Entrevista con el Patriarca siro-ortodoxo Aphrem II: el martirio no es un sacrificio humano ofrecido a Dios para ganar su favor. Por ello es blasfemo decir que los kamikazesson «mártires»
«Cuando vemos a los mártires, vemos que la Iglesia no es solo una, santa, católica y apostólica. En su camino por la historia, la Iglesia tambié es sufriente». Según Moran Mor Ignatius Aphrem II, Patriarca de Antioquía de los siro-ortodoxos, en el martirio también se revela un rasgo esencial de la naturaleza de la Iglesia. Una connotación que se podría añadir a las del Credo, y que siempre acompaña siempre a los que viven en el mundo imitando a Cristo, como sus discípulos. Un rasgo característico que ahora vuelve a aflorar claramente en las historias de los cristianos y de las Iglesias del Medio Oriente.
También en estos días, el Patriarca Aphrem (quien el pasado 19 de junio se reunió en Roma con el Papa) se vio involucrado en las nuevas tribulaciones que afligen a su pueblo. Su última misión pastoral, que acaba de concluir, fue en Qamishli, su ciudad natal, a la que fue para encontrarse con los miles de prófugos cristianos que huyeron de la ofensiva de los yihadistas del llamado Estado Islámico en contra del cercano centro urbano de Hassakè, en la provincia siria de Jazira.
Jesús sufrió sin motivo, gratuitamente. A nosotros, que lo seguimos, nos puede suceder lo mismo. Y, cuando sucede, los cristianos no organizan reivindicaciones para protestar “contra” el martirio. Porque Jesús prometió que no nos deja solos, que no nos hace faltar el socorro de su gracia, como indican las narraciones sobre los primeros mártires y también sobre los mártires de hoy, que van hacia el martirio con el rostro alegre y con paz en el corazón. Lo dijo Cristo mismo: beatos ustedes, cuando sean perseguidos por mi causa. Los mártires no son personas derrotadas, no son discriminados que deben emanciparse de la discriminación. El martitio es un misterio de amor gratuito.
El martirio no es un sacrificio ofrecido a Dios, como los que se ofrecían a los dioses paganos. Los mártires cristianos no buscan el martirio para demostrar su fe. Y no derraman voluntariamente la propia sangre para ganarse el favor de Dios, o cualquier otra cosa, como el Paraíso. Por ello, no hay nada más blasfemo que definir a los kamikazes suicidas como “mártires”.
Para defender a los cristianos y a todos los demás, nosotros no pedimos al Occidente intervenciones militares. Sino más bien que dejen de armar y de apoyar a los grupos terroristas que destruyen nuestros países y masacran a nuestros pueblos. Si quieren ayudar, deben apoyar a los gobiernos locales, que necesitan ejércitos y fuerzas suficientes para mantener la seguridad y defender a sus respectivos pueblos de quienes los atacan. Hay que reforzar las instituciones estatales y hacer que sean estables. Por el contrario, vemos que desde el exterior se fomenta, de muchas maneras, su disolución forzada.
El presidente Assad nos exhortó a hacer lo posible para que los cristianos no se vayan de Siria. “Sé que sufren”, dijo, “pero, por favor, no abandonen esta tierra, que es su tierra desde hace milenios, desde antes de que llegara el Islam”. Nos dijo que cuando haya que reconstruir al país devastado se necesitará la presencia de los cristianos.
Nos dijo que pidiéramos al Papa y a la Santa Sede, con su diplomacia y con su red de relaciones, que ayuden a los gobiernos a comprender lo que está sucediendo verdaderamente en Siria.
Nosotros no estamos sometidos a Asad ni a los llamados gobiernos autoritarios. Nosotros, simplemente, reconocemos a los gobiernos legítimos. La mayor parte de los ciudadanos sirios apoya al gobierno de Asad, y siempre lo ha apoyado. Nosotros reconocemos a los gobernantes legítimos, y rezamos por ellos, como nos enseña el Nuevo Testamento. Y después vemos que del otro lado no hay una oposición democrática, sino solo grupos extremistas. Sobre todo, vemos que en los últimos años estos grupos han utilizado una ideología que viene de fuera, traída por predicadores del odio apoyados por Arabia Saudita, Qatar o Egipto. Son grupos que reciben armas también a través de Turquía, como hemos visto incluso en los medios.
El Estado Islámico (Daesh) no es el Islam que hemos conocido y con el que hemos convivido durante cientos de años. Hay fuerzas que lo alimentan con armas y dinero, porque sirve para usarlo en esa que Papa Francisco llamó la “guerra en pedacitos”. Pero todo esto también se sirve de una ideología religiosa aberrante, que dice seguir El Corán. Y puede hacerlo porque en el Islam no existe una estructura de autoridad que tenga la fuerza para ofrecer una interpretación auténtica de El Corán y alejar con autoridad a estos predicadores del odio. Cada predicador puede ofrecer la propia interpretación literal incluso de cada uno de los versículos que parecen justificar la violencia, y, con esta base, emanar “fatwas” sin ser contradicho o desmentido por alguna autoridad superior.
Nuestro Patriarcado lleva el título de Antioquía. Y cuando surgió, Antioquí formaba parte de Siria. Era la capital de la Siria de entonces. Nuestras antiguas Iglesias en Turquía, para nosotros, tienen un gran valor histórico, pero estamos y nos quedaremos en Damasco, que es la capital de la Siria de hoy. Es una decisión libre, y ninguna presión de ningún gobierno o partido político podrá cambiarla. Dimos el nombre a la tierra que toadvía hoy se llama Siria. Y no nos iremos.
Los que matan a los cristianos no distinguen entre católicos, ortodoxos o protestantes. Siempre lo repite Papa Francisco, cuando habla sobre el ecumenismo de la sangre. Esto cambia las cosas. Vivir juntos en estas situaciones tiene el efecto de acercarnos, de hacernos descubrir la fuente de nuestra unidad. Los pastores se encuentran como hermanos en la misma fe, y pueden tomar juntos decisiones importantes. Por ejemplo, será importante lograr decidir una fecha común para celebrar la Pascua. Y, ante las tribulaciones del pueblo de Dios, que sufrimos juntos, los contrastes sobre las cuestiones de poder eclesiástico se revelan irrelevantes.
Debemos confesar juntos la misma fe y aclarar antes los puntos doctrinales yteológicos en los que todavía hay algunas diferencias. Pero, debo decir que en este punto los cristianos sirios hemos ya recorrido mucho camino, porque ya existe el acuerdo de una hospitalidad recíproca entre los sirios ortodoxos y los sirios católicos. Cuando un fiel no puede participar en la liturgia o recibir los sacramentos en la propia Iglesia, puede participar en la liturgia en los lugares de culto de la otra Iglesia. Y puede acercarse incluso a la Eucaristía.
En Qamishli, cuando yo era un niño, siempre iba por la tarde a la Iglesia una hora antes de la oración. Me sentaba entre los ancianos y escuchaba sus historias. Muchos de ellos habían escapado del Sayfo. Hablaban de familias laceradas, de niños arrancados a sus padres y encomendados a musulmanes. Veía que, para ellos, hablar de estas historias terribles era también una manera para librarse de ese mal que oprimía sus corazones. Pero durante mucho tiempo no fue posible hablar públicamente de ello. En los últimos años, cuando las Iglesias comenzaron a conmemorar públicamente aquellos eventos trágicos, muchas personas pudieron escuchar historias que estaban encerradas en la memoria familiar como si fuera un tabú, como algo que no se podía nombrar. Y, para ellos, fue una especie de liberación. Como Iglesias, cuando hablamos del Sayfo, no perseguimos más objetivos que el de favorecer esta reconciliación interior. Y nuestros amigos turcos tendrán que entenderlo tarde o temprano: recordar aquellos hechos no es un pretexto para ir en su contra, sino que puede ayudar para comprender mejor el pasado y reconciliarse con él.
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El Papa les agradeció que hubieran escogido Roma para organizar este encuentro interreligioso, y recordó que cristianos y judíos han convivido mucho tiempo en esta ciudad.
"Me alegro de que se haya organizado esta reunión en Roma, la ciudad en la que están enterrados los apóstoles Pedro y Pablo. Los cristianos y los judíos viven juntos en Roma desde hace dos mil años, aunque sus relaciones a lo largo de la historia no hayan estado libres de tensiones”.
El Papa recordó que "el cristianismo tiene raíces judías” y valoró positivamente el diálogo realizado en estos últimos 50 años.
"Un verdadero diálogo fraterno se ha desarrollado desde del Conclio Vaticano II, después de la declaración Nostra aetate. Este documento representa el 'sí' definitivo a las raíces judías del cristianismo y el 'no' irrevocable al antisemitismo”.
La declaración Nostra aetate trata sobre las relaciones entre la Iglesia católica y las otras religiones no cristianas. Fue aprobada en 1965 durante el Concilio Vaticano II.
Al final del encuentro Francisco agradeció a todos su aportación al diálogo judío-cristiano, un mensaje cuya contestación no se hizo esperar.
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Falta poco para el viaje. Con este saludo previo quisiera expresar mi cercanía, mi simpatía, mi buena voluntad. Mi deseo es estar con ustedes, compartir sus preocupaciones, manifestarles mi afecto y cercanía y alegrarme con ustedes también.
Quiero ser testigo de esta alegría del Evangelio y llevarles la ternura y la caricia de Dios, nuestro Padre, especialmente a sus hijos más necesitados, a los ancianos, a los enfermos, a los encarcelados, a los pobres, a los que son víctimas de esta cultura del descarte. El amor del Padre tan misericordioso nos permite sin medida descubrir el rostro de su Hijo Jesús en cada hermano, en cada hermana nuestra, en el prójimo. Solamente es necesario aproximarse, hacerse prójimo. Como Jesús le dijo a aquel joven doctor de la ley cuando le preguntó: ¿Quién es mi prójimo? Haz lo que hizo el buen samaritano, anda y haz lo mismo, acércarte, no pases de largo.
En este viaje visitaré tres naciones hermanas en esas tierras del continente americano. La fe, que todos nosotros compartimos, es fuente de fraternidad y solidaridad, construye pueblos, forma familia de familias, fomenta la concordia y alienta el deseo y el compromiso por la paz.
En estos días previos a nuestro encuentro, doy gracias a Dios por ustedes, y pido que sean perseverantes en la fe, que tenganel fuego del amor, de la caridad y que se mantengan firmes en la esperanza que nunca defrauda. Les ruego que unan sus oraciones a las mías para que el anuncio del Evangelio llegue a las periferias más alejadas y siga haciendo que los valores del Reino de Dios sean fermento de la tierra también en nuestros días.
Que la Virgen Santa los cuide, como Madre de América, los cuide y que el Señor los bendiga. Muchas gracias, hasta prontito y, por favor, no se olviden de rezar por mí".
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Francisco en la Fiesta de los Santos Pedro y Pablo habla sobre los ataques «desde fuera» y «desde dentro» que se han verificado a lo largo de la historia y que se repiten todavía en la actualidad, y sobre las persecuciones que a menudo perduran «bajo la mirada y el silencio de todos». Lainvitación para los arzobispos que reciben el palio: el verdadero testimonio es «no contradecir» con el comportamiento lo que se predica. No hay que «tener miedo de los muchos Herodes» que afligen con persecuciones
«¡Cuántas fuerzas, a lo largo de la historia, ha intentado –y siguen intentando– acabar con la Iglesia, desde fuera y desde dentro, pero todas ellas pasan y la Iglesia sigue viva y fecunda!». Se necesitan en la actualidad no maestros, sino testimonios y pastores que están llamados a «no ¡contradecir con el comportamiento y con la vida lo que se predica con la palabra y lo que se enseña a los otros!». Lo dijo Papa Francisco en la homilía de la misa en la fiesta de los Santos Pedro y Pablo, patronos de Roma; al final, entregó el palio a 46 nuevos arzobispos metropolitanos que fueron nombrados a lo largo del último año. Por primera vez, según la nueva modalidad establecida por el Pontífice, el palio (la banda de lana blanca decorada con cruces negras que simboliza al cordero que cargaba el Buen Pastor sobre sus hombros y que indica el vínculo con el obispo de Roma), no fue impuesta por el Papa a los arzobispos. Los palios fueron solamente entregados. La imposición se llevará a cabo en las Iglesias locales, con la participación de todos los fieles, el clero y los obispos de las diócesis sufragáneas.
En la homilía, Francisco reflexionó sobre el testimonio de la primera comunidad cristiana «acosada por la persecución», tal y como la describen los Hechos de los Apóstoles. El Papa no quiso solo detenerse «en las atroces, inhumanas e inexplicables persecuciones, que desgraciadamente perduran todavía hoy en muchas partes del mundo, a menudo bajo la mirada y el silencio de todos», sino más bien prefirió reflexionar sobre la «valentía» de los apóstoles y de los primeros cristianos para evangelizar «sin miedo a la muerte y al martirio, en el contexto social del imperio pagano». Francisco afirmó que «para nosotros creyentes de hoy» la vida de aquella comunidad es «una fuerte llamada a la oración, a la fe y al testimonio».
El Papa llamó principalmente a la oración, sin la cual ninguna comunidad puede salir adelante, y recordó que las mismas catacumbas eran principalmente lugares de oración y de culto. Y, citando la primera Lectura, en la que se describe la ayuda de un ángel a Pedro cuando estaba encadenado en la cárcel, añadió: «¿Pensamos en cuántas veces ha escuchado el Señor nuestra oración enviándonos un Ángel? Ese Ángel que inesperadamente nos sale al encuentro para sacarnos de situaciones complicadas, para arrancarnos del poder de la muerte y del maligno, para indicarnos el camino cuando nos extraviamos, para volver a encender en nosotros la llama de la esperanza, para hacernos una caricia, para consolar nuestro corazón destrozado, para despertarnos del sueño existencial, o simplemente para decirnos: “No estás solo”. ¡Cuántos ángeles pone el Señor en nuestro camino! Pero nosotros, por miedo, incredulidad o incluso por euforia, los dejamos fuera».
Después, reflexionando sobre la llamada de la fe, Francisco dijo: «Dios no saca a sus hijos del mundo o del mal, sino que les da fuerza para vencerlos». Y observó: «¡Cuántas fuerzas, a lo largo de la historia, ha intentado –y siguen intentando– acabar con la Iglesia, desde fuera y desde dentro, pero todas ellas pasan y la Iglesia sigue viva y fecunda!, inexplicablemente a salvo para que, como dice san Pablo, pueda aclamar: “A Él la gloria por los siglos de los siglos”».
«Todo pasa –continuó Francisco–, solo Dios permanece. Han pasado reinos, pueblos, culturas, naciones, ideologías, potencias, pero la Iglesia, fundada sobre Cristo, a través de tantas tempestades y a pesar de nuestros muchos pecados, permanece fiel al depósito de la fe en el servicio, porque la Iglesia no es de los Papas, de los obispos, de los sacerdotes y tampoco de los fieles, es única y exclusivamente de Cristo. Solo quien vive en Cristo promueve y defiende a la Iglesia con la santidad de vida, a ejemplo de Pedro y Pablo». Los que creen en el nombre de Cristo, continuó el Papa, «¡han resucitado a muertos, han curado enfermos, han amado a sus perseguidores, han demostrado que no existe fuerza capaz de derrotar a quien tiene la fuerza de la fe!».
Al final, el obispo de Roma llamó al testimonio: «Una Iglesia o un cristiano sin testimonio es estéril, un muerto que cree estar vivo, un árbol seco que no da fruto, un pozo seco que no tiene agua. La Iglesia ha vencido al mal gracias al testimonio valiente, concreto y humilde de sus hijos». Por ello la invitación a los arzobispos que recibieron el palio: «La Iglesia quiere que sean hombres de oración, maestros de oración, que enseñen al pueblo que les ha sido confiado por el Señor que la liberación de toda cautividad es solamente obra de Dios y fruto de la oración, que Dios, en el momento oportuno, envía a su ángel para salvarnos de las muchas esclavitudes y de las innumerables cadenas mundanas. ¡También ustedes sean ángeles y mensajeros de caridad para los más necesitados!».
«La Iglesia –añadió– quiere que sean hombres de fe, maestros de fe, que enseñen a los fieles a no tener miedo de los muchos Herodes que los afligen con persecuciones, con cruces de todo tipo. ¡Ningún Herodes es capaz de apagar la luz de la esperanza, de la fe y de la caridad de quien cree en Cristo!».
Y, para concluir, indicó que la Iglesia «quiere que sean hombres de testimonio». Francisco citó las palabras de San Francisco, que decía a sus frailes: «Prediquen siempre el Evangelio y, si fuera necesario, también con las palabras». No hay testimonio «¡sin una vida coherente! Hoy no se necesita tanto maestros, sino testigos valientes, convencidos y convincentes, testigos que no se avergüencen del Nombre de Cristo y de su Cruz ni ante leones rugientes ni ante las potencias de este mundo,». Un testimonio que ha sido ofrecido por los cristianos de diferentes confesiones.
«Es muy sencillo –concluyó Francisco–: porque el testimonio más eficaz y más auténtico consiste en no contradecir con el comportamiento y con la vida lo que se predica con la palabra y lo que se enseña a los otros».
En el rito participaron el Metropolita de Pérgamo, Ioannis Zizioulas, delegado del Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomeo I, a quien el Papa saludó al principio de la celebración y con quien, al final de la misa, fue a venerar las reliquias de Pedro, bajo el altar de la Basílica. Los arzobispos metropolitanos que recibieron el palio fueron 46 en total: 18 europeos, 13 americanos, 1 de Oceanía, 8 africanos y 6 asiáticos.
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A las 10 de la mañana el Papa Francisco hizo un salto hasta el exconvento Mater Ecclesiae para hacer una visita a su predecesor, Benedicto XVI.
Señaló que un cristiano no debe tener miedo de imitar a Jesús, que se "ensució” las manos por estar cerca de la gente.
"Tantas veces pienso que es, no imposible, pero sí muy difícil hacer el bien sin ensuciarse las manos. Y Jesús se ensució. Cercanía. Y fue más allá. Le dijo: ‘Dirígite a los sacerdotes y haz lo que se debe hacer cuando un leproso se cura’. Al que era apartado de la vida social, Jesús lo incluye: incluye en la Iglesia, incluye en la sociedad… ‘Vete para que las cosas sean como deben ser’. Jesús no margina jamás a nadie. Se margina a sí mismo para incluir a los marginados, para incluirnos a nosotros, pecadores, marginados, con su vida”.
Francisco hizo este mensaje extensivo a toda la comunidad. Dijo que una comunidad que excluye, que no es cercana, no es verdadera.
(Fuente: Radio Vaticano)
Jesús fue el primero que se "ensució las manos acercándose” a los excluidos de su tiempo. Se "ensució las manos” tocando a los leprosos, por ejemplo, curándolos. Y enseñando así a la Iglesia "que no se puede hacer comunidad sin cercanía”. El Papa Francisco centró su homilía en el protagonista del breve pasaje del Evangelio del día: un enfermo de lepra que se postra ante Jesús y se anima a decirle: "Señor, si quieres, puedes purificarme”. Y Jesús lo toca y lo cura.
El milagro se produce ante los ojos de los doctores de la ley para los cuales, en cambio, el leproso era un "impuro”. Y afirmó que "la lepra era una condena de por vida” y que "curar a un leproso era tan difícil como resucitar a un muerto”, razón por la cual eran marginados. Jesús, en cambio, tiende la mano al excluido y demuestra el valor fundamental de una palabra, "cercanía”.
No se puede hacer comunidad sin cercanía. No se puede hacer la paz sin cercanía. No se puede hacer el bien sin acercarse. Jesús podía decirle: ‘¡Que te cures!’. No: se acercó y lo tocó. ¡Es más! En el momento en que Jesús tocó al impuro se volvió impuro. Y éste es el misterio de Jesús: tomar sobré si nuestras suciedades, nuestras cosas impuras.
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En su homilía en Casa Santa Marta el Papa habló de la importancia de la escucha para ser un buen pastor.
"Uno que sabe escuchar y eso le lleva a actuar, con la fuerza de la palabra de otro y no de la propia, ese permanece seguro. Aunque sea una persona sencilla, que no parezca importante, ¡pero cuántos de estos grandes hay en la Iglesia! ¡Cuántos obispos grandes, cuántos sacerdotes grandes, cuántos fieles grandes que saben escuchar y la escucha les lleva a actuar!”
Francisco también dijo que la base del hablar y de hacer es escuchar, y si falta eso, falta "la roca del amor de Dios”.
(Fuente: Radio Vaticana)
Jesús pone en guardia a sus discípulos ante los "falsos profetas”. Y después les explicó cómo hacer para comprender "dónde están los verdaderos profetas y dónde los pseudo profetas”; "dónde están los verdaderos predicadores del Evangelio y dónde los que predican un Evangelio que no es Evangelio.
Estos hablan, hacen, pero les falta otra actitud, que es precisamente la base, que es precisamente el fundamento del hablar, del hacer: les falta escuchar. Por tanto, prosigue Jesús: ‘Quien escucha estas palabras mías y las pone en práctica: el binomio hablar-hacer no es suficiente… nos engaña, tantas veces nos engaña. Y Jesús cambia y dice: el binomio es el otro, escuchar y hacer, poner en práctica: ‘Quien escucha mis palabras y las pone en práctica será semejante a un hombre sabio que ha construido su casa sobre la roca’.
Les falta "la roca del amor de Dios, la roca de la Palabra de Dios”. Y sin esta roca no pueden profetizar, no pueden construir: aparentan, porque al final todo se derrumba.
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Como nos tiene acostumbrados, antes de comenzar su audiencia general, el Papa Francisco recorrió la plaza de San Pedro en papamóvil, saludando a la multitud y bendiciendo los niños.
Luego en su catequesis, el Papa habló de los problemas que surgen en la vida matrimonial normal: dolor y malentendidos fruto de palabras, acciones u omisiones que no se han corregido a tiempo.
"Cuando las heridas que se pueden resolver son descuidadas, se agravan. Se transforman en prepotencia, hostilidad, desprecio. A ese punto pueden convertirse en heridas profundas entre marido y mujer”.
El Papa también habló de los hijos. Dijo que cuando la pareja se deja llevar por un enfado, éste se convierte en odio y división y hace sufrir a los niños.
"Cuando los adultos pierden la cabeza, cuando piensan sólo en sí mismos, cuando papá y mamá se insultan, el alma de los niños sufre mucho. Se desespera, y son heridas que dejan una cicatriz para toda la vida”.
El Papa también agregó que los padres no pueden comprar el afecto de sus hijos o compensar sus palabras hirientes con regalos.
"Cuando un hombre y una mujer se comprometen a ser una sola carne y a formar una familia, y piensan obsesivamente en sus propias exigencias de libertad y gratificación, esta distorsión hiere profundamente el corazón y la vida de los hijos”.
A pocos meses del Sínodo sobre la Familia que comenzará en octubre, el Papa también pidió a la Iglesia que reflexione sobre cómo acompañar mejor a quienes atraviesan las llamadas "situaciones irregulares”, como por ejemplo a personas divorciadas que se han vuelto a casar.
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Durante un encuentro de preguntas y respuestas con más de 1.000 sacerdotes de 90 países el Papa explicó la siguiente propuesta que ha recibido: ponerse de acuerdo con los cristianos coptos, los ortodoxos y protestantes para celebrar la Pascua juntos en una fecha fija.
La emoción por el poema que le enseñó la abuela. El beso a la pila bautismal. La Misa y el almuerzo con los parientes. Su «regreso a casa», en la tierra piamontesa de la que se siente «nieto». El Pontífice vuelve a descubrir sus orígenes
Su visita es para honrar la Ostensión de la Síndone y por el Bicentenario de San Juan Bosco. Sí, pero el que está viviendo Papa Francisco en Turín también es un viaje en el tiempo, una especie de vuelta a sus orígenes y a las raíces de su familia.
Los momentos en los que surgieron sus orígenes piamonteses fueron numerosos. Estos son:
Un viaje hacia el pasado que comenzó durante la homilía de ayer en la Plaza Vittorio Veneto. Jorge Mario Bergoglio se conmovió durante algunos instantes, cuando citó los versos del poeta Nino Costa del poema “Rassa nostranna”, que le había enseñado la abuela Rosa en el dialecto piamontés.
Hoy, Francisco dijo que su visita a Turín era «una vuelta a casa», como «hacía cada vez que de Buenos Aires venía a Italia». Y su «casa» está en la «tierra de la que se siente nieto», como dijo ayer durante el Ángelus.
Ayer el Papa visitó la Iglesia de Santa Teresa,«en donde se casaron mis abuelos paternos y fue bautizado mi papá Mario». Quiso ir para subrayar el valor del bautismo. Y de su bautismo. Además de enviar un mensaje nuevo en vista del Sínodo sobre la familia que se llevará a cabo en octubre. Dio un enorme valor a esta cita, como indicó el padre Ciro Benedettini, vicedirector de la Sala de prensa del Vaticano. El mismo Benedettini dijo que por estos moticos el Pontífice, en la iglesia de sus abuelos, «quiso besar la pila bautismal». Además «rezó por todas las familias y por el buen resultado del Sínodo» sobre la familia que se llevará a cabo en octubre en el Vaticano.
Después del histórico encuentro en el templo valdense, el Pontífice quiso reunirse con sus familiares: seis primos acompañados por sus familiares. En total eran unas 30 personas. El «pariente famoso» celebró para ellos la Misa en la capilla del arzobispado y almorzó con todo el grupo.
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