"Que la Cuaresma nos prepare el corazón para recibir el perdón de Dios. Pero recibirlo y después hacer lo mismo con los demás"
Todos tenemos que pedir perdón. Lo dijo el Papa Francisco durante su homilía de este martes en Casa Santa Marta.
El padre Sami Hallak cuenta a través de un diario cotidiano, cómo los sirios viven el conflicto armado y sus consecuencias.
"Jesús, con una paciencia sin límites, obtiene todavía una prórroga para la higuera infecunda, que somos nosotros."
Como cada domingo, el papa Francisco rezó la oración del ángelus desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico, ante una multitud que le atendía en la plaza de San Pedro.
Dirigiéndose a los fieles y peregrinos venidos de todo el mundo, que le acogieron con un largo y caluroso aplauso, el Pontífice les dijo:
“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Cada día, lamentablemente, las crónicas reportan malas noticias: homicidios, accidentes, catástrofes… en el pasaje evangélico de hoy, Jesús se refiere a dos hechos trágicos que en aquel tiempo habían suscitado mucha sensación: una represión cruel realizada por los soldados romanos dentro del templo; y el derrumbe de la torre de Siloé, en Jerusalén, que había causado dieciocho victimas (Cfr. Lc 13, 1-5).
Jesús conoce la mentalidad supersticiosa de sus oyentes y sabe que ellos interpretan este tipo de acontecimientos de modo equivocado. De hecho, piensan que, si aquellos hombres han muerto así, cruelmente, es signo que Dios los ha castigado por alguna culpa grave que habían cometido; como diciendo: “se lo merecían”. Y en cambio, el hecho de ser salvados de la desgracia equivalía a sentirse “bien”. Ellos se lo merecían; yo estoy bien.
Jesús rechaza claramente esta visión, porque Dios no permite las tragedias para castigar las culpas, y afirma que aquellas pobres víctimas no eran peores que los otros. Más bien, Él invita a sacar de estos hechos dolorosos una enseñanza que se refiere a todos, porque todos somos pecadores; de hecho, dice a aquellos que le habían interpelado: “Si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo” (v. 3).
También hoy, frente a ciertas desgracias y a eventos dolorosos, podemos tener la tentación de “descargar” la responsabilidad en las víctimas o incluso en Dios mismo. Pero el Evangelio nos invita a reflexionar: ¿Qué idea de Dios nos hemos hecho? ¿Estamos realmente convencidos de que Dios es así, o esto no es más que nuestra proyección, un dios hecho “a nuestra imagen y semejanza”?
Jesús, al contrario, nos invita a cambiar el corazón, a hacer una radical inversión en el camino de nuestra vida, abandonando los compromisos con el mal –y esto lo hacemos todos, ¿eh?, los compromisos con el mal–, las hipocresías –pero, yo creo que casi todos tenemos un poco, de hipocresía–, para retomar decididamente el camino del Evangelio. Pero está ahí, nuevamente, la tentación de justificarse: ¿De qué cosa debemos convertirnos? ¿No somos en fin de cuentas buenas personas –cuántas veces hemos pensado esto: pero, en fin de cuentas yo soy bueno, soy alguien bueno… ¿y no es así, ‘eh?–, ¿no somos creyentes, incluso bastante practicantes? Y nosotros creemos que así nos justificamos.
Lamentablemente, cada uno de nosotros se asemeja mucho a un árbol que, durante años, ha dado múltiples pruebas de su esterilidad. Pero, afortunadamente para nosotros, Jesús se parece a un agricultor que, con una paciencia sin límites, obtiene todavía una prórroga para la higuera infecunda: “Déjala todavía este año –dice el dueño– […] Puede ser que así dé frutos en adelante”.
Un “año” de gracia: el tiempo del ministerio de Cristo, el tiempo de la Iglesia antes de su regreso glorioso, el tiempo de nuestra vida, marcado por un cierto número de Cuaresmas, que se nos ofrecen como ocasiones de arrepentimiento y de salvación. Un tiempo de un Año Jubilar de la Misericordia. La invencible paciencia de Jesús, ¿Habéis pensado en la paciencia de Dios? ¿Habéis pensado también en su irreducible preocupación por los pecadores? ¡Cómo debería conducirnos a la impaciencia contra nosotros mismos! ¡Nunca es demasiado tarde para convertirse! ¡Jamás! Hasta el último momento, la paciencia de Dios nos espera.
Recordemos aquella pequeña historia de santa Teresa del Niño Jesús, cuando rezaba por aquel hombre condenado a muerte, un criminal, que no quería recibir la consolación de la Iglesia, rechazaba al sacerdote, no quería, quería morir así. Y ella rezaba, en el convento, y cuando aquel hombre está ahí, en el momento de ser asesinado, se dirige al sacerdote, toma el Crucifijo y lo besa. ¡La paciencia de Dios! ¡Lo mismo hace con nosotros, con todos nosotros!
Cuantas veces, nosotros no lo sabemos, lo sabremos en el Cielo; pero cuántas veces nosotros estamos ahí, ahí, y ahí el Señor nos salva. Nos salva porque tiene una gran paciencia con nosotros. Y esta es su misericordia. Jamás es tarde para convertirnos, pero ¡es urgente, es ahora! Comencemos hoy.
La Virgen María nos sostenga, para que podamos abrir el corazón a la gracia de Dios, a su misericordia; y nos ayude a no juzgar jamás a los demás, sino a dejarnos interpelar por las desgracias cotidianas para hacer un serio examen de conciencia y arrepentirnos”.
Al término de estas palabras, el Santo Padre rezó la oración mariana:
Angelus Domini nuntiavit Mariae…
Al concluir la plegaria, Francisco se refirió a la difícil situación de los refugiados que huyen de la guerra y pidió oraciones por Siria:
“Queridos hermanos y hermanas,
mi oración, y ciertamente también la vuestra, tiene siempre presente el drama de los refugiados que huyen de las guerras y de otras situaciones inhumanas. En particular, Grecia y otros países que están primera línea les están dando una ayuda generosa, que requiere la cooperación de todas las naciones. Una respuesta coral puede ser eficaz y distribuir equitativamente los pesos. Por eso, es necesario apuntarcon decisión y sin reservas a las negociaciones.
Al mismo tiempo, he recibido con esperanza la noticia sobre el cese de las hostilidades en Siria, e invito a todos a rezar para que este resquicio pueda dar alivio a la población sufriente y abra el camino al diálogo y a la paz tan deseada”.
Asimismo, el Papa manifestó su cercanía a las víctimas del ciclón que ha azotado las Islas Fiyi:
“También deseo asegurar mi cercanía al pueblo de las Islas Fiyi, duramente azotado por un ciclón devastador. Rezo por las víctimas y por quienes están comprometidos con las operaciones de socorro”.
A continuación, llegó el turno de los saludos que tradicionalmente realiza el Pontífice:
“Dirijo un cordial saludo a todos los peregrinos de Roma, de Italia y de otros países. Saludo a los fieles de Gdansk, los indígenas de Biafra, los estudiantes de Zaragoza, Huelva, Córdoba y Zafra, los jóvenes de Formentera y los fieles Jaén.
Saludo a los grupos de polacos residentes en Italia; a los fieles de Casia, Desenzano del Garda, Vicenza, de Castiglione d’Adda y Rocca di Neto; así como a los numerosos jóvenes del Campamento de San Gabriele dell’Addolorata, acompañados por los Padres Pasionistas; los chicos de los Oratorios de Rho, Cornaredo y Pero, y a los de Buccinasco; y a la Escuela de las Hijas de María Inmaculada de Padua.
Saludo al grupo que ha venido con motivo del Día de las Enfermedades Raras, con una oración especial y mi aliento a vuestras asociaciones de ayuda mutua”.
El Obispo de Roma terminó su intervención diciendo:
“Deseo a todos un buen domingo. No se olviden por favor, de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!”
El 28 de febrero de 2013, Benedicto XVI dejaba el Vaticano. Reproducimos algunos párrafos de su última audiencia general por lo significativos que son, especialmente viéndolos dos años después... Gracias Benedicto
«Tengo confianza en el Evangelio que purifica y renueva. Estoy conmovido, veo a la Iglesia viva. Os agradezco por haber venido a esta última audiencia general de mi Pontificado”. Benedicto XVI abraza a “toda la Iglesia esparcida por el mundo”. En estos últimos años, “el camino de la Iglesia ha tenido momentos de alegría pero también momentos difíciles”, en los que “las aguas estaban agitadas, el viento era contrario y el Señor parecía dormir”. Pero, precisa Joseph Ratzinger, “siempre he sabido que en esa barca estaba el Señor, la barca de la Iglesia no es mía”.
Cuando Joseph Ratzinger llegó a la Plaza San Pedro (después de un “paseo” entre la multitud con su jeep blanco), los fieles lo aclamaron conmovidos. La pancarta que expresa mejor el significado de este momento decía: “Benedicto XVI de nuevo Papa”.
Acogido por la ovación de los fieles, el Pontífice recorrió la plaza saludando y bendiciendo a la multitud. A su lado, como siempre, iba el secretario personal, Monseñor Georg Gänswein. El jeep se detuvo un instante y el Pontífice pudo cargar a un niño pequeño. Un “gracias” a la Iglesia, desde sus colaboradores más estrechos hasta cada uno de los fieles. Un mensaje de esperanza en la fuerza del Evangelio.
Una “premisa” que quiso volver a explicar: el motivo de su renuncia. “En este momento -dijo el Papa- mi ánimo se extiende para abrazar a toda la iglesia esparcida por el mundo; doy gracias a Dios por las noticias que en estos años del ministerio petrino he podido recibir sobre la fe en el Señor Jesucristo y la caridad que circula en el Cuerpo de la Iglesia y lo hace vivir en el amor”.
El Pontífice precisó que en este momento “hay en mí una gran confianza porque sé, sabemos todos nosotros, que la Palabra de verdad del Evangelio es la fuerza de la Iglesia, es su vida. El ángel purifica y renueva, da frutos”.
“Cuando el 19 de abril de hace casi ocho años acepté asumir el ministerio petrino, tuve confirmación de esta certeza que siempre me ha acompañado. En este momento, como ya he expresado en muchas ocasiones, las palabras que resonaron en mi pecho fueron: ¿Señor, qué quieres de mí? Es un perso muy grande el que pones sobre mis hombros, pero si tú me lo pides, arrojaré las redes sobre tu Palabra, seguro de que Tú me guiarás. Y el Señor me guió verdaderamente, estuvo cerca de mí, he podido percibir cotidianamente su presencia, incluso con todas mis debilidades”.
Estuvieron presentes varios cardenales. En primera fila, los de la Curia Re, Braz Aviz, Cañizares y Antonelli, que hablan con algunos arzobispos residenciales que llegaron para el Cónclave, como el italiano Bagnasco, los estadounidenses Dolan y Wuerl, el australiano Pell.
El Santo Padre también afirmó que lleva a todos en la oración, “en un presente que es el de Dios”, donde recoge cada encuentro, cada viaje y cada visita pastoral realizada, conservando todo y a todos en la oración, para encomendarlos al Señor, a fin de que todos podamos comportarnos de manera digna, dando fruto en cada obra buena. Hacia el final de su catequesis general en italiano, el Pontífice volvió a agradecer a todos por el respeto y la comprensión con que han acogido su decisión tan importante. A la vez que aseguró que seguirá acompañando el camino de la Iglesia con la oración y la reflexión, con esa entrega al Señor y a su Esposa con que ha tratado de vivir hasta ahora cada día, y que desea vivir siempre. Por esta razón pidió alos fieles que lo recuerden ante Dios y, sobre todo, que recen por los Cardenales, llamados a una tarea tan relevante, así como por el nuevo Sucesor del Apóstol Pedro, a quien deseó que el Señor lo acompañe con la luz y la fuerza de su Espíritu.
http://vaticaninsider.lastampa.it/es/
Francisco censuró a los cristianos que sienten su religión como una decoración sin obligaciones
Unos 42 cristianos secuestrados en Siria por el ISIS en febrero de 2015, fueron liberados este lunes luego que se pagaran millones de dólares como rescate.
Unos 42 cristianos, de los 230 secuestrados en Siria por el Daesh (ISIS) en febrero de 2015, fueron liberados este lunes luego que se pagaran millones de dólares como rescate, informaron fuentes cristianas.
Osama Edward, director de la Red Asiria de Derechos Humanos con base en Estocolmo (Suecia), indicó que los liberados fueron 42 personas, mayormente mujeres y niños. La misma cifra dio el Observatorio Sirio de Derechos Humanos con base en Reino Unido, indicando que del total unas 17 son mujeres.
Por su parte, Younan Talia, de la Organización Demócrata Asiria, dijo a AP que los liberados se encuentran camino a Tal Tamr, en el noreste de Siria. Indicó que los terroristas musulmanes exigieron un rescate de 18 millones de dólares, sin embargo esta cifra se redujo luego de algunas negociaciones, sin saberse la cantidad final.
Una fuente que pidió permanecer en el anonimato dijo a la prensa internacional que luego del secuestro en febrero de 2015, la comunidad asiria en todo el mundo lanzó una campaña para lograr la liberación de estas 230 personas. Para ello se abrió una cuenta bancaria en Erbil, la capital del Kurdistán iraquí, recibiendo donaciones desde diversos países.
“Pagamos una gran cantidad de dinero, millones de dólares, pero no 18 millones”, indicó. “Pagamos menos de la mitad de esa cantidad”, añadió.
A finales de febrero del año pasado el ISIS lanzó una gran ofensiva en la región de Hassakeh, en el noreste de Siria, especialmente contra las cerca de 30 villas cristianas ubicadas a ambos lados del río Khabur, secuestrando a cerca de 230 personas y destruyendo iglesias.
La provincia de Hassakeh, que limita con Turquía eIrak, se ha convertido últimamente en escenario de fuertes enfrentamientos entre el ISIS y fuerzas kurdas, así como milicias asirias y armenias.
Hasta antes de la guerra los cristianos eran el 10 por ciento de los 23 millones de habitantes que tenía Siria. Sin embargo, muchos de ellos han abandonado el país debido a la cruenta guerra civil que se inició en marzo de 2011 y la incursión del Estado Islámico.
Cerca de 450.000 personas siguen viviendo en los territorios sitiados y más de cuatro millones se encuentran en zonas de difícil acceso porque se encuentran entre dos fuegos.
El día en que se suponía que en Siria iba a entrar en vigor el cese de las hostilidades anunciado por los Estados Unidos y Rusia la semana pasada, las bombas continúan en aquel país comprometiendo la reanudación de las negociaciones entre el gobierno y la oposición.
«Esta es una verdadera masacre de los inocentes. De los 300.000 fallecidos, más de 10.000 son niños, por no hablar de aquellos niños que mueren ahogados o permanecen bajo los escombros después de un bombardeo». Esta fue la denuncia realizada ayer por el nuncio apostólico en Damasco, el arzobispo Mario Zenari. «Desgraciadamente, la situación sigue siendo grave — prosiguió el prelado—; hay alguna señal de esperanza fuera de Damasco: he visto algunos convoyes humanitarios que me han abierto el corazón, aunque por el momento sólo una mínima parte ha sido auxiliada. Ayer escuché decir que los convoyes humanitarios han llegado a 80.000 personas, pero cerca de 450.000 personas siguen viviendo en los territorios sitiados y más de cuatro millones se encuentran en zonas de difícil acceso porque se encuentran entre dos fuegos. La situación en el norte sigue siendo preocupante, los efectos de bombardeo están a la vista de todos». En el plano diplomático, se ha producido una conversación telefónica entre el presidente ruso, Vladimir Putin, y el rey saudí Salman bin Abdulaziz Al Saud. El Kremlin informó que los dos jefes de Estado expresaron su «interés por resolver la crisis en Siria».
Estoy convencida de poder afirmar que la maternidad, el matrimonio y la familia son la mejor Escuela de Misericordia que Dios nos ha podido regalar a los hombres. Cada uno de nosotros, en nuestra situación concreta, con unos hijos concretos y un marido “único”, estamos llamados a un gran desafió para el futuro de la fe, de la Iglesia y del cristianismo.
Igual me “tiro de la moto”, como se dice vulgarmente entre los jóvenes, cuando pienso que lo que nos sugiere el Santo Padre para este Año Jubilar de la Misericordia es lo que cotidianamente se vive en la maternidad, el matrimonio y la familia todos los días y a todas horas.
Quizás, porque en su mensaje para esta Cuaresma, nos recuerda que “en la tradición profética, en su etimología, la misericordia está estrechamente vinculada, precisamente con las entrañas maternas (rahamim) y con la bondad generosa, fiel y compasiva (hesed) que se tiene en el seno de las relaciones conyugales y parentales”; repaso y reflexiono cada una de las 14 obras de Misericordia y pienso: ¡¡cachis, pues si esto es lo que se vive cada día en mi casa, lo que hace una madre con sus hijos, una esposa con su esposo, una familia con los amigos y necesitados,…!!
Si si. Estoy convencida de poder afirmar que la maternidad, el matrimonio y la familia son la mejor Escuela de Misericordia que Dios nos ha podido regalar a los hombres. Cada uno de nosotros, en nuestra situación concreta, con unos hijos concretos y un marido “único”, estamos llamados a un gran desafió para el futuro de la fe, de la Iglesia y del cristianismo: "derramar la Misericordia divina" guiando, acompañando, y formando a nuestros hijos, con nuestro ejemplo, para que saquen lo mejor que llevan dentro de su corazón, para que con su entusiasmo y fortaleza no se desvíen del camino, atrayendo a Él a muchas almas.
Enseñar al que no sabe, guiar con un buen consejo, corregir al que yerra, perdonar las injurias, sufrir con paciencia los defectos de los demás, consolar al triste, cuidar al enfermo,… ¡qué fácil nos resulta cuando son de los nuestros, nuestros hijos, nuestro cónyuge, nuestro hermano, nuestro amigo!
Lo dice la Escritura: “Si amáis a los que os aman, ¿Qué merito tenéis?...Si hacéis el bien a quien os hace el bien, ¿Qué merito tendréis?....Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿Qué merito tendréis?..... Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada por ello; y será grande vuestra recompensa, y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los ingratos y con los malos. Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6, 31-36)
Por ello, tenemos que dar un paso al frente, y no quedarnos en nuestro círculo más cercano. La humanidad entera nos pide más. El Santo Padre nos urge: No podemos escapar a las palabras del Señor y en base a ellas seremos juzgados: si dimos de comer al hambriento y de beber al sediento. Si acogimos al extranjero y vestimos al desnudo. Si dedicamos tiempo para acompañar al que estaba enfermo o prisionero (cfr Mt 25,31-45).
Igualmente se nos preguntará si ayudamos a superar la duda, que hace caer en el miedo y en ocasiones es fuente de soledad; si fuimos capaces de vencer la ignorancia en la que viven millones de personas, sobre todo los niños privados de la ayuda necesaria para ser rescatados de la pobreza; si fuimos capaces de ser cercanos a quien estaba solo y afligido; si perdonamos a quien nos ofendió y rechazamos cualquier forma de rencor o de odio que conduce a la violencia; si tuvimos paciencia siguiendo el ejemplo de Dios que es tan paciente con nosotros; finalmente, si encomendamos al Señor en la oración nuestros hermanos y hermanas. En cada uno de estos “máspequeños” está presente Cristo mismo. Su carne se hace de nuevo visible como cuerpo martirizado, llagado, flagelado, desnutrido, en fuga… para que nosotros los reconozcamos, lo toquemos y lo asistamos con cuidado”.
El Jubileo de la Curia comenzó con una meditación del sacerdote artista Marco Rupnik
Casi a tres años de distancia vuelve la ‘Misericordina’ la ‘medicina’ para la salud del corazón y del alma que el papa Francisco distribuyó por primera vez después del ángelus del 17 de noviembre de 2013.
También hoy, después de que el Papa la presentó desde la ventada del Palacio Apostólico, indicando que ahora la confección era mejor, porque ‘Plus’, señaló que se regala a los fieles que se encuentran allí reunidos.
Las 40 mil confecciones han sido distribuidas por los pobres, los ‘sin techo’, y los prófugos, junto a voluntarios y religiosos, guiados por la Limosnería Apostólica.
“La cuaresma es un tiempo propicio -explicó hoy el Papa- para realizar un camino de conversión que tiene como centro la misericordia. Por ello he pensado de regalarles a quienes están aquí en la plaza una medicina espiritual, llamada ‘Misericordina’”.
Recordó que ya una vez ha sido distribuida, “pero esta es de mejor calidad, esta es la ‘Misericordina – Plus’, una cajita que contiene la corona del rosario y una imagencita de Jesús Misericordioso”. Y precisó que “la distribuirán los voluntarios entre los cuales hay pobres, ‘sin techo’, prófugos y también religiosos”.
Y concluyó invitando a que “reciban este don como una ayuda espiritual para difundir especialmente en este año de la misericordia el perdón y la hermandad”.
Las cajas de ‘medicina espiritual’, similares a las de los fármacos, contienen cada una la ‘posología’ con las instrucciones de uso en tres idiomas, la corona de la Divina Misericordia de Santa Faustina Kowalska, una corona de Rosario y la imagen de Jesús Misericordioso.
La iniciativa nació en Polonia de una idea de los seminaristas polacos devotos de Santa Faustina, la monja que dio inicio al culto de la Divina Misericordia, que tanto influenció a san Juan Pablo II.
Ahora como en el 2013 promovió la iniciativa, el limosnero pontificio, Mons. Konrad Krajevski, quien la había presentado al Papa, que entusiasmado aprobó la distribución.