Francisco vuelve al Cementerio monumental de Roma a veinte años de la última visita de Wojtyla: «Hoy cada uno de nosotros puede pensar en el ocaso de su vida... ¿Lo veo con esperanza, con la alegría de ser recibido por el Señor?»
Francisco dijo que la caridad es la mayor riqueza de la Iglesia y que, para nutrirla, es necesario el alimento espiritual de los sacramentos. A través de ellos 'nos encontramos con Jesús' y como 'todo encuentro con el Señor tiene un carácter misionero', los sacramentos nos impulsan a llevar a los demás 'la salvación que hemos recibido'.
Roma, 6 de noviembre de 2013
Queridos hermanos y hermanas: Hoy quisiera hablar de la comunión de los santos, que crece mediante la participación en los bienes espirituales de la Iglesia. En los Sacramentos nos encontramos con Jesús y, por medio de Él, entramos a formar parte del santo Pueblo de Dios. Todo encuentro con el Señor tiene un carácter misionero. Por eso, los Sacramentos constituyen una invitación a comunicar a los otros lo que hemos visto y oído, a llevar a los demás la salvación que hemos recibido.
A su vez, los carismas son dones y gracias especiales que el Espíritu Santo reparte para la edificación de la Iglesia, es decir, de su santidad y de su misión en el mundo. Ellos enriquecen la caridad, que está por encima de todo. Sin amor, los carismas son vanos. Con amor, hasta el menor de nuestros actos repercute en beneficio de todos.
La caridad es la mayor riqueza de la Iglesia. Vivir la comunión en la caridad significa no buscar el propio interés, sino ser capaces de compartir las alegrías y los sufrimientos de los hermanos, ser capaces de llevar los unos las cargas de los otros.
No lo olvidemos: los bienes espirituales que compartimos en la Iglesia están al servicio de la comunión y de la misión, y mediante la comunión de los santos cada uno de nosotros somos signo y “sacramento” del amor de Dios para los demás y para el mundo entero.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, México, Panamá, Argentina y los demás países latinoamericanos. Que María Santísima haga de todos nosotros discípulos misioneros, que dan gratis las gracias recibidas. Muchas gracias.
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El Santo Padre ha celebrado esta mañana, en la cátedra de la basílica vaticana, la tradicional celebración eucarística por los cardenales y obispos fallecidos durante este año.
Durante la homilía, Francisco hahecho referencia a las palabras de san Pablo de la lectura de hoy, "porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor".
Sobre estas palabras, el santo padre ha comentado que "el apóstol presenta el amor de Dios como el motivo más profundo, invencible, de la confianza y de la esperanza cristianas". Y ha añadido que Pablo "afirma con seguridad que si también toda nuestra existencia está rodeada de amenazas, nada podrá separarnos nunca del amor que Cristo ganó por nosotros, donándose totalmente".
E incluso, ha recordado Francisco "las potencias demoníacas, hostiles al hombre, resultan impotentes frente a la íntima unión de amor entre Jesús y quien lo acoge con fe". Y esta realidad de amor fiel, ha afirmado el papa, nos ayuda a afrontar con serenidad y fuerza el camino de cada día.
El pecado del hombre es lo único que puede interrumpir está unión, "pero también en este caso Dios lo buscará siempre, lo perseguirá para restablecer con él una unión que perdura incluso después de la muerte, es más, un unión que en el encuentro final con el Padre alcanza el culmen", ha explicado el santo padre.
Así también ha mencionado la pregunta que muchos nos hacemos frente a la muerte de un ser querido, "¿qué será de su vida, de su trabajo, de su servicio a la Iglesia?" La respuesta está en el libro de la Sabiduría, ha indicado Francisco: "¡están en las manos de Dios! La mano es signo de acogida y de protección, es signo de una relación personal de respeto y de fidelidad: dar la mano, estrechar la mano". Por eso, el santo padre ha afirmado que estos obispos y cardenales que hoy recordamos, que han dedicado su vida al servicio de Dios y de los hermanos "están en las manos de Dios".
El obispo de Roma ha proseguido indicando que "también los pecados, nuestros pecados están en las manos de Dios, esas manos son misericordiosas, manos 'heridas' de amor. No es casualidad que Jesús haya querido conservar las llagas de sus manos para hacernos sentir su misericordia".
Y esta realidad, llena de esperanza, es la perspectiva de la resurrección final, de la vida eterna, a la cual están destinados los 'justos', los que acogen la Palabra de Dios y son dóciles a su Espíritu, ha indicado el santo padre.
Las últimas palabras de la homilía, Francisco las ha dedicado nuevamente al recuerdos de los obispos y cardenales difuntos, "hombres dedicados a su vocación y a su servicio a la Iglesia, que han amado como se ama a una esposa". Y ha pedido para que el Señor les acoja en su reino de luz y de paz.
El Papa en el Ángelus en la Solemnidad de Todos los Santos: «Se alejaron del diablo». Francisco también rezó en silencio por los migrantes que perdieron la vida en el desierto
Ciudad del Vaticano, 3 de noviembre, 2013 (Zenit)
A continuación el texto de las palabras del santo padre con las improvisaciones:
Queridos hermanos y hermanas. ¡Buenos días! La página del evangelio de Lucas de este domingo nos muestra a Jesús que en su camino hacia Jerusalén entra en la ciudad de Jericó. Esta es la última etapa de una viaje que reasume en sí el sentido de toda la vida de Jesús, dedicada a intentar salvar a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Pero cuanto más el camino se acerca a la meta, tanto más entorno de Jesús se va cerrando el círculo de hostilidad.
Y mismo en Jericó sucedió uno de los eventos más gozosos narrados por san Lucas: la conversión de Zaqueo. Este hombre es una oveja perdida, es despreciado y 'excomulgado' porque es un publicano, más aún, el jefe de los publicanos de la ciudad, amigo de los odiados ocupantes romanos, un ladrón y un explotador. Una 'linda figura...' es así.
Impedido de acercarse a Jesús, probablemente debido a su mala fama y siendo pequeño de estatura, Zaqueo se trepa a un árbol para poder ver al Maestro que pasa. Este gesto exterior, un poco ridículo, expresa entretanto el acto interior del hombre que intenta ponerse por encima de la multitud para tener un contacto con Jesús. Zaqueo mismo, no entiende el sentido profundo de su gesto, no sabe bien por qué hace esto pero lo hace. Tampoco osa esperar que pueda ser superada la distanciaque lo separa del Señor, se resigna a verlo solamente pasar.
Pero Jesús cuando llega cerca de ese árbol lo llama por su nombre: 'Zaqueo, baja rápido, porque hoy voy a detenerme en tu casa”. Aquel hombre pequeño de estatura, rechazado por todos y distante de Jesús está como perdido en el anonimato. Pero Jesús lo llama y aquel nombre, Zaqueo, en el idioma de aquel tiempo tiene un hermoso significado lleno de alusiones. Zaqueo de hecho significa: Dios recuerda.
Y Jesús va a la casa de Zaqueo, suscitando las críticas de toda la gente de Jericó: porque también en aquel tiempo de habladurías había tanto. Y la gente decía: ¿pero cómo, con toda la buena gente que hay en la ciudad va a quedarse nada menos que a lo de aquel publicano? Sí, porque él estaba perdido y Jesús dice: 'Hoy en esta casa vino la salvación, porque también él es hijo de Abrahán'. En la casa de Zaqueo aquel día entró la alegría, entró la paz, entró la salvación, entró Jesús.
Francisco vuelve al Cementerio monumental de Roma a veinte años de la última visita de Wojtyla: «Hoy cada uno de nosotros puede pensar en el ocaso de su vida... ¿Lo veo con esperanza, con la alegría de ser recibido por el Señor?»
A 20 años de la última visita de un Papa al Cementerio monumental del Verano, en Roma, Papa Francisco celebró esta tarde una misa en la Solemnidad de Todos los Santos, y rezó por los difuntos bendiciendo las tumbas del cementerio de la capital italiana.
Francisco dejó a un lado el texto escrito que había preparado para la ocasión y comentó el pasaje del Apocalipsis de la Primera Lectura: «Recojámonos aquí y pensemos en nuestro futuro –dijo–, pensemos en todos los que nos han precedido en la vida y que están en el Señor... es tan hermosa la visión del cielo que escuchamos en la Primera Lectura. La belleza, la bondad, la ternura, el amor pleno, lo que nos espera y los que nos han precedido y murieron en el Señor están allá, y proclaman que fueron salvados no por sus obras (hicieron obras buenas), sino por el Señor».
«La salvación pertenece a nuestro Dios –añadió el Papa– y es Él el que nos salva, es Él el que nos lleva, como un papá, de la mano, al final de nuestra vida, justamente hacia aquel cielo en donde están nuestros ancestros». ¿Quiénes son estos «justos vestidos de blanco, estos santos que están en el cielo?». Sobre todo, explicó Francisco, «los santos son personas que pertenecen completamente a Dios», que fueron lavados en la «sangre del Cordero».
«Solamente gracias a la sangre de Cristo podemos entrar en el cielo, y si hoy recordamos a estos nuestros hermanos y hermamas es porque fueron limpiados por la sangre de Cristo. Esta es nuestra esperanza, una esperanza que no desilusiona. Si seguimos en la vida al Señor, Él nunca nos desilusiona». Y lo que seremos, añadió el Pontífice, «todavía no ha sido revelado; cuando Él se haya manifestado, seremos semejantes a Él. Ver a Dios, ser semejantes a Dios, esta es nuestra esperanza. En el día de los santos y antes del día de los muertos, es necesario pensar un poco en la esperanza, esta esperanza que nos acompaña en la vida».
Francisco también recordó que «los primeros cristianos pintaban la esperanza como un ancla. Y todos nosotros estamos en la orilla, sosteniendo la cuerda del ancla. Tener el corazón anclado allá en donde están los nuestros, nuestros ancestros, en donde está Jesús: esta esperanza es la esperanza que no desilusiona. Hoy y mañana son días de esperanza. La esperanza es un poco como la levadura, que hace que se expanda el alma».
«Hay momentos difíciles en la vida –dijo Bergoglio–, pero con la esperanza el alma sale adelante y dirige la mirada hacia lo que la espera. Hoy es un día de esperanza. Nuestros hermanos y hermanas están ante la presencia de Dios. También nosotros estaremos ahí por pura gracia del Señor si caminamos por el camino de Jesús. La esperanza purifica, nos hace más ligeros, nos hace más veloces...».
«En este pre-ocaso de hoy –añadió Francisco–, cada uno de nosotros puede pensar en el ocaso de su vida... cuando llegue mi ocaso, el tuyo... Todos tendremos un ocaso. ¿Lo veo con esperanza, con la alegría de ser recibido por el Señor? Esto es cristiano y nos da paz. Hoy es un día de alegría, una alegría serena, tranquila, que da paz. Pensemos en el ocaso de todos los hermanos que nos han precedido, pensemos en nuestro ocaso y pensemos en nuestro corazón. Y preguntémonos: ¿en dónde está anclado nuestro corazón? Si no está bien anclado, anclémoslo en aquella orilla conscientes de que la esperanza no nos desilusiona, porque el Señor Jesús no desilusiona».
Antes de la bendición, el Papa dijo: «Quisiera rezar de manera especial por nuestros hermanos que en estos días murieron mientras buscaban una liberación, hacia una vida digna». «Hemos visto las fotografías, hemos visto la crueldad del desierto. Y vimos también el mar en el que muchos se han ahogado». «Recemos –continuó– también por los que han sido salvados y que ahora están amontonados esperando que las prácticas se puedan resolver para ir a otros centros de acogida más cómodos».
Con el Papa concelebraron el cardenal Vicario Agostino Vallini, el viceregente Filippo Iannone, los obispos auxiliares de Roma y el párroco de la Basílica de San Lorenzo Extramuros. AL final de la Misa, Francisco rezó por los difuntos y bendijo las tumbas.
El Pontífice, a su llegada, fue recibido en la entrada principal del cementerio por el alcalde de Roma, Ignazio Marino.
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Versión española de un artículo de Vittorio Messori
Por cuanto me ocupo, en libros y periódicos, de cosas católicas desde la época de Pablo VI, ocurre que no pocas personas –quizás desconcertadas o confundidas- insisten en pedirme opiniones sobre los primeros meses del nuevo pontificado. Suelo salir del paso diciendo algo que parafrasea la respuesta dada a los periodistas en el avión de regreso de Brasil, precisamente por el Papa Bergoglio: “¿Quién soy yo para juzgar?”. Si estamos obligados a no juzgar a los demás – palabras del Evangelio – tanto menos juzgaremos a un pontífice elegido, según los creyentes, por el Espíritu Santo.
Ciertamente, hubo siglos en los cuales al parecer los hombres llegaron a sustituir al Paráclito: cónclaves simoníacos o dirigidos por las grandes potencias de la época, con candidaturas y vetos impuestos por la política. Y sin embargo quienes conocen realmente la historia de la Iglesia – condición que no es propia de quienes son demasiado superficiales –, quienes saben percibir la dinámica de “larga duración” a lo largo de veinte siglos, terminan sorprendiéndose al descubrir que San Pablo parece realmente tener razón cuando afirma que omnia cooperantur in bonum, todo coopera con el bien, también el bien de la Iglesia, que en materia de fe no está guiada únicamente por Cristo, sino también ciertamente por el “cuerpo místico“.
En todo caso, estando en nuestra época, no se trata de confiar a pesar de todo en una Providencia que a veces puede parecernos incomprensible. No es así, ya que para todos es evidente la calidad humana de aquellos que en las últimas décadas han tenido el rol de pontífices romanos. Si nos centramos únicamente en la sucesión de esta postguerra, tenemos las figuras de Pacelli, Roncalli, Montini, Luciani, Wojtyla, Ratzinger y ahora Bergoglio.¿Quién, por alejado o contrario a la Iglesia que sea, podrá negar que se trata de personalidades de insólito relieve, unidas por la misma fe y por el mismo compromiso en su función, pero con grandes diferencias de carácter, distintas historias y culturas, distintos estilos pastorales? Y es éste precisamente el punto que para muchos, incluso católicos, parece no estar claro: independientemente de quién sea el hombre que ha llegado al papado y cuáles sean nuestras consonancias o disonancias humorales en relación con el mismo, siempre será el sucesor de Pedro, responsable y guardián de la ortodoxia, por lo tanto un hombre de Dios que no sólo se debe aceptar, sino también hay que rezar por él y obedecerlo con respeto y amor filial.
Estas cosas deberían estar claras, sobre todo hoy, con este Obispo de Roma “proveniente casi del fin del mundo”, un hombre de una personalidad impetuosa, instintivamente impulsiva, tal vez autoritaria (como él mismo reconoce en la entrevista con Civiltà Cattolica) y marcada, a pesar de su origen italiano, por una cultura distinta a la nuestra, como es la sudamericana. Este papa proviene además, por primera vez en casi dos siglos, no del clero secular, sino de una orden religiosa caracterizada por una formación distinta a todas las demás dentro de la Iglesia. Es una Compañía (denominación militar de un fundador procedente de la vida militar) amada y detestada, admirada y temida desde hace cinco siglos, hasta el punto que -caso único- terminó siendo suprimida - “propter bonum Ecclesiae“, dice la bula - por un Papa franciscano, para luego ser resucitada, apenas fue posible, por un Papa benedictino.
La verdad exige admitir, sobre todo si se miran muchos sitios y blogs en la red, que no faltan aquellos que recuerdan con nostalgia la sobriedad, el rigor doctrinal, la profundidad cultural y el respeto por las tradiciones de Benedicto XVI, y la atención por él prestada a la liturgia. Y nadie ha olvidado el cuarto de siglo de ese extraordinario ciclón que fue Juan Pablo II, cuya santidad ya ha sido reconocida. Es comprensible, los sentimientos son algo sumamente humano. Pero, repitiendo, toda comparación entre papas es irrelevante en una perspectiva cristiana, y la sintonía de cada creyente con un Papa se basa en algo muy distinto a las simpatías personales.
La comunidad guiada y gobernada por el sucesor de Pedro siempre ha tenido y tendrá un fin último (y único) del cual todo se desprende y que es recordado explícitamente por el Código de Derecho Canónico: “Es ley suprema de la Iglesia la salvación de las almas”. Si bien a veces parece olvidarse, todo se desprende de esto y la totalidad de la institución eclesial existe por esto: anunciar la vida eterna prometida por el Evangelio y ayudar a todos los hombres - con la predicación y con los sacramentos - a seguir el camino que lleva a la meta de la muerte, en realidad nacimiento a la verdadera vida. Todo lo demás es solamente instrumento, siempre modificable y destinado a pasar, comenzando por la burocracia curial, a pesar de ser ésta indispensable: Dios mismo ha querido necesitar una institución humana, con sus organismos y sus leyes.
Cada Papa está obviamente convencido de esta prioridad de la salus animarum; pero Francisco, al parecer, con especial urgencia, y en tal medida que hace todo lo necesario para que el clero, los religiosos y los laicos lleguen también a tener conciencia de esto. Esta opción del pontífice argentino parece producir resultados sorprendentes: al respecto, yo también mido cada día el interés, más bien la simpatía, sino de hecho la adhesión de tantas personas que no obstante parecían inamovibles en su indiferencia, cuando no era además un laicismo polémico y agresivo. El retorno a la sucesión natural, y sin embargo a menudo olvidada (en primer lugar la fe, y la moral será una consecuencia necesaria); el llamado a las raisons du coeur antes que a las raisons de la raison, empleando los términos pascalianos; la salida de la jaula de un creer reducido a una inflexible norma codificada; los brazos abiertos para todos, recordando la misericordia del Dios de Jesús, cuyo oficio es perdonar y acoger a los hijos, sin excepción, también a los “pródigos”. Todo esto está provocando resultados positivos que recuerdan el criterio de valoración señalado por el Evangelio mismo: “Por los frutos conoceréis el árbol”. Si la cosecha espiritual se anuncia tan buena, ¿no será igualmente buena la planta de la cual proviene?
Este hombre de setenta y siete años, todavía vigoroso, con su estilo de “párroco del mundo“, quiere comprometer a la totalidad de la Iglesia en ese desafío de reevangelización del Occidente, que tuvo un carácter central también en el programa pastoral de sus dos últimos antecesores.
Ninguna fractura, por lo tanto, sino continuidad, incluso en la diversidad de temperamentos. Esta Iglesia bimilenaria muestra también de este modo no tener intención alguna de reducirse a secta rencorosa, no sólo minoritaria, sino también marginal. Con Roma y sus obispos, el mundo entero deberá medirse una vez más, como ocurrió en los tiempos del imperio romano, cuando todo comenzó.
Tener la valentía, delante del confesor, de llamar a los pecados con su propio nombre, sin esconderlos. De este modo, el papa Francisco centró su homilía en el sacramento de la Reconciliación, durante la misa celebrada en la mañana de este viernes en la residencia Santa Marta. Confesarse, dijo, es ir al encuentro del amor de Jesús con un corazón sincero y con la transparencia de los niños; y no rechazando, sino más bien acogiendo la "gracia de la vergüenza", que hace percibir el perdón de Dios.
ROMA, 25 de octubre de 2013
Para muchos creyentes adultos, confesarse frente a un sacerdote es un esfuerzo insostenible --que a menudo conduce a esquivar el Sacramento-- o al punto de convertir un momento de verdad en un ejercicio de ficción. San Pablo, en su Carta a los Romanos --dijo el papa-- hace exactamente lo contrario: admite públicamente ante la comunidad que “en su carne no mora el bien". Presume de ser un "esclavo" que no hace el bien que quiere, sino el mal que no quiere. Esto sucede en la vida de fe, observa Francisco, cuando “quiero hacer el bien, el mal está junto a mí".
"Y esta es la lucha de los cristianos. Es nuestra lucha cotidiana. Y no siempre tenemos el valor de hablar como Pablo habla de esta lucha. Siempre buscamos una forma de justificación: ‘Sí, todos somos pecadores’... y lo decimos así, ¿no? Esto se explica de una manera dramática: es nuestra lucha.
Y si no reconocemos esto, nunca podemos tener el perdón de Dios. Porque si el ser pecador es ser una palabra, una frase, una manera de decir, entonces no necesitamos del perdón de Dios. Pero si se trata de una realidad que nos convierte en esclavos, necesitamos de esta liberación interior del Señor, de esa fuerza. Pero lo más importante aquí es que para encontrar el camino de salida, Pablo confiesa su pecado a la comunidad, su tendencia al pecado, no lo esconde".
La confesión de los pecados con humildad es lo que "la Iglesia nos pide a todos nosotros", recuerda el santo padre, que cita también la invitación de Santiago: "Confiesen sus pecados entre ustedes". Sin embargo, "no para hacer publicidad --dijo, sino-- para dar gloria a Dios", y reconocer que es "Él quien me salva". Por eso, continúo, para confesarse se va donde el hermano, "el hermano sacerdote": es para actuar como Pablo. Ante todo --subrayó-- con la misma "eficacia":
"Algunas personas dicen: ‘Ah, yo me confieso con Dios'. Eso es fácil, es como confesarse por correo electrónico, ¿no? Dios está ahí lejos, digo las cosas y no hay un ‘cara a cara’, no se da un ‘cuatro ojos’. Pablo confiesa su debilidad a los hermanos cara a cara. Otros dicen: "No, yo sí voy a confesarme", pero se confiesan cosas tan etéreas, tan en el aire, que no tienen ninguna sustancia. Y eso es lo mismo que no hacerlo. Confesar nuestros pecados no es ir a una sesión de psiquiatría, ni tampoco ir a una sala de tortura, sino que es decirle al Señor: ‘Señor, soy un pecador’, pero decirlo a través del hermano, para que decirlo, sea también concreto. ‘Y yo soy un pecador por esto, por esto y por esto'".
Concretizar, honestidad y también --añade Francesco-- una habilidad sincera de avergonzarse de sus propios errores: no hay sendas a la sombra, alternativas al camino que conduce al perdón de Dios parasentir en lo más profundo de mi corazón su perdón y su amor. Y aquí el papa dijo lo de imitar a los niños:
"Los más pequeños tienen esa sabiduría: cuando un niño viene a confesarse, nunca dice una cosa general. ‘Padre, hice esto e hice aquello a mi tía, a aquel le dije tal palabra’ y dicen la palabra. Pero son concretos, ¿no? Tienen la sencillez de la verdad. Y nosotros siempre tenemos la tendencia a ocultar la realidad de nuestras miserias. Pero hay una cosa hermosa: cuando confesamos nuestros pecados en la presencia de Dios, siempre sentimos la gracia de la vergüenza. Avergonzarse ante Dios es una gracia. Es una gracia: "Yo me avergüenzo". Pensemos en Pedro, después del milagro de Jesús en el lago: 'Señor: aléjate de mí, que soy un pecador’. Tenía vergüenza de su pecado ante la santidad de Jesucristo".
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El Papa Francisco centró laAudiencia General del miércoles en explicar qué significa ser apóstoles, ya que la Iglesia católica es también “apostólica”.
Ciudad del Vaticano, 19 de octubre de 2013
Población mundial
A día 31 de diciembre de 2011 la población mundial era igual a 6.933.310.000 de personas, con un aumento de 84.760.000 unidades respecto al año anterior. El aumento global este año también incluye a todos los continentes: el aumento más consistente es en Asia (+46.690.000) y África (+23.932.000), seguidos por América (+11.311.000); Europa (+2.332.000) y Oceanía (+495.000).
Católicos
En la misma fecha del 31 de diciembre de 2011 el número de católicos era de 1.213.591.000 unidades con un aumento total de 17.920.000 personas con respecto al año anterior. El aumento interesa a todos los continentes y como precedentemente es más marcado en África (+8.047.000), América (+6.312.000) y Asia (+2.577.000); seguidos por Europa (+822.000) y Oceanía (+162.000).
El porcentaje de los católicos ha crecido globalmente del 0,04% (el mismo incremento del año anterior) situándole al 17,50%. Con respecto a los continentes, se han registrado aumentos en África (+ 0,35), Asia (+ 0,03) y Oceanía (+0,1), mientras que han disminuido levemente en América (-0,09) y Europa (-0,02).
Habitantes y católicos por sacerdote
El número de los habitantes por sacerdote también ha aumentado este año, complesivamente de 117 unidades, alcanzando la cuota de 13.394. La distribución por continentes ve incrementos en América (+67), Europa (+39) y Oceanía (+120); disminuciones en África (-448) y Asia (-776).
El número de católicos por sacerdote ha aumentado complesivamente de 36 unidades, alcanzando el número de 2.936. Se registran aumentos en todos los continentes,mientras que la única disminución, que es leve, este año también es en Asia: África (+13); América (+36); Asia (-15); Europa (+23); Oceanía (+39).
Circunscripciones eclesiásticas y estaciones misioneras
Las circunscripciones eclesiásticas son 13 más con respecto al año precedente, llegando a 2.979, con nuevas circunscripciones creadas en todos los continentes: África (+7), América (+1), Asia (+3), Europa (+1), Oceanía (+1). Las estaciones misioneras con sacerdote residente son complesivamente 1.782 (275 menos con respecto al año anterior) y registran aumentos en África (+191), América (+228) y Europa (+41); disminuciones en Asia (-734) y Oceanía (-1). Las estaciones misioneras sin sacerdote residente han disminuido en 2.229 unidades, alcanzando el número de 131.453. Dando un giro a la situación del año precedente, el único aumento se registra en Asia (+508), mientras disminuyen en África (-1.596), América (-974), Europa (-47) y Oceanía (-120).
Obispos
El número de los Obispos en el mundo ha aumentado de 28 unidades, alcanzando el número de 5.132. Se confirma la situación del año anterior: aumentan los obispos diocesanos mientras que los religiosos disminuyen. Los Obispos diocesanos son 3.906 (35 más), mientras que los Obispos religiosos son 1.226 (7 menos). El aumento de los Obispos diocesanos se refiere a todos los continentes: África (+5), América (+5), Asia (+11), Europa (+11), Oceanía (+3). Los Obispos religiosos aumentan en África (+2) y Oceanía (+3); disminuyen en América (-5), Asia (-6) y Europa (-1).
Sacerdotes
El número total de sacerdotes en el mundo ha aumentado de 1.182 unidades con respecto al año anterior, alcanzando una cuota de 413.418. Se señala una vez más una disminución notable en Europa (- 2.286) y en una medida más leve en Oceanía (-11), mientras que los aumentos se dan en África (+1.530), América (+407) y Asia (+1.542). Los sacerdotes diocesanos en el mundo han aumentado globalmente de 1.337 unidades, alcanzando el número de 278.346, con aumentos en África (+1.152), América (+564) y Asia (+817), y disminución en Europa (-1.162) y Oceanía (-34). Los sacerdotes religiosos han disminuido en total en 155 unidades y son 135.072. Señalan un aumento, consolidando la tendencia de los últimos años, África (+378) y Asia (+725), a los que se une este año también Oceanía (+23), mientras las disminuciones afectan a América (-157) y Europa (-1.124).
Diáconos permanentes
Los diáconos permanentes en el mundo han aumentados de 1.350 unidades, alcanzando el número de 40.914. El aumento más consistente se confirma una vez más en América (+879) y en Europa (+368), seguidas por Asia (+43), Oceanía (+40) y África (+20). Los diáconos permanentes diocesanos en el mundo son 40.270, con un aumento total de 1.266 unidades. Crecen en todos los continentes: África (+11), América (+896), Asia (+14), Europa (+330), Oceanía (+15). Los diáconos permanentes religiosos son 644, aumentando en 84 unidades con respecto al año anterior, con aumentos en África (+9), Asia (+29), Europa (+38) y Oceanía (+25), la única disminución se da en América (-17).
Religiosos y religiosas
Los religiosos no sacerdotes han disminuido globalmente de 420 unidades llegando al número de 55.085. Los aumentos se registran en África (+28) y Asia (+1.089); mientras que disminuyen en América(-398), Europa (-232) y Oceanía (-67). Este año también se confirma la tendencia a la disminución global de las religiosas (–8.729) que son complesivamente 713.206. Los aumentos son, otra vez, en África (+1.488) y Asia (+2.115), las disminuciones en América (–4.515), Europa (-7.459) y Oceanía (–358).
Institutos seculares
Los miembros de los Institutos seculares masculinos son en total 713, con una disminución global de 34 unidades. A nivel continental crecen solo en Asia (+10), mientras disminuyen en África (-9), América (-18) y Europa (-17), este año también queda sin variaciones Oceanía.
Los miembros de los Institutos seculares femeninos en cambio han disminuido también este año, complesivamente de 1.489 unidades, por un total 24.564 miembros. El único aumento ha sido en África (+32), mientras las disminuciones son en América (-32), Asia (-116), Europa (-1.371) y Oceanía (-2).
Misioneros laicos y catequistas
El número de Misioneros laicos en el mundo es de 381.722 unidades, con un aumento global de 46.220 unidades y aumentos por continentes en África (+1.401), América (+35.479), Asia (+9.294) Europa (+51). La única disminución ha sido en Oceanía (-5).
Los Catequistas en el mundo han disminuido en total en 35.393 unidades, llegando a la cifra de 3.125.235. Los aumentos se registran en África (+3.451) y Oceanía (+303), las disminuciones en América (-35.871), Asia (-967) y Europa (-2.309).
Seminaristas mayores
El número de seminaristas mayores, diocesanos y religiosos, también ha aumentado este año globalmente de 1.626 candidatos al sacerdocio, que han alcanzado el número de 120.616. Los aumentos, como ya ha ocurrido en los años anteriores, se han registrado en África (+559) y en Asia (+1.326), a los que este año se añade Oceanía (+15), mientras disminuyen levemente en América (-6) y una vez más en Europa (-268).
Los seminaristas mayores diocesanos son 72.277 (+303con respecto al año anterior) y los religiosos 48.339 (+1.323). Los seminaristas religiosos aumentan en África (+289), Asia (+295) y Oceanía (+34), las disminuciones son en Europa (-241) y América (-74). Los seminaristas mayores religiosos aumentan en África (+270), América (+68) y Asia (+1.031), mientras disminuyen en Europa (-27) y en Oceanía (- 19).
Seminaristas menores
El número total de seminaristas menores, diocesanos y religiosos, ha aumentado en 222 unidades, alcanzando el número de 102.530. Han aumentados complesivamente en África (+1.106) y Oceanía (+4), mientras que han disminuido en América (-124), Asia (-246) y Europa (- 518).
Los seminaristas menores diocesanos son 79.350 (+1.343) y los religiosos 23.180 (-1.121).Para los seminaristas diocesanos la disminución se registra en Asia (-41), Europa (-161) y Oceanía (-1), mientras que crecen también este año en África (+1.304) y América (+242). En cambio los seminaristas religiosos están en crecimiento sólo en Oceanía (+5) mientras disminuyen en África (-198), América (-366), Asia (-205) y Europa (-357).
Institutos de instrucción y educación
En el campo de la instrucción y la educación la Iglesia administra en el mundo 71.482 escuelas infantiles frecuentadas por 6.720.545 alumnos; 94.411 escuelas primarias con 31.939.415 alumnos; 43.777 institutos secundarios con 18.952.976 alumnos. Además sigue a 2.494.111 alumnos de las escuelas superiores y a 3.039.684 estudiantes universitarios.
La comparación con el año anterior muestra un aumento general que toca a todos los niveles de la enseñanza: las escuelas infantiles (+938) y sus alumnos (+241.918); las escuelas primarias (+1.564) y sus alumnos (+788.245); los institutos de secundaria (+186) y sus alumnos (+1.159.417). También aumentan los estudiantes de las escuelas superiores (+189.940) mientras que la única disminución se refiere a los universitarios (-298.771).
Institutos sanitarios, de beneficencia y asistencia
Los institutos de beneficencia y asistencia administrados en el mundo por la Iglesia comprenden: 5.435 hospitales (+130 más respecto al año anterior) con mayor presencia en América (1.701) y África (1.284); 17.524 dispensarios (-655), la mayor parte en África (5.398), América (5.211) y Asia (3.828); 567 leproserías (+20) distribuidas principalmente en Asia (281) y África (211); 15.784 (-1.439) casas para ancianos, enfermos crónicos y minusválidos la mayor parte en Europa (8.271) y América (3.913); 10.534 orfanatos (+652) de los de los que casi un tercio están en Asia (3.911); 11.592 guarderías; 15.008 consultorios matrimoniales distribuidos en gran parte en América (6.230) y Europa (5.819); 40.671 centros de educación o reeducación social y 4 instituciones de otros tipos.
Circunscripciones eclesiásticas dependientes de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos
Las circunscripciones eclesiásticas dependientes de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos (Cep) a fecha del 14 de octubre de 2013 son en total 1.108, con un aumento de 5 circunscripciones con respecto al año anterior (4 diócesis en África y 1 Vicariato apostólico en América). La mayor parte de las circunscripciones eclesiásticas dependientes de Propaganda Fide se encuentran en África (506) y en Asia (476). Seguidas de América (80) y Oceanía (46).
Zenit
Durante la homilía de la Misa en Casa Santa Marta, el Papa Francisco explicó que no se puede ser cristiano y vivir como un pagano, lo que es lo mismo, no se puede ser un cristiano “a medio camino”.
“A veces decimos 'cristianos a medio camino', que no toman esto en serio. Somos santos, justificados, santificados por la sangre de Cristo: ¡tomad esta santificación e id adelante! ¡Y no se toma en serio! Cristianos tibios: 'Pero sí, sí, pero no, no'. Un poco como decían nuestras madres: cristianos al agua de rosas, ¡no! Un poco así ... Un poco de barniz de cristiano, un poco de barniz de catequesis... Pero dentro no hay una verdadera conversión, no viven esta convicción de Pablo: 'He dejado todo y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo y ser hallado en Él'”.
El Papa pidió a los cristianos que sean valientes para dejar a un lado todo lo que aleja de Jesucristo.
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(Fuente: L’Osservatore Romano)
“Lo que ha hecho Cristo en nosotros es una re-creación; la sangre de Cristo nos ha re-creado; es una segunda creación. Y si antes toda nuestra vida, nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestras costumbres estaban en el camino del pecado, de la iniquidad, después de esta re-creación debemos hacer el esfuerzo de caminar por el camino de la justicia, de la santificación. Pablo utiliza esta palabra: la santidad. Todos nosotros hemos sido bautizados. En aquel momento nuestros padres, en nuestro nombre, pronunciaron el acto de fe: creo en Jesucristo que nos ha perdonado los pecados”.
“Esta fe debemos re-asumirla nosotros y llevarla adelante con nuestro modo de vivir. Y vivir como cristiano es llevar adelante esta fe en Cristo, esta re-creación. Llevar adelante las obras que nacen de esta fe. Lo importante es la fe, pero las obras son el fruto de esta fe: llevad adelante estas obras para la santificación. Esto es: la primera santificación que ha hecho Cristo, la primera santificación que hemos recibido en el bautismo, debe crecer, debe ir adelante”.
“Nosotros somos débiles y muchas veces cometemos pecados”. ¿Esto significa que no estamos en el camino de la santificación? Si tú te acostumbras a una vida un poco así y dices: 'Creo en Jesucristo, pero vivo como quiero'. Esto no te santifica, no funciona, es un contrasentido”.
“Antes, el acto de fe. Antes de la aceptación de Jesucristo que nos ha re-creado con su sangre estábamos en el camino de la injusticia; después, estamos en el camino de la santificación, pero debemos tomarla en serio”.
“A veces decimos 'cristianos a medio camino', que no toman esto en serio. Somos santos, justificados, santificados por la sangre de Cristo: ¡tomad esta santificación e id adelante! ¡Y no se toma en serio! Cristianos tibios: 'Pero sí, sí, pero no, no'. Un poco como decían nuestras madres: cristianos al agua de rosas, ¡no! Un poco así ... Un poco de barniz de cristiano, un poco de barniz de catequesis... Pero dentro no hay una verdadera conversión, no viven esta convicción de Pablo: 'He dejado todo y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo y ser hallado en Él'”.
“Pidamos a san Pablo, que nos habla hoy con esta lógica del antes y del después que nos dé la gracia de vivir como cristianos en serio, de creer verdaderamente que hemos sido santificados por la sangre de Jesucristo”.
El Papa Francisco habló sobre laVirgen María como Madre de la Iglesia en la Audiencia General del miércoles. Francisco la describió como modelo de fe, de caridad y de unión con Cristo. A raíz de la visita de María a su prima Isabel, el Papa explicó que, como Ella, la Iglesia siempre debe portar a Jesús en el centro.
23 de octubre, 2013
Queridos hermanos y hermanas:
En la catequesis de hoy, y siguiendo el Concilio Vaticano II, quiero reflexionar sobre María como modelo «de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la unión perfecta con Cristo».
Ella es modelo de fe, no sólo porque como hebrea esperaba al redentor, y con su sí se adhiere al proyecto de Dios, sino porque desde ese momento su vida se centra en Jesús.
Además lo hace desde la cotidianidad de una mujer humilde que, sin embargo, vive inmersa en el misterio, y su sí, ya perfecto desde el inicio, crece hasta la cruz, en la que su maternidad abraza a todos.
Y es modelo de caridad, como vemos en la Visitación, pues ella no sólo ayuda a su prima, sino que le lleva a Cristo, la perfecta alegría que viene del Espíritu y se manifiesta en un amor oblativo.
Es modelo también de unión con Cristo, sea en su tarea cotidiana, sea en el camino de la cruz, hasta unirse a Él en el martirio del corazón. Y ahora preguntémonos: ¿cómo nos interpela la figura de María? ¿la vemos lejana? ¿acudimos a ella en la prueba? ¿somos capaces, como ella, de amar dándonos totalmente? ¿nos sentimos unidos a Jesús, según su ejemplo, en una relación constante o sólo nos acordamos de Él en la necesidad?
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Argentina, Costa Rica, México, Panamá, Venezuela, Paraguay, Chile y los demás países latinoamericanos. Invito a todos a pedir al Señor su gracia, de modo que amemos cada vez más a María, Madre de la Iglesia. Gracias.
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El Papa Francisco centró su homilía de Casa Santa Marta en el misterio de Dios. Para Francisco, este misterio sólo se puede entender porque Dios mismo se acerca al ser humano para salvarlo.
“La imagen que me viene es la de las enfermeras, la de una enfermera en un hospital, que cura las heridas una a una, pero con sus manos. Dios se involucra, se mete en nuestra miseria, se acerca a nuestras llagas y las cura con sus manos, y para tener manos se ha hecho hombre”.
Francisco recordó que Dios no salva a la Humanidad con un decreto o una ley, sino con su propia vida.
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(Fuente: Radio Vaticana)
“Contemplar el misterio, esto que Pablo nos dice aquí, de nuestra salvación, de nuestra rendición, sólo se entiende de rodillas en contemplación. No sólo con la inteligencia. cuando la inteligencia trata de explicar un misterio, siempre, siempre, enloquece. Y así sucedió en la Iglesia. La contemplación: inteligencia, corazón, arrodillados, en oración... Todo junto, así se entra en el misterio. Esta es la primera palabra que tal vez les ayudará”.
“A mí, la imagen que me viene a la cabeza es la de las enfermeras, la enfermera en el hospital, que cura las heridas una a una, con sus manos. Dios se involucra, se mete en nuestra miseria, se acerca a nuestra llagas y las cura con sus manos, y para tener manos se ha hecho hombre. Es un trabajo de Jesús, personal. Un hombre trajo el pecado, un hombre viene a corregirlo. Cercanía. Dios no nos salva con un decreto, con una ley; nos salva con ternura, con cariño, no salvo con su vida, por nosotros”.
“En el corazón de esta gente abundaba el pecado. Pero Él anduvo entre ellos con esa sobreabundancia de gracia y de amor. La gracia de Dios siempre vence, porque Él mismo se da, se nos acerca y nos cura. Y es por esto, aunque tal vez a algunos no le guste decirlo, pero aquellos que están más cerca del corazón de Jesús son los más pecadores, porque Él va a buscarlos, y llama a todos: 'Venid, venid'. Y cuando le piden una explicación, dice: 'Pero no tienen necesidad de un médico aquellos que ya están sanos; he venido a curar, a salvar”.