Y hoy en día continúan siéndolo. Esta tradición cristiana de la caridad irá impregnando poco a poco la sociedad, haciéndola cada vez más justa, y facilitando el reconocimiento y el respeto de la dignidad de la persona humana.
50·8. (Desde sus comienzos la Iglesia se ha preocupado de los más necesitados. Arístides de Atenas, en el año 124 al escribir al emperador Adriano una apología a favor de los cristianos, lo expresa de esta manera…)
Cuando muere un pobre, si se enteran, contribuyen a sus funerales según los recursos que tengan; si vienen a saber que algunos son perseguidos o encarcelados o condenados por el nombre de Cristo, ponen en común sus limosnas y les envían aquello que necesitan, y si pueden, los liberan; si hay un esclavo o un pobre que deba ser socorrido, ayunan dos o tres días, y el alimento que habían preparado para sí se lo envían, estimando que él también tiene que gozar, habiendo sido como ellos llamado a la dicha”. (ARISTIDES DE ATENAS, La Apología, 17)
51·8. (Tertuliano, años 155-225, explica cómo la Iglesia disponía de un fondo de caridad que se proveía de las aportaciones voluntarias de los cristianos. De este modo se socorría a todos los necesitados…)
Aunque tenemos una especie de caja, sus ingresos no provienen de cuotas fijas, como si con ello se pusiera un precio a la religión, sino que cada uno, si quiere o si puede, aporta una pequeña cantidad el día señalado de cada mes, o cuando quiere. En esto no hay compulsión alguna, sino que las aportaciones son voluntarias, y constituyen como un fondo de caridad. En efecto, no se gasta en banquetes, o bebidas, o despilfarros chabacanos, sino en alimentar o enterrar a los pobres, o ayudar a los niños y niñas que han perdido a sus padres y sus fortunas, o a los ancianos confinados en sus casas, a los náufragos, o a los que trabajan en las minas, o están desterrados en las islas o prisiones o en las cárceles. (TERTULIANO, Apologético, 39, 1-18)
52·8. ¿Qué tiene de extraño, pues, que tan gran amor se exprese en un convite?... Digo esto, porque andáis por ahí chismorreando acerca de nuestras modestas cenas, diciendo que no son sólo infames y criminales, sino también opíparas… Pero su mismo nombre muestra lo que son nuestras cenas, pues se llaman ágapes, que significa en griego «amor». Todo lo que en ellas se gasta, es en nombre y en beneficio de la caridad, ya que con tales refrigerios ayudamos a los indigentes de toda suerte, no a los jactanciosos parásitos que se dan entre vosotros… (TERTULIANO, Apologético, 39, 1-18)
53·8. ¿Tienes dinero? Pues no seas tardo en socorrer con él a los que lo necesitan. ¿Puedes defender los derechos de alguien? Pues no digas entonces que no tienes dinero... ¿Puedes ayudar con tu trabajo? Hazlo. ¿Eres médico? Cuida de los enfermos... ¿Puedes ayudar con tu consejo? Mejor todavía, ya que librara a tu hermano no del hambre, sino del peligro de la muerte... Si ves a un amigo dominado por la avaricia, compadécete de él, y si se ahoga apaga su fuego. ¿Que no te hace caso? Haz lo que puedas, no seas perezoso. (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Homilía sobre los Hechos de los Apóstoles, 5)
54·8. (Benedicto XVI nos presenta el ejemplo del diácono San Lorenzo, martirizado en el año 258…)
Desde los comienzos, la actividad asistencial a los pobres y necesitados, según los principios de la vida cristiana expuestos en los Hechos de los Apóstoles, era parte esencial en la Iglesia de Roma. Esta función se manifiesta vigorosamente en la figura del diácono Lorenzo († 258). La descripción dramática de su martirio fue conocida ya por san Ambrosio († 397) y, en lo esencial, nos muestra seguramente la auténtica figura de este Santo. A él, como responsable de la asistencia a los pobres de Roma, tras ser apresados sus compañeros y el Papa, se le concedió un cierto tiempo para recoger los tesoros de la Iglesia y entregarlos a las autoridades. Lorenzo distribuyó el dinero disponible a los pobres y luego presentó a éstos a las autoridades como el verdadero tesoro de la Iglesia. Cualquiera que sea la fiabilidad histórica de tales detalles, Lorenzo ha quedado en la memoria de la Iglesia como un gran exponente de la caridad eclesial. (BENEDICTO XVI, Encíclica Deus Caritas est, n. 23)
55·8. Una alusión a la figura del emperador Juliano el Apóstata († 363) puede ilustrar una vez más lo esencial que era para la Iglesia de los primeros siglos la caridad ejercida y organizada. A los seis años, Juliano asistió al asesinato de su padre, de su hermano y de otros parientes a manos de los guardias del palacio imperial; él imputó esta brutalidad —con razón o sin ella— al emperador Constancio, que se tenía por un gran cristiano. Por eso, para él la fe cristiana quedó desacreditada definitivamente. Una vez emperador, decidió restaurar el paganismo, la antigua religión romana, pero también reformarlo, de manera que fuera realmente la fuerza impulsora del imperio. En esta perspectiva, se inspiró ampliamente en el cristianismo. Estableció una jerarquía de metropolitas y sacerdotes. Los sacerdotes debían promover el amor a Dios y al prójimo. Escribía en una de sus cartas que el único aspecto que le impresionaba del cristianismo era la actividad caritativa de la Iglesia. Así pues, un punto determinante para su nuevo paganismo fue dotar a la nueva religión de un sistema paralelo al de la caridad de la Iglesia. Los « Galileos » —así los llamaba— habían logrado con ello su popularidad. Se les debía emular y superar. De este modo, el emperador confirmaba, pues, cómo la caridad era una característica determinante de la comunidad cristiana, de la Iglesia. (BENEDICTO XVI, Encíclica Deus Caritas est, n. 24)
56·8. Contemplemos finalmente a los Santos, a quienes han ejercido de modo ejemplar la caridad. Pienso particularmente en Martín de Tours († 397), que primero fue soldado y después monje y obispo: casi como un icono, muestra el valor insustituible del testimonio individual de la caridad. A las puertas de Amiens compartió su manto con un pobre; durante la noche, Jesús mismo se le apareció en sueños revestido de aquel manto, confirmando la perenne validez de las palabras del Evangelio: « Estuve desnudo y me vestisteis... Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis » (Mt 25, 36. 40). Pero ¡cuántos testimonios más de caridad pueden citarse en la historia de la Iglesia! (BENEDICTO XVI, Encíclica Deus Caritas est, n. 40)
57·8. Como obispo y pastor de su extendida diócesis, Basilio se preocupó constantemente por las difíciles condiciones materiales en las que vivían los fieles; denunció con firmeza el mal; se comprometió con los pobres y los marginados; intervino ante los gobernantes para aliviar los sufrimientos de la población, sobre todo en momentos de calamidad; veló por la libertad de la Iglesia, enfrentándose a los potentes para defender el derecho de profesar la verdadera fe (Cf. Gregorio Nacianceno, «Oratio 43,48-51 in laudem Basilii»). Dio testimonio de Dios, que es amor y caridad, con la construcción de varios hospicios para necesitados (Cf. Basilio, Carta 94), una especie de ciudad de la misericordia, que tomó su nombre «Basiliade» (Cf. Sozomeno, «Historia Eclesiástica». 6,34). En ella hunden sus raíces los modernos hospitales para la atención de los enfermos. (BENEDICTO XVI presenta a San Basilio el Grande, 4 julio 2007)
58·8. Basilio se entregó totalmente al fiel servicio a la Iglesia en el multiforme servicio del ministerio episcopal. Según el programa que él mismo trazó, se convirtió en «apóstol y ministro de Cristo, dispensador de los misterios de Dios, heraldo del reino, modelo y regla de piedad, ojo del cuerpo de la Iglesia, pastor de las ovejas de Cristo, médico piadoso, padre y nodriza, cooperador de Dios, agricultor de Dios, constructor del templo de Dios» (Cf. «Moralia» 80,11-20). Este es el programa que el santo obispo entrega a los heraldos de la Palabra, tanto ayer como hoy, un programa que él mismo se comprometió generosamente por vivir. (BENEDICTO XVI presenta a San Basilio el Grande, 4 julio 2007)
59·8. Del camino ascético pueden formar también parte las peregrinaciones. En particular, Jerónimo las impulsó a Tierra Santa, donde los peregrinos eran acogidos y hospedados en edificios surgidos junto al monasterio de Belén, gracias a la generosidad de la mujer noble Paula, hija espiritual de Jerónimo (Cf. Epístola 108,14). (BENEDICTO XVI presenta a San Jerónimo, 14 noviembre 2007)
60·8. Gregorio nos recuerda que, como personas humanas, tenemos que ser solidarios los unos con los otros. Escribe: «"Nosotros, siendo muchos, no formamos más que un solo cuerpo en Cristo" (Cf. Romanos 12,5), ricos y pobres, esclavos y libres, sanos y enfermos; y única es la cabeza de la que todo deriva: Jesucristo. Y como sucede con los miembros de un solo cuerpo, cada quien se ocupa de cada uno, y todos de todos».
Luego, refiriéndose a los enfermos y a las personas que atraviesan dificultades, concluye: «Esta es la única salvación para nuestra carne y nuestra alma: la caridad hacia ellos» («Oratio 14,8 de pauperum amore»: PG 35,868ab). (BENEDICTO XVI presenta a San Gregorio Nacianceno, 22 agosto 2007)
61·8. En otra carta, Jerónimo confirma: «Aunque tenga una espléndida doctrina, es vergonzosa la persona que se siente condenada por la propia conciencia» (Epístola 127,4). Hablando de la coherencia, observa: el Evangelio debe traducirse en actitudes de auténtica caridad, pues en todo ser humano está presente la Persona misma de Cristo. Dirigiéndose, por ejemplo, al presbítero Paulino, que después llegó a ser obispo de Nola y santo, Jerónimo le da este consejo: «El verdadero templo de Cristo es el alma del fiel: adorna este santuario, embellécelo, deposita en él tus ofrendas y recibe a Cristo. ¿Qué sentido tiene decorar las paredes con piedras preciosas si Cristo muere de hambre en la persona de un pobre?» (Epístola 58,7). Jerónimo concretiza: es necesario «vestir a Cristo en los pobres, visitarle en los que sufren, darle de comer en los hambrientos, cobijarle en los que no tienen un techo» (Epístola 130, 14). (BENEDICTO XVI presenta a San Jerónimo, 14 noviembre 2007)
Del libro:
ORAR CON LOS PRIMEROS CRISTIANOS
Gabriel Larrauri (Ed. Planeta)
No es una guerra “islámico-cristiana”, sino una “lucha por el poder y el dinero” realizada en “nombre de la religión”, contra la cual es necesario oponer las armas de la unidad, de la fraternidad, del compartir recíproco para mantener vivo el país. Con estas palabras, difundidas en una nota oficial, el Patriarcado caldeo recuerda los dos años de la invasión de Mosul por parte de las milicias del Estado islámico, que en los meses sucesivos se expandieron hasta conquistar la mitad del territorio de Irak y de su vecina Siria.
En el mensaje, enviado para conocimiento a AsiaNews, la Iglesia iraquí expresa “tristeza, dolor y ansia” por el segundo aniversario “de la tragedia” que ha golpeado a “la población de Mosul”. En la noche entre el 9 y el 10 de junio de 2014, la llamada “capital” del norte de Irak terminó bajo “la ocupación” del movimiento yihadista, dando vida a un éxodo sin precedentes “de la población, sobre todo cristianos”.
El movimiento extremista islámico ha atacado para “erradicar la cultura”de los pueblos de aquella tierra, sobre todo los cristianos, borrando “la historia y la memoria”.
"Dos meses más tarde", prosigue el comunicado firmado por el Patriarca caldeo Mons. Luis Rafael Sako I, la tragedia se extendió a la “llanura de Nínive”, con centenares de miles de personas que en la noche entre el 6 y el 7 fueron obligadas a abandonar rápidamente ciudades y pueblos, desde Qaraqosh a Karameles.
Ellos han encontrado refugio en Erbil y en otras áreas de Kurdistán iraquí, donde todavía hoy, muchos viven en condiciones precarias, esperando un día poder volver a sus casas.
El patriarcado caldeo subraya que “contra estos eventos crueles y espantosos” es necesario encontrar una solución que “venga de adentro, del interior del país, de los iraquíes mismos”, que deben ser y estar en grado de resolver las disputasy dejar de lado los contrastes. Es necesario, advierte la nota, “cambiar el modo de pensar, el acercamiento” a la realidad y a los problemas, dando vida a una “real voluntad política de reconciliación”. Unida a una “visión clara” del futuro y a una reforma orgánica” para enfrentar y resolver los problemas.
Mar Sako insiste en afirmar que esta “no es una guerra islámico-cristiana” y que, prescindiendo de las diferencias de la fe, del credo (también político) aquello que cuenta es la unión de intentos para enfrentar y vencer el desafío planteado por Daesh (acrónimo árabe del Estado islámico, EI). En este “mes sagrado (Ramadán) para los musulmanes” y en concomitancia con el “Año Jubilar de la Misericordia”, advierte el patriarca, “no debemos permitir la división confesional” sino alimentar la “fe, la paciencia y la esperanza”.
"El auspicio", concluye la nota, es que la ciudad de Mosul y los pueblos de la llanura de Nínive sean pronto “liberados” y que a esta tierra vuelvan la “paz, la seguridad y la igualdad para todos”. Por último, Mar Sako pide a toda la comunidad cristiana “demostrar solidaridad” para con los refugiados, y “continuar la misión gloriosa con valentía, promoviendo cooperación y convivencia entre los conciudadanos”.
La fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada ha contribuido con más de 8 millones de euros al sostenimiento de proyectos de emergenciade la Iglesia iraquí para las familias huidas de Mosul y la Llanura de Nínive. Las ayudas siguen estando activas y suponen más del 60% del total de proyectos sostenidos por distintas organizaciones internacionales.
AIN
"En todo caso puede asaltarte el 'miedo' por creer que no lo lograrás, y puedes entrar en un estado de 'depresión' cuando la fe se oscurece."
En su homilía del viernes en Casa Santa Marta, el Papa advirtió del peligro de dejarse llevar en la vida cristiana por el miedo paralizante. Dijo que afecta a las personas en todas las etapas de la vida espiritual.
"Siempre debemos buscar al Señor. Todos nosotros sabemos cómo son los momentos feos: momentos que te tiran por los suelos, momentos sin fe, oscuros, momentos en los que no vemos el horizonte, no somos capaces de levantarnos. ¡Todos sabemos esto! Pero es el Señor que viene, nos reconforta con el pan y con su fuerza y nos dice: ‘¡Levántate, y ve adelante! ¡Camina!'".
Puedes ser un pecador arrepentido que ha decidido recomenzar con Dios o incluso un elegido por Él que ha consagrado su vida, en todo caso puede asaltarte el "miedo” por creer que no lo lograrás, y puedes entrar en un estado de "depresión” cuando la fe se oscurece.
Para indicar cómo salir del túnel, el Papa evocó la situación del hijo pródigo, deprimido mientras mira hambriento a los cerdos, y se concentró en el personaje de la liturgia del día, el profeta Elías.
Francisco afirmó que es "un vencedor” que "ha luchado tanto por la fe”, ha vencido a centenares de idólatras en el Monte Carmelo. Después, tras la enésima persecución que lo toma como blanco, se abate. Se abate desanimado bajo un árbol esperando morir, pero Dios no lo deja en ese estado de postración, sino que le envía a un ángel con un imperativo: levántate, come y parte:
"Para encontrar a Dios es necesario volver a la situación en la que el hombre estaba en el momento de la creación: de pie y en camino. Así nos ha creado Dios: a su altura, a su imagen y semejanza, y en camino. ‘¡Ve, ve adelante! Cultiva la tierra, hazla crecer; y multiplíquense...’. ‘¡Sal!’. Sal y vete al Monte y detente sobre el Monte ante mi presencia. Elías se puso de pie. Y puesto de pie, sale”.
Pero, ¿cómo pasa el Señor? ¿Cómo puedo encontrar al Señor para estar seguro de que sea Él? El pasaje del Libro de los Reyes es elocuente. El ángel invita a Elías a salir de la caverna en el Monte Oreb donde había encontrado amparo para estar ante la "presencia” de Dios. Sin embargo, no lo induce a salir ni el viento "impetuoso y recio” que parte las rocas, ni el terremoto que siguió y ni siquiera el fuego sucesivo:
"Tanto ruido, tanta majestad, tanto movimiento y el Señor no estaba allí. ‘Y después del fuego, el susurro de una briza ligera’ o, como es propio del original, ‘el hilo de un silencio sonoro’. Y allí estaba el Señor. Para encontrar al Señor, es necesario entrar en nosotros mismos y sentir aquel ‘hilo de un silencio sonoro’ y Él nos habla allí”.
La tercera petición del ángel a Elías es: "Sal”. El profeta es invitado a volver sobre sus pasos, hacia el desierto, porque se le encomienda una misión que cumplir. Francisco subrayóque en esto debemos aceptar la invitación "a estar en camino, no cerrados, no dentro del egoísmo de nuestra comodidad”, sino "valerosos” para "llevar a los demás el mensaje del Señor”, es decir, salir en "misión”.
"Siempre debemos buscar al Señor. Todos nosotros sabemos cómo son los momentos feos: momentos que se te tiran por los suelos, momentos sin fe, oscuros, momentos en los que no vemos el horizonte, no somos capaces de levantarnos. ¡Todos sabemos esto! Pero es el Señor que viene, nos reconforta con el pan y con su fuerza y nos dice: ‘¡Levántate, y ve adelante! ¡Camina!’. Para encontrar al Señor debemos estar así: de pie y en camino. Después esperar que Él nos hable: corazón abierto. Y Él nos dirá: ‘Soy Yo’ y allí la fe se vuelve fuerte. ¿La fe es para mí, para custodiarla? ¡No! Es para ir y darla a los demás, para ungir a los demás, para la misión”.
El actor y director Mel Gibson prepara una secuela de La pasión de Cristo (2004), la película en la que narró la crucifixión y muerte de Jesús, según The Hollywood Reporter, basándose en las visiones que tuvo la beata Catalina Emmerich.
Mel Gibson prepara una secuela de La Pasión basada en la resurrección de Cristo
(Actuall) El guionista Randall Wallace, que trabajó con él en Braveheart (1995), confirmó quelos rumores acerca de una continuación de La pasión de Cristo son ciertos, y aseguró que está trabajando en un guion para una cinta que relataría la resurrección de Jesús.
«Siempre he querido contar esta historia. La pasión de Cristo es el comienzo y hay mucha más historia que contar», aseguró Wallace, que además añadió que esta cinta «está considerada la mayor producción de Hollywood, y la gente continúa diciéndonos que creen que la secuela sería algo mucho más grande».

Ese filme, en cuyo reparto figuraban Jim Caviezel y Monica Bellucci, recaudó más de 611 millones de dólares en todo el mundo.
De acuerdo con los comentarios de Wallace, el interés de la comunidad cristiana influyó para que Gibson, conocido por ser un hombre muy religioso, se atreviera a proponerse una continuación de la película.
El proyecto, que se encuentra en una fase muy inicial de su desarrollo, no tiene por el momento productor ni estudio. «Es demasiado pronto para hablar de dinero», señaló Wallace.
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Entrevista a Mel Gibson sobre su película: "La Pasión de Cristo"
Especial sobre la película "La Pasión de Cristo"
Análisis de la película "La Pasión de Cristo"
La exhortación Amoris laetitia, del Papa Francisco, sobre el amor en la familia, puede verse en continuidad con lo que Juan Pablo II enseñó sobre la familia y dejó escrito en la exhortación Familiaris consortio (1981).
1. Como Juan Pablo II, y todos los Papas antes y después, también Francisco está al frente de este “avión” que es la Iglesia Católica. El Papa Francisco afirma que no es buena una mirada unilateral solo a los principios generales de la doctrina católica o solo a la subjetividad personal. En efecto, hacer eso, observa Hude, sería una imprudencia; porque la prudencia se ejercita en un acto práctico, que mediante la deliberación busca discernir cómo en la situación concreta se aplican los principios generales del obrar humano.
Para ello, señala Hude, la atención a la situación concreta pide siempre atención a la realidad y a las circunstancias. Entiende que en las últimas décadas el ambiente general de la cultura occidental, afectado por una seria crisis moral, hace más difícil el claro conocimiento de la doctrina católica y la toma de decisiones acordes con ella, como también han cambiado algunos parámetros desde los que se puede determinar si una determinada acción puede producir o no escándalo moral (que siempre hay que tener en cuenta).
Por eso el Papa Francisco insiste en que es necesario que, sobre todo los confesores, ayuden a las personas a formar su conciencia y les den los auxilios que necesiten y estén en condiciones de recibir. Además aduce Hude que Cristo asumió no una naturaleza humana en abstracto y perfecta, sino la naturaleza que en cada uno de nosotros se manifiesta débil e inclinada al pecado, si bien Cristo no tuvo pecado alguno (cf. Rm 8, 2-4). Así es, pues Cristo padeció, tuvo hambre, sed y cansancio, experimentó la soledad y el miedo, asumió todas nuestras flaquezas. Por eso los débiles (que somos todos) necesitamos hacer nuestra la ayuda divina que Cristo nos da por medio de la Iglesia.
2. Profundizando en el contexto actual, observa este filósofo que el Papa se preocupa sobre todo por una gran cantidad de personas sin formación, más aún bastante ignorantes –muchas veces sin culpa alguna o con una responsabilidad muy disminuida– en las cuestiones doctrinales y morales de la fe católica. Muchos de ellos están en una situación muy penosa: imbuidos por un espíritu de duda, recelo y sospecha ante todo planteamiento de “verdad” y “bien”, pues eso eslo que se les ha enseñado y se les recalca continuamente. Están, por tanto, profundamente afectados por el relativismo.
Con todo, sugiere Hude, siguen siendo personas, es decir, seres que piensan y sufren precisamente las consecuencias de ese ambiente relativista. Por eso no podemos dejarles solos o exponerles a una religiosidad sea de tendencia fundamentalista, sea de tipo panteísta. No podemos ser personas estrechas de miras (que no perciben la situación) o tímidas (que no la afrontan).
3. También en referencia a la misericordia, explica Hude que, tanto desde el punto de vista humano como cristiano, es necesario considerar las situaciones personales y las condiciones del contexto sociocultural, para mejorarlas. Esto último –mejorarlas– corresponde sobre todo a los fieles laicos (es decir, a los cristianos que están en los trabajos, en las familias, en las encrucijadas de la sociedad).
En segundo lugar, sostiene que el matrimonio es ciertamente un “ideal” sobre todo para estas personas que vienen muy de lejos y que se debaten para salir quizá de un lodazal. Por eso la Iglesia se ha esforzado siempre en ayudarles, a condición de que tengan un mínimo de arrepentimiento.
Por otra parte, añade Hude, no cabe olvidar que todos necesitamos de tiempo para avanzar a través de sucesivas conversiones en nuestra vida, para cambiar planteamientos y actitudes. Por tanto todo esto no se dice para oscurecer la claridad de los principios bajo la complejidad de las situaciones, sino para impedir que los caminos de la gracia y de la fe queden aplastados bajo el peso de actitudes desmedidamente legalistas o racionalistas.
Y no solo eso, pues Francisco quiere acercar a todas esas personas al sacramento de la confesión (muy atacado por la cultura dominante), en un momento necesario y propicio, con una sensibilidad que todos los católicos deberíamos de secundar.
4. Finalmente Hude expone algunos argumentos que parten del Evangelio y tienen también dimensiones culturales y filosóficas.
El Papa Francisco conoce bien que la sexualidad es parte esencial del don de Dios, que pide constante purificación y conversión. Al mismo tiempo, desea hacerlo entender a los que no tienen ni siquiera las bases para comprender lo que significa “pecado”. Por parte de los católicos bien formados, esto pide, según Hude, “que no se comporten como el difícil hijo mayor de la parábola evangélica, sino que compartan la bondad que proviene del Padre y de su alegría por la vuelta del hijo pródigo”.
Para todo ello, argumenta el filósofo francés, es preciso fomentar una cultura humanista que tenga en cuenta la miseria y la misericordia. El Papa Francisco acusa de “fariseos” a los pastores que no tuvieran en cuenta las situaciones personales de las ovejas. Hude dice que si un pastor no se siente culpable de eso, probablemente es que a él no se le aplica el reproche del Papa. Pero advierte que, de todas formas, conviene examinarse de si realmente uno no está incluido en cierto fariseísmo e hipocresía.
Ante los que desearían una definición neta de si se puede o no ayudar con los sacramentos a determinados divorciados vueltos a casar, Hude reitera que eso lo debe decidir un confesor, teniendo en cuenta todos los datos del caso. En ese sentido escribe que “la novedad de Amoris laetitia consiste en tratar en un documento público cuestiones que derivan de la práctica del confesor, y si no se comprende esta novedad, uno se arriesga a confundir ciencia y prudencia”.
Hude subraya que un comportamiento objetivamente pecaminoso puede corregirse y cambiar como fruto de un proceso de reforma y evolución espiritual, bajo el impulso de la gracia y el influjo de amigos y sacerdotes. Insiste a la vez en que ningún comportamiento es pecaminoso automáticamente (ni siquiera la poligamia), entiéndase no en el sentido objetivo sino en el sentido de imputabilidad moral, que siempre depende de la advertencia y el consentimiento, que a su vez pueden estar disminuidos por diversos factores psicológicos o culturales.
Por último, ante la opinión de que habría una ruptura entre Juan Pablo II y Francisco en estos temas, Hude explica que no existe tal ruptura, sino una diferente perspectiva. Esto desemboca en el diálogo entre una concepción más contemplativa de las verdades eternas inmutables y una visión más personalista de la limitación humana. Pero eso no quiere decir que las dos perspectivas se contradigan.
Juan Pablo II ve el proyecto divino del amor matrimonial en su “perfección originaria”, que desde su belleza llama a la libertad y a la responsabilidad. Francisco arranca de las dificultades de la vida ordinaria, en la misma perspectiva de la Alianza y como un camino con sentido redentor (cf. por ejemplo, Amoris laetitia, n. 66). De esta manera cada una de las dos perspectivas enriquece a la otra.
Como se ve, estos planteamientos (ver también, en la misma línea, la entrevista a Rocco Buttiglione del 30-V-2016) son útiles en general para el acompañamiento espiritual y pastoral, pues el Espíritu Santo se nos da en la Iglesia tanto objetivamente como subjetivamente.
Para concluir, cabría evocar la oración del Papa Francisco en una de sus homilías en Santa Marta, el 20 de mayo pasado, cuando pide que Jesús nos enseñe una gran adhesión a la verdad y una gran comprensión para el acompañamiento de todos nuestros hermanos que pasan alguna dificultad.
Después de la resurrección los discípulos se fueron a Galilea pues el Señor así se lo indicó. Alrededor del lago de Tiberiades tuvieron lugar algunos encuentros de Jesús resucitado con los apóstoles.
Se ha descubierto el lugar donde se encontraba la ciudad de Magdala, de la que era originaría María Magdalena. Allí se han hecho recientemente importantes halladgos arqueológicos. Hoy en día se sigue exavando y encontrando muchos restos arqueológicos importantes en la que ya se afirma que era la ciudad más importante de Galilea en la época del Señor.
El arqueólogo que dirige dichas excavaciones desde el año 1996 es Fr. Stefano de Luca, franciscano de la Custodia de Tierra Santa. Los hallazgos más importantes son de época asmonea y herodiana. Se han encontrado gran cantidad de monedas y abundantísima cerámica de una excelente calidad. También otros objetos menos comunes como utensilios de madera (platos, elementos decorativos). La datación en casi todos los casos es bastante segura. El trazado de la ciudad es de la época asmonea. La parte excavada parece pertenecer un área pública vinculada al puerto.
Se ha descubierto el cardo de la ciudad, la que era calle principal. Se encuentra al oeste de la parte excavada. Tiene seis metros de ancho y aceras a ambos lados. Las monedas y la cerámica encontradas indican que es de la época asmonea y que seguía en uso en la época herodiana. De Luca piensa que podría ser un ramal urbano de la Via Maris, pero aún falta una confirmación que podría venir de una piedra miliaria encontrada un poco más adelante, ahora en una colección privada.
En el lado oeste de la calle, el más alejado del puerto, se pueden apreciar umbrales de edificios aún sin excavar. Sería interesante saber si alguno de ellos puede ser identificado con un edificio doméstico, aunque lo más probable es que sean “tabernae” en las que se ofrecían diversos tipos de bienes, entre ellos seguramente comida. Es razonable pensar que se trata del cardo de la ciudad porque en la parte norte se ha encontrado una calle menor, es decir un decumano. A la altura de esta calle menor se encuentra un edificio que parece pertenecer a los baños. Ha invadido en parte la calle principal. Esto seguramente hizo más difícil el tránsito por ella. Quien hizo tal cosa-parece que el edificio era de época herodiana- debía tener mucha influencia en la ciudad.
También está la plaza de la ciudad. Entre el cardo y el puerto se encuentra una especie de plaza, que recuerda mucho los caravanserai de época mameluca. Esta vinculación entre puerto y plaza es común por ejemplo en Acre, donde cada grupo de comerciantes tenía su propio puerto vinculado a un amplio complejo, donde podían descansar y almacenar sus mercancías con seguridad. En parte este de la ciudad se encuentra el puerto, en la oeste el cardo y en la parte norte los baños. Da la impresión de que todos estos elementos están relacionados entre sí.
Con respecto a los baños, lo que en un principio se pensó que era una pequeña sinagoga ha resultado ser parte de un amplio sistema de baños que contiene nada menos que seis piscinas y un complejo sistema hidráulico. En la parte norte del complejo de las piscinas hay un enorme edificio que parece haber tenido también dos fases de construcción. Este edificio es el que invade la calle principal. Al principio fue identificado como una villa urbana, pero la cerámica y demás restos no corroboran esta suposición. Parece, más bien, un edificio anejo a los baños, pues en él se han encontrado utensilios para arreglarse las mujeres.
En relación con los baños, es importante tener en cuenta que en su entrada se encontraba el famoso mosaico de Magdala, cuyos símbolos e inscripción pueden ser estudiados ahora en un nuevo contexto. El mosaico incluía también la expresión apotropáica “KAICY” cuyo objeto es evitar el mal de ojo provocado por la envidia. Puede pensarse que quienes entraban en estos baños estaban relacionados con la pesca y con del transporte de mercancías por barco, y puede suponerse también que se trataba de una empresa próspera que despertaba la envidia (el mal de ojo estaba provocado por la envidia).
Al ser esta una ciudad tan importante de Galilea, seguro que Jesús la visitaría en varias ocasiones. En cualquier caso para conocer datos de la época del Señor tienen enorme interés los descubrimientos arqueológicos que se están realizando actualmente.
unsacerdoteentierrasanta.blogspot.com.es
"Tanto el servicio como el encuentro requieren salir de sí mismos: salir para servir y salir para encontrar, para abrazar a otra persona"
Mons. Bagobiri ha lanzado un llamamiento a la comunidad internacional para que presione a las autoridades de Nigeria para que garanticen la libertad de culto a los cristianos y otras minorías en el norte de Nigeria.
En el norte de Nigeria, entre 2006 y 2014, unos 11.500 cristianos fueron asesinados, otros 1,3 millones se vieron obligados a desplazarse y 13.000 iglesias fueron destruidas o abandonadas. Así lo afirma Mons. Joseph Bagobiri, Obispo de Kafanchan, en su informe titulado “El impacto de la violencia persistente contra la Iglesia en el norte de Nigeria”, ilustrado en una conferencia en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York.
Las comunidades más afectadas por la violencia de la secta islamista Boko Haram son las de los estados del norte de Adamawa, Borno, Kano y Yobe. Las comunidades cristianas obligadas a huir se han reubicado en los estados con mayoría cristiana del llamado "cinturón medio" (Middle Belt): Plateau, Nassarawa, Benue, Taraba y la parte sur de Kaduna.
Pero en los últimos meses, estas áreas se han visto afectadas por la violencia de los pastores Fulani. “La comunidad cristiana en los estados de mayoría cristiana del Middle Belt son las más afectadas por los ataques y las invasiones de los pastores Fulani musulmanes. Se trata de una flagrante invasión extranjera de las tierras ancestrales de los cristianos y de otras comunidades minoritarias” ha afirmado Mons. Bagobiri en su informe recibido en la Agencia Fides. “En esas zonas, los pastores Fulani aterrorizan sin cesar a las comunidades, borrando algunas de ellas del mapa, y en lugares como Agatu en el Estado de Benue y Gwantu y Manchok y en el de Kaduna, estos ataques han adquirido un carácter de genocidio, con 150-300 personas asesinadas en una noche” ha subrayado.
Mons. Bagobiri ha lanzado un llamamiento a la comunidad internacional para que presione a las autoridades de Nigeria para que garanticen la libertad de culto a los cristianos y otras minorías en el norte de Nigeria, y hagan frente a la emergencia humanitaria de la población desplazada.