Si el Vaticano confirma la canonización de la Madre Teresa en septiembre próximo, sería esa la ocasión en que Su Santidad visite a los paquistaníes
El papa Francisco ha recibido una invitación oficial para visitar Pakistán, un viaje que en ocasión de efectuarse, sería una oportunidad para alzar la moral de los cristianos perseguidos en ese país además de extender el diálogo interreligioso, particularmente con los musulmanes.
Sal y luz no tienen la finalidad de perpetuar a sí mismos, sino de derramarse. Y así es la Iglesia: no una finalidad, sino un medio para hacer más buena y más bella la vida de las personas.
Prosiguen, en la Casa del Divino Maestro de la localidad de Ariccia, los Ejercicios Espirituales del Papa Francisco junto a la Curia Romana en preparación a la Pascua, guidaos por el padre Ermes Ronchi, de la Orden de los Siervos de María, bajo el tema general de “las preguntas desnudas del Evangelio”. El Padre Ronchi ha extrapolado diez de las más de 220 preguntas que presenta el Evangelio. Preguntas que – tal como él mismo ha dicho – representan una comunicación que relanza el diálogo, implicando a la persona y dejándola libre.
Las meditaciones de este martes se basan en las preguntas: “Pero, ¿quién dicen que soy yo?” (Lc 9, 20); “Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: ¿ves a esta mujer?” (Lc 7, 44), ambas tomadasdel Evangelio de Lucas.
En cambio ayer por la tarde, durante la segunda jornada de estos ejercicios, el predicador propuso la pregunta: “Ustedes son la sal de la tierra. ¿Pero si la sal pierde sabor, luego será salada con qué?” (Mt, 5, 13), según el Evangelio de Mateo.
Desde la época del mundo antiguo – recordó el predicador – la sal ha sido un elemento precioso y denso de significado, y siempre símbolo de la conservación de lo que vale y de lo que debe mantenerse, como sucede con los alimentos. Además – afirmó – los discípulos, como la sal, preservan lo que alimenta la vida en la tierra: la Palabra de Dios, el Evangelio que, al penetrar en las cosas hace que duren. De hecho – dijo – Jesús se refiere a los apóstoles como la sal de la tierra y la luz del mundo. Lo que significa que su humildad es modelo para la Iglesia y sus discípulos:
“He aquí la humildad de la sal y de la luz. Que no llaman la atención sobre sí, no se ponen en el centro, sino que valorizan lo que encuentran. De este modo, la humildad de la Iglesia, de los discípulos del Señor, que no deben orientar la atención sobre sí mismos, sino sobre el pan y sobre la casa, sobre el inmenso campamento de los hombres, sobre su hambre tan grande a veces que para ellos Dios no puede dejar de tener la forma de un pan”.
Como la luz, también nosotros deberíamos tener miradas luminosas – explicó el Padre Ronchi – que cuando se posan sobre las personas hagan que emerja lo más bello que hay en el ser humano y, como la sal, no somos nosotros quienes debemos tener un valor, sino el valor del encuentro:
“Observo la sal. Mientras permanece en su recipiente, en un cajón de la cocina no le sirve a nadie. Su finalidad es salir y perderse para hacer más buenas las cosas. Se da y desaparece. Iglesia que se da, se disuelve, que enciende, que vive para los demás. Si me encierro en mi yo, incluso si estoy engalanado con todas las virtudes más bellas, y no participo en la existencia de los, como la sal y la luz, si no soy sensible y no me abro, puedo carecer de pecados y sin embargo vivo en una situación de pecado. Sal y luz no tienen la finalidad de perpetuar a sí mismos, sino de derramarse. Y así es la Iglesia: no una finalidad, sino un medio para hacer más buena y más bella la vida de las personas”.
Pero puede suceder que se pierda el Evangelio, que ya no se tenga sentido ni sabor. Y esto sucede – observó el predicador – cada vez que no somos capaces de comunicar amor a cuantos encontramos, ni esperanza, ni libertad, que son dones de Dios. Cuando nos homologamos al sistema sin querer ir contracorriente, encarnando las bienaventuranzas, y cuando siguiendo el Evangelio, no crecemos en humanidad:
“Somos sal que ha perdido el sabor si no somos hombres resueltos, si no nos hemos liberado de máscaras y miedos. Las personas quieren tomar del discípulo de Jesús fragmentos de vida, no fragmentos de doctrina. No si se nos ha puesto a Dios entre las manos, sino qué cosa hemos hecho de aquel Dios”.
El padre Ronchi también recordó la gran confianza que Dios ha puesto en los hombres. En efecto, Jesús no dice “esfuércense para llegar a ser luz, para tener sabor”, sino “sepan que ya lo son”. La luz es el “don natural de quien ha respirado a Dios” y “tener un sabor de vida es el don de quien ha vivido el Evangelio”. Nos correspondea nosotros – subrayó el predicador – tener conciencia y transmitir luz y sabor al mundo. De modo que nuestro deber, para que la luz y la sal no se pierdan – concluyó su meditación elpadre Ermes Ronchi – es dar un encanto nuevo a la existencia, dejar que Cristo penetre en nuestra vida y vivir en comunión con los demás:
“Una parábola hebrea dice que cada hombre viene al mundo con una pequeña llama sobre la frente, que sólo se ve con el corazón, y que es como una estrella que camina delante de él. Cuando dos hombres se encuentran, sus dos estrellas se funden y se reaniman – cada una da y toma energía de la otra – como dos cepas de madera puestas juntas en el hogar. El encuentro genera luz. En cambio, cuando un hombre permanece durante mucho tiempo sin mantener encuentros, solo, la estrella que resplandecía en su frente poco a poco se consume, hasta que se apaga. Y el hombre va, ya sin la estrella que caminaba delante de él. Nuestra luz vive de comunión, de encuentros, de compartir. No nos preocupemos por cuantos lograremos iluminar. No cuenta ser visibles o relevantes, ser mirados o ignorados, sino ser custodios de la luz, vivir encendidos. Custodiar la incandescencia del corazón”.
+ Info: El origen de los ejercicios Espirituales
Un grupo de investigadores de la Universidad de Padua, en Italia, encontraron nuevas evidencias que el Santo Sudario data del siglo I
El misterio de la Sábana Santa de Turín "no deja indiferente a ninguno que se pone de frente", dijo en una ocasión Mons. Dario Edoardo Vangnò, responsable de la Secretaría de Comunicaciones del Vaticano.
Precisamente este misterio fue lo que llevó a que un grupo de investigadores de la Universidad de Padua, en Italia, a encontrar nuevas evidencias que el Santo Sudario data del siglo I y muy probablemente fue la sábana con la que se envolvió el cuerpo de Jesús tras su Crucifixión.
Los nuevos hallazgos fueron presentados esta semana en el libro "Il Miserio della Sindone" - "El Misterio de la Sábana Santa"- de autoría de Giulio Fanti, profesor de la Universidad de Padua. Allí se recogen los resultados de décadas de investigación y de experimentación con tres fibras que fueron extraídas de la Síndone en el año 1988.
Según dio a conocer la agencia Aleteia, que cita a The Telegraph, los resultados de las indagaciones confirmaron que el santo lino data entre el 300 AC y el 400 DC. Para llegar a este hallazgo, dos de las muestras fueron estudiadas a través del proceso conocido como espectroscopia, es decir luz infrarroja y Raman. Mientras tanto, la tercera se sometió a un proceso a través de parámetros mecánicos, según notició Vatican Insider.
Pero la fecha de la Síndone no fue el único que revelaron las fibras investigadas. En un correo electrónico recibido por la redacción de Huffington Post, también mencionado por Aleteia, el Profesor Fanti confirma haber encontrado varios residuos de elementos minerales de tierra que son compatibles con la de Jerusalén, agregando más datos que confirman la procedencia del Sudario, como ya se había descubierto con el polen hallado en la tela, que también habló sobre su origen geográfico.
Las monedas
La confirmación de la autenticidad del Sudario también fue reforzada recientemente con hallazgos en monedas antiguas que poseen diversas representaciones del rostro de Cristo.
La pesquisa -recogida en el libro "2015. La nueva investigación sobre el Santo Sudario... Dos mil años de historia y las últimas pruebas científicas", de autoría de Pierluigi Baima Bollone, profesor emérito en Medicina Legal de la Universidad de Turín y presidente honorario del Centro Internacional de Sindología- habla que las monedas muestran un rostro de Jesús que coincide con el de la Sábana Santa.
"Es evidente la exclusiva dependencia del rosto de la Síndone (...) Hoy no es sólo verosímil, sino verdaderamente fuera de dudas que se tomó, como modelo para difundir y publicitar el rostro de Cristo, el de la Síndone, que permitía presentarlo con caracteres identitarios precisos", dice el autor en la obra.
El Santo Sudario, sábana de lino de grandes dimensiones -4.36 metros de largo por 1.10 metros de ancho- en la que quedó milagrosamente estampada la figura de un hombre que fue torturado, flagelado y crucificado, ha sido sometido en los últimos años a más de mil investigaciones científicas en diversidad de especialidades. Algunas han sido controvertidas, pero otras apoyan la autenticidad del lienzo.
Desde 1578 la Síndone es custodiada por la Catedral de Turín donde se expone al público sólo en ciertas ocasiones, como ocurrió del 19 de abril al 24 de junio de 2015, con la Ostensión Extraordinaria que se realizó en unión con los festejos del Bicentenario de nacimiento de San Juan Bosco, santo de Turín.
Un equipo de demolición, antes del amanecer del 25 de febrero, ha tirado la cruz desde el techo de la iglesia Zhuangyuan, la parroquia católica de Wenzhou Yongqiang. La comunidad de los fieles no había sido informada de la decisión y no pudo evitar la eliminación del símbolo sagrado. Desde finales de 2013, se puso en marcha la campaña "Tres ajustes y una demolición", sólo en la provincia sureña de Zhejiang al menos 1.700 cruces han sido destruidas.
Los expertos de Cáritas tienen la mirada en el año 2025. Es la meta que se han marcado para derrotar definitivamente al hambre en el mundo.
En diciembre de 2013 Cáritas lanzó su campaña mundial "Una sola familia humana, alimentos para todos”. Con ella ha intentado concienciar a toda la sociedad e impulsar el fin del hambre en el mundo.
El Anuario Pontificio presenta las cifras oficiales de la Iglesia en el mundo.
En los últimos nueve años el número de católicos bautizados en el mundo ha crecido a un ritmo superior (14,1%) al de la población mundial en el mismo periodo (10,8%). En total, se cuenta cerca de 1.272 millones de católicos en el 2014, frente a 1.115 millones que había en el 2005.
Europa, con el casi 23% de la comunidad católica mundial en 2014, se confirma como el área menos dinámica, con un crecimiento del número de católicos poco superior al 2%. Pero la presencia de los católicos se estabiliza en torno al 40%.
Los católicos bautizados en Oceanía crecen menos que la población, mientras que sucede lo contrario en América y Asia. El continente africano es el de mayor crecimiento: el número de bautizados aumenta a un ritmo igual a más del doble de que los países asiáticos. Mientras que en América está casi la mitad de los católicos.
Entre el 2005 y el 2014, el número de obispos ha aumentado globalmente en el 8,2%, pasando de 4.841 a 5.237. El incremento ha estado más marcado en Asia (+14,3%) y en África (+12,9%), mientras que en América (+6,9%), en Europa (+5,4%) y en Oceanía (+4,0%) los valores se colocan bajo la media mundial.
De los datos relativos a los sacerdotes, diocesanos y religiosos, el primer dato que resulta evidente es que el número total de sacerdotes, en aumento entre el 2005 y el 2014 de 9.381 – de 406.411 a 415.792 – parece que se ha estabilizado en los últimos años.
La acción pastoral de los obispos y sacerdotes se una a la de otras figuras pastorales: los diáconos permanentes, los religiosos no sacerdotes y las religiosas. Los números de esos tres grupos de trabajadores pastorales son bien diferentes. A finales del 2014, en el mundo, los diáconos permanentes son 44.566, los religiosos no sacerdotes 54.559 y las religiosas casi 683 mil.
Los diáconos permanentes constituyen el grupo en más fuerte evolución a lo largo del tiempo: de cerca de 33 mil en 2005 han llegado casi a 45 mil en 2014. Sin embargo se registra un leve disminución en los religiosos no sacerdotes. En el 2005 erano 54.708, reduciéndose a 54.559 en el 2014. Las religiosas representan en el 2014 una población de 82.729. Respecto al 2005, el grupo ha disminuido en el 10,2%.
Respecto a los seminaristas cabe señalar que han pasado de los 114.439 de 2005 a los 116.939 de 2014, si bien en 2011 eran 120.616. La disminución de estos últimos tres años ha afectado a todos los continentes con excepción de África, donde los seminaristas han aumentado del 3,8%.
Francisco expresa sus condolencias por las cuatro Misioneras de la Caridad «víctimas de sus asesinos y de la globalización de la indiferencia»
De las cuatro Misioneras de la Caridad, Marguerite y Reginette eran de Ruanda, Anselm de la India y Judith de Kenia. Las cuatro eran consciente del riesgo que corrían, y no solo por la guerra y los ataques yihadistas, pues las hijas de Madre Teresa habían sufrido ya el martirio de tres religiosas en Yemen en 1988: Zelia y Aletta de la India, y Michael de Filipinas.
Pero decidieron permanecer en su asilo de Adén sirviendo con sus manos a los ancianos y discapacitados de un país de veinte millones de habitantes, en su casi totalidad musulmanes, pues los católicos son menos de un millar.
En tono dolido, Francisco añadió al margen del texto escrito que «estos son los mártires de hoy. No salen la primera página de los periódicos. No son noticia, pero dan su sangre por los demás».
En su opinión, hay más culpables que los aparentes, pues esas personas en Adén, «han sido víctimas de sus asesinaos, pero también de la indiferencia, de la globalización de la indiferencia…».
Aunque ya había manifestado inmediatamente su pésame en telegramas nada más conocer la noticia, el Santo Padre quiso rendir de nuevo homenaje -durante el Ángelus de un domingo extraordinariamente soleado y luminoso- a las religiosas de Madre Teresa, que conocían perfectamente los riesgos de seguir trabajando en Adén.
Al mismo tiempo, el Papa aplaudió y manifestó su «admiración» por el sistema de «corredores humanitarios» que ha permitido comenzar a evacuar en vuelos directos a Italia -sin riesgos y a un costo mucho menor que los traficantes-, las primeras familias de refugiados de Siria, entre los cuales figuras, según mencionó, «niños enfermos, personas discapacitadas, viudas de guerra con hijos, y ancianos».
Francisco hizo notar que «es una iniciativa ecuménica, apoyada por la Comunidad de San Egidio, la Federación de Iglesias Evangélicas Italianas y las Iglesias Valdenses y Metodistas».
Esta última comunidad, la Iglesia Valdense, que se ha fundido con la Metodista, ha sido recibida por el Papa en el Vaticano el pasado sábado, por primera vez en sus setecientos años de historia en Italia, marcada con frecuencia por desprecios y persecuciones.
El Papa y sus principales colaboradores se subirán a un autobús el domingo por la tarde rumbo a la "Casa del Divin Maestro”, un centro de espiritualidad a casi 40 kilómetros del Vaticano.
Hombres armados han atacado el convento de la ciudad de Adén, donde trabajaban las discípulas de Madre Teresa de Calcuta.
Cuatro Religiosas Misioneras de la Caridad, la Congregación fundada por la madre Teresa de Calcuta, han sido degolladas por un comando de hombres armados que han atacado su convento esta mañana, en la ciudad yemení de Aden. Lo indicó hoy la Agencia Fides tras consultar fuentes del Vicariato apostólico de Arabia meridional. Además de las religiosas, también han sido asesinados durante el ataque terrorista, el conductor y al menos otros dos colaboradores etíopes de la comunidad, mientras que la superiora del convento ha escapado a la muerte.
Por el momento no hay noticias del sacerdote indio salesiano Tom Uzhunnalil, que residía en el convento de las hermanas, después de que la Iglesia de La Sagrada Familia en Aden fuese saqueado e dada a las llamas por unos hombres armados no identificados, el pasado mes de septiembre.
Dos de las hermanas asesinadas eran ruandesas, una era india, y la cuarta era de Kenia. Por el momento, la superiora del convento está proporcionando información a la policía, que tiene en custodia los cuerpos de las religiosas y de las demás víctimas.
No hay noticias sobre la matriz de este ataque terrorista, pero se sabe que en la ciudad yemení reconquistada hace meses por las fuerzas leales al presidente Abdel Rabbo Mansour Hadi, en lucha con los rebeldes Houthi, están asentados grupos vinculados a la red de Al Qaeda.
Todavía hay cientos de cristianos en un rincón de Siria en donde dictan las leyes los milicianos islamistas.
También hay cristianos entre los súbditos de la galaxia yihadista que todavía se contiende un buen pedazo de Siria con el gobierno de Damasco y sus aliados rusos y chiitas. Son pocos, pobres, ancianos y tienen muchas dificultades, pero están. Y a su lado están los Franciscanos de la Custodia de la Tierra Santa, que justamente durante las últimas semanas han renovado la decisión de no abandonar a este pequeño puñado de hombres y mujeres que llevan el nombre de Cristo en las tierras ocupadas por los milicianos islamistas.
Sucede en Nkayeh, Yacoubieh y Jdeideh, los pueblitos del Valle del Orontes en los que alrededor de 400 bautizados siguen viviendo, rezando y participando en las misas celebradas en sus parroquias católicas, despojadas de campanas, cruces y estatuas de santos. Son los últimos que quedan, los que no lograron irse porque no tenían los medios o la edad para escapar. Y los dos frailes que están con ellos son los únicos sacerdotes y religiosos cristianos que se han quedado en las tierras en las que dictan las leyes las cortes islámicas impuestas por las milicias yihadistas.
En los últimos años, incluso los hijos de San Francisco se han preguntado si era posible y justo permanecer todavía en esa zona, exponiéndose a los riesgos de nuevas violencias, que se ciernen en esta frase incierta en la que ha entrado el conflicto sirio. El enésimo secuestro de Dhiya Aziz (el fraile iraquí de cuarenta años que guiaba la parroquia de Yacoubieh) planteó la cuestión, en términos brutales e impostergables, para la Custodia franciscana. El secuestro duró 12 días y concluyó con la liberación que anunció la Custodia el pasado 4 de enero, sin ofrecer mayores detalles. Este caso hizo que los frailes de la Custodia se plantearan una pregunta crucial: ¿está bien y es oportuno permanecer en las parroquias de las aldeas sirias bajo el control de las fuerzas islamistas adversarias del gobierno de Damasco, aunque el número de cristianos locales siga disminuyendo, pues muchos se van? ¿O es mejor replegarse esperando que lleguen tiempos mejores? El Custodio de la Tierra Santa, el padre Pierbattista Pizzaballa, llamó a todos los frailes de la Custodia a ocuparse de la difícil decisión, pidiéndoles su consejo para llegar a una conclusión.
Muchos frailes refirieron (oralmente o por escrito) sus consideraciones al padre Pizzaballa, quien en un mensaje publicado por el sitio Terrasanta.net expuso el resultado del discernimiento comunitario: «Sus opiniones», indicó el Custodio en el mensaje dirigido a sus hermanos, «han sido de gran ayuda y han hecho menos ardua la decisión que hay que tomar… Casi todos han expresado claramente el parecer de que es un deber permanecer en las aldeas, sin tener en cuenta el número de parroquianos y a pesar del peligro». Pizzaballa añadió otras consideraciones que dejan ver el alcance de esta decisión, tan característica del carisma de los hijos de San Francisco: «La Custodia nunca ha abandonado los lugares ni a las poblaciones que la Iglesia le ha encomendado, incluso corriendo riesgos. Muchos de nuestros mártires, incluso en el presente, han muerto en circunstancias semejantes a la situación actual. Un pastor no abandona a su rebaño y no se pregunta si sus ovejas valen mucho o poco, si son muchas o jóvenes. Para un pastor todas las ovejas son importantes y ama a todas de la misma manera». Con este espíritu, el Custodio de la Tierra Santa anunció que en Yacoubieh, en lugar de fray Dhiya, estará Louay Bhsarat, el joven fraile jordano de Belén que se había dicho dispuesto a ir a Siria «desde el principio de la guerra».
En la situación de las pequeñas comunidades cristianas del Orontes bajo la custodia de los Franciscanos se puede apreciar el núcleo más íntimo y precioso de la experiencia del martirio que viven muchas comunidades cristianas en la Siria devastada por la guerra. Desde 2011 esa zona del noroeste sirio cayó en manos de los rebeldes anti-Assad: primero de los carniceros del Estado Islámico y después de los qaedistas de Jabhat al-Nusra. En esa época, muchas cancillerías occidentales exhalaban la revuelta en contra del régimen de Damasco, y en el Occidente se acusaba a los sirios de ser fieles a los aparatos de Assad. Cuando en esa franja de Siria llegaron los rebeldes, algunos cristianos y un sacerdote ortodoxo tuvieron que huir, porque era bien conocida su relación con el gobierno. Los Franciscanos, por el contrario, se quedaron con sus parroquianos y no han sido expulsados, puesto que no ostentaban ninguna militancia o simpatía por facciones políticas. Y, hasta aquel momento, se limitaron a respetar el orden constituido.
Bajo el dominio yihadista, los cristianos de los tres pueblitos en el Orontes han tenido que eliminar cualquier signo visible público de la vida eclesial: nada de campanas, nada de procesiones, nada de cruces en las iglesias o de estatuas de la Virgen o de los santos expuestas al aire libre. En otoño de 2014 el padre Hanna Jallouf, párroco de Knayeh, fue detenido por los yihadistas junto con otros jóvenes de la parroquia. Sucedió después de que el religioso se hubiera dirigido personalmente al Tribunal islámico de la zona, en donde trató de denunciar el aumento de los abusos perpetrados por las brigadas de islamistas en el convento. Con su gesto, el padre Hanna trató de comprobar si verdaderamente el «nuevo orden» impuesto por los yihadistas podía garantizar derechos limitados a un súbdito cristiano, como prescribe la Sharia, incluso en sus interpretaciones más radicales. Y la represalia que sufrieron él y sus parroquianos fue suficiente para desenmascarar las palabras de orden de la publicidad islamista.
Durante estos últimos años, en la guerra de propaganda, los cristianos han sido denigrados o halagados, maltratados o expuestos como trofeos. Algunos círculos occidentales, que primero los insultaban, quisieran etiquetarlos incluso como víctimas de un inexistente «genocidio», tal vez para justificar en su nombre alguna operación militar. Mientras tanto, también Assad, por su parte sigue cultivando la imagen de líder árabe «amigo de los cristianos».
En su fragilidad desarmada, los Franciscanos de la Custodia y sus amigos han demostrado al mundo que siempre es posible tratar de vivir como cristianos bajo las órdenes de quienes mandan «pro tempore», sea quien sea. Incluso si son los del Califato Islámico. Y su inerme perseverancia podría ayudar a custodiar a los que se han quedado incluso en el futuro, sea cual sea el futuro de Siria.