Reflexiva y pausada, no es una cinta de consumo rápido. El director Andrew Hyatt propone un auténtico ejercicio de contemplación.
Todos saben que un gesto vale más que mil palabras, un principio especialmente importante en cualquier estrategia de comunicación. Por eso, los personajes públicos saben que sus gestos tienen una enorme capacidad de resonancia.
"El mundo nos mira continuamente, por eso tenemos que decidir qué queremos significar. Hay que vivir la vida de un modo que muestre nuestros valores... Por eso además de lo que digan, es importante ver lo que hacen las universidades, lo que hacen las empresas, lo que hace la Iglesia”.
También esto distingue a Francisco de otros líderes. Sus acciones, sus palabras y sus encuentros reflejan el mismo mensaje. En concreto, ahora, la misericordia y la esperanza.
"A veces un gesto o una imagen consigue cristalizar lo que creemos. Aunque yo no soy católico, tengo un profundo respeto por Francisco. Y cuando ayer lo vi percibí ese mensaje de misericordia. Pienso que él creo su mensaje con cada molécula de su ser y que lo irradia”.
Para Francisco la comunicación y la tecnología no son herramientas para predicar, sino parte del mensaje de misericordia. Por ejemplo, sus gestos de ayuda a débiles, a refugiados, a enfermos o a presos.
Para creyentes y no creyentes esa coherencia de vida es muy poderosa. Comunica un fuerte mensaje sin decir una palabra. Las personas ven quién es, cómo vive y en qué cree, y eso envía un mensaje muy eficaz.
"Si todos vivimos nuestros valores y miramos a los demás como un ser valioso, el mundo se transformaría, y sería como el Cielo en la Tierra”.
Los gestos de Francisco llegan al corazón de muchos, un lugar al que la comunicación verbal no puede entrar. Es lo que los expertos llaman "marca personal”. O sea, llevar misericordia y comprensión a los pueblos y a las personas, gesto a gesto.
“No hay agua, no hay electricidad, no existe trabajo, no existe alimento ni nada, la gente está de alguna forma desesperada”
“La situación de un sitio donde viven más de dos millones de personas y no hay agua, no hay electricidad, no existe trabajo, no existe alimento ni nada, pues es una situación catastrófica”. Así viven los sirios de Alepo según las palabras de Mons. Antoine Audo, obispo de la Diócesis del mismo nombre.
En su visita a España, con motivo del concierto “Misa por la paz” celebrada el pasado mes de julio en la Diócesis de Santander, el prelado denunció las circunstancias que padecen los cristianos perseguidos en Siria y las consecuencias de una guerra civil que persiste después de 5 años.
“Cuando paseo por las calles de Alepo me encuentro con niños que no tienen zapatos y van descalzos, personas mayores que no se pueden duchar que no pueden comer, y me da la impresión que cada vez es más desastrosa la situación", explica el obispo sirio. “Las personas ricas han huido han salido del país de modo que los que han quedado son las personas que no tienen posibilidades. La clase media se ha hecho pobre y a clase pobre se ha hecho miserable”.
Mons. Audo se refirió a los cristianos de Alepo expresando que “aunque existe mucha desesperación queda una pequeña llama, el resto que sirve para seguir manteniendo la fe en este país y en este pueblo”. Y continuó diciendo “estamos hablando de la Iglesia donde San Pablo de Tarso se convirtió, donde fue incluso bautizado, la iglesia antioquena, donde partió de alguna forma el mismo cristianismo. Una iglesia donde se encuentran diferentes ritos como el melquita, el caldeo, el maronita y todo ello hace de ellos una situación especial”.
En este sentido indicó que espera que no desaparezca la fe. “Yo tengo confianza en la providencia que nos está protegiendo desde hace más de dos mil años. Esta confianza nos ha hecho seguir caminando en medio de esta situación que estamos viviendo.”
Definiendo las necesidades más urgentes de los ciudadanos de Alepo, el también responsable de Cáritas Siria afirmó que “a nivel general necesitan la paz, esa es la primera necesidad que tiene el país.Y a nivel secundario, medicinas porque hay muchísimas personas enfermas y heridas que están abandonadas y la educación para los jóvenes.”
A su vez reconoce la ayuda de la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada que mantiene proyectos en Siria y en especial en la ciudad de Alepo desde el comienzo del conflicto financiando programas para garantizar la atención de la población que sufre necesidad. Por ejemplo ayudas para personas sin techo. Por todo ello dijo: “estoy muy agradecido por lo que están haciendo los cristianos en España para ayudar a Siria. Me deja ver el sentimiento y la solidaridad con la diócesis de Alepo y los cristianos sirios”.
Con respecto al cese de la guerra Mons. Audo señaló: “En esta situación se espera que Naciones Unidas o las demás potenciasque ayuden a crear la paz, pero la paz no puede venir fuera de Siria sino que tiene que surgir dentro del país. No puede ser impuesta desde fuera, tiene que ser una solución política no de guerra, porque la guerra nunca puede dar paso a la paz, sino una solucón política desde el interior de Siria que ayude a crear la paz de forma definitiva”.
Por último el obispo de la Diócesis siria de Alepo, Mons. Audo expresó que venía “como peregrino de la Virgen María, ella que se muestra humilde ante la gente como a los niños de Fátima, en Portugal. Yo vengo con ese mismo sentimiento como un pequeño niño a los pies de la Virgen para pedirle la paz de mi pueblo porque nosotros la reconocemos como todo poder”.
Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN)
El Papa Francisco centró su catequesis de la audiencia en explicar qué significa atravesar la Puerta Santa.
Dijo que cada peregrino que llega a la Puerta Santa lo hace con sus alegrías, su sufrimiento, sus proyectos, sus fracasos, sus dudas y sus miedos. Todas estas cosas se presentan a la misericordia del Señor.
Explicó que la Puerta Santa es la puerta del encuentro entre el dolor de la Humanidad y la compasión de Dios, como sucedió en Naím cuando Cristo resucitó al hijo de la viuda.
El pasaje del Evangelio que acabamos de escuchar nos muestra a Jesús que, movido por la ternura ante el dolor de la madre viuda que lleva a enterrar a su único hijo, hace el milagro de resucitar al joven, restituyéndolo vivo a su madre. Jesús, en la puerta del pequeño poblado de Naím, no se queda indiferente frente a las lágrimas de la mujer sino que, lleno de misericordia por su sufrimiento, la consuela y actúa.
Durante este Jubileo, sería bueno recordar lo ocurrido en la puerta de Naím, porque sabemos que pasar por la Puerta Santa es dirigimos a la puerta del corazón misericordioso de Jesús que, como al joven difunto, nos invita a levantarnos y nos hace pasar de la muerte a la vida. Él, con su ternura y su gracia, quiere también encontrarse con nosotros y darnos vida abundante. Llegamos a la Puerta Santa para presentar a la misericordia del Señor la propia vida, con sus alegrías y sus sufrimientos, con sus proyectos y sus caídas, con sus dudas y sus miedos, porque sabemos que es la puerta del encuentro entre el dolor de la humanidad y la compasión de Dios.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los provenientes de España, Latinoamérica y Guinea Ecuatorial. Que Jesús nos conceda el don de su gracia para que aprendamos a ser misericordiosos y atentos a las necesidades de nuestros hermanos, recordando que la misericordia es un camino que sale del corazón pero tiene que llegar a las manos, es decir, a hacer obras de misericordia. Muchas gracias.
Madre Agnes trabaja por rescatar el patrimonio cultural de los cristianos en Siria y negocia la liberación de otros religiosos secuestrados.
Fadia Laham, más conocida como Madre Agnes, es una religiosa libanesa de 65 años que pese a las amenazas de muerte de los yihadistas sigue trabajando por rescatar, de manos de los traficantes, el patrimonio cultural de los cristianos en Siria; y por mediar en la liberación de otros religiosos secuestrados.
Madre Agnes llegó a Siria en 1993 para reconstruir el monasterio greco-católico melquita del siglo V dedicado a Santiago el Mutilado, ubicado a 60 kilómetros al norte de Damasco. Pero en 2011 estallaron las protestas populares contra el Gobierno de Bashar Al Asad y a partir de entonces se desencadenó la guerra civil que hasta hoy sigue desangrando el país. “Antes de la guerra había algo más de dos millones de cristianos (el 10% de la población total). Hoy apenas quedan 700.000 tras la huida de la mayoría a Europa”, señaló la hermana desde Jounieh, región cristiana al norte de Beirut.
Sobre el conflicto en el país sirio advirtió que se puede dar lo que ocurre en Irak, donde “la guerra de 2003 expulsó a los cristianos. Apenasqueda el 10% y han destruido gran parte de su patrimonio”. Sin embargo, destacó que la destrucción de Siria forma parte de un plan más amplio, que pretende desmembrar y dividir las sociedades pluralistas como Irak o Egipto. Ante tales pretensiones la religiosa libanesa indicó que se ha puesto a salvo en Líbano los iconos, manuscritos y lienzos del monasterio de Santiago el Mutilado. Sin embargo, hoy prosigue la búsqueda de más patrimonio robado por los traficantes y que ofrecen a los coleccionistas occidentales.
Aciprensa cita datos a los que se refiere la carmelita Fadia Laham, quien en un recuento dice que en Siria más de 120 iglesias y monasterios han sido destruidos. Además, los yihadistas saquearon en 2013 la localidad de Malula, uno de los últimos rincones del mundo donde aún se habla arameo, la lengua de Cristo. Madre Agnes cuenta además que un año más tarde, medió por teléfono con Abu Malek, máximo líder de Al Qaeda en esa región, fronteriza con Líbano, para la liberación de nueve monjas greco-ortodoxas secuestradas allí.
También durante el período en que estuvo en Siria, la religiosa greco-católica melquita fue amenazada de muerte por Al Nusra, entonces facción de Al Qaeda, la misma que en julio pasado se separó y tomó el nombre de Fath al-Sham. Sin embargo, en 2012 el Ejército Libre de Siria (ELS) –uno de los grupos que combaten al gobierno–, le ayudó a escapar al Líbano. Este es el principal motivo por el que la monja libanesa debe moverse con escolta por los seminarios internacionales a donde la invitan, ya que está amenazada por el Estado Islámico (ISIS).
En esesentido, la Madre Agnes critica el manejo que los medios dan al conflicto en Siria. “Mi testimonio es molesto por ser políticamente incorrecto. Hoy hay que repetir por la mañana, a mediodía y por la noche que Bashar Al Asad mata, pero no se puede decir que los rebeldes matan”. “Quien quiere decir la verdad, la dice toda”, señaló.
Fadia Laham descubrió su vocación a la vida religiosa y a los 19 ingresó como monja de clausura en el convento de las Carmelitas al norte de Beirut (Líbano). Junto a su orden le tocó asistir a los desplazados de la guerra civil que vivió este país en la década de 1970.
Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN)
Durante el rezo del Ángelus, el Papa Francisco lamentó que los civiles, en especial los niños, sean las víctimas que más sufren la guerra en Siria. También hizo una fuerte denuncia.
"Por desgracia, desde Siria continúan llegando noticias de víctimas civiles de la guerra, en particular de Alepo. Es inaceptable que tantas personas inermes, también tantos niños, tengan que pagar el precio del conflicto, el precio de la cerrazón de corazón y de la falta de voluntad de paz los poderosos”.
Invitó a los peregrinos a tener un momento de silencio para pedir a Dios por el pueblo sirio. Después todos juntos rezaron un Avemaría.
El Papa también explicó que muchas veces el mal se desata cuando una persona se cree dueña de la vida de la otra.
"Tantas injusticias, violencias y maldades cotidianas nacen de la idea de comportarnos como "señores” de la vida de los demás”.
Recordó que en esta vida no tiene sentido apegarse a las cosas materiales o al dinero porque no nos servirán después de muertos. Dijo que se deben emplear para servir a los demás.
"No podemos estar tan apegados al dinero, tener tantas cosas... Porque al final no podemos llevarlas con nosotros. Recordad que "el sudario no tiene bolsillos””.
Por último aseguró que el hecho de que Dios prometa la vida eterna no significa que no haya que trabajar por mejorar las condiciones de vida de este mundo, en especial, para los más débiles.
El Papa Francisco hizo una visita "express” a Asís para celebrar los 800 años del "Perdón de Asís”, un privilegio que obtuvo en el año 1216 el mismo San Francisco de Asís del Papa Honorio III.
Y es que los peregrinos que el 2 de agosto visitan esta iglesia obtienen la misma indulgencia que los que van a Tierra Santa.
Miren cómo recibieron al Papa. Pasó tan cerca, que algunos sin querer le hicieron daño.
El Papa quiso rezar quince minutos en silencio en la antigua iglesia de la Porciúncula, la que San Francisco reconstruyó con sus propias manos, el lugar en el que fundó su Orden y el lugar en el que falleció.
Luego, el Papa tuvo una intensa homilía sobre el profundo significado del perdón de Dios.
"Dios no se cansa de ofrecer siempre su perdón cada vez que se lo pedimos. Es un perdónpleno, total, con el que nos da la certeza de que, aun cuando podemos recaer en los mismos pecados, Él tiene piedad de nosotros y no deja de amarnos”.
"El perdón de Dios no conoce límites; va más allá de nuestra imaginación y alcanza a quien reconoce en el íntimo del corazón haberse equivocado y quiere volver a él. Dios mira el corazón que pide ser perdonado”.
El Papa recordó que todos hemos sido perdonados, pero que nos cuesta mucho perdonar. Por eso invitó a imitar a Dios, que incluso acaricia alos pecadores que le han ofendido.
"La vía del perdón puede renovar de verdad la Iglesia y el mundo. El mundo necesita el perdón; demasiadas personas viven encerradas en el rencor e incuban el odio, porque, incapaces de perdonar, arruinan su propia vida y la de los demás, en lugar de encontrar la alegría de la serenidad y de la paz”.
Y una vez más, pidió a las personas que se confiesen con un sacerdote, para que Dios les perdone sus pecados por muy graves que sean.
"'Pero tengo miedo de volver a pecar mañana en lo mismo' Pues regresas mañana. Dios Padre siempre mira por la ventana esperando a que regrese el hijo pródigo. Y todos nosotros somos hijos pródigos. Que el Señor nos dé esa gracia”.
Y para que quede claro que le interesa que se practique este sacramento, él mismo se salió de la agenda prevista y se sentó a confesar a peregrinos.
El Papa Francisco hizo una visita "express” a Asís para celebrar los 800 años del "Perdón de Asís”, un privilegio que obtuvo en el año 1216 el mismo San Francisco de Asís del Papa Honorio III.
Y es que los peregrinos que el 2 de agosto visitan esta iglesia obtienen la misma indulgencia que los que van a Tierra Santa.
Miren cómo recibieron al Papa. Pasó tan cerca, que algunos sin querer le hicieron daño.
El Papa quiso rezar quince minutos en silencio en la antigua iglesia de la Porciúncula, la que San Francisco reconstruyó con sus propias manos, el lugar en el que fundó su Orden y el lugar en el que falleció.
Luego, el Papa tuvo una intensa homilía sobre el profundo significado del perdón de Dios.
"Dios no se cansa de ofrecer siempre su perdón cada vez que se lo pedimos. Es un perdón pleno, total, con el que nos da la certeza de que, aun cuando podemos recaer en los mismos pecados, Él tiene piedad de nosotros y no deja de amarnos”.
"El perdón de Dios no conoce límites; va más allá de nuestra imaginación y alcanza a quien reconoce en el íntimo del corazón haberse equivocado y quiere volver a él. Dios mira el corazón que pide ser perdonado”.
El Papa recordó que todos hemos sido perdonados, pero que nos cuesta mucho perdonar. Por eso invitó a imitar a Dios, que incluso acaricia a los pecadores que le han ofendido.
"La vía del perdón puede renovar de verdad la Iglesia y el mundo. El mundo necesita el perdón; demasiadas personas viven encerradas en el rencor e incuban el odio, porque, incapaces de perdonar, arruinan su propia vida y la de los demás, en lugar de encontrar la alegría de la serenidad y de la paz”.
Y una vez más, pidió a las personas que se confiesen con un sacerdote, para que Dios les perdone sus pecados por muy graves que sean.
"'Pero tengo miedo de volver a pecar mañana en lo mismo' Pues regresas mañana. Dios Padre siempre mira por la ventana esperando a que regrese el hijo pródigo. Y todos nosotros somos hijos pródigos. Que el Señor nos dé esa gracia”.
Y para que quede claro que le interesa que se practique este sacramento, él mismo se salió de la agenda prevista y se sentó a confesar a peregrinos.
El Papa Francisco hizo una visita "express” a Asís para celebrar los 800 años del "Perdón de Asís”, un privilegio que obtuvo en el año 1216 el mismo San Francisco de Asís del Papa Honorio III.
Y es que los peregrinos que el 2 de agosto visitan esta iglesia obtienen la misma indulgencia que los que van a Tierra Santa.
Miren cómo recibieron al Papa. Pasó tan cerca, que algunos sin querer le hicieron daño.
El Papa quiso rezar quince minutos en silencio en la antigua iglesia de la Porciúncula, la que San Francisco reconstruyó consus propias manos, el lugar en el que fundó su Orden y el lugar en el que falleció.
Luego, el Papa tuvo una intensa homilía sobre el profundo significado del perdón de Dios.
"Dios no se cansa de ofrecer siempre su perdón cada vez que se lo pedimos. Es un perdón pleno, total, con el que nos da la certeza de que, aun cuando podemos recaer en los mismos pecados, Él tiene piedad de nosotros y no deja de amarnos”.
"El perdón de Dios no conoce límites; va más allá de nuestra imaginación y alcanza a quien reconoce en el íntimo del corazón haberse equivocado y quiere volver a él. Dios mira el corazón que pide ser perdonado”.
El Papa recordó que todos hemos sido perdonados, pero que nos cuesta mucho perdonar. Por eso invitó a imitar a Dios, que incluso acaricia a los pecadores que le han ofendido.
"La vía del perdón puede renovar de verdad la Iglesia y el mundo. El mundo necesita el perdón; demasiadas personas viven encerradas en el rencor e incuban el odio, porque, incapaces de perdonar, arruinan su propia vida y la de los demás, en lugar de encontrar la alegría de la serenidad y de la paz”.
Y una vez más, pidió a las personas que se confiesen con un sacerdote, para que Dios les perdone sus pecados por muy graves que sean.
"'Pero tengo miedo de volver a pecar mañana en lo mismo' Pues regresas mañana. Dios Padre siempre mira por la ventana esperando a que regrese el hijo pródigo. Y todos nosotros somos hijos pródigos. Que el Señor nos dé esa gracia”.
Y para que quede claro que le interesa que se practique este sacramento, él mismo se salió de la agenda prevista y se sentó a confesar a peregrinos.
El Papa Francisco hizo una visita "express” a Asís para celebrar los 800 años del "Perdón de Asís”, un privilegio que obtuvo en el año 1216 el mismo San Francisco de Asís del Papa Honorio III.
Y es que los peregrinos queel 2 de agosto visitan esta iglesia obtienen la misma indulgencia que los que van a Tierra Santa.
Miren cómo recibieron al Papa. Pasó tan cerca, que algunos sin querer le hicieron daño.
El Papa quiso rezar quince minutos en silencio en la antigua iglesia de la Porciúncula, la que San Francisco reconstruyó con sus propias manos, el lugar en el que fundó su Orden y el lugar en el que falleció.
Luego, el Papa tuvo una intensa homilía sobre el profundo significado del perdón de Dios.
"Dios no se cansa de ofrecer siempre su perdón cada vez que se lo pedimos. Es un perdón pleno, total, con el que nos da la certeza de que, aun cuando podemos recaer en los mismos pecados, Él tiene piedad de nosotros y no deja de amarnos”.
"El perdón de Dios no conoce límites; va más allá de nuestra imaginación y alcanza a quien reconoce en el íntimo del corazón haberse equivocado y quiere volver a él. Dios mira el corazón que pide ser perdonado”.
El Papa recordó que todos hemos sido perdonados, pero que nos cuesta mucho perdonar. Por eso invitó a imitar a Dios, que incluso acaricia a los pecadores que le han ofendido.
"La vía del perdón puede renovar de verdad la Iglesia y el mundo. El mundo necesita el perdón; demasiadas personas viven encerradas en el rencor e incuban el odio, porque, incapaces de perdonar, arruinan su propia vida y la de los demás, en lugar de encontrar la alegría de la serenidad y de la paz”.
Y una vez más, pidió a las personas que se confiesen con un sacerdote, para que Dios les perdone sus pecados por muy graves que sean.
"'Pero tengo miedo de volver a pecar mañana en lo mismo'. Pues regresas mañana. Dios Padre siempre mira por la ventana esperando a que regrese el hijo pródigo. Y todos nosotros somos hijos pródigos. Que el Señor nos dé esa gracia”.
Y para que quede claro que le interesa que se practique este sacramento, él mismo se salió de la agenda prevista y se sentó a confesar a peregrinos.