Pascal Bedros testimonia la persecución que sufre la comunidad cristiana en Alepo.
Alepo es una ciudad dividida, una suerte de Barcelona o Madrid donde vivían más de dos millones de personas y donde ahora los diferentes frentes han trazado unas líneas rojas infranqueables para la mayoría de la población. Quienes no han huido están a merced de diferentes facciones: desde efectivos gubernamentales hasta brigadas rebeldes, yihadistas e incluso del Estado Islámico.
«Los sirios, los alepinos, jamás hubieran pensado en abandonar sus casas. Alepo era el pulmón industrial de Siria. Se vivía bien», recuerda. «Era una ciudad preciosa, con una rica cultura, donde los musulmanes convivían con los cristianos en paz». Se estima que es una de las poblaciones más devastadas por al guerra, con un nivel de destrucción solo por detrás de la ciudad de Homs. Las personas son irrecuperables, pero este consagrado de los Focolares también habla del sentimiento de devastación deja consigo: «El pueblo de Alepo sufre porque siente que cada piedra que cae supone perder una parte de su historia».
«La de Siria no es una guerra de religiones. La prueba es que los musulmanes son las primeras víctimas del ISIS
Han llegado a vivir más de un mes sin agua y tienen, con suerte, unas horas de electricidad al día. La falta de trabajo ha llenado de padres de familia las filas de Cáritas en la que era la ciudad más rica de Siria, un país sin deuda externa. Los que podían han sobrevivido estirando al extremo los ahorros de to da una vida. Los que no, han huido poniendo en riesgo sus vidas engrosando la abultada cifra de refugiados en el mundo.
Se calcula que hoy en día una de cada 122 personas es refugiada. Pascal ha visto marcharse a muchos: «Que se vayan tus familiares es como si les viera morir. Para los niños es mucho más traumático». Y aclara: «Ninguna persona se marcha feliz de Siria. Ahí estaban satisfechos». Ha sabido de personas que han sido bien acogidas en diferentes países, pero también de otras que han sufrido maltrato y abuso o, tristemente, ni siquiera han conseguido llegar a un destino. Dice que es necesario ser acogedor, aunque el problema radica en posibilitar las condiciones para que los sirios no tengan que escapar de su país: «Lo mejor que se puede hacer por un sirio es ayudarle a que se quede en Siria».
En opinión de este cristiano, las bombas de Rusia, Estados Unidos, Francia, Turquía o Jordania ayudan poco o nada a este fin. Pascal se toma unos segundos antes de responder sobre qué le parecen estas intervenciones y sentencia: «¿Cómo se puede creer que lanzar bombas del cielo puede darnos la paz?». A ese mismo cielo del que cae la muerte, la comunidad cristiana mira buscando cómo volver a la vida que antes disfrutaban.
Los cristianos de Alepo constituyen una de las comunidades más antiguas del mundo y, desde hace cinco años, una de las más mermadas: han pasado de 250.000 a 50.000 fieles. Siguen celebrando misa e intentan llevar una vida, en la medida de lo posible, normal. Aunque es evidente que, en medio de una guerra tan mortífera como la siria, la normalidad se concita en celebrar la Eucaristía sabiendo que puede ser la última vez. «¡Cuántas veces yendo a misa han caído morteros junto a nosotros!», explica Pascal. «Al principio tienes miedo, luego te acostumbras pero siempre estás en alerta».
Las bombas no son la única amenaza para los cristianos en Siria. El Estado Islámico busca erradicarlos.
«El pueblo de Alepo sufre porque siente que cada piedra que cae supone perder una parte de su historia»
Pascal recuerda que «la guerra de Siria no es una guerra de religiones. El ISIS ha traído una ideología de fuera que ha encontrado algunos puntos débiles y que se alimenta de ayudas exteriores». La prueba, dice, es que ni los musulmanes pueden convivir con ellos y son las primeras víctimas de su violencia. «Los cristianos no están amenazados por los musulmanes sirios», apostilla.
Este libanés no tendría por qué regresar a Alepo pero vuelve. «Es necesario recordar el grito de Jesús en la Cruz: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"». Ese grito existe en Siria y en Alepo. El hecho de estar allí es ya una ayuda muy grande”.
Cuatro millones de personas han abandonado Siria obligadas por la guerra. Hay además unos ocho millones de desplazados internos. Personas como Pascal Bedros, el movimiento de los Focolares o Instituciones como Cáritas o Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN) están presentes en el terreno para paliar el sufrimiento de quienes viven bajo las bombas.
AIN ha puesto en marcha esta Navidad «Una Iglesia de campaña con los refugiados de origen», una iniciativa que pretende recaudar fondos para estos refugiados que sobreviven en sus países de origen. Pero no solo solicitan ayuda material. Para los cristianos de Oriente Medio la oración es el arma más certera y el ejército más efectivo es el de los cristianos de todo el mundo poniéndola en práctica. Como dice Pascal Bedros, «rezar es lo que nos queda, Dios es lo que nos queda, porque ya no tenemos ninguna esperanza en los hombres».
El ser fieles es una consecuencia de cómo entendemos el amor. Nosotros entendemos nuestro matrimonio como un bien personal… Yo soy fiel porque quiero estar junto a mi marido todos los días de mi vida. Es en lapermanencia a su lado como yo crezco como persona pues tengo que salir de mí para encontrarme con él.
“Qué importante es para nuestras familias a caminar juntos para alcanzar una misma meta. Sabemos que tenemos un itinerario común que recorrer; un camino donde nos encontramos con dificultades, pero también con momentos de alegría y de consuelo (…) Es hermoso abrir siempre el corazón unos a otros, sin ocultar nada. Donde hay amor, allí hay también comprensión y perdón”, nos recordaba en Papa Francisco en la homilía del 27 de diciembre, fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José.
Y mirando a mis hijos, unos casados, otros ennoviados, y otros -Dios dirá lo que tiene preparado para ellos- , me planteaba la gran responsabilidad que tenemos cada uno de nosotros con las nuevas generaciones. Es más, pensaba que no es suficiente proponerles una doctrina cristiana sobre el matrimonio y la familia. Es necesario vivirla intensamente y transmitirla con un ejemplo de vida alegre, viva, jovial, joven e ilusionada a pesar de los años; accesible para todo el que quiera amar, coherente, valiente, fiel, serena y segura.
Pero, ¿cómo demostrarles que el servicio, la sinceridad, la alegría, la gratitud, la amabilidad, el hacerse el “olvidalizo” de las pequeñas o grandes faltas del otro,… son elementos esenciales para un buen vivir? ¿Qué seria del mundo sin la fidelidad de muchos matrimonios que se prometieron amor eterno y que cada día que pasa se quieren más a pesar de las pruebas y obstáculos propios del día a día?
Como dice mi amiga Sonsoles: “La fidelidad en nuestro matrimonio no es algo que busquemos, es algo que sucede por el amor comprometido que nos tenemos el uno al otro. Este compromiso crece cada día. El ser fieles es una consecuencia de cómo entendemos el amor. Nosotros entendemos nuestro matrimonio como un bien personal… Yo soy fiel porque quiero estar junto a mi marido todos los días de mi vida. Es en la permanencia a su lado como yo crezco como persona pues tengo que salir de mí para encontrarme con él.
Un matrimonio que no es fiel, se antoja complicado. Una verdadera amistad que no es fiel, se antoja complicada. Cualquier relación entre personas, si no es fiel, se antoja complicada. La fidelidad y la sinceridad van de la mano. Ninguno de nosotros quiere ser engañado en sus relaciones personales. No estamos hechos para el engaño o la mentira. No estamos hechos para la infidelidad. La prueba de ello es el dolor que sentimos cuando nos son infieles”.
Ya nos lo recuerda constantemente el Santo Padre: “No perdamos la confianza en la familia (…) esta misión tan importante, de la que el mundo y la Iglesia tienen más necesidad que nunca”.
Las monedas fueron localizadas hace dos semanas por buceadores en el suelo marino de este lugar histórico y al intuir la importancia del pecio informaron al responsable del club de buceo de Cesárea, que a su vez dio cuenta del hallazgo a la división marina de Autoridad de Antigüedades de Israel (AAI).
Frente a la costa de la antigua ciudad de Cesárea, fueron halladas 2.000 monedas de oro del periodo Fatimí, de hace casi un milenio. «Se trata del hallazgo más importante de monedas encontradas en Israel, con el que comprenderemos mejor la rica economía bajo esta dinastía musulmana», explicó Yaakov Sharvit, responsable de la unidad marina arqueológica investigadora.
Las monedas fueron localizadas hace dos semanas por buceadores en el suelo marino de este lugar histórico y al intuir la importancia del pecio informaron al responsable del club de buceo de Cesárea, que a su vez dio cuenta del hallazgo a la división marina de Autoridad de Antigüedades de Israel (AAI).
Las monedas que vieron la superficie se encuentran en perfecto estado de conservación.
Desde entonces, la autoridad llevó a cabo numerosas inmersiones y gracias a un detector de metales se desenterraron dos mil monedas, que pesan en total 6 kilos, aunque los expertos creen que puede haber muchas más bajo las aguas.
Entre las piezas hay dinares, medios dinares y monedas de un cuarto de dinar de diversos tamaños y peso, pertenecientes a diversos reinados del periodo Fatimí, que gobernó la región a comienzos del siglo X.
Los arqueólogos sugirieron que las monedas pudieron haber viajado a bordo de un barco que naufragó cerca de la orilla mediterránea.
«El descubrimiento de semejante cantidad de monedas con un importante valor económico en la antigüedad nos lleva a barajar varias hipótesis sobre su localización en el fondo del mar», manifestó Sharvit.
«Una de ellas apunta a que se trató de un tesoro oficial a base de impuestos recaudados, que viajaba en una embarcación que navegaba hacia el gobierno central, que en la época se encontraba en Egipto», explicó.
Pero no es la única, otra de las teorías indica que probablemente las monedas tenían como destino el pago de salarios a guarniciones militares fatimíes estacionadas en Cesárea y que protegían la ciudad», agregó el investigador.
Tampoco se descarta la hipótesis de que el dinero perteneciera a un gran barco mercante que comerciaba entre diferentes ciudades costeras del Mediterráneo, donde se hundió.
«Pese al hecho de haber estado en el fondo del mar durante miles de años, no requirieron ninguna limpieza o labor de recuperación. Esto se debe a que el oro es un metal noble y no se corroe en contacto con el aire o el agua», señaló Robert Cole, experto en numismática de la AAI.
Las monedas continuaron siendo de uso tras la conquista cruzada de Tierra Santa, un siglo después de que los musulmanes controlaran la región, en particular en las ciudades portuarias en las que se realizaban intercambios comerciales internacionales.
Varias de ellas presentan marcas de mordidas, lo que pone de manifiesto que fueron inspeccionadas por sus propietarios o mercaderes. Otras tienen señales de desgaste o erosión por el uso, si bien hay algunas que parecen recientemente acuñadas.
Las monedas llevan insignias de varios lugares del reino Fatimí, la mayor parte pertenecen al Califa Al-Hakim, que gobernó entre el año 996 y el 1021, y a su hijo, Al-Zahir (1021-1036), y fueron acuñadas en Egipto y África del Norte.
La más antigua corresponde a un cuarto de dinar acuñado en Palermo, Sicilia, en la segunda mitad del siglo IX, mientras que la más moderna data de 1036, fecha que llevó a los arqueólogos a concluir que el barco pudo hundirse en ese periodo.
El imperio fatimí fue el cuarto califato islámico que gobernó el Norte de África del año 909 al 1171. Inicialmente con sede en Túnez, la dinastía controló buena parte de la costa mediterránea de África y convirtió Egipto en el centro de su gobierno.
En su momento álgido se extendía además a varias áreas del Magreb, Sudán, Sicilia, Palestina, Siria, Arabia Saudita y Yemen.
Sharvit indicó que la dinastía llegó a tener en la época de máximo apogeo 12 millones de dinares, según documentos históricos, una marina y un rico comercio.
De momento, sólo se desenterraron monedas, pero los expertos no descartan encontrar en posteriores investigaciones restos de alguna embarcación, de viejos muelles o cerámicas que puedan arrojar luz sobre uno de los secretos mejor guardados de la antigua Cesárea.
El grupo yihadista nigeriano provoca varias matanzas usando niñas-bomba durante la fiesta cristiana. Hasta 14 de ellas se han inmolado en varios ataques.
La sangrienta campaña de Navidad de Boko Haram reparte puntual sus dosis de muerte en el norte de Nigeria. Para ello, esta sucursal africana del Estado Islámico se vale de niñas secuestradas para convertirlas en bombas vivientes. Hasta 14 de estas pequeñas se han inmolado en varios ataques desde el 27 de septiembre. En estos atentados han muerto al menos 25 personas, aunque algunas fuentes cifran los muertos en más de 60. Recordemos: es el norte del país más rico de África, pero también de una de las zonas más pobres, aisladas, corruptas, descontroladas y violentas del continente. Ni siquiera el número de muertos es un dato seguro. El lunes dos mujeres suicidas provocaron otros 17 fallecidos. Todos ellos en Maiduguri, la ciudad en la que Mohamed Yusuf fundó Boko Haram. El martes dos niñas murieron en Camerún cuando su cinturón explosivo se activó por error sin matar a nadie más.
Esta organización suele aprovechar la celebración cristiana del nacimiento de Cristo para atacar a cristianos, una minoría en el norte del país que ha tenido que dejar sus casas por miedo al yihadismo. Las iglesias abandonadas son una estampa común de las aldeas de estados como Borno y Adamawa. En 2011 Boko Haram asesinó con bombas a cientos de personas que acudían a misa en varios templos. Después de esa fecha, los atentados en iglesias han descendido sencillamente porque no queda casi nadie al que matar. Los curas han muerto o han huído. En las iglesias que aún siguen abiertas han instalado arcos metálicos en la entrada y han multiplicado la seguridad. Boko Haram ha ganado la batalla de la desestabilización y el miedo.
Con 78 millones de cristianos, Nigeria posee la mayor comunidad de creyentes de esta religión en África. Pero para ellos,los 12 estados del norte, donde se practica la Sharia, son territorio hostil: los cristianos no pueden ocupar cargos públicos, ni mostrar su fe en público. Es una religión silenciada.
En una de las trincheras en las que se combate esta guerra, la de la violencia sexual, las reglas de los yihadistas incluyen la violación 'ideológica' de mujeres cristianas para 'transmitir' su retorcida idea del Islam a la siguiente generación con el embarazo. Es su forma de lucha religiosa, demográfica y también militar. En una de las liberaciones masivas de niñas de la pasada primavera, de 534 adolescentes llegaron embarazadas 214. Se cree que la organización aún posee más de 800 esclavas sexuales en su poder. Kashim Shettima, el gobernador del estado de Borno, uno de los bastiones de la secta, asegura con técnicas de lavado de cerebro sobre sus miembros se busca "que no tengan remordimientos al violar a las niñas. Son adoctrinados para violar al mayor número de mujeres como una táctica legítima para acabar con sus enemigos".
Aunque el ejército del país ha recortado terreno a los yihadistas y ha liberado a muchas mujeres y niños de las garras de esta organización, Boko Haram aún posee un enorme 'granero' de personas retenidas no sólo para lavarles el cerebro, sino para convertirlos en suicidas a cambio de no matar a toda su familia. Este otoño más de 300 personas fueron liberadas en el bosque de Sambissa, la base de operaciones de la secta yihadista, del tamaño de Andalucía.
El presidente Muhamadú Buhari, que había dado un ultimátum a los militares para que acabasen con la insurgencia este diciembre, dijo que Nigeria había "ganado técnicamente la guerra". Por desgracia para su cálculo, el conflicto que plantea Boko Haram es mucho más complejo y no sabe de reglas. Por eso en este territorio las victorias son relativas y las derrotas, tangibles.
El problema para Boko Haram es que ahora ya no se enfrenta sólo al ejército de Nigeria. Desde hace un año le combaten además tropas enviadas por Sudáfrica, Camerún, Níger y, sobre todo, los indomables soldados chadianos, los mejor entrenados de la zona. Una guerra mundial africana.
No es fácil parar sus ataques y adelantarse a su estrategia. Además de las niñas, usan mujeres adultas para activar los cinturones explosivos. O burros bomba. Además, después de cada detonación, hombres armados irrumpen en la escena y aprovechan el caos para abrir fuego a la masa de gente huyendo. El objetivo son los mercados, las estaciones de autobús, las aglomeraciones, las iglesias, incluso las mezquitas. Al margen de la propaganda asesina de atentar contra cristianos en Navidad, las principales víctimas de Boko Haram suelen ser musulmanes.
El analfabetismo, caldo de cultivo perfecto para el yihadismo, avanza en toda la zona. La violencia de Boko Haram, que tiene a medios millón de personas desplazadas en Níger, Chad y Camerún, provoca que un millón de niños haya dejado de ir a la escuela. Ataques como el del colegio de Chibok de hace año y medio, con 276 niñas secuestradas, son sólo un ejemplo de lo importante que es ese punto para los terroristas: es más fácil para ellos reclutar miembros entre una juventud inculta.
Pese a las campañas internacionales y la movilización en las redes sociales, ninguna de esas niñas ha sido aún localizada. Ni viva ni muerta.
Nuevos documentos, viajes, actos de misericordia, grandes ceremonias, reformas...
Me ha parecido interesante dedicarle un artículo en esta serie porque ha sido protagonista indiscutible de cientos de relatos navideños, y porque los Magos –como indica S. Mateo- “al ver de nuevo la estrella se llenaron de inmensa alegría” (Mt 2, 11). Sin duda, la mejor parábola para explicar la vocación que Dios dirige a cada hombre para que encuentre su camino hacia Él.
La primera escena que recojo hoy recuerda el momento en que los tres Magos se encontraron en el desierto.
La estrella es también figura importante en La historia más grande jamás contada (1965). Una fotografía muy cuidada ilumina el camino de los Magos por la noche de Belén. Vemos todo en contraluz, con los Magos de espaldas avanzando hacia la estrella y quedando ésta en lugar destacado de la composición. Un nuevo juego de luces nos sorprende al llegar a la gruta: las tonalidades frías y azuladas del exterior contrastan con los tonos cálidos y rojizos del interior, donde brilla la Luz. Es el recuerdo simbólico del texto que acabamos de escuchar en off: “La vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, pero las tinieblas no la recibieron” (Jn 1, 4-5).
En su primer Ángelus del 2016 el Papa Francisco recordó que hoy la Iglesia celebra la Jornada Mundial de la Paz, cuyo tema es “vence la indiferencia y conquista la paz”
“Dios no promete cambios mágicos, él no usa la varita mágica”. Al inicio del 2016, el Papa optó por felicitar a los fieles con un buen deseo basado en una “esperanza real”. Porque pidió a todos ser conscientes que, con el año nuevo, “no cambiará todo y que tantos problemas de ayer permanecerán también mañana”.
Desde la ventana de su estudio personal, en el Palacio Apostólico del Vaticano, Francisco pronunció su primer Ángelus del año. Constató que es bello intercambiarse buenos deseos en estos días, porque es signo de esperanza que anima e invita a creer en la vida, en que las cosas puedan ser un poco mejor. Pero él quiso ser realista y lanzó otro deseo, usando una frase usada por Jesús para bendecir: “Que el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti”.
Ese fue su buen deseo, que el rostro misericordioso de Dios, “más radiante que el sol” resplandezca sobre todos y no se vaya jamás, porque descubrir ese rostro “vuelve a la vida”.
“(Él) es un padre enamorado, que no se cansa jamás de comenzar de nuevo con nosotros para renovarnos. Ama cambiar la realidad desde adentro, con paciencia y amor; pide entrar en nuestra vida con delicadeza, como la lluvia en la tierra, para llevar fruto. Y siempre nos espera y nos mira con ternura”, indicó ante miles de personas congregadas en la Plaza de San Pedro, blindada por un imponente operativo de seguridad.
Entonces invitó a los presentes a que cada mañana, al despertar, digan: “Hoy el señor hace resplandecer su rostro sobre mi”. Una frase que pidió a todos repetir tres veces en voz alta, antes de concluir su mensaje.
Más adelante el pontífice recordó que hoy la Iglesia celebra la Jornada Mundial de la Paz, cuyo tema es “vence la indiferencia y conquista la paz”. Precisó que la paz debe ser cultivada por todos, y debe ser también conquistada. “Eso incluye una verdadera lucha, un combate espiritual que tiene lugar en nuestro corazón. Porque enemiga de la paz no es solo la guerra, sino también la indiferencia, que hace pensar únicamente en nosotros mismos y crea barreras, sospechas, miedos y cerrazones”, siguió.
Constató que en la actualidad se tienen muchas informaciones, pero a veces los hombres se sumergen tanto en las noticias que son distraídos de la realidad, del hermano y de la hermana que tienen necesidad de uno. Por eso instó a comenzar por abrir el corazón, despertando la atención al prójimo, porque ese es el camino para la conquista de la paz.
Invocó la ayuda de la reina de la paz, la madre de Dios, que el evangelio afirma que “custodiaba todas estas cosas, guardándolas en su corazón”: la alegría por el nacimiento de Jesús, pero también de las dificultades que había encontrado: había tenido que ponera su hijo en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada, y el futuro era muy incierto.
“Las esperanzas y las preocupaciones, las gratitudes y los problemas: todo aquello que ocurría en la vida se volvía, en el corazón de María, oración, diálogo con Dios. He ahí el secreto de la madre de Dios. Y ella hace así también para nosotros: custodia las alegrías y desata los nudos de nuestra vida, llevándolos al señor. Confiemos a la madre el nuevo año, para que crezcan la paz y la misericordia”, apuntó.
Son una fuente de pistas que ayudan a entender su pensamiento y esta es una selección de las ideas más contundentes.
Se podría decir que el Papa ha estado calentando motores para el Año de la Misericordia
Concluye un año que ha dejado gestos inolvidables del Papa Francisco. Gestos de ternura y misericordia ante los que no hacen falta palabras.
Con Francisco como Papa hay noticias prácticamente los 365 días del año. Son de todo tipo pero sobresalen las buenas.