En su primer discurso recordó los horrores de la guerra civil: «Para curar las heridas todos deben ser libres de expresarse y deben estar listos para aceptarse los unos a los otros»
Un llamado a la reconciliación y a la convivencia, la petición de que se respeten los derechos de todos y que toda la sociedad pueda expresarse libremente. Después de aterrizar, Papa Francisco pronunció su primer mensaje en el aeropuerto internacional de Colombo, en donde recordó el triste pasado de Sri Lanka, con la guerra civil que duró un cuarto de siglo, y no dejó de referirse a las heridas que siguen abiertas. Soplaba un viento cálido y húmedo en la «Perla del océano Índico» cuando llegó al obispo de Roma. Al bajar por la escalera puso escuchar y ver los movimientos de una danza tradicional cingalesa, con hombres y mujeres vestidos de blanco y con escudos variopintos. Después un coro entonó un canto de bienvenida en italiano, inglés y cingalés. Había decenas de elefantes con adornos colorados.
Comienza de esta manera el segundo viaje del Pontífice a Asia (en seis meses), signo de la enorme atención del Papa argentino por un continente en el que viven más de dos terceras partes de la población del mundo, y en el que solamente viven el 3% de los católicos del mundo, pero en donde el año pasado se celebraron más bautismos que en toda Europa.
Recibió a Francisco el nuevo presidente Maithripala Sirisena, de 63 años, elegido el pasado 8 de enero después de la derrota del su adversario el anterior presidente Maithripala Rajapaksa, que había cambiado la Constitución para poder reelegirse por segunda vez consecutivamente y que había llamado a las elecciones anticipadas a pesar de que todavía tuviera que completar su mandato de gobierno (faltaban dos años). En Sri Lanka, los budistas representan el 70% de la población, los hinduistas el 12,6%, los musulmanes el 9,7 % y los cristianos (sobre todo católicos), el 7,4 %.
«Mi tarea es favorecer la paz y la coexistencia en el país», dijo el presidente en su discurso de saludo. Papa Francisco recordó que había emprendido su viaje para reunirse con los católicos, pero también para expresar «el amor y la preocupación de la Iglesia por todos los cingaleses, y confirmar el deseo de la comunidad católica de ser activamente partícipe en la vida de esta sociedad».
«Es una constante tragedia de nuestro mundo que muchas comunidades estén en guerra entre ellas. La incapacidad de reconciliar las diferencias y las discordias, antiguas o nuevas, ha hecho surgir tensiones étnicas y religiosas, acompañadas frecuentemente de explosiones de violencia. Durante muchos años, Sri Lanka conoció los horrores del enfrentamiento civil, y ahoraestá tratando de consolidar la paz y de curar las heridas de esos años».
Para dejar atrás «la amarga herencia de injusticias, hostilidades y difidencias», es necesario superar «el mal con el bien» y cultivar la «reconciliación, la solidaridad y la paz». Pero Francisco añadió que «el proceso de curación exige incluir el perseguir la verdad», no para abrir «viejas heridas, sino más bien como medio necesario para promover su cura, la justicia y la unidad».
«Estoy convencido -dijo el Papa- de que los seguidores de las diferentes tradiciones religiosas tienen un papel esencial que desempeñar en el delicado proceso de reconciliación y de reconstrucción que está en curso en este país. Para que esto suceda, es necesario que todos los miembros de la sociedad trabajen juntos, que todos tengan voz. Todos deben ser libres de expresar las propias preocupaciones, las propias necesidades, las propias aspiraciones y los propios temores. Pero, sobre todo, deben estar listos para aceptarse los unos a los otros, respetando las legítimas diferencias y aprendiendo a vivir como una única familia».
«La gran obra de reconstrucción -explicó- debe incluir la mejora de las infraestructuras y ocuparse de las necesidades materiales, pero también, y sobre todo, debe promover la dignidad humana, el respeto de los derechos del hombre y la plena inclusión de cada uno». Francisco dijo que espera que los dirigentes políticos, religiosos y culturales del país, «midiendo cada palabra y cada acción sobre el bien y sobre la curación que vendrá, ofrezcan un aporte duradero al progreso material y espiritual del pueblo».
El Papa pide oraciones a los fieles de Sri Lanka y de Filipinas que viven en Roma para su viaje que comienza mañana
Podemos encontrar al Hijo de Dios «en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía. Lo podemos reconocer en el rostro de nuestros hermanos, en particular en los pobres, en los enfermos, en los encarcelados, en los prófugos: ellos son la carne viva del Cristo que sufre». Después de haber celebrado los Bautismos en la Capilla Sixtina, Francisco recitó el Ángelus e invitó a los fieles reunidos en la Plaza San Pedro a rezar al Espíritu Santo, el «gran olvidado» en las oraciones de los cristianos, y a recordar «con alegría» la fecha del propio Bautismo.
«En el momento en el que Juan el Bautista confiere el Bautismo a Jesús, el cielo se abre. Y así terminó el tiempo de los ‘cielos cerrados’, que indican la separación entre Dios y el hombre, consecuencia del pecado», dijo Papa Francisco. «De este modo la tierra se transforma en la morada de Dios entre los hombres y cada uno de nosotros tiene la posibilidad de encontrar al Hijo de Dios. Lo podemos encontrar realmente presente en los sacramentos, dijo, especialmente en la Eucaristía. Lo podemos reconocer en el rostro de nuestros hermanos, en particular en los pobres, en los enfermos, en los encarcelados, en los prófugos que son, constató, la carne viva del Cristo que sufre y la imagen visible del Dios invisible».
Después de haber recordado que la bajada del Espíritu Santo, «permite a Cristo, el Consagrado del Señor, inaugurar su misión de salvación para todos nosotros», Papa Bergoglio añadió: «El Espíritu Santo, el gran olvidado en nuestras oraciones. A menudo nosotros rezamos a Jesús, rezamos al Padre, en el Padre Nuestro, pero no rezamos tan seguido al Espíritu Santo. Es el olvidado y necesitamos pedir su ayuda, su fortaleza, su inspiración».
«Poner bajo la acción del Espíritu Santo nuestra vida de cristianos y la misión, que todos recibimos en virtud del Bautismo -continuó Francisco- significa volver a encontrar la valentía apostólica necesaria para superar fáciles comodidades mundanas. Un cristiano y una comunidad ‘sordos’ a la voz del Espíritu Santo, que impulsa a llevar el Evangelio a los extremos confines de la tierra y de la sociedad, se convierten en un cristiano y una comunidad ‘mudos’, que no hablan y no evangelizan».
Recuerden esto, recomendó el Papa, «rezar a menudo al Espíritu Santo, para que nos ayude, nos dé la fuerza, la inspiración para salir adelante». Después de la oración mariana, el Pontífice pidió a los fieles de Sri Lanka y de Filipinas que viven en Roma, que rezaran por él y por el viaje apostólico a Asia que comenzará mañana por la tarde. E invitó a todos los presentes a recordar «la fecha del bautismo, para recordar con alegría» este día.
Estamos comenzando un nuevo año teniendo en cuenta la invitación del Papa Francisco a una transformación de los cristianos y de la Iglesia misma. ¿En qué consiste esta renovación o transformación? ¿Qué nuevas actitudes pide de nosotros, especialmente de los educadores y formadores? ¿Cuáles son las luces que, con estas actitudes, podemos encender en nuestro mundo?
Hoy se nos pide una transformación misionera. Así lo propone el Papa Francisco en el capítulo primero de la exhortación Evangelii gaudium: “Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál esel camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (n. 20).
Esto pide conversión y renovación evangelizadora, creatividad y concentración en lo esencial, y mantener las “puertas abiertas” hacia los demás.
El Papa concreta esa transformación con cinco verbos: “primerear” (tomar la iniciativa sin miedo, salir a las periferias, brindar misericordia); involucrarse (con obras y gestos en las necesidades de los demás); acompañar (con paciencia y fortaleza); fructificar (después de sembrar con generosidad); y festejar (sobre todo con la belleza de la liturgia).
La situación actual pide ante todo una conversión personal a Dios, un cambio interior que, como consecuencia de abandonar el pecado y abrazar la vida de la gracia en amistad con Dios, nos lleve a salir de nosotros mismos para ir al encuentro de los demás. Pero no solo eso, sino también una “conversión pastoral y misionera” de los grupos, comunidades e instituciones cristianas en su conjunto, para que no se queden dentro de sí mismas.
Esto significa una llamada a evangelizar en todos los lugares, contando con la responsabilidad de todos los cristianos, “para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación” (n. 27). Y requiere de toda la Iglesia, tanto a nivel universal como particular, “entrar en un proceso decidido de discernimiento, purificación y reforma” (n. 30). Lo que a su vez precisa “abandonar el cómodo criterio pastoral del ‘siempre se ha hecho así’”, para ser “audaces y creativos” en la tarea de “repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores” (n. 33).
Con esta creatividad, el anuncio del Evangelio debe ser hecho “a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y si miedo” (n. 23). Debe manifestar con realismo “el corazón del mensaje de Jesucristo”, sin reducirlo a algunos aspectos secundarios. Sin dar por supuesto que nuestros interlocutores lo conocen, “el anuncio se concentra en lo esencial, que es lo más bello, lo más grande, lo más atractivo y al mismo tiempo lo más necesario”. De esta manera “la propuesta se simplifica, sin perder por ello profundidad y verdad, y así se vuelve más contundente y radiante” (n. 35).
Para garantizar la concentración en lo esencial, el Papa se refiere a dos principios teológico-pastorales importantes. En primer lugar, lo que el Concilio Vaticano II llamó jerarquía en las verdades reveladas, el orden que hay entre ellas “según su conexión con el fundamento de la fe cristiana” (cf. decreto Unitatis redintegratio, 11). Un principio que vale “tanto para los dogmas de fe como para el conjunto de las enseñanzas de la Iglesia, e incluso para la enseñanza moral” (n. 36).
Concretamente en la enseñanza moral el centro es la caridad, traducida, en cuanto al obrar exterior, en misericordia. En ese sentido, dice el Papa siguiendo a santo Tomás de Aquino, “la misericordia es la mayor de todas las virtudes”. De este modo se asegura la integralidad del anuncio de la fe en lo que se refiere a la moral cristiana, que no es una ética estoica, es más que una ascesis, no es una mera filosofía práctica ni un catálogo de pecados y errores”, sino una respuesta de amor al Dios amante (cf. n. 39).
Un segundo principio que el Papa destaca es la distinción entre la sustancia de la doctrina cristiana y las distintas maneras de expresarla o formularla (cf. Juan XXIII, Discurso en la apertura del Concilio Vaticano II, 11-X-1962).
Francisco no se queda en el enunciado de este principio sino que muestra cómo funciona en la práctica. “A veces, escuchando un lenguaje completamente ortodoxo, lo que los fieles reciben, debido al lenguaje que ellos utilizan y comprenden, es algo que no responde al verdadero Evangelio de Jesucristo”. Continúa: “Con la santa intención de comunicarles la verdad sobre Dios y sobre el ser humano, en algunas ocasiones les damos un falso dios o un ideal humano que no es verdaderamente cristiano”. De ese modo –deduce– “somos fieles a una formulación, pero no entregamos la substancia. Ése es el riesgo más grave” (Evangelii gaudium, n. 41). Y recuerda, con palabras de Juan Pablo II, que “la expresión de la verdad puede ser multiforme, y la renovación de las formas de expresión se hace necesaria para transmitir al hombre de hoy el mensaje evangélico en su inmutable significado” (enc. Ut unum sint, de 1995, n. 19).
Particular responsabilidad tiene en esto la teología, por su misión de enseñar el mensaje del Evangelio; pues debe entrar en diálogo con las Ciencias sociales para aportar líneas diversas de pensamiento y expresión de la fe que, respetando su substancia, manifiesten la inagotable riqueza del Evangelio (cf. n. 40).
Por lo que se refiere a la fe, el Evangelio debe anunciarse de forma “que su belleza pueda ser mejor percibida y acogida por todos”, sin olvidar la realidad de la cruz, la adhesión del corazón, el amor y el testimonio (cf. n. 42).
En relación con el mensaje moral, añade el Papa, algunas costumbres y preceptos de la Iglesia podrán ser revisados si han perdido su “fuerza educativa”; y ello, en orden a mostrar la misericordia de Dios –sobre todo en la confesión de los pecados– y a no hacer pesada la religión. A este propósito aduce lo que señala el Catecismo de la Iglesia Católica acerca de las circunstancias que pueden disminuir o suprimir la responsabilidad moral de una acción (cf. n. 1735). Y pondera el valor de los “pequeños pasos”, que da quien desea, desde una situación de pecado o de lejanía, abrir su corazón y su vida a Dios. Estos pasos, aún tímidos y titubeantes, pueden ser más agradables a Dios que una vida exteriormente correcta que no se enfrente con especiales dificultades.
Misión de “puertas abiertas”. En definitiva, la evangelización se encarna en los límites humanos (cf. n. 40) y concretamente “se mueve entre los límites del lenguaje y las circunstancias (…) sin renunciar a la verdad, al bien y a la luz” (n. 45). El evangelizador “nunca se encierra, nunca se repliega en sus seguridades, nunca opta por la rigidez autodefensiva” (Ibid.).
En consecuencia, la misión nos lleva a mantener las “puertas abiertas”, no solo las de los templos y las de los sacramentos (que no deberían cerrarse por una razón cualquiera, pues son remedio y alimento que deben proporcionarse con prudencia y audacia); sino también las puertas del corazón del evangelizador. Llegado a este punto, el Papa señala la “orientación contundente” que da el Evangelio acerca de la prioridad de los pobres, enfermos, despreciados y olvidados (cf. Lc 14, 14). Hoy y siempre, como señalaba Benedicto XVI, “los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio”. Cerrarles la puerta sería clausurarse en una maraña de procedimientos, estructuras, regulaciones o costumbres que paralicen esa “salida” hacia los demás; o que nos impidan “detener el paso, dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar, o renunciar a las urgencias para acompañar al que se quedó al lado del camino” (nn. 46-48).
Por todo ello, concluye, “más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: ‘¡Dadles vosotros de comer!’ (Mc 6,37)” (n. 49).
Son los países que más persiguen a los cristianos. Pero lo más preocupante según la ONG Portes Ouvertes France no es que todavía se persiga a cristianos. Sino que la violencia sigue aumentando y que no hay signos de que en 2015 la tendencia vaya a mejorar.
En 2014 la ONG calculaque 4.344 cristianos fueron asesinados, mientras que en 2013 fueron 2.123. Se trata de una realidad que el Papa denunció desde principios del año pasado.
4 de marzo, 2014
"Y os digo que hoy hay más mártires que en los primeros tiempos del cristianismo”.
El 40% de los casi 2 millones de cristianos sirios han abandonado el país mientras que en la llanura de Nínive, en Irak, hay 140.000 que se han refugiado en el Kurdistán.
En China o la India, que concentran el 40% de la población mundial, la persecución es severa, aunque la ONG indica que donde más está creciendo es en el África subsahariana por la acción de grupos terroristas como Boko Haram.
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Continuando con la tradición de sus predecesores, Papa Bergoglio administró el sacramento a los hijos de los trabajadores del Vaticano: «Ustedes, padres, ayudarán a estos niños a crecer bien si les dan el Evangelio de Jesús, que es como leche para el Espíritu»
«Ustedes, mamás, dan a sus hijos la leche. Lo que hace la leche para el cuerpo, la Palabra de Dios lo hace para el espíritu: la Palabra de Dios hace crecer la fe». Se dirigió con estas palabras Papa Francisco a los fieles reunidos en la Capilla Sixtina, durante la misa en la que bautizó a 33 niños (20 niños y 13 niñas). Entre los presentes, también había una pareja de gemelas, Laura y Sara Inchingolo. Durante la ceremonia, además del coro tradicional, hubo un «coro de vagidos» y llantos que resonó entre los frescos de Miguel Ángel.
«Como un buen papá y una buena mamá -dijo Papa Francisco- Dios quiere dar cosas buenas a sus hijos. Y, ¿qué es este alimento sustancioso que Dios nos da? Es su Palabra: su Palabra nos hace crecer, nos hace dar buenos frutos en la vida, como la lluvia y la nieve hacen bien a la tierra y la vuelven fecunda. De la misma manera ustedes, padres y madres, y también ustedes, padrinos y madrinas, abuelos y abuelas, ayudarán a estos niños a crecer bien si les dan la Palabra de Dios, el Evangelio de Jesús. Y también -añadió- hay que darlo con el ejemplo: todos los días lean un pasaje del Evangelio, lleven siempre con ustedes un pequeño Evangelio… Este será un ejemplo para los niños».
«Ustedes, mamás, dan a sus hijos la leche; incluso ahora, si tienen hambre o lloran, les pueden dar la leche. Agradezcamos al Señor por el don de la leche, y recemos por esas madres, que desgraciadamente son muchas, que están en condiciones de dar de comer a sus hijos. Recemos y tratemos de ayudar a estas mamás. Entonces, lo que hace la leche para el cuerpo, la Palabra de Dios lo hace para el espíritu: la Palabra de Dios hace crecer la fe. Y gracias a la fe nosotros somos generados por Dios. Es lo que sucede en el Bautismo».
Después de haber recordado que «el Bautismo nos incluye en el cuerpo de la Iglesia, en el pueblo santo de Dios. Y en este cuerpo, en este pueblo en marcha, la fe se transmite de generación en generación», como un «irse pasando de mano en mano la llama de la fe». Enséñenles a sus hijos, continuó el Papa, que «no se puede ser cristianos fuera de la Iglesia, no se puede seguir a Cristo sin la Iglesia… Porque la Iglesia es madre y nos hace crecer en Jesucristo».
Para concluir, el Francisco llamó la atención sobre la importancia del Espíritu Santo, en el que son consagrados los bautizados. «No rezamos mucho al Espíritu Santo… ¡Es muy importante rezarle al Espíritu Santo!». La palabra cristiano, explicó, «significa esto, significa consagrado como Jesús, en el mismo Espíritu en el que fue sumergido Jesús en toda su existencia terrenal. Él es el ‘Cristo’, los bautizados somos ‘cristianos’. Y entonces, queridos padres y madres, queridos padrinos y madrinas, si quieren que sus niños se conviertan en verdaderos cristianos, ayúdenlos a crecer ‘sumergidos’ en el Espíritu Santo, es decir en el calor del amor de Dios, en la luz de su Palabra. Por esto, no se olviden de invocar a menudo al Espíritu Santo, todos los días. Pueden hacerlo, por ejemplo, con esta simple oración: ‘Ven Santo Espíritu, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor’».
La celebración de hoy, en la Sixtina, tuvo ayer por la tarde una especie de anticipación: Francisco celebró en privado, en la capilla de la Casa Santa Marta, el bautismo de cinco niños, nietos de otros trabajadores del Vaticano.
El Papa Francisco inicia este lunes su viaje más agotador con un vuelo nocturno a Colombo, primera etapa de un periplo de ocho días a Sri Lanka y Filipinas, dos países duramente afectados por las secuelas de la guerra y las tremendas catástrofes naturales.
Será su segundo viaje a Asia, después del realizado el pasado mes de agosto a Corea del Sur. Francisco recorrerá un total de 25.000 kilómetros en siete vuelos, y utilizará cinco “papamóviles”: dos en Sri Lanka y tres en Filipinas, incluido un típico “Jeepney”, cuyas fotografías darán la vuelta al mundo.
El Papa será recibido en Sri Lanka por el nuevo presidente Maithripala Sirisena, quien prestó juramento con toda celeridad el pasado viernes después de haber ganado las elecciones el día anterior.

El momento más emocionante de su visita será el encuentro con afectados por la guerra civil en un santuario mariano de la zona tamil, situado en la línea del frente de un conflicto extraordinariamente cruel que sumó a lo largo de 25 años más de cien mil muertos –en su mayoría civiles asesinados por ambos bandos- y más de un millón de refugiados.
En el 2009, la ofensiva final del gobierno, apoyado por la mayoría cingalesa budista del Sur, contra los “Tigres Tamiles”, la guerrilla que había declarado la independencia del territorio de los tamiles hindúes en el Norte, fue extraordinariamente despiadada, y Naciones Unidas está investigando posibles crímenes de guerra del gobierno del presidente Mahinda Rajapaksa, derrotado en las elecciones del 8 de enero, una fecha que había elegido por consejo de sus astrólogos.
El Papa se reunirá en Colombo con los líderes de todas las religiones para proponer un diálogo continuo y una condena de los extremismos para favorecer la paz. Los budistas, que boicotearon el encuentro con Juan Pablo II en 1995, acudirán a escuchar a Francisco.
Recuperar la armonía religiosa es fundamental en un país que cuenta con un 70 por ciento de budistas, un 13 por ciento de hindúes, un 10 por ciento de musulmanes y un 7 por ciento de católicos que hacen de puente entre comunidades, pues son tanto cingaleses como tamiles.
Por desgracia, la actividad de sectas protestantes muy agresivas está provocado represalias de los budistas contra los cristianos en general.
Para los católicos, el momento central de la visita será la canonización de Joseph Vaz (1651-1711), un sacerdote indio de Goa que fue misionero clandestino en Sri Lanka cuando los holandeses arrebataron la colonia a los portugueses y emprendieron una dura persecución de los católicos.
El Papa viajará el jueves de Colombo a Manila, donde será recibido por el presidente Benigno Aquino. El programa del viernes incluye el discurso a las autoridades, la misa con obispos, sacerdotes y religiosos, y un encuentro con familias, incluyendo muchas divididas por la emigración en un país de 100 millones de habitantes que tiene diez millones de filipinos dispersos por el resto del mundo.
Francisco volará el sábado a Taclobán, la zona más castigada por el supertifón Yolanda, que causó más de seis mil muertos, destruyó un millón de casas y dejó a cuatro millones de personas sin hogar. El Papa almorzará con 30 supervivientes y familiares de los fallecidos tanto de la isla de Leyte como de otras vecinas.
Su viaje concluye el domingo por la tarde con una misa en el Rizal Park de Manila, donde Juan Pablo II reunió a más de cuatro millones de personas en 1995. Vista la popularidad de Francisco, las autoridades están tomando medidas para que una aglomeración similar no se convierta en tragedia por exceso de entusiasmo.
Se titula "Toquen la Campana de Sagrada Libertad”, porque el símbolo más importante de la ciudad de Filadelfia es esta Campana de la Libertad.
La letra de la canción fue escrita por el sacerdote Andrew Ciferni y pide a las familias del mundo que se unan. Esta melodía la escuchará el Papa en Filadelfia. Hace unas semanas anunció así que acudirá al encuentro.
"Me gustaría confirmar que, si Dios quiere, en septiembre de 2015, viajaré a Filadelfia para el octavo Encuentro Mundial de las Familias”.
El octavo Encuentro Mundial de las Familias se celebrará del 22 al 27 de septiembre de 2015 y será la primera visita del Papa Francisco a los Estados Unidos.
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Después de casi 15 horas de vuelo, el Papa llegará el martes 13 de enero a Sri Lanka.
El padre Federico Lombardi explicó que Francisco quiere promover la reconciliación en este país asiático golpeado por la guerra durante más de 25 años.
Portavoz del Vaticano
"El Papa quiere tener en cuenta también el otro gran aspecto de la situación en Sri Lanka, el de la reconciliación después de la larguísima y terrible guerra civil”.
El Papa pronunciarátodos sus discursos en inglés. En Sri Lanka hay tres eventos de especial importancia.
El primero será el martes 13 de enero. Se trata de un encuentro interreligioso con representantes de las religiones budista, la mayoritaria, hindú y musulmana. El segundo es la canonización del primer santo de Sri Lanka, el padre José Vaz, que tendrá lugar el martes 14. El tercero es la visita al santuario mariano de Madhu, el más importante de Sri Lanka, donde el Papa rezará por la reconciliación y la paz en el país.
El jueves 15 viajará de Sri Lanka a Filipinas cuando se cumple un año de la tragedia provocada por el tifón Haiyán.
Portavoz del Vaticano
"El viaje del Papa a Filipinas se debe también a la insistencia de los obispos de Filipinas de contar con la presencia y el consuelo del Papa después del enorme desastre del tifón”.
Francisco transmitirá este consuelo personalmente a algunos supervivientes del tifón con los que almorzará el sábado 17 de enero en Taclobán.
El otro gran momento del viaje será la multitudinaria misa que presidirá en Manila, en el mismo lugar en el que Juan Pablo II congregó en 1995 a cerca de 4 millones de personas.
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Recordó el papel central de las madres y dijo que ellas no siempre son apoyadas como se merecen.
"No siempre éstas son escuchadas ni ayudadas en la vida cotidiana, al contrario, a menudo son explotadas a causa de su disponibilidad. Ni siquiera la comunidad cristiana las valora convenientemente”.
Sin embargo, Francisco dijo que las madres son "el antídoto contra el individualismo” y las grandes enemigas de la guerra. Recordando al arzobispo, Óscar Romero, asesinado en El Salvador en 1980, dijo que ellas viven el llamado "martirio materno”.
"Una entrega total, sin aspavientos, en el silencio, la oración, el cumplimiento del deber. Ir dando la vida poco a poco”.
Francisco recordó que la Iglesia también es madre y pidió a todos los presentes que homenajearan con este aplauso a todas las madres.
"Y a todas las madres aquí presentes las saludamos con un aplauso”.
Al final el Papa saludó a los artistas del Golden Circus de Liana Orfei, quienes pusieron la nota de música y color en esta primera audiencia general de 2015.
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En una de las fiestas más simpáticas del año, el papa Francisco comentó que los Reyes Magos «eran hombres sabios, estudiosos de los astros, en un contexto de creencias que atribuía a las estrellas un significado y un influjo sobre las vicisitudes humanas».
En la homilía, el Papa añadió que en su largo «viaje del alma» en busca de Jesús de Nazaret, «los Reyes Magos representan a los hombres y mujeres que en las religiones y filosofías del mundo entero».
Poco después, durante el rezo del Ángelus, el Santo Padre afirmó que precisamente por ese motivo «debemos tener siempre gran confianza y esperanza respecto a la salvación de todas las personas, pues incluso las que parecen estar lejos del Señor son "perseguidas" por su amor».
Ante unos cien mil fieles que desbordaban la plaza de San Pedro, el Papa revivió el viaje de los Magos y añadió que «la estrella que guía hoy a cada persona hacia Jesús es la Palabra de Dios. Esa es la luz que orienta en nuestro camino».
Como en otras ocasiones, Francisco descendió a lo práctico, e invitó a todos a todos los presentes- entre los que abundaban las familias con niños pequeños- , a «llevar siempre a mano un pequeño Evangelio, y leer un poco cada día», para que «ilumine nuestros pasos y los de quienes caminan junto a nosotros».
Durante la misa había comentado el contraste entre la actitud de los magos y la del Rey Herodes, que también deseaba conocer el lugar de nacimiento de Jesús, pero para enviar a sus soldados a matarlo.
Esa línea trágica se prolonga hasta hoy, y el Papa comentó que «vemos a nuestro alrededor guerras, explotación de niños, torturas, tráfico de armas, trata de personas… Jesús está en todos estos hermanos y hermanas más pequeños que sufren esas situaciones».
Al final del Ángelus, el Papa felicitó «a nuestros hermanas y hermanos del Oriente cristiano, católicos y ortodoxos, que celebran mañana la Natividad del Señor. Les enviamos a todos nuestra afectuosa felicitación».
El Santo Padre reanuda este miércoles las audiencias generales, interrumpidas durante el tiempo de Navidad. El jueves reanuda también sus breves homilías diarias en la misa de las siete de la mañana en casa Santa Marta, que siguen millones de personas en todo el mundo.