En la Audiencia General, el Papa Francisco explicó que la Resurrección de Cristo trae una alegría "profunda y auténtica”. Añadió que cuando los cristianos "se encierran en el egoísmo”, están buscando "entre los muertos al que está vivo”.
Thomas Uzhunnalil, de nacionalidad india, fue secuestrado en Yemen a principios de marzo
El grupo terrorista Daesh perpetró otro asesinato durante este Viernes Santo. Según informa el medio estadounidense «Washington Times», los islamistas mataron al cura salesiano Thomas Uzhunnalil, secuestrado en Yemen en marzo, ese mismo día. Como indica ese periódico, lo crucificaron.
«The Washington Times» señala que Uzhunnalil, de nacionalidad india, fue capturado a principios de mes durante un ataque que acabó con la vida de 16 personas más, en concreto monjas y enfermeras. Desde el momento de su secuestro, fieles y diplomáticos unieron sus esfuerzos para obtener su liberación, sin éxito.
Los terroristas de Daesh, que pierden actualmente terreno tanto en Siria como en Irak, perpetraron el pasado martes el atentado que acabó con la vida de 35 personas e hirió a al menos 200 en Bruselas. Este domingo, el Ejército sirio logró arrebatar a los islamistas el control de la ciudad de Palmira, una importante derrota para los yihadistas.
Jesús fue detenido y su caso fue examinado ante el Sanedrín. No se trató de un proceso formal, con los requerimientos que más tarde se recogerían en la Misná (Sanhedrin IV, 1) —y que exigen entre otras cosas que se tramite de día—, sino de un interrogatorio en domicilios particulares para contrastar las acusaciones recibidas o las sospechas que se tenían acerca de su enseñanza. En concreto, sobre su actitud crítica hacia el templo, el halo mesiánico en torno a su persona que provocaba con sus palabras y actitudes y, sobre todo, acerca de la pretensión que se le atribuía de poseer una dignidad divina. Más que las cuestiones doctrinales en sí mismas, tal vez lo que realmente preocupaba a las autoridades religiosas era el revuelo que temían provocase contra los patrones establecidos. Podría dar lugar a una agitación popular que los romanos no tolerarían, y de la que se podría derivar una situación política peor de la que mantenían en ese momento.
Estando así las cosas trasladaron la causa a Pilato, y el contencioso legal contra Jesús se llevó ante la autoridad romana. Ante Pilato se expusieron los temores de que aquel que hablaba de un «reino» podría ser un peligro para Roma. El procurador tenía ante él dos posibles fórmulas para afrontar la situación. Una de ellas, la coercitio («castigo, medida forzosa») que le otorgaba la capacidad de aplicar las medidas oportunas para mantener el orden público. Amparándose en ella podría haberle infligido un castigo ejemplar o incluso haberlo condenado a muerte para que sirviera como escarmiento. O bien, podía establecer una cognitio («conocimiento»), un proceso formal en que se formulaba una acusación, había un interrogatorio y se dictaba una sentencia de acuerdo con la ley.
Parece que hubo momentos de duda en Pilato acerca del procedimiento, aunque finalmente optó por un proceso según la fórmula más habitual en las provincias romanas, la llamada cognitio extra ordinem, es decir un proceso en el que el propio pretor determinaba el procedimiento y él mismo dictaba sentencia. Así se desprende de algunos detalles aparentemente accidentales que han quedado reflejados en los relatos: Pilato recibe las acusaciones, interroga, se sienta en el tribunal para dictar sentencia (Jn 19,13; Mt 27,19), y lo condena a muerte en la cruz por un delito formal: fue ajusticiado como «rey de los judíos» según se hizo constar en el titulus crucis.
Las valoraciones históricas en torno a la condena a muerte a Jesús han de ser muy prudentes, para no realizar generalizaciones precipitadas que lleven a valoraciones injustas. En concreto, es importante hacer notar —aunque es obvio— que los judíos no son responsables colectivamente de la muerte de Jesús. «Teniendo en cuenta que nuestros pecados alcanzan a Cristo mismo (cf. Mt 25, 45; Hch 9, 4-5), la Iglesia no duda en imputar a los cristianos la responsabilidad más grave en el suplicio de Jesús, responsabilidad con la que ellos con demasiada frecuencia, han abrumado únicamente a los judíos» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 598).
Bibliografía: Simon Légasse, El proceso de Jesús. La historia (Desclée de Brouwer, Bilbao 1995); Francisco Varo, Rabí Jesús de Nazaret (B.A.C., Madrid, 2005) 186-188.
Durante su homilía de este jueves en Casa Santa Marta el Papa reflexionó sobre la esperanza como elemento fundamental dela vida del cristiano
"Resucitado no es necesariamente mi película favorita o la mejor película que he visto, pero... en los siete años que llevo haciendo crítica cinematográfica en WND, nunca he recomendado tanto una película"
Es la tónica con la que se ha recibido allí este film de Sony que se estrena en España el próximo 23 de marzo, Miércoles Santo. No se veía una expectación y acogida semejantes desde La Pasión de Mel Gibson en 2004.

Bajo la dirección de Kevin Reynolds (Robin Hood, Waterworld, La venganza del Conde de Montecristo), protagonizan la película Joseph Fiennes (Lutero, Shakespeare in Love) y Tom Felton (Malfoy en Harry Potter) en los principales papeles de ficción, y Peter Firth (Amistad, Pearl Harbor) y María Botto (Soldados de Salamina, El penalti más largo del mundo) entre los personajes históricos, respectivamente Poncio Pilato yMaría Magdalena.
Nos sitúa en el Jerusalén del siglo primero, donde no se habla de otra cosa que de la crucifixión de Jesús y del hallazgo de su tumba vacía tres días después. Poncio Pilato ordena a Clavius (Fiennes), un centurión romano agnóstico que presenció al pie de la Cruz la muerte del Mesías y selló su tumba, que investigue la desaparición y, sea como sea, recupere el cuerpo.

"Anuncia un nuevo tipo de película sobre Jesús, yendo más allá de su nacimiento e incluso de la semana de Pasión y centrándose en su Resurrección y Ascensión", valoraDewayne Hamby en Charisma News. Es, efectivamente, uno de los puntos que hacen novedosa la película: "Una aproximación imaginativa al Nuevo Testamento", destaca Nicola Menzie en Christian Post también por plantearse con la tensión de unthriller criminal. Zahn repasa y en Resucitado encontramos detenciones, interrogatorios, seguimientos, pago a confidentes, exhumación de cadáveres y, sobre todo, "una desesperada caza del hombre... pero de un hombre que está muerto y dicen que vive".
Como valor añadido, John Mulderig cita en Catholic News Service algunos finos detalles de sentido del humor que ha dejado en la trama Reynolds, también autor del guión junto con Paul Aiello. Logra así "un inusualmente eficaz abordaje de los orígenes del cristianismo para la gran pantalla", donde "Fiennes está especialmente impresionante como soldado solitario y harto de batallas cuya perspectiva, siempre invariablemente pragmática, allana el camino a los no creyentes para presentar la historia de la Resurrección".

Un gran activo que se señala en Resucitado es precisamente su aptitud para llegar a los no cristianos. "Si Risen es una historia detectivesca", plantea Deborah Arca enPatheos, "entonces nuestro detective -y, realmente, cada uno de nosotros- está buscando claves que revelen algo fuera de lo ordinario, algo intrigante y extraordinario. Algo en este mundo, pero no de este mundo. Claves misteriosas e historias que pueden no tener sentido para la cabeza, pero lo tienen para el corazón. Hechos y relatos que hablan de un misterio más profundo, de una verdad más grande".
Por eso la película "funciona", comenta Ryan Duncan en Crosswalk, porque parte "de la perspectiva de un leal ciudadano romano, y eso permite a los espectadores experimentar hechos bíblicos tan significativos desde un ángulo completamente nuevo".
Un ángulo quizá más comprensible al hombre de hoy, pues, como sostiene John Zmirak en The Stream, religiosamente el hombre occidental se asemeja más a un romano de la época que un judío discípulo de Jesús. Y nos podemos hacer las mismas preguntas que Clavius, como apunta Hamby: "¿Qué hará él con la información que descubra? ¿Cómo procesará su mente la posibilidad de que pueda existir vida después de una muerte verificada?"

La intención de los productores era justo esa, según recoge Catholic World Report: "Queríamos algo que no pareciese proselitista para los no-religiosos, pero asegurándonos de que había contenido suficiente para que los religiosos lo viesen comouna historia real y como parte de su propia historia", afirma Rich Peluso, vicepresidente de Affirm, la productora de cine religioso de Sony.
Porque se trata, confirma otro de los productores, Micky Lidell, de que "puedas llevar a un no-creyente y verle reaccionar ante la crucifixión o la resurrección, momentos que todos conocemos y nos hemos representado en la mente miles de veces, pero a través del protagonista".
"Es realmente apasionante y creo que ahí reside la fuerza de esta película", concluye.
Tráiler de Resucitado
En su catequesis, el Papa explicó que, en la Biblia, Dios pone en práctica su misericordia también dando consuelo a las personas.
Como siempre, el Papa recorrió toda la plaza de San Pedro con el papamóvil, justo antes de la audiencia general. Hace frío en el Vaticano, por lo que los niños que saludaron al Papa iban bien abrigados.
Metidos en la revolución de la misericordia. Así estamos los cristianos. A eso estamos convocados desde hace veinte siglos.
Todo esto es aún más claro si hablamos de educación de la fe, una de las tareas más fascinantes que pueda imaginarse, sea en la modalidad de la enseñanza escolar de la religión o en la modalidad de catequesis dirigida a todas las edades, incluyendo la que los padres y madres cristianos han de procurar para sus hijos.
Educar en la fe es evangelizar
Educar en la fe es evangelizar, que significa anunciar y obrar misericordia. Es anunciar misericordia porque es dar la buena noticia (Evangelio) del amor que Dios es y nos ha manifestado en Jesucristo. Y este es el primer sentido de este Año de la misericordia. No se trata, por tanto, de una enseñanza abstracta, un conocimiento que nos podría dejar fríos, en el caso de que no nos afectara. El anuncio de la misericordia va o debe ir acompañado por facilitar la experiencia de cómo Dios efectivamente se preocupa de nuestras miserias, deficiencias y pecados. Y entonces todo cambia.
La manera de facilitar esa experiencia es facilitar el encuentro con Cristo, concretamente en el sacramento de la Confesión y en el ejercicio de las obras de misericordia. En ese sacramento Dios nos espera para perdonarnos y fortalecernos. En las obras de misericordia, nos sale al encuentro en los más necesitados o en aquellos que les atienden y les sirven.
El educador de la fe hace todo esto. Es un evangelizador y debe ser un experto en misericordia; incluso un comunicador de misericordia, en el sentido propio del término comunicación: acción de manifestar y compartir no solo un mensaje sino algo de sí mismo (cf. Francisco, Comunicación y misericordia: un encuentro fecundo: Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones, 22-I-2006).
La tarea de educar en la fe es mostrar que todo cristiano e incluso toda persona es un ser amado por Dios. ¿Cómo se educa esto en la práctica?
En lo que sigue querría señalar dos puntos, en la perspectiva del Papa Francisco: educar en la fe requiere algunos presupuestos prácticos en los educadores; e implica ciertos “contenidos” en esa educación, que están a su vez vinculados a determinadas actitudes de los educadores.
Presupuestos prácticos
En primer lugar, requiere unos presupuestos prácticos, referidos a la acción: la familiaridad del propio educador con Jesucristo, en la oración y en la vida sacramental; su ejemplo de cristiano (testimonio coherente) con toda su vida; su esfuerzo por evangelizar, a través de su tarea educativa, ante todo a los más pobres y necesitados, sea en el ámbito material, moral o espiritual.
Suele insistir Francisco en que para eso hay que salir de uno mismo: del bienestar y de la comodidad, de los previos esquemas, del refugio en las ropias seguridades, de la cobardía e impasibilidad, del encerrarse en el propio grupo –aquellos que nos aceptan y cuidan a diario–, para llegar a otros cuya aceptación hemos de ganar, cuyo cuidado hemos de afrontar. Y esto pide una continua conversión del corazón a la solidaridad, para vencer la “globalización de la indiferencia”.
Contenidos y actitudes
En segundo lugar, la educación de la fe comporta ciertos contenidos que se deben traducir en actitudes por parte de los educadores, tal como se señala en la exhortación de Francisco sobre “El gozo de evangelizar” (Evangelii gaudium).
El Papa propone ahí una profundización y crecimiento en el anuncio de la fe, que exprese sobre todo el amor salvífico de Dios, antes que las obligaciones morales y junto con una apelación amable a la libertad. Una educación “mistagógica” (introductora al misterio de Dios y de su amor), que vaya poco a poco, cuidando los “signos”: no solo los signos de la liturgia, sino los gestos y símbolos que lleven a la persona a crecer como tal en la fe cristiana vivida.
Pide una atención especial al “camino de la belleza”, a la belleza compatible con la verdad y con el bien, que descubrimos sobre todo en Cristo. Pues Él es “capaz de colmar la vida de un nuevo resplandor y de un gozo profundo, aun en medio de las pruebas. Por eso los educadores en la fe deben ser “alegres mensajeros de propuestas superadoras, custodios del bien y la belleza que resplandecen en una vida fiel al Evangelio”.
Junto a ello el educador ha de ser un acompañante capaz de escuchar y esperar (el tiempo es mensajero de Dios), absteniéndose de juzgar sobre la culpabilidad de las personas, sin dejar por eso de impulsarlas “para superar los fatalismos o la pusilanimidad”.
Debe el educador centrarse en la Palabra de Dios (cuidar la formación bíblica, primero la suya propia). Y debe educar para atender a la realidad, no sólo como un principio filosófico y pedagógico, sino con medios concretos (que incluyen, por ejemplo, el estudio de la historia de la Iglesia y la edificación de la memoria histórica del cristianismo; la escucha del clamor de los pobres; y, desde ahí el impulso al espíritu de servicio y a las obras de misericordia en la vida de los cristianos y sus familias, con vistas a edificar una civilización del amor).
Desde la antropología y la ética
Por otra parte desde hace más de una década Jorge Mario Bergoglio viene apuntando que la educación en la fe no “sobrevuela” las necesidades antropológicas y éticas de la educación.
“¡Nuestro objetivo –exclamaba en la Pascua de 2004– no es sólo formar ‘individuos útiles a la sociedad’, sino educar personas que puedan transformarla!”. Para ello –proponía– hemos de educar para losfrutos y no solo para los resultados, redescubrir la profunda eficiencia de la gratuidad, que no excluye sino que preside las demás eficiencias; y hemos de subrayar la excelencia de la solidaridad. Por ser parámetros de verdadera humanidad, éstos son también certificados de autenticidad del estilo cristiano en la tarea educativa.
Como educadores cristianos o cristianos educadores –agregaba el año siguiente–, hemos de “fortalecer el sentido eclesial” entre nosotros mismos, “ensayar nuevas formas de diálogo en la sociedad pluralista”, “revitalizar la dimensión específicamente teologal de nuestra motivación”.
Es indudable, y concluimos, que todo esto necesita hoy por nuestra parte de conversión a la misericordia, juventud de espíritu, pasión educativa y formación permanente. Pide fortalecer la ilusión profesional, proponerse metas y acometer proyectos concretos. Precisa establecer equipos capaces de trabajar interdisciplinarmente por la educación desde la fe.
Tal es en la hora presente nuestra responsabilidad.
Se publicó en un libro la entrevista del teólogo jesuita Jacques Servais con el Papa emérito.
«Para mí es un ‘signo de los tiempos’ el hecho de que la idea de la misericordia de Dios sea cada vez más central y dominante». Palabra de Benedicto XVI. Llega a las librerías el volumen “Por medio de la fe. Doctrina de la justificación y experiencia de Dios en la predicación de la Iglesia” (San Pablo, 199 pp., 20 euros), editado por el jesuita Daniele Libanori y en el que se incluyen las actas de un congreso teológico que se llevó a cabo en Roma en octubre del año pasado. En esa sede, fue leído por el arzobispo Georg Gänswein el texto de una entrevista con Joseph Ratzinger del teólogo jesuita Jacques Servais sobre «qué es la fe y cómo se llega a creer». En esa entrevista Benedicto XVI ctió a su sucesor y habló generosamente sobre la misericordia.
En una primera respuesta, Ratzinger insistió en lo que es la Iglesia y en el hecho de que la Iglesia no fue creada por sí misma. «Se trata de la cuestión: qué es la fe y cómo se llega a creer. Por una parte, la fe –explicó el Papa emérito– es un contacto profundamente personal con Dios, que me toca en mi tejido más íntimo y me pone frente al Dios viviente en absoluta inmediatez para que yo pueda hablarle, amarlo y entrar en comunión con Él. Pero al mismo tiempo, esta realidad completamente personal se relaciona inseparablemente con la comunidad: forma parte de la esencia de la fe introducirme en el ‘nosotros’ de los hijos de Dios, en la comunidad peregrinante de los hermanos y hermanas. La fe deriva de la escucha (“fides ex auditu”), nos enseña san Pablo. La escucha a su vez implica siempre una compañía. La fe no es un producto de la reflexión y tampoco es tratar de penetrar en las profundidades de mi ser. Ambas cosas pueden estar presentes, pero son insuficientes si la escucha, mediante la cual Dios, desde fuera, a partir de una historia que Él mismo creó, me interpela. Para que yo pueda creer necesito testigos que hayan ecnontrado a Dios y lo hagan accesible para mí».
«La Iglesia no fue hecha por sí misma –insiste Ratzinger–, fue creada por Dios y es continuamente formada por Él. Esto se expresa en los sacramentos, sobre todo en el del bautismo: yo entro a la Iglesia no con un acto burocrático, sino mediante el sacramento. Y esto equivale a decir que yo soy recibido en una comunidad que no fue originada por sí misma y que se proyecta más alláde sí misma. La pastoral que pretende formar la experiencia espiritual de los fieles debe proceder a partir de estos datos fundamentales. Es necesario que abandone la idea de una Iglesia que se produce a sí misma y debe resaltar que la Iglesia se convierte en una comunidad en la comunión con el cuerpo de Cristo. Debe introducir al encuentro con Jesucristo y llevar a Su presencia en el sacramento».
Respondiendo a otr apregunta, el Papa emérito habló sobre la centralidad de la misericordia. «El hombre de hoy tiene la sensación general de que Dios no puede dejar que la mayor parte de la humanidad caiga en la perdición. En este sentido, la preocupación por la salvación típica de un tiempo ha casi desaparecido. Sin embargo, en mi opinión, sigue existiendo, de otra manera, la pecepción de que nosotros necesitamos la gracia y el perdón. Para mí es un ‘signo de los tiempos’ que la idea de la misericordia de Dios sea cada vez más central y dominante (empezando por sor Faustina, cuyas visiones reflejan de diferentes maneras la imagen de Dios propia del hombre de hoy y su deseo de la bondad divina)».
«Papa Juan Pablo II –continuó Ratzinger– estaba profundamente impregnado de este impulso, aunque no siempre surgiera explícitamente. Pero no es caual que su último libro, que salió a la luz inmediatamente antes de su muerte, hable sobre la misericordia de Dios. A partir de las experiencias en las que desde los primeros años de su vida constató toda la crueldad de los hombres, él afirma que la misericordia es la única verdadera y la última reacción eficaz contra la potencia del mal. Solo allí en donde hay misericordia acaba la crueldad, acaban el mal y la violencia».
«Papa Francisco –continuó Benedicto XVI citando a su sucesor– se encuentra completamente en sintonía con esta línea. Su práctica pastoral se expresa justamente en el hecho de que él nos habla continuamente de la misericordia de Dios. Es la misericordia lo que nos mueve hacia Dios, mientras que la justicia nos espanta. Según mi opinión, resaltar que bajo la capa de la seguridad de sí y de la propia justicia, el hombre de hoy esconde un profundo conocimiento de sus heridas y de su integridad ante Dios. Él está esperando la misericordia. No es casual que la parábola del Buen samaritano sea tan atractiva para los contemporáneos. Y no solo porque en ella se subraye fuertemente el elemento social de la existencia cristiana, ni solo porque en ella el samaritano, el hombre no religioso, frente a los representantes de la religión, se muestra, por decirlo así, como aquel que actúa de manera verdaderamente conforme a Dios, mientras que los representantes oficiales de la religión se rindieron, por decirlo así, inmunes en relación con Dios».
«Está claro que esto le gusta al hombre moderno –observó Benedicto XVI. Sin embargo, me parece también importante que los hombres en su intimidad esperen que el samaritano acuda para ayudarlos, que él se incline sobre ellos, derrame aceite sobre sus heridas, los cuide y los ponga al reparo. Ellos saben que necesitan la misericordia de Dios y su delicadeza. En la dureza del mundo de la técnica, en el que los sentimientos ya no cuentan nada, aumenta la esperanza de un amor salvífico que sea dado gratuitamente. Me parece que en el tema de la misericordia divina se expresa de manera nueva lo que significa la justificación de la fe. A partir de la misericordia de Dios, que todos buscan, es posible, incluso en el presente, interpretar desde el principio el núcleo fundamental de la doctrina de la justificación, y mostrarlo en toda su relevancia».
El "cura brochero" será canonizado con José Sánchez del Río el 16 de octubre
La Madre Teresa de Calcuta, que falleció en 1997 y fue beatificada en octubre de 2003 por Juan Pablo II (sin esperar los cinco años necesarios para la apertura del proceso canónico), será proclamada santa por Papa Francisco el domingo 4 de septiembre. La ceremonia será en Roma, en la Plaza San Pedro, y no en la India, como habrían querido los obispos del país. La Madre Teresa es, efectivamente, una figura que va mucho más allá de la India, en donde comenzó a ocuparse de los más pobres entre los pobres, y su canonización insistirá en este alcance universal.
La confirmación oficial de la fecha de septiembre, que ya se conocía pues fue revelada hace algunos meses por el cardenal arcipreste de San Pedro, Angelo Comastri, durante una entrevista, llegó hoy por la mañana, durante el consistorio ordinario público para las canonizaciones. Además de la Madre Teresa (Agnese Gonxha Bojaxhiu), se sancionó la proclamación de la santidad de José Sánchez del Río y de José Gabriel del Rosario Brochero (el argentino «cura brochero»), que se llevará a cabo el domingo 16 de octubre. También se decidió la canonización de Estanislao de Jesús María y de María Isabel Hesselblad, que será el próximo domingo 5 de junio.
Los obispos de India habían pedido a Papa Francisco que visitara el país, con el pretexto de la canonización de la Madre Teresa. Recientemente también Paquistán invitó al Papa, aprovechando la posibilidad de la visita hindú. Pero no hay viajes en programa y, además de los ya anunciados para julio en Polonia y a finales de octubre a Suiza, se está estudiando la posibilidad de que Francisco visite Armenia y Georgia a finales de septiembre. La gran «apóstola de los últimos», que dedicó toda su vida a los pobres, ofreciendo amor y cuidados a los moribundos abandonados en las calles, la fundadora de las monjas misioneras de la caridad, a cuya orden pertenecían las cuatro religiosas asesinadas en Yemen hace pocos días, será proclamada santa en Roma.
El milagro que llevará a los altares a la beata albanesa es la curación científicamente inexplicable de un hombre brasileño, que vivía sus últimos días con un tumor maligno en el cerebro. La completa curación del fiel de la diócesis de Santos se llevó a cabo después de que el enfermo hubiera rezado intensamente a la Madre Teresa: imprevistamente, los análisis médicos indicaban que había desaparecido inexplicablemente el cáncer, que ya se había extendido por una parte considerable del cerebro.
Durante el viaje de septiembre de 2014 a Tirana, Papa Francisco describió su encuentro con Madre Teresa de Calcuta durante el Sínodo de 1994. La beata era una mujer que no se dejaba impresionar, ni siquiera por la asamblea del Sínodo, y «siempre decía lo que quería decir», confió Francisco al sacerdote que le ayudaba como intérprete durante el viaje a Albania. Una revelación que llegó durante la conferencia de prensa que tuvo el padre Federico Lombardi, director de la Sala de prensa de la Santa Sede, en la ciudad de Tirana.
Recordando las circunstancias del encuentro con la beata más pobre entre los pobres, Papa Bergoglio dijo: «Estaba sentada justo detrás de mí durante los trabajos. Admiré su fuerza, la decisión de sus intervenciones, sin dejarse impresionar por la asamblea de los obispos. Decía lo que quería decir…». Y después Francisco añadió, sonriente, una broma: «¡Me habría dado miedo di hubiera sido mi superiora!».
"Dios no abandona a quienes se confían en Él"