"Hoy sois vosotros la esperanza de nuestra Iglesia, que tiene dos mil años: siendo jóvenes en la fe, debéis ser como los primeros cristianos e irradiar entusiasmo y valentía, con generosa entrega a Dios y al prójimo; en una palabra, debéis tomar el camino de la santidad.
Sólo de esta manera podréis ser signos de Dios en el mundo y revivir en vuestros países la epopeya misionera de la Iglesia primitiva. Y seréis también fermento de espíritu misionero para las Iglesias más antiguas."
(JUAN PABLO II, Redemptoris Missio, 91)
El 2 de abril de 2005, a las 21.37, el corazón de Juan Pablo II dejó de latir. Fue un momento muy emocionante, más de 60.000 personas estaban reunidas en la plaza de San Pedro rezando durante la agonía del Papa polaco.

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(Romereports.com)
Durante el Ángelus Francisco pone en guardia a los fieles ante los "comportamientos no cristianos".
Ciudad del Vaticano. 30 de marzo, 2014 (Vatican Insider)
Francisco pone en guardia ante la "tentación de juzgar a todos, incluso a Dios". Además indicó que existe el riesgo de sentirnos "presuntos videntes". Para evitarlo, hay que preguntarse "cómo es nuestro corazón" y volver a encender "en nosotros el don recibido del Bautismo". No debemos actuar como los "fariseos", alejar de nosotros los "comportamientos que no son cristianos, para caminar con decisión por la vía de la santidad": "Todos somos cristianos, pero todos a veces tenemos comportamientos que no son cristianos", subrayó el Papa hoy durante el Ángelus en la Plaza San Pedro, ante alrededor de 50 mil fieles reunidos. No cancelemos una buena obra con los "chismes", dijo Francisco, que cometó el Evangelio del ciego de nacimiento, retomando las ideas que expresó en su encuentro con 8 mil ciegos y sordomudos en audiencia.
Lo que el evangelista quiere mostrar, explicó el Papa en el Ángelus, "no es el milagro en sí", sino "lo que sucede después, las discusiones que suscita". "Muchas veces -explicó Francisco- una obra buena, una obra de caridad suscita discusiones y murmuraciones. Porque hay muchos que no quieren ver la verdad. El Evangelista quiere llamar la atención sobre esto que sucede también en nuestros días, cuando se hace una obra buena". "Mientras el ciego se acerca gradualmente a la luz -subrayó Bergoglio-, los doctores de la ley, al contrario, profundizan cada vez más en su ceguera interior. Cerrados en su presunción, creen tener ya la luz, por esto no se abren a la verdad de Jesús. Estos hacen de todo por negar la evidencia".
Y esa cerrazón se hace agresiva, y "desemboca en la expulsión del templo del hombre sanado". Entre el ciego que se acerca poco a poco a la fe y loa fariseos que ponen en tela de juicio la identidad del hombre sanado y niegan incluso la acción de Dios en la sanación, el Papa inica que debemos elegir al ciego de nacimiento, viviendo una vida "similar a la del ciego que se ha abierto a la luz, a Dios y a su gracia. A veces, es un poco como la de los fariseos: desde nuestro orgullo juzgamos a los otros ¡incluso al Señor! Hoy estamos invitados a abrirnos a la luz de Cristo para traer fruto a nuestra vida, para eliminar los comportamientos que no son cristianos. Todos somos cristianos, pero todos tenemos comportamientos no cristianos, que son pecado y debemos arrepentirnos de esto". Por ello, exhortó Bergoglio, hay que "eliminar los comportamientos no cristianos para caminar con decisión por el camino de la santidad. Esta tiene su origen en el Bautismo".
Por ello, el Papa aconsejó a todos los fieles: "cuando vuelvan a casa, tomen el Evangelio de Juan, lean esa cita, del capítulo 9, y verán cómo les hace bien; podrán ver ese camino de la ceguera a la luz y el camino malvado de una ceguera a una ceguera más profunda. Y preguntémonos: ¿Cómo está nuestro corazón? ¿Cómo es tu corazón, mi corazón? ¿Tengo un corazón abierto o cerrado? ¿Abierto o cerrado hacia Dios? ¿Abierto o cerrado hacia el prójimo?. Siempre Todos nosotros tenemos alguna cerrazón provocada por el pecado, por las equivocaciones, los errores". Francisco concluyó diciendo "¡No tengamos miedo! ¡No tengamos miedo!¡ Abrámonos a la luz de Dios! El nos espera siempre, nos espera siempre para hacernos ver mejor, para darnos más luz, para perdonarnos. No olvidemos esto: Él nos espera siempre".
Al final del Ángelus, Bergoglio saludó a las familias, a los grupos parroquiales, a las asociaciones y a los fieles presentes en San Pedro.
El Papa Francisco tuvo una audiencia con cientos de sacerdotes que participan en un curso sobre la confesión.
En su discurso, explicó qué debe hacer un sacerdote que quiera confesar bien.
Ciudad del Vaticano. 29 de marzo, 2014 (Romereports.com).
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"El confesor no acoge a los penitentes con la actitud de un juez, ni tampoco con la de un simple amigo, sino con la caridad de Dios, con el amor de un padre que ve volver a su hijo y va a encontrarlo, con el amor del pastor que ha encontrado a la oveja perdida”.
Francisco les recordó que muchas veces algunos no se confiesan porque es difícil reconocer ante otro hombre los propios pecados. Por eso, les pidió que se esfuercen por no alejar nunca a nadie de la misericordia y el perdón.
"El corazón del sacerdote es un corazón que sabe conmoverse, no por sentimentalismo o mera emoción, sino por las "entrañas de misericordia” del Señor”.
Por último, Francisco aconsejó que los horarios de confesiones en las parroquias sean claros, para que los católicos siempre sepan cuándo encontrar a un sacerdote disponible.
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«Hemos perdido todo. Nuestras casas y nuestras Iglesias han sido destruidas y saqueadas». Obligado a refugiarse en un seminario católico de Giuba, monseñor Roko Taban Mousa, administrador apostólico de Malakal en Sudán del Sur, cuenta a Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN, la fundación de derecho pontificio que apoya la acción pastoral de la Iglesia en donde sufre persecuciones) que la población ha abandonado vastas zonas del país más joven del mundo debido a los enfrentamientos entre el ejército del presidente Salva Kiir y la coalición rebelde guiada por Riek Machar.
A pesar de la tregua entre el gobierno y los rebeldes del pasado 25 de enero, la violencia ha continuado sin piedad. El conflicto, que nació por motivos políticos, está asumiendo cada vez más una connotación étnica, puesto que los líderes de ambas facciones pertenecen a los dos principales grupos étnicos del país. Kiir a los dinka y Machar a los nuer. Los enfrentamientos comenzaron el 15 de diciembre de 2013 y, según los datos de las Naciones Unidas, han provocado miles de muertos y han obligado a por lo menos 900 mil personas a abandonar sus viviendas. Monseñor Taban compara las atrocidades que se han verificado en las últimas semanas con lo que se vivió durante la segunda guerra civil sudanesa, que duró desde 1983 hasta 2005. «En 22 años de conflicto –afirmó– nunca vimos una devastación parecida».
La diócesis de Malakal incluye los territorios de los estados más afectados por la violencia: el Alto Nilo, Unidad y Jongley. Hace pocos días todos los sacerdotes diocesanos y las religiosas se vieron obligados a huir y muchos de ellos encontraron refugio en Giuba. «Mis sacerdotes tuvieron que abandonar sus pertenencias y ahora no tienen ni siquiera misales o paramentos litúrgicos». Ayuda a la Iglesia Necesitada acaba de aportar 25 mil euros para garantizar una vivienda y ofrecer víveres y medicinas a los sacerdotes y religiosas que se refugian en la capital de Sudán del Sur.
Monseñor Taban recuerda, además, a los fieles que permanecen todavía en Malakal. Según fuentes de la Iglesia local, muchos de los 250 mil habitantes de la capital del Alto Nilo se habrían refugiado en localidades remotas (y ahora llenas de refugiados) dentro de la selva; otros más encontraron refugio en un campo de prófugos cercano.
El religioso subraya la urgente necesidad de ayuda humanitaria: «La población necesita arroz, maíz, frijoles, aceite. Estamos al borde de la carestía, y es adonde llegaremos si no se envían inmediatamente alimentos». Incluso el agua potable se ha convertido en un bien rarísimo y, debido a la sed, muchos habitantes dela diócesis de Malakal han comenzado a beber las aguas del Nilo blanco, por lo que los casos de disentería han aumentado dramáticamente. «La diarrea y la malaria afectan cada vez más a los sudsudaneses –explicó monseñor Taban–, pero desgraciadamente nadie tiene acceso a medicinas porque todos los hospitales y las farmacias han sido saqueadas o destruidas durante los ataques».
Francisco llegará el 24 de mayo a Amán, en Jordania. En el Palacio Real se reunirá con los reyes de Jordania, la reina Rania y el rey Abdallá II.
El sacramentino Andrés Taborda estaba en la cripta, único testigo, cuando el futuro Papa arrancó la pequeña cruz de las manos de su confesor apenas fallecido
«Soy el único testigo... yo estaba ahí quando Bergoglio ha tomado el rosario del ataud del padre Aristi». El padre Andrés Taborda es un sacerdote sacramentino de origen argentino que vivía en Roma. Prestó servicios durante años en la Basílica del Santísimo Sacramento de Buenos Aires, justamente en donde vivía y confesaba José Ramón Aristi, el confesor al que Francisco, en abril de 1996, “robó” una pequeña cruz del rosario, misma que lleva siempre consigo.
Fue el mismo Pontífice quien reveló el episodio, el 6 de marzo de este año, durante su encuentro con los párrocos romanos, a los que les aconsejó ser misericordiosos.
«En Buenos Aires había un confesor famoso: era sacramentino. Casi todo el clero se confesaba con él». Cuando Juan Pablo II fue a Argentina y pidió un confesor, fue este sacerdote el enviado para escuchar los pecados del Papa. «Fue Provincial de su orden, profesor... pero siempre confesor, siempre –dijo el Papa. Y siempre había cola ahí, en la Iglesia del Santísimo Sacramento».
El Padre Aristi murió a los 97 años el día de la vigilia de Pascua de 1996. En esa época, Bergoglio era obispo auxiliar y vicario general. Al recibir la noticia, después de haber almorzado como cada Pascua con los sacerdotes ancianos de la casa de reposo, Bergoglio fue a visitar a su confesor apenas fallecido. «Era una Iglesia grande, muy grande, con una cripta bellísima. Bajé a la cripta y estaba el ataud, solo había dos viejitas que rezaban... no había flores. Y pensé: “Pero, este hombre que perdonó los pecados de todo el clero de Buenos Aires, incluso los míos, ni siquiera tiene una flor...”. Salí y fui caminando a una florería y compre unas flores, rosas... Y regresé. Empecé a preparar el ataud con las flores...Y entonces vi el rosario que tenía en las manos... Y me vino inmediatamente a la cabeza (ese ladrón que todos llevamos dentro, ¿no?), y mientras arreglaba las flores, tomé la cruz del Rosario, y la arranqué con un poco de fuerza. En ese momento lo miré y dije: “Dame la mitad de tu misericordia”».
«¡Sentí algo fuerte que me dio el valor para hacerlo –continuó el Papa–, y para hacer esta oración! Y luego, esa cruz me la metí aquí, en el bolsillo. Las camisas del Papa no tienen bolsillos, pero yo siempre llevo una bolsita de tela pequeña, y desde entonces hasta ahora, mi mano se dirige aquí, siempre. ¡Y siento la gracia! Siento que me hace bien. Hace mucho bien el ejemplo de un sacerdote misericordioso, de un sacerdote que se acerca a las heridas...».
Aristi era «de verdad un sacerdote misericordioso y sabio», recuerda el padre Taborda. «Era muy bien querido, porque sabía ser comprensivo. Confesaba en nuestra basílica en Buenos Aires cada lunes, y muchísimos sacerdotes iban con él. Yo lo conocí en 1968, fue él el que me recibió en la orden, porque era el provincial de los sacramentinos para la Argentina, Uruguay y Chile». El padre Taborda recuerda muy bien esa tarde de Pascua de hace18 años. «Nos encontramos allá, en la cripta, al lado del ataud del padre Aristi –cuenta el sacerdote–, y todavía veo la figura ascética de Bergoglio, que entonces era muy flaco. Recuerdo que dijo: “Fue mi confesor, con este rosario en la mano absolvió a muchísimos pecadores; no es posible que se lo lleve bajo tierra...”». Y así, el futuro Papa decidió llevárselo y pedir al difunto padre Aristi un poco de su misericordia.
Pero hay una razón precisa por la que Bergoglio quiso justamente ese rosario, por la que Bergoglio lleva siempre esa cruz al lado de su corazón. «El padre Aristi –explica su compatriota– daba a los penitentes el rosario con la pequeña cruz mientras se confesaban, después la usaba para absolver y al final los invitaba a besarla. Es decir, ese rosario y ese crucifijo fueron testigos de un río de gracia».
Bergoglio se refirió al padre Aristi en un texto que durante muchos años permaneció inédito, dedicado a los primeros años de su vocación y de su formación; lo recordaba como un confesor muy conocido ya en la década de los cincuenta.
José Ramón Aristi, de orígenes vascos, nació en noviembre de 1889 y llegó a Argentina cuando era todavía un estudiante. Fue recibido en el noviciado de los sacramentinos. Su hogar fue la enorme Basílica del Santísimo Sacramento, en la que (dato curioso) se casó Diego Armando Maradona. También era músico: dirigió el coro de los huérfanos que cantó durante las liturgias del XXXII Congreso eucarístico internacionald e Buenos Aires (en octubre de 1943), en el que participó como delegado papal el entonces cardenal Secretario de Estado Eugenio Pacelli, el futuro Pío XII. «Tenía una sensibilidad especial para los pobres –explcia el padre Taborda–, y entre ellos suscitó muchas vocaciones religiosas».
Bergoglio con los miembros y asesores del Pontificio Consejo de la Pastoral Sanitaria: promover y custodiar la vida desde su concepción hasta la muerte
Juan Pablo II vivió y ofreció de manera ejemplar sus palabras «hacer el bien con el sufrimiento y hacer el bien a quien sufre». Lo afirmó Papa Francisco recordando a su predecesor (a un mes de la canonicazión que presidirá en Plaza San Pedro) durante el encuentro con los miembros y asesores del Pontificio Consejo de la Pastoral para los Agentes Sanitarios (creado por el mismo Papa Juan Pablo II).
«El suyo –añadió– fue un magisterio vivo, que el pueblo de Diosha recambiado con tanto afecto y tanta veneración, al reconocer que Dios estaba con él».
Papa Bergoglio expresó ante los que participaron en la audiencia «el reconocimiento del obispo de Roma por el compromiso que dedican a tantos hermanos y hermanas que llevan el peso de la enfermedad, de la discapacidad, de una vejez difícil».
«En la custodia y en la promoción de la vida, en cualquier estado y condición que se encuentre, podemos reconocer la dignidad y el valor de cada ser humano individual, desde la concepción hasta la muerte», afirmó. Por ello el Pontífice exhortó a tener siempre presente « la carne de Cristo presente en los pobres, en los sufrientes, en los niños, también los no deseados, en las personas con minusvalías físicas o psíquicas, en los ancianos».
«La experiencia del compartir fraterno con quien sufre nos abre –explicó Bergoglio– a la verdadera belleza de la vida humana, que comprende su fragilidad».
Al final del encuentro, el Papa invocó sobre el dicasterio vaticano, como sobre «todas las personas enfermas y que sufren con sus familias, como sobre todos aquellos que los cuidan», la materna protección de María “Salus infirmorum”; que la Virgen ayude «la obra de la defensa y de la promoción de la vida y la pastoral de la salud».
El Papa asegura que el confesionario no es una tintorería ni tampoco un lugar de tortura.
Para que muchos puedan experimentarlo, el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización ha convocado "24 horas con el Señor”, una iniciativa que tendrá lugar el 28 de marzo. Proponen que durante un día completo haya al menos una iglesia abierta en cada diócesis del mundo para que quien quiera pueda confesarse.
"Nos hemos limitado a pensar que el sacramento de la penitencia es como un lavadero de pecados y que yo tengo que ir donde otro hombre que es pecador a decirle mis pecados, a sonrojarme quizá, muchas veces a sentirme regañado con palabras quizá duras y no encontrar que es todo lo contrario que es un acogida, que es una apertura al amor de Dios”.
Ese mismo día el Papa presidirá una celebración penitencial en la Basílica de San Pedro durante la que incluso confesará a algunas personas.
Francisco se mostró encantado con la propuesta.
"Dio luz verde para que, de inmediato, comenzaramos la preparación porque esto nació hace unos dos meses o menos. De tal manera que como preparación ha sido muy corto el tiempo pero el Papa la acogió de una manera maravillosa y nos dio todo su aval para que siguiéramos adelante, escribiéramos cartas a todas las diócesis y, a nombre de él, invitar a que se unieran a esta iniciativa”.
Es la primera vez que desde el Vaticano se propone una iniciativa como esta y esperan que se repita cada año. Desde el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización están convencidos de que el sacramento de la penitencia es la llave que abre la puerta del camino de vuelta a la Iglesia.
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