi sobrina me planteó la duda, fue ella quien realizó la termografía de donde salió la figura. Con un pequeño escalpelo cayó el yeso y se desveló toda la belleza de las teselas escondidas. Fue el delirio. Era bellísimo”.
Según Piacenti, los trabajos concluirán en dos o tres años, según la financiación de la que dispongan. Hay aportaciones de Estados católicos, de bancos musulmanes, de cristianos de todo el mundo… El objetivo, explica, es restaurar las dos filas de columnas de la época de Justiniano, pero aún pueden aparecer muchas sorpresas, como trozos de madera que tal vez remiten a la época de Constantino, el sistema de arcos sobre el entablado o mosaicos del siglo IV bajo el pavimento, parte de los cuales se descubrieron en 1930.
En la inminencia de Navidad, entrevista a fray Ibrahim Alsabagh, párroco de la Iglesia de San Francisco, ubicada en la parte occidental de la ciudad
Los montones de escombros, el humo de explosiones, las miradas espantadas e indefensas de niños, la dolorosa tenacidad de las madres y los padres, la expresión extraviada de los ancianos. Estas son las imágenes de Alepo que nos llegan a través de las noticias todos los días, al lado de las imágenes de los «grandes» de la tierra intentando encontrar soluciones para el conflicto sirio.

Alepo está extenuada. Pero justamente en esta ciudad en la que la devastación y la vileza humana parecen vencer, cada día se van tejiendo pacientemente relaciones de atención, de hospitalidad y dededicación, formas y gestos de la custodia y del cuidado (invisibles para los medios de comunicación, pero esencialmente decisivos) que mantienen la vida incluso en las condiciones más extremas: allí se enciende algo inmenso y se aprende el calor de la presencia de Dios.
Mientras se va acercando la Navidad, le hicimos algunas preguntas al fraile franciscano Ibrahim Alsabagh. Es el párroco, sirio de 46 años, de la iglesia de San Francisco, ubicada en la parte occidental de la ciudad, bajo el control del ejército regular. Fray Ibrahim (cuyo volumen «Un instante antes del alba» acaba de ser publicado por las Ediciones Terra Santa) también es guardián del convento, vicario episcopal y responsable de la comunidad latina.
Estamos en una fase de pasaje, entre enormes dificultades provocadas por la intensificación de los enfrentamientos entre el ejército regular y las milicias, y la incógnita del futuro, los desafíos que nos esperan, relacionados con la liberación de la cuidad, que tendrá que ser completamente reconstruida.
Se dice que todavía hay más de un millón doscientos mil habitantes en la zona occidental; según nuestros datos, que tienen que ver principalmente con las familias cristianas, el éxodo continúa también ahora que la liberación de toda la ciudad parece cerca. Extenuadas por el sufrimiento, por las privaciones, por las bombas, muchas personas huyen, convencidas de que Alepo es una ciudad de muerte y de que la reconstrucción exigirá décadas, además de costos exhorbitantes.
Sé que afortunadamente miles de personas lograron abandonar esa parte de la ciudad, devastada por los bombardeos y por enfrentamientos muy duros, y fueron reunidas en los campos especiales para la acogida, en donde reciben atención. La información que tenemos es fragmentaria.
No, siguen siendo desastrosas. El suministro de agua y electricidad todavía se interrumpe, a veces durante muchas horas, a veces durante días enteros; los precios de los géneros alimenticios están por los cielos: las personas no logran comprar ni siquiera los alimentos básicos como la leche, el arroz y las legumbres. También las medicinas han alcanzado precios prohibitivos y algunas simplemente no se encuentran. Muchas viviendas están destrozadas o tienen graves daños, y no hay dinero ni para repararlas ni para pagar los alquileres en las casas que siguen en pie. No hay trabajo, el comercio ya casi no existe. Las personas están postradas por la pobreza, por el miedo, por los bombardeos, que no han cesado.
La dedicación gratuita y desinteresada es contagiosa: mientras al principio yo y mis tres hermanos operábamos solos, casi solo con nuestras manos, desde hace tiempo podemos contar con un gran grupo de voluntarios, hombres y mujeres de todas las edades que nos dan una mano en la obra cotidiana de asistencia y que se comprometen con generosidad conmovedora. Además, muchas personas del Occidente se preocupan por este pueblo devastado y nos envían un poco de dinero, gracias al cual somos capaces de subsanar numerosas necesidades. Pero desgraciadamente no todas. Por el contrario, vemos raramente a las grandes organizaciones internacionales, como la Cruz Roja o Médicos Sin Fronteras.
Normalmente las caracteriza la improvisación: junto con los voluntarios afrontamos las emergencias que se van presentando, corremos para llevar ayuda y nos ponemos a disposición de quien la necesite. El cristiano, como repito a menudo, no se ocupa solo de los suyos. Intervenimos de muchas maneras: distribuimos paquetes de alimentos, agua, ropa y medicinas, asistimos a los enfermos, cuidamos a los niños, a los ancianos, a los discapacitados, reparamos las casas dañadas por las bombas, ayudamos a las familias para que paguen los alquileres. Dedicamos también mucho de nuestro tiempo a escuchar a las personas que buscan consuelo, apoyo, un hombro para no sentirse solas. Es un enorme trabajo. En el frenesí de los días, que nunca son iguales, nosotros los frailes permanecemos anclados alas celebraciones eucarísticas, a la oración, a la administración de los sacramentos. Es Cristo quien nos da la fuerza y ensancha el corazón para prestar escucha y socorro a esta humanidad herida. Son Su cercanía, Su paz y Su consuelo lo que queremos llevar a la gente.
La Navidad es la fiesta de la alegría, el nacimiento del Rey de la paz que vino para ofrecer al pueblo Su paz. La Navidad es el tiempo de la gran esperanza, el tiempo de la luz, del pasaje de la esclavitud, de la prisión, a la libertad de los hijos de Dios. En estas semanas tratamos de transmitir esperanza, de llevar a todos el mensaje del nacimiento del Hijo: Dios se hizo hombre para darle a cada uno paz, alegría, liberación del mal: todo lo que el ser humano, por sí mismo, no puede darse. Tratamos de ser fieles a las palabras de Juan Bautista, que invita a «enderezar los senderos y aplanar los caminos» para que llegue el Señor a los corazones de las personas. En este periodo de Adviento (en compañía de los sacerdotes y obispos, incluso de otras confesiones cristianas) dedicamos mucho tiempo al sacramento de la reconciliación, convencidos del inmenso valor del perdón. Cuando las ondas del odio y de la violencia se propagan, pueden acabar contagiando el corazón de las personas, que se endurecen y llegan a comprometer incluso los vínculos familiares. Animamos a cada persona para que tenga una mirada misericordiosa antes que nada hacia sus seres queridos: la paz se construye a partir la armonía que mantiene unidas a las familias. Y luego tratamos de ofrecer signos de esperanza, pequeños pero indispensables.
Con los voluntarios, como siempre, por ejemplo, estamos involucrando a los chicos en la construcción del gran pesebre que colocaremos cerca del altar. Para los niños organizaremos un momento de fiesta y les ofreceremos dulces, galletas, ropa… Queremos llegar a un gran número de jóvenes y no solo a los que normalmente van a la iglesia, por lo que vamos a las escuelas a llevar pequeños regalos: deseamos que sientan que están pasando verdaderamente el umbral de la destrucción y de la muerte para dirigirse hacia la luz y la vida. Y luego, naturalmente, nos ocupamos en muchas maneras de los adultos.
En la cotidianidad simple que todos viven aquí, hay signos que se aprecian inmediatamente: cuando un enfermo recibe una visita y palabras de afecto acompañadas de una bendición llena de ternura, aprecia inmediatamente el signo, comprende que existe una esperanza. Cuando una familia muy pobre recibe el dinero para pagar los gastos del parto, además de neonato, es una esperanza que viene al mundo. Cuando un chico que no tiene ropa para cubrirse en invierno y recibe una chaqueta aprecia el signo inmediatamente: renace la esperanza. Y lo mismo sucede cuando un niño (que por miedo casi no logra tragarse la comida) puede participar en una fiesta (como la que organizamos en ocasión de Santa Bárbara), y se come un plato de trigo dulce con sus amigos. Nosotros tratamosde ser profetas de esperanza. En estos días hemos adornado la Iglesia y encendimos lucecitas alrededor: en la oscuridad de la noche y de los corazones son el signo de la esperanza y de la Luz que esperamos y que, estamos seguros de ello, llegará.
Todavía no tenemos un programa preciso. Lo que es cierto es que no habrá vigilia en la noche del 24: es demasiado peligroso. Celebraremos la misa hacia el atardecer, como en los demás días del año. Nos proponemos organizar un momento de fiesta y de intercambio de regalos entre todos los cristianos y algo especial para los niños. Mientras tanto, en estos días, tratamos de preparar los corazones para la llegada del Señor. Encendemos lucecitas.
El Papa Francisco fue bautizado en la Parroquia de San Carlos Borromeo, Basílica de María Auxiliadora, en el barrio de Almagro de Buenos Aires, el 25 de diciembre de 1936. Para él la Navidad es un día de fiesta no sólo porque Jesús nació ese día en Belén de Santa María Virgen, sino porque él mismo nació como hijo de Dios por el Bautismo. Por eso recomienda que averigüemos la fecha de nuestro Bautismo y la celebremos como celebramos nuestro cumpleaños, porque es una fiesta muy importante.
Cuando seguimos su caminar en este ministerio de ser Papa, nos damos cuenta de qué intensamente vive la Navidad y cómo comunica a los cristianos la importancia de esta fiesta. No cabe duda de que ama profundamente la Navidad y que la vive con especial alegría.
Símbolos de la Navidad son, desde luego, el Nacimiento promovido por sanFrancisco de Asís y el árbol de Navidad que se ha ido imponiendo en el mundo como indispensable en la fiesta navideña.
El 7 de diciembre, desde El Vaticano, el Papa ha encendido el árbol de Navidad de la ciudad de Asís, cuna de san Francisco, dedicado a los migrantes y refugiados que llegan a las costas italianas desde el Oriente, obligados por el clima de violencia y asesinatos reinante en los países acosados por el Estado Islámico. El Nacimiento al pie del árbol de Asís fue montado en una barca que sirvió de escape a nueve personas que llegaron vivas a la isla italiana de Lampedusa. Otros fugitivos, miles, han muerto en el intento de lograr su libertad.
El Papa trasmitió ese día la petición de los migrantes: “digan que somos personas como ustedes. Tenemos hijos y sólo queremos vivir. No somos terroristas”.
En la gran plaza del Vaticano se levanta un árbol donado por los alemanes y un Nacimiento con figuras de tamaño natural elaborado y donado por los italianos de Trento. En diferentes lugares del Vaticano se exponen nacimientos llegados de todo el mundo. Desde hace siete años, México celebra en el vaticano una Navidad Mexicana; este año tocó a Chiapas exhibir su artesanía e, incluso, ofrecer una muestra gastronómica.
Se va volviendo tradición, desde el Papa Pío XII, que los niños de Roma y de los alrededores lleguen al Vaticano para que el Papa bendiga las imágenes del Niño Jesús que ellos acostarán en el pesebre en la Navidad. El año pasado, el Papa obsequió a los niños un devocionario con las oraciones más importantes para acompañar su vida y cada momento de ella.
Al Papa le gusta regalar, pero escoge muy bien a quién da sus regalos y qué tipo de regalos son los más convenientes.
Regaló bolsas de dormir a los menesterosos de Roma que acostumbran dormir en los rincones de los edificios y de las estaciones del metro de la ciudad. Con ayuda de los directivos del metro, regaló sobres que contenían boletos del metro, timbres postales del Vaticano y otros objetos útiles. Los alimentos que le envían los hace llegar a los comedores que brindan comida a los pobres. A los presos les envió ejemplares de los Evangelios y libros de oraciones.
¿Cómo pasa el Papa la Navidad? Como muchos sacerdotes y obispos cuya familia es el pueblo santo de Dios y que no tienen una familia propia. Celebramos la Misa “de Gallo” ahora a temprana hora y después convivimos con algunas familias y nos retiramos a nuestra casa. El Papa cena sencillamente acompañado de algunos amigos, brinda con sidra y, como buen hijo de italianos, come pannettone, un pan muy del gusto de los italianos.
Cuenta que en una Navidad que celebró en Roma, antes de ser Papa, permaneció en oración hasta la Misa de la aurora. Para él la Navidad esmotivo de acercamiento a Dios, de reflexión y de oración.
Al día siguiente, o sea en Navidad, desde el balcón central del Vaticano, lanza su mensaje de Navidad al mundo y bendice “urbi et orbi”, a la Ciudad de Roma y al orbe entero del cual es pastor. El mensaje navideño suele darse en varios idiomas para hacer sentir la universalidad de la Iglesia.
Jesús es el Príncipe de la Paz, por eso lamenta el Papa que celebremos la Navidad en un ambiente de guerra.
Nos pide que dejemos a un lado lo mundano y hagamos más caso a lo espiritual.
Nos pide que seamos misericordiosos.
Nos alienta a ser nosotros mismos el mejor regalo de Navidad y a que no pensemos que los regalos materiales son lo más importante.
Nos anima a que Jesús siga naciendo cada día en nosotros.
Como siempre, estas Navidades puedes hacer tus regalos de navidad desde Primeros Cristianos.
Con la mirada puesta en la Navidad el Papa Francisco ha reflexionado sobre su esperanzador significado
Con la mirada puesta en la Navidad el Papa Francisco ha reflexionado sobre su esperanzador significado: "El Señor está ya cerca” y su presencia "en medio de su pueblo, entre los pequeños, en las realidades adversas o cuando llega la tentación de pensar que nada tiene sentido, se convierte en portadora de libertad y de paz”.
Queridos hermanos y hermanas:
Con las palabras de Isaías nos preparamos a celebrar la fiesta de la Navidad. El Profeta nos ayuda a abrirnos a la esperanza y a acoger la Buena noticia de la Salvación con un canto de alegría, porque el Señor está ya cerca.
La presencia de Dios en medio de su pueblo, entre los pequeños, en las realidades adversas o cuando llega la tentación de pensar que nada tiene sentido, se convierte en portadora de libertad y de paz. Por eso son hermosos los pies de aquel que corre a anunciar esto a sus hermanos, pues ha comprendido la urgencia de este anuncio para un mundo que necesita a Dios.
Del mismo modo, nosotros estamos llamados, ante el misterio del Niño Dios en Belén, a darnos cuenta de esta urgencia y a colaborar a la venida del Reino de Dios, que es luz y que debe llegar a todos. Como el mensajero sobre los montes, también nosotros tenemos que correr para llevar la buena noticia de la cercanía de Dios a una humanidad que no puede esperar, y que tiene sed de justicia, de verdad y de paz.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Los invito, en este tiempo de Adviento, a preparar el corazón, para acoger toda la pequeñez, toda la maravilla, toda la sorpresa de un Dios que abandona su grandeza, y se hace pobre y débil para estar cerca de cada uno de nosotros. Muchas gracias.
el Arzobispo sirio-católico de Mosul, Yohanna Petros Mouche, ha deplorado que los cristianos, a pesar de la liberación de la llanura de Nínive, siguen teniendo miedo a volver a sus pueblos: «no está claro» quién garantizará la seguridad en las poblaciones liberadas. El Arzobispo se siente «traicionado» por el Gobierno.
Si bien ISIS está militarmente «acabado» y ha sido expulsado de la región, la ideología de los musulmanes fanáticos continúa existiendo. Por ejemplo, en octubre, dos días después de que el Gobierno central iraquí impuso una prohibición de alcohol en todo el país, un cristiano que había comercializado bebidas alcohólicas en Qaraqosh fue asesinado por musulmanes fanáticos.
Los cristianos han quedado además «atónitos» al encontrarse, en los pueblos cristianos liberados, con aproximadamente el 75% de las casas incendiadas por los habitantes de la propia región. «¿Por qué hicieron eso personas con quienes teníamos buenas relaciones? Nos preguntamos si es un mensaje de que nos quemarían si volvíamos», dice el Arzobispo. «Tenemos miedo de tener que seguir viviendo con esas personas. Esperábamos impacientes la liberación y muchos querían volver inmediatamente, pero primero hay que garantizar la seguridad».
Sin embargo, es «una gran alegría» que ahora, después de la liberación, al menos se dé de nuevo la posibilidad de que los cristianos vuelvan a la llanura de Nínive y que puedan «continuar allí el testimonio de Cristo en el propio país».
Mons. Mouche quiso dar las gracias a todos los benefactores de ACN y les pidió que continuarán prestando su apoyo. «Deseamos hacer un llamamiento a que esas personas sigan mostrándose solidarias con nosotros y que nos apoyen con su oración y su ayuda material para que podamos seguir dando testimonio».
En el santuario de Nuestra Señora Gunadala Matha, en Andhra Pradesh, se reunieron fieles de varias religiones para dar gracias por los milagros recibidos.
El nuevo rector del santuario, el p. William Jayaraju Eleti, afirma que la Virgen es honrada “sobre todo por fieles no católicos, que vienen aquí durante todo el año y traen su homenaje”.
El santuario de Gunadala Matha, en el área de la diócesis de Vijawada, nace por la iniciativa de los misioneros del Pime(Pontificio Instituto misiones Extranjeras), que en 1928 llevaron la estatua de la Virgen de Lourdes y la colocaron sobre la colina “para proteger a la ciudad y mantenerla más cerca de Jesús”. Después, los padres trazaron un ríspido sendero que lleva hasta la cima del monte, encima del cual colocaron una cruz.
Según las declaraciones del p. Wiliam cada año el lugar atrae a miles de peregrinos. “Se arrodillan frente a la estatua de la Virgen, puesta en la gruta y rezan con devoción todo el día, hacen promesas de fe y rinden homenaje por sí mismos y por sus familias. La peregrinación termina sobre la colina, donde está puesta la cruz.
El santuario mariano es uno de los más importantes de toda India. Tal como publica Asia News, la estatua de la Virgen de Lourdes es venerada por los “católicos, protestantes, hindúes y musulmanes, cada uno a su modo propio”. “Por ejemplo los hindúes ofrecen a los pies de la Virgen coco o flores, como signo de gratitud”.
Otro ritual de veneración es el ofrecimiento de la barba y cabellos por parte de los peregrinos, una práctica muy difundida en los templos de Andhra Pradesh. “Algunos se rasan toda la cabeza-cuenta el rector- otros en cambio ofrecen sólo algunos mechones. Aquellos que se cortan todo el pelo lo hacen para despojarse de todo en la oración a Dios. Este es un símbolo de gran humildad”.
De todos los mensajes del Papa durante el Jubileo se podrían destacar tres conceptos fundamentales: perdón, optimismo y acogida.
El Papa explicó que para recibir misericordia es imprescindible reconocer las propias faltas.
"Cuántas veces nosotros acusamos a los otros de ser pecadores. ¿Y tú?”.
Reconocer los propios errores implica asumir responsabilidades y, sobre todo, asumir el propio pasado. Sin embargo, el Papa explica que esto no debe llevar al desánimo sino a la esperanza porque Dios quiere salvar a todos.
"Dios no quiere la condena de nadie, de nadie. Una vez escuché un dicho muy bonito: No hay santo sin pasado y no hay pecador sin futuro. Qué bonito es esto”.
La persona que reconoce sus propios errores no se cree superior a nadie y por eso no es indiferente ante el sufrimiento ajeno. Este, dijo el Papa, es una de las grandes enfermedades de nuestro tiempo.
"¿Qué significa ignorar el sufrimiento del hombre? Significa ignorar a Dios. Si yo no me acerco a ese hombre, a esa mujer, a ese niño, a ese anciano, a esa anciana que sufre, no me acerco a Dios”.
De ahí sus constantes llamamientos para acoger refugiados, una crisis que el Papa definió como la peor catástrofe humanitaria tras la II Guerra Mundial.
Los visitó en Lesbos y el Jueves Santo en Roma les lavó los pies. No se cansó de aparecer junto a ellos en diversos actos públicos y de pedir al mundo soluciones eficaces y de larga duración.
"El cristiano no excluye a nadie. Ofrece un sitio para todos, tiene sitio para todos”.
Con su última carta pastoral el Papa recuerda que aunque el Jubileo haya terminado la misericordia de Dios no se agota. Como él mismo diría: los que se agotan de pedir perdón son los hombres porque Dios no se cansa de perdonar.
Francisco comienza un ciclo de catequesis sobre la esperanza cristiana
El Papa comparó la vida con un desierto y dijo que "a veces es difícil caminar en él, pero si confiamos en Dios puede ser bonita y larga”, aseguró que basta con "no perder la esperanza”.
Francisco invitó a los peregrinos a imitar a personajes del Evangelio como María, a José, a Zacarías e Isabel ya que "sus vidas estaban llenas de esperanza y abiertas a la consolación de Dios”.
RESUMEN DE LA CATEQUESIS DEL PAPA EN ESPAÑOL
"Queridos hermanos y hermanas:
Hoy comenzamos una nueva serie de catequesis sobre la esperanza cristiana. En esta primera reflexión, el profeta Isaías nos invita a llevar el consuelo de Dios a nuestros hermanos. Isaías habla a un pueblo en el exilio y le presenta la posibilidad de regresar a su hogar, que en definitiva es volver a Dios. Para ello hay que eliminar los obstáculos que nos detienen, preparar un camino llano y ancho, un camino de liberación y esperanza que se extiende por el desierto.
San Juan Bautista, retomando las palabras de Isaías, nos llama a la conversión, para que abramos un camino de esperanza en nuestros corazones.
El cristiano necesita hacerse pequeño para este mundo, como lo fueron los personajes del Evangelio de la infancia: María y José, Zacarías e Isabel o los pastores. Eran insignificantes para los grandes y poderosos de entonces, pero sus vidas estaban llenas de esperanza, abiertas a la consolación de Dios.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Pidamos al Señor la gracia de trasformar el desierto de nuestra vida, de nuestro sufrimiento y de nuestra soledad, en un camino llano que nos lleve al encuentro con el Señor y con los hermanos. Dios les bendiga”.