CIUDAD DEL VATICANO, -
Es la segunda catequesis que Benedicto XVI dedica a este doctor de la Iglesia, conocido por cristianos orientales como «el teólogo», por la profundidad de su doctrina y el encanto de su elocuencia.
El 8 de agosto pasado ya había dedicado su meditación a trazar un perfil biográfico de este doctor de la Iglesia (Cf. «Benedicto XVI presenta un retrato de san Gregorio Nacianceno»), quien fue obispo de Constantinopla y Nacianzo, así como uno de los grandes poetas de su época (escribió «¡casi 18.000 versos!», exclamó el mismo Papa.
«Gregorio nos enseña, ante todo, la importancia y la necesidad de la oración», explicó el Papa tras haber repasado junto a los miles de peregrinos congregados en el Aula Pablo VI del Vaticano algunos de sus cautivadores escritos sobre la Trinidad.
El obispo de Nacianzo decía: «es necesario acordarse de Dios con más frecuencia de lo que respiramos», pues, como dijo el pontífice, «la oración es el encuentro de la sed de Dios con nuestra sed».
«En la oración, tenemos que dirigir nuestro corazón a Dios para entregarnos a Él como ofrenda que debe ser purificada y transformada», siguió explicando.
«En la oración --añadió--, vemos todo a la luz de Cristo, dejamos caer nuestras máscaras y nos sumergimos en la verdad y en la escucha de Dios, alimentando el fuego del amor».
Gregorio, recordó el obispo de Roma, «sintió necesidad de acercarse a Dios para superar el cansancio de su propio yo».

«Tienes una tarea --nos dice san Gregorio también a nosotros--, la tarea de encontrar la verdadera luz, de encontrar la verdadera altura de tu vida. Y tu vida consiste en encontrarte con Dios, que tiene sed de nuestra sed», dijo.
La otra lección que Benedicto XVI sacó de Gregorio Nacianceno fue la caridad, el amor a los necesitados.
Refiriéndose a los enfermos y a las personas que atraviesan dificultades, decía el santo obispo: «Esta es la única salvación para nuestra carne y nuestra alma: la caridad hacia ellos».
«Gregorio subraya que el hombre tiene que imitar la bondad y el amor de Dios», explicó el Papa.
«Si estás sano y eres rico, alivia la necesidad de quien está enfermo y es pobre; si no has caído, ayuda a quien ha caído y vive en el sufrimiento; si estás contento, consuela a quien está triste; si eres afortunado, ayuda a quien ha sido mordido por la desventura», escribía san Gregorio.
Y concluía con gran atrevimiento: «conviértete en Dios para el desventurado, imitando la misericordia de Dios».
Con su intervención, Benedicto XVI ha continuado la serie de meditaciones sobre las figuras más destacadas de los orígenes de la Iglesia que viene ofreciendo en sus encuentros semanales con los peregrinos de los miércoles.
Este tiempo de Navidad está enmarcado por el Papa Francisco en la esperanza, antes y después de la Nochebuena.
Ya en la audiencia general del 7 de diciembre señaló que la esperanza cristiana es la única que puede garantizar la sonrisa al mundo, porque Dio se ha hecho un niño que juega y sonríe: “La esperanza es la virtud de los pequeños. Los grandes, los satisfechos no conocen la esperanza; no saben lo que es”.
En su catequesis del 21 de diciembre de 2016, el Papa identificaba la encarnación del Hijo de Dios con la entrada de la esperanza en el mundo. Tal es el sentido de la Navidad: “Dios cumple la promesa haciéndose hombre; no abandona a su pueblo, se acerca hasta despojarse de su divinidad. De tal modo, Dios demuestra su fidelidad e inaugura un Reino nuevo, que da una nueva esperanza a la humanidad. ¿Y cuál es esa esperanza? La vida eterna”.
Hoy se hace necesario explicar en qué consiste la vida eterna: una vida feliz, plena y definitiva, más allá del pecado y de sus consecuencias: el dolor y la muerte. Una vida que comienza ya ahora, aunque sólo de modo incoado, cuando se vive cabalmente la vida cristiana. La Natividad de Cristo, porque inaugura la redención salvadora, nos trae una esperanza fiable, visible y comprensible. No es una esperanza como las humanas, siempre limitadas y falibles, porque esta esperanza está fundada en Dios. Y eso nos permite vivir de una manera nueva en el presente, con la certeza de caminar con Cristo hacia el Padre que nos espera.
Así lo dice Francisco: “Esta esperanza, que el Niño de Belén nos da, ofrece una meta, un destino bueno para el presente, la salvación a la humanidad, la bienaventuranza a quien se fía de Dios misericordioso”. San Pablo resume todo esto con la expresión: «En la esperanza fuimos salvados» (Rm 8,24), de donde por cierto, sale el título de la segunda encíclica de Benedicto XVI: Spe salvi, salvados porla esperanza.
Y el Papa nos invita a preguntarnos, cada uno de nosotros: “¿Yo camino con esperanza, o mi vida interior está parada, cerrada? ¿Mi corazón es un cajón cerrado o es un cajón abierto a la esperanza que me hace caminar no solo, sino con Jesús?”
Este es en último término el sentido del “belén” que ponemos los cristianos en nuestros hogares, o en los escaparates y en las calles y plazas de nuestros pueblos: “El belén —observa Francisco—trasmite esperanza; cada uno de los personajes está inmerso en esa atmósfera de esperanza”. Belén es un lugar pequeño, porque Dios gusta de actuar a través de los pequeños y humildes.
Allí está María, Madre de la esperanza: “su corazón de muchacha estaba lleno de esperanza, toda animada por la fe” Y también José, descendiente de Jesé y de David; “también él creyó en las palabras del ángel” que le mandaba poner el nombre a Jesús (que significa salvador), un nombre que trae la esperanza a la humanidad y a cada persona.
Y en el belén están los pastores, que representan a los humildes y pobres que esperaban al Mesías. En cambio, señala Francisco, “quien confía en sus propias seguridades, sobre todo materiales, no espera la salvación de Dios. Metámonos esto en la cabeza: nuestras seguridades no nos salvarán; la única seguridad que nos salva es la de la esperanza en Dios. Nos salva porque es fuerte y nos hace caminar en la vida con alegría, con ganas de hacer el bien, con ganas de ser felices para toda la eternidad. Los pequeños, los pastores, en cambio confían en Dios, esperan en Él y gozan cuando reconocen en aquel Niño la señal indicada por los ángeles (cfr. Lc 2,12)”.
Los ángeles anuncian y cantan esa esperanza, mediante la alabanza y el agradecimiento a Dios, cuya venida al mundo inaugura su Reino de amor, de justicia y de paz.
Por eso, apunta el Papa, la Navidad es fiesta y tiempo de esperanza. “Será verdaderamente una fiesta si acogemos a Jesús, semilla de esperanza que Dios pone en los surcos de nuestra historia personal y comunitaria. Cada sí a Jesús que viene es un brote de esperanza. Confiamos en ese brote de esperanza, en ese sí: Sí, Jesús, tú puedes salvarme, tú puedes salvarme” Y con ello, y con el Papa, podemos desear una ¡Feliz Navidad de esperanza a todos!
En la felicitación navideña a la Curia, el día 22, el Papa ha descrito la Navidad como la fiesta de la humildad amorosa o amante de Dios, que se ha hecho pequeño para que nos acerquemos a Él con confianza.
“El Niño que nace —apuntaba en la Nochebuena— nos interpela: nos llama a dejar las ilusiones de lo efímero para ir a lo esencial, a renunciar a nuestras insaciables pretensiones, a abandonar la insatisfacción perenne y la tristeza por cualquier cosa que siempre nos faltará. Nos vendrá bien dejar esas cosas para encontrar en la sencillez de Dios-Niño la paz, la alegría, el sentido de la vida”.
A pesar de tantas indiferencias y tinieblas que nosotros ponemos en el mundo, la Navidad tiene un sabor de esperanza, porque la luz de Dios brilla: “Su luz gentil no da miedo; Dios, enamorado de nosotros, nos atrae con su ternura, naciendo pobre y frágil entre nosotros, como uno de nosotros. Nace en Belén, que significa casa de pan. Parece querernos decir así que nace como pan para nosotros; viene a la vida para darnos su vida; viene a nuestro mundo para traernos su amor. No viene a devorar ni a mandar, sino a alimentar y a servir. Así hay un hilo directo que une el pesebre y la cruz, donde Jesús será pan partido: es el hilodirecto del amor que se da y nos salva, que da luz a nuestra vida, paz a nuestros corazones”.
Y por todo ello se nos ha propuesto, para este tiempo de Navidad, una actitud fundamental, el asombro ante la belleza del Dios niño que se nos entrega.
“Acerquémonos a Dios que se hace cercano, detengámonos a mirar el belén, imaginemos el nacimiento de Jesús: la luz y la paz, la suma pobreza y el rechazo. Entramos en la verdadera Navidad con los pastores, llevemos a Jesús lo que somos, nuestras marginaciones, nuestras heridas no curadas. Así, en Jesús, saborearemos el verdadero espíritu de la Navidad: la belleza de ser amados por Dios. Con María y José estamos ante el pesebre, ente Jesús que nace como pan para mi vida. Contemplando su amor humilde e infinito, digámosle gracias: gracias, porque has hecho todo esto por mí”.
Iglesia y Nueva Evangelización
La persecución no es un fenómeno esporádico en la historia del cristianismo sino que ha marcado profundamente la vida de los cristianos hasta nuestros días, en muchos países del mundo
El profesor Massimo Introvigne, director del Cesnur, Centro de Estudios sobre Nuevas Religiones, dice que sólo en 2016 alrededor de 90.000 cristianos fueron asesinados a causa de su fe, es decir uno cada seis minutos, y también que el número de cristianos que no pueden profesar su fe libremente sondea los 500 a 600 millones:
El Center for Study of Global Christianity publicará el próximo mes su estadística para 2016, que habla de 90 mil cristianos asesinados a causa de su fe, un muerto cada 6 minutos, un poco menos respecto a los 105 mil de hace dos años.
De estos, el 70%, es decir, 63 mil, han sido asesinados en conflictos tribales en África. El centro estadounidense los incluye en la estadística porque considera que en gran parte se trata de cristianos que han rehusado tomar las armas por razones de conciencia.
El otro 30%, es decir, 27 mil, deriva en cambio de atentados terroristas, destrucción de pueblos cristianos, persecuciones gubernamentales, como en el caso de Corea del Norte.
Juntando las estadísticas de al menos tres centros diversos de investigación de los Estados Unidos y también el mío, el Cesnur, y comparándolos entre sí en 102 países del mundo, los cálculos varían entre los 500 y 600 millones de cristianos que no pueden profesar su fe completamente.
Sin olvidar o disminuir los sufrimientos de los miembros de otras religiones, los cristianos son el grupo religioso más perseguido del mundo. Hay quien puede permanecer perplejo frente a las estadísticas porque si por un lado el Center for Study of Global Christianity nos da la cifra de 90 mil, en otros hablan de algunos miles, y otros de algunos cientos.
Cuando las discrepancias son tan grandes, está claro que están contando cosas distintas. Quien cuenta a las personas que son obligadas trágicamente a elegir: “o reniegas de tu fe o mueres”, cuenta cada año algunos cientos. Quien tiene una noción más amplia: no “candidatos a la beatificación” sino personas que sabían que podían ser asesinadas al realizar ciertos gestos o prácticas de fe, habla de algunos miles. Si en cambio se habla de personas que son asesinadas en sentido amplio porque son cristianas, entonces llegamos a los 90 mil, es decir, un muerto cada seis minutos.
Sí, en los territorios del así llamado Estado Islámico existen varios casos, entre ellos algunos que la Iglesia está estudiando en vista a una posible beatificación. Hay cristianos que han elegido conscientemente permanecer en estos territorios y seguir, como podían, dando testimonio de su fe.
Al hablar del Estado Islámico no debemos olvidar que éste asesina también a muchos musulmanes y que en 2016, según nuestros cálculos, el número de cristianos asesinados a causa de su fe y el número de musulmanes asesinados a causa de su fe, a excepción de África, es un número muy similar.
Los musulmanes en general son asesinados por otros musulmanes: los musulmanes shiítas son asesinados por musulmanes sunitas y este es el caso más frecuente. A veces, los musulmanes sunitas son asesinados por musulmanes shiítas, musulmanes que no están de acuerdo con ciertas declinaciones del Islam son asesinados por musulmanes más extremistas, como en el caso del ISIS.
Dos puntos. El primero es que un poco en todos los países crece la intolerancia y la intolerancia es la antesala de la discriminación y, a su vez, la antesala de la persecución.
Y luego, la actitud tranquila, noble, muchas veces ejemplar de las minorías cristianas sometidas a cualquier tipo de vejación pero que sólo en casos rarísimos han respondido a la violencia con la violencia, mientras que la mayor parte de los casos han dado testimonio serenamente de su fe, a menudo perdonando a los perseguidores y orando por ellos.
Durante el Jubileo de la Misericordia, el Papa ha hecho cada mes una visita a una obra de caridad.
Ciudad del Vaicano, 1 de enero, 2014
La primera lectura que hemos escuchado nos propone una vez más las antiguas palabras de bendición que Dios sugirió a Moisés para que las enseñara a Aarón y a sus hijos: «Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz» (Nm6,24-25). Es muy significativo escuchar de nuevo esta bendición precisamente al comienzo del nuevo año: ella acompañará nuestro camino durante el tiempo que ahora nos espera. Son palabras de fuerza, de valor, de esperanza. No de una esperanza ilusoria, basada en frágiles promesas humanas; ni tampoco de una esperanza ingenua, que imagina un futuro mejor sólo porque es futuro. Esta esperanza tiene su razón de ser precisamente en la bendición de Dios, una bendición que contiene el mejor de los deseos, el deseo de la Iglesia para todos nosotros, impregnado de la protección amorosa del Señor, de su ayuda providente.
El deseo contenido en esta bendición se ha realizado plenamente en una mujer, María, por haber sido destinada a ser la Madre de Dios, y se ha cumplido en ella antes que en ninguna otra criatura.
Madre de Dios. Este es el título principal y esencial de la Virgen María. Es una cualidad, un cometido, que la fe del pueblo cristiano siempre ha experimentado, en su tierna y genuina devoción por nuestra madre celestial.
Recordemos aquel gran momento de la historia de la Iglesia antigua, el Concilio de Éfeso, en el que fue definida con autoridad la divina maternidad de la Virgen. La verdad sobre la divina maternidad de María encontró eco en Roma, donde poco después se construyó la Basílica de Santa María «la Mayor», primer santuario mariano de Roma y de todo occidente, y en el cual se venera la imagen de la Madre de Dios —la Theotokos— con el título de Salus populi romani. Se dice que, durante el Concilio, los habitantes de Éfeso se congregaban a ambos lados de la puerta de la basílica donde se reunían los Obispos, gritando: «¡Madre de Dios!». Los fieles, al pedir que se definiera oficialmente este título mariano, demostraban reconocer ya la divina maternidad. Es la actitud espontánea y sincera de los hijos, que conocen bien a su madre, porque la aman con inmensa ternura. Pero es algo más: es el sensus fidei del santo pueblo fiel de Dios, que nunca, en su unidad, nunca se equivoca.

María está desde siempre presente en el corazón, en la devoción y, sobre todo, en el camino de fe del pueblo cristiano. «La Iglesia… camina en el tiempo… Pero en este camino —deseo destacarlo enseguida— procede recorriendo de nuevo el itinerario realizado por la Virgen María» (Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater, 2). Nuestro itinerario de fe es igual al de María, y por eso la sentimos particularmente cercana a nosotros. Por lo que respecta a la fe, que es el quicio de la vida cristiana, la Madre de Dios ha compartido nuestra condición, ha debido caminar por los mismos caminos que recorremos nosotros, a veces difíciles y oscuros, ha debido avanzar en «la peregrinación de la fe» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. Lumen gentium, 58).
Nuestro camino de fe está unido de manera indisoluble a María desde el momento en que Jesús, muriendo en la cruz, nos la ha dado como Madre diciendo: «He ahí a tu madre» (Jn 19,27). Estas palabras tienen un valor de testamento y dan al mundo una Madre. Desde ese momento, la Madre de Dios se ha convertido también en nuestra Madre. En aquella hora en la que la fe de los discípulos se agrietaba por tantas dificultades e incertidumbres, Jesús les confió a aquella que fue la primera en creer, y cuya fe no decaería jamás. Y la «mujer» se convierte en nuestra Madre en el momento en el que pierde al Hijo divino. Y su corazón herido se ensancha para acoger a todos los hombres, buenos y malos, a todos, y los ama como los amaba Jesús. La mujer que en las bodas de Caná de Galilea había cooperado con su fe a la manifestación de las maravillas de Dios en el mundo, en el Calvario mantiene encendida la llama de la fe en la resurrección de su Hijo, y la comunica con afecto materno a los demás. María se convierte así en fuente de esperanza y de verdadera alegría.
La Madre del Redentor nos precede y continuamente nos confirma en la fe, en la vocación y en la misión. Con su ejemplo de humildad y de disponibilidad a la voluntad deDios nos ayuda a traducir nuestra fe en un anuncio del Evangelio alegre y sin fronteras. De este modo nuestra misión será fecunda, porque está modelada sobre la maternidad de María. A ella confiamos nuestro itinerario de fe, los deseos de nuestro corazón, nuestras necesidades, las del mundo entero, especialmente el hambre y la sed de justicia y de paz y de Dios; y la invocamos todos juntos, y os invito a invocarla tres veces, imitando a aquellos hermanos de Éfeso, diciéndole: ¡Madre de Dios! ¡Madre de Dios! ¡Madre de Dios! ¡Madre de Dios! Amén.
2000 años después los cristianos no dejan de recordar el momento en el que la Sagrada Familia emigró. Por eso el Papa pidió pensar más en las familias que en nuestros días deben tomar decisiones parecidas.
ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO A LA SAGRADA FAMILIA:
«Jesús, María y José,
en ustedes contemplamos
el esplendor del amor verdadero,
a ustedes nos dirigimos con confianza.
Sagrada Familia de Nazaret,
haz que también nuestras familias
sean lugares de comunión y cenáculos de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas Iglesias domésticas.
Sagrada Familia de Nazaret,
que nunca más en las familias se vivan experiencias
de violencia, cerrazón y división:
que todo el que haya sido herido o escandalizado
conozca pronto el consuelo y la sanación.
Sagrada Familia de Nazaret,
que el próximo Sínodo de los Obispos
pueda despertar en todos la conciencia
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
su belleza en el proyecto de Dios.
Jesús, María y José,
escuchen y atiendan nuestra súplica.
Amén.
El Papa ha llegado a la audiencia general algunos minutos antes de lo habitual, para poder detenerse con algunos peregrinos.
Un video delP. Tom Uzhunnalil, sacerdote salesiano secuestrado en marzo en Yemen, fue divulgado este lunes por los terroristas islámicos que desde entonces lo tienen cautivo
“Necesito su ayuda, por favor ayúdenme”, expresa en el video el sacerdote natural de la India, raptado por el grupo de fundamentalistas islámicos que el 4 de marzo de 2016 atacó el albergue de las Misioneras de la Caridad en Aden (Yemen), y que asesinó a cuatro religiosas y otras doce personas.
Según el relato de la hermana Sally, única sobreviviente, cuando el P. Tom vio a los terroristas, lo primero que hizo “fue consumir la Santa Comunión que estaba en el tabernáculo para impedir que los agresores la tomaran”.
Con excepción de un video divulgado en julio donde aparece el sacerdote, no se han tenido otras noticias. Sin embargo, en septiembre, el P. Joseph Chinnaiyan, (CBCI) Vice secretario de la Conferencia Episcopal de la India, reiteró que la Iglesia está en “contacto constante” con el gobierno de la India sobre el estado del sacerdote.
En el video de 5 minutos difundido hoy por Manorama News, se ve al P. Tom con la barba crecida y con el rostro delgado y con signos de sufrimiento. Además, se aprecia que el sacerdote lee de forma obligada un texto, probablemente redactado por sus propios captores.
En este, el sacerdote salesiano dice a las autoridades de la Inda que “estoy profundamente triste porque ninguna acción seria fue interpuesta para obtener mi liberación”. “Mi salud empeora. Debo ser hospitalizado lo más pronto. Les ruego, ayúdenme pronto”, añade.
“Estoy muy triste y deprimido. Le pido también a mi comunidad cristiana en India, a los obispos y sacerdotes ayúdenme a ser liberado” y salvar mi vida.
Luego se dirige al Santo Padre. “Querido Papa Francisco, por favor, cuide mi vida”, expresa el sacerdote, quien también pide “a los demás obispos a venir en mi ayuda”; y piensa que “quizás ninguna iniciativa seria se ha interpuesto porque vengo de la India. Si fuese un sacerdote europeo, sería tomado mucho más en serio”.
Desde su captura, la Iglesia a través de los obispos de la India y del Vicario Apostólico de Arabia del Sur, Mons. Paul Hinder, han mantienen contacto con las autoridades para lograr la liberación del P. Tom.
El Papa Francisco también ha exhortado a liberar al sacerdote salesiano y a todos los secuestrados en el mundo.
Hasta el cierre de esta nota no ha habido algún pronunciamiento sobre el video de parte de la Congregación Salesiana.
El papa Francisco aseguró este lunes que la persecución que viven actualmente los cristianos es mayor y con la misma crueldad que la que se vivió en los primeros siglos de la cristiandad
Recordó que en Irak los cristianos han celebrado la Navidad en su catedral destruida, "en un acto de fidelidad al Evangelio". El papa explicó que hoy se celebra San Esteban, el primer mártir, para afirmar que el "martirio cristiano continúa en la historia de la Iglesia hasta nuestros días".
Los mártires de hoy son más que los de los primeros siglos. Para Francisco, "el mundo odia a los cristianos por la misma razón que odiaban a Jesús porque ha llevado la luz de Dios a un mundo que prefiere las tinieblas para esconder sus obras malvadas. Por esto, hay oposición entre la mentalidad del Evangelio y la mundana".
Agregó que "también la Iglesia para dar su testimonio de la luz y la verdad, experimenta en varios lugares duras persecuciones, hasta la suprema prueba del martirio". "Cuántos hermanos y hermanas en la fe sufren abusos, violencias y son odiados a causa de Jesús", exclamó. Instó a "pensar en ellos y estar cerca de ellos con nuestro afecto, nuestra oración y nuestro llanto".
"A pesar de las pruebas y peligros, testimonian con valentía su pertenencia a Cristo y viven el Evangelio comprometiéndose a favor de los últimos, de los más necesitados, haciendo el bien a todos sin distinción y testimoniando la caridad en la verdad", añadió.
Francisco también deseó paz y serenidad a todos los fieles y que estos días "sean días de alegría y hermandad", felicitó a los que se llaman Esteban o Estefanía y agradeció todos los mensajes de felicitación que le han llegado de todo el mundo.
Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/2921033/0/papa-francisco-persecucion-cristianos/#xtor=AD-15&xts=467263
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CIUDAD DEL VATICANO,-
El apóstol Juan enseña a los cristianos que ser discípulo de Cristo significa ser su amigo íntimo, explicó este miércoles Benedicto XVI.
El Papa presentó a los 25.000 peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano con motivo de la audiencia general del miércoles 5 julio 2006, «una lección importante para nuestra vida» dejada por «el discípulo predilecto» de Jesús.
«El Señor desea hacer de cada uno de nosotros un discípulo que vive una amistad personal con Él. Para realizar esto no es suficiente seguirle y escucharle exteriormente; es necesario también vivir con Él y como Él», explicó el pontífice.
«Esto sólo es posible en el contexto de una relación de gran familiaridad, penetrada por el calor de una confianza total», añadió al continuar con la serie de meditaciones que está ofreciendo sobre los doce apóstoles y los orígenes de la Iglesia.
«Es lo que sucede entre amigos --insistió--: por este motivo, Jesús dijo un día: "Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos… No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer"».
Juan formó siempre parte el grupo restringido --formado por Pedro y por su hermano Santiago-- que acompañaba a Jesús en momentos decisivos de su vida terrena: como la transfiguración o la oración en el Huerto de los Olivos antes de la pasión. En la Última Cena reclinó su cabeza sobre el pecho de Jesús, según narra el cuarto Evangelio.
Después, tras la resurrección se convirtió en testigo tanto de la tumba vacía como de la misma presencia del Resucitado al aparecerse a los discípulos que habían vuelto a pescar. Al ser juzgado ante el Sanedrín, junto a Pedro, responderá: «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído».
«Esta franqueza para confesar su propia fe --constató el obispo de Roma-- queda como un ejemplo y una advertencia para todos nosotros para que estemos dispuestos a declarar con decisión nuestra inquebrantable adhesión a Cristo, anteponiendo la fe a todo cálculo humano o interés.
La tradición asegura que murió siendo anciano, bajo el emperador Trajano, enÉfeso, que hoy se encuentra en Turquía. Por este motivo, goza de gran veneración entre los cristianos de Oriente, que en sus iconos le presentan «en intensa contemplación, con la actitud de quien invita al silencio».
«De hecho --concluyó el Papa--, sin un adecuado recogimiento no es posible acercarse al misterio supremo de Dios y a su revelación».
«Que el Señor nos ayude a ponernos en la escuela de Juan para aprender la gran lección del amor de manera que nos sintamos amados por Cristo "hasta el final" y gastemos nuestra vida por Él», afirmó.