La situación para los habitantes de Siria se hace cada día más desesperada. Las bombas matan, pero el hambre también.
Madaya (en Damasco rural) donde unas 42.000 personas se encuentran en situación extremadamente vulnerable, es quizá el exponente más dramático de la situación de hambruna que ha provocado el largo conflicto que desde el año 2011 vive el país, pero no el único.
Este viernes, el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) confirmó el estado de malnutrición agudo en el que se encuentran los niños y expresó preocupación ya que calculan que la mitad de las personas atrapadas en Madaya son menores de 18 años.
«De los 25 niños menores de cinco años que pudieron ser evaluados por el personal de Unicef, 22 mostraron signos de malnutrición desde moderada a severa», aseguró el portavoz de Unicef, Christopher Boulierac.
Por su parte, el portavoz de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tarik Jasarevik, anunció que se encuentra en camino hacia Madaya la primera clínica móvil, lo cual ya ha sido autorizado por el gobierno y será gestionada por la Luna Árabe Roja siria (SARC por sigla en inglés)
Finalmente Unicef recordó que «mientras expresamos nuestra sorpresa por la situación, no olvidemos que a través de Siria, hay otros 14 Madayas en las que se estima están atrapadas unas 450.000 personas bajo estado de sitio tanto por el gobierno como por grupos opositores».
Entre estos 'otros Madayas', se encuentran Fouaa y Kefraya (en Idlib rural). En estas dos comunidades y en Madaya, el PMA estima que unas 60.000 personas se encuentran atrapadas desde octubre sin acceso a alimentos y otros suministros humanitarios esenciales.
El PMA proporciona alimentos cada mes a más de 4 millones de personas que viven en Siria, pero sigue llamando a todas las partes en conflicto para que permitan el acceso sin restricciones a todas las poblaciones que viven en las zonas asediadas y de difícil acceso en Siria.
«El mayor temor de esta gente es que los camiones se vayan y nunca más regresen», explicó Isam Ismail, Oficial de Programas del PMA. «Es fundamental que seamos capaces de acceder a estas personas y entregarles ayuda humanitaria regularmente».
Ismail acompañó al convoy que arribó a Madaya hace unos días. Camiones que se dirigían a esta ciudad y a Fouaa y Kefraya, llegaron a las tres áreas simultáneamente. Transportaban alimento suficiente para alimentar a 40.000 personas durante un mes en Madaya y a 20.000 personas en Fouaa y Kefraya.
«Los niños nos esperaban desde hace mucho tiempo, pero pocos seguían en las calles cuando los camiones entraron en Madaya después del anochecer», dijo Ismail. «Los pocos niños que se quedaron para recibir a los convoyes tenían frío y algunos se lanzaron sobre el equipo para pedir galletas fortificadas o pan o cualquier cosa que pudieran comer de inmediato».
Las cajas de alimentos del PMA incluyen arroz, harina de trigo, aceite vegetal, sal, azúcar, alimentos enlatados, frijoles y lentejas. El PMA da prioridad a la entrega de alimentos enlatados para que así las personas tengan acceso inmediato a los alimentos. Otros artículos de socorro de las organizaciones socias, como el CICR, Unicef y la OMS incluyen artículos médicos y nutricionales.
"Os estáis preparando para ser cristianos capaces de tomar decisiones y gestos valientes, capaces de construir todos los días, incluso en las pequeñas cosas, un mundo de paz."
"A veces, nosotros rezamos, pedimos al Señor, pero tantas veces no sabemos llegar precisamente a aquella lucha con el Señor, a las lágrimas, a pedir, a pedir la gracia”
"Esta oración la ha conocido Jesús en el Huerto de los Olivos, cuando era tanta la angustia y tanto el dolor que sudó sangre. Y no reprochó al Padre: ‘Padre, si tú quieres quítame esto, pero que se haga tu voluntad’. Y Jesús ha respondido por el mismo camino de esta mujer: la docilidad. A veces, nosotros rezamos, pedimos al Señor, pero tantas veces no sabemos llegar precisamente a aquella lucha con el Señor, a las lágrimas, a pedir, a pedir la gracia”.
Si hay un arma que sale barata a los combatientes es el provocar que sus enemigos mueran de hambre. Así ha sucedido en varias ciudades sirias en las que la situación era más propia de la II Guerra Mundial que del siglo XXI.
Estas imágenes corresponden a Madaya a 25 kilómetros de Damasco, sitiada por las tropas gubernamentales de al-Assad donde unas 30 personas han muerto ya de hambre. Pero las organizaciones humanitarias también denuncian situaciones similares provocadas por los rebeldes en el norte de Siria en ciudades como Foah y Kefraya.
Hasta la llegada de estos convoyes de ayuda, esta era la comida más común: hojas de árboles. Ya habían llegado a comer carne de perro o especias mezcladas con agua.
"La situación alimentaria es terrible en la zona, la ciudad está sitiada, no hay alimentos y el mercado está cerrado. Realmente estas personas necesitan comida”.
"Estamos sin electricidad. Quemamos zapatos y bolsas de plástico para mantenernos calientes. La gente busca comida en la basura”.
La ayuda que va en estos camiones ha llegado a estas ciudades en forma de comida, medicinas, material de primera necesidad y mantas.
La situación podría ser peor. Según la ONU, en Siria hay 4 millones y medio de personas viviendo en zonas "difíciles de alcanzar” asediadas por varias milicias donde es difícil saber a qué condiciones se enfrenta la población civil.
Como cada año, el Papa convocó a todos los embajadores acreditados ante el Vaticano para felicitarles el año nuevo.
Este martes 12 de enero el Papa argentino ha lanzado al mundo su primer libro, fruto de una extensa y profunda conversación con el periodista italiano Andrea Tornielli, del diario La Stampa. Unas 40 preguntas certeras, que conllevaron una conversación de cuatro horas en Santa Marta.
"El nombre de Dios es Misericordia", el libro se ha puesto a la venta en 86 países, pero lo más importante del mismo no son detalles como que el Pontífice haya escrito a mano el título de las portadas de las seis ediciones en italiano, inglés, francés, alemán, español y portugués.
Y tampoco es lo más importante que, a la presentación del mismo, hayan acudido el Cardenal de Venecia, el actor Roberto Benigni y un preso llamado Zhang Agostino Jianquing, recluso de la cárcel de Padua, que se convirtió al cristianismo el pasado año.
Lo más relevante del libro del papa Francisco es que redunda en su predicación de la Misericordia, como seña de identidad del Cristianismo. Esa línea de pensamiento, que emula a la que practicaron los primeros cristianos para acoger y abrazar a los conversos del paganismo, es un mensaje que impacta más allá de titulares.
A Francisco no le gustan ni los jueces severos, ni los curas de caras largas, ni los que predican y no dan trigo, ni los que miran a los demás por encima del hombro. La Iglesia Católica que pastorea este sucesor de San Pedro es una barca llena de pecadores, tantos que el mogollón está a punto de empezar a dejar caer cuerpos por la borda. Y el Papa lo sabe.
"Cada vez que entro a una cárcel para una visita, siempre me viene este pensamiento: ‘¿Por qué ellos y no yo?’", Palabra de Papa.
En un texto lleno de anécdotas, el propio Tornielli narra cómo logró hacer realidad la entrevista y el libro, destacando una frase poderosa que le dijo Francisco: "Dios perdona no con un decreto sino con una caricia".
Y es a partir de esa frase como se pueden apreciar en su profundidad elresto de cosas jugosas que el Papa dice en este libro. Habla Bergoglio a pecho descubierto, pero de un modo que no sorprenderá en lo más mínimo a nadie que haya leído el Evangelio con algo más de interés que el que se precisa para la revista de la antesala de un dentista.
Con cada pregunta el Papa quema etapas de kilómetros de tópicos y prejuicios, asentados por gente que puede tener buena intención, pero a los que le falta corazón.
Así el Papa vuelve a dejar claro a todos que "ningún pecado es demasiado grande para Dios", por recordar que el pecador es la materia prima de la Iglesia, le duela a quien le duela.
Otra cosa es el que se ha instalado en la patraña. A Tornielli le sorprendió la distinción que hizo el Papa entre pecadores y corruptos "que no tiene que ver con la cantidad o la gravedad de las acciones cometidas, sino con el hecho de que el primero reconoce humildemente que lo es y pide perdón para poder levantarse de nuevo, mientras que para el segundo vive elevado a sistema, se convierte en una costumbre mental, una manera de vivir".
Hay que leer las 150 páginas en las que se desglosan los cuarenta dardos, las 40 preguntas que muerde Francisco con la fuerza de hincha de San Lorenzo y la dulzura del argentino, pero debe hacerse sin miedo a que no diga lo que a uno le gusta escuchar. El Papa no escribe periódicos, no confundan.
Y claro que entra al trapo de los divorciados vueltos a casar, de las personas homosexuales, de la libertad, los presos, el perdón, la gracia, la Misericordia y todo lo que algunos consideran espinoso y otros necesario.
En esos párrafos encontramos la historia de la sobrina del Papa "que se ha casado por lo civil con un hombre antes de que este pudiera obtener la nulidad matrimonial".
Además de hablar sobre su sobrina, Francisco vuelve a recordar el respeto que merecen los gays, subrayando la importancia de hablar siempre de "personas homosexuales", porque recalca Francisco "primero está la persona, en su entereza y dignidad. Y la persona no es definida solo por su tendencia sexual".
Resumiendo, en "El nombre de Dios es Misericordia" queda claro que el Papa tiene los pies en la Tierra, pero gambetea con el corazón en el Cielo. Ah, y no tiene la más remota idea de lo que es el miedo.
["La Iglesia condena el pecado porque debe decir la verdad: esto es un pecado. Pero al mismo tiempo abraza al pecador que se reconoce como tal, lo acerca, le habla sobre la misericordia infinita de Dios. Jesús perdonó incluso a los que lo pusieron en la cruz y lo despreciaron.
Debemos volver al Evangelio. Ahí encontramos que no se habla solo de acogida y de perdón, sino que se habla de “fiesta” por el hijo que vuelve. La expresión de la misericordia es la alegría de la fiesta, que econtramos bien expresada en el Evangelio de Lucas: «Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse» (15, 7). No dice: «¡Y si luego recae, retrocede, comete otros pecados, que se las arregle solo!». No, porque a Pedro, que le preguntaba cuántas veces había que perdonar, Jesús le dijo: «Setenta veces siete» (Evangelio de Mateo, 18, 22), es decir siempre.
Al hijo mayor del padre misericordioso se le permitió decir la verdad sobre todo lo que había sucedido, aunque no comprendiera, porque el otro hermano, comenzó a acusarse, no tuvo tiempo para hablar: el padre lo detuvo y lo abrazó. Justamente porque existe el pecado en el mundo, justamente porque nuestra naturaleza humana está herida por el pecado original, Dios que ha dado a su Hijo por nosotros no puede más que revelarse como misericordia […]
Siguiendo al Señor, la Iglesia está llamada a efundir su misericordia sobre todos los que se reconocen pecadores, responsables del mal cometido, que sienten necesidad de perdón. La Iglesia no está en el mundo para condenar, sino para permitir el encuentro con ese amor visceral que es la misericordia de Dios. Para que esto suceda, lo repito a menudo, es necesario salir.
Salir de las Iglesias y de las parroquias, salir e ir a buscar a las personas en donde viven, en donde sufren, en donde esperan. El hospital de campo, la imagen con la que me gusta describir a esta “Iglesia en salida”, tiene la característica de surgir en donde se combate: no es la estructura sólida, dotada de todo, a donde vamos a curarnos pequeñas y grandes enfermedades.
Es una estructura móvil, de urgencias, de intervención rápida, para evitar que los combatientes mueran. En ella se practica la medicina de urgencia, no se hacen análisis especializados. Espero que el Jubileo extraordinario haga surgir cada vez más el rostro de una Iglesia que vuelve a descubrir las vísceras maternas de la misericordia y que sale al encuentro de todos los «heridos» que necesitan escucha, comprensión, perdón y amor].
Papa Francesco, «Il nome di Dio è Misericordia», una conversazione con Andrea Tornielli
© 2016 - Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano
Los peregrinos que acudieron a la primera audiencia general del año pudieron ver al Papa muy de cerca puesto que el encuentro fue en el Aula Pablo VI del Vaticano.
Los peregrinos que acudieron a la primera audiencia general del año pudieron ver al Papa muy de cerca puesto que el encuentro fue en el Aula Pablo VI del Vaticano.
En medio de un Oriente Medio marcado por la violencia confesional y las banderas negras de un Estado Islámico (EI) que arrasa con seres humanos y patrimonio cultural, el brillo que emana de los mosaicos que han salido a la luz durante la rehabilitación de la Basílica de la Natividad de Belén son una llama de esperanza.
Media docena de ángeles, el doble de grandes que un ser humano y con gestos dirigidos hacia el lugar donde, según la tradición, nació Jesús hace 2.000 años, devuelven a uno de los templos más antiguos un áurea celestial que los peregrinos de todo el mundo podrán disfrutar dentro de muy poco. Una procesión de ángeles bizantinos que durante siglos fueron los encargados de señalar a los recién llegados el pesebre y que recuperan su esplendor en pleno siglo XXI con sus tonos dorados, verdes, rosas. gracias al trabajo minucioso de una veintena de profesionales italianos que trabajan y viven en la ciudad vieja de Belén desde hace dos años.

Desde marzo de 2013 la vida de estos profesionales transcurre en el interior de una basílica que ha sobrevivido a quince terremotos, invasiones, incendios, disputas entre sus tres inquilinos (Iglesia católica, la Iglesia ortodoxa griega y la Iglesia apostólica armenia), y al encierro durante 39 días de 200 palestinos en 2002. Un proyecto de 16,5 millones de euros para los que la Autoridad Nacional Palestina (ANP) ha logrado recaudar hasta el momento 9,2: trabaja de forma intensa para encontrar donantes que cubran la parte que falta para terminar de restaurar este templo declarado Patrimonio de Humanidad por la Unesco en 2012.
Giammarco Piacenti no oculta la emoción al hablar del «proyecto más importante» de su vida. Este restaurador de la Toscana, con experiencia en proyectos internacionales en Cuba, Rusia o China, presentóla empresa familiar que preside al concurso internacional convocado para rehabilitar un templo que por su valor simbólico para los cristianos «es mucho más que un trabajo, es una gran responsabilidad». Piacenti pertenece a la quinta generación de restauradores y recuerda que nada más llegar la prioridad fue el tejado: reparar la cubierta para cortar la filtración de agua que había arruinado los mosaicos.
Conseguida la madera adecuada, se puso la nueva cubierta, dejó de entrar la lluvia y llegó el momento de la ocuparse de la decoración, puertas, columnas. «Nos queda como mínimo un año de trabajo. Todo transcurre dentro de los plazos marcados. No hemos cerrado un solo día las puertas; sabíamos que un lugar así no se podía cerrar, así que avanzamos al ritmo de las ceremonias: cuando empiezan las misas paramos y no seguimos hasta que terminan», explica Piacenti.
El equipo italiano cuenta también con la colaboración de profesionales palestinos, como el ingeniero Ibrahim Abed Rabo, para quien «es un doble motivo de orgullo tomar parte en el proyecto por ser palestino y cristiano». Su despacho es una mesa en la parte superior del templo, al que se llega después de subir por cuatro pisos de andamios.
El esqueleto metálico levantado por los restauradores impide al público ver la marcha de las obras, pero cuando uno escala hasta su última altura se topa con la procesión de ángeles y los profesionales, pincel en mano, trabajando piedra a piedra para devolverles todo su esplendor. «Es fantástico, único. no tengo calificativos para describir estos ángeles que hemos descubierto y que van a dejar al mundo boquiabierto», anuncia Rabo.
La primera edificación de este templo data del siglo IV después de Cristo, por orden del emperador romano Constantino I, pero desde el siglo II hay constancia de que Jesús nació en la gruta sobre la que se levanta la basílica. 2.000 años después, Belén se encuentra rodeada por el muro que construye Israel. Piacenti no olvida la cara del taxista del aeropuerto internacional de Ben Gurion, en Tel Aviv, cuando le pidió que le llevara hasta allí.
Son apenas 75 kilómetros, pero supone cruzar al territorio palestino y es una frontera en toda regla para la mayoría de los israelíes. «Dentro del templo estamos aislados del conflicto, aquí trabajamos en turnos de 50 días seguidos y hasta el momento las autoridades de Israel han respetado todos los envíos de material que nos llegan desde el extranjero», precisa Piacenti, que acabada la Natividad le encantaría trabajar en el Santo Sepulcro de Jerusalén, que también precisa una rehabilitación urgente.
Las próximas navidades ya no habrá andamios y los ángeles volverán a mostrar a los miles de peregrinos el camino hacia el pesebre donde nació Jesús. Después de tantas guerras, desastres naturales e incendios, la llama de este templo único sigue viva.
MIKEL AYESTARAN
A partir de mañana, librerías de 84 países pondrán a la venta un libro cuyo autor sorprenderá a más de uno: El Papa Francisco.
Se trata de una conversación con el vaticanista Andrea Tornielli donde explicará con detalle algunas cuestiones centrales de su pontificado y especialmente la misericorida. De ahí el título: "El nombre de Dios es Misericordia”, y lo curioso es que él ha escrito a mano el título para todas las ediciones.