El sacerdote Guillermo Gutiérrez piensa que la mayor novedad no será un cambio doctrinal sino una respuesta pastoral de la Iglesia adecuada para los desafíos de la familia en el siglo XXI.
La presentarán en la Sala de prensa vaticana, a las 11,30 de la mañana, según indicó el portavoz vaticano, el padre Federico Lombardi, los cardenales Lorenzo Baldisseri, Secretario del Sínodo, y Christoph Schönborn, arzobispo de Viena, además de una pareja de cónyuges, Francesco y Giuseppina Miano, que participaron en ambas Asambleas sinodales. La Conferencia de prensa serátransmitida en vivo Vatican Player della Radio Vaticana y permanecerá archivada en el Vatican Player della Radio Vaticana.
El texto embargado de la exhortación estará a disposición de los periodistas acreditados a partir de las 8 de la mañana de ese mismo día.
Ante la brutal violencia terrorista, habrá quien se pregunte dónde está Dios. Y los cristianos decimos: aquí, Dios está aquí, sufriendo con nosotros y con todos los que sufren, ahora y hasta el fin del mundo.
Del trono de la gracia, desciende el amor de Dios que limpia el mal volcado por el hombre sobre el mundo
Ante la brutal violencia terrorista, habrá quien se pregunte dónde está Dios. Y los cristianos decimos: aquí, Dios está aquí, sufriendo con nosotros y con todos los que sufren, ahora y hasta el fin del mundo.
No otra cosa revivimos en la Semana Santa. En una entrevista al papa emérito Benedicto XVI, publicada en un libro reciente y recogida en el “Osservatore Romano”, sale a relucir el sentido del sufrimiento en Dios.
El hombre moderno parece no tener necesidad de justificarse ante Dios, e incluso a veces se atreve a pedir a Dios que se justifique ante los males del mundo. El hombre ha perdido la sensibilidad de los propios pecados, se cree justo, y no siente necesidad de ninguna salvación. O por lo menos tiene la sensación de que Dios no puede dejar que se pierda la mayor parte de la humanidad.
Pero de otro lado se siente la necesidad de la misericordia de Dios y de su delicadeza. Así lo experimentaron Faustina Kowalska y san Juan Pablo II, quien afirma que la misericordia es lo único que verdaderamente es eficaz contra el mal. “En la dureza del mundo tecnificado en el que los sentimientos ya no cuentan nada –observa el papa Ratzinger–, aumenta sin embargo la espera de un amor salvífico que venga dado gratuitamente”.
En este marco se plantea la relación entre Dios Padre y su Hijo. No sirve insistir sobre la justicia en un sentido absoluto o cruel, con el argumento de que el Hijo obedece al Padre y obedeciendo acepta la cruel exigencia de la justicia. Explica Benedicto XVI: “Cuando el Hijo en el huerto de los olivos lucha contra la voluntad del Padre, no se trata del hecho de que deba aceptar una disposición cruel de Dios, sino que se trata de atraer a la humanidad dentro de la voluntad de Dios” (sobre la relación entre las dos voluntades del Padre y del Hijo, puede verse el libro de J. Ratzinger, Jesús de Nazaret, vol. I, especialmente su capítulo 6).
Pero entonces, se pregunta el papa emérito, ¿qué sentido tiene la cruz? Y responde de este modo: tengamos presente la sucia y enorme cantidad del mal, de la violencia y de la mentira, del odio, la crueldad y la soberbia que inundan el mundo entero. La tradición del Antiguo Testamento esperaba en un amor infinito que pudiera vencer el mal y el sufrimiento del mundo. Cristo nos trae, especialmente en su sufrimiento, ese amor y esa victoria.
En este marco se plantea si esto implica, y en qué sentido, el sufrimiento de Dios Padre.
En su argumentación, Benedicto XVI reproduce un texto de Henri De Lubac. Éste presenta primero el amor de Cristo que le lleva a padecer por nosotros: “El Redentor entró en el mundo por compasión hacia el género humano. Cargó sobre sí nuestros padecimientos mucho antes de sercrucificado; es más, incluso antes de abajarse a asumir nuestra carne: si no los hubiese experimentado antes no habría venido a formar parte de nuestra vida humana. ¿Y cuál fue ese sufrimiento que soportó antes por nosotros? Fue la pasión del amor”.
Pero no se trata solamente del sufrimiento de Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, al que representamos en las figuras de la Semana Santa; sino que se pregunta De Lubac: “Pero el Padre mismo, el Dios del universo, el que es sobreabundante en longanimidad, paciencia, misericordia y compasión, ¿no sufre también él en un cierto sentido?”.
Y aquí cita un pasaje bíblico: “El Señor tu Dios se ha puesto tus vestidos como el que carga a su hijo” (Dt. 1,31). “Dios –comenta De Lubac– toma sobre sí nuestros vestidos como el Hijo de Dios toma sobre sí nuestros sufrimientos. ¡El Padre mismo no carece de pasiones! Si se le invoca, entonces Él conoce misericordia y compasión. Él siente un sufrimiento de amor”.
En este punto interviene Benedicto XVI, evocando devociones de su tierra e imágenes del arte cristiano.
“En algunas zonas de Alemania hubo una devoción muy conmovedora que contemplaba la Not Gottes (‘la indigencia de Dios’). A mí me evoca una imagen impresionante que representa al Padre que sufre, que como Padre participa interiormente en los sufrimientos del Hijo. Y también la imagen del ‘trono de gracia’ forma parte de esta devoción: el Padre sostiene la cruz y el crucificado, se inclina amorosamente sobre él y de otra parte, por así decir, está junto con él en la cruz. Así de modo grandioso y puro se advierte ahí qué significan la misericordia de Dios y la participación de Dios en el sufrimiento del hombre”.
Y deduce: “No se trata de una justicia cruel, ni del fanatismo del Padre, sino de la verdad y de la realidad de la creación: de la verdadera e íntima superación del mal que, en último análisis, solo pude realizarse en el sufrimiento del amor”.
En efecto, del trono de la gracia, que es la Cruz de Jesús, desciende el amor de Dios que limpia el mal volcado por el hombre sobre el mundo a través de los siglos. Ese amor que el Padre juntamente con el Hijo han manifestado con el sufrimiento de la cruz y que mana en misericordia.
En el Año de la misericordia, el papa Francisco ha explicado el sentido de la Semana Santa.
El jueves santo, Jesús instituye la Eucaristía, como amor que anticipa la Cruz y se hace servicio, especialmente para los más débiles.
“El Viernes santo es el momento culminante del amor. La muerte de Jesús, que en la cruz se abandona al Padre para ofrecer la salvación al mundo entero, expresa el amor entregado hasta el fin, sin fin. Un amor que pretende abrazar a todos, sin excluir a nadie. Un amor que se extiende a todo tiempo y a todo lugar: una fuente inagotable de salvación a la que cada uno de nosotros, pecadores, puede llegar” (Audiencia general, 23-III-206).
Así es el amor de Dios Padre, del Hijo y del Espíritu Santo que se entregará en la Pentecostés a la acción de la gracia en el mundo.
Concluye Francisco: “Si Dios nos ha demostrado su amor supremo en la muerte de Jesús, entonces también nosotros, regenerados por el Espíritu Santo, podemos y debemos amarnos los unos a los otros”. Luego, el sábado santo es el día del silencio de Dios, en espera de amor por los abandonados.
En conjunto, y esto es lo que celebramos en la Semana Santa, “es todo un gran misterio de amor y de misericordia” que viene a nuestro encuentro para llevarnos hasta la Resurrección. Un amor y una misericordia que nos pueden cambiar, a condición de que lo acojamos, tanto en la confesión de nuestros pecados como en el ejercicio de las obras de misericordia.
El perdón, señaló el Papa, es la verdadera necesidad del hombre y el único que puede perdonar su pecado, por muy grande que sea, es Dios.
Francisco está por delante de otros líderes mundiales como Obama, Merkel, Cameron u Hollande.
¿Cuál piensa que es el país donde el Papa Francisco es más querido? ¿Su Argentina natal? ¿México? ¿Filipinas?
El Foro Romano ofrece desde el pasado 16 de marzo la posibilidad de visitar la iglesia de Santa María Antigua, cerrada tres décadas, que sobrevivió a un terremoto en el 847 y aún conserva un patrimonio pictórico único del cristianismo del primer milenio
Arquitectos y restauradores han devuelto su esplendor a este «emblema de la cristiandad y del arte bizantino de la Edad Media» a través de complejas labores de restauración, dijo el pasado miércoles en el acto de apertura el superintendente del área arqueológica de Roma, Francesco Prosperetti.
Esta ardua tarea consistió en proteger las pinturas de la humedad para mejorar las condiciones microclimáticas, limpiar las pinturas y reducir el impacto visual de los rayos solares al reconstruir el techo de las zonas a la intemperie.
La compleja labor de estratificación pictórica que ha mejorado la legibilidad y la falta de color de algunas pinturas ha sido posible gracias a la tecnología digital, con la técnica del «videomapping».
Un método que ha llevado por primera vez la vanguardia de lo audiovisual al Foro Romano para restituir fragmentos de decoración y aislar los estratos de pintura de las paredes.


Esta técnica que aprovecha los relieves de los edificios para proyectar luces y crear efectos ha sido empleada para «acercar la memoria histórica al público», subrayó Prosperetti.
Efectos especiales, juegos de luces y música se entremezclan para exhibir, a través de potentes proyectores, imágenes de alta calidad que reproducen pinturas sagradas cristianas, de entre los siglos IV y VIII d.C.
Todo un despliegue de ilusiones ópticas y tecnología punta que envuelven un espacio que cobra vida desde el pasado miércoles con motivo de la exposiciónSanta María Antigua. Entre Roma y Bizancio, promovida por la superintendencia del área arqueológica de Roma.
La iglesia muestra en sus paredes algunos de los frescos que fueron pintados entre los siglos IV y VIII d.C, un conjunto único del arte bizantino, dado que la gran mayoría del patrimonio pictórico de la época quedó destruido por la furia de la iconoclasia.
El movimiento iconoclasta prohibió durante el siglo VIII realizar y exponer imágenes religiosas en todo el territorio imperial y, sin embargo, los frescos de Santa María Antigua consiguieron sobrevivir a la prohibición y permanecer en sus paredes a lo largo de los siglos.
No obstante, los frescos sufrieron sucesivas filtraciones de agua con el paso de los siglos que afectaron a la estructurageneral de la iglesia.
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Este espacio también tuvo que hacer frente al terremoto registrado en el año 847 en Roma y que provocó numerosos daños en los Foros, donde se desarrollaba la vida económica, social y religiosa de la ciudad en la época del Imperio Romano.
Tras el terremoto, la iglesia quedó abandonada y soterrada bajo los escombros, y no fue hasta el año 1900 cuando Santa María Antigua fue redescubierta gracias a las excavaciones.
«Es la primera vez que el visitante podrá disfrutar de una experiencia global que abarca la iglesia de Santa María Antigua, que hace la función de puente entre el Foro y el Palatino», declaró una de las comisarias de la muestra Maria Andaloro.
Situada en la pendiente norte occidental del monte Palatino, una de las colinas más céntricas de Roma, la iglesia fue construida reutilizando el vestíbulo monumental del palacio imperial del emperador Domiciano, y su decoración se llevó a cabo en tres etapas sucesivas, de las que aún hoy se conservan 250 metros cuadrados de pinturas.
Se trata de un «testimonio irrepetible que permite a sus espectadores reconocer su estructura arquitectónica original y comprender así la atmósfera y la simplicidad de una iglesia de los primeros siglos del cristianismo», sostuvo Prosperetti.
Además, agregó, este edificio jugó un papel «central en la cristianización del Foro Romano y en la relación de Roma con la cultura bizantina en una zona estratégica, centro de vida religiosa y servicios de aprovisionamiento para ciudadanos y peregrinos».
Una oportunidad única para admirar las joyas pictóricas de un espacio que fue clave para el cristianismo en la Edad Media.
"Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los fundamentalismos y en el terrorismo de los seguidores de una religión que profanan el nombre de Dios y lo utilizan para justificar su inaudita violencia”
En la masacre perdieron la vida también muchísimos musulmanes, quienes también son víctima del terrorismo fundamentalista de inspiración islámica.
“Entre las víctimas hay muchos cristianos, después de la celebración fueron al parque… gente pobre, gente sencilla, que estaba viviendo con alegría este día de fiesta y de vacaciones”. El padre Ashraf Gill es un joven sacerdote católico, párroco en la periferia de Lahore. Su voz se rompe por la tristeza. El atentado del domingo de Pascua que mató a mujeres y niños, muchos de los cuales acababan de salir de las celebraciones en las dos cercanas iglesias pentecostales de la Asamblea de Dios, afectó mucho también a su familia. “Mis padres viven a menos de dos kilómetros del lugar del atentado —explicó a ‘La Stampa’. Mi cuñada y su primo resultaron gravemente heridos, además de otras 400 personas”. En la masacre perdieron la vida también muchísimos musulmanes, quienes también son víctima del terrorismo fundamentalista de inspiración islámica.
Es difícil la vida para las minorías religiosas en Paquistán: “Hoy sufren las consecuencias del fundamentalismo y del terrorismo”, afirmó el sacerdote. La noticia no había sido revelada debido a las horrendas dimensiones del atentado de Lahore, “pero el mismo día de Pascua —explicó el padre Gill— un cristiano fue asesinado en Islamabad. Cada vez que celebramos una misa, cada vez que festejamos una de nuestras fiestas tenemos miedo”.
El párroco paquistaní convive con el terror, pero de su boca no sale ni una palabra de odio. Como cuando recuerda los atentados del 15 de marzo de 2015, contra dos Iglesias de Youhanabad, suburbio completamente cristiano que se encuentra a las afueras de Lahore, en donde viven más de 200 mil protestantes y católicos. “El canto del ofertorio durante la misa dominical fue interrumpido primero por disparos y después por una violenta explosión”. Las víctimas fueron 22 y hubo unos ochenta heridos. El padre Gill fue uno de los primeros que acudió para consolar a los sobrevivientes entre los cuerpos mutilados de las víctimas. En 2014 una pareja de cristianos fue quemada viva en un horno en Kot Radha Kishn por fundamentalistas islámicos. En septiembre de 2013 un ataque contra la Iglesia de Todos los Santos de Peshawar provocó 127 víctimas. No se puede olvidar la ley contra la blasfemia, que llevó a la cárcel hace siete años a Asia Bibi, la mujer cristiana condenada a muerte por una presunta profanación de El Corán.
Los cristianos paquistaníes son alrededor de 4 millones (y de ellos casi un millón son católicos) en un país cuya población ronda los 180 millones de personas. Aunque las antiguas castas hindúes han sido abolidas, cierta mentalidad ha permanecido en la sociedad: los cristianos son de los más pobres y hacen los trabajos más humildes. A menudo sufren discriminación. El padre Emmanuel Yousaf, director de la Comisión Justicia y Paz del episcopado paquistaní, pidió justicia: “Somos ciudadanos paquistaníes como los demás”.
En diciembre del año pasado, el ayuntamiento de Islamabad cortó el agua a una zona de la periferia en la que viven familias cristianas pobres; la autoridades de la capital pretendían demoler todas las viviendas improvisadas porque eran “abusivas”. La decisión fue suspendida por la Suprema Corte. Lo que la inquietó y la llevó a tomar esa decisión fueron los motivos que habían argumentado desde la “Capital Development Authority”: “los suburbios cristianos amenazan a la mayoría musulmana”.
Durante la última décadas, las víctimas del terrorismo en Paquistán han sido 50.000, 45.000 de las cuales eran civiles. Los cristianos no son los únicos que están en la mira de los ataques perpetrados por los grupos fundamentalistas. También han sido atacadas comunidades musulmanas chiitas y ajmadíes, líderes musulmanes sunitas moderados, mezquitas de los sufis, escuelas y centros gubernamentales.
Después de los atentados contra las dos iglesias de Youhanabad, grupos de cristianos exasperados lincharon a dos musulmanes que no tenían nada que ver con los atentados. Pero ese linchamiento fue una excepción terrible. Los cristianos desean justicia, no venganza. El obispo Joseph Coutts, Presidente de la Conferencia Episcopal católica de Paquistán, repite: “Nuestra misión es ser testigos de paz y de misericordia en un país sacudido por el terrorismo. Solo el amor de Cristo resucitado hace que no perdamos la esperanza”.
En esta situación, no faltan los gestos de amistad de los musulmanes, como los del líder religioso de la mezquita Badshahi de Lahore, la quinta mezquita más grande del mundo. El imán Maulana Abdul Khabir Azadla desde hace años está comprometido en la defensa de los fieles de Cristo.
En la Audiencia General, el Papa Francisco explicó que la Resurrección de Cristo trae una alegría "profunda y auténtica”. Añadió que cuando los cristianos "se encierran en el egoísmo”, están buscando "entre los muertos al que está vivo”.
Thomas Uzhunnalil, de nacionalidad india, fue secuestrado en Yemen a principios de marzo
El grupo terrorista Daesh perpetró otro asesinato durante este Viernes Santo. Según informa el medio estadounidense «Washington Times», los islamistas mataron al cura salesiano Thomas Uzhunnalil, secuestrado en Yemen en marzo, ese mismo día. Como indica ese periódico, lo crucificaron.
«The Washington Times» señala que Uzhunnalil, de nacionalidad india, fue capturado a principios de mes durante un ataque que acabó con la vida de 16 personas más, en concreto monjas y enfermeras. Desde el momento de su secuestro, fieles y diplomáticos unieron sus esfuerzos para obtener su liberación, sin éxito.
Los terroristas de Daesh, que pierden actualmente terreno tanto en Siria como en Irak, perpetraron el pasado martes el atentado que acabó con la vida de 35 personas e hirió a al menos 200 en Bruselas. Este domingo, el Ejército sirio logró arrebatar a los islamistas el control de la ciudad de Palmira, una importante derrota para los yihadistas.
Jesús fue detenido y su caso fue examinado ante el Sanedrín. No se trató de un proceso formal, con los requerimientos que más tarde se recogerían en la Misná (Sanhedrin IV, 1) —y que exigen entre otras cosas que se tramite de día—, sino de un interrogatorio en domicilios particulares para contrastar las acusaciones recibidas o las sospechas que se tenían acerca de su enseñanza. En concreto, sobre su actitud crítica hacia el templo, el halo mesiánico en torno a su persona que provocaba con sus palabras y actitudes y, sobre todo, acerca de la pretensión que se le atribuía de poseer una dignidad divina. Más que las cuestiones doctrinales en sí mismas, tal vez lo que realmente preocupaba a las autoridades religiosas era el revuelo que temían provocase contra los patrones establecidos. Podría dar lugar a una agitación popular que los romanos no tolerarían, y de la que se podría derivar una situación política peor de la que mantenían en ese momento.
Estando así las cosas trasladaron la causa a Pilato, y el contencioso legal contra Jesús se llevó ante la autoridad romana. Ante Pilato se expusieron los temores de que aquel que hablaba de un «reino» podría ser un peligro para Roma. El procurador tenía ante él dos posibles fórmulas para afrontar la situación. Una de ellas, la coercitio («castigo, medida forzosa») que le otorgaba la capacidad de aplicar las medidas oportunas para mantener el orden público. Amparándose en ella podría haberle infligido un castigo ejemplar o incluso haberlo condenado a muerte para que sirviera como escarmiento. O bien, podía establecer una cognitio («conocimiento»), un proceso formal en que se formulaba una acusación, había un interrogatorio y se dictaba una sentencia de acuerdo con la ley.
Parece que hubo momentos de duda en Pilato acerca del procedimiento, aunque finalmente optó por un proceso según la fórmula más habitual en las provincias romanas, la llamada cognitio extra ordinem, es decir un proceso en el que el propio pretor determinaba el procedimiento y él mismo dictaba sentencia. Así se desprende de algunos detalles aparentemente accidentales que han quedado reflejados en los relatos: Pilato recibe las acusaciones, interroga, se sienta en el tribunal para dictar sentencia (Jn 19,13; Mt 27,19), y lo condena a muerte en la cruz por un delito formal: fue ajusticiado como «rey de los judíos» según se hizo constar en el titulus crucis.
Las valoraciones históricas en torno a la condena a muerte a Jesús han de ser muy prudentes, para no realizar generalizaciones precipitadas que lleven a valoraciones injustas. En concreto, es importante hacer notar —aunque es obvio— que los judíos no son responsables colectivamente de la muerte de Jesús. «Teniendo en cuenta que nuestros pecados alcanzan a Cristo mismo (cf. Mt 25, 45; Hch 9, 4-5), la Iglesia no duda en imputar a los cristianos la responsabilidad más grave en el suplicio de Jesús, responsabilidad con la que ellos con demasiada frecuencia, han abrumado únicamente a los judíos» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 598).
Bibliografía: Simon Légasse, El proceso de Jesús. La historia (Desclée de Brouwer, Bilbao 1995); Francisco Varo, Rabí Jesús de Nazaret (B.A.C., Madrid, 2005) 186-188.