"Recordemos cuán bueno es el Señor que precisamente después de haber perdido su amistad, no nos ha dejado solos, no nos ha abandonado”
El mensaje del Papa para la próxima Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que será celebrada el próximo 17 de enero de 2016.
El mensaje del Papa para la próxima Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que será celebrada el próximo 17 de enero de 2016. «¡Acoger al otro es acoger a Dios en persona!». Es importante «ver a los migrantes sobre todo como personas que pueden contribuir al bienestar y al progreso de todos». Hay que crear las condiciones para que natie tenga que huir de la pobreza, de la violencia y de la persecución
«La indiferencia y el silencio abren el camino a la complicidad cuanto vemos como espectadores a los muertos por sofocamiento, penurias, violencias y naufragios. Sea de grandes o pequeñas dimensiones, siempre son tragedias cuando se pierde aunque sea sólo una vida humana». Lo escribe el Papa en el mensaje para la próxima Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que será celebrada el próximo 17 de enero de 2016. El mensaje se titula: «Emigrantes y refugiados nos interpelan. La respuesta del Evangelio de la misericordia».
En el documento publicado hoy, Francisco escribe que «los flujos migratorios están en continuo aumento en todas las áreas del planeta: refugiados y personas que escapan de su propia patria interpelan a cada uno y a las colectividades, desafiando el modo tradicional de vivir y, a veces, trastornando el horizonte cultural y social con el cual se confrontan».
Los que huyen son víctimas «de la violencia y de la pobreza», y, al abandonar la propia tierra, sufren «el ultraje de los traficantes de personas humanas en el viaje hacia el sueño de un futuro mejor». Si sobreviven, después deben «hacer cuentas con realidades donde se anidan sospechas y temores». Y normalmente, faltan «normas claras y que se puedan poner en práctica, que regulen la acogida y prevean vías de integración a corto y largo plazo, con atención a los derechos y a los deberes de todos».
El Papa afirma que«el Evangelio de la misericordia interpela las conciencias, impide que se habitúen al sufrimiento del otro e indica caminos de respuesta». Y sobre todo, el Pontífice observa que los flujosmigratorios son «una realidad estructural y la primera cuestión que se impone es la superación de la fase de emergencia para dar espacio a programas que consideren las causas de las migraciones».
Las historias dramáticas de millones de hombres y mujeres «interpelan a la Comunidad internacional, ante la aparición de inaceptables crisis humanitarias en muchas zonas del mundo. La indiferencia y el silencio abren el camino a la complicidad cuanto vemos como espectadores a los muertos por sofocamiento, penurias, violencias y naufragios. Sea de grandes o pequeñas dimensiones, siempre son tragedias cuando se pierde aunque sea sólo una vida humana».
«Los emigrantes son nuestros hermanos y hermanas -escribe Francisco- que buscan una vida mejor lejos de la pobreza, del hambre, de la explotación y de la injusta distribución de los recursos del planeta, que deberían ser divididos ecuamente entre todos. ¿No es tal vez el deseo de cada uno de ellos el de mejorar las propias condiciones de vida y el de obtener un honesto y legítimo bienestar para compartir con las personas que aman?».
El Papa recuerda, además, que «la identidad no es una cuestión de importancia secundaria. Quien emigra, de hecho, es obligado a modificar algunos aspectos que definen a la propia persona e, incluso en contra de su voluntad, obliga al cambio también a quien lo acoge». Y, por su parte, las sociedades que acogen a los migrantes y refugiados «deben afrontar los nuevos hechos, que pueden verse como imprevistos si no son adecuadamente motivados, administrados y regulados». Por ello, se pregunta el Papa, ¿cómo es posible lograr que la integración se convierta en un enriquecimiento para todos y para prevenir «el riesgo de la discriminación, del racismo, del nacionalismo extremo o de la xenofobia?».
Después de afirmar que la revelación bíblica «anima a la acogida del extranjero, motivándola con la certeza de que haciendo eso se abren las puertas a Dios, y en el rostro del otro se manifiestan los rasgos de Jesucristo», Francisco recuerda que «Muchas instituciones, asociaciones, movimientos, grupos comprometidos, organismos diocesanos, nacionales e internacionales viven el asombro y la alegría de la fiesta del encuentro, del intercambio y de la solidaridad». Pero también menciona la multiplicación de los debates «sobre las condiciones y los límites que se han de poner a la acogida, no sólo en las políticas de los Estados, sino también en algunas comunidades parroquiales que ven amenazada la tranquilidad tradicional».
¿Cómo actuar frente a todas estas situaciones sin dejar de ser fieles al Evangelio? «Cada uno de nosotros -responde el Papa argentino- es responsable de su prójimo: somos custodios de nuestros hermanos y hermanas, donde quiera que vivan. El cuidar las buenas relaciones personales y la capacidad de superar prejuicios y miedos son ingredientes esenciales para cultivar la cultura del encuentro, donde se está dispuesto no sólo a dar, sino también a recibir de los otros. La hospitalidad, de hecho, vive del dar y del recibir».
«En esta perspectiva -explica- es importante mirar a los emigrantes no solamente en función de su condición de regularidad o de irregularidad, sino sobre todo como personas que, tuteladas en su dignidad, pueden contribuir al bienestar y al progreso de todos, de modo particular cuando asumen responsablemente los deberes en relación con quien los acoge, respetando con reconocimiento el patrimonio material y espiritual del país que los hospeda, obedeciendo sus leyes y contribuyendo a sus costes».
De cualquier manera, no es posible, según Papa Francisco, «reducir las migraciones a su dimensión política y normativa, a las implicaciones económicas y a la mera presencia de culturas diferentes en el mismo territorio. Estos aspectos son complementarios a la defensa y a la promoción de la persona humana».
«La Iglesia -añade Francisco- apoya a todos los que se esfuerzan por defender los derechos de todos a vivir con dignidad, sobre todo ejerciendo el derecho a no tener que emigrar para contribuir al desarrollo del país de origen». Un proceso que debería incluir «la necesidad de ayudar a los países del cual salen los emigrantes y los prófugos». La solidaridad, la cooperación, la interdependencia internacional y la justa distribución de los bienes de la tierra «son elementos fundamentales para actuar en profundidad y de manera incisiva sobre todo en las áreas de donde parten los flujos migratorios, de tal manera que cesen las necesidades que inducen a las personas, de forma individual o colectiva, a abandonar el propio ambiente natural y cultural. En todo caso, es necesario evitar, posiblemente ya en su origen, la huida de los prófugos y los éxodos provocados por la pobreza, por la violencia y por la persecución».
Es «indispensable que la opinión pública sea informada de forma correcta -concluye el Papa-, incluso para prevenir miedos injustificados y especulaciones a costa de los migrantes. Nadie puede fingir de no sentirse interpelado por las nuevas formas de esclavitud gestionada por organizaciones criminales que venden y compran a hombres, mujeres y niños como trabajadores en la construcción, en la agricultura, en la pesca y en otros ámbitos del mercado. ¡Cuántos menores son aún hoy obligados a alistarse en las milicias que los transforman en niños soldados! ¡Cuántas personas son víctimas del tráfico de órganos, de la mendicidad forzada y de la explotación sexual!».
El domingo 4 de octubre comienza en Roma el Sínodo de obispos sobre la familia, que reúne a representantes de todas las conferencias episcopales del mundo. El Papa ha querido que participen también 18 matrimonios.
Nada más aterrizar en Roma, a las 10 de la mañana, el Papa visitó la basílica de Santa María la Mayor
La entrevista durante el vuelo desde Filadelfia: algunos obispos "cubrieron abusos, comprendo a las familias que no pueden perdonar el abuso de un hijo". La reforma de la nulidad matrimonial no es un "divorcio católico". La objeción de consciencia, incluso para los gobernantes, "es un derecho". El Papa insiste en que le gustaría ir a China. "¿Yo soy una estrella? Soy el siervo de los siervos.
Los muros par detener a los migrantes antes o después caerán, caerán todos, y no son la solución, porque solo hacen que aumente el odio. Lo dijo Papa Francisco en la conversación con los periodistas durante el vuelo de American Airlines que lo llevó de Filadelfia a Roma. Bergoglio habló sobre los abusos de menores cometidos por religiosos y dijo comprender que las familias no perdonen; habló de la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar y de su reciente reforma sobre las nulidades matrimoniales, explicando que no se trata de un «divorcio católico». Dijo también, entre otras muchas cosas, que ama al pueblo chino e insistió en que le gustaría visitar pronto el país.
Fue su primera visita a Estados Unidos: ¿Qué le sorprendió de y qué fue diferente?
«Sí, fue la primera visita, nunca estuve aquí. Me han sorprendido las miradas, el calor de la gente, tan amable, una cosa bella y también diferente. En Washington (tuve) un recibimiento caluroso pero un poco más formal, en Nueva York un poco extralimitado, y en Filadelfia, muy expresivo. Tres modalidades diversas, pero la misma acogida. Me ha impresionado mucho el recibimiento en las ceremonias religiosas y tambiénpor la piedad, la religiosidad. Se veía a la gente rezar y esto me impresionó mucho,mucho, era bello.»
¿Hubo alguna provocación, algún hecho indeseable?
«No gracias a Dios no. Todo fue bien, no hubo ninguna provocación, todos educados. Ningún insulto, no, ninguna cosa fea. No, no. Tenemos que continuar trabajando con este pueblo creyente y como han trabajado hasta ahora, acompañando al pueblo en el crecimiento de sus cosas buenas y en sus dificultades, acompañándoles en la alegría, en los momentos malos, en las dificultades, cuando no hay trabajo, está la enfermedad. El desafío de la Iglesia, ahora comprendo bien, es el de ser como ha sido siempre, próxima a la gente, próxima al pueblo de los Estados Unidos, con proximidad. No una Iglesia separara del pueblo, sino próxima. Este es un desafío que la Iglesia de los Estados Unidos ha entendido bien, lo ha entendido."
¿Filadelfia ha tenido muchas dificultades por los abusos sexuales. Sorprendió el hecho de que, hablando con los obispos en Washington, usted hubiera ofrecido consuelo a la Iglesia. ¿Por qué sintió la necesidad de ofrecer compasión a los obispos?
«En Washington hablé a todos los obispos de los Estados Unidos, estaban de todas partes. Sentí la necesidad de expresar la compasión porque me pasó una cosa feísima. Y tantos sufrieron que no sabían esto o cuando surgió la cosa sufrieron tanto, hombres de iglesia, de oración, verdaderos pastores, y yo dije que sabía que ellos, usé una palabra de la Biblia, del Apocalipsis: vosotros estáis viniendo de la gran tribulación y eso es lo que sucedió, fue una gran tribulación, pero no solo el sufrimiento afectivo, es lo que he dicho hoy al grupo de las personas abusadas, fue no digo una apostasía, pero casi un sacrilegio. Cuando los abusos, lo sabemos, están por todas partes, están en el entorno familiar, en el entorno vecinal, en las escuelas, en los gimnasios... pero cuando un sacerdote comete un abuso es gravísimo porque la vocación del sacerdote es hacer crecer ese niño, esa niña, hacia el amor de Dios, hacia la madurez afectiva, o el bien. En vez de hacer eso lo ha impulsado al mal y por esto es casi un sacrilegio. Y él ha traicionado la vocación, la llamada del señor, por esto la Iglesia en este momento también no se debe encubrir.También son culpables aquellos que tapado estas cosas, también hay algunos obispos que han tapado esto. Es una cosa feísima y las palabras de consuelo no son decir: estate tranquilo, no es nada. No, no, no. Ha sido así, pero ha sido tan feo. Me imagino que habéis llorado tanto que en ese sentido han sido esas palabras. Y hoy he hablado duro.»
Usted ha hablado mucho del perdón, que Dios nos perdona y los que a menudo estamos pidiendo perdón somos nosotros. Hay muchos sacerdotes que han metido abusos sexuales en perjuicio de menores y no han pedido perdón a sus víctimas. ¿Usted los perdona? Y por otra parte, ¿usted entiende a las familias que no logran perdonar no quieren perdonar?
«Si una persona ha hecho mal, es consciente de lo que ha hecho y no pide perdón, yo le pido a Dios que lo tenga en cuenta. Yo lo perdono, pero él no recibe el perdón. Está cerrado al perdón. Una cosa es dar el perdón. Todos estamos obligados a perdonar porque todos fuimos perdonados, pero otra cosa es recibir el perdón y si ese sacerdote está cerrado al perdón no lo recibe porque él cerró la puerta con la llave desde adentro y lo que queda es rezar para que el Señor le abra esa puerta. O sea, para dar el perdón hay que estar dispuesto, pero no todos lo pueden recibir, lo saben recibir o no están dispuestos a recibirlo. Es duro lo que estoy diciendo y así se explica que haya gente que termine su vida dura, mal, sin recibir la caricia de Dios. ¿La segunda pregunta cuál era?»
¿Usted entiende a las víctimas y sus familias que no han logrado perdonar o no quieren perdonar?
«Sí, los comprendo, rezo por ellos y no los juzgo. Una vez en una de estas reuniones me encontré con varias personas y una mujer me dijo cuando mi madre se enteró que me habían abusado blasfemó contra Dios, perdió la fe y murió atea. Yo la comprendo a esa mujer. La comprendo. Y Dios, que es más bueno que yo, la comprende. Y estoy seguro que a esa mujer Dios la ha recibido porque lo que fue manoseado, lo que fue destrozado era su propia carne, la carne de su hija. Yo la comprendo. No juzga a alguien que no puede perdonar. Rezo y le pido a Dios porque Dios es un campeón en buscar caminos de solución. Pido que lo arregle.»
Usted ha hablado mucho del perdón, que Dios nos perdona y los que a menudo estamos pidiendo perdón somos nosotros. Hay muchos sacerdotes que han metido abusos sexuales en perjuicio de menores y no han pedido perdón a sus víctimas. ¿Usted los perdona? Y por otra parte, ¿usted entiende a las familias que no logran perdonar no quieren perdonar?
«Si una persona ha hecho mal, es consciente de lo que ha hecho y no pide perdón, yo le pido a Dios que lo tenga en cuenta. Yo lo perdono, pero él no recibe el perdón. Está cerrado al perdón. Una cosa es dar el perdón. Todos estamos obligados a perdonar porque todos fuimos perdonados, pero otra cosa es recibir el perdón y si ese sacerdote está cerrado al perdón no lo recibe porque él cerró la puerta con la llave desde adentro y lo que queda es rezar para que el Señor le abra esa puerta. O sea, para dar el perdón hay que estar dispuesto, pero no todos lo pueden recibir, lo saben recibir o no están dispuestos a recibirlo. Es duro lo que estoy diciendo y así se explica que haya gente que termine su vida dura, mal, sin recibir la caricia de Dios. ¿La segunda pregunta cuál era?
Padre, sobre todo gracias por este momento. Todos lo hemos sentido hablar tanto del proceso de paz en Colombia, entre las FARC y el gobierno. Ahora hay un acuerdo histórico. ¿Usted se siente un poco parte de este acuerdo? Usted había dicho que iba a ir a Colombia cuando hubiese el acuerdo, ahora muchos colombianos lo están esperando. Y otra pequeñita, usted ¿qué piensa cuándo pasó este viaje tan largo y el avión se va?
«La primera. Cuando tuve la noticia de que en marzo se va a firmar el acuerdo le dije al señor: "Señor hace que lleguemos a marzo, que se llegue con esta bella intención porque faltan pequeñas cosas pero la voluntad existe, de ambas partes, de ambas partes. Existe. También en el pequeño grupo, por lo tanto están de acuerdo. Tenemos que llegar a marzo al acuerdo definitivo. Queda el punto de la justicia internacional. Yo me quedé contentísimo y me sentí parte en el sentido que yo siempre quise esto. Hablé tres veces con el presidente Santos sobre este problema, y la Santa Sede está muy abierta a ayudar como pueda.Lo otro, esto es un poco personal pero debe ser sincero. Cuando el avión parte después de una visita mi vienen las miradas de tanta gente, me vienen las ganas de rezar por ellos, decirle al señor: "Yo vine aquí para hacer algo, para hacer el bien. Tal vez hice mal, perdóname pero custodia toda esa gente que me ha visto, que ha pensado las cosas que yo he dicho, me ha escuchado, incluso los que me criticaron y por todos siento esto. No se, me viene. Me perdone, es un poco personal. Esto no se puede decir en los periódicos.»
Santo Padre, quería hacer una pregunta sobre las relaciones de la Santa Sede con China y sobre la situación en este país, que es bastante difícil también para la Iglesia católica. ¿Qué piensa de esto?
«La China es una gran nación que aporta al mundo una gran cultura y tantas cosas buenas. Yo dije una vez, en el avión cuando estábamos sobrevolando, volviendo de Corea que me gustaría mucho ir a China. Yo amo al pueblo chino, lo quiero mucho. Yo deseo que existan las posibilidades de tener buenas relaciones, buenas relaciones. Tenemos contactos, hablamos eir adelante. Para mi tener un país amigo como China, que tiene tanta cultura y tanta posibilidad de hacer bien, sería una alegría.»
Quería preguntarle sobre la crisis migratoria. Muchos países están construyendo las nuevas barreras de alambre de espino. ¿Qué piensa sobre esto?
«Usted ha usado una palabra: crisis. Se convierte en un estado de crisis después de un proceso largo. Esto es el resultado de un proceso de años, porque las guerras de las que aquella gente huye son guerras de años. El hambre es hambre de años. Cuando yo pienso en África, esto es un poco simple, eh, pero lo digo como ejemplo. Pienso en África, el continente explotado y ahora vienen las guerras rivales, pero tienen detrás intereses económicos. Y yo pienso que antes de explotar un continente, un país, una guerra, se podría hacer inversiones para que aquella gente tengan trabajo evitaría esta crisis. Es verdad, es una crisis de refugiados, como he dicho al Congreso, nunca vista desde la Segunda Guerra Mundial. Y usted me pregunta sobre las barreras. Usted sabe cómo terminan los muros. Todos todos los muros caen, hoy, mañana, o dentro de cien años, pero todos caen. No es una solución. El muro no es una solución. En este momento Europa está en dificultades es verdad. Debemos ser inteligentes porque viene toda aquella ola migratoria y no es fácil encontrar soluciones. Pero con el diálogo entre países deben encontrarlo. Los muros nunca son la solución. En cambio, los puentes sí. Siempre. Siempre. Eso es lo que pienso sobre los muros y las barreras. No son una solución. El problema permanece y permanece con más odio.»
Santo Padre, usted no puede obviamente anticipar el debate de los padres sinodales. Lo sabemos perfectamente, pero queríamos saber si antes del Sínodo en su corazón de pastor. Queremos saber si su «motu proprio» sobre la regulación de la nulidad ha cerrado este debate. ¿Qué responde a aquellos que temen que con esta reforma la creación de facto del llamado divorcio católico?
«Empiezo por la última. En la reforma de los procesos he cerrado la puerta a la vía administrativa, que era la vía por la cual podía entrar el divorcio. Y se puede decir que aquellos que piensan en el divorcio católico se equivocan porque este último documento ha cerrado la puerta al divorcio que podía entrar por la vía administrativa. Siempre está la vía judicial. Después, la reforma la habían pedido la mayoría de los padres sinodales en las reuniones del año pasado. Hacía falta reducir los procesos. Había procesos que duraban diez, quince años. Una sentencia, y luego otra sentencia, y una apelación y otra apelación y no se terminaba nunca. La doble sentencia, cuando era válida, fue introducida por Benedicto XIV, porque en Centroeuropa, no digo el país, había algunos abusos, y para pararlos él introdujo la doble sentencia. Pero no es una cosa esencial al proceso. Los procesos cambian y la jurisprudencia cambia y se mejora siempre. Este documento, este motu proprio, facilita los procesos en el tiempo, pero no es un divorcio, porque el matrimonio es indisoluble cuando es sacramento, y esto la Iglesia no lo puede cambiar, es doctrina, es un sacramento indisoluble.»
Santo Padre, usted visito a las Pequeñas Hermanas de los Pobres, y nos dijeron que usted quería mostrar su apoyo para ellas y de su caso en la corte. Y, Santo Padre, usted también apoya a las personas, inclusofuncionarios del gobierno, que por objeción de conciencia no llevarían adelante por ejemplo una legislación en favor del matrimonio homosexual? ¿Usted apoyaría también este tipo de reivindicaciones en el marco de la libertad religiosa?
«No puedo conocer todos los casos que pueden existir de objeción de conciencia. Pero sí puedo decir que la objeción de conciencia es un derecho que entra en cada derecho humano. Es un derecho. Y si una persona no permite hacer objeción de conciencia, niega un derecho. En cada estructura judicial debe entrar objeción de conciencia porque es un derecho, un derecho humano. En caso contrario, terminamos en la selección de los derechos: este es un derecho de calidad, este es un derecho de no calidad, este... Es un derecho humano, eh. A mi siempre, y esto va en mi contra, siempre me conmovió cuando de joven leí muchas veces "La Chanson de Roland", cuando estaban todos todos los mahometanos en fila y delante estaba la pila bautismal, o la espada. Y tenían que elegir. No le estaba permitido la objeción de conciencia. No, es un derecho y si tenemos que hacer paz, hay que respetar todos los derechos.»
Incluyendo también a funcionarios gubernamentales…
«¡Es un derecho humano! Si el funcionario de gobierno es una persona humana, tiene ese derecho. Es un derecho humano.»
Usted en la Onu utilizó palabras muy fuertes para denunciar el silencio del mundo ante la persecución de los cristianos que son privados de sus casas, son privados de sus bienes, esclavizados y ademas brutalmente asesinados. Ahora el presidente Hollande anunció el inicio de bombardeos de parte de Francia contra las bases del sobre Isis, en Siria. ¿Qué piensa de esta acción militar?. ¿Por otra parte, también una curiosidad, el alcalde de Roma, Ignazio Marino, el alcalde del Jubileo, declaró que vino a la misa del Encuentro Mundial de Familias porque usted lo invitó. ¿Cómo fueron las cosas?
«Empiezo por la segunda: yo no invité al alcalde Marino ¿claro? No lo hice y le pregunté a mis colaboradores y ni siquiera ellos lo invitaron. Él se dice, católico y vino espontáneamente. Es claro.La otra sobre el bombardeo. En verdad tuve noticia la noticia antes de ayer y no leí, la verdad es que no conozco bien la situación. Escuché decir que Rusia tenía una posición, los Estados Unidos aún no estaba claro. La verdad, no sé que decirte, no entendí bien la cosa... Pero cuando escucho la palabra bombardeo, muerte, sangre, repito lo que dije en el Congreso y en las Naciones Unidas: hay que evitar estas cosas, pero no sé, la situación política no la juzgo porque no la conozco.»
Santo Padre, por primera vez ha visitado EEUU, ha hablado ante el Congreso, ante Naciones Unidas, se ha llevado auténticos baños de multitudes. ¿Se siente más poderoso?. Y quería preguntarle también, porque le hemos escuchado destacar el papel de las mujeres, las monjas en EEUU, ¿veremos alguna vez sacerdotes en la Iglesia católica, como piden grupos en EEUU y como tienen otras iglesias cristianas?
«Las monjas en EEUU han hecho maravillas. En el campo de la educación, en el campo de la salud... El pueblo de EEUU ama a las monjas; no sé cuánto ama a los curas, pero a las monjas las ama, las ama mucho. Son buenas, son mujeres estupendas, estupendas. Cada una sigue a su congregación, sus reglas, hay diferencias... Pero son magníficas. Y por eso yo me he sentido en la obligación de agradecer todo lo que han hecho. Una persona importante del gobierno de EEUU me ha dicho en estos días: "Yo, lo que tengo de cultura, se lo debo primariamente a las monjas". Las monjas tienen escuelas en todos todos los barrios, ricos, pobres, trabajan con los pobres en los hospitales. Esta era la primera, de la tercera me acuerdo, ¿y la segunda cuál era?».
¿Se siente poderoso después de haber estado en EEUU con esta agenda y de haber tenido tanto éxito?
«Yo no sé si he tenido éxito o no. Pero yo tengo miedo de mí mismo. Porque me siento siempre débil, no sé, en el sentido de no tener el poder. También el poder es una cosa pasajera, hoy está y mañana no está. Es importante si tú con el poder puedes hacer el bien. Y Jesús ha definido el poder: el verdadero poder es servir. Hacer los servicios más humildes. Y yo tengo todavía que avanzar en este camino del servicio, porque siento que no hago todo lo que debo hacer. Ese es el sentido que yo tengo del poder. Y en tercerlugar, las mujeres sacerdotes. Eso no puedo hacerlo. El Papa San Juan Pablo II, después de largos largos tiempos de reflexión, lo dejó dicho claramente. ¡No porque las mujeres no tengan la capacidad! Mira que en la Iglesia son más importantes las mujeres que los hombres. Porque la Iglesia es mujer. La Iglesia, no el iglesia. La Iglesia es la esposa de Jesucristo. Y la Virgen es más importante que los papas y los obispos, y que los curas. Hay una cosa que debo reconocerte: nosotros estamos un poco con retraso en una elaboración de la teología de la mujer; debemos avanzar en esa teología. Eso sí es verdad. Gracias.»
Santo Padre, en EEUU usted se ha convertido en una estrella. ¿Es bueno para la Iglesia que el Papa sea una estrella?
«¿Tú sabes cuál era el título que usaban los papas y que se debe usar? Siervo de los siervos de Dios. Es un poco diferente de una estrella. Las estrellas son bonitas para verlas. A mí me gusta mirar cuando el cielo está sereno, en verano... Pero el Papa debe ser, debe ser, el siervo de los siervos de Dios. Sí, en los medios de comunicación se usa esto, pero hay otra verdad: cuántas estrellas hemos visto que después se apagan y caen. Es una cosa pasajera. En cambio, ser el siervo de los siervos de Dios es bueno; eso no pasa. No sé, así lo pienso».
http://vaticaninsider.lastampa.it
El Papa Francisco capturó la atención de todo el país desde el primer momento y a lo largo de sus 5 días de visita llenó las cámaras de televisión de gestos y mensajes de todo tipo. Unos más simbólicos, otros más tiernos y otros más duros por su contenido. Esta es la selección de algunos de ellos.
En el país de los coches grandes y los 4x4 Francisco sorprendió al pedir un utilitario más sencillo. El coche elegido fue este: un Fiat 500L blindado desde el que saludó a las multitudes con la ventanilla abierta.
Durante su histórica intervención en el Congreso sorprendió que uno de los mensajes más aplaudidos fue uno de los más sencillos y conocidos. Hablaba de los refugiados.
"Cuidémonos de una tentación contemporánea: descartar todo lo que moleste. Recordemos la regla de oro: «Hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes»”.
Siendo la inmigración uno de los temas más controvertidos para el país, la imagen de esta niña hispana de 5 años entregando al Papa un mensaje dio mucho que hablar. Se llama Sophie y es hija de inmigrantes. Su padre le ayudó a saltar la valla y al verla el Papa le dijo que seacercara.
Al igual que en el Congreso, uno de los momentos más esperado del viaje fue su exposición en la ONU sobre el problema del cambio climático y la exclusión social. Aunque el Papa no sólo se quedó en eso sino que afrontó otras espinosas cuestiones como la ideología de género o el aborto.
"Por eso, la defensa del ambiente y la lucha contra la exclusión exigen el reconocimiento de una ley moral inscrita en la propia naturaleza humana, que comprende la distinción natural entre hombre y mujer y el absoluto respeto de la vida en todas sus etapas y dimensiones”.
Una de las paradas más esperadas por la población de Nueva York y por todo el país fue cuando visitó la zona de los atentados del 11 de septiembre. Allí pronunció un discurso conmovedor donde recordó la heroica intervención de los bomberos que murieron por salvar a otros.
"Este lugar de muerte se transforma también en un lugar de vida, de vidas salvadas, un canto que nos lleva a afirmar que la vida siempre está destinada a triunfar sobre los profetas de la destrucción, sobre la muerte, que el bien siempre despertará sobre el mal, que la reconciliación y la unidad vencerá sobre el odio y la división”.
En el Encuentro Mundial de las Familias (WMF) Francisco sacó lo que llevaba dentro sobre uno de los temas cruciales de su pontificado: La vida familiar.
"Dios siempre golpea las puertas de los corazones. Le gusta hacerlo. Le sale de adentro. ¿Pero saben que es lo que más le gusta? Golpear las puertas de las familias y encontrar a las familias unidas, que se quieren, que hacen creer a sus hijos, los educan y los llevan adelante”.
"Dios llora”, así de contundentes fueron sus palabras en Filadelfia después de encontrar a 5 víctimas de abusos sexuales cometidos por sacerdotes, profesores o miembros de sus mismas familias. Fue una de las veces que Francisco se expresó con mayor claridad sobre este tema. Lo hizo en un encuentro que tuvo justo después, con obispos del país.
"Continúa abrumándome la vergüenza de que personas que tenían a su cargo el tierno cuidado de esos pequeños los violaran y les causaran graves daños. Lo lamento profundamente. Dios llora”.
Fue uno de los últimos momentos del Papa en el país y quiso dedicarlo a los encarcelados. Les transmitió un mensaje de esperanza y al final de su discurso los saludó uno a uno. Eran un centenar.
"Miremos a Jesús que nos lava los pies, Él es el «camino, la verdad y la vida», que viene a sacarnos de la mentira de creer que nadie puede cambiar, de la mentira de creer que nadie puede cambiar. Quiere que volvamos a los caminos, a la vida, sintiendo que tenemos una misión; que este tiempo de reclusión no ha sido nunca un sinónimo de expulsión”.
Francisco reservó sus últimas palabras en Estados Unidos para quienes han hecho posible la visita: los voluntarios y organizadores. Y quiso hacerlo en inglés.
Repasó algunos momentos vividos estos días. Dijo que le conmovió especialmente la visita ala Zona Cero de Nueva York.
"Sus atenciones conmigo y su generosa acogida son signo de su amor y fidelidad a Jesús. Lo son también sus atenciones para con los pobres, los enfermos, los sintecho y los inmigrantes, su defensa de la vida en todas sus etapas y su preocupación por la familia”.
El Papa Francisco ya está en Roma después de su décima cita internacional. Lo primero que hizo, como hace al volver de todos los viajes, fue visitar a la patrona de la ciudad de Roma, la Salus Populi Romani, en la basílica de Santa María la Mayor.
Evita cualquier triunfalismo tras su éxito arrollador en Estados Unidos.
Durante la conferencia de prensa en vuelo, el Santo Padre no dejaba que se le subiesen a la cabeza las valoraciones positivas. Preguntado si se siente más poderoso después de su éxito arrollador en Estados Unidos, Francisco respondió que «no sé si he tenido éxito o no. Tengo miedo de mí mismo. Me siento siempre débil. El poder es importante sólo si sirve para hacer el bien. El verdadero poder es el servicio».
En otro momento comentó que «yo he intentado hacer el bien, no sé si lo he conseguido». Una y otra vez rechazó la idea de haberse convertido en una estrella para los americanos e incluso añadió que «las estrellas son bonitas para mirarlas. A mí me gusta».
A la pregunta de qué le venía a la cabeza en el momento en que el avión despegaba de suelo americano, Francisco respondió que «me venían a la memoria los rostros de la gente. Me viene el deseo de rezar por ellos. Le pido a Dios que custodie a la gente que me ha visto y también a los que me han criticado».
De los norteamericanos le ha sorprendido «el calor de la gente, que ha sido una cosa muy bonita pero diferente en cada lugar. Washington era más formal, Nueva York es un poco extralimitada, Filadelfia es muy expresiva».
Como ya hizo varias veces en estos cuatro días, Francisco prodigó elogias a las religiosas de Estados Unidos, que realizan una gran tarea de educación y ayuda social, y también a la Iglesia americana en conjunto, pues «el desafío de la Iglesia de hoy es estar cercana a la gente, y la Iglesia americana lo ha entendido bien».
A lo largo de cincuenta minutos fueron saliendo en la conversación casi todos los temas abordados en el viaje. Respecto al movimiento masivo de inmigrantes, aconsejo estudiar más sus causas, que son las guerras, y reiteró que «los muros no son una solución. Antes o después, caen».
Tuvo, de nuevo, palabras muy duras para los sacerdotes culpables de abusos sexuales de menores, y lamentó que algunos de esos delincuentes no pidan perdón a sus víctimas. Francisco señaló que él, personalmente, perdona a esos sacerdotes indignos, pero ellos no reciben el perdón si no lo piden.
Según el Papa, «todos estamos obligados a perdonar, porque todos hemos sido perdonados, pero otra cosa es recibir el perdón. Hay gente que termina mal su vida, sin recibir la caricia de Dios».
En ese tema tan duro afirmó, en cambio, comprender a algunas víctimas que no consiguen perdonar: «Las comprendo, rezo por ellas y no las juzgo. Una vez, en un encuentro con víctimas, una mujer me dijo "cuando mi madre se enteró de que habían abusado de mí blasfemo contra Dios, perdió la fe y murió atea". Yo comprendo a esa mujer, y Dios que es más bueno, la comprende. Y estoy seguro de que Dios la habrá recibido, porque lo que fue manoseado, destrozado, fue a carne de su hija, su propia carne».
El Papa confirmó de nuevo su respeto y amor por el pueblo chino, y su deseo de viajar a ese país.
En vísperas del Sínodo de la Familia del próximo mes de octubre, Francisco puntualizó que la reciente simplificación de los procesos de nulidad matrimonial no significanla entrada de un «divorcio católico» porque «en las nuevas normas he cerrado la puerta a la declaración de nulidad por vía administrativa, que es por donde podía entrar el divorcio. El matrimonio como sacramento es indisoluble, y eso la Iglesia no lo puede cambiar».
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Las calles de Filadelfia rebosaban de peregrinos de todo el mundo. Todos querían ver al Papa, que paseó saludando y bendiciendo a miles de personas en su camino hasta el parque Benjamin Franklin flanqueado por las fuertes medidas de seguridad.
Allí presidió la Misa conclusiva del VIII Encuentro Mundial de las Familias a la que asistieron cerca de un millón de personas.
En su homilía, el Papa subrayó que el amor de Dios es para todo el mundo, no se limita a ningún grupo concreto.
FRANCISCO
"Poner en duda la obra del Espíritu, dar la impresión que la misma no tiene nada que ver con aquellos que "no son parte de nuestro grupo”, que no son "como nosotros”, es una tentación peligrosa. No bloquea solamente la conversión a la fe, sino constituye una perversión de la fe”.
Francisco explicó que la fe crece con la práctica y es plasmada por el amor. Subrayó como ejemplo la alianza entre una hombre y una mujer, que revela el amor de Dios.
FRANCISCO
"Que invita a todos a participar a la profecía de la alianza entre un hombre y una mujer, que genera vida y revela a Dios”.
Recordó que la familia es una Iglesia doméstica donde la fe se hace vida y la vida se hace fe. Por eso dijo que los pequeños gestos cotidianos que se dan en familia tienen una enorme importancia porque en ellos se manifiesta el amor.
FRANCISCO
"Son gestos del plato caliente de quien espera a cenar, del desayuno temprano del que sabe acompañar a madrugar. Son gestos de hogar. Es la bendición antes de dormir y el abrazo al regresar de una larga jornada de trabajo”.
Pidió a los presentes que reflexionaran sobre si en sus casas hay gritos o se habla con amor y ternura. Explicó que es una buena medida para medir el amor en los hogares.
Al acabar la Misa, el arzobispo de Filadelfia, Charles Chaput, agradeció a Francisco su visita. Monseñor Vicenzo Paglia fue el encargado de anunciar que el próximo Encuentro Mundial de las Familias se celebrará en Dublín, Irlanda, en 2018.