Fieles católicos de la parroquia de Houng Phuong en la provincia deQuang Binh, Vietnam, sufrieron un violento ataque el miércoles 6 de abril, perpetrado por fuerzas policiales para prohibir la celebración de la fiesta anual de la parroquia. Los católicos que se opusieron a la intervención fueron golpeados y dispersados con gases lacrimógenos, quedando un saldo de tres heridos tras el acontecimiento en que tambiénfue arrancada la decoración del templo.
Cristianos de diferentes confesiones trabajan juntos en el servicio a quienes sufren y huyen de las consecuencias de la guerra
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En el día que es "como el corazón del Año Santo de la Misericordia" (3-IV-16), el Papa Francisco ha señalado una característica esencial y luminosa de la fe cristiana: que debe ser fe misericordiosa.
La salvación que Cristo nos ha ganado es obra de la misericordia divina, que pide nuestra fe. Esto queda claro al aparecer Jesús ante sus apóstoles. Y concretamente ante Tomás, al que le invita a meter su dedo en el costado abierto de Jesús, a la vez que le promete: "Bienaventurados los que sin ver, creyeron" (Jn 20, 29).
Esto se aplica a todos los creyentes. Por eso el Papa ha hablado de una "bienaventuranza de la fe". Es decir, felices los que tienen fe, entiéndase los que tienen una fe viva, los que viven de verdad, coherentemente y con todas sus fuerzas, de la fe. Y esto implica la misericordia.
¿Qué hace falta para vivir de fe? Puesto que Jesús es camino, verdad y vida (cf. Jn 14, 6), en Él está la Vida plena y verdadera (cf. Jn. 1, 4). No es de extrañar que, desde el principio de su pontificado, Francisco nos invite a “tocar” las llagas que conserva el cuerpo glorioso de Cristo en sí mismo y también en los pobres y necesitados, con los que Él quiere identificarse. En efecto, reconocerle en los más indigentes es la única manera de que Él nos reconozca el último día (cf, Mt. 25, 35 ss.).
Entre los primeros cristianos, el segundo domingo de pascua se quitaba a los recién bautizados la vestidura blanca que se les habíapuesto en la vigilia pascual. Y se hacía porque desde su bautismo estaban revestidos de Cristo (cf. Flp 2, 5). Actualmente en la vigilia de la Pascua se bautizan miles de nuevos cristianos adultos en todo el mundo. Y la vez sabemos que en nuestro tiempo continúan las persecuciones y las muertes de muchos otros que dan su vida precisamente por ser cristianos. Son realidades de fe vivida que nos han de llevar a pensar en nuestra fe. Muchos la abrazan y muchos dan su vida por ella. ¿Y nosotros?
Son estos días de Pascua muy buenos para recomenzar la vida cristiana, con la alegría y la paz que sólo Cristo puede traernos. Cuando encontramos a Cristo, todas las cosas anteriores se vuelven relativas. De modo que sólo en ese encuentro cada uno podrá decir, como ha expresado Raniero Cantalamessa evocando la conocida canción de Edith Piaff: Je ne regrette rien, no echo nada de menos, pues hoy que estoy contigo, todo comienza de nuevo.
El domingo de la misericordia nos hace presente, dice el Papa (cf. Discurso en las Vísperas del Domingo de la Misericordia, 2-IV-2016), que no debemos acostumbrarnos a ella, sino más bien, hemos de saber recibirla, buscarla, desearla, también ofrecerla. Misericordia significa cercanía y se manifiesta en ayuda y protección, en compasión y comunicación, consuelo y perdón.
La Biblia presenta a Dios como un padre y una madre que toman a su hijo pequeño, y lo aprietan contra su mejilla: así es el amor de Cristo por nosotros, con hechos. Así deberíamos hacer nosotros con el que está más lejos, el más débil, el que está solo, confundido y marginado. Salir a buscar la oveja perdida, quizá contagiosa, y atrevernos a mirarla a los ojos, porque cada persona es única y valiosa ante Dios. Acercarnos a tocar su llaga, que es llaga de Jesús y acariciarla. Y también dejar que otros toquen y acaricien nuestras llagas.
Y por estos caminos llega Francisco al punto central: “Una fe que no es capaz de ser misericordiosa, como son signo de misericordia las llagas del Señor, no es fe, es idea, es ideología” (Ibid.)
Así es. Y por eso la fe vivida no es simplemente “practicar la fe”, en el sentido de conocer la doctrina cristiana y participar en la Misa, confesarse, rezar con frecuencia, etc. Sin eso, desde luego, no hay fe cristiana propiamente dicha. Al mismo tiempo, la oración y los sacramentos llevan –deben llevar– a vivir las obras de misericordia corporales y espirituales, que son "el estilo de vida del cristiano", comenzando en el contexto de la vida ordinaria, de la familia, del trabajo, de las relaciones sociales.
Esto es, observa Francisco, una “fe encarnada”, como carne se hizo Dios en Jesús por nosotros y fue llagado por nosotros. Es así como, en cierto sentido, los cristianos seguimos "escribiendo el Evangelio" con nuestra vida (cf. Homilía en el Domingo de la Misericordia, 3-IV-2016).
Evoca el Papa el icono oriental de la Pascua. Representa a Cristo que desciende a los "infiernos" (al lugar donde según la tradición antigua estaban esperando los justos) para rescatarlos. Esto contrasta con el miedo de los discípulos, que tenían las puertas cerradas, como también es quizá nuestra situación de acomodo a la defensiva. Así dice Francisco: “Cristo, que por amor entró atravesando las puertas cerradas del pecado, de la muerte y de los infiernos, desea entrar también en cada uno para abrir de par en par las puertas cerradas del corazón. Él, que con la resurrección venció el miedo y el temor que nos aprisionan, quiere abrir nuestras puertas cerradas y enviarnos" (Ibid.).
Siguiendo a Cristo, todo cristiano es apóstol, que quiere decir enviado, para sanar tantas heridas. "Muchas personas piden ser escuchadas y comprendidas. El Evangelio de la misericordia, que hay que anunciar y escribir con la propia vida, busca personas con corazón paciente y abierto, 'buenos samaritanos' que conozcan la compasión y el silencio ante el misterio del hermano y la hermana; pide siervos generosos y alegres, que amen gratuitamente, sin pretender nada a cambio" (Ibid.).
La misericordia, como manifestación principal de la caridad, es una dimensión igualmente esencial de la fe y de la esperanza, y pertenece al núcleo del Evangelio que hemos de vivir. Y para ello el Papa nos da un consejo certero: la unión con el Espíritu Santo, que es el amor y la misericordia de Dios que se comunica a nuestros corazones. A nosotros nos toca serle dóciles y no poner obstáculos (sobre todo por el pecado) a su acción, a su gracia.
"Pidamos –nos anima Francisco– la gracia de no cansarnos nunca de sentir la misericordia del Padre y de llevarla al mundo: pidamos ser nosotros mismos misericordiosos, para difundir por todas partes la fuerza del Evangelio, para escribir esas páginas del Evangelio que el apóstol Juan no escribió" (Ibid.).
Quizá pensábamos hasta ahora que las obras de misericordia eran como un “algo más” en la fe cristiana, como un bonito colofón, quizá un poco accidental, o sólo para algunos casos. Pero no. Las obras de misericordia expresan formas superiores del amor al prójimo. Y son esenciales a la vida de la fe, que ha de ser misericordiosa.
Generoso Urciuoli, arqueólogo del centro de Petrie, Italia, y Marta Berogno arqueóloga y egiptóloga en el Museo Egipcio de Turín, también de Italia, son los responsables de esta investigación que se publicará en un libro el próximo mes con el nombre de “Gerusalemme: L’Ultima Cena“ (Jerusalén, la Última Cena).
El material recogido por ellos fue suficiente para que los arqueólogos pudieran encontrar información sobre los hábitos alimenticios en Jerusalén al inicio del primer siglo d.C., se encontraron con que la Ultima Cena no se servía en mesa rectangular, como se muestra en muchas pinturas de arte religioso, pero con Jesús y sus apóstoles sentados sobre cojines en el suelo, al igual que los romanos se comportaron en esa época. “En ese momento en Palestina, la comida fue colocada en mesas bajas y los invitados comieron en cojines en el suelo y alfombras de reclinación”, dijo Urciuoli.
También de acuerdo con el arqueólogo, “los judíos observaban las normas de pureza como los vasos de piedra, porque no eran susceptibles a la transmisión de impurezas” o se utilizaban como platos, cuencos y jarras de cerámica, que era una tendencia internacional en esa época.
La posición que Jesús y sus apóstoles se sentaron también siguió una regla precisa en la que los clientes más importantes se sentaron a la derecha o la izquierda del invitado principal.
“Los versos del Evangelio de Juan indican que Judas estaba muy cerca de Jesús, probablemente, a su izquierda. De hecho, se nos dice que Judas sumergió su pan en el plato de Jesús, siguiendo la práctica de compartir la comida de un plato común”, dice Urciuoli.
Para encontrar el menú de la Última Cena, utilizaron pasajes bíblicos como la Fiesta de los Tabernáculos, las bodas de Caná (donde Jesús convirtió el agua en vino), y el banquete de Herodes (cuando se pidió la cabeza de Juan el Bautista). “Las Bodas de Caná nos permitieron comprender las leyes religiosas judías dietéticas, conocidos como kashrut, que establecen qué alimentos pueden y no se pueden comer y cómo deben estar preparados. Por otro lado, la fiesta de Herodes nos permitió analizar las influencias culinarias romanas en Jerusalén”, dijo el arqueólogo.
Por lo tanto, los estudios revelan que más allá del pan sin levadura y el vino, se sirvió: tzir, una variante de garum, la salsa de pescado romana; cordero; cholent, un plato de guiso de judías cocidas al horno a fuego lento; aceitunas con hisopo, una hierba con sabor a menta; hierbas amargas con pistachos y charoset de tamaras; además, de pasta de nueces.
“Las hierbas amargas y el charoset son típicos de la Pascua, o el cholent comido durante las fiestas, mientras que el hisopo también se consumía a diario”, dice el investigador.
El grupo islamista Boko Haram ha intensificado la violencia en el noreste de Nigeria y en la frontera con Camerún, Chad y Níger, sitios en los cuales se ha incrementado la cantidad de refugiados y desplazados internos. Los más afectados durante estos últimos meses son las mujeres y los niños.
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A lo largo de "Amoris Laetitia”, el Papa da muy buenos consejos para la vida diaria de las parejas. Por ejemplo, propone una buena estrategia para hablar de temas difíciles
En la lista de consejos prácticos, el Papa dice que "es bueno darse siempre un beso por la mañana, bendecirse todas las noches, esperar al otro y recibirlo cuando llega, tener alguna salida juntos, compartir tareas domésticas. Pero al mismo tiempo es bueno cortar la rutina con la fiesta, no perder la capacidad de celebrar en familia, de alegrarse y de festejar las experiencias lindas”.
Se basa en fragmentos encontrados en una fortaleza del desierto de Judea, y sugiere que de aquella época pudieron haberse escrito textos como el Libro de Josué, Jueces, Samuel o Reyes.
El análisis de inscripciones de fragmentos excavados en una fortaleza del desierto de Judea arrojan luz sobre el alto nivel de alfabetización seis siglos antes de nuestra era y la posibilidad de que algunos textos bíblicos fueran escritos incluso antes de la caída de Jerusalén en el 586 a.C.
Así lo apunta un estudio elaborado por un equipo interdisciplinar de la Universidad de Tel Aviv y que publica hoy la revista científica «PNAS», que analizó los fragmentos de cerámica con inscripciones encontrados en la fortaleza de la antigua ciudad cananea de Arad, en el desierto del Neguev, enel sur de Israel.
Los investigadores y expertos en textos bíblicos se preguntan desde hace décadas cuál fue la extensión de la Biblia hebrea elaborada antes de la caída del reino de Judá -y con él de Jerusalén- en manos del monarca babilonio Nabocodonosor II en el 586 a.C.
«Muchos estudios aseguran que en el período del Primer Templo (de Salomón, destruido por esa dinastía babilonia) había un nivel muy bajo de alfabetización, por lo que no hubo razón para transcribir textos bíblicos», explica Arie Shaus, doctor de la Universidad de Tel Aviv y uno de los principales autores de la investigación.
Sin embargo, a fin de contrastar esas teorías, el equipo analizó las inscripciones aparecidas en los fragmentos de cerámica conocidos en el argot arqueológico como ostracón, que habían sido hallados previamente en la fortaleza de Arad por la propia Universidad, en excavaciones que comenzaron en los años 60 del siglo pasado.
Dicha fortaleza, de pequeñas dimensiones, con apenas 2.000 metros cuadrados, y que según lo expertos albergaba en la antigüedad entre 20 y 40 soldados, estaba situada en los confines del reino de Judá con el reino de Edom, más al sur.
Los investigadores la datan unos 600 años a.C., un turbulento período que precedió al Primer Exilio de los judíos en la entonces Babilonia. «Se trata de un período muy cercano a la destrucción del Templo de Jerusalén», subrayó el investigador.
Allí, en la fortaleza, se hallaron un centenar de estos fragmentos, probablemente escritos por escribas profesionales. Sus inscripciones reflejan normas y directrices cotidianas de la fortaleza como «tráeme aceite, harina o marcha para tal sitio», explica Shaus.
El equipo elaboró un modelo basado en algoritmos que analizó 16 inscripciones y permitió deducir con un alto nivel de probabilidad que pertenecían a 18 textos diferentes, escritos al menos por seis autores. Pero los escritos mostraban también instrucciones más sofisticadas para el movimiento de tropas y el registro de gastos de avituallamiento, lo que según los autores refleja que existía en ese período un alto nivel de escritura en toda la cadena de mando -desde los comandantes hasta los administradores del regimiento- y señalan la existencia de profesionales de la escritura.
«Si analizas los textos con detenimiento llegas a la conclusión de que todo el aparato del Ejército era ilustrado y podemos presumir que en el reino había un sistema educativo que permitió no sólo a los sacerdotes y escribas, sino a muchas otras personas poder leer y escribir», subraya Shaus.
La existencia de un elevado nivel de alfabetización unos 600 años a.C. llevó a los autores a preguntarse si este hecho se puede relacionar con una posible primera versión escrita del Pentateuco e incluso de otros libros tempraneros de la Biblia.
«Tenemos razones para creer que esta habilidad implicó la existencia de textos bíblicos puesto que hubo un público que podía apreciar estos escritos», argumenta.
Y sin adentrarse demasiado en el terreno de los expertos en la Biblia, concluye que por aquella época pudieron haberse escrito textos como el Libro de Josué, Jueces, Samuel o Reyes, algunas de las composiciones bíblicas que configuraron la piedra angular de la teología de este reino israelita.
EFE Jerusalén
A muchos ha sorprendido el tono positivo sobre la sexualidad
En un recorrido realista por las fases del matrimonio, el Papa evoca el momento enel que "la apariencia física cambia”. Dice que como nos enamoramos "de una persona entera con una identidad propia, no sólo de un cuerpo”, "ese cuerpo, más allá del desgaste del tiempo, nunca deja de expresar de algún modo esa identidad personal que ha cautivado el corazón”.
Este 2 de abril falleció Mons. Zeng Jingmu, Obispo de Yujiang, China, al que las autoridades civiles no reconocieron y que desarrolló suapostolado en la clandestinidad. Su fidelidad a la Santa Sede, le hizo padecer prisión durante 23 años. A los 96 años ha fallecido de manera natural después de sufrir una caída que le causó daños en el cráneo.