El Papa ha tenido mensajes y gestos para todos.

 

África dio a Francisco la mejor de las respuestas

El Papa ha tenido mensajes y gestos para todos.

Francisco llevó a África un mensaje de misericordia, perdón y paz. Y África dio a Francisco la mejor de las respuestas: Su desbordante alegría y fe.

Los cinco días del viaje del Papa Francisco a Kenia, Uganda y República Centroafricana han dejado imágenes de felicidad y de esperanza. Desde su alegato a favor del clima contra la cultura del descarte hasta su petición de paz en un país en guerra, el Papa ha tenido mensajes y gestos para todos.

Rome Reports
"Pidamos la paz para Bangui, para toda la República Centroafricana y para todo el mundo y los países que sufren la guerra"

En la homilía de la Misa, Francisco recordó que Dios es justicia y amor.

"Pidamos la paz para Bangui, para toda la República Centroafricana y para todo el mundo y los países que sufren la guerra."


El Jubileo de la Misericordia comenzó ayer en Bangui, la capital de la República Centroafricana, el tercer país más pobre del mundo.
 
Así llegó Francisco en papamóvil a la explanada de la catedral Nuestra Inmaculada Concepción de Bangui. Allí presidió la misa del primer domingo de Adviento pero antes, improvisó unas palabras. Dijo que Bangui era la capital espiritual del mundo.
 

PAPA FRANCISCO

"Bangui es la capital espiritual de la oración por la Misericordia del Padre. Todos juntos pidamos la paz, la misericordia, la reconciliación, el perdón, el amor. Para Bangui, para toda la República Centroafricana y para todo el mundo y los países que sufren la guerra. Pidamos la paz. Todos juntos pidamos amor y paz. Amor y paz. Ahora, con esta oración, comenzamos el Año Santo, aquí, en esta capital espiritual del mundo”. 
 
Y así con esta oración y este gesto, el Papa dio comienzo al jubileo, abriendo la puerta santa de la catedral de Bangui.
 
En su homilía, Francisco habló de reconciliación y perdón. En República Centroafricana se enfrentan, desde 2013, dos milicias, los Séléka, de corte islamista; y los Anti-Balaka, formada por cristianos y mercenarios de otras etnias y religiones.
 

PAPA FRANCISCO

"Una de las exigencias fundamentales de esta vocación a la perfección es el amor a los enemigos, que nos previene de la tentación de la venganza y de la espiral de las represalias sin fin”. 
 
También habló de esperanza y de justicia para todas aquellas personas que no ven en el horizonte "señales positivas”. Recordó que Dios es justicia y amor. 
 

PAPA FRANCISCO

"Dios es más potente y más fuerte que todo. Esta convicción da al creyente serenidad, valor y la fuerza de perseverar en el bien frente a las peores adversidades. Incluso cuando se desatan las fuerzas del mal, los cristianos han de responder al llamado de frente, listos para aguantar en esta batalla en la que Dios tendrá la última palabra. Y será una palabra de amor”. 
 
Y antes de terminar, lanzó un contundente mensaje a todos los que empuñan las armas contra los demás.
 

PAPA FRANCISCO

"Deponed estos instrumentos de muerte; armaos más bien con la justicia, el amor y la misericordia, garantías de auténtica paz”. 
 
Reconciliación, amor, perdón y paz. Fueron las últimas palabras de la homilía del Papa que recibieron un fuerte aplauso. 
 
Unas 2500 personas asistieron a la misa, incluidos en primera fila, el imán Kobina Layama de la mezquita central de Bangui y las autoridades del país. Otros cientos de peregrinossiguieron la ceremonia desde fuera de la catedral.

Mientras se homenajeaban las banderas de Uganda y del Vaticano, sonaron salvas de cañones en honor del Papa.

 

En el aeropuerto reinaba un ambiente de emoción y cariño al Santo Padre.

Mientras se homenajeaban las banderas de Uganda y del Vaticano, sonaron salvas de cañones en honor del Papa.

 

Obispos, militares, líderes políticos y también un grupo de danzas del país esperaban a Francisco en la pista del aeropuerto. Y cuando llegó, ninguno escondió su emoción.
 
El presidente Yoweri Museveni fue uno de los primeros que le estrechó la mano, y le acompañó durante el recibimiento de la guardia de honor. Mientras se homenajeaban las banderas de Uganda y del Vaticano, sonaron salvas de cañones en honor del Papa.
 
Francisco recorrió la alfombra roja para saludar a líderes religiosos y a muchas autoridades del país, algunos con vestidos tradicionales.
 
E igual que en Kenia, la música tradicional no se detuvo ni un instante, como tampoco las danzas de cientos de personas. 
 
El Papa se reunió con el presidente en un salón del aeropuerto, y se hizo una foto con algunos niños. Luego, entró en un coche rumbo a la casa presidencial para su primer encuentro oficial. 

«Vengo a la República Centroafricana como peregrino de paz y me presento como apóstol de esperanza»: es el ‘tuit’ que el Papa escribió al llegar a Bangui.

El Papa aterrizó en Bangui; miles de personas pro las calles para darle la bienvenida: «Vengo como peregrino de paz y apóstol de esperanza»

 

«Vengo a la República Centroafricana como peregrino de paz y me presento como apóstol de esperanza»: es el ‘tuit’ que el Papa escribió al llegar a Bangui. El aire caliente sofocante y el polvo envuelven a Francisco cuando desciende del vuelo AZ 4000, matrícula de Alitalia para los viajes papales. Después de dos horas y tres cuartos de vuelo desde Entebbe, el Papa y su séquito aterrizaron en la capital de la República Centroafricana.

Alrededor del aeropuerto están las viviendas improvisadas de los prófugos; garantizan la seguridad del Papa los Cascos Azules, soldados del ejercito centroafricano y algunos gendarmes vaticanos que se encuentran en el país desde hace algunos días. Todos tienen chalecos antibalas.

La encargada del Estado durante la transición, la presidenta Catherine Samba-Panza esperaba al Papa al pie de la escalinata preparada para el avión. Se escuchan los himnos nacionales como en todas las visitas. Pero es la primera vez que Francisco llega a un lugar en el que todavía hay una guerra civil en curso. El Pontífice argentino quiso fuertemente esta etapa, apesar de las recomendaciones sobre su seguridad en uno de los países africanos más ricos en cuanto a recursos naturales y más pobres del mundo.

Después del final el dominio francés, en 1960, la República Centroafricana vivió marcada por crisis y fue gobernada por personajes como Bokassa I, que en 1967 pidió a Pablo VI que visitara Bangui para coronarlo emperador. El Vaticano pudo desentenderse argumentando que la Santa Sede ya no contaba desde hacía tiempo con una ceremonia para estas circunstancias. Pero ahora, después de la visita de Juan Pablo II en agosto de 1985, por segunda vez un Papa llega a su territorio, para inaugurar con una semana de anticipación el Jubileo Extraordinario de la Misericordia.

Miles de personas salieron a las calles para acoger al Papa a lo largo del camino. Aplaudían entusiastas también los periodistas que, a bordo de tres autobuses, escoltados por soldados de la ONU, pasan a gran velocidad por las calles de tierra de Bangui.

ANDREA TORNIELLI
Enviado a Bangui

http://vaticaninsider.lastampa.it

La misericordia requiere de todos la conversión, especialmente de los más alejados de la gracia de Dios, de los criminales y de los promotores o cómplices de la corrupción.

La proximidad de un Año de la misericordia es una buena ocasión para reflexionar sobre algunas virtudes morales y el modo en que las enfoca el cristianismo.

La misericordia requiere de todos la conversión, especialmente de los más alejados de la gracia de Dios, de los criminales y de los promotores o cómplices de la corrupción.
Justicia y santidad

Jesús dice: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque quedarán saciados” (Mt 5, 6). En el ámbito de la ética, la justicia es el orden que garantiza la armonía en lo personal y en lo social[1]. La justicia implica la disposición a someter las propias acciones a una medida o norma justificativa que los demás puedan aceptar[2]. Es la virtud que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece. Más concretamente, “la justicia pretende tratar según requiere su esencia a las demás personas, a los acontecimientos de la vida y a las cosas del mundo”[3].

Pero la experiencia común es que este mundo es muy injusto, está lleno de mentiras y de delitos. Esperamos la justicia del juicio definitivo de Dios. Pero entonces ¿qué significa la justicia como virtud humana? ¿Y qué significa en perspectiva cristiana?

En la perspectiva judeocristiana, la justicia se entiende siempre en vinculación con la justicia de Dios y la obra redentora de Cristo. Él nos ha traído la “justificación”, pues vivir en Cristo es vivir en la justicia misma. La justificación que viene por Cristo sitúa al hombre ante la voluntad de Dios y le anima a ejercer plenamente su libertad trabajando aquí abajo por el Reino de Dios.

De esta manera, “el hambre y la sed de justicia”, que Jesús propone, impulsan al cristiano a mejorar la justicia humana. A la vez le abren a la justicia más plena que es la santidad; y a la sustancia de la santidad que es la caridad. Así la vocación cristiana lleva a buscar la justicia y al mismo tiempo acercarse a la perfección del Padre celestial, por Cristo en el Espíritu (cf. Mt 5, 48).

Dimensiones sociales de la fe cristiana

Veamos en segundo lugar las dimensiones sociales de la fe cristiana[4]. El compromiso social está en el corazón del Evangelio. Jesús asumió la naturaleza humana en el contexto de las relaciones sociales. La persona humana es imagen de la Trinidad sobre todo por su relación con los demás. Y esto ha de vivirse particularmente en la Iglesia, porque corresponde esencialmente a su naturaleza y misión[5], y traducirse en misericordia (cf. Mt 25, 35 ss).

Por eso la misión de la Iglesia y de los cristianos se dirige a todo lo que afecta a las personas, a sus necesidades materiales y espirituales. A la vez, conviene advertir que, en esa misión hay diversas funciones y modos de realizarla. Los fieles laicos tienen una responsabilidad directa en la política, la economía, etc[6].

Esto nos habla de que la religión no debe recluirse en el ámbito privado, como pretenden muchos partidarios del laicismo. Esto es una falacia, porque tanto la doctrina como el culto y la moral cristianos desembocan en la preocupación por las personas y por el mejoramiento del mundo. Dos criterios cabe destacar en esto:

a) El amor a los pobres[7] se refiere tanto a las antiguas como a las nuevas formas de pobreza: los niños por nacer y los ancianos de la cultura del “descarte”, los refugiados, los perseguidos, etc.

Este criterio se basa en que Cristo se despojó del rango de su naturaleza divina para hacerse hombre, convivir con los hombres y entregarse hasta la muerte por nosotros (cf. 2 Co 9); y estuvo siempre cercano a los pobres y necesitados, sin excluir a todos los demás.

Como consecuencia los cristianos estamos llamados a acercarnos a los pobres, descubrir sus necesidades y trabajar para combatir las causas de la pobreza en el mundo. Al mismo tiempo debemos realizar los gestos más sencillos y cotidianos de solidaridad y de misericordia, como expresión concreta de la caridad[8]. Además hemos de valorar a los necesitados en su dignidad y aprender mucho de ellos, sobre todo en la relación con Dios y con los demás[9].

Se trata de un principio que debe informar la economía y la política, aunque no sea fácil de llevar a cabo. En cualquier caso afecta a todo cristiano personalmente y a toda comunidad cristiana, y es esencial para librarse de una mentalidad individualista, indiferente y egoísta.

b) El diálogo social que promueve la paz. La paz que promueve el cristianismo no es la consecuencia de un mero consenso social que favoreciera sólo a algunos. Exige proyectos concretos y realistas en el tiempo, educar en la ciencia de la cruz, priorizar la realidad sobre las meras ideas, educar con una visión de conjunto y con visión universal sin desdibujar por ello los valores particulares, locales y concretos.

Para todo esto los cristianos debemos fomentar el diálogo social que promueve la paz a muchos niveles, y hacerlo según nuestras circunstancias y posibilidades: el diálogo entre los ciudadanos y entre los Estados, el diálogo con las culturas y las ciencias –con apertura a la interdisciplinariedad–, el diálogo y empeño ecuménico –apreciando los grados de comunión y los elementos de verdad y de bien que existen en las diversas confesiones cristianas– y el diálogo interreligioso –sin dejar de un lado el anuncio del Evangelio– con respeto a las tradiciones religiosas y sus diversos valores que merecen ser conocidos y debatidos.

La caridad, plenitud de la solidaridad

Para los cristianos la justicia es inseparable de la caridad[10]. Lejos de cierta imagen simplista que la reduce a momentos aislados de beneficencia o limosna –con todo lo bueno que tienen estas actividades de honda raigambre cristiana– , la caridad es la virtud más importante en el cristianismo. La caridad comienza por la justicia y la exige, puesla justicia es su primera vía y su medida mínima, y por eso los cristianos debemos reconocer y respetar los legítimos derechos de las personas, y trabajar por ellos.

Por otro lado, “la caridad supera la justicia y la completa siguiendo la lógica de la entrega y el perdón[11]. El mundo actual está muy necesitado de solidaridad, de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos. Y esto solo puede nacer verdaderamente de la vocación a ser hijos de Dios en Cristo. Los cristianos creemos que el mensaje del Evangelio es un gran impulso a la solidaridad, por medio de la caridad en la verdad[12].

La misericordia, expresión práctica de la caridad

Según Tomás de Aquino la misericordia es la mayor de todas las virtudes en cuanto al obrar exterior[13]. Nos hace semejantes a Dios[14], como se mostró plenamente en Cristo, rostro humano de la misericordia divina, en sus actitudes y en sus enseñanzas.

Por tanto, la misericordia nada tiene que ver con un sentimentalismo, sino que se sitúa en el núcleo del mensaje evangélico (cf. Mt 25, 35 ss.) y es criterio para saber quiénes son realmente hijos de Dios. Es también ideal de vida y principal signo de credibilidad de la fe cristiana, pues el amor se demuestra en la vida concreta[15].

Entre los modos concretos de ejercitar la misericordia, destacan las obras de misericordia corporales y espirituales. Otros modos de vivir la misericordia pueden ser: la adoración de la Eucaristía (donde está Jesús, fuente viva de la misericordia) y la confesión de los pecados (los confesores deben ser un verdadero signo de la misericordia del Padre), las misiones populares y las indulgencias[16].

La misericordia requiere de todos la conversión, especialmente de los más alejados de la gracia de Dios, de los criminales y de los promotores o cómplices de la corrupción.

Finalmente conviene explicitar la conexión entre la justicia y la misericordia, que corre paralela a la relación entre verdad y caridad. La justicia ha sido interpretada con frecuencia de una manera estrecha, como mero cumplimiento de la ley[17]. Contra la mentalidad legalista de los fariseos, Jesús destaca el gran don de la misericordia divina que busca a los pecadores para ofrecerles el perdón y la salvación, y reclama ante todo la atención a las necesidades que tocan la dignidad de las personas.

En suma, “Dios no rechaza la justicia. Él la engloba y la supera en un evento superior donde se experimenta el amor que está en la base de una verdadera justicia. (…) Esta justicia de Dios es la misericordia concedida a todos como gracia en razón de la muerte y resurrección de Jesucristo”[18].

El tiempo de la Iglesia y el de los cristianos es, pues, un tiempo de misericordia, que nos llama a convertirnos siguiendo el estilo del ser y del obrar de Dios. Por eso cada cristiano y cada comunidad cristiana están llamados a anunciar la misericordia divina con la vida y la palabra.

Esto requiere el esfuerzo de cada uno, apoyados en la gracia de Dios: “Misericordia –señala San Josemaría desde la central referencia a Cristo– significa mantener el corazón en carne viva, humana y divinamente transido por un amor recio, sacrificado, generoso”[19].

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[1] Cf. R. Guardini, La esencia del cristianismo. Una ética para nuestro tiempo, Cristiandad, Madrid, 3ª ed, 2007, p. 176.
[2] Cf. R. Spaemann, Ética. Cuestiones fundamentales, Pamplona 2010, cap. IV.
[3] R. Guardini., o.c., p. 341.
[4] Cf. H. De Lubac, Catolicismo: aspectos sociales del dogma, Madrid 1988 (original de 1938); cf. Francisco, exhortación apostólica Evangelii gaudium (24-XI-2013), cap. IV, para todo lo que sigue..
[5] Benedicto XVI, Motu proprio Intima Ecclesiae natura, 11-XI-2012, cf. Encíclica Deus caritas est (25-XII-2005), n. 25.
[6] Cf. La nota de la Congregación para la Doctrina de la fe sobre el compromiso y la conducta de los católicos en la vida pública, 24-XI-2002.
[7] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2443-2449.
[8] Cf. Exhortación Evangelii gaudium (24-XI-2013), nn. 188 y 195; cf. Juan Pablo II, Carta Novo millennio ineunte (6-I-2001), n. 50.
[9] Cf. Santo Tomás de Aquino, STh, II-II, q 27, a2.
[10] Cf. Enc. Caritas in veritate (29-VI-2009), n. 6.
[11] Cf. Juan Pablo II, "No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón" (Mensaje para la Jornada mundial de la paz, 2002); cf. Encíclica Caritas in veritate, n. 6.
[12] Cf. Ibid, nn. 1 y 78.
[13] Cf. STh, II-II, q. 30, art. 4.
[14] Cf. Ibidem.
[15] Cf. Francisco, bula Misericordiae vultus (11-IV-2015) por la que se convoca el Jubileo extraordinario de la Misericordia, n. 9.
[16] “Las indulgencias son la remisión ante Dios de la pena temporal merecida por los pecados ya perdonados en cuanto a la culpa”, que se obtiene por la mediación de la Iglesia (cf. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 312).
[17] Cf. Misericordiae vultus, n. 20.
[18] Ibid, n. 21.
[19] Homilía Con la fuerza del amor, en Amigos de Dios, n. 233. Vid. también nn. 77-80.

Iglesia y Nueva Evangelización

Entre los gritos entusiastas de decenas de miles de personas, el Papa Francisco llegó a su encuentro con jóvenes de Uganda, en un antiguo aeropuerto de Kampala.

Papa a los jóvenes: “Con la ayuda de Jesús, una pared sepuede transformar en un horizonte”

Entre los gritos entusiastas de decenas de miles de personas, el Papa Francisco llegó a su encuentro con jóvenes de Uganda, en un antiguo aeropuerto de Kampala.
 

Allí escuchó el crudo testimonio de dos jóvenes que se habían sobrepuesto a pruebas terribles. 
 
Winnie, de 24 años, tiene SIDA desde que nació. Se quedó huérfana a los 7 años y desde entonces ha luchado sola. 
 
WINNIE
"Como joven, siempre he encontrado duro enamorarme, porque pensaba que no tenía derecho ni a amar ni a ser amada. Siempre he temido explicar mi vida. Gracias a Dios, con el tiempo mi actitud es más positiva”.
 
Emmanuel contóque hace 12 años atacaron su escuela y los secuestraron a él y a otros 41 chicos. Durante tres meses pasó hambre, frío, quemaduras y torturas. Asesinaron a algunos, pero él escapó, regresó a la escuela, y con los años terminó la universidad.
 
EMMANUEL  
"Hacia quienes nos torturaron, afortunadamente mi corazón ha encontrado amor, perdón, paz y alegría. Todos están perdonados porque Jesucristo quebrantó el poder de la muerte al sufrir en la cruz”
 
El Papa los bendijo, reflexionó y aseguró que le había dolido mucho su testimonio. Luego, les puso como ejemplo de superación con la ayuda de Dios.
 
PAPA FRANCISCO
"Winnie se encontró con una pared delante, pero Jesús le hizo entender que se puede transformar una pared en horizonte que abra el futuro. FLASH. Winnie transformó la amargura en esperanza. No es magia, es obra de Jesús. Jesús lo puede todo”.
 
El discurso de Francisco a los jóvenes pasó del dolor a la esperanza. El Papa les pidió que transformen lo negativo en positivo y les desafió con preguntas.
 
PAPA FRANCISCO
"¿Están dispuestos a transformar el odio en amor?”
 
JÓVENES 
"¡Sí!”
 
PAPA FRANCISCO
"Nunca dejen de rezar, la oración es el arma más fuerte que tiene un pobre”.
 
PAPA FRANCISCO
"Y como en la Iglesia no somos huérfanos y tenemos una madre, rezad a nuestra madre. ¿Y cómo se llama nuestra madre?”
 
JÓVENES
"¡María!"
 
El Papa no se fue con las manos vacías. Le regalaron una característica escultura para que cuando regrese a Roma, no les olvide. 
 
Le costó irse, también porque muchos corrieron detrás del papamóvil para quedarse con la última sonrisa del Papa. 

Papa a los jóvenes: “Con la ayuda de Jesús, una pared se puede transformar en un horizonte”

2015-11-28
Entre los gritos entusiastas de decenas de miles de personas, el Papa Francisco llegó a su encuentro con jóvenes de Uganda, en un antiguo aeropuerto de Kampala.
 
Allí escuchó el crudo testimonio de dos jóvenes que se habían sobrepuesto a pruebas terribles. 
 
Winnie, de 24 años, tiene SIDA desde que nació. Se quedó huérfana a los 7 años y desde entonces ha luchado sola. 
 
WINNIE
"Como joven, siempre he encontrado duro enamorarme, porque pensaba que no tenía derecho ni a amar ni a ser amada. Siempre he temido explicar mi vida. Gracias a Dios, con el tiempo mi actitud es más positiva”.
 
Emmanuel contó que hace 12 años atacaron su escuela y los secuestraron a él y a otros 41 chicos. Durante tres meses pasó hambre, frío, quemaduras y torturas. Asesinaron a algunos, pero él escapó, regresó a la escuela, y con los años terminó la universidad.
 
EMMANUEL  
"Hacia quienes nos torturaron, afortunadamente mi corazón ha encontrado amor, perdón, paz y alegría. Todos están perdonados porque Jesucristo quebrantó el poder de la muerte al sufrir en la cruz”
 
El Papa los bendijo, reflexionó y aseguró que le había dolido mucho su testimonio. Luego, les puso como ejemplo de superación con la ayuda de Dios.
 
PAPA FRANCISCO
"Winnie se encontró con una pared delante, pero Jesús le hizo entender que se puede transformar una pared en horizonte que abra el futuro. FLASH. Winnie transformó la amargura en esperanza. No es magia, es obra de Jesús. Jesús lo puede todo”.
 
El discurso de Francisco a los jóvenes pasó del dolor a la esperanza. El Papa les pidió que transformen lo negativo en positivo y les desafió con preguntas.
 
PAPA FRANCISCO
"¿Están dispuestos a transformar el odio en amor?”
 
JÓVENES 
"¡Sí!”
 
PAPA FRANCISCO
"Nunca dejen de rezar, la oración es el arma más fuerte que tiene un pobre”.
 
PAPA FRANCISCO
"Y como en la Iglesia no somos huérfanos y tenemos una madre, rezad a nuestra madre. ¿Y cómo se llama nuestra madre?”
 
JÓVENES
"¡María!"
 
El Papa no se fue con las manos vacías. Le regalaron una característica escultura para que cuando regrese a Roma, no les olvide. 
 
Le costó irse, también porque muchos corrieron detrás del papamóvil para quedarse con la última sonrisa del Papa. 
 

La misericordia requiere de todos la conversión, especialmente de los más alejados de la gracia de Dios, de los criminales y de los promotores o cómplices de la corrupción.

La proximidad de un Año de la misericordia es una buena ocasión para reflexionar sobre algunas virtudes morales y el modo en que las enfoca el cristianismo.

La misericordia requiere de todos la conversión, especialmente de los más alejados de la gracia de Dios, de los criminales y de los promotores o cómplices de la corrupción.

Justicia y santidad

Jesús dice: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque quedarán saciados” (Mt 5, 6). En el ámbito de la ética, la justicia es el orden que garantiza la armonía en lo personal y en lo social[1]. La justicia implica la disposición a someter las propias acciones a una medida o norma justificativa que los demás puedan aceptar[2]. Es la virtud que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece. Más concretamente, “la justicia pretende tratar según requiere su esencia a las demás personas, a los acontecimientos de la vida y a las cosas del mundo”[3].

Pero la experiencia común es que este mundo es muy injusto, está lleno de mentiras y de delitos. Esperamos la justicia del juicio definitivo de Dios. Pero entonces ¿qué significa la justicia como virtud humana? ¿Y qué significa en perspectiva cristiana?

En la perspectiva judeocristiana, la justicia se entiende siempre en vinculación con la justicia de Dios y la obra redentora de Cristo. Él nos ha traído la “justificación”, pues vivir en Cristo es vivir en la justicia misma. La justificación que viene por Cristo sitúa al hombre ante la voluntad de Dios y le anima a ejercer plenamente su libertad trabajando aquí abajo por el Reino de Dios.

De esta manera, “el hambre y la sed de justicia”, que Jesús propone, impulsan al cristiano a mejorar la justicia humana. A la vez le abren a la justicia más plena que es la santidad; y a la sustancia de la santidad que es la caridad. Así la vocación cristiana lleva a buscar la justicia y al mismo tiempo acercarse a la perfección del Padre celestial, por Cristo en el Espíritu (cf. Mt 5, 48).

Dimensiones sociales de la fe cristiana

Veamos en segundo lugar las dimensiones sociales de la fe cristiana[4]. El compromiso social está en el corazón del Evangelio. Jesús asumió la naturaleza humana en el contexto de las relaciones sociales. La persona humana es imagen de la Trinidad sobre todo por su relación con los demás. Y esto ha de vivirse particularmente en la Iglesia, porque corresponde esencialmente a su naturaleza y misión[5], y traducirse en misericordia (cf. Mt 25, 35 ss).

Por eso la misión de la Iglesia y de los cristianos se dirige a todo lo que afecta a las personas, a sus necesidades materiales y espirituales. A la vez, conviene advertir que, en esa misión hay diversas funciones y modos de realizarla. Los fieles laicos tienen una responsabilidad directa en la política, la economía, etc[6].

Esto nos habla de que la religión no debe recluirse en el ámbito privado, como pretenden muchos partidarios del laicismo. Esto es una falacia, porque tanto la doctrina como el culto y la moral cristianos desembocan en la preocupación por las personas y por el mejoramiento del mundo. Dos criterios cabe destacar en esto:

a) El amor a los pobres[7] se refiere tanto a las antiguas como a las nuevas formas de pobreza: los niños por nacer y los ancianos de la cultura del “descarte”, los refugiados, los perseguidos, etc.

Este criterio se basa en que Cristo se despojó del rango de su naturaleza divina para hacerse hombre, convivir con los hombres y entregarse hasta la muerte por nosotros (cf. 2 Co 9); y estuvo siempre cercano a los pobres y necesitados, sin excluir a todos los demás.

Como consecuencia los cristianos estamos llamados a acercarnos a los pobres, descubrir sus necesidades y trabajar para combatir las causas de la pobreza en el mundo. Al mismo tiempo debemos realizar los gestos más sencillos y cotidianos de solidaridad y de misericordia, como expresión concreta de la caridad[8]. Además hemos de valorar a los necesitados en su dignidad y aprender mucho de ellos, sobre todo en la relación con Dios y con los demás[9].

Se trata de un principio que debe informar la economía y la política, aunque no sea fácil de llevar a cabo. En cualquier caso afecta a todo cristiano personalmente y a toda comunidad cristiana, y es esencial para librarse de una mentalidad individualista, indiferente y egoísta.

b) El diálogo social que promueve la paz. La paz que promueve el cristianismo no es la consecuencia de un mero consenso social que favoreciera sólo a algunos. Exige proyectos concretos y realistas en el tiempo, educar en la ciencia de la cruz, priorizar la realidad sobre las meras ideas, educar con una visión de conjunto y con visión universal sin desdibujar por ello los valores particulares, locales y concretos.

Para todo esto los cristianos debemos fomentar el diálogo social que promueve la paz a muchos niveles, y hacerlo según nuestras circunstancias y posibilidades: el diálogo entre los ciudadanos y entre los Estados, el diálogo con las culturas y las ciencias –con apertura a la interdisciplinariedad–, el diálogo y empeño ecuménico –apreciando los grados de comunión y los elementos de verdad y de bien que existen en las diversas confesiones cristianas– y el diálogo interreligioso –sin dejar de un lado el anuncio del Evangelio– con respeto a las tradiciones religiosas y sus diversos valores que merecen ser conocidos y debatidos.

La caridad, plenitud de la solidaridad

Para los cristianos la justicia es inseparable de la caridad[10]. Lejos de cierta imagen simplista que la reduce a momentos aislados de beneficencia o limosna –con todo lo bueno que tienen estas actividades de honda raigambre cristiana– , la caridad es la virtud más importante en el cristianismo. La caridad comienza por la justicia y la exige, pues la justicia es su primera vía y su medida mínima, y por eso los cristianos debemos reconocer y respetar los legítimos derechos de las personas, y trabajar por ellos.

Por otro lado, “la caridad supera la justicia y la completa siguiendo la lógica de la entrega y el perdón[11]. El mundo actual está muy necesitado de solidaridad, de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos. Y esto solo puede nacer verdaderamente de la vocación a ser hijos de Dios en Cristo. Los cristianos creemos que el mensaje del Evangelio es un gran impulso a la solidaridad, por medio de la caridad en la verdad[12].

La misericordia, expresión práctica de la caridad

Según Tomás de Aquino la misericordia es la mayor de todas las virtudes en cuanto al obrar exterior[13]. Nos hace semejantes a Dios[14], como se mostró plenamente en Cristo, rostro humano de la misericordia divina, en sus actitudes y en sus enseñanzas.

Por tanto, la misericordia nada tiene que ver con un sentimentalismo, sino que se sitúa en el núcleo del mensaje evangélico (cf. Mt 25, 35 ss.) y es criterio para saber quiénes son realmente hijos de Dios. Es también ideal de vida y principal signo de credibilidad de la fe cristiana, pues el amor se demuestra en la vida concreta[15].

Entre los modos concretos de ejercitar la misericordia, destacan las obras de misericordia corporales y espirituales. Otros modos de vivir la misericordia pueden ser: la adoración de la Eucaristía (donde está Jesús, fuente viva de la misericordia) y la confesión de los pecados (los confesores deben ser un verdadero signo de la misericordia del Padre), las misiones populares y las indulgencias[16].

La misericordia requiere de todos la conversión, especialmente de los más alejados de la gracia de Dios, de los criminales y de los promotores o cómplices de la corrupción.

Finalmente conviene explicitar la conexión entre la justicia y la misericordia, que corre paralela a la relación entre verdad y caridad. La justicia ha sido interpretada con frecuencia de una manera estrecha, como mero cumplimiento de la ley[17]. Contra la mentalidad legalista de los fariseos, Jesús destaca el gran don de la misericordia divina que busca a los pecadores para ofrecerles el perdón y la salvación, y reclama ante todo la atención a las necesidades que tocan la dignidad de las personas.

En suma, “Dios no rechaza la justicia. Él la engloba y la supera en un evento superior donde se experimenta el amor que está en la base de una verdadera justicia. (…) Esta justicia de Dios es la misericordia concedida a todos como gracia en razón de la muerte y resurrección de Jesucristo”[18].

El tiempo de la Iglesia y el de los cristianos es, pues, un tiempo de misericordia, que nos llama a convertirnos siguiendo el estilo del ser y del obrar de Dios. Por eso cada cristiano y cada comunidad cristiana están llamados a anunciar la misericordia divina con la vida y la palabra.

Esto requiere el esfuerzo de cada uno, apoyados en la gracia de Dios: “Misericordia –señala San Josemaría desde la central referencia a Cristo– significa mantener el corazón en carne viva, humana y divinamente transido por un amor recio, sacrificado, generoso”[19].

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[1] Cf. R. Guardini, La esencia del cristianismo. Una ética para nuestro tiempo, Cristiandad, Madrid, 3ª ed, 2007, p. 176.
[2] Cf. R. Spaemann, Ética. Cuestiones fundamentales, Pamplona 2010, cap. IV.
[3] R. Guardini., o.c., p. 341.
[4] Cf. H. De Lubac, Catolicismo: aspectos sociales del dogma, Madrid 1988 (original de 1938); cf. Francisco, exhortación apostólica Evangelii gaudium (24-XI-2013), cap. IV, para todo lo que sigue..
[5] Benedicto XVI, Motu proprio Intima Ecclesiae natura, 11-XI-2012, cf. Encíclica Deus caritas est (25-XII-2005), n. 25.
[6] Cf. La nota de la Congregación para la Doctrina de la fe sobre el compromiso y la conducta de los católicos en la vida pública, 24-XI-2002.
[7] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2443-2449.
[8] Cf. Exhortación Evangelii gaudium (24-XI-2013), nn. 188 y 195; cf. Juan Pablo II, Carta Novo millennio ineunte (6-I-2001), n. 50.
[9] Cf. Santo Tomás de Aquino, STh, II-II, q 27, a2.
[10] Cf. Enc. Caritas in veritate (29-VI-2009), n. 6.
[11] Cf. Juan Pablo II, "No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón" (Mensaje para la Jornada mundial de la paz, 2002); cf. Encíclica Caritas in veritate, n. 6.
[12] Cf. Ibid, nn. 1 y 78.
[13] Cf. STh, II-II, q. 30, art. 4.
[14] Cf. Ibidem.
[15] Cf. Francisco, bula Misericordiae vultus (11-IV-2015) por la que se convoca el Jubileo extraordinario de la Misericordia, n. 9.
[16] “Las indulgencias son la remisión ante Dios de la pena temporal merecida por los pecados ya perdonados en cuanto a la culpa”, que se obtiene por la mediación de la Iglesia (cf. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 312).
[17] Cf. Misericordiae vultus, n. 20.
[18] Ibid, n. 21.
[19] Homilía Con la fuerza del amor, en Amigos de Dios, n. 233. Vid. también nn. 77-80.

Iglesia y Nueva Evangelización

El Papa pidió que la cura para enfermedades como la malaria o la tuberculosis esté por encima de cualquier interés comercial.

"Sería triste y me atrevo a decir, hasta catastrófico, que los intereses particulares prevalezcan sobre el bien común y lleven a manipular la información para proteger sus proyectos”

El Papa pidió que la cura para enfermedades como la malaria o la tuberculosis esté por encima de cualquier interés comercial.

 

El Papa Francisco fue recibido con un gran aplauso en la sede de la ONU en Nairobi. 
 
El complejo alberga desde 1996 dos organismos relacionados con el medio ambiente y el desarrollo sostenible. Los responsables de estas agencias agradecieron calurosamente al Papa su visita.
 

ACHIM STEINER (Director Ejecutivo UNEP)

"Gracias por estar aquí con nosotros y hablar desde el corazón de África al corazón de todas las personas del mundo”.
 
En su discurso, Francisco agradeció la tarea de estos organismos que velan por el cuidado de la naturaleza. Ante la proximidad de la Cumbre de París sobre el Clima, el Papa volvió a pedir un compromiso sincero y real por el medio ambiente.
 

PAPA FRANCISCO

"Espero que la COP21 lleve a concluir un acuerdo global y "transformador” basado en los principios de solidaridad, justicia, equidad y participación, y orientando a la consecución de tres objetivos, a la vez complejos e interdependientes: el alivio del impacto del cambio climático, la lucha contra la pobreza y el respeto de la dignidad humana”.
 
Invitó sobre todo a que los acuerdos de la Cumbre, que afectarán a millones de personas en el planeta, no estén condicionados por intereses particulares. 
 

PAPA FRANCISCO

"Sería triste y me atrevo a decir, hasta catastrófico, que los intereses particulares prevalezcan sobre el bien común y lleven a manipular la información para proteger sus proyectos”.
 
Pidió que se corrijan los errores del modelo de desarrollo y consumo actual para poner fin a la cultura del descarte. También un nuevo sistema energético que no dependa exclusivamente de los combustibles fósiles. En definitiva, que en el centro de las medidas estén las personas.
 

PAPA FRANCISCO

"Son muchas vidas, son muchas historias, son muchos sueños que naufragan en nuestro presente. No podemos permanecer indiferentes ante esto. No tenemos derecho”. 
 
Explicó que relegar a las personas por el beneficio económico provoca dramas como la prostitución, el tráfico de seres humanos o la esclavitud. También señaló algunas de las nefastas consecuencias de explotar la naturaleza. Dijo que actividades como el comercio de diamantes o el tráfico de marfil provocan inestabilidad política o incluso terrorismo.
 
Por último, el Papa pidió que la cura para enfermedades como la malaria o la tuberculosis esté por encima de cualquier interés comercial.
 
Rome Reports
Nada podía borrarles la sonrisas de sus rostros. Son los miles de jóvenes de Kenia que se reunieron con el Papa en el estadio Kasarani de Nairobi.

Las miradas curiosas y sonrientes de los jóvenes que estuvieron con Francisco en Kenia

 
(SÓLO VÍDEO) Nada podía borrarles la sonrisas de sus rostros. Son los miles de jóvenes deKenia que se reunieron con el Papa en el estadio Kasarani de Nairobi.

 
Cuando notaron a las cámaras, comenzaron a saludar, sonreír y hacer gestos de cariño para el Papa . También mostraron las camisetas, pancartas y bailes especiales que dedicaron a Francisco con motivo de su visita.
 
 
"Nuestra fe en la Palabra de Dios nos llama a sostener a las familias en su misión en la sociedad, a recibir a los niños como una bendición para nuestro mundo, y a defender la dignidad de cada hombre y mujer"

Cientos de miles de personas asistieron a la colorida ceremonia.

"Nuestra fe en la Palabra de Dios nos llama a sostener a las familias en su misión en la sociedad, a recibir a los niños como una bendición para nuestro mundo, y a defender la dignidad de cada hombre y mujer"

De todos los viajes que ha hecho el Papa Francisco, este a Kenia es quizá el más musical.  Miren cómo le recibieron para su Misa multitudinaria en el campus de la Universidad de Nairobi. Aquí no sólo cantan con la garganta, pero también con las manos.
 
A pesar de la lluvia que había caído y el barro que quedó en la zona, cientos de miles de personas asistieron a la colorida ceremonia. 
 
Francisco celebró la Misa en inglés. 
 
En la homilía, el Papa explicó por qué la Iglesia católica se ocupa tanto de las familias. 
 

PAPA FRANCISCO

"La salud de cualquier sociedad depende de la salud de sus familias. Por su bien, y por el bien de la sociedad, nuestra fe en la Palabra de Dios nos llama a sostener a las familias en su misión en la sociedad, a recibir a los niños como una bendición para nuestro mundo, y a defender la dignidad de cada hombre y mujer, porque todos somos hermanos y hermanas en la única familia humana”.
 
El Papa sabía que la mayoría de los asistentes eran estudiantes de esa universidad, por lo que les lanzó este desafío.
 

PAPA FRANCISCO

"Construid una sociedad que sea cada vez más justa, inclusiva y respetuosa de la dignidad humana. Preocupaos de las necesidades de los pobres, rechazad cualquier prejuicio y discriminación, porque –lo sabemos– todas estas cosas no son de Dios”.
 
Durante la Misa hubo oraciones en suajili, masai, kborana y turkana. 
 
Llovía a cántaros, pero la tormenta no aguó la fiesta. Ni silenció las voces del coro. Incluso el presidente Uhuru Kenyatta entonó algunas de las melodías. 
 
El cardenal de Nairobi, John Njue le dio las gracias por la visita, y el Papa le regaló este cáliz.  Un regalo que fue muy aplaudido. Antes de marcharse, el Papa dio las gracias al presidente de la república, que asistirá hoy a su encuentro con jóvenes en el gran estadio de Nairobi.
nuestra fe en la Palabra de Dios nos llama a sostener a las familias en su misión en la sociedad, a recibir a los niños como una bendición para nuestro mundo, y a defender la dignidad de cada hombre y mujer
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