En su homilía en Casa Santa Marta Francisco dijo que en los momentos difíciles hay que tener fe, sabiendo que un día la tristeza se convertirá en alegría.
"Cuántos enfermos, que están en el final de la vida, con los dolores, tienen esa paz en el alma... Ésta es la semilla de la alegría, ésta es la alegría en la esperanza, la paz. ¿Tú tienes paz en el alma en el momento de la oscuridad, en el momento de las dificultades, en el momento de las persecuciones, cuando todos se alegran por tu mal? ¿Tienes paz? Si tienes paz, tú tienes la semilla de aquella alegría que vendrá después".
El Papa explicó que en la vida de un cristiano también se llora. Pero recordó que, "en medio de tantos problemas, Jesús dice: 'No tengáis miedo'".
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Fuente: Radio Vaticana
"Y nosotros debemos decirnos la verdad: no toda la vida cristiana es una fiesta. ¡No toda! Se llora, tantas veces se llora. Cuando estás enfermo; cuando tienes un problema en tu familia con un hijo, con una hija, la esposa, el marido; cuando ves que el sueldo no alcanza hasta fin de mes y tienes un hijo enfermo; cuando ves que no puedes pagar la cuota del crédito inmobiliario de la casa y se deben ir... Tantos problemas, tantos que nosotros tenemos. Pero Jesús nos dice: '¡No tengas miedo!'. 'Sí, estarán tristes, llorarán y también la gente se alegrará, la gente que está contra ti'".
"Pero en el momento de la prueba nosotros no la vemos. Es una alegría que es purificada por las pruebas y también por las pruebas de todos los días: 'Su tristeza se cambiará en alegría'. Pero cuando vas a lo de un enfermo o a lo de una enferma que sufre tanto es difícil decir: '¡Ánimo! ¡Coraje! ¡Mañana tendrás alegría!'. ¡No, no se puede decir! Debemos hacerla sentir como la hizo sentir Jesús. También nosotros, cuando estamos precisamente en la oscuridad, que no vemos nada: 'Yo sé, Señor, que esta tristeza se cambiará en alegría. ¡No sé cómo, pero lo sé!'. Un acto de fe en el Señor. ¡Un acto de fe!"
"Ser valeroso en el sufrimiento y pensar que después viene el Señor, después viene la alegría, después de la oscuridad sale el sol. Que el Señor nos dé a todos nosotros esta alegría en la esperanza. Y el signo de que nosotros tenemos esta alegría en esperanza es la paz. Cuántos enfermos, que están en el final de la vida, con los dolores, tienen esa paz en el alma... Ésta es la semilla de la alegría, ésta es la alegría en la esperanza, la paz. '¿Tú tienes paz en el alma en el momento de la oscuridad, en el momento de las dificultades, en el momento de las persecuciones, cuando todos se alegran por tu mal? ¿Tienes paz? Si tienes paz, tú tienes la semilla de aquella alegría que vendrá después'. Que el Señor nos haga comprender estas cosas".
El 8 de junio el Papa Francisco se reunirá con los presidentes de Israel y Palestina para rezar juntos por la paz.
El Papa hizo esta invitación en Belén y en Tel Aviv, durante su viaje de 3 días a Tierra Santa. Allí ofreció su "casa" en el Vaticano para realizar el encuentro.
El presidente palestino Mahmud Abás, y el israelí, Shimon Peres, aceptaron la invitación. El encuentro de oración tendrá lugar el domingo por la tarde en el Vaticano.
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Los islamistas del grupo Séléka asesinaron a más de 30 personas, incluido el sacerdote, en un violento ataque a una iglesia católica en Bangui, la capital de República Centroafricana.
Los Séléka irrumpieron el miércoles en la parroquia de Nuestra Señora de Fátima a punta de pistola y con granadas. Decenas de personas, cristianos y musulmanes, se refugiaban allí para escapar de la violencia.
La archidiócesis de Bangui confirmó la muerte del párroco, Paul Emile Nzale, de 76 años. Es el segundo sacerdote asesinado este año como resultado del conflicto que sufre el país.
Los Séléka, radicales musulmanes, y las milicias Anti-Balaka, que se proclaman cristianas, son los responsables de cientos de atrocidades contra la población civil.
De acuerdo con los datos de ACNUR, la lucha por el control del país ha provocado más de 630.000 desplazados internos. 326.000 personas se han visto obligadas a huir a los países vecinos. Sin un acuerdo de paz a la vista, es muy probable que esta cifra tan dramática aumente.
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Según los últimos datos publicados por el Vaticano, hay 1.229 millones de bautizados en el mundo, un 10 por ciento más que en 2005.
Donde más aumentan es en África, con casi un 29 por ciento más de fieles, mientras que en Europa el número de bautizados baja ligeramente. Son datos del 31 de diciembre de 2012.
El Papa ha vivido momentos históricos como el encuentro con refugiados a orillas del Jordán, el rezo del Padrenuestro junto al Patriarca Ecuménico Bartolomé I y elabrazo ante el Muro de las Lamentaciones con un rabino y un líder musulmán.
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Francisco retomó la audiencia general de los miércoles recordando su viaje a Tierra Santa.
Después un encuentro privado con el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, el Papa se desplazó hasta la Basílica del Getsemaní.
Allí se reunió con seminaristas, sacerdotes y religiosos de Tierra Santa, que lo recibieron entre aclamaciones y aplausos.
Ante la roca en la que, según la tradición, Jesús rezó angustiado momentos antes del prendimiento, Francisco reflexionó sobre la actitud de sus discípulos ante el sufrimiento de su Maestro.
"Nos hará bien a todos nosotros, obispos, sacerdotes, personas consagradas, seminaristas, preguntarnos en este lugar: ¿Quién soy yo ante mi Señor que sufre?".
Mientras Jesús reza angustiado unos discípulos duermen, otros huyen y Pedro lo niega porque tiene miedo.
Recordando el ejemplo de la Virgen María o el apóstol Juan, Francisco señaló que para no abandonar a Jesús ante las dificultades la clave está en su amistad.
FRANCISCO
"La amistad de Jesús con nosotros, su fidelidad y su misericordia son el don inestimable que nos anima a seguirlo con confianza, a pesar de nuestras caídas, nuestros errores y nuestras traiciones".
Por eso el Papa dijo que aunque uno se sienta frágil, nunca debe perder la fe en Jesús porque siempre estará a su lado.
Al final de su discurso, Francisco también lanzó un mensaje de ánimo a los cristianos de Jerusalén.
"Me gustaría decirles que los recuerdo con afecto y que rezo por ellos, conociendo bien las dificultades de su vida en la ciudad. Les exhorto a ser testigos valientes de la Pasión del Señor y de su Resurrección, con alegría y en la esperanza".
Al salir de la basílica y antes de presidir la Misa en el Cenáculo, Francisco plantó un olivo, tal y como hizo Pablo VI en 1964. Sólo que en esta ocasión el olivo, llegó en manos de un argentino.
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En su último gran evento de la peregrinación a Tierra Santa, Francisco celebró una Misa con los encargados de custodiar los Santos Lugares. La Eucaristía se celebró en el Cenáculo, el lugar en el que Jesús compartió la Última Cena con los apóstoles.
El Papa Francisco y el Patriarca Ecuménico Bartolomé se saludaron a las puertas de la Basílica del Santo Sepulcro y entraron juntos en el templo que custodia el Calvario y la tumba de Jesús.
Los dos líderes de 1500 millones de cristianos rezaron juntos ante la Piedra de la Unción en la que Nicodemo y José de Arimatea prepararon el cuerpo de Jesús antes de darle sepultura.
En la declaración conjunta impulsan el diálogo entre católicos y ortodoxosiniciado hace 50 años por sus dos predecesores. Piden la paz en Oriente Medio y se comprometen a concienciar sobre la importancia de custodiar el medioambiente.
Este abrazo es el momento clave de la peregrinación a Tierra Santa. Pedro se reúne de nuevo con Andrés.
Después de este histórico gesto, el Papa Francisco y el Patriarca Ecuménico Bartolomé caminaron por la Basílica del Santo Sepulcro hasta la Piedra de la Unción. Allí rezaron juntos arrodillados.
"Los Santos Lugares son el refugio común de la humanidad y brillan con una luz verdadera, un faro de paz y renovación espiritual para todos”.
El Papa y el Patriarca Ecuménico presidieron la celebración que fue en griego y en latín. El Patriarca Bartolomé pronunció un discurso en el que habló de cómo la Resurrección de Cristo ayuda a quienes sufren hoy en día.
"Tenga la seguridad, también todos los que son crucificados en esta vida como Cristo, de que a la Cruz le sigue la Resurrección”.
El líder de las Iglesias Ortodoxas Orientales dijo que la tumba vacía muestra que el ser humano no controla la historia sino que depende de la voluntad de Dios. Habló también del mandamiento del amor que dejó Cristo.
"El fanatismo religioso aún amenaza la paz en muchos lugares donde el don de la vida es sacrificado en el altar del odio religioso. En vista de tales condiciones, el mensaje de la Tumba vacía es claro y nos urge a amar al otro, al distinto, a los creyentes de otra fe o confesión”.
En un gesto fraternal con el Patriarca Ecuménico, el Papa le besó la mano. Francisco también pronunció un discurso en el que reconoció que siguen existiendo divisiones entre los cristianos pero, al mismo tiempo, dijo que pueden superarse.
"Debemos pensar que, igual que fue movida la piedra del sepulcro, así pueden ser removidos todos los obstáculos que impiden aún la plena comunión entre nosotros”.
El Papa dijo que, tal y como hicieron sus predecesores hace 50 años, es posible caminar hacia la unidad. Añadió que la violencia y la persecución contra los cristianos hace que cada vez estén más unidos.
"Se realiza el ecumenismo del sufrimiento, se realiza el ecumenismo de sangre, que posee unaparticular eficacia no sólo en los lugares donde esto se produce, sino, en virtud de la comunión de los santos, también para toda la Iglesia. Los que, por odio a la fe, matan y persiguen a los cristianos, no preguntan si son ortodoxos o católicos. Son cristianos, y la sangre cristiana es la misma”.
Por primera vez, un Papa y un Patriarca rezaron en público el Padrenuestro. Primero fue en italiano y después en griego.
Los sucesores de Pedro y Andrés fueron también juntos al Santo Sepulcro. En la pequeña capilla, besaron la piedra y rezaron en la tumba de Jesús. Encendieron además una vela.
Después subieron juntos a la Capilla de la Crucifixión custodiada por los greco-ortodoxos. Ambos se arrodillaron y tocaron la piedra del Calvario, el lugar donde Cristo fue crucificado.
A la salida de la Basílica, el Papa y el Patriarca Ecuménico saludaron a los peregrinos y a las autoridades. Francisco y Bartolomé mantendrán de nuevo un encuentro privado en el Huerto de Getsemaní en la última jornada de viaje del Papa.
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1. Como nuestros venerables predecesores, el Papa Pablo VI y el Patriarca Ecuménico Atenágoras, que se encontraron aquí en Jerusalén hace cincuenta años, también nosotros, el Papa Francisco y el Patriarca Ecuménico Bartolomé, hemos querido reunirnos en Tierra Santa, "donde nuestro común Redentor, Cristo nuestro Señor, vivió, enseñó, murió, resucitó y ascendió a los cielos, desde donde envió el Espíritu Santo sobre la Iglesia naciente” (Comunicado común del Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras, publicado tras su encuentro del 6 de enero de 1964). Nuestra reunión –un nuevo encuentro de los Obispos de las Iglesias de Roma y Constantinopla, fundadas a su vez por dos hermanos, los Apóstoles Pedro y Andrés– es fuente de profunda alegría espiritual para nosotros. Representa una ocasión providencial para reflexionar sobre la profundidad y la autenticidad de nuestros vínculos, fruto de un camino lleno de gracia por el que el Señor nos ha llevado desde aquel día bendito de hace cincuenta años.
2. Nuestro encuentro fraterno de hoy es un nuevo y necesario paso en el camino hacia aquella unidad a la que sólo el Espíritu Santo puede conducirnos, la de la comunión dentro de la legítima diversidad. Recordamos con profunda gratitud los pasos que el Señor nos ha permitido avanzar. El abrazo que se dieron el Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras aquí en Jerusalén, después de muchos siglos de silencio, preparó el camino para un gesto de enorme importancia: remover de la memoria y de la mente de las Iglesias las sentencias de mutua excomunión de 1054. Este gesto dio paso a un intercambio de visitas entre las respectivas Sedes de Roma y Constantinopla, a una correspondencia continua y, más tarde, a la decisión tomada por el Papa Juan Pablo II y el Patriarca Dimitrios, de feliz memoria, de iniciar un diálogo teológico sobre la verdad entre Católicos y Ortodoxos. A lo largo de estos años, Dios, fuente de toda paz y amor, nos ha enseñado a considerarnos miembros de la misma familia cristiana, bajo un solo Señor y Salvador, Jesucristo, y a amarnos mutuamente, de modo que podamos confesar nuestra fe en el mismo Evangelio de Cristo, tal como lo recibimos de los Apóstoles y fue expresado y transmitido hasta nosotros por los Concilios Ecuménicos y los Padres de la Iglesia. Aun siendo plenamente conscientes de no haber alcanzado la meta de la plena comunión, confirmamos hoy nuestro compromiso de avanzar juntos hacia aquella unidad por la que Cristo nuestro Señor oró al Padre para que "todos sean uno” (Jn 17,21).
3. Con el convencimiento de que dicha unidad se pone de manifiesto en el amor de Dios y en el amor al prójimo, esperamos con impaciencia que llegue el día en el que finalmente participemos juntos en el banquete Eucarístico. En cuanto cristianos, estamos llamados a prepararnos para recibir este don de la comunión eucarística, como nos enseña san Ireneo de Lyon (Adv. haer., IV,18,5: PG 7,1028), mediante la confesión de la única fe, la oración constante, la conversión interior, la vida nueva y el diálogo fraterno. Hasta llegar a esta esperada meta, manifestaremos al mundo el amor de Dios, que nos identifica como verdaderos discípulos de Jesucristo (cf. Jn 13,35).
4. En este sentido, el diálogo teológico emprendido por la Comisión Mixta Internacional ofrece una aportación fundamental en la búsqueda de la plena comunión entre católicos y ortodoxos. En los periodos sucesivos de los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI, y del Patriarca Dimitrios, el progreso de nuestros encuentros teológicos ha sido sustancial. Hoy expresamos nuestro sincero aprecio por los logros alcanzados hasta la fecha, así como por los trabajos actuales. No se trata de un mero ejercicio teórico, sino de un proceder en la verdad y en el amor, que requiere un conocimiento cada vez más profundo de las tradiciones del otro para llegar a comprenderlas y aprender de ellas. Por tanto, afirmamos nuevamente que el diálogo teológico no pretende un mínimo común denominador para alcanzar un acuerdo, sino más bien profundizar en la visión que cada uno tiene de la verdad completa que Cristo ha dado a su Iglesia, una verdad que se comprende cada vez más cuando seguimos las inspiraciones del Espíritu santo. Por eso, afirmamos conjuntamente que nuestra fidelidad al Señor nos exige encuentros fraternos y diálogo sincero. Esta búsqueda común no nos aparta de la verdad; sino que más bien, mediante el intercambio de dones, mediante la guía del Espíritu Santo, nos lleva a la verdad completa (cf. Jn 16,13).
5. Y, mientras nos encontramos aún en camino hacia la plena comunión, tenemos ya el deber de dar testimonio común del amor de Dios a su pueblo colaborando en nuestro servicio a la humanidad, especialmente en la defensa de la dignidad de la persona humana, en cada estadio de su vida, y de la santidad de la familia basada en el matrimonio, en la promoción de la paz y el bien común y en la respuesta ante el sufrimiento que sigue afligiendo a nuestro mundo. Reconocemos que el hambre, la pobreza, el analfabetismo, la injusta distribución de los recursos son un desafío constante. Es nuestro deber intentar construir juntos una sociedad justa y humana en la que nadie se sienta excluido o marginado.
6. Estamos profundamente convencidos de que el futuro de la familia humana depende también de cómo salvaguardemos –con prudencia y compasión, a la vez que con justicia y rectitud– el don de la creación, que nuestro Creador nos ha confiado. Por eso, constatamos con dolor el ilícito maltrato de nuestro planeta, que constituye un pecado a los ojos de Dios. Reafirmamos nuestra responsabilidad y obligación de cultivar un espíritu de humildad y moderación de modo que todos puedan sentir la necesidad de respetar y preservar la creación. Juntos, nos comprometemos a crear una mayor conciencia del cuidado de la creación; hacemos un llamamiento a todos los hombres de buena voluntad a buscar formas de vida con menos derroche y más austeras, que no sean tanto expresión de codicia cuanto de generosidad para la protección del mundo creado por Dios y el bien de su pueblo.
7. Asimismo, necesitamos urgentemente una efectiva y decidida cooperación de los cristianos para tutelar en todo el mundo el derecho a expresar públicamente la propia fe y a ser tratados con equidad en la promoción de lo que el Cristianismo sigue ofreciendo a la sociedad y a la cultura contemporánea. A este respecto, invitamos a todos los cristianos a promover un auténtico diálogo con el Judaísmo, el Islam y otras tradiciones religiosas. La indiferencia y el desconocimiento mutuo conducen únicamente a la desconfianza y, a veces, desgraciadamente incluso al conflicto.
8. Desde esta santa ciudad de Jerusalén, expresamos nuestra común preocupación profunda por la situación de los cristianos en Medio Oriente y por su derecho a seguir siendo ciudadanos de pleno derecho en sus patrias. Con confianza, dirigimos nuestra oración a Dios omnipotente y misericordioso por la paz en Tierra Santa y en todo Medio Oriente. Pedimos especialmente por las Iglesias en Egipto, Siria e Iraq, que han sufrido mucho últimamente. Alentamos a todas las partes, independientemente de sus convicciones religiosas, a seguir trabajando por la reconciliación y por el justo reconocimiento de los derechos de los pueblos. Estamos convencidos de que no son las armas, sino el diálogo, el perdón y la reconciliación, los únicos medios posibles para lograr la paz.
9. En un momento histórico marcado por la violencia, la indiferencia y el egoísmo, muchos hombres y mujeres se sienten perdidos. Mediante nuestro testimonio común de la Buena Nueva del Evangelio, podemos ayudar a los hombres de nuestro tiempo a redescubrir el camino que lleva a la verdad, a la justicia y a la paz. Unidos en nuestras intenciones y recordando el ejemplo del Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras, de hace 50 años, pedimos que todos los cristianos, junto con los creyentes de cualquier tradición religiosa y todos los hombres de buena voluntad reconozcan la urgencia del momento, que nos obliga a buscar la reconciliación y la unidad de la familia humana, respetando absolutamente las legítimas diferencias, por el bien de toda la humanidad y de las futuras generaciones.
10. Al emprender esta peregrinación en común al lugar donde nuestro único Señor Jesucristo fue crucificado, sepultado y resucitado, encomendamos humildemente a la intercesión de la Santísima siempre Virgen María los pasos sucesivos en el camino hacia la plena unidad, confiando a la entera familia humana al amor infinito de Dios.
"El Señor ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz” (Nm 6,25-26)
El rabino jefe de Jerusalén recibió al Papa junto al Muro occidental, también conocido como Muro de las Lamentaciones. Se trata de la única pared que se conserva del Templo de Jerusalén.
Con la ayuda de maquetas le explicaron su historia y su significado.
Luego, ante el Muro, el rabino rezó en hebreo un salmo que recuerda que Jerusalén es una Ciudad Santa bendecida por Dios.
Después, el Papa se acercó al Muro y rezó en silencio.
También dejó allí una oración escrita de su puño y letra. En ella pide "al Dios de Abraham, Isaac y Jacob, Dios de Jesús de Nazaret”, la paz para Jerusalén.
Cuando acabó de rezar se le acercó su amigo el rabino argentino Abraham Skorka para darle un emocionado abrazo.
Aunque no se acercó al Muro, también fue testigo de la escena otro amigo del Papa, el dirigente musulmán argentino Omar Abboud, que le acompaña en el séquito oficial.
Tras el intercambio de regalos, el Papa escribió un salmo y un mensaje en el libro de visitas: "Con estos sentimientos de alegría y agradecimiento a mis hermanos mayores, he venido a rezar y he pedido al Señor la gracia de la paz”.
Antes de despedirse, el rabino le dio la enhorabuena por su conocimiento de la religión judía.
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