"Teresa de Calcuta, como toda persona contemplativa, fue una maestra en este arte de diluirse en el otro"

"Teresa de Calcuta, como toda persona contemplativa, fue una maestra en este arte de diluirse en el otro"

La canonización de la madre Teresa de Calcuta constituye un escenario óptimo para tratar sobre una cuestión multisecular de gran calado, que por desgracia constituye un tema tabú en nuestros días. Me refiero al arte de contemplar y más específicamente a la experiencia contemplativa, tan humana como netamente espiritual de transcenderse a uno mismo para navegar en un mundo maravilloso donde lo humano y lo divino se funden y la vida humana cobra pleno sentido.

Por más que tantas veces se haya presentado a Teresa de Calcula como una activista social en favor de los pobres, ella fue sobre todo y ante todo una contemplativa. Yo recuerdo habérselo escuchado en una de sus últimas entrevistas, con unas palabras semejantes a las siguientes: “No soy una activista social, no soy una enfermera con un profundo sentido de la solidaridad. Soy una contemplativa”. Fue precisamente esa gran capacidad de contemplación la que le permitió ver en los más pobre de los pobres el rostro de su Amado y darse a ellos con una generosidad que no conoció límites.

De la importancia de la contemplación nos han hablado por activa y por pasiva muchos sabios durante varios siglos, tanto en Oriente como en Occidente. Aristóteles dejó escrito que el destino del ser humano era la contemplación de lo divino. Nuestro Salvador de Madariaga lo repitió también con insistencia: “El fin de la vida es la contemplación. Y no hay contemplación sin ocio”. Razón no les faltaba.

Sin razón no hay contemplación, pero la contemplación supera las barreras impuestas por la racionalidad

La madre Teresa se ha unido a este grupo selecto de seres humanos, verdaderamente admirables, de altísimo nivel contemplativo, que han sabido superar todo tipo de obstáculos para entregarse al servicio de los demás sin pausa ni tregua. La contemplación y el servicio, llevados a su extremo, son conceptos intercambiables. De ahí el profundo atractivo que generan las personas contemplativas entre los hombres de todas las condiciones y culturas. El contemplativo, lo quiera o no, acaba siendo un líder intercultural, que se encuentra igual de cómodo hablando con el Presidente de los Estados Unidos que con el último pobre de la barriada más miserable. Y es que en la persona contemplativa, la barrera entre el yo y el tú se diluye hasta formar un nosotros indisoluble. Teresa de Calcuta fue una maestra en este arte de diluirse en el otro.

La persona contemplativa es, como bien dijo el filósofo alemán Josef Pieper, la persona más feliz del mundo, pues la verdadera felicidad no se encuentra en el tener sino en el ser, y la contemplación permite adquirir una mayor consciencia de lo que realmente uno es, es decir, de su propia misión. A mayor nivel de consciencia, mayor nivel de contemplación. No hay duda en ello. El contemplativo vive su propia existencia con mucha más intensidad (de luz) que los demás. Comprende como pocos que el Ser solo es uno y que ese Ser es por esencia Amor, y por tanto tiene una naturaleza unitiva. Todos, pues, estamos llamados a unirnos a Él. De lo contrario, no sería el Ser. Por eso, a medida que crece en los contemplativos esa consciencia de su ser participativo, así como de su propia misión, crece también su capacidad y su deseo de amar, es decir de unirse a los demás fundiéndose en el mismo Ser.

Muchas veces se confunde la contemplación con el pensamiento más profundo o con la meditación. Pero son cosas distintas. Contemplar es conocer más allá de los límites mentales y racionales, aunque se necesite de ellos en un primer momento. Sin razón no hay contemplación, pero la contemplación supera con creces las propias barreras impuestas por la racionalidad. Contemplar es conocer por comunión, por iluminación, por intuición, no por argumentos. Por eso, el contemplativo capta el todo antes que la parte, y los árboles nunca le impiden ver el bosque. Observa el mundo de arriba abajo y no de abajo arriba, como el común de los mortales. De ahí la grandeza de la vida contemplativa.

El contemplativo ve en la razón una herramienta útil, pero que no constituye un fin en sí mismo

La persona contemplativa vive en el espacio-tiempo pero, en el fondo, lo trasciende dado su carácter instrumental. Algo parecido sucede con su propio ámbito mental, también instrumental. Tantas veces, es la propia mente, con sus rigideces, miedos y angustias, la que impide la contemplación. En muchas escuelas de negocios, son famosos los cursos en los que se enseña a los ejecutivos la importancia de pararse a pensar: “Just stop and think.” Nada más lejos de la verdadera contemplación.

La persona con una actitud contemplativa lo primero que hace es dejar de pensar, parar su mente, porque quien piensa, quien razona, no contempla. El curso que yo propondría a los empresarios llevaría por título: “Stop thinking and start contemplating.” Y es que la razón se enriquece con la contemplación, como lo hace la tierra con los rayos del sol. El contemplativo no es un irracional, sino en una persona que ve en la razón una herramienta útil, que sirve para lo que sirve, pero que no constituye un fin en sí mismo. Esto explica que los grandes contemplativos, a pesar de su condición, hayan gozado siempre de inmenso sentido común. De nuevo me remito a Teresa de Calcuta.

La persona contemplativa atrae porque esencializa, porque busca siempre y en todo momento una unión que trasciende cualquier dualismo racionalista: materia / espíritu; vida / muerte; ciencia / fe; salud / enfermedad; amigo / enemigo; creyente / no creyente; hombre / mujer; alma / cuerpo; rico / pobre; sujeto / objeto; política / religión; terrestre /celeste; palabra / silencio; acción / contemplación. No es que el contemplativo niegue estas importantes dualidades, ni les quite importancia, pues nada más alejado de la contemplación que el relativismo, pero las comprende en su verdadera dimensión y las sabe poner en su sitio.

El contemplativo no se ausenta del mundo. Vive en él, pero no depende de él. No se aferra a las cosas

El contemplativo distingue, pero trasciende todas las categorías racionales, sin ver incompatibilidad en ellas. Para el contemplativo, por ejemplo, el silencio es fuente de palabra, y la palabra, manantial de silencios. Tampoco ve oposición alguna entre la materia y el espíritu pues es capaz de espiritualizar lo material y materializar lo espiritual. Menos todavía entre acción y contemplación. El contemplativo no se ausenta del mundo, sino que lo recontextualiza, lo redimensiona. Vive en él, pero no depende de él. No vive apegado a él. No se aferra a las cosas. No se encapricha. Por eso, no tiene miedo a dejarlo cuando llega el momento.

El gran mensaje que la Madre Teresa ha venido a recordar es que toda persona está llamada a la contemplación

El contemplativo ve el todo antes que la parte, y es capaz de amar la parte como si fuera un todo. De ahí que la persona contemplativa, como lo fue la Madre Teresa, sea una persona profundamente enamorada. Nunca se encuentra sola. Se sabe amada, querida, parte de un proyecto maravilloso. Y se siente feliz. Su sonrisa es tan sencilla como convincente y atractiva.

Para mí, por encima de su impresionante labor social, el gran mensaje que la Madre Teresa ha venido a recordar al mundo, a la humanidad entera, es que todo ser humano en cuanto tal, con independencia de su religión, raza o cultura, es un ser llamado a la contemplación. Ahí radica precisamente la razón última de su dignidad.

@RafaelDomingoO1

Rafael Domingo es catedrático en la Universidad de Navarra e investigador en la Universidad de Emory.

elespanol.com

El Papa emérito Benedicto XVI, de 89 años, rompe de nuevo su silencio un esta larga entrevista al periodista del que más se fía, el alemán Peter Seewald, con quien ha escrito otros tres libros. 

El Papa emérito Benedicto XVI, de 89 años, rompe de nuevo su silencio un esta larga entrevista al periodista del que más se fía, el alemán Peter Seewald, con quien ha escrito otros tres libros. 

 
El volumen está ya en inglés, alemán e italiano, y su título original se traduce algo así como "Últimas conversaciones”. 
 
El Papa emérito no decepciona. Habla de todo y responde con una profundidad aparentemente sencilla. 
 
Peter Seewald le hace la pregunta más difícil: si considera que su Pontificado fue un fracaso. 
 
Benedicto responde que "no consigo verme como un fracasado. Durante ocho años he realizado mi servicio. Ha habido momentos difíciles (…) pero en general muchas personas han encontrado un nuevo camino hacia la fe y ha habido un gran movimiento positivo”. 
 
Dice además que más que un Papa teólogo o profesor, intentó ser un pastor. O quizá, un "confesor” que "trataba con pasión la Palabra de Dios”. 
 
Explica cómo decidió renunciar e incluso cómo escribió el texto. Dice que no recibió presiones y que no se sentía desilusionado. 
 
Revela que no consideraba al cardenal Bergoglio entre los candidatos a Papa, y que le dio mucha alegría ver cómo rezaba y cómo hablaba con las personas. 
 
Asegura que ya no se siente capacitado para escribir nuevos libros, pero que cada semana prepara la homilía para su Misa del domingo en el monasterio. 
 
Un texto de gran riqueza humana y espiritual, que permitirá conocer mejor las palabras y las obras del Papa Benedicto XVI, el primer Papa que publica un libro con un balance de su pontificado. 
 
Rome Report

 

Guiso de habas, salsa de pez y dulce de dátiles, menú de la Última Cena, según dos gastroarqueólogos

Publican un libro donde formulan varias hipótesis sobre cómo y qué comieron Jesús y los Apóstoles el Jueves Santo y lo comparan con las propuestas tradicionales de la iconografía cristiana.

La investigación casa bien con los datos bíblicos

¿Qué pudieron comer Jesucristo y los Apóstoles en la Última Cena?

Dos expertos italianos sugieren un menú muy variado: guiso de judías, cordero, aceitunas, hierbas amargas, salsa de pescado, pan ácimo, dátiles y vino aromatizado, entre otros alimentos. Y no habrían estado sentados a la mesa, como se sugiere en la iconografía clásica, sino recostados en el suelo sobre almohadones, al estilo romano.

Generoso Urciuoli y Marta Berogno son dos arqueólogos especializados respectivamente en arte cristiano y en egiptología, y ambos con formación en gastronomía antigua. Hace un año realizaron un viaje a Tierra Santa para completar una investigación sobre la Última Cena, y ahora su trabajo ve la luz en forma de libro: Gerusalemme: L´Ultima Cena [Jerusalén: La Última Cena], que se unea la amplia bibliografía de ambos, tanto de monografías como de obras de divulgación.

"Nuestro punto de partida es que Jesús era judío y Él y sus discípulos observaron las tradiciones sobre la comida", explica Urciuoli. Ese punto de partida se ha completado, en primer lugar, con las precisiones que pueden obtenerse de los relatos evangélicos, no sólo de aquel encuentro del Jueves Santo, sino también de eventos como las bodas de Caná o el banquete de Herodes.

También han estudiado las pinturas de las catacumbas del siglo III y lo que se conoce sobre las costumbres en la región a raíz de hallazgos arqueológicos, en particular elementos de vajilla. Y todo, con lo que denominan "filtro de lo filológicamente aceptable".

"En aquella época, en Palestina, la comida se situaba sobre mesas bajas y los invitados comían reclinados sobre cojines y alfombras en el suelo", añade Urciuoli en Archeoricette [Arqueorecetas], su propio blog sobre gastronomía arqueológica

Y con loza de piedra, según sugieren las numerosas piezas (vasos, platos, jarras) de ese material datadas en el siglo I y encontraddas en torno a Jerusalén y Galilea: "Los judíos que observaban las reglas de la pureza utilizaban vasos de piedra porque no eran susceptibles de transmitir la impureza". También podían usarse piezas de arcilla, de uso muy extendido en todo el mundo en aquella época.

Urciuoli y Berogno corroboran un detalle del Evangelio de San Juan, cuando Jesús ofrece algo de comer a Judas (Jn 13, 26): "Era una costumbre compartir comida de una cazuela común".

Sus estudios basados en las bodas de Caná permitieron a los investigadores "comprender las leyes dietéticas judías conocidas como kashrut, que establecían qué puede comerse y qué no y cómo deben prepararse", y los centrados en el banquete de Herodes "analizar las influencias culinarias de Roma en Jerusalén". Así, han concluido que en ambas celebraciones, y también en la Última Cena, debió consumirse tzir, una variante de la salsa de pescado romana garum.

 


Cholent, un rico guiso a base de judías.

 

También sugieren otros platos característicos de la gastronomía palestina de la época, como el cholent, un guiso de judías que se cocinaba muy lentamente, olivas con hisopo, una hierba con sabor a menta, hierbas amargas con pistachos y charoset, un pastel de dátiles y frutos secos. Estos dos últimos manjares eran típicos de Pascua, mientras que el hisopo se consumía diariamente.

 


Charoset, a base de dátiles y frutos secos.

"Nuestro trabajo no es ni quiere ser un argumento de fe", subrayan los autores, aunque los datos que aportan están en buena sintonía con las referencias bíblicas: "Lo que hemos hecho es un intento de confrontar las fuentes existentes hasta el momento de la cena refiriéndolas al contexto arqueológico, político, literario y lingüístico de la Palestina y del mundo greco-romano del siglo I".

A fin de cuentas, lo verdaderamente importante que sucedió aquella noche no fue la cena en sí, sino la institución de la Eucaristía con la consagración del pan ácimo y el vino aromatizado que, como señalan los Evangelios y confirman Urciuoli y Berogno, estaban presentes en cualquier mesa de Pascua en la Jerusalén del año 33.

 

 

"No sé cómo podemos seguir en la situación actual. Recen por el P. Tom. No sabemos si está muerto o no"

 

El Padre Tom Uzhunnalil fue secuestrado en el asalto a un convento de Yemen en el que murieron cuatro religiosas de la caridad

"No sé cómo podemos seguir en la situación actual. Recen por el P. Tom. No sabemos si está muerto o no"

Mons. Paul Hinder, Vicario Apostólico de Arabia del Sur, ha pedido oraciones por los sacerdotes, por las Misioneras de la Caridad y por el sacerdote secuestrado Tom Uzhunnalil, cuya situación actual es incierta. “No sé cómo podemos seguir en la situación actual”, dijo muy conmovido. “Y recen por el P. Tom. Si está muerto o no, no lo sabemos”.

En Yemen la situación de violencia empeora. Según Naciones Unidas 6.000 personas han muerto debido a los enfrentamientos entre los grupos terroristas musulmanes Al Qaeda y el Estado Islámico que han realizado ataques contra diversos poblados.

El 4 de marzo, un grupo de terroristas islámicos asaltó el albergue para ancianos y personas con discapacidad que administran las Misioneras de la Caridad en Aden (Yemen), asesinaron a cuatro de las religiosas y otras doce personas y secuestraron al P. Tom Uzhunnalil.

Este dos de septiembre el Vicario Apostólico de Arabia del Sur habló brevemente al finalizar un simposio sobre la Madre Teresa, fundadora de las Misioneras de la Caridad, y expresó: “Sufro debido a la situación que ha surgido en Yemen, donde 7 millones de personas mueren de hambre; no hay seguridad para nadie, no es un asunto de ser cristianos o musulmanes”, dijo. “La inseguridad es general en todo el país, causada por la guerra civil”.

Algunos reportes de inicios de 2016 señalaban que la liberación del P. Tom podría realizarse pronto. Sin embargo, Mons. Hinder precisó que se desconoce la situación actual del sacerdote.

Aciprensa cita las palabras del Vicario Apostólico de Arabia del Sur cuando destaca la valentía de la Misionera de la Caridad. También recordó que “algunos días después de que las hermanas fueron asesinadas, el 4 de marzo, me reuní con la única sobreviviente. Lo primero que me dijo es: ‘quiero regresar, tan pronto como sea posible y tan pronto como tenga permiso”.

Mons. Hinder pidió oraciones para que sacerdotes y otros puedan unirse a las religiosas en su trabajo en la zona, a pesar de las dificultades de visas y otros trámites debido a la guerra civil. “La misión en el estado de guerra, a pesar de la dificultad, debe continuar”, dijo.

Refiriéndose al P. Tom, Mons. Hinder explicó que “él había regresado a Yemen pidiendo permiso al provincial y a mí. Yo le dije: ‘si quieres, te ayudaré a entrar a mi país’. Ciertamente hoy es algo doloroso de pensar”, dijo. Sin embargo, señaló, “aún estoy convencido de que fue lo correcto. En la guerra nunca puedes predecir qué sucede”.

Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN)

 Actualmente en el mundo hay 50 millones de niños desplazados y que han tenido que dejar a sus familias.

 Actualmente en el mundo hay 50 millones de niños desplazados y que han tenido que dejar a sus familias.

Entre ellos 28 millones han huido por temor a la violencia y a la guerra. Entre 2005 y 2015 el número de estas jóvenes víctimas se ha duplicado y el de los niños migrantes se ha incrementado en un 21%. En el último informe de UNICEF recibida por la Agencia Fides, se indica que el 70% de todos los niños refugiados han solicitado asilo en Europa para escapar de la guerra, sobre todo desde Siria, Iraq, Afganistán y Yemen.
Turquía ocupa el primer lugar entre los diez países que albergan el mayor número de refugiados en el mundo, aunque en el Líbano hay un refugiado por cada 5 habitantes. 
En 2015 se han triplicado los niños solos que han solicitado asilo con respecto al 2014. Al viajar solos se exponen a la explotación, el abuso, el tráfico. Un emigrante de cada tres proveniente de África tiene menos de 18 años. 

Agenzia Fides

Después de las vacaciones de verano, el Papa Francisco retomó sus misas en la Casa Santa Marta. En su homilía, habló de la paz como un regalo de Dios y puso el ejemplo de San José, cuando el ángel le dijo que no temiera recibir a María como su esposa.

Después de las vacaciones de verano, el Papa Francisco retomó sus misas en la Casa Santa Marta. En su homilía, habló de la paz como un regalo de Dios y puso el ejemplo de San José, cuando el ángel le dijo que no temiera recibir a María como su esposa.

FRANCISCO

"La paz es un don, es un don artesanal que todos debemos trabajar, todos los días, pero trabajarlo en las cosas pequeñas: en lo pequeño del día a día. No bastan los grandes manifiestos por la paz, los grandes encuentros internacionales, si luego esta paz no se hace en lo pequeño. Aún más, puedes hablar de la paz con palabras estupendas, dar una gran conferencia… Pero si en lo pequeño de tu vida, en tu corazón no hay paz, en tu familia no hay paz, en tu barrio no hay paz, en tu puesto de trabajo no hay paz, tampoco habrá paz en el mundo”. 

Dijo que acoger el don de la paz en las pequeñas cosas de cada día es más importante de lo que puede parecer, porque "si no hay paz en el corazón, no puede haber paz en el mundo”.

"Mientras «estamos viviendo en guerra y todos piden la paz», el Santo Padre reiteró que la paz no se construye tanto en los grandes encuentros internacionales. La paz es un don de Dios que nace en lo pequeño de cada día. Como en el corazón, o en un sueño, como le pasó a San José, cuando un ángel le dijo que no temiera en recibir a María, su esposa, porque ella donará al mundo al Emanuel, «el ‘Dios con nosotros’: ¡Él es la paz!».

«Que todos podamos crecer en la unidad y en la paz». Con la oración colecta, hizo hincapié en que la paz es un don, en el que debemos crecer y que debemos hacer crecer. Un don que «tiene su camino de vida» y que cada uno tiene que trabajar para hacer que crezca:

«Y este camino de santos y pecadores nos dice que nosotros también debemos acoger el don de la paz y hacerle camino en nuestra vida, hacer que entre en nosotros, hacer que entre en el mundo. La paz no se hace de un día para el otro; la paz es un don, pero un don que debe ser trabajado cada día. Por ello, podemos decir que la paz es un don que se vuelve artesanal en las manos de los hombres. Somos nosotros, los hombres, los que tenemos que dar un paso hacia la paz, cada día: es nuestro trabajo. Es nuestro trabajo con el don recibido: hacer la paz». 

La importancia de lo que puede parecer más pequeño. 

Con la liturgia del día en que se celebra la Natividad de María, el Papa destacó que si no hay paz en el corazón, en lo pequeño de nuestro día a día, no puede haber paz en el mundo

«La paz es un don, es un don artesanal que todos debemos trabajar, todos los días, pero trabajarlo en las cosas pequeñas: en lo pequeño del día a día. No bastan los grandes manifiestos por la paz, los grandes encuentros internacionales, si luego esta paz no se hace en lo pequeño. Aún más, puedes hablar de la paz con palabras estupendas, dar una gran conferencia… Pero si en lo pequeño de tu vida, en tu corazón no hay paz, en tu familia no hay paz, en tu barrio no hay paz, en tu puesto de trabajo no hay paz, tampoco habrá paz en el mundo». 

Para que pueda haber paz en el mundo, pacificar primero nuestro corazón, antes de hablar de la paz. 

El Papa invitó a plantearnos algunas preguntas: 

«¿Cómo está tu corazón hoy? ¿Está en paz? Si no está en paz, antes de hablar de paz, primero haz que haya paz en tu corazón. ¿Cómo está tu familia hoy? ¿Está en paz? Si no eres capaz de llevar adelante en paz a tu familia, a tu presbiterio, a tu congregación, no bastan palabras de paz para el mundo. Ésta es la pregunta que quisiera presentar hoy: ¿cómo está el corazón de cada uno de nosotros? ¿Está en paz? ¿Cómo está la familia de cada uno de nosotros? ¿Está en paz? Es así ¿no? Para llegar al mundo en paz». 


Rome Reports

Un año más tarde, el monje describe las liturgias celebradas en las tierras bajo el dominio de los yihadistas. Y añade que hoy «Rusia podría acoger a los desplazados y a los prófugos que huyen de Siria, para demostrar su amor por el pueblo sirio»

Un año más tarde, el monje describe las liturgias celebradas en las tierras bajo el dominio de los yihadistas. Y añade que hoy «Rusia podría acoger a los desplazados y a los prófugos que huyen de Siria, para demostrar su amor por el pueblo sirio»

Ahora el padre Jacques Mourad se encuentra en Sulymaniya, en el Kurdistán iraquí. Como sacerdote presta sus servicios también a miles de desplazados cristianos que llegan desde Qaraqosh, en la Llanura de Nínive, y que huyeron frente al avance de los yihadistas del llamado Estado Islámico. Los mismos que en mayo de este año lo secuestraron en el monasterio de mar Elián y lo segregaron durante meses para después volver a llevarlo a su ciudad de Quaryatayn, tras su conquista, en compañía de otros centenares de cristianos que, como él, habían suscrito con el Estado Islámico el «contrato de protección».

El caso personal del padre Jacques, miembro de la comunidad monastica por el padre Paolo Dall’Oglio, volvió a llamar la atención en octubre del año pasado, cuando el monje siro-católico logró alejarse de los territorios que estaban bajo el control de los yihadistas. Después de algunos meses en Roma, en donde recibió atenciones médicas, Mourad quiso volver al Medio Oriente. Normalmente en su nuevo lugar de oración y de trabajo todavía puede apreciar una convivencia armoniosa de pueblos diferentes, «bajo prueba solo debido a motivos que tienen que ver con la religión y la política». Enseña el catecismo a los niños, los prepara para la Primera Comunión, con toda la sencillez del mundo. Y recordó, en esta conversación con Vatican Insider, que hace un año en estos mismos días celebró su primera misa en estado de semi-prisión, en las tierras ocupadas por el Califato.

¿Cómo celebraban la misa bajo el régimen yihadista?

En Quaryatayn logramos celebrar la primera misa el 5 de septiembre. Los yihadistas del Estado Islámico nos habían vuelto a llevar a nuestra ciudad (éramos más de 250 cristianos), después de habernos mantenido como rehenes en diferentes lugares. Encontramos un lugar bajo tierra, en un edificio, en el que hace tiempo era el barrio en el que vivían los cristianos. Y mientras celebrábamos misa juntos (siro-católicos y siro-ortodoxos) nos sorprendía el milagro que estábamos viviendo.

¿Todos?

Sí. Pero sobre todo yo. Después de 4 meses y 15 domingos de cautiverio, era la primera misa que celebraba. Al principio había miedo: “¿Y si llegan los yihadistas? ¿Cómo habrían reaccionado?”. Después sentí que prevalecía en mí la gratitud, y daba gracias a Aquel que me había sostenido en todas esas pruebas. También mientras me decían que me habrían degollado si no me convertía. He vuelto a pensar mucho en esa misa, después de que me llegó la noticia del martirio del padre Jacques Hamel, asesinado frente al altar en su parroquia de Francia.

En la cárcel, cuando no podía celebrar, ¿qué hacía?

Cada vez, al alba, cantaba toda la misa acordándome del coro de mi parroquia, y después de las misas celebradas en el monasterio de Mar Musa… Durante cierto periodo de tiempo también estuve preso en Raqqa, la ciudad en la que desapareció el padre Paolo Dall’Oglio. Cuando estuve allí, me lo imaginaba en una situación semejante a la mía, en la misma ciudad, tal vez a poca distancia, y lo sentía cerca. Cerca como al inicio de nuestro común camino monástico, en Mar Musa, el monasterio del desierto. Ese baño en donde me tenían encerrado, tenía una robusta puerta de hierro que me recordaba a la de mi celda, en el monasterio. Tuve una paradójica relación de amistad con esa prisión. No era una situación cómoda, sobre todo por mi frágil salud. Pero no sentí angustia. Advertí la gracia vivida por san Pablo, cuando escuchó que el Señor le decía: “Te basta mi gracia”. Incluso en lo profundo de mi debilidad, era Él quien revelaba su fuerza.

¿Cuál es la condición espiritual que prevalece entre los cristianos que se han visto involucrados en el conflicto sirio?

Se preguntan cómo ha sido posible todo esto. Pero después dan gracias a Dios, y se encomiendan a sus manos. No he visto a personas que se rebelen contra Dios.

En los últimos meses se han intensificado las intervenciones militares en contra del Estado Islámico. ¿Qué le parece, según su experiencia?

Recuerdo cuando llegaron desde Mosul a Quariyatayn los emisarios del califo al Baghdadi, para anunciarnos lo que habría sido de nosotros, según el decreto del Estado Islámico. Era el 31 de agosto. Recuerdo que decían: “Nosotros queremos extender el miedo en el mundo, porque los «cruzados» están bombardeando la tierra del islam. Son ellos los que atacan, matan niños y mujeres, destruyen las casas. Nosotros solo defendemos nuestros territorios y el islam de los agresores…”. En la actualidad, tengo que repetirlo: los bombardeos sirven para aumentar y reforzar este sentimiento entre muchos, y no todos son yihadistas.

¿Cómo puede ver lo que sucede allí un cristiano?

Puede ver lo que sucede teniendo siempre en la mirada la imagen de Cristo cumpliendo nuestra salvación, participando de nuestro sufrimiento. Solo de esta manera se puede ver, como cristianos, la tragedia de un país que muere, en donde todos son atormentados. Como los millones de prófugos que han perdido todo y viven en la desesperación. Y las palabras de los cristianos que sufren por la guerra pueden convertirse en las mismas de Cristo: “Padres, perdónales, porque no saben lo que hacen”.

En Europa se presiona a las comunidades musulmanas para que expresen una postura neta de condena de la violencia justificada con la religión…

El miedo es un factor que los paraliza también a ellos. Y su silencio es calificado como un síntoma de complicidad con los que difunden el terror y las masacres. Se necesita valentía para afrontar momentos tan duros y acabar también con este equívoco.

Papa Francisco dijo que no se trata de una guerra de religión…

Cada vez resulta más evidente que las razones que mantienen abiertas las guerras son de tipo económico. Una manía feroz e insaciable de acumular que es, en sí misma, signo de muerte y de destrucción. ¿Qué queremos, además de la riqueza, además del poder, además del desarrollo moderno, qué más queremos? El llamado profético de Papa Francisco, que justamente en este momento proclamó el Año santo de la Misericordia, se mueve en este nivel vertiginoso. Necesitamos la paz que viene de Dios.

En Europa aumenta el desprecio y el rechazo hacia los migrantes…

Todos se ponen a acusar a los migrantes, a darles la culpa de todo, como hizo Adán con Eva en el Paraíso. Reconocemos y estamos conmovidos por lo que han hecho los voluntarios de las organizaciones europeas e internacionales a favor de los pueblos afectados por las guerras. Y vemos que muchos acogen con espíritu fraterno a los migrantes. Las reacciones desconsideradas de algunos no representan, claramente, a los demás. Al mismo tiempo, la búsqueda de las responsabilidades por todo lo que sucede, y también por los sufrimientos provocados a pueblos enteros, obligados a huir de sus casas, lleva a las decisiones políticas europeas y estadounidenses.

¿Pero se puede salvar algo en las intervenciones que ha puesto en marcha la comunidad internacional?

Ahora ningún pueblo puede librarse solo de estas guerras. Lo vemos en Siria, en Irak, en Yemen. Lo vemos por todas partes. Hay otras potencias y otras fuerzas que alimentan guerras lejos de las propias fronteras. Hoy, a los verdaderos analistas, no se les escapa nada. Muchos ven lo que sucede por debajo de las mesas de los gobiernos y de las instituciones internacionales. Y desde que las potencias económicas y militares se han involucrado en las guerras en nombre de la defensa de los pueblos y de la democracia, los motivos y las ocasiones para nuevos conflictos se han multiplicado. Se evita cuidadosamente tomar iniciativas que parecerían descontadas, si las decisiones políticas y estratégicas fueran verdaderamente coherentes con las declaraciones de principio. Por ejemplo, Rusia, para demostrar su amor por el pueblo sirio, podría abrir sus puertas a los desplazados y a los prófugos que han huido de Siria. Y esto permitirá también la disminución de las tensiones en Europa en relación con la emergencia de la migración.

Vatican Insider

¿Cómo funciona esto de la fe? Dios sale a nuestro encuentro de muchas maneras. En cada experiencia conmovedora de la naturaleza, en cada encuentro verdaderamente humano, en cada aparente casualidad, en cada sufrimiento, en cada reto que se nos plantea, hay un mensaje escondido de Dios para cada uno. También lo escuchamos en la voz de nuestra conciencia si está abierta a la verdad.

Fe y razón no son realidades incompatibles, sino complementarias

¿Cómo funciona esto de la fe? Dios sale a nuestro encuentro de muchas maneras. En cada experiencia conmovedora de la naturaleza, en cada encuentro verdaderamente humano, en cada aparente casualidad, en cada sufrimiento, en cada reto que se nos plantea, hay un mensaje escondido de Dios para cada uno. También lo escuchamos en la voz de nuestra conciencia si está abierta a la verdad.

Cuando seguimos las pistas que nos señalan la existencia de Dios y adquirimos confianza para dirigirnos a él, estamos dando los primeros pasos para afianzar una amistad inolvidable que nos proporcionará una gran estabilidad y serenidad, ya que podremos descansar confiadamente apoyados en quien nunca falla.

Dios nos busca y nos habla como amigos, y espera que le respondamos con nuestra amistad, creyendo en él, intentando comprender lo que nos dice, y aceptando sin reservas lo que nos propone.

La fe es la respuesta a la invitación que Dios nos hace a comunicarnos con él y a gozar de su compañía. Mediante la fe el hombre somete por completo su inteligencia y su voluntad a Dios, prestando asentimiento a lo que Dios ha revelación y decidiendo vivir de modo coherente con esas verdades.

Pero ¿esto una postura razonable? ¿creer es humano? ¿está en sus cabales una persona que somete su inteligencia a lo que otro le dice, o pone sus decisiones en manos de otro?

La fe es ante todo una adhesión personal a Dios, y al mismo tiempo e inseparablemente asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado.

Es verdad que sería vano y equivocado poner una fe semejante en una criatura. ¿Pero sucede lo mismo con Dios? La realidad de las cosas depende fundamentalmente de la respuesta que tenga una cuestión, que es la fundamental: ¿Dios existe o no existe? Si no existiera y fuera sólo una construcción ideológica, no tendría sentido. Pero ¿y si existe?

Digamos que la opción de prestar ese asentimiento supone asumir un riesgo, porque no es posible controlar intelectualmente toda la realidad. Requiere un ejercicio de confianza, algo así como la que requeriría lanzarse a una piscina a una persona que nunca lo hubiera hecho. Ve a otras personas que están allí y disfrutan del baño, pero la primera impresión es que si se tira se va a ir al fondo y se ahogará.

Para prestar el asentimiento de fe no se puede esperar a encontrar una demostración matemática de la existencia de Dios ni de cada una de las verdades que ha revelado. Supone un riesgo, y por eso requiere una ayuda que tenemos que recibir desde fuera. La fe es un don de Dios, una virtud sobrenatural infundida por él, ya que para dar una respuesta positiva a lo que Dios ha revelado es necesaria la gracia de Dios, que se adelanta y nos ayuda, junto con el auxilio interior del Espíritu Santo, que mueve el corazón, lo dirige a Dios, abre los ojos del espíritu y concede a todos gusto en aceptar y creer la verdad. Así lo enseña el Concilio Vaticano II (Dei Verbum, n.5) y el Catecismo de la Iglesia Católica (n.153).

Ahora bien no es contrario ni a la libertad ni a la inteligencia del hombre depositar la confianza en Dios y aceptar las verdades por él reveladas. Ya en las relaciones humanas no es contrario a nuestra propia dignidad creer lo que otras personas nos dicen sobre ellas mismas y sobre sus intenciones, y prestar confianza a sus promesas (como, por ejemplo, cuando un hombre y una mujer se casan). Nos fiamos de nuestros padres cuando somos pequeños, nos fiamos de nuestros maestros y de lo que dicen los manuales. Nos fiamos de lo que leemos en la prensa, escuchamos en la radio o vemos en la televisión. No tenemos tiempo ni posibilidad de contrastar experimentalmente todo la información de vamos recibiendo. En la vida normal casi todo lo que sabemos es porque nos hemos fiado de alguien. Así que no es contrario a nuestra dignidad fiarnos de Dios.

El motivo de creer no radica en el hecho de que las verdades reveladasaparezcan como verdaderas e inteligibles a la luz de nuestra razón natural. Creemos a causa de la autoridad de Dios mismo que revela, y que no puede engañarse ni engañarnos.

Ahora bien, también en la vida real, necesitamos contrastar por lo menos algunos datos de lo que nos dicen y verificar si son verosímiles, aunque muchas veces no podamos demostrarlos. La ciencia avanza más por inducción que por deducción matemáticamente probada.

Por eso, también es razonable que deseemos conocer con más precisión y profundizar en lo que nos dice la fe. Como señalaba San Anselmo, “la fe trata de comprender”. Es propio de la fe católica que el creyente desee conocer mejor a aquel en quien ha puesto su fe, y comprender mejor lo que le ha sido revelado, y por eso que ponga todo su empeño en acercarse cuanto pueda a entender los misterios de la revelación.

Fe y razón no son realidades incompatibles, sino complementarias. La investigación científica correctamente realizada, nunca estará realmente en oposición con la fe, porque las realidades profanas y las realidades de fe tienen su origen en el mismo Dios.

En la mañana del miércoles, el Papa Francisco ha celebrado su Audiencia General en la Plaza de San Pedro. En su catequesis, ha recordado un episodio del Evangelio según San Mateo, en el que Juan el Bautista se pregunta si Jesús es el verdadero Mesías, porque no se adecua a la idea que tenía de él. 

En la mañana del miércoles, el Papa Francisco ha celebrado su Audiencia General en la Plaza de San Pedro. En su catequesis, ha recordado un episodio del Evangelio según San Mateo, en el que Juan el Bautista se pregunta si Jesús es el verdadero Mesías, porque no se adecua a la idea que tenía de él. 

El Papa Francisco ha dicho que no se puede tener fe "a la carta”, y que "la forma de actuar de Jesús puede escandalizar a muchos, porque no se adecua a la idea que se han formado de Él, pero nos alienta a aceptarlo como el Mesías que se revela en las obras que cumple, siguiendo la voluntad del Padre”.

RESUMEN DE LA CATEQUESIS DEL PAPA

Queridos hermanos y hermanas:

En el evangelio de Mateo escuchamos la pregunta de Juan el Bautista: «¿Eres tú el que ha de venir?» Jesús responde mostrando las obras de misericordia que realiza con los enfermos y desheredados, y de las que son testigos los discípulos del profeta. 

Jesús, el Mesías esperado, es el instrumento concreto de la misericordia del Padre, que sale al encuentro de todos llevando consuelo y salud, y, a través de los signos de la bondad divina, llama a todos a la conversión, para que encuentren el camino de regreso al Padre. La forma de actuar de Jesús puede escandalizar a muchos, porque no se adecua a la idea que se han formado de él, pero nos alienta a aceptarlo como el Mesías que se revela en las obras que cumple, siguiendo la voluntad del Padre. El cristiano cree en el Dios de Jesucristo, y tiene el deseo de crecer en la experiencia viva de su misterio de amor, que lo empuja a la misión de trasformar el mundo y la historia.


Rome Reports

Millones de católicos siguen celebrando a la nueva santa, pero no solo católicos vinieron a Roma para asistir a la canonización de Madre Teresa.

Millones de católicos siguen celebrando a la nueva santa, pero no solo católicos vinieron a Roma para asistir a la canonización de Madre Teresa.

 

Muchas personas de otras religiones asistieron porque respetan sus valores y el trabajo que realizó. Un ejemplo: este grupo de indios sijes.

CHANDRA BIKUMANDLA

"Vinimos a disfrutar de esta día dedicado a Madre Teresa porque estamos muy unidos a ella. No solo yo, todas las personas y los billones de personas que viven en India. Todo el mundo la conoce. Hizo mucho por Calcuta, además su trabajo lo están continuando en cientos de países. La conocen en todas partes”.

Este grupo afirma que venerarla como santa no está ligado a una religión, sino a la lucha de Teresa por conseguir la paz en el mundo atendiendo a la gente más pobre.

TEJPAL DULAY

"Mi religión es el Sijismo y queremos colaborar con todas las religiones porque lo que queremos es la paz. Esa es mi esperanza”.

Actualmente viven en Londres, pero dicen que sus raíces siguen en India donde nacieron.

Están muy satisfechos por el trabajo del gobierno indio para ayudar a los pobres y a las Hermanas de la Caridad. Ellos mismos se han comprometido a continuar el trabajo que Santa Teresa de Calcuta comenzó en su tierra.

TERSAME MAAN

"Obviamente seguimos pensando en la India y en las personas que viven allí. Tenemos fe en que se van a mejorar las condiciones de vida de los pobres y estamos esforzándonos para que así sea”.

Son seguidores del ministro jefe de Delhi, que trabajó con las Hermanas de la Caridad en Calcuta y que también asistió a la canonización de Madre Teresa.

 Rome Reports


Primeros Cristianos en otros idiomas
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