Muchos momentos muy emotivos que quedan ahora para la posteridad
(-SÓLO VÍDEO-) La primera parada del Papa fue en La Habana. Celebró una Misa, rezó con los religiosos y mantuvo un multitudinario encuentro con jóvenes. También se vio en privado con Raúl y con Fidel Castro. Después viajó a Holguin donde presidió una emotiva misa y bendijo la ciudad. Su última parada fue Santiago de Cuba.
Estuvo en el santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre donde pidió a la patrona de Cuba que proteja a todos los cubanos, tanto a los que viven en la isla como a los que no. A las seis de la tarde del martes se despidió de Cuba rumbo a Estados Unidos.
Así llamaban al Papa algunos afortunados peregrinos que pudieron estar en la base aérea de Washington donde aterrizó el avión papal.
Varios cardenales y obispos estadounidenses esperaron a pie de pista a Francisco que pudo escuchar claramente cómo le coreaban mientras bajaba del avión.
El presidente Barack Obama, junto a su esposa Michelle y a sus dos hijas, esperaron a Francisco al final de la escalinata. Después de los saludos oficiales, un grupo de niños le entregó unas flores.
El personal militar de la base se colocó a ambos lados del pasillo por el que caminaron Obama y el Papa. Después, ambos se reunieron en privado durante unos minutos.
Para el traslado de Francisco a la nunciatura, pensaron en este sencillo vehículo, un coche FIAT, quizá un guiño al Papa por tratarse de un modelo italiano. Destacaba entre los enormes coches de seguridad pero por ser un vehículo notablemente más pequeño. Pese a las apariencias y el tamaño del coche, el dispositivo de seguridad para la visita del Papa está más que controlado.
Durante su encuentro con seminaristas, religiosos y sacerdotes, el Papa Francisco estaba dispuesto a hablar sobre la unidad y la alegría pero de nuevo, sobre la marcha y sin previo aviso, tomó una decisión a la que ya nos tiene acostumbrados.
FRANCISCO
"Yo le voy a dar la homilía al cardenal Jaime para que se la haga llegar a ustedes y la publique y después la meditan. Y ahora charlemos un poquito sobre lo que dijeron estos dos profetas”.
Los dos profetas eran el cardenal Jaime Ortega y una religiosa. Hablaron de pobreza y misericordia, dos temas que tocaron en lo más profundo.
"El cardenal Jaime dijo una palabra incómoda, muy incómoda, sumamente incómoda, que incluso va de contramano con toda la estructura cultural del mundo: dijo pobreza”.
La pobreza, explicó, es una palabra que el mundo teme y que trata de evitar a toda costa para que no llegue, y que cuando se mete en el corazón de un cristiano...
"... Ahí perdiste. Ya no eres como Jesús. La pobreza siempre tratamos de escamotearla. Sea por cosas razonables, pero estoy hablando de escamoterla en el corazón”.
A Francisco le conmovió el testimonio de la religiosa que contó cómo le costó que la destinaran a un centro de impedidos físicos y mentales.
"Lloraste porque eras joven. Pensaste que en un colegio podías hacer más cosas, que podrías organizar futuros para la juventud. Y te mandaron ahí, casa de misericordia. Acariciando a quienes el mundo descarta, a quienes el mundo desprecia, a quienes el mundo prefiere que no estén”.
El Papa le agradeció a ella y a todos los religiosos el trabajo que realizan con las personas que el mundo considera "material de descarte” pero que son tan preciosas a ojos de Dios.
"Pero qué linda es para dios y que bien que hace a uno, por ejemplo, la sonrisa de un espástico que no sabe cómo hacerla, o cuando te quieren besar y te babosean en la cara. Esa es la ternura de Dios”.
Al hablar de la misericordia el Papa también dirigió unas palabras a los confesores. Les dijo que a la hora de confesar no se olviden de que son pecadores y de no se cansen de perdonar.
Tras este improvisado discurso el Papa se dirigió al último gran encuentro del día: al encuentro con los jóvenes.
Durante su encuentro con las familias en la catedral de Santiago de Cuba, el Papa Francisco interrumpió su discurso para dirigir esta sorprendente bendición a las embarazadas:
Francisco visitó por primera vez a la patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad del Cobre, a la cual ofreció de regalo un ramo de rosas de plata.
“Haz de la nación cubana un hogar de hermanos y hermanas para que este pueblo abra de par en par su mente, su corazón y su vida a Cristo ¡Madre de la reconciliación! Reúne a tu pueblo disperso por el mundo”. Son frases simbólicas de la oración que el Papa dedicó a la patrona de Cuba. A su llegada a Santiago, Francisco visitó el santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre y rezó ante ella sólo con algunos colaboradores.
Tras su paso de apenas unas horas por Holguin, el pontífice emprendió el vuelo a Santiago, al sur del país. Aterrizó en el aeropuerto internacional “Antonio Maceo” pocoantes de las 17:30 horas. Unas nubes negras amenazaban lluvia mientras era recibido por autoridades civiles, un coro de niños y algunos cientos de fieles.
Sin protocolo de por medio abordó un automóvil que lo condujo hasta el ingreso de la ciudad. No obstante la lluvia, que finalmente comenzó a caer, cambió por el papamóvil y recorrió algunas calles entre la gente que le dio la bienvenida. ¿Su destino? El Seminario de San Basilio Magno, donde se reunió en privado con los obispos de la isla.
Tras el encuentro, con una pequeña comitiva se trasladó hasta el Santuario de la Virgen, distante apenas 300 metros. Acompañado por el arzobispo de Santiago, Dionisio Guillermo García Ibáñez, fue recibido por el rector del templo, en cuyo interior no habían fieles. Ante la estatua el Papa se arrodilló y pronunció la oración.
“¡Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba! ¡Dios te salve, María, llena de gracia! Tú eres la hija amada del padre, la madre de Cristo, nuestro Dios, el templo vivo del espíritu santo. Llevas en tu nombre, Virgen de la caridad, la memoria del Dios que es amor, el recuerdo del mandamiento nuevo de Jesús, la evocación del espíritu santo: amor derramado en nuestros corazones, fuego de caridad enviado en Pentecostés sobre la Iglesia, don de la plena libertad de los hijos de Dios”, dijo en español.
Agregó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús! Has venido a visitar nuestro pueblo y has querido quedarte con nosotros como Madre y Señora de Cuba, a lo largo de su peregrinar por los caminos de la historia. Tu nombre y tu imagen están esculpidos en la mente y en el corazón de todos los cubanos, dentro y fuera de la patria, como signo de esperanza y centro de comunión fraterna”.
Más adelante Bergoglio pidió a la Virgen que acreciente la fe, avive la esperanza, aumente y fortalezca el amor de los cubanos. Le imploró que ampare a las familias, proteja a los jóvenes y a los niños, consuele a los que sufren, sea madre de los fieles y de los pastores de la Iglesia, modelo y estrella de la nueva evangelización.
Terminada esta primera oración, el obispo de Roma encendió una candela que depositó ante la imagen y presentó su regalo: Un florero de plata con flores de plata desde el tallo y pétalos de cerámica con los colores de la bandera del Vaticano, amarillo y blanco.
Acto seguido pronunció una oración dedicada a Dios pidiéndole que ilumine a las familias y las sostenga a la hora de las dificultades, que se quede con los niños y los jóvenes, porque en ellos está la esperanza y la riqueza de la patria.
“Quédate con los que sufren, confórtalos y protégelos. Quédate con nosotros señor cuando surge la duda, el cansancio o la dificultad; ilumina nuestras mentes con tu palabra; aliméntanos con el pan de vida que nos ofreces en cada eucaristía; ayúdanos a sentir el gozo de creer en ti quédate señor con la comunidad de tus discípulos”, señaló.
Y continuó: “Renueva en nosotros el don de tu amor. Anímanos y consérvanos en la fidelidad, para que anunciemos a todos con alegría, que tú nos has resucitado y que nos has dado la misión de ser tus testigos. Que María de la caridad, discípula y misionera, madre de todos, nos acompañe y proteja”.
Francisco se despidió de Holguín bendiciendo la ciudad desde la Loma de la Cruz, para después volver a Santiago de Cuba y rezar, en la que fue su última noche en el país, ante la patrona: La Virgen de la Caridad del Cobre.
El Papa fue a visitar al «líder máximo» a su habitación, transformada en casa de cuidados, y le regaló libros y discos compactos con las predicaciones del padre Armando Llorente, el jesuita que tuvo a Castro como alumno. El encuentro duró más de media hora.
Francisco cara a cara con Fidel. Después de haber celebrado la Misa en la Plaza de la Revolución, el Papa se reunió con el «líder máximo» en su casa-clínica; desde hace 7 años, por motivos de salud, Castro dejó el poder a su hermano Raúl.
Dio noticia del encuentro el padre Federico Lombardi, director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, quien explicó que la visita duró poco más de media hora (el mismo tiempo que pasaron juntos Fidel y Benedicto XVI). «Francisco llegó con un pequeño séquito a la residencia de Fidel», que lo estaba esperando con su familia: su esposa Dalia y sus nietos. El clima fue «familiar, informal», caracterizado por la «cordialidad».
En 2012, al final del encuentro con Papa Ratzinger, Castro le pidió al Pontífice que le aconsejara algunos libros para leer. Francisco se acordó de este detalle y le llevó dos volúmenes de don Alessandro Pronzato, sacerdote experto en catequesis: el primero está dedicado al buen humor y a la alegría como elementos importantes de la vida espiritual; el segundo se llama «Evangelios incómodos». Además, el Papa le regaló otro libro y dos discos compactos con las homilías del padre Armando Llorente, el padre jesuita que Castro tuvo como maestro en el colegio de Belén. Francisco también le regaló los textos de la exhortación apostólica «Evangelii gaudium» y de la reciente encíclica «Laudato si’».
Los temas de la conversación, explicó Lombardi, «fueron la salvaguarda del medio ambiente y los grandes problemas del mundo contemporáneo». Castro le ofreció al Pontífice el libro «Fidel y la Religión», con esta dedicatoria personal: «Para Papa Francisco, en ocasión de su fraterna visita a Cuba». El padre Lombardi también informó que el Vaticano no difundirá imágenes del encuentro, para respetar la informalidad del encuentro
"Por favor, no tenemos derecho a permitirnos otro fracaso más en este camino de paz y reconciliación”
La Plaza de la Revolución es uno de los lugares más emblemáticos del país y en este mismo sitio celebraron misa Juan Pablo II en 1998 y Benedicto XVI en 2012.
En el Centro Cultural Padre Félix Varela se respiraba una gran expectación ante la visita de primer Papa que podría comunicarse en su mismo idioma.
Castro agradeció a Francisco su decisivo papel como mediador y aprovechó para referirse a otros polémicos asuntos.