El magisterio del Papa Francisco está dejando una huella profunda en el mundo.

Los nuevos areópagos

La misericordia continúa

Francisco J.Pérez-Latre
El magisterio del Papa Francisco está dejando una huella profunda en el mundo. El domingo 20 de noviembre nos entregó la nueva Carta Apostólica “Misericordia et misera”.

Estas 11 citas no pretenden sustituir su lectura, pero pueden ayudar a los lectores a asomarse a otro texto del Papa que hay que leer y difundir. Si te sirven, puedes propagarlas por las redes sociales y otros areópagos del siglo XXI.

  1.   La misericordia no puede ser un paréntesis en la vida de la Iglesia, sino que constituye su misma existencia, que manifiesta y hace tangible la verdad profunda del Evangelio.
  2. Ninguno de nosotros puede poner condiciones a la misericordia; ella será siempre un acto de gratuidad del Padre celeste, un amor incondicionado e inmerecido.
  3. En una cultura frecuentemente dominada por la técnica, se multiplican las formas de tristeza y soledad en las que caen las personas, entre ellas muchos jóvenes. En efecto, el futuro parece estar en manos de la incertidumbre que impide tener estabilidad. De ahí surgen a menudo sentimientos de melancolía, tristeza y aburrimiento que lentamente pueden conducir a la desesperación.
  4. Hemos celebrado un Año intenso, en el que la gracia de la misericordia se nos ha dado en abundancia. Como un viento impetuoso y saludable, la bondad y la misericordia se han esparcido por el mundo entero.
  5. Ahora, concluido este Jubileo, es tiempo de mirar hacia adelante y de comprender cómo seguir viviendo con fidelidad, alegría y entusiasmo, la riqueza de la misericordia divina.
  6. En la proclamación de las lecturas bíblicas, se recorre la historia de nuestra salvación como una incesante obra de misericordia que se nos anuncia. Dios sigue hablando hoy con nosotros como sus amigos, se «entretiene» con nosotros.
  7. Qué tristeza cada vez que nos quedamos encerrados en nosotros mismos, incapaces de perdonar. Triunfa el rencor, la rabia, la venganza; la vida se vuelve infeliz y se anula el alegre compromiso por la misericordia.
  8. Para que ningún obstáculo se interponga entre la petición de reconciliación y el perdón de Dios, de ahora en adelante concedo a todos los sacerdotes, en razón de su ministerio, la facultad de absolver a quienes hayan procurado el pecado de aborto.
  9. Tenemos un gran reto que afrontar, sobre todo en la cultura contemporánea que, a menudo, tiende a banalizar la muerte hasta el punto de esconderla o considerarla una simple ficción. La muerte en cambio se ha de afrontar y preparar como un paso doloroso e ineludible, pero lleno de sentido.
  10. Termina el Jubileo y se cierra la Puerta Santa. Pero la puerta de la misericordia de nuestro corazón permanece siempre abierta, de par en par. Hemos aprendido que Dios se inclina hacia nosotros (cf. Os 11,4) para que también nosotros podamos imitarlo inclinándonos hacia los hermanos.
  11. La cultura del individualismo exasperado, sobre todo en Occidente, hace que se pierda el sentido de la solidaridad y la responsabilidad hacia los demás. Dios mismo sigue siendo hoy un desconocido para muchos; esto representa la más grande de las pobrezas y el mayor obstáculo para el reconocimiento de la dignidad inviolable de la vida humana.

En este enlace, el texto completo, que no te puedes perder: phttp://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_letters/documents/papa-francesco-lettera-ap_20161120_misericordia-et-misera.html

 

 

Con motivo de la clausura del año de la misericordia el papa Francisco ha escrito la carta apostólica “Misericordia et misera"

"La misericordia y la miserable”

Con motivo de la clausura del año de la misericordia el papa Francisco ha escrito la carta apostólica “Misericordia et misera”

 

¿QUÉ ES UNA CARTA APOSTÓLICA?

Una carta apostólica es un documento del magisterio papal menos solemne que una encíclica, perode gran importancia. Juan Pablo II publicó una tras clausurar el Jubileo del año 2000.

En esta el Papa recoge las grandes líneas del Jubileo y da indicaciones para que estos meses tan intensos no se reduzcan a una "teoría de la misericordia”.

¿QUÉ SIGNIFICA "MISERICORDIA ET MISERA”?

El título se traduce como "La misericordia y la miserable”. San Agustín utilizó esta expresión para recordar la escena del Evangelio en la que querían lapidar a una mujer adultera y Jesús la perdona.

¿QUÉ PROPONE?

La principal medida es hacer todo lo posible para facilitar que la gente se confiese. Tendrá muchas consecuencias, por ejemplo, será más fácil encontrar sacerdotes disponibles. Pero no es la única novedad.

Propone que cada comunidad católica dedique un domingo al año a "renovar su compromiso en favor de la difusión, conocimiento y profundización de la Biblia”.

También instituye una "Jornada Mundial de los Pobres”, que se celebrará en todas las iglesias el último domingo antes de la fiesta de Cristo Rey.

ABORTO

A partir de ahora todos los sacerdotes podrán absolver el pecado del aborto a los médicos y a los padres de la criatura que se confiesen. Antes sólo podían absolver de este pecado los obispos.

CINCO PECADOS RESERVADOS

Francisco mantiene en vigor los privilegios de los "misioneros de la misericordia”, mil sacerdotes de todo el mundo que pueden absolver de estos cinco pecados reservados al Vaticano:

La violación del secreto de confesión

La ordenación de obispos sin la aprobación del Papa

La complicidad de sacerdotes que propongan relacionessexuales a otra persona y luego la confiesen de ese pecado

La profanación de la Eucaristía

La violencia contra el Papa

FAMILIA

El Papa Francisco retoma la idea central del documento "Amoris Laetitia” y pide a la Iglesia que "mire todas las dificultades humanas con la actitud del amor de Dios, que no se cansa de acoger y acompañar”.

Francisco recuerda a los sacerdotes cómo deben atender a quienes quieren retomar la vida de fe, pero están divorciados y se han vuelto a casar o viven una situación personal delicada. Se trata de ejercer "un discernimiento espiritual atento, profundo y prudente para que cada uno, sin excluir a nadie, sin importar la situación que viva, pueda sentirse acogido concretamente por Dios, participar activamente en la vida de la comunidad y ser admitido en ese Pueblo de Dios”.

AYUDAR A LOS OTROS

El Papa muestra que además de recibir misericordia, hay que darla. Significa no ser indiferentes al sufrimiento de las personas.

Pide a los católicos que trabajen para "restituir la dignidad a las personas”. Por ejemplo a quienes no tienen trabajo; no tienen casa; son marginados; padecen hambre, tienen que emigrar, están en una cárcel en condiciones inhumanas o no tienen acceso a la educación.  

ROME REPORTS

La entrevista de Francisco para Tv2000 e InBlu Radio, transmitida estedomingo 20 de noviembre a las 21.00: los frutos del Jubileo, los recuerdos más vivos de los «Viernes de la misericordia», la relación entre la misericordia y la justicia, las «tentaciones» de un Papa, la «gracia» del humorismo, el secreto para sobrevivir al estrés de los compromisos

La entrevista de Francisco para Tv2000 e InBlu Radio, transmitida este domingo 20 de noviembre a las 21.00: los frutos del Jubileo, los recuerdos más vivos de los «Viernesde la misericordia», la relación entre la misericordia y la justicia, las «tentaciones» de un Papa, la «gracia» del humorismo, el secreto para sobrevivir al estrés de los compromisos

Papa Francisco concedió a Tv2000 y a InBlu Radio (emisoras de la Conferencia Episcopal de Italia) la primera entrevista a una televisión italiana. Respondiendo durante 40 minutos a las preguntas de los directores de red y de la información, Paolo Ruffini y Lucio Brunelli, Bergoglio reflexionó sobre los frutos del Año Santo extraordinario, «una bendición del Señor», sobre cómo debería cambiar la Iglesia, sobre la idolatría del dinero y sobre la atención hacia los más pobres. Una breve anticipación de la entrevista fue transmitida al final de los programas especiales dedicados a la ceremonia de clausura de la Puerta Santa. La entrevista íntegra será transmitida por Tv2000 e InBlu Radio el domingo 20 de noviembre a las 21 horas.

La bendición del Jubileo

«Yo solo puedo decir las noticias que llegan de todo el mundo. El hecho de que el Jubileo no haya sido solo en Roma, sino en cada una de la diócesis del mundo, en las diócesis, en la catedral y en las iglesias que hubiera indicado el obispo, ese hecho universalizó un poco el Jubileo. E hizo mucho bien. Porque era toda la Iglesia la que vivía este Jubileo, era como una atmósfera de Jubileo. Y las noticias que llegan de las diócesis hablan del acercamiento de la gente a la Iglesia, de encuentro con Jesús: fue una bendición del Señor […] Está en una línea eclesial en la que la misericordia es, no digo descubierta, porque siempre existía, sino proclamada con fuerza: es como una necesidad. Una necesidad que a este mundo, que tiene la enfermedad del descarte, la enfermedad de cerrar el corazón, del egoísmo, le hace bien. Porque ha abierto el corazón y mucha gente se ha encontrado con Jesús».

Los «Viernes de la misericordia», las chicas explotadas

«Visite a las chicas que fueron sacadas de la explotación de la prostitución. Me acuerdo de una, de África: bellísima, muy joven, explotada (estaba embarazada), explotada pero también con golpes y torturas: “Tú tienes que ir a trabajar”. Y ella, cuando contaba su historia (había 15 chicas, allí, que me contaban sus historias, cada una), me decía: “Padre, yo parí en invierno por la calle. Sola. Sola. Mi niña murió”. La obligaban a trabajar hasta ese día, porque si no les llevaba mucho a los explotadores, le pegaban, hasta la torturaban. A otra le habían cortado la oreja… Y pensé no solo en los explotadores, también en los que pagaban a las chicas: ¿pero no saben que con ese dinero, para quitarse una satisfacción sexual, ayudaban a los explotadores?».

«El horrendo crimen» del aborto

«El mismo día fui al hospital San Giovanni, a la sección de maternidad, y había una mujer que lloraba, lloraba, lloraba frente a sus dos gemelos… pequeñitos, pero bellísimos: se murió el tercero. Eran tres, pero uno se murió. Y lloraba por el hijo muerto, mientras acariciaba a estos dos. El don de la vida… Y pensé en la costumbre de correr a los niños antes del nacimiento, este crimen horrendo: los corremos porque es mejor así, porque estás más cómodo, es una responsabilidad grande (es un pecado gravísimo, ¿no?), es una responsabilidad grande. Tenía tres hijos, lloraba por el que se había muerto, no lograba consolarse con los dos que quedaban. EL amor de la vida, en cualquier situación».

El mayor enemigo de Dios es eldinero

«La Iglesia, como institución, la hacemos nosotros, cada uno de nosotros; la comunidad somos nosotros. El mayor enemigo (¡el más grande!) de Dios es el dinero. Recuerden que Jesús da al dinero estatuto de señor, de padrón, cuando dice: “Nadie puede servir a dos padrones, a dos señores: a Dios y al dinero”. Dios y las riquezas. No dice Dios y, no sé, la enfermedad, o Dios es cualquier otra cosa: el dinero. Porque el dinero es el ídolo. Lo vemos ahora,en este mundo en el que el dinero parece comandar. El dinero es un instrumento hecho para servir, y la pobreza está en el corazón del Evangelio y Jesús habla de este choque: dos señores, dos padrones. O yo me enrolo con este o con el otro. Me enrolo con este, que es mi Padre, me enrolo con este, que me hace esclavo. Y luego, la verdad: el diablo siempre entra por los bolsillos, siempre. Es su puerta de entrada. Hay que luchar para hacer una Iglesia pobre y para los pobres, según el Evangelio […] San Ignacio nos enseña en los Ejercicios, que hay tres escalones: el primero, la riqueza, que comienza a corromper el alma; luego la vanidad, las burbujas de jabón, una vida vanidosa, la apariencia, la figuración, y luego la soberbia y el orgullo. Y de ahí, todos los pecados. Pero el primer escalón es el dinero, la falta de pobreza».

La tentación de un Papa

«Pero, la tentación del Papa son las tentaciones de cualquier persona, de cualquier hombre. Según las debilidades de personalidad, que el diablo siempre usa para entrar, que son la impaciencia, el egoísmo, y luego un poco de flojera. Y las tentaciones nos acompañarán hasta el último momento, ¿no?Los Santos fueron tentados hasta el último momento, y Santa Teresa del Niño Jesús decía justamente que hay que rezar mucho por los moribundos, porque el diablo desencadena una tempestad de tentaciones en ese momento».

Cadena perpetua: pena de muerte «un poco encubierta»

«Trato, cuando tengo un poco de tiempo, de llamar, de telefonear a los encarcelados que he conocido. Tengo este sentimiento: ¿por qué él y yo no? El Señor tiene motivos suficientes para mandarme a la cárcel, y Él ha encubierto… muchos inicios de cosas feas que yo he tenido en mi vida, que si el Señor me hubiera quitado la mano de encima… Y luego, hay un pensamiento entre nosotros, un pensamiento difundido: “Pero, ese que está en la cárcel habrá hecho algo feo: que la pague”. La cárcel como punición. Y esto no es bueno. La cárcel es como un “purgatorio”, para prepararse a la reinserción. No hay una verdadera pena sin esperanza. Si una pena no tiene esperanza, no es una pena cristiana, no es humana. Por esto la pena de muerte no funciona. Sí, usted podría decirme: “En el siglo XV, en el XVI, mataban a los criminales, la pena de muerte, con la esperanza de ir al paraíso, ahí estaba el capellán que te mandaba al paraíso”. Pienso en el gran don Cafasso, ahí, al lado de la horca… Pero había otra antropología, otra cultura. Pero hoy ya no se puede pensar así. La cadena perpetua, tan fría, es una pena de muerte un poco encubierta. Pero, ¿en el caso de una persona que, por sus características psicológicas no dé una garantía de reinserción? Hay formas para reincorporarlo con el trabajo, con la cultura, dentro de cierto régimen de cárcel, pero que él sienta que es útil a la sociedad, vigilado, pero el alma ha cambiado: no es el que ha cometido el delito, un criminal, sino uno que ha cambiado su vida y que ahora hace algo dentro de la cárcel que lo reinserta y se siente con otra dignidad».

La gracia del humorismo

«El sentido del humor es una gracia que yo pido todos los días, y rezo esa bella oración de Santo Tomás Moro: “Dame, Señor, el sentido del humor”; que yo sepa reírme de un chiste… Es bellísima esa oración. Porque el sentido del humor te levanta, de hace ver lo provisorio de la vida y tomar las cosas con un espíritu de alma redimida. Es una actitud humana, pero es lo más cercano ala gracia de Dios. Yo conocí a un sacerdote (un gran pastor, un gran sacerdote) que tenía un sentido del humor grande, me hacía mucho bien también con eso, porque relativizaba las cosas: “Lo Absoluto es Dios, pero, esto se arregla, se puede… tranquilo” […] Es esa capacidad de ser un niño ante Dios. Alabar al Señor con una sonrisa y también con una broma bien hecha».

Tengo alergia de los aduladores, me merezco los detractores

«Yo tengo alergia de los aduladores. Me viene natural, ¿eh?, no es virtud. Porque adular a otro es usar a una persona con un objetivo, oculto o que se vea, pero para obtener algo para sí mismo. También es indigno. Nosotros, en Buenos Aires, a los aduladores los llamamos “chupa medias”… Cuando me alaban, hasta cuando me alaban por algo que salió bien: pero, inmediatamente, tú te das cuenta de los que te alaban alabando a Dios, “¡Pero, está bien, bravo, adelante, esto es lo que hay que hacer!”, y de los que lo hacen con un poco de aceite… Los detractores hablan mal de mí, y yo me lo merezco, porque soy un pecador. Es lo que pienso. Pero aquello no me preocupa».

El hermano mayor del Hijo Pródigo y la rigidez

«El hijo mayor era un rígido moral: “Este se gastó el dinero en una vida de pecado, no merece ser recibido así”. La rigidez: siempre el lugar del juez. Esa rigidez que no es la de Jesús. Jesús reprocha a los doctores de la Iglesia: mucho, mucho contra la rigidez. Un adjetivo que les dice, que no me gustaría que me dijeran a mí: “Hipócrita”. ¡Cuántas veces Jesús les dice este adjetivo a los doctores de la ley: hipócritas! Basta leer el capítulo 23 de Mateo: “Hipócrita”. Y hacen la teoría de “Sí, pero la misericordia, sí… ¡pero la justicia es importante!”. En Dios (y también en los cristianos, porque es en Dios), la justicia es misericordiosa y la misericordia es justa. No se pueden separar: es una sola cosa […] Después del sermón de la montaña, en la versión de Lucas, viene el sermón de la llanura. ¿Y cómo termina? Sean misericordiosos como el Padre. No dice: “Sean justos como el Padre”. ¡Pero es lo mismo! Justicia y misericordia en Dios son una sola cosa. La misericordia es justa y la justicia es misericordiosa. Y no se pueden separar. Y cuando Jesús perdona a Zaqueo y va a comer con los pecadores, perdona a la Magdalena, perdona a la adúltera, perdona a la Samaritana, ¿qué es, un manga ancha? No. Hace la justicia de Dios, que es misericordiosa».

La enfermedad de la «cardiosclerosis»

«Diré una palabra que aprendí de un anciano sacerdote […] Él me enseñó una palabra sobre la enfermedad de este mundo, de esta época, de este tiempo: la “cardiosclerosis”. Creo que la misericordia es la medicina contra esta enfermedad, la “cardiosclerosis”, que está justo a la base de esta cultura del descarte: “Pero, este no sirve; este anciano, pero… a la casa de reposo; este niño que viene, no, no, no: regresémoslo al remitente”, y se descartan. “No, ¿debemos tomar esta ciudad en la guerra; la otra?” “Pero, tiremos bombas, caigan donde caigan: en el hospital, en las escuelas”».

Por un mundo más misericordioso

Pensemos en esta tercera guerra mundial que estamos viviendo, la tercera guerra mundial en pedacitos; las armas se venden y las venden los traficantes de armas. Y también las venden a las dos partes en guerra, porque se gana con el tráfico de las armas… Y ahí hay una dureza de corazón muy grande: falta la ternura. El mundo de hoy necesita una revolución de la ternura. “Pero, Dios…”. Detengámonos. Dios se hizo tierno, Dios se acercó. Pablo le dice a los Filipinenses: “Jesús se vació a sí mismo para acercarse, se hizo hombre como nosotros”. Cuando hablamos de Cristo, no olvidemos la carne de Cristo.  Y este mundo necesita de esta ternura que le dice a la carne que acaricie la carne suficiente de Cristo, ¡no que cree más sufrimiento! Creo que los Estados que están en guerra tienen que pensar bien que una vida vale mucho, y no decir: “Pero, una vida no importa, me importa el territorio, me importa esto…”. ¡Una vida vale más que un territorio!».

El secreto para sobrevivir a todos los compromisos

«No sé cómo le hago, pero… yo rezo: eso me ayuda mucho. Rezo. La oración es una ayuda para mí, es estar con el Señor. Celebro la misa, rezo el breviario, hablo con el Señor, rezo el Rosario… Para mí, la oraciónayuda mucho. Y luego, duermo bien: es una gracia del Señor, esta. Duermo como un tronco. E día de las sacudidas del terremoto, no sentí nada, ¿eh? Todos sintieron, la cama bailaba… No, de verdad, duermo seis horas, pero como un tronco. Tal vez esto le ayuda a la salud. Tengo mis cosas, ¿no? El problema de la columna (vertebral, ndr.), que va bien por el momento. Hago lo que puedo y nada más: en ese sentido, me mido un poco.

Vatican Insider

Texto completo de la Carta Apostólica Misericordia et Misera 

Texto completo de la Carta Apostólica Misericordia et Misera

 

FRANCISCO 

 

A cuantos leerán esta Carta Apostólica misericordia y paz

 
Misericordia et misera son las dos palabras que san Agustín usa para comentar el encuentro entre Jesús y la adúltera (cf. Jn 8,1-11). No podía encontrar una expresión más bella y coherente que esta para hacer comprender el misterio del amor de Dios cuando viene al encuentro del pecador: «Quedaron sólo ellos dos: la miserable y la misericordia».1 Cuánta piedad y justicia divina hay en este episodio. Su enseñanza viene a iluminar la conclusión del Jubileo Extraordinario de la Misericordia e indica, además, el camino que estamos llamados a seguir en el futuro.
 
1. Esta página del Evangelio puede ser asumida, con todo derecho, como imagen de lo que hemos celebrado en el Año Santo, un tiempo rico de misericordia, que pide ser siempre celebrada y vivida en nuestras comunidades. En efecto, la misericordia no puede ser un paréntesis en la vida de la Iglesia, sino que constituye su misma existencia, que manifiesta y hace tangible la verdad profunda del Evangelio. Todo se revela en la misericordia; todo se resuelve en el amor misericordioso del Padre.
 
Una mujer y Jesús se encuentran. Ella, adúltera y, según la Ley, juzgad merecedora de la lapidación; él, que con su predicación y el don total de sí mismo, que lo llevará hasta la cruz, ha devuelto la ley mosaica a su genuino propósito originario. En el centro no aparece la ley y la justicia legal, sino el amor de Dios que sabe leer el corazón de cada persona, para comprender su deseo más recóndito, y que debe tener el primado sobre todo. En este relato evangélico, sin embargo, no se encuentran el pecado y el juicio en abstracto, sino una pecadora y el Salvador. Jesús ha mirado a los ojos a aquella mujer y ha leído su corazón: allí ha reconocido el deseo de ser comprendida, perdonada y liberada. La miseria del pecado ha sido revestida por la misericordia del amor. Por parte de Jesús, ningún juicio que no esté marcado por la piedad y la compasión hacia la condición de la pecadora. A quien quería juzgarla y condenarla a muerte, Jesús responde con un silencio prolongado, que ayuda a que la voz de Dios resuene en las conciencias, tanto de la mujer como de sus acusadores. Estos dejan caer las piedras de sus manos y se van uno a uno (cf. Jn 8,9).
 
Y después de ese silencio, Jesús dice: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Ninguno te ha condenado? [...] Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más» (vv. 10-11). De este modo la ayuda a mirar el futuro con esperanza y a estar lista para encaminar nuevamente su vida; de ahora en adelante, si lo querrá, podrá «caminar en la caridad» (cf. Ef 5,2). Una vez que hemos sido revestidos de misericordia, aunque permanezca la condición de debilidad por el pecado, esta debilidad es superada por el amor que permite mirar más allá y vivir de otra manera.
 
2. Jesús lo había enseñado con claridad en otro momento cuando, invitado a comer por un fariseo, se le había acercado una mujer conocida por todos como pecadora (cf. Lc 7,36-50). Ella había ungido con perfume los pies de Jesús, los había bañado con sus lágrimas y secado con sus cabellos (cf. vv. 37-38). A la reacción escandalizada del fariseo, Jesús responde: «Sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se leperdona, ama poco» (v. 47).
 
El perdón es el signo más visible del amor del Padre, que Jesús ha querido revelar a lo largo de toda su vida. No existe página del Evangelio que pueda ser sustraída a este imperativo del amor que llega hasta el perdón. Incluso en el último momento de su vida terrena, mientras estaba siendo crucificado, Jesús tiene palabras de perdón: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). Nada de cuanto un pecador arrepentido coloca delante de la misericordia de Dios queda sin el abrazo de su perdón. Por este motivo, ninguno de nosotros puede poner condiciones a la misericordia; ella será siempre un acto de gratuidad del Padre celeste, un amor incondicionado e inmerecido. No podemos correr el riesgo de oponernos a la plena libertad del amor con el cual Dios entra en la vida de cada persona.
 
La misericordia es esta acción concreta del amor que, perdonando, transforma y cambia la vida. Así se manifiesta su misterio divino. Dios es misericordioso (cf. Ex 34,6), su misericordia dura por siempre (cf. Sal 136), de generación en generación abraza a cada persona que se confía a él y la transforma, dándole su misma vida.
 
3. Cuánta alegría ha brotado en el corazón de estas dos mujeres, la adúltera y la pecadora. El perdón ha hecho que se sintieran al fin más libres y felices que nunca. Las lágrimas de vergüenza y de dolor se han transformado en la sonrisa de quien se sabe amado. La misericordia suscita alegría porque el corazón se abre a la esperanza de una vida nueva. La alegría del perdón es difícil de expresar, pero se trasparenta en nosotros cada vez que la experimentamos. En su origen está el amor con el cual Dios viene a nuestro encuentro, rompiendo el círculo del egoísmo que nos envuelve, para hacernos también a nosotros instrumentos de misericordia.
 
Qué significativas son, también para nosotros, las antiguas palabras que guiaban a los primeros cristianos: «Revístete de alegría, que encuentra siempre gracia delante de Dios y siempre le es agradable, y complácete en ella. Porque todo hombre alegre obra el bien, piensa el bien y desprecia la tristeza [...] Vivirán en Dios cuantos alejen de sí la tristeza y se revistan de toda alegría».2 Experimentar la misericordia produce alegría. No permitamos que las aflicciones y preocupaciones nos la quiten; que permanezca bien arraigada en nuestro corazón y nos ayude a mirar siempre con serenidad la vida cotidiana.
 
En una cultura frecuentemente dominada por la técnica, se multiplican las formas de tristeza y soledad en las que caen las personas, entre ellas muchos jóvenes. En efecto, el futuro parece estar en manos de la incertidumbre que impide tener estabilidad. De ahí surgen a menudo sentimientos de melancolía, tristeza y aburrimiento que lentamente pueden conducir a la desesperación. Se necesitan testigos de la esperanza y de la verdadera alegría para deshacer las quimeras que prometen una felicidad fácil con paraísos artificiales. El vacío profundo de muchos puede ser colmado por la esperanza que llevamos en el corazón y por la alegría que brota de ella. Hay mucha necesidad de reconocer la alegría que se revela en el corazón que ha sido tocado por la misericordia. Hagamos nuestras, por tanto, las palabras del Apóstol: «Estad siempre alegres en el Señor» (Flp 4,4; cf. 1 Ts 5,16).
 
4. Hemos celebrado un Año intenso, en el que la gracia de la misericordia se nos ha dado en abundancia. Como un viento impetuoso y saludable, la bondad y lamisericordia se han esparcido por el mundo entero. Y delante de esta mirada amorosa de Dios, que de manera tan prolongada se ha posado sobre cada uno de nosotros, no podemos permanecer indiferentes, porque ella cambia la vida.
 
Sentimos la necesidad, ante todo, de dar gracias al Señor y decirle: «Has sido bueno, Señor, con tu tierra [...]. Has perdonado la culpa de tu pueblo» (Sal 85,2-3). Así es: Dios ha destruido nuestras culpas y ha arrojado nuestros pecados a lo hondo del mar (cf. Mi 7,19); no los recuerda más, se los ha echado a la espalda (cf. Is 38,17); como dista el oriente del ocaso, así aparta de nosotros nuestros pecados (cf. Sal 103,12).
 
En este Año Santo la Iglesia ha sabido ponerse a la escucha y ha experimentado con gran intensidad la presencia y cercanía del Padre, que mediante la obra del Espíritu Santo le ha hecho más evidente el don y el mandato de Jesús sobre el perdón. Ha sido realmente una nueva visita del Señor en medio de nosotros. Hemos percibido cómo su soplo vital se difundía por la Iglesia y, una vez más, sus palabras han indicado la misión: «Recibid el Espíritu Santo, a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos» (Jn 20,22- 23).
 
5. Ahora, concluido este Jubileo, es tiempo de mirar hacia adelante y de comprender cómo seguir viviendo con fidelidad, alegría y entusiasmo, la riqueza de la misericordia divina. Nuestras comunidades continuarán con vitalidad y dinamismo la obra de la nueva evangelización en la medida en que la «conversión pastoral», que estamos llamados a vivir, se plasme cada día, gracias a la fuerza renovadora de la misericordia. No limitemos su acción; no hagamos entristecer al Espíritu, que siempre indica nuevos senderos para recorrer y llevar a todos el Evangelio que salva.
 
En primer lugar estamos llamados a celebrar la misericordia. Cuánta riqueza contiene la oración de la Iglesia cuando invoca a Dios como Padre misericordioso. En la liturgia, la misericordia no sólo se evoca con frecuencia, sino que se recibe y se vive. Desde el inicio hasta el final de la celebración eucarística, la misericordia aparece varias veces en el diálogo entre la asamblea orante y el corazón del Padre, que se alegra cada vez que puede derramar su amor misericordioso. Después de la súplica de perdón inicial, con la invocación «Señor, ten piedad», somos inmediatamente confortados: «Dios omnipotente tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna». Con esta confianza la comunidad se reúne en la presencia del Señor, especialmente en el día santo de la resurrección. Muchas oraciones «colectas» se refieren al gran don de la misericordia.
 
En el periodo de Cuaresma, por ejemplo, oramos diciendo: «Señor, Padre de misericordia y origen de todo bien, qué aceptas el ayuno, la oración y la limosna como remedio de nuestros pecados; mira con amor a tu pueblo penitente y restaura con tu misericordia a los que estamos hundidos bajo el peso de las culpas». Después nos sumergimos en la gran plegaria eucarística con el prefacio que proclama: «Porque tu amor al mundo fue tan misericordioso que no sólo nos enviaste como redentor a tu propio Hijo, sino que en todo lo quisiste semejante al hombre, menos en el pecado». Además, la plegaria eucarística cuarta es un himno a la misericordia de Dios: «Compadecido, tendiste la mano a todos, para que te encuentre el que te busca». «Ten misericordia de todos nosotros», es la súplica apremiante que realiza el sacerdote, para implorar la participación enla vida eterna. Después del Padrenuestro, el sacerdote prolonga la plegaria invocando la paz y la liberación del pecado gracias a la «ayuda de su misericordia». Y antes del signo de la paz, que se da como expresión de fraternidad y de amor recíproco a la luz del perdón recibido, él ora de nuevo diciendo: «No tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia». Mediante estas palabras, pedimos con humilde confianza el don de la unidad y de la paz para la santa Madre Iglesia. La celebración de la misericordia divina culmina en el Sacrificio eucarístico, memorial del misterio pascual de Cristo, del que brota la salvación para cada ser humano, para la historia y para el mundo entero. En resumen, cada momento de la celebración eucarística está referido a la misericordia de Dios.
 
En toda la vida sacramental la misericordia se nos da en abundancia. Es muy relevante el hecho de que la Iglesia haya querido mencionar explícitamente la misericordia en la fórmula de los dos sacramentos llamados «de sanación», es decir, la Reconciliación y la Unción de los enfermos. La fórmula de la absolución dice: «Dios, Padre misericordioso, que reconcilió consigo al mundo por la muerte y la resurrección de su Hijo y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz»; y la de la Unción reza así: «Por esta santa Unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo». Así, en la oración de la Iglesia la referencia a la misericordia, lejos de ser solamente parenética, es altamente performativa, es decir que, mientras la invocamos con fe, nos viene concedida; mientras la confesamos viva y real, nos transforma verdaderamente. Este es un aspecto fundamental de nuestra fe, que debemos conservar en toda su originalidad: antes que el pecado, tenemos la revelación del amor con el que Dios ha creado el mundo y los seres humanos. El amor es el primer acto con el que Dios se da a conocer y viene a nuestro encuentro. Por tanto, abramos el corazón a la confianza de ser amados por Dios. Su amor nos precede siempre, nos acompaña y permanece junto a nosotros a pesar de nuestro pecado.
 
6. En este contexto, la escucha de la Palabra de Dios asume también un significado particular. Cada domingo, la Palabra de Dios es proclamada en la comunidad cristiana para que el día del Señor se ilumine con la luz que proviene del misterio pascual.10 En la celebración eucarística asistimos a un verdadero diálogo entre Dios y su pueblo. En la proclamación de las lecturas bíblicas, se recorre la historia de nuestra salvación como una incesante obra de misericordia que se nos anuncia. Dios sigue hablando hoy con nosotros como sus amigos, se «entretiene» con nosotros, para ofrecernos su compañía y mostrarnos el sendero de la vida. Su Palabra se hace intérprete de nuestras peticiones y preocupaciones, y es también respuesta fecunda para que podamos experimentar concretamente su cercanía. Qué importante es la homilía, en la que «la verdad va de la mano de la belleza y del bien», para que el corazón de los creyentes vibre ante la grandeza de la misericordia. Recomiendo mucho la preparación de la homilía y el cuidado de la predicación. Ella será tanto más fructuosa, cuanto más haya experimentado el sacerdote en sí mismo la bondad misericordiosa del Señor. Comunicar la certeza de que Dios nos ama no es un ejercicio retórico, sino condición de credibilidad del propio sacerdocio. Vivir la misericordia es el camino seguro para que ella llegue a ser verdadero anuncio de consolación y de conversión en la vida pastoral. La homilía, como también la catequesis, ha de estar siempre sostenida por este corazón palpitante de la vida cristiana.
 
7. La Biblia es la gran historia que narra las maravillas de la misericordia de Dios. Cada una de sus páginas está impregnada del amor del Padre que desde la creación ha querido imprimir en el universo los signos de su amor. El Espíritu Santo, a través de las palabras de los profetas y de los escritos sapienciales, ha modelado la historia de Israel con el reconocimiento de la ternura y de la cercanía de Dios, a pesar de la infidelidad del pueblo. La vida de Jesús y su predicación marcan de manera decisiva la historia de la comunidad cristiana, que entiende la propia misión como respuesta al mandato de Cristo de ser instrumento permanente de su misericordia y de su perdón (cf. Jn 20,23). Por medio de la Sagrada Escritura, que se mantiene viva gracias a la fe de la Iglesia, el Señor continúa hablando a su Esposa y le indica los caminos a seguir, para que el Evangelio de la salvación llegue a todos. Deseo vivamente que la Palabra de Dios se celebre, se conozca y se difunda cada vez más, para que nos ayude a comprender mejor el misterio del amor que brota de esta fuente de misericordia. Lo recuerda claramente el Apóstol: «Toda Escritura es inspirada por Dios y además útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia» (2 Tm 3,16).
 
Sería oportuno que cada comunidad, en un domingo del Año litúrgico, renovase su compromiso en favor de la difusión, conocimiento y profundización de la Sagrada Escritura: un domingo dedicado enteramente a la Palabra de Dios para comprender la inagotable riqueza que proviene de ese diálogo constante de Dios con su pueblo.
 
Habría que enriquecer ese momento con iniciativas creativas, que animen a los creyentes a ser instrumentos vivos de la transmisión de la Palabra. Ciertamente, entre esas iniciativas tendrá que estar la difusión más amplia de la lectio divina, para que, a través de la lectura orante del texto sagrado, la vida espiritual se fortalezca y crezca.
 
La lectio divina sobre los temas de la misericordia permitirá comprobar cuánta riqueza hay en el texto sagrado, que leído a la luz de la entera tradición espiritual de la Iglesia, desembocará necesariamente en gestos y obras concretas de caridad.
 
8. La celebración de la misericordia tiene lugar de modo especial en el Sacramento de la Reconciliación. Es el momento en el que sentimos el abrazo del Padre que sale a nuestro encuentro para restituirnos de nuevo la gracia de ser sus hijos. Somos pecadores y cargamos con el peso de la contradicción entre lo que queremos hacer y lo que, en cambio, hacemos (cf. Rm 7,14-21); la gracia, sin embargo, nos precede siempre y adopta el rostro de la misericordia que se realiza eficazmente con la reconciliación y el perdón. Dios hace que comprendamos su inmenso amor justamente ante nuestra condición de pecadores. La gracia es más fuerte y supera cualquier posible resistencia, porque el amor todo lo puede (cf. 1 Co 13,7).
 
En el Sacramento del Perdón, Dios muestra la vía de la conversión hacia él, y nos invita a experimentar de nuevo su cercanía. Es un perdón que se obtiene, ante todo, empezando por vivir la caridad. Lo recuerda también el apóstol Pedro cuando escribe que «el amor cubre la multitud de los pecados» (1 Pe 4,8). Sólo Dios perdona los pecados, pero quiere que también nosotros estemos dispuestos a perdonar a los demás, como él perdona nuestras faltas: «Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden» (Mt 6,12). Qué tristeza cada vez que nos quedamos encerrados en nosotros mismos, incapaces de perdonar. Triunfa el rencor, la rabia, la venganza; la vida se vuelve infeliz y se anula el alegre compromiso por la misericordia.
 
9. Una experiencia de gracia que la Iglesia ha vivido con mucho fruto a lo largo del Año jubilar ha sido ciertamente el servicio de los Misioneros de la Misericordia. Su acción pastoral ha querido evidenciar que Dios no pone ningún límite a cuantos lo buscan con corazón contrito, porque sale al encuentro de todos, como un Padre. He recibido muchos testimonios de alegría por el renovado encuentro con el Señor en el Sacramento de la Confesión. No perdamos la oportunidad de vivir también la fe como una experiencia de reconciliación. «Reconciliaos con Dios» (2 Co 5,20), esta es la invitación que el Apóstol dirige también hoy a cada creyente, para que descubra la potencia del amor que transforma en una «criatura nueva» (2 Co 5,17).
 
Doy las gracias a cada Misionero de la Misericordia por este inestimable servicio de hacer fructificar la gracia del perdón. Este ministerio extraordinario, sin embargo, no cesará con la clausura de la Puerta Santa. Deseo que se prolongue todavía, hasta nueva disposición, como signo concreto de que la gracia del Jubileo siga siendo viva y eficaz, a lo largo y ancho del mundo. Será tarea del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización acompañar durante este periodo a los Misioneros de la Misericordia, como expresión directa de mi solicitud y cercanía, y encontrar las formas más coherentes para el ejercicio de este precioso ministerio.
 
10. A los sacerdotes renuevo la invitación a prepararse con mucho esmero para el ministerio de la Confesión, que es una verdadera misión sacerdotal. Os agradezco de corazón vuestro servicio y os pido que seáis acogedores con todos; testigos de la ternura paterna, a pesar de la gravedad del pecado; solícitos en ayudar a reflexionar sobre el mal cometido; claros a la hora de presentar los principios morales; disponibles para acompañar a los fieles en el camino penitencial, siguiendo el paso de cada uno con paciencia; prudentes en el discernimiento de cada caso concreto; generosos en el momento de dispensar el perdón de Dios. Así como Jesús ante la mujer adúltera optó por permanecer en silencio para salvarla de su condena a muerte, del mismo modo el sacerdote en el confesionario tenga también un corazón magnánimo, recordando que cada penitente lo remite a su propia condición personal: pecador, pero ministro de la misericordia.
 
11. Me gustaría que todos meditáramos las palabras del Apóstol, escritas hacia el final de su vida,en las que confiesa a Timoteo de haber sido el primero de los pecadores, «por esto precisamente se compadeció de mí» (1 Tm 1,16). Sus palabras tienen una fuerza arrebatadora para hacer que también nosotros reflexionemos sobre nuestra existencia y para que veamos cómo la misericordia de Dios actúa para cambiar, convertir y transformar nuestro corazón: «Doy gracias a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me hizo capaz, se fío de mí y me confió este ministerio, a mí, que antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Pero Dios tuvo compasión de mí» (1 Tm 1,12-13).
 
Por tanto, recordemos siempre con renovada pasión pastoral las palabras del Apóstol: «Dios nos reconcilió consigo por medio de Cristo y nos encargó el ministerio de la reconciliación» (2 Co 5,18). Con vistas a este ministerio, nosotros hemos sido los primeros en ser perdonados; hemos sido testigos en primera persona de la universalidad del perdón. No existe ley ni precepto que pueda impedir a Dios volver a abrazar al hijo que regresa a él reconociendo que se ha equivocado, pero decidido a recomenzar desde el principio. Quedarse solamente en la ley equivale a banalizar la fe y la misericordia divina. Hay un valor propedéutico en la ley (cf. Ga 3,24), cuyo fin es la caridad (cf. 1 Tm 1,5). El cristiano está llamado a vivir la novedad del Evangelio, «la ley del Espíritu que da la vida en Cristo Jesús» (Rm 8,2).
 
Incluso en los casos más complejos, en los que se siente la tentación de hacer prevalecer una justicia que deriva sólo de las normas, se debe creer en la fuerza que brota de la gracia divina.
 
Nosotros, confesores, somos testigos de tantas conversiones que suceden delante de nuestros ojos. Sentimos la responsabilidad de gestos y palabras que toquen lo más profundo del corazón del penitente, para que descubra la cercanía y ternura del Padre que perdona. No arruinemos esas ocasiones con comportamientos que contradigan la experiencia de la misericordia que se busca. Ayudemos, más bien, a iluminar el
ámbito de la conciencia personal con el amor infinito de Dios (cf. 1 Jn 3,20).
 
El Sacramento de la Reconciliación necesita volver a encontrar su puesto central en la vida cristiana; por esto se requieren sacerdotes que pongan su vida al servicio del «ministerio de la reconciliación» (2 Co 5,18), para que a nadie que se haya arrepentido sinceramente se le impida acceder al amor del Padre, que espera su retorno, y a todos se les ofrezca la posibilidad de experimentar la fuerza liberadora del perdón.
 
Una ocasión propicia puede ser la celebración de la iniciativa 24 horas para el Señor en la proximidad del IV Domingo de Cuaresma, que ha encontrado un buen consenso en las diócesis y sigue siendo como una fuerte llamada pastoral para vivir intensamente el Sacramento de la Confesión.
 
12. En virtud de esta exigencia, para que ningún obstáculo se interponga entre la petición de reconciliación y el perdón de Dios, de ahora en adelante concedo a todos los sacerdotes, en razón de su ministerio, la facultad de absolver a quienes hayan procurado el pecado de aborto. Cuanto había concedido de modo limitado para el período jubilar, lo extiendo ahora en el tiempo, no obstante cualquier cosa en contrario. Quiero enfatizar con todas mis fuerzas que el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente. Con la misma fuerza, sin embargo, puedo y debo afirmar que no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir, allí donde encuentra un corazón arrepentido que pide reconciliarse con el Padre. Por tanto, que cada sacerdote sea guía, apoyo y alivio a la hora de acompañar a los penitentes en este camino de reconciliación especial.
 
En el Año del Jubileo había concedido a los fieles, que por diversos motivos frecuentan las iglesias donde celebran los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X, la posibilidad de recibir válida y lícitamente la absolución sacramental de sus pecados. Por el bien pastoral de estos fieles, y confiando en la buena voluntad de sus sacerdotes, para que se pueda recuperar con la ayuda de Dios, la plena comunión con la Iglesia Católica, establezco por decisión personal que esta facultad se extienda más allá del período jubilar, hasta nueva disposición, de modo que a nadie le falte el signo sacramental de la reconciliación a través del perdón de la Iglesia.
 
13. La misericordia tiene también el rostro de la consolación. «Consolad, consolad a mi pueblo» (Is 40,1), son las sentidas palabras que el profeta pronuncia también hoy, para que llegue una palabra de esperanza a cuantos sufren y padecen. No nos dejemos robar nunca la esperanza que proviene de la fe en el Señor resucitado. Es cierto, a menudo pasamos por duras pruebas, pero jamás debe decaer la certeza de que el Señor nos ama. Su misericordia se expresa también en la cercanía, en el afecto y en el apoyo que muchos hermanos y hermanas nos ofrecen cuando sobrevienen los días de tristeza y aflicción. Enjugar las lágrimas es una acción concreta que rompe el círculo de la soledad en el que con frecuencia terminamos encerrados.
 
Todos tenemos necesidad de consuelo, porque ninguno es inmune al sufrimiento, al dolor y a la incomprensión. Cuánto dolor puede causar una palabra rencorosa, fruto de la envidia, de los celos y de la rabia. Cuánto sufrimiento provoca la experiencia de la traición, de la violencia y del abandono; cuánta amargura ante la muerte de los seres queridos. Sin embargo, Dios nunca permanece distante cuando se viven estos dramas. Una palabra que da ánimo, un abrazo que te hace sentir comprendido, una caricia que hace percibir el amor, una oración que permite ser más fuerte..., son todas expresiones de la cercanía de Dios a través del consuelo ofrecido por los hermanos.
 
A veces también el silencio es de gran ayuda; porque en algunos momentos no existen palabras para responder a los interrogantes del que sufre. La falta de palabras, sin embargo, se puede suplir por la compasión del que está presente y cercano, del que ama y tiende la mano. No es cierto que el silencio sea un acto de rendición, al contrario, es un momento de fuerza y de amor. El silencio también pertenece al lenguaje de la consolación, porque se transforma en una obra concreta de solidaridad y unión con el sufrimiento del hermano.
 
14. En un momento particular como el nuestro, caracterizado por la crisis de la familia, entre otras, es importante que llegue una palabra de gran consuelo a nuestras familias. El don del matrimonio es una gran vocación a la que, con la gracia de Cristo, hay que corresponder con al amor generoso, fiel y paciente. La belleza de la familia permanece inmutable, a pesar de numerosas sombras y propuestas alternativas: «El gozo del amor que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia». El sendero de la vida lleva a que un hombre y una mujer se encuentren, se amen y se prometan, fidelidad por siempre delante de Dios, a menudo se interrumpe por el sufrimiento, la traición y la soledad. La alegría de los padres por eldon de los hijos no es inmune a las preocupaciones con respecto a su crecimiento y formación, y para que tengan un futuro digno de ser vivido con intensidad.
 
La gracia del Sacramento del Matrimonio no sólo fortalece a la familia para que sea un lugar privilegiado en el que se viva la misericordia, sino que compromete a la comunidad cristiana, y con ella a toda la acción pastoral, para que se resalte el gran valor propositivo de la familia. De todas formas, este Año jubilar nos ha de ayudar a reconocer la complejidad de la realidad familiar actual. La experiencia de la misericordia nos hace capaces de mirar todas las dificultades humanas con la actitud del amor de Dios, que no se cansa de acoger y acompañar.17
 
No podemos olvidar que cada uno lleva consigo el peso de la propia historia que lo distingue de cualquier otra persona. Nuestra vida, con sus alegrías y dolores, es algo único e irrepetible, que se desenvuelve bajo lamirada misericordiosa de Dios. Esto exige, sobre todo de parte del sacerdote, un discernimiento espiritual atento, profundo y prudente para que cada uno, sin excluir a nadie, sin importar la situación que viva, pueda sentirse acogido concretamente por Dios, participar activamente en la vida de la comunidad y ser admitido en ese Pueblo de Dios que, sin descanso, camina hacia la plenitud del reino de Dios, reino de justicia, de amor, de perdón y de misericordia.
 
15. El momento de la muerte reviste una importancia particular. La Iglesia siempre ha vivido este dramático tránsito a la luz de la resurrección de Jesucristo, que ha abierto el camino de la certeza en la vida futura. Tenemos un gran reto que afrontar, sobre todo en la cultura contemporánea que, a menudo, tiende a banalizar la muerte hasta el punto de esconderla o considerarla una simple ficción. La muerte en cambio se ha de afrontar y preparar como un paso doloroso e ineludible, pero lleno de sentido: como el acto de amor extremo hacia las personas que dejamos y hacia Dios, a cuyo encuentro nos dirigimos. En todas las religiones el momento de la muerte, así como el del nacimiento, está acompañado de una presencia religiosa. Nosotros vivimos la experiencia de las exequias como una plegaria llena de esperanza por el alma del difunto y como una ocasión para ofrecer consuelo a cuantos sufren por la ausencia de la persona amada.
 
Estoy convencido de la necesidad de que, en la acción pastoral animada por la fe viva, los signos litúrgicos y nuestras oraciones sean expresión de la misericordia del Señor. Es él mismo quien nos da palabras de esperanza, porque nada ni nadie podrán jamás separarnos de su amor (cf. Rm 8,35). La participación del sacerdote en este momento significa un acompañamiento importante, porque ayuda a sentir la cercanía de la comunidad cristiana en los momentos de debilidad, soledad, incertidumbre y llanto.
 
16. Termina el Jubileo y se cierra la Puerta Santa. Pero la puerta de la misericordia de nuestro corazón permanece siempre abierta, de par en par. Hemos aprendido que Dios se inclina hacia nosotros (cf. Os 11,4) para que también nosotros podamos imitarlo inclinándonos hacia los hermanos. La nostalgia que muchos sienten de volver a la casa del Padre, que está esperando su regreso, está provocada también por el testimonio sincero y generoso que algunos dan de la ternura divina. La Puerta Santa que hemos atravesado en este Año jubilar nos ha situado en la vía de la caridad, que estamos llamados a recorrer cada día con fidelidad y alegría. El camino de la misericordia es el que nos hace encontrar a tantos hermanos y hermanas que tienden la mano esperando que alguien la aferre y poder así caminar juntos.
 
Querer acercarse a Jesús implica hacerse prójimo de los hermanos, porque nada es más agradable al Padre que un signo concreto de misericordia. Por su misma naturaleza, la misericordia se hace visible y tangible en una acción concreta y dinámica. Una vez que se la ha experimentado en su verdad, no se puede volver atrás: crece continuamente y transforma la vida. Es verdaderamente una nueva creación que obra un corazón nuevo, capaz de amar en plenitud, y purifica los ojos para que sepan ver las necesidades más ocultas. Qué verdaderas son las palabras con las que la Iglesia ora en la Vigilia Pascual, después de la lectura que narra la creación: «Oh Dios, que con acción maravillosa creaste al hombre y con mayor maravilla lo redimiste». La misericordia renueva y redime, porque es el encuentro de dos corazones: el de Dios, que sale al encuentro, y el del hombre. Mientras este se va encendiendo, aquel lo va sanando: el corazón de piedra es transformado en corazón de carne (cf. Ez 36,26), capaz de amar a pesar de su pecado. Es aquí donde se descubre que es realmente una «nueva creatura» (cf. Ga 6,15): soy amado, luego existo; he sido perdonado, entonces renazco a una vida nueva; he sido «misericordiado», entonces me convierto en instrumento de misericordia.
 
17. Durante el Año Santo, especialmente en los «viernes de la misericordia», he podido darme cuenta de cuánto bien hay en el mundo. Con frecuencia no es conocido porque se realiza cotidianamente de manera discreta y silenciosa. Aunque no llega a ser noticia, existen sin embargo tantos signos concretos de bondad y ternura dirigidos a los más pequeños e indefensos, a los que están más solos y abandonados. Existen personas que encarnan realmente la caridad y que no llevan continuamente la solidaridad a los más pobres e infelices. Agradezcamos al Señor el don valioso de estas personas que, ante la debilidad de la humanidad herida, son como una invitación para descubrir la alegría de hacerse prójimo. Con gratitud pienso en los numerosos voluntarios que con su entrega de cada día dedican su tiempo a mostrar la presencia y cercanía de Dios. Su servicio es una genuina obra de misericordia y hace que muchas personas se acerquen a la Iglesia.
 
18. Es el momento de dejar paso a la fantasía de la misericordia para dar vida a tantas iniciativas nuevas, fruto de la gracia. La Iglesia necesita anunciar hoy esos «muchos otros signos» que Jesús realizó y que «no están escritos» (Jn 20,30), de modo que sean expresión elocuente de la fecundidad del amor de Cristo y de la comunidad que vive de él. Han pasado más de dos mil años y, sin embargo, las obras de misericordia siguen haciendo visible la bondad de Dios.
 
Todavía hay poblaciones enteras que sufren hoy el hambre y la sed, y despiertan una gran preocupación las imágenes de niños que no tienen nada para comer. Grandes masas de personas siguen emigrando de un país a otro en busca de alimento, trabajo, casa y paz. La enfermedad, en sus múltiples formas, es una causa permanente de sufrimiento que reclama socorro, ayuda y consuelo. Las cárceles son lugares en los que, con frecuencia, las condiciones de vida inhumana causan sufrimientos, en ocasiones graves, que se añaden a las penas restrictivas. El analfabetismo está todavía muy extendido, impidiendo que niños y niñas se formen, exponiéndolos a nuevas formas de esclavitud. La cultura del individualismo exasperado, sobre todo en Occidente, hace que se pierda el sentido de la solidaridad y la responsabilidad hacia los demás. Dios mismo sigue siendo hoy un desconocido para muchos; esto representa la más grande de las pobrezas y el mayor obstáculo para el reconocimiento de la dignidad inviolable de la vida humana.
 
Con todo, las obras de misericordia corporales y espirituales constituyen hasta nuestros días una prueba de la incidencia importante y positiva de la misericordia como valor social. Ella nos impulsa a ponernos manos a la obra para restituir la dignidad a millones de personas que son nuestros hermanos y hermanas, llamados a construir con nosotros una «ciudad fiable».
 
19. En este Año Santo se han realizado muchos signos concretos de misericordia. Comunidades, familias y personas creyentes han vuelto a descubrir la alegría de compartir y la belleza de la solidaridad. Y aun así, no basta. El mundo sigue generando nuevas formas de pobreza espiritual y material que atentan contra la dignidad de las personas. Por este motivo, la Iglesia debe estar siempre atenta y dispuesta a descubrir nuevas obras de misericordia y realizarlas con generosidad y entusiasmo.
 
Esforcémonos entonces en concretar la caridad y, al mismo tiempo, en iluminar con inteligencia la práctica de las obras de misericordia. Esta posee un dinamismo inclusivo mediante el cual se extiende en todas las direcciones, sin límites. En este sentido, estamos llamados a darle un rostro nuevo a las obras de misericordia que conocemos de siempre. En efecto, la misericordia se excede; siempre va más allá, es fecunda. Es como la levadura que hace fermentar la masa (cf. Mt 13,33) y como un granito de mostaza que se convierte en un árbol (cf. Lc 13,19).
 
Pensemos solamente, a modo de ejemplo, en la obra de misericordia corporal de vestir al desnudo (cf. Mt 25,36.38.43.44). Ella nos transporta a los orígenes, al jardín del Edén, cuando Adán y Eva se dieron cuenta de que estaban desnudos y, sintiendo que el Señor se acercaba, les dio vergüenza y se escondieron (cf. Gn 3,7-8). Sabemos que el Señor los castigó; sin embargo, él «hizo túnicas de piel para Adán y su mujer, y los vistió» (Gn 3,21). La vergüenza quedó superada y la dignidad fue restablecida.
 
Miremos fijamente también a Jesús en el Gólgota. El Hijo de Dios está desnudo en la cruz; su túnica ha sido echada a suerte por los soldados y está en sus manos (cf. Jn 19,23-24); él ya no tiene nada. En la cruz se revela de manera extrema la solidaridad de Jesús con todos los que han perdido la dignidad porque no cuentan con lo necesario. Si la Iglesia está llamada a ser la «túnica de Cristo» para revestir a su Señor, del mismo modo ha de empeñarse en ser solidaria con aquellos que han sido despojados, para que recobren la dignidad que les han sido despojada. «Estuve desnudo y me vestisteis» (Mt 25,36) implica, por tanto, no mirar para otro lado ante las nuevas formas de pobreza y marginación que impiden a las personas vivir dignamente.
 
No tener trabajo y no recibir un salario justo; no tener una casa o una tierra donde habitar; ser discriminados por la fe, la raza, la condición social...: estas, y muchas otras, son situaciones que atentan contra la dignidad de la persona, frente a las cuales la acción misericordiosa de los cristianos responde ante todo con la vigilancia y la solidaridad. Cuántas son las situaciones en las que podemos restituir la dignidad a las personas para que tengan una vida más humana. Pensemos solamente en los niños y niñas que sufren violencias de todo tipo, violencias que les roban la alegría de la vida.
 
Sus rostros tristes y desorientados están impresos en mi mente; piden que les ayudemos a liberarse de las esclavitudes del mundo contemporáneo. Estos niños son los jóvenes del mañana; ¿cómo los estamos preparando para vivir con dignidad y responsabilidad? ¿Con qué esperanza pueden afrontar su presente y su futuro?
 
El carácter social de la misericordia obliga a no quedarse inmóviles y a desterrar la indiferencia y la hipocresía, de modo que los planes y proyectos no queden sólo en letra muerta. Que el Espíritu Santo nos ayude a estar siempre dispuestos a contribuir de manera concreta y desinteresada, para que la justicia y una vida digna no sean sólo palabras bonitas, sino que constituyan el compromiso concreto de todo el que quiere testimoniar la presencia del reino de Dios.
 
20. Estamos llamados a hacer que crezca una cultura de la misericordia, basada en el redescubrimiento del encuentro con los demás: una cultura en la que ninguno mire al otro con indiferencia ni aparte la mirada cuando vea el sufrimiento de los hermanos. Las obras de misericordia son «artesanales»: ninguna de ellas es igual a otra; nuestras manos las pueden modelar de mil modos, y aunque sea único el Dios que las inspira y única la «materia» de la que están hechas, es decir la misericordia misma, cada una adquiere una forma diversa.
 
Las obras de misericordia tocan todos los aspectos de la vida de una persona. Podemos llevar a cabo una verdadera revolución cultural a partir de la simplicidad de esos gestos que saben tocar el cuerpo y el espíritu, es decir la vida de las personas. Es una tarea que la comunidad cristiana puede hacer suya, consciente de que la Palabra del Señor la llama siempre a salir de la indiferencia y del individualismo, en el que se corre el riesgo de caer para llevar una existencia cómoda y sin problemas. «A los pobres los tenéis siempre con vosotros» (Jn 12,8), dice Jesús a sus discípulos. No hay excusas que puedan justificar una falta de compromiso cuando sabemos que él se ha identificado con cada uno de ellos.
 
La cultura de la misericordia se va plasmando con la oración asidua, con la dócil apertura a la acción del Espíritu Santo, la familiaridad con la vida de los santos y la cercanía concreta a los pobres. Es una invitación apremiante a tener claro dónde tenemos que comprometernos necesariamente. La tentación de quedarse en la «teoría sobre la misericordia» se supera en la medida que esta se convierte en vida cotidiana de participación y colaboración. Por otra parte, no deberíamos olvidar las palabras con las que el apóstol Pablo, narrando su encuentro con Pedro, Santiago y Juan, después de su conversión, se refiere a un aspecto esencial de su misión y de toda la vida cristiana: «Nos pidieron que nos acordáramos de los pobres, lo cual he procurado cumplir» (Ga 2,10). No podemos olvidarnos de los pobres: es una invitación hoy más que nunca actual, que se impone en razón de su evidencia evangélica.
 
21. Que la experiencia del Jubileo grabe en nosotros las palabras del apóstol Pedro: «Los que antes erais no compadecidos, ahora sois objeto de compasión» (1 P 2,10). No guardemos sólo para nosotros cuanto hemos recibido; sepamos compartirlo con los hermanos que sufren, para que sean sostenidos por la fuerza de la misericordia del Padre. Que nuestras comunidades se abran hasta llegar a todos los que viven en su territorio, para que llegue a todos, a través del testimonio de los creyentes, la caricia de Dios.
 
Este es el tiempo dela misericordia. Cada día de nuestra vida está marcado por la presencia de Dios, que guía nuestros pasos con el poder de la gracia que el Espíritu infunde en el corazón para plasmarlo y hacerlo capaz de amar. Es el tiempo de la misericordia para todos y cada uno, para que nadie piense que está fuera de la cercanía de Dios y de la potencia de su ternura. Es el tiempo de la misericordia, para que los débiles e indefensos, los que están lejos y solos sientan la presencia de hermanos y hermanas que los sostienen en sus necesidades. Es el tiempo de la misericordia, para que los pobres sientan la mirada de respeto y atención de aquellos que, venciendo la indiferencia, han descubierto lo que es fundamental en la vida. Es el tiempo de la misericordia, para que cada pecador no deje de pedir perdón y de sentir la mano del Padre que acoge y abraza siempre.
 
A la luz del «Jubileo de las personas socialmente excluidas», mientras en todas las catedrales y santuarios del mundo se cerraban las Puertas de la Misericordia, intuí que, como otro signo concreto de este Año Santo extraordinario, se debe celebrar en toda la Iglesia, en el XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario, la Jornada mundial de los pobres. Será la preparación más adecuada para vivir la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el cual se ha identificado con los pequeños y los pobres, y nos juzgará a partir de las obras de misericordia (cf. Mt 25,31-46). Será una Jornada que ayudará a las comunidades y a cada bautizado a reflexionar cómo la pobreza está en el corazón del Evangelio y sobre el hecho que, mientras Lázaro esté echado a la puerta de nuestra casa (cf. Lc 16,19-21), no podrá haber justicia ni paz social. Esta Jornada constituirá también una genuina forma de nueva evangelización (cf. Mt 11,5), con la que se renueve el rostro de la Iglesia en su acción perenne de conversión pastoral, para ser testimonio de la misericordia.
 
22. Que los ojos misericordiosos de la Santa Madre de Dios estén siempre vueltos hacia nosotros. Ella es la primera en abrir camino y nos acompaña cuando damos testimonio del amor. La Madre de Misericordia acoge a todos bajo la protección de su manto, tal y como el arte la ha representado a menudo. Confiemos en su ayuda materna y sigamos su constante indicación de volver los ojos a Jesús, rostro radiante de la misericordia de Dios.
 
Dado en Roma, junto a San Pedro, el 20 de noviembre, Solemnidad de Jesucristo,
 
Rey del Universo, del Año del Señor 2016, cuarto de pontificado.
 
FRANCISCO
La peor situación es la de los cristianos de Corea del Norte y Eritrea.

El cardenal Mauricio Piacenza considera que la libertad religiosa va en retroceso y compara la cifra de mártires actual con la de la Roma Antigua.

La peor situación es la de los cristianos de Corea del Norte y Eritrea.

La fundación "Ayuda a la Iglesia Necesitada” ha presentado en Roma su último Informe sobre la Libertad Religiosa en el Mundo. El estudio analiza la situación de 196 países desde junio de 2014 a junio de 2016 Y concluye que el extremismo islámico es la principal amenaza para los cristianos y para el resto de religiones.
 
Asegura también que en el mundo hay unos 334 millones de cristianos que son perseguidos y discriminados por su religión.
 
El cardenal Mauricio Piacenza considera que la libertad religiosa va en retroceso y compara la cifra de mártires actual con la de la Roma Antigua.
 

CARD. MAURO PIACENZA - Presidente Internacional ACN

"La persecución siempre ha acompañado a los cristianos y creo que siempre los acompañará, pero esto no significa que nosotros adoptemos una actitud fatalista y no hagamos nada”. 
 
De los 196 países analizados, en 38 los cristianos sufren graves violaciones, en 23 hay una fuerte persecución religiosa, y en 15 existe discriminación. 
 
Los países más duros con los cristianos se encuentran en Oriente Medio y África. Entre ellos Arabia Saudita, Afganistán, Irak, Siria Nigeria y Somalia. 
 
Pero para el presidente de Ayuda a la Iglesia Necesitada el peor problema es que en el resto del mundo no hay conciencia de la grave situación que están atravesando.
 

CARD. MAURO PIACENZA - Presidente Internacional ACN

"Tenemos que abrir los ojos ante la anestesia que muchas veces adormece al mundo cristiano y al mundo occidental. Porque cierran los ojos y no quieren ver, o peor aún, no tienen tiempo para ver”.  
 
Desde 2014, una de cada cinco naciones ha sido víctima de un ataque del Estado Islámico. Sus ataques se caracterizan por la extrema crueldad y por el uso de las redes sociales para reclutar terroristas y atemorizar a la gente.
 
Este extremismo islámico, que cada vez tiene más fuerza, ha provocado un aumento de la cifra de refugiados. En 2015, 5,8 millones de personas tuvieron que huir de sus casas y lo perdieron todo. El total de refugiados en el mundo según la ONU ahora mismo es de 65,3 millones.
 
Es la situación que ha presenciado este obispo que vive en Siria.
 

MONS. JACQUES BEHNAN HINDO - Obispo siro-católico de Hassaké-Nisibi (Siria)

"El islam no conoce eso que nosotros conocemos como libertad de conciencia, el islam no conoce lo que nosotros llamamos libertad de culto. El islam no conoce la presencia de los cristianos, los toleran solo cuando pagan el tributo”.  
 
Los cristianos que viven bajo un régimen autoritario como en China o en Turkmenistán también es difícil. En estos dos años, en la provincia China de Zheijang fueron retirados al menos 2.000 crucifijos de las iglesias.
 

Pero la peor situación es, sin duda, la que hay en Corea del Norte y en Eritrea. En estos países no hay ninguna libertad religiosa y la fe se castiga incluso con la pena de muerte. Ayuda a la Iglesia Necesitada no ha conseguido obtener datos de estos países.

Rome Reports

Arzobispo de Homs: “No hay cifras claras de cristianos asesinados en Siria, pero solo en Homs hemos registrado 420 mártires”

Arzobispo de Homs: “No hay cifras claras de cristianos asesinados en Siria, pero solo en Homs hemos registrado 420 mártires”

La libertad religiosa en el mundo está en retroceso. Esta es una de las principales conclusiones del Informe de Libertad Religiosa en el Mundo 2016, que la fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada ha presentado hoy.

D.Javier Menéndez Ros, director de Ayuda a la Iglesia Necesitada en España ha destacado que“sin libertad religiosa no hay una verdadera libertad y las demás libertades se ven limitadas”. En la presentación también ha participado Mons. Jean Abdo Arbach, Arzobispo de Homs, Siria, que ha denunciado la falta de libertad religiosa en Oriente Medio y la especial amenaza a los cristianos. Mons. Arbach ha afirmado que “no hay cifras claras decristianos asesinados por su fe en Siria, pero solo en Homs hemos registrado 420 mártires cristianos”.

Este informe es de carácter bienal y en él se estudia el cumplimiento de este derecho fundamental en todos los países del mundo y para todos los credos. Se presenta en 20 países y está traducido en 7 idiomas.

El Informe de Libertad Religiosa en el Mundo 2016 denuncia que una de cada tres personas vive en un país sin libertad religiosa. También que en el 20% de los países se sufren graves violaciones contra la libertad religiosa.

El islam extremista es la principal amenaza a la libertad religiosa y la principal causa de persecución en el mundo, según este estudio que analiza el periodo de junio de 2014 a junio de 2016. En estos dos últimos años, uno de cada cinco países del mundo ha sufrido ataques islamistas radicales.

Discriminación y Persecución

El Informe de Libertad Religiosa en el Mundo 2016 clasifica a los países entre aquellos en donde se discrimina por causa de la fe y aquellos en los que se persigue, incluso hasta la muerte, por seguir una religión. De los 196 países analizados, en 38 de ellos se producen graves violaciones contra la libertad religiosa, de los cuales en 23 se sufre persecución y en 15 se sufre discriminación.

Entre los 23 países clasificados como países de persecución, en once de ellos, la situación de la libertad religiosa ha empeorado en los últimos años. Y en los siete países donde la persecución es mayor, los problemas son tan agudos que apenas pueden empeorar: Afganistán, Arabia Saudí, Corea del Norte, Irak, Nigeria, Siria y Somalia.

¿Quién ataca la libertad religiosa? Según desvela el Informe de Libertad Religiosa, en contra de lo que se cree, los estados no son los principales violadores de este derecho fundamental. Elradicalismo islámico vulnera la libertad religiosa en 24 países, los estados autoritarios en 6, y losnacionalismos y otros grupos fundamentalistas en 8 países.

“Hiperextremismo islamista”

Respecto a la amenaza de este radicalismo islámico, el estudio señala que desde 2014 estamos asintiendo a un nuevo fenómeno de violencia sin precedentes calificado como “hiperextremismo islamista”. Los efectos de este proceso en Oriente Medio están provocando la eliminación de toda forma de diversidad religiosa, con la pretensión deimponer estados monoconfesionales en toda la región.

Respecto a la fe cristiana, el informe de Ayuda a la Iglesia Necesitada concluye que uno de cada 6 cristianos en el mundo vive en países con persecución religiosa. Lo que convierte al Cristianismo en la religión más perseguida del planeta. 334 millones de cristianos viven en países de persecución y 60 millones en países con discriminación.

Ayuda a la Iglesia Necesitada

La entrevista de Francisco con «Avvenire» a pocos días de la clausura del Jubileo: «La unidad se hace en camino, porque la unidad es una gracia que hay que pedir». Las críticas contra «Amoris laetitia»: el Concilio volvió a la «fuente», esto «desplaza el eje de la concepción cristiana de cierto legalismo, que puede ser ideológico. Algunos siguen sin comprender, o blanco o negro, aunque es en el flujo de la vida donde hay que discernir»

La entrevista de Francisco con «Avvenire» a pocos días de la clausura del Jubileo: «La unidad se hace en camino, porque la unidad es una gracia que hay que pedir». Las críticas contra «Amoris laetitia»: el Concilio volvió a la «fuente», esto «desplaza el eje de la concepción cristiana de cierto legalismo, que puede ser ideológico. Algunos siguen sin comprender, o blanco o negro, aunque es en el flujo de la vida donde hay que discernir»

«La iglesia no es un equipo de futbol que busca hinchas». Responde de esta manera el Papa auna pregunta de Stefania Falasca, editorialista del periódico italiano «Avvenire», en la larga y articulada entrevista que le concedió a pocos días de la clausura del Jubileo extraordinario de la Misericordia. Se trata de una entrevista que se concentra mucho sobre el ecumenismo. El texto íntegro se encuentra en la edición impresa del periódico católico italiano. Entre las respuestas hay una en la que Bergoglio relaciona ciertas «réplicas» contra la exhortación post-sinodal «Amoris laetitia» con la lenta y todavía incompleta recepción del Concilio Ecuménico Vaticano II. Como se recordará, hace pocos días se publicó una carta de cuatro cardenales dirigida al Papa y que contiene algunas «dudas» sobre el documento dedicado a la familia.

«Amoris Laetitia» y el «legalismo»

La Iglesia solo existe —dijo Francisco a «Avvenire»— como instrumento para comunicar a los hombres el planmisericordioso de Dios. En el Concilio, la Iglesia sintió la responsabilidad de estar en el mundo como signo vivo del amor del Padre. Con la «Lumen Gentium» volvió a las fuentes de su naturaleza, el Evangelio. Esto desplaza el eje de la concepción cristiana de cierto legalismo, que puede ser ideológico, a la Persona de Dios que se hizo misericordia en la encarnación del Hijo. Algunos siguen sin comprender, o blanco o negro, aunque sea en el flujo de la vida en donde hay que discernir. El Concilio nos ha dado esto, pero los historiadores dicen que un Concilio, para que lo absorba bien el cuerpo de la Iglesia, necesita un siglo… Estamos a la mitad.

Un Año Santo sin grandes gestos

Los que descubren que son muy amados comienzan a salir de la mala soledad, de la separación que lleva a odiar a los demás y a sí mismos. Espero que muchas personas hayan descubierto que son muy amadas por Jesús y que se dejen abrazar por Él. La misericordia es el nombre de Dios y también es su debilidad, su punto débil. Su misericordia lo lleva siempre al perdón, a olvidarse de nuestros pecados. A mí me gusta pensar que el Omnipotente tiene una pésima memoria. Una vez que te perdona, se olvida. Porque es feliz de perdonar. Para mí esto basta […] Jesús no pide grandes gestos, sino solo el abandono y el reconocimiento. Santa Teresa de Lisieux, que es doctor de la Iglesia, en su «peque vía» hacia Dios indicó el abandono del niño, que se duerme sin reservas entre los brazos de su padre y recuerda que la caridad no puede quedarse encerrada en el fondo. Amor de Dios y amor por el prójimo son dos amores inseparables.

No hubo un «plan» para el Jubileo

No, no hice un plan. Simplemente hice lo que me inspiraba el Espíritu Santo. Me fueron viniendo las cosas. Me dejé llevar por el Espíritu. Se trataba solo de ser dóciles al Espíritu Santo, dejar que fuera Él quien hiciera las cosas. La Iglesia es el Evangelio, es la obra de Jesucristo. No es un camino de ideas, un instrumento para afirmarlas. Y en la Iglesia, las cosas entran en el tiempo cuando el tiempo está maduro, cuando se ofrece.

La aceleración de los encuentros ecuménicos

Es el camino del Concilio que sigue adelante, se intensifica. Pero es el camino, no solo yo. Este camino es el camino de la Iglesia. Yo me he encontrado con los primados y con los responsables, es cierto, pero también mis predecesores hicieron sus encuentros con estos o con otros responsables. No he acelerado nada. En la medida en la que seguimos avanzando, el camino parece más rápido, es el “motus in fine velocior”, diciéndolo según el proceso expresado en la física aristotélica.

Los caramelos del Patriarca Bartolomé

En Lesbos, mientras saludábamos juntos a todos, había un niño hacia quien me incliné. Pero el niño le interesaba, estaba viendo detrás de mí. Me volteo y veo la razón: Bartolomé tenía los bolsillos llenos de caramelos y se los estaba dando a los niños, todo contento. Este es Bartolomé, un hombre capaz de seguir adelante entre muchas dificultadesel Gran Concilio ortodoxo, capaz de hablar de teología de alto nivel y de estar, simplemente, con los niños. Cuando venía a Roma ocupaba la habitación en la que yo estoy ahora. Lo único que me ha reprochado es que tuvo que cambiarse.

Las acusaciones de «protestantizar» a la Iglesia (después del viaje a Lund)

No me quita el sueño. Yo prosigo por el camino de quienes me precedieron, sigo el Concilio. En cuanto a las opiniones, siempre hay que distinguir el espíritu con el que las dicen. Cuando no hay un espíritu malvado, ayudan a caminar. Otras veces se ve inmediatamente que las críticas salen de acá o de allá para justificar una postura pre-asumida, no son honestas, están hechas con espíritu malvado para fomentar división. Se ve inmediatamente cuando ciertos rigorismos nacen de una falta, de querer ocultar dentro de una armadura la propia y triste insatisfacción. Si ves la película «El almuerzo de Babette» está este comportamiento rígido.

El ecumenismo práctico y las disputas teológicas

No se trata de dejar algo al lado. Servir a los pobres quiere decir servir a Cristo, porque los pobres son la carne de Cristo. Y si servimos a los pobres juntos quiere decir que nosotros los cristianos nos encontramos unidos tocando las llagas de Cristo. Pienso en el trabajo que después del encuentro en Lund pueden hacer juntas la Caritas y las organizaciones luteranas de caridad. No es una institución, es un camino. Ciertas maneras de contraponer las cosas de la doctrina frente a las cosas de la caridad pastoral, en cambio, no siguen el Evangelio y crean confusión.

La unidad entre los cristianos está en camino

No se llega a la unidad porque nos ponemos de acuerdo entre nosotros, sino porque caminamos siguiendo a Jesús. Y caminando, por obra de Aquel a quien seguimos, podemos descubrir que estamos unidos. Es el caminar detrás de Jesús lo que une. Convertirse significa dejar que el Señor viva y opere en nosotros. Así descubrimos que estamos unidos también en nuestra común misión de anunciar el Evangelio. Caminando y trabajando juntos, nos damos cuenta de que ya estamos unidos en el nombre del Señor y, por lo tanto, de que la unidad no la creamos nosotros. Nos damos cuenta de que es el Espíritu el que nos impulsa y nos saca adelante. Si tú eres dócil al Espíritu, será Él quien te diga el paso que puedes dar, lo demás lo hace Él. No se puede ir detrás de Cristo si no te lleva, si no te impulsa el Espíritu con su fuerza. Por esto es el Espíritu el artífice de la unidad entre los cristianos. Es por eso que digo que la unidad se hace en camino, porque la unidad es una gracia que hay que pedir, y también es por esto que repito que cualquier proselitismo entre los cristianos es pecaminoso. La Iglesia no crece nunca por proselitismo, sino «por atracción», como escribió Benedicto XVI. El proselitismo entre los cristianos, entonces, es en sí mismo un pecado grave, porque contradice la dinámica misma de cómo volverse cristianos y seguir siéndolo. La Iglesia no es un equipo de futbol que busca hinchas.

La clave del ecumenismo

Hacer procesos en lugar de ocupar espacios también es la clave del camino ecuménico. En este momento histórico, la unidad se hace por tres caminos: caminar juntos con las obras de caridad, rezar juntos y reconocer la confesión común tal y como se expresa en el común martirio recibido en el nombre de Cristo, en el ecumenismo de la sangre. Ahí se ve que el Enemigo mismo reconoce nuestra unidad, la unidad de los bautizados. El Enemigo no se equivoca en esto. Y todas estas son expresiones de una unidad visible. Rezar juntos es visible. Hacer obras de caridad juntos es visible. El martirio compartido en el nombre de Cristo es visible.

El «cáncer» en la Iglesia

Sigo pensando que el cáncer en la Iglesia es glorificarse recíprocamente. Si uno no sabe quién es Jesús, o nunca lo ha encontrado, siempre lo puede encontrar; pero si uno está en la Iglesia, y se mueve en ella justamente en el ámbito de la Iglesia, cultiva y alimenta su hambre de domino y afirmación de sí, tiene una enfermedad espiritual, cree que la Iglesia es una realidad humana autosuficiente, en la que todo se mueve según lógicas de ambición y de poder. En la reacción de Lutero también estaba esto: el rechazo de una imagen de Iglesia como organización que podía seguir adelante sin la gracia del Señor, o considerándola algo descontado, garantizado a priori. Y esta tentación de construir una Iglesia autoreferencial, que lleva a la contraposición y por lo tanto a la división, siempre vuelve.

VATICAN INSIDER

A lo largo del Jubileo de la Misericordia se han organizado 12 eventos especiales dedicados a diferentes grupos de la sociedad y la Iglesia.

12 eventos jubilares dedicados a personas cuya misión es el servicio físico o espiritual

A lo largo del Jubileo de la Misericordia se han organizado 12 eventos especiales dedicados a diferentes grupos de la sociedad y la Iglesia.

Estos "pequeños jubileos” dejaron huella en la Ciudad Eterna aunque valorar cuál de ellos tuvo mayor impacto es difícil.

P. GENO SYLVA (Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización)

"El impacto de estos eventos no se puede juzgar solo desde un punto de vista numérico. Cada uno se dirigía a grupos específicos. Buscaba inspirarlos de un modo específico. Por eso, en el Jubileo dedicado a niños de entre 13 y 15 años participaron 100.000. Fue maravilloso, pero no querríamos compararlo con el jubileo dedicado a los catequistas, que por definición es un grupo mucho más pequeño”.

Estos 12 eventos jubilares han sido dedicados a personas cuya misión es el servicio físico o espiritual. Desde médicos y voluntarios hasta sacerdotes o religiosos.

De todos ellos, según el padre Geno Sylva, hubo dos que le sorprendieron de manera profunda: el primero fue el jubileo para los enfermos y discapacitados.

P. GENO SYLVA (Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización)

"Fue muy conmovedor. Demostró al mundo que todos somos iguales alos ojos de Dios y que ser discapacitado no hace ninguna diferencia. Todos somos iguales, hijos de Dios. Me senté entre los peregrinos pensando que era un Jubileo para todos, como hijos de Dios. Y por eso para mí fue especialmente emotivo”.

El padre Geno Sylva experimentó esta sensación mientras veía a los grandes artistas y cantantes italianos actuando para las 3.000 personas que participaron en este evento.

Hubo otros jubileos emocionantes como el de los sacerdotes, donde el Papa en persona les predicó un retiro espiritual. Vinieron 7.000 y para muchos de ellos era la primera vez que venían a Roma.

P. GENO SYLVA (Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización)

"Se podía sentir la emoción de estos sacerdotes que venían a Roma por primera vez en sus vidas y que pudieron estar junto al Santo Padre. Muchos de ellos trabajan a diario en la viña del Señor y algunas veces se sienten aislados, solos. Aquí, por lo menos, pudieron estar junto a otros sacerdotes y junto al Papa”.

Aunque muchos pudieron venir a Roma físicamente, tantos otros no pudieron hacerlo por motivos de edad, de enfermedad o por falta de dinero. Por eso el Papa quiso que el Jubileo se pudiera ganar en cada diócesis y de esta forma conseguir que la Misericordia llegara con facilidad a cada rincón del planeta.

Rome Reports

"En 1963 llegaron cuatro oficiales de seguridad y me presentaron la orden de arresto y fusilamiento"
 

"En 1963 llegaron cuatro oficiales de seguridad y me presentaron la orden de arresto y fusilamiento"

 

Durante su viaje a Albania en septiembre de 2014 el Papa Francisco escuchó este testimonio escalofriante: el de un sacerdote de 84 años que vivió 28 años realizando trabajos forzados durante la época comunista. Se llama Ernesto Simoni y será creado cardenal en el consistorio del 19 de noviembre.

Este es el testimonio completo que el sacerdote pronunció ante el Papa durante su visita a Albania:

TEXTO COMPLETO:

"Soy don Ernest Simoni. Soy un sacerdote de 84 años. En diciembre de 1944 llegó a Albania el Partido Comunista, ateo, que tenía como principio eliminar la fe y al clero. Para llevar a cabo este programa comenzaron inmediatamente con los arrestos, las torturas y los fusilamientos de centenares de sacerdotes y laicos, durante 7 años consecutivos, derramando la sangre inocente de fieles, algunos de los cuales, antes de ser fusilados, gritaron, "Viva Cristo Rey”.

En 1952 el gobierno comunista, siguiendo una estrategia política planificada desde Moscú (Stalin), intentó reunir a los sacerdotes que todavía estaban vivos para permitirles ejercitar libremente la fe con la condición de que la Iglesia se separase de Roma y del Vaticano. El clero nunca aceptó esta pretensión del gobierno. Yo continué los estudios en el colegio de los franciscanos por diez años, desde 1938 hasta 1948. Nuestros superiores fueron fusilados por los comunistas y por este motivo fui obligado a terminar mis estudios de teología en la clandestinidad.

Cuatro años después me mandaron al ejército. Querían hacerme desaparecer. Pasé dos años en aquel lugar, años que fueron más terribles que una prisión. Pero el Señor me salvó y el 7 de abril de 1956 fui ordenado sacerdote. El día después, Domingo in Albis y fiesta de la Divina Misericordia, celebré la primera misa. Durante ocho años y medio desempeñé mi ministerio sacerdotal hasta que los comunistas decidieron quitarme de en medio.

El 24 de diciembre de 1963, después de celebrar la misa de la vigilia de Navidad, en la localidad de Barbullush, cerca de Scutari, llegaron cuatro oficiales de seguridad y me presentaron la orden de arresto y fusilamiento. Me pusieron las manos tras la espalda, me esposaron y me metieron en su coche a patadas. Desde la parroquia me llevaron a una habitación aislada donde permanecí tres meses en condiciones inhumanas. Estando esposado me interrogaron. Su jefe me dijo: "Serás ahorcado como enemigo porque has dicho al pueblo que todos moriréis por Cristo si es necesario”. Me apretaron tanto los hierros en las muñecas que sentía cómo se me paraban los latidos del corazón. Casi moría. Querían que hablara contra la Iglesia y la jerarquía. No acepté. Casi muero por las torturas. Al verme en ese estado me liberaron. El Señor quiso que continuase viviendo.

También me acusaron de celebrar tres misas por el alma del presidente americano John Kennedy, asesinado un mes antes de mi arresto. Sin embargo las misas las celebré según las indicaciones que Pablo VI dio a todos los sacerdotes del mundo. Yo era suscriptor de la principal revista rusa en lengua francesa "La Unión Soviética”. Como prueba de su acusación presentaron al juez la revista en la que figuarba la foto del presidente americano. La Divina Providencia quiso que mi condena a muerte no se ejecutara. En la habitación aislada llevaron a otro prisionero, un amigo, que tenía que espiarme. Él criticó al partido pero yo le respondía que Cristo nos enseñó a amar a los enemigos, a perdonarles y que debemos trabajar por el bien del pueblo. Estas palabras llegaron a oídos del dictador, quien después de cinco días me liberó de la condena a muerte. Esta condena fue sustituida a 18 años de prisión en la mina de Spaç. Cuando salí de allí me volvieron a condenar a trabajos forzados durante 10 años, hastala caída del régimen. Trabajé en las aguas fecales. Celebraba misa en latín, de memoria. También confesaba y distribuía la comunión a escondidas.

Con la llegada de la libertad religiosa el Señor me ayudó a servir a muchas poblaciones y a reconciliar con la cruz de Cristo a personas llenas de venganza, alejando el odio y al diablo de los corazones de los hombres.

Santidad, con la seguridad de poder exprimir el deseo de todos los presentes, le ruego que, por intercesión de la Santísima Madre de Cristo, el Señor os otorgue vida, salud y fuerza para guiar el gran rebaño que es la Iglesia de Cristo. Amén

ROME REPORTS

 

Visita Virtual a San Pablo de Extramuros

 El Vaticano dispone de una página web en la que se puede realizar una visita virtual a la basílica Papal San Pablo Extramuros. En ella se puede contemplar el templo por fuera y por dentro con imágenes que permiten girar 360 grados y acercar el objetivo para disfrutar de los detalles decorativos de la basílica.

La web incluye el sonido de cantos gregorianos que acompañan a las diversas zonas de la basílica.

San Pablo Extramuros es una de las cuatro basílicas mayores de Roma. El domingo 14 de abril el Papa Francisco celebrará allí la Misa  a las 17.30 y de esa forma completará su recorrido por las cuatro basílicas papales, San Pedro, Santa María la Mayor, San Juan de Letrán y San Pablo Extramuros.

 

 

 

+ info:  San Pablo Extramuros

 

 

 

Primeros Cristianos en otros idiomas
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