El Papa Francisco explicó en la audiencia general que la santidad no es un estado reservado para los obispos o religiosos. Dijo que es un don que da Dios y que todo bautizado puede ser santo.
Queridos hermanos y hermanas:
La catequesis de hoy está centrada en la vocación universal a la santidad.
¿En qué consiste esta vocación y cómo podemos realizarla? La santidad no la obtenemos por nuestras capacidades o cualidades personales. Es ante todo un don de Dios que nos hace el Señor Jesús revistiéndonos de Él mismo. Por lo tanto, la santidad es un descubrirse en plena comunión con Él, en la plenitud de su vida y de su amor. De esta manera, nadie queda excluido de la llamada a la santidad, la cual constituye el carácter distintivo de todo cristiano, urgido a vivirla en el amor y en el testimonio diario, cada uno en las condiciones y en el estado de vida en el cual se encuentra.
En la Primera Carta de San Pedro escuchamos: "Que cada uno viva según la gracia recibida, poniéndola al servicio de los demás, como buenos administradores de la gracia de Dios”. La llamada a la santidad no es una carga pesada, sino una invitación a vivir con alegría y amor cada momento de nuestra vida, transformándolo al mismo tiempo en un don para las personas que nos rodean. Cada paso hacia la santidad hace a las personas mejores, libres de egoísmo y abiertas a los hermanos y a sus necesidades.
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Argentina, México, Costa Rica y República Dominicana, así como a los venidos de otros países latinoamericanos. Acojamos con alegría la invitación a la santidad y sostengámonos los unos a los otros en este camino que no se recorre solo, sino en comunión con aquel único cuerpo que es la Iglesia, nuestra Santa Madre jerárquica. Muchas gracias y que el Señor les bendiga.
Fuente: Rome Reports
Cuidado con ser o convertirse en «cristianos tibios, cómodos o de la apariencia». «Cuando la conversión llega a los bolsillos, es segura». Son las palabras que pronunció Papa Francisco esta mañana en su homilía matutina durante la misa en la capilla de la Casa Santa Marta.
El Pontífice subrayó que los cristianos siempre deben responder a la llamada de Jesús a la conversión, de lo contrario pasan de ser pecadores a corruptos. Convertirse es una gracia, «es una visita de Dios». Reflexionando sobre el pasaje del Apocalispis de Juan y sobre el encuentro entre Jesús y Zaqueo, Francisco desarrolló el tema de las conversiones y habló de las «tres llamadas».
En la primera Lectura, observó, el Señor pide a los cristianos de Laodicea que se conviertan porque han caído en «la tibieza». Viven en la «espiritualidad de la comodidad». Y piensan: «hago las cosas como puedo, pero estoy en paz sin que nadie venga a molestarme con cosas extrañas». Quien vive así, afirmó el Papa, piensa que no le falta nada: «Voy a Misa los domingos, rezo algunas veces, me siento bien, estoy en gracia de Dios, soy rico» y «no tengo necesidad de nada, estoy bien». Este «estado de ánimo – advirtió el Pontífice– es uno estado de pecado: la comodidad espiritual es un estado de pecado». Y con estas personas el Señor «no ahorra palabras»; les dice: «Porque eres tibio estoy por vomitarte de mi boca». Sin embargo, prosiguió Francisco, les da el consejo de «vestirse», porque «los cristianos cómodos están desnudos».
Y añadió que «hay una segunda llamada» a los «que viven de las apariencias, los cristianos de las apariencias». Estos creen que están vivos, pero están muertos. Y a ellos el Señor les pide que estén atentos. «Las apariencias –dijo el Papa– son el sudario de estos cristianos: están muertos». Y el Señor los «llama a la conversión»: «“¿Yo soy uno de estos cristianos de apariencias? ¿Estoy vivo dentro?, ¿tengo una vida espiritual? ¿Siento al Espíritu Santo?, ¿escucho al Espíritu?, ¿voy adelante?”, o: “Pero, si parece que todo está bien, no tengo nada que reprocharme: tengo una buena familia, la gente no habla mal de mí, tengo todo lo necesario, estoy casado por la Iglesia… estoy ‘en gracia de Dios’, estoy tranquilo”. ¡Las apariencias! Cristianos de apariencia… ¡Están muertos! Pero hay que buscar algo vivo dentro y con la memoria y la vigilancia, reavivar esto para que vaya adelante. Convertirse: de las apariencias a la realidad. De la tibieza al fervor».
La tercera llamada a la conversión es con Zaqueo, «jefe de los publicanos y rico». «Es un corrupto –dijo el Papa– y añadió: trabajaba para los extranjeros, para los romanos, traicionaba a su patria»: «Era uno más como los tantos dirigentes que nosotros conocemos: corruptos. Estos que, en lugar de servir al pueblo, explotan al pueblo para servirse a sí mismos. Hay alguno, en el mundo. Y la gente no lo quería. Éste sí, no era tibio; no estaba muerto. Estaba en estado de putrefacción».
Verdaderamente corrupto, explicó el Papa, «pero sintió algo dentro: pero, a este sanador, este profeta que dicen que habla tan bien, yo querría verlo, por curiosidad. El Espíritu Santo es astuto, ¡eh! Y ha sembrado la semilla de la curiosidad, y aquel hombre para verlo incluso hace un poco el ridículo. Piensen en un dirigente que sea importante, y también que sea un corrupto, un jefe de dirigentes – éste era el jefe – pero, subir a un árbol para mirar una procesión: pero piensen esto. ¡Qué ridículo!”».
Zaqueo, explicó Francisco, «no tuvo vergüenza». Quería verlo y «dentro trabajaba el Espíritu Santo». Y después, «la Palabra de Dios entró en aquel corazón y con la Palabra, la alegría». «Los de la comodidad y los de la apariencia –subrayó el Pontífice argentino– habían olvidado lo que era la alegría; este corrupto la recibe inmediatamente», «el corazón cambia, se convierte». Y así Zaqueo promete devolver cuatro veces cuanto había robado: «Cuando la conversión llega a los bolsillos, es segura. ¿Cristianos de corazón? Sí, todos. ¿Cristianos de alma? Todos. Pero, cristianos de bolsillos, ¡pocos , eh! Pocos. Pero, la conversión … y aquí llegó inmediatamente: la palabra auténtica. Se ha convertido. Pero ante esta palabra, la otra palabra, de aquellos que no querían la conversión, que no querían convertirse: “Viendo aquello, murmuraban: ‘¡Ha entrado en la casa de un pecador!’: se ha ensuciado, ha perdido la pureza. Debe purificarse porque ha entrado en casa de un pecador”».
El Papa concluyó afirmando que la Palabra de Dios es «capaz de cambiar todo», pero «no siempre tenemos el coraje de creer en la Palabra de Dios, de recibir esa Palabra que nos cura dentro». La Iglesia, invitó Francisco, quiere que en estas últimas semanas del Año litúrgico «pensemos muy, muy seriamente en nuestra conversión para que podamos ir adelante por el camino de nuestra vida cristiana». Y que «recordemos la Palabra de Dios, hace un llamamiento a la memoria, para custodiarla, vigilar y también obedecer a la Palabra de Dios, para que nosotros comencemos una vida nueva, convertida».
Fuente: Vatican Insider
Como cada domingo, el papa Francisco rezó la oración del ángelus desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico, ante una multitud que le atendía en la Plaza de San Pedro.
Dirigiéndose a los fieles y peregrinos venidos de todo el mundo, que le acogieron con un largo y caluroso aplauso, el Pontífice argentino les dijo:
"Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de este domingo es la parábola de los talentos. Habla de un hombre que, antes de salir de viaje, convoca a sus siervos y les confía su patrimonio en talentos, monedas antiguas de un grandísimo valor. Ese amo confía al primer siervo cinco talentos, al segundo dos, al tercero uno. Durante la ausencia del amo, los tres siervos deben hacer rendir este patrimonio. El primer y el segundo siervo duplican cada uno el capital inicial; el tercero, en cambio, por miedo a perder todo, entierra el talento recibido en un hoyo. Al regreso del amo, los primeros dos reciben el elogio y la recompensa, mientras el tercero, que devuelve solamente la moneda recibida, es reprendido y castigado.
El significado de esto es claro. El hombre de la parábola representa a Jesús, los siervos somos nosotros y los talentos son el patrimonio que el Señor nos confía. ¿Cuál es el patrimonio? Su Palabra, la Eucaristía, la fe en el Padre celeste, su perdón… en definitiva, tantas cosas, sus más preciosos bienes. Este es el patrimonio que Él nos confía. ¡No sólo para custodiar, sino para multiplicar! Mientras en el lenguaje común el término "talento" indica una notable cualidad individual – por ejemplo, talento en la música, en el deporte, etcétera –, en la parábola los talentos representan los bienes del Señor, que Él nos confía para que los hagamos rendir. El hoyo excavado en el terreno por el "siervo malo y perezoso" (v. 26) indica el miedo del riesgo que bloquea la creatividad y la fecundidad del amor. Porque el miedo de los riesgos en el amor nos bloquea. ¡Jesús no nos pide que conservemos su gracia en una caja fuerte! No nos pide esto Jesús, sino que quiere que la usemos para provecho de los demás. Todos los bienes que hemos recibido son para darlos a los demás, y así crecen. Es como si nos dijese: 'Aquí está mi misericordia, mi ternura, mi perdón: tómalos y úsalos abundantemente'. Y nosotros ¿qué hemos hecho con ellos? ¿A quién hemos "contagiado" con nuestra fe? ¿A cuántas personas hemos animado con nuestra esperanza? ¿Cuánto amor hemos compartido con nuestro prójimo? Son preguntas que nos hará bien hacernos. Cualquier ambiente, también el más lejano e impracticable, puede convertirse en un lugar donde hacer rendir los talentos. No existen situaciones o lugares excluidos a la presencia y al testimonio cristiano. El testimono que Jesús nos pide no está cerrado, está abierto, depende de nosotros.
Esta parábola nos estimula a no esconder nuestra fe y nuestra pertenencia a Cristo, a no sepultar la Palabra del Evangelio, sino a hacerla circular en nuestra vida, en las relaciones, en las situaciones concretas, como fuerza que pone en crisis, que purifica, que renueva. Así como el perdón, que el Señor nos dona especialmente en el Sacramento de la Reconciliación: no lo tengamos encerrado en nosotros mismos, sino dejémoslo que desate su fuerza, que haga caer los muros que nuestro egoísmo ha levantado, que nos haga dar el primer paso en las relaciones bloqueadas, retomar el diálogo donde no hay más comunicación… Y así sucesivamente. Hacer que estos talentos, estos regalos, estos dones que el Señor nos ha dado, sean para los demás, crezcan, den fruto, con nuestro testimonio.
Creo que hoy sería un bonito gesto que cada uno tomase el Evangelio en casa, el Evangelio de San Mateo, capítulo 25, versículos del 14 al 30, Mateo 25, 14-30, y leer esto, y meditarlo un poco: 'Los talentos, las riquezas, todo aquello que Dios me ha dado de espiritual, de bondad, la Palabra de Dios, ¿cómo hago para que crezcan en los demás? ¿O solamente los custodio en una caja fuerte?'.
Y además el Señor no da a todos las mismas cosas y del mismo modo: nos conoce personalmente y nos confía aquello que es justo para nosotros; pero en todos, en todos hay algo parecido: la misma, inmensa confianza. Dios se fía de nosotros, ¡Dios tiene esperanza en nosotros! Y esto es igual para todos. ¡No le defraudemos! ¡No nos dejemos engañar por el miedo, sino correspondamos confianza con confianza! La Virgen María encarna esta actitud del modo más bello y más pleno. Ella ha recibido y acogido el don más sublime, Jesús en persona, y a su vez lo ha ofrecido a la humanidad con corazón generoso. A Ella pidámosle que nos ayude a ser "siervos buenos y fieles", para participar “en el gozo de nuestro Señor”".
Al término de estas palabras, el Santo Padre rezó la oración del ángelus:
Angelus Domini nuntiavit Mariae...
Al concluir la plegaria, el Pontífice se refirió a los incidentes ocurridos en los últimos días, en un barrio a las afueras de Roma:
"Queridos hermanos y hermanas,
en estos días en Roma ha habido tensiones bastante fuertes entre los residentes y los inmigrantes. Son hechos que ocurren en varias ciudades europeas, especialmente en las zonas periféricas marcadas por otras inconveniencias. Invito a las Instituciones, a todos los niveles, a asumir como una prioridad la que ya constituye una emergencia social que, de no abordarse con prontitud, y de manera adecuada, corre el riesgo de degenerar cada vez más. La comunidad cristiana se involucra de una manera concreta, para que no haya desencuentro sino encuentro. Los ciudadanos y los inmigrantes, con los representantes de las instituciones, pueden reunirse, también en una sala de la parroquia, y hablar juntos sobre la situación. Lo importante es no ceder a la tentación del desencuentro, rechazar toda violencia. Es posible dialogar, escucharse, planear juntos, y de esta manera superar la sospecha y el prejuicio y construir una convivencia cada vez más segura, pacífica e inclusiva".
También recordó en la oración a las víctimas de la carretera:
"Hoy se celebra la “Jornada mundial de las víctimas de la carretera”. Recordamos en la oración a cuantos han perdido la vida, deseando el empeño constante en la prevención de los accidentes de tráfico, así como un comportamiento prudente y respetuoso de las normas por parte de los automovilistas".
A continuación, llegó el turno de los saludos que tradicionalmente realiza el Santo Padre:
"Os saludo a todos, familias, parroquias, asociaciones y fieles particulares, que habéis venido de Italia y de tantas partes del mundo. De manera especial, saludo a los peregrinos procedentes de Murcia (España), Cagliari, Teramo, Gubbio y Lissone; al coro Amadeus de Villafranca, a la asociación "Acompañantes Santuarios Marianos en el Mundo" y a los chicos de Confirmación de Monte San Savino y de Torano Nuovo. Saludo a los empleados del Hospital Fatebenefratelli de Roma y al grupo de músicos del Teatro de la Opera de Roma.
Y no olvidar hoy, en casa, tomar el Evangelio de Mateo, San Mateo, capítulo 25, versículo 14, y leerlo. Y hacerse las preguntas que vengan".
Como de costumbre, el papa Francisco concluyó su intervención diciendo:
"Os deseo a todos un buen domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buena comida y ¡hasta pronto!".
Este silencio es elocuente. Jesús era conocido como el “hijo de José” (Lc ,23; 4,22; Jn 2,45; 6,42) y, cuando los habitantes de Nazaret se sorprenden por su enseñanza, exclaman: “¿No es éste el artesano, el hijo de María, y hermano de Santiago y de José y de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?” (Mc 6,3). En ningún lugar se hace referencia a que Jesús tuviera o hubiera tenido una mujer. La tradición jamás ha hablado de un posible matrimonio de Jesús. Y no lo ha hecho porque considerara la realidad del matrimonio denigrante para la figura de Jesús (quien restituyó el matrimonio a la dignidad original, Mt 19,1-12) o incompatible con la fe en la divinidad de Cristo, sino simplemente porque se atuvo a la realidad histórica. Si hubiera querido silenciar aspectos que podían resultar comprometedores para la fe de la Iglesia, ¿por qué trasmitió el bautismo de Jesús a manos de Juan el Bautista, que administraba un bautismo para la remisión de los pecados? Si la primitiva Iglesia hubiera querido silenciar el matrimonio de Jesús, ¿por qué no silenció la presencia de mujeres concretas entre las personas que se relacionaban con él?
A pesar de esto, se han venido difundiendo algunos argumentos que sostienen que Jesús estuvo casado. Fundamentalmente se aduce a favor de un matrimonio de Jesús la práctica y doctrina común de los rabinos del siglo I de nuestra era (para el supuesto matrimonio de Jesús con María Magdalena, ver ¿Qué relación tuvo Jesús con María Magdalena?). Como Jesús fue un rabino y el celibato era inconcebible entrelos rabinos de la época, tuvo que estar casado (aunque había excepciones, como Rabí Simeón ben Azzai, quien, al ser acusado de permanecer soltero, decía: “Mi alma está enamorada de la Torá. Otros pueden sacar adelante el mundo”, Talmud de Babilonia, b. Yeb. 63b). Así pues, afirman algunos, Jesús, como cualquier judío piadoso, se habría casado a los veinte años y luego habría abandonado mujer e hijos para desempeñar su misión.
La respuesta a esta objeción es doble:
1) Existen datos de que en el judaísmo del siglo I se vivía el celibato. Flavio Josefo (Guerra Judía 2.8.2 & 120-21; Antigüedades judías 18.1.5 & 18-20), Filón (en un pasaje conservado por Eusebio, Prep. evang. 8,11.14) y Plinio el Viejo (Historia natural 5.73,1-3) nos informan que había esenios que vivían el celibato, y sabemos que algunos de Qumrán eran célibes. También Filón (De vita contemplativa) señala que los “terapeutas”, un grupo de ascetas de Egipto, vivían el celibato. Además, en la tradición de Israel, algunos personajes famosos como Jeremías, habían sido célibes. Moisés mismo, según la tradición rabínica, vivió la abstinencia sexual para mantener su estrecha relación con Dios. Juan Bautista tampoco se casó. Por tanto, siendo el celibato poco común, no era algo inaudito.
2) Aun cuando nadie hubiera vivido el celibato en Israel, no tendríamos que asumir por ello que Jesús estuviera casado. Los datos, como se ha dicho, muestran que quiso permanecer célibe y son muchas las razones que hacen plausible y conveniente esa opción, precisamente porque el ser célibe subraya la singularidad de Jesús en relación al judaísmo de su tiempo y está más de acuerdo con su misión. Manifiesta que, sin minusvalorar el matrimonio ni exigir el celibato a sus seguidores, la causa del Reino de Dios (cf. Mt 19,12), el amor de y a Dios que él encarna, está por encima de todo. Jesús quiso ser célibe para significar mejor ese amor.
Juan Chapa
Queridos hermanos yhermanas:
En la catequesis de hoy, podemos hacernos la pregunta qué se pide a los obispos, presbíteros y diáconos para que su servicio sea auténtico y fecundo.
San Pablo, en sus cartas pastorales, además de una fe firme y una vida espiritual sincera, que son la base de la vida, enumera algunas cualidades humanas, esenciales para estos ministerios: la acogida, la sobriedad, la paciencia, la afabilidad, la bondad de corazón… cualidades, que hacen posible que su testimonio del Evangelio sea alegre y creíble.
El Apóstol recomienda, además, reavivar continuamente el don que han recibido por la imposición de manos. La conciencia de que todo es don, todo es gracia, los ayuda a no caer en la tentación de ponerse en el centro y de confiar sólo en ellos mismos. Uno no es obispo, presbítero o diácono porque sea más inteligente o tenga más talentos que los demás, sino en virtud del poder del Espíritu Santo y para el bien del santo Pueblo de Dios. La actitud de un ministro no puede ser nunca autoritaria, sino misericordiosa, humilde y comprensiva.
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Argentina, México, Guatemala, Chile y otros países latinoamericanos. Invito a todos a dar gracias a Dios por las personas que ejercen un ministerio de guía en la Iglesia y la hacen crecer en santidad. Recemos para que sean siempre imagen viva del amor de Dios. Muchas gracias.
Fuente: Rome Reports
"Todos tenemos la responsabilidad de dar lo mejor que tenemos y lo mejor que tenemos es la fe: dádsela a los niños ¡Pero hay que darla con el ejemplo! Con las palabras no sirve, con las palabras... ¡Hoy las palabras no sirven! En este mundo de la imagen, todos estos niños tienen teléfonos móviles y las palabras no sirven... ¡Ejemplo, ejemplo!”
Por último, el Papa preguntó a los cristianos si tienen una actitud de hermanos o de indiferencia hacia los demás.
(Fuente: Radio Vaticana)
"¿Enseñamos lo que hemos escuchado en la primera lectura: caminar en el amor y en la verdad? ¿O lo enseñamos con las palabras, pero nuestra vida va por otra parte? ¡Pero para nosotros mirar a los niños es una responsabilidad! Un cristiano debe cuidar a los adolescentes, a los niños y transmitir la fe, transmitir lo que vive, que está en su corazón. ¡No podemos ignorar las plantas que crecen!”
"Todos tenemos la responsabilidad de dar lo mejor que tenemos y lo mejor que tenemos es la fe: dársela a ellos, ¡pero hay que darla con el ejemplo! Con las palabras no sirve, con las palabras... ¡Hoy las palabras no sirven! En este mundo de la imagen, todos estos niños tienen móviles y las palabras no sirven... ¡Ejemplo, ejemplo!”
"En estos sacramentos, ¿la oración es un sacramento?... ¡Fuerte!... ¡No! ¡Es verdad, no! La oración no es un sacramento pero debemos rezar. ¿No sabéis si debéis rezar? Vale, bien... ¡Sí! Rezar al Señor, rezar a Jesús, rezar a la Virgen para que nos ayuden en este camino de la verdad y del amor. ¿Habéis entendido? Habéis venido para verme, ¿quién lo había dicho? Tú, es verdad. Pero también para ver a Jesús. ¿De acuerdo? ¿O dejamos a Jesús aparte? ¡No! Ahora viene Jesús al altar. ¡Y lo veremos todos! ¡Es Jesús! En este momento debemos pedir a Jesús que nos enseñe a caminar en la verdad y en el amor. ¿Lo decimos juntos? (todos juntos) 'Caminar en la verdad y en el amor'”.
Fuente: Rome Reports
"Cuando uno piensa en la perseverancia de muchos cristianos que sacan adelante su familia, – hombres y mujeres –, que cuidan a los hijos, cuidan de los abuelos y llegan a fin de mes con sólo medio euro, pero rezan... Ahí está el Reino de Dios, escondido, en esa santidad de la vida cotidiana, en la santidad de todos los días”.
Por último, añadió que el Reino de Dios es como una semilla que se debe cultivar a través del silencio y la oración.
(Fuente: Radio Vaticana)
"¡El espectáculo! El Señor jamás dice que el Reino de Dios es un espectáculo. ¡Es una fiesta! Pero es diferente. Es fiesta, ciertamente, es bellísima. Una gran fiesta. Y el Cielo será una fiesta, pero no un espectáculo. Y nuestra debilidad humana prefiere el espectáculo”.
"El día que hará rumor, lo hará como el rayo, chispeando, que se desliza de un lado al otro del cielo. Así será el Hijo del hombre en su día, el día que hará rumor. Y cuando uno piensa en la perseverancia de tantos cristianos, que llevan adelante su familia – hombres, mujeres – que se ocupan de sus hijos, cuidan a los abuelos y llegan a fin de mes sólo con medio euro, pero rezan. Ahí está el Reino de Dios, escondido, en esa santidad de la vida cotidiana, esa santidad de todos los días. Porque el Reino de Dios no está lejos de nosotros, ¡está cerca! Ésta es una de sus características: cercanía de todos los días”.
"El Reino de Dios es humilde, como la semilla: humilde pero se vuelve grande, por la fuerza del Espíritu Santo. Debemos dejarlo crecer en nosotros, sin vanagloriarnos: dejar que el Espíritu venga, nos cambie el alma y nos lleve adelante en el silencio, en la paz, en la tranquilidad, en la cercanía a Dios, a los demás, en la adoración a Dios, sin espectáculos”.
Fuente: Rome Reports
La reunión, guiada por el cardenal Tauran y el príncipe jordano Ghazi, se llevó a cabo en el Vaticano del martes pasado a hoy. El primer día Francisco ofreció una audiencia para los participantes
El fórum católico-musulmán que se llevó a cabo en el Vaticano ha «unánimemente condenado los actos de terrorismo, de opresión, de violencia en contra de las personas inocentes, de persecución, de profanación de los lugares sacros y la destrucción de la herencia cultural». Además, se subrayó, en el contexto de la violencia en Medio Oriente y a pocos días del viaje del Papa a Turquía, que «nunca es aceptable usar la religión para justificar tales actos».
Es la tercera vez que se reúne este fórum, que nació hace ocho años después de las controversias que provocó el discurso de Regensburg de Benedicto XVI: 138 sabios musulmanes escribieron una carta al Papa, misma que se convirtió en la base de un nuevo diálogo. La delegación católica es presidida por el cardenal Jean-Louis Tauran, presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso; la delegación musulmana, en cambio, por el príncipe jordano Ghazi bin Muhammad. Forma parte de la delegación musulmana, entre otros, el amigo argentino de Jorge Mario Bergoglio, Omar Abboud. El comunicado final del encuentro, publicado hoy y que no menciona explícitamente al Estado Islámico (EI), se titula “Trabajando juntos para servir a los demás” y recuerda que el fórum afrontó tres cuestiones en particular: trabajar juntos a favor de los jóvenes, incrementar el diálogo interreligioso y servir a la sociedad.
Estos son los puntos acordados por el fórum. «1. Los delegados reconocieron que su reunión tuvo lugar en un momento de gran tensión y conflictos en el mundo y reiteraron la vital importancia de mejorar el servicio y la cooperación mutua. En este contexto, los delegados condenaron unánimemente los actos de terrorismo, la opresión, la violencia contra personas inocentes, la persecución, la profanación de los lugares sagrados, y la destrucción del patrimonio cultural. Nunca es aceptable utilizar la religión para justificar tales actos o asociarlos con la religión. 2. La educación de los jóvenes, ya sea en la familia, escuela, universidad, iglesia o mezquita, es de suma importancia para la promoción de una identidad sólida basada en el respeto a los demás. Con este fin, los planes de estudio y libros de texto deben presentar una imagen objetiva y respetuosa del otro. 3. Los participantes reafirmaron la importancia de la cultura del diálogo interreligioso para la profundización de la comprensión mutua. Es algo necesario para superar los prejuicios, las distorsiones, las sospechas, y las generalizaciones inadecuadas que perjudican las relaciones pacíficas que todos buscamos. 4. Se consideró que el diálogo debería llevar a la acción, en particular entre los jóvenes. Los participantes alentaron a cristianos y musulmanes a multiplicar las oportunidades de encuentro y cooperación en proyectos conjuntos para el bien común. El miércoles, 12 de noviembre, Su Santidad Francisco recibió en audiencia a todos los participantes, animándolos a perseverar en el camino del diálogo entre cristianos y musulmanes, y manifestó su agrado por el compromiso compartido en el servicio desinteresado a la sociedad. Por último, los delegados expresaron su satisfacción por este fructífero encuentro mientras esperan encontrarse en la próxima reunión del Foro».
Los próximos 18 y 19 de noviembre, mientras tanto, el Kaiciid (Centro Internacional rey Abdullah Bin Abdulaziz para el Diálogo Interreligioso e Intercultural) organizará en Viena un diálogo de alto nivel entre exponentes religiosos en el que se reflexionará sobre «los líderes religiosos en contra de la violencia en nombre de la religión».
Fuente: Vatican Insider
"La pereza lleva a la comodidad: servicio a mitad. Y al adueñarnos de la situación, de siervo uno se convierte en patrón, que lleva a la soberbia, al orgullo, a tratar mal a la gente, a sentirse importantes "porque soy cristiano, tengo la salvación”, y otras cosas así”.
Francisco concluyó que un cristiano que no vive un "camino de servicio” es un "cristiano sin fuerza”.
(Fuente: Radio Vaticana)
"Alguno de nosotros aconsejaría a este siervo que vaya a pedir algún consejo al sindicato, para ver cómo hacer con un patrón de este tipo. Pero Jesús dice: ‘No, El servicio es total’, porque Él ha hecho camino con esta actitud de servicio; Él es el siervo. Él se presenta como el siervo, aquel que ha venido a servir y no a ser servido: así lo dice, claramente. Y así, el Señor hace sentir a los apóstoles el camino de aquellos que han recibido la fe, aquella fe que hace milagros. Sí, esta fe hará milagros por el camino del servicio”.
"La pereza nos aleja del servicio y nos lleva a la comodidad, al egoísmo. Tantos cristianos así… son buenos, van a Misa, pero el servicio hasta acá… Y cuando digo servicio, digo todo: servicio a Dios en la adoración, en la oración, en las alabanzas; servicio al prójimo, cuando debo hacerlo; servicio hasta el final, porque Jesús en esto es fuerte: ‘Así también ustedes, cuando habrán hecho todo aquello que les ha sido ordenado, ahora digan somos siervos inútiles’. Servicio gratuito, sin pedir nada”.
"En la vida debemos luchar tanto contras las tentaciones que tratan de alejarnos de esta actitud de servicio. La pereza lleva a la comodidad: servicio a mitad; y al adueñarnos de la situación, y de siervo convertirse en patrón, que lleva a la soberbia, al orgullo, a tratar mal a la gente, a sentirse importantes ‘porque soy cristiano, tengo la salvación' y tantas cosas así. Que el Señor nos dé estas dos gracias grandes: la humildad en el servicio, a fin de que podamos decir: ‘Somos siervos inútiles – pero siervos – hasta el final; y la esperanza en espera de la manifestación, cuando el Señor venga a encontrarnos”.
Fuente: Rome Reports
"Sin fe uno no puede vivir sin escandalizar ni tampoco puede perdonar siempre. Nadie, por muchos libros y conferencias a las que haya ido, puede tener fe. La fe es una regalo de Dios que te llega y por eso los apóstoles pedían a Jesús: "Auméntanos la fe”.”
Francisco concluyó que un cristiano que no perdona no es cristiano, porque Jesús en el Padrenuestro enseñó a pedir perdón y perdonar.
(Fuente: Radio Vaticana)
"Cuando un cristiano o una cristiana, que va a la iglesia, que va a la parroquia, no vive así, escandaliza. Pero cuantas veces hemos escuchado: ‘Pero yo no voy a la Iglesia – hombres y mujeres – porque es mejor ser honesto en casa y no ir como aquel o aquella que van a la Iglesia y luego hacen esto, esto, esto…’ ¡El escándalo destruye, destruye la fe! Y por esto Jesús es tan fuerte: ‘!Estén atentos! !Estén atentos!’. Y esto nos hará bien repetirlo hoy: !Estén atentos a ustedes mismos!. Todos nosotros somos capaces de escandalizar”.
"Debemos perdonar, porque somos perdonados. Y esto está en el Padre nuestro: Jesús nos lo ha enseñado ahí. Y esto no se entiende en la lógica humana, la lógica humana te lleva a no perdonar, a la venganza; te lleva al odio, a la división. Cuántas familias divididas por no perdonarse: ¡cuántas familias! Hijos alejados de sus padres, marido y mujer alejados… es tan importante pensar en esto: si yo no perdono no tengo, parece que no tengo derecho – parece – de ser perdonado o no he entendido que cosa significa que el Señor me haya perdonado. Esta es la segunda palabra, perdón”.
"Sin la fe no se puede vivir sin escandalizar y siempre perdonando. Solamente la luz de la fe, de aquella fe que nosotros hemos recibido. De la fe en un Padre misericordioso, de un Hijo que ha dado su vida por nosotros, de un Espíritu que está dentro de nosotros y nos ayuda a crecer, la fe en la Iglesia, la fe en el pueblo de Dios, bautizado, santo. Y esto es un don, la fe es un regalo. Ninguno con los libros, asistiendo a conferencias, puede tener la fe. La fe es un regalo de Dios que te dan y por esto los apóstoles pedían a Jesús: ‘Auméntanos la fe’”.
Fuente: Rome Reports