Ayer por la tarde en la mesa redonda “La libertad religiosa en un mundo globalizado” se puso de manifiesto que la persecución religiosa y el martirio es una realidad actual en todas partes del mundo. La mesa redonda ha recogido las ponencias de expertos y testigos de esta realidad.

Los tres focos de la persecución anticristiana hoy: islamismo, comunismo, nacionalismo radical

Ayer por la tarde en lamesa redonda “La libertad religiosa en un mundo globalizado” se puso de manifiesto que la persecución religiosa y el martirio es una realidad actual en todas partes del mundo. La mesa redonda ha recogido las ponencias de expertos y testigos de esta realidad.

Soha Abboud, nacida en El Cairo y doctora en Estudios Islámicos, afirmó que “los fundamentalistas están haciendo un daño enorme a los cristianos: si alguien mata a un cristiano puede llegar a ser considerado héroe”. La mesa redonda ha recogido las ponencias de expertos y testigos de esta realidad en el mundo islámico –de la mano de Soha Abboud,– en Asia –a través del testimonio de un diácono chino de la Iglesia perseguida- y en Europa –con la intervención de Daniel Arasa, escritor de Cristianos, entre la persecución y el mobbing. La tarde ha culminado con los testimonios de misioneros que han sufrido en primera persona la persecución y el martirio de sus compañeros.

“Tres de cada cuatro personas perseguidas son cristianas”, ha afirmado Javier Menéndez Ros, director de Ayuda a la Iglesia Necesitada, moderador de la mesa. Tras reivindicar que cada mártir tiene un nombre y un apellido, Menéndez Ros ha destacado tres focos de persecución actual: el islamismo, el comunismo y el nacionalismo radical. Comenzando por el Islam, Soha Abboud, nacida en El Cairo y profesora titular de la Complutense de Madrid, ha explicado que con la conquista musulmana del siglo VII, los cristianos pasaron a ser un pueblo de segundo rango. Aun con picos de violencia, en general no ha habido hasta ahora persecución directa: un cristiano no puede acceder a un puesto en la administración, y solo se puede dedicar a las profesiones liberales. La profesora ha mostrado su preocupación por el radicalismo, al que ha denominado “cáncer” del islam. “Los fundamentalistas están haciendo un daño enorme a los cristianos, si alguien mata a un cristiano puede llegar a ser considerado héroe”, ha afirmado, tras explicar las diferencias entre la situación de los cristianos en Egipto, Siria o Líbano.

“Yo soy testigo de la fe”, ha afirmado Tomás Mi, diácono chino perteneciente a la Iglesia clandestina, a la que denomina “Iglesia fiel”. Ha testimoniado que la situación de la Iglesia en China es muy complicada: por un lado está la Iglesia fiel, perseguida por el gobierno; por otro lado, está la Iglesia oficial, no reconocida por la Santa Sede; y en el medio está la Iglesia “gris”, que está a medio camino. El diácono chino reconoció que su vocación es fruto de la oración de su madre, que le despertaba de niño a las 4 de la mañana para ir a rezar ante el Santísimo, junto con un grupo de mujeres del pueblo. Después de pasar cuatro años escondido mientras se formaba, ha venido a España, según ha contado, para formarse y volver a su país.

Lejos de lo que pudiera parecer, la persecución no es algo lejano en el tiempo y en el espacio, o al menos así lo ha mostrado Daniel Arasa, periodista y escritor de Cristianos, entre la persecución y el mobbing. El periodista catalán ha explicado que en Occidente el cristianismo está sometido a burla y ridiculización continua, algo que sería inconcebible contra cualquier otra religión o grupo social. “Nos hemos acostumbrado a agresiones continuadas”, concluye tras enumerar ejemplos múltiples de esta realidad en el teatro y el cine, en las manifestaciones sociales y en los medios de comunicación, “Las persecuciones son como torrentes desbocados”, afirma Arasa, “sin embargo el mobbing es como las humedades de una casa: parece que no importan, pero pueden derrumbar una casa”, concluyó.

“Nadie puede quitarnos la vida, la hemos entregado ya”. Así escribía la agustina española Esther, que junto con Caridad fueron asesinadas la tarde del Domund de 1994 en Argelia, de sendos tiros enla espalda. Maria Paz Martín, provincial de las agustinas por entonces, ha testimoniado que sus compañeras murieron por la paz y la fe, y que no se frenaron ante el miedo. Luis Pérez, misionero javeriano en Sierra Leona más de 25 años, fue secuestrado durante 10 días por los rebeldes, y vivió la muerte de cuatro Hijas de la Caridad que habían sido capturadas con él. Ante un primer momento de miedo y fracaso, el misionero ha explicado que el secuestro le ayudó a encontrar a Cristo real, presente en el sufrimiento. “Cuando llegué a Sierra Leona, creía en Dios. Después de mis años de misión, puedo decir que estoy convencido de que la fe es real”, afirmó el misionero, que dijo que el secuestro había sido para él un don, eso sí, amargo.

Por último, Juan Cruz Juaristi, actual delegado de misiones de San Sebastián, ha explicado cómo fue asesinado su compañero, también vasco, Isidro Uzkudun en Ruanda, fruto de de la violencia y de la venganza posterior al genocidio de 1994. El misionero, que siempre había trabajado con hutus y tutsis indistintamente, denunció las injusticias que estaba viviendo la gente del pueblo, lo que le llevó a la muerte.

Aleteia

Ayer por la tarde en la mesa redonda “La libertad religiosa en un mundo globalizado” se puso de manifiesto que la persecución religiosa y el martirio es una realidad actual en todas partes del mundo. La mesa redonda ha recogido las ponencias de expertos y testigos de esta realidad.

Los tres focos de la persecución anticristiana hoy: islamismo, comunismo, nacionalismo radical

Ayer por la tarde en la mesa redonda “La libertad religiosa en un mundo globalizado” se puso de manifiesto que la persecución religiosa y el martirio es una realidad actual en todas partes del mundo. La mesa redonda ha recogido lasponencias de expertos y testigos de esta realidad.

Soha Abboud, nacida en El Cairo y doctora en Estudios Islámicos, afirmó que “los fundamentalistas están haciendo un daño enorme a los cristianos: si alguien mata a un cristiano puede llegar a ser considerado héroe”. La mesa redonda ha recogido las ponencias de expertos y testigos de esta realidad en el mundo islámico –de la mano de Soha Abboud,– en Asia –a través del testimonio de un diácono chino de la Iglesia perseguida- y en Europa –con la intervención de Daniel Arasa, escritor de Cristianos, entre la persecución y el mobbing. La tarde ha culminado con los testimonios de misioneros que han sufrido en primera persona la persecución y el martirio de sus compañeros.

“Tres de cada cuatro personas perseguidas son cristianas”, ha afirmado Javier Menéndez Ros, director de Ayuda a la Iglesia Necesitada, moderador de la mesa. Tras reivindicar que cada mártir tiene un nombre y un apellido, Menéndez Ros ha destacado tres focos de persecución actual: el islamismo, el comunismo y el nacionalismo radical. Comenzando por el Islam, Soha Abboud, nacida en El Cairo y profesora titular de la Complutense de Madrid, ha explicado que con la conquista musulmana del siglo VII, los cristianos pasaron a ser un pueblo de segundo rango. Aun con picos de violencia, en general no ha habido hasta ahora persecución directa: un cristiano no puede acceder a un puesto en la administración, y solo se puede dedicar a las profesiones liberales. La profesora ha mostrado su preocupación por el radicalismo, al que ha denominado “cáncer” del islam. “Los fundamentalistas están haciendo un daño enorme a los cristianos, si alguien mata a un cristiano puede llegar a ser considerado héroe”, ha afirmado, tras explicar las diferencias entre la situación de los cristianos en Egipto, Siria o Líbano.

“Yo soy testigo de la fe”, ha afirmado Tomás Mi, diácono chino perteneciente a la Iglesia clandestina, a la que denomina “Iglesia fiel”. Ha testimoniado que la situación de la Iglesia en China es muy complicada: por un lado está la Iglesia fiel, perseguida por el gobierno; por otro lado, está la Iglesia oficial, no reconocida por la Santa Sede; y en el medio está la Iglesia “gris”, que está a medio camino. El diácono chino reconoció que su vocación es fruto de la oración de su madre, que le despertaba de niño a las 4 de la mañana para ir a rezar ante el Santísimo, junto con un grupo de mujeres del pueblo. Después de pasar cuatro años escondido mientras se formaba, ha venido a España, según ha contado, para formarse y volver a su país.

Lejos de lo que pudiera parecer, la persecución no es algo lejano en el tiempo y en el espacio, o al menos así lo ha mostrado Daniel Arasa, periodista y escritor de Cristianos, entre la persecución y el mobbing. El periodista catalán ha explicado que en Occidente el cristianismo está sometido a burla y ridiculización continua, algo que sería inconcebible contra cualquier otra religión o grupo social. “Nos hemos acostumbrado a agresiones continuadas”, concluye tras enumerar ejemplos múltiples de esta realidad en el teatro y el cine, en las manifestaciones sociales y en los medios de comunicación, “Las persecuciones son como torrentes desbocados”, afirma Arasa, “sin embargo el mobbing es como las humedades de una casa: parece que no importan, pero pueden derrumbar una casa”, concluyó.

“Nadie puede quitarnos la vida, la hemos entregado ya”. Así escribía la agustina española Esther, que junto con Caridad fueron asesinadas la tarde del Domund de 1994 en Argelia, de sendos tiros en la espalda. Maria Paz Martín, provincial de las agustinas por entonces, ha testimoniado que sus compañeras murieron por la paz y la fe, y que no se frenaron ante el miedo. Luis Pérez, misionero javeriano en Sierra Leona más de 25 años, fue secuestrado durante 10 días por los rebeldes, y vivió la muerte de cuatro Hijas de la Caridad que habían sido capturadas con él. Ante un primer momento de miedo y fracaso, el misionero ha explicado que el secuestro le ayudó a encontrar a Cristo real, presente en el sufrimiento. “Cuando llegué a Sierra Leona, creía en Dios. Después de mis años de misión, puedo decir que estoy convencido de que la fe es real”, afirmó el misionero, que dijo que el secuestro había sido para él un don, eso sí, amargo.

Por último, Juan Cruz Juaristi, actual delegado de misiones de San Sebastián, ha explicado cómo fue asesinado su compañero, también vasco, Isidro Uzkudun en Ruanda, fruto de de la violencia y de la venganza posterior al genocidio de 1994. El misionero, que siempre había trabajado con hutus y tutsis indistintamente, denunció las injusticias que estaba viviendo la gente del pueblo, lo que le llevó a la muerte.

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Reflexión de don Jorge Salinas, sacerdote, en su blog "Siguiendo al Papa Francisco"

"Paciencia hasta el final, porque Él tiene paciencia con nosotros"

Reflexión de don Jorge Salinas, sacerdote, en su blog "Siguiendo al Papa Francisco"

Me ha llamado la atención unas palabras del Papa Francisco en Santa Marta. “Cuando el Señor viene – observó el Papa – no siempre lo hace de la misma forma. No existe un protocolo de acción de Dios en nuestra vida”, “no existe”. Y añadió el Papa, “lo hace una vez de una forma, otra vez de otra” pero lo hace siempre. “Siempre – recalcó – existe este encuentro entre nosotros y el Señor”.

Dios no tiene un protocolo fijo para interpelarnos. No hay dos itinerarios iguales en la experiencia religiosa de las personas. Basta leer las confesiones de los Santos sobre su propia vida o los relatos de conocidos conversos para entender que no hay dos caminos exactamente iguales, aunque siempre han discurrido dentro el sendero de Jesucristo, quien dijo de Sí: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.

El Señor camina siempre a nuestro lado y permite entrever su presencia cuando quiere. Quizá no advirtamos de continuo esa presencia suya, siempre paternal y providente. Nos acompaña de un modo silencioso y atento, sin llamar de un modo especial nuestra atención. Pero, de vez en cuando, porque lo necesitamos, se hace notar de un modo más o menos descarado. Son momentos o circunstancias en nuestra vida en los que hemos de reaccionar aceptando su voluntad o determinándonos a emprender una tarea que nos sugiere Él mismo. Esos momentos críticos, bien resueltos, dibujan el perfil de una vida cristiana cumplida, realizada, integrada en los planes de Dios. De ahí nacenel bautismo, la decisión de prepararse para el sacerdocio, o para el matrimonio, o para la vida consagrada o para seguir a Cristo de un modo más determinado. También de esos encuentros con Dios puede surgir la aceptación de una enfermedad, o el encaje en una situación nueva no prevista como puede ser la muerte de alguien muy cercano, el desamor de un hijo o una pérdida de fortuna. En esos momentos, que se dan de mil maneras distintas en la vida de toda persona, el Dios que nos ama
nos invita a una nueva conversión, a una nueva purificación, a un ascenso en la vida interior; el Señor que nos busca nos anima a nuevos impulsos en la tarea de ayudar a los demás.

Todas estas consideraciones me las han provocado las palabras del Papa Francisco en su homilía del pasado 28 de junio en Santa Marta.
El Obispo de Roma comentó los encuentros de Dios con Abraham, con Sara, con el Buen Ladrón, con los discípulos de Emaús. Nos ayudó a ver como Dios se toma su tiempo, tiene un ritmo para cada alma, despliega una paciencia infinita más que la mejor de las madres, También nosotros hemos de tener paciencia y perseverar a pesar de las dificultades o de la oscuridad.
El Señor toma su tiempo. Pero también Él, en esta relación con nosotros, tiene tanta paciencia. No sólo nosotros debemos tener paciencia: ¡Él la tiene! ¡Él nos espera! Y nos espera ¡hasta el final de la vida! Pensemos en el buen ladrón, precisamente al final, reconoció a Dios. El Señor camina con nosotros, pero tantas veces no se deja ver, como en el caso de los discípulos de Emaús. El Señor está comprometido en nuestra vida - ¡esto es seguro!– pero tantas veces no lo vemos. Esto nos pide paciencia. Pero el Señor que camina con nosotros, Él también tiene tanta paciencia con nosotros”.

Pienso en muchas crisis matrimoniales que se hubieran resuelto felizmente con un poco de más paciencia y con más confianza en Dios. Han sido crisis mal resueltas por ceder a la tentación de soluciones fáciles, pero engañosas. El ejemplo de Jesús en la Cruz es impresionante y ejemplar. Veamos cómo lo explica el Papa.

Algunas veces en la vida, constató Francisco, “las cosas se vuelven tan oscuras, hay tanta oscuridad, que tenemos ganas - si estamos en dificultad - de bajar de la Cruz”. Y añadió, “es el momento preciso: cuando la noche es más oscura, cuando la aurora está cerca. Y siempre cuando nos bajamos de la Cruz, lo hacemos cinco minutos antes que llegue la liberación, en el momento de la impaciencia más grande”:Jesús, sobre la Cruz, escuchaba que lo desafiaban: ‘¡Baja!, ¡Baja! ¡Ven!’. Paciencia hasta el final, porque Él tiene paciencia con nosotros. Él entra siempre, Él está comprometido con nosotros, pero lo hace a su manera y cuando Él piensa que es mejor. Sólo nos dice aquello que dijo a Abraham: ‘Camina en mi presencia y sé perfecto’, sé irreprensible, es la palabra justa. Camina en mi presencia y trata de ser irreprensible. Éste es el camino con el Señor y Él interviene, pero debemos esperar, esperar el momento, caminando siempre en su presencia y tratando de ser irreprensibles.

Pidamos esta gracia al Señor: caminar siempre en su presencia, tratando de ser irreprensibles.

Jorge Salinas

Ofrecemos la traducción al español del estupendo discurso del Papa Francisco a los jóvenes seminaristas y consagrados, el 6 de julio de 2013 en el Aula Pablo VI

Estupendo discurso del Papa Francisco a los jóvenes seminaristas y consagrados, el 6 de julio de 2013 en el Aula Pablo VI

Ofrecemos la traducción al español del estupendo discurso del Papa Francisco a los jóvenes seminaristas y consagrados, el 6 de julio de 2013 en el Aula Pablo VI
 

¡Buenas tardes!

Preguntaba a mons. Fisichella si entendéis el italiano, y me ha dicho que todos vosotros tenéis la traducción… ya estoy más tranquilo.

Agradezco a mons. Fisichella sus palabras y también le agradezco su trabajo: ha trabajado mucho no solo para hacer esto, sino todo lo que ha realizado para el Año de la Fe ¡Muchas gracias! Mons. Fisichella ha dicho una cosa que yo no sé si es verdad pero la repito: ha dicho que todos vosotros queréis dar la vida a Cristo ¡para siempre! Vosotros ahora aplaudís, hacéis fiesta, porque es el momento de la boda… pero cuando termina la luna de miel ¿Qué sucede? Escuché a un seminarista, un gran seminarista, que decía que él quería servir a Cristo, pero solo diez años, y luego comenzar una nueva vida… ¡Esto es peligroso! Escuchad bien: todos nosotros, incluso nosotros los más viejos, también nosotros, estamos bajo la presión de esta cultura de lo pasajero; y esto es peligroso, porque uno no se juega la vida una vez para siempre. Me caso, pero hasta que se acabe el amor, me hago monja, pero solo para una “temporadilla”, un “poco de tiempo”, después veré; me hago seminarista para ser sacerdote, pero no sé como terminará esta historia. ¡Esto no sirve con Jesús!

No os culpo a vosotros, culpo a esta cultura de lo provisional, que nos golpea a todos, porque no nos hace bien: hacer una elección definitiva hoy es muy difícil. En mis tiempos era más fácil, porque la cultura favorecía una elección definitiva, ya sea para la vida matrimonial, ya sea para la vida consagrada o la vida sacerdotal. Pero en esta época no es fácil hacer una elección definitiva. Nosotros somos víctimas de esta cultura de lo pasajero. Quisiera que pensaseis en esto: ¿Cómo puedo ser libre, como puedo liberarme de esta cultura de lo pasajero? Debemos aprender a cerrar la puerta de nuestra celda interior, desde dentro. Una vez, un sacerdote, gran sacerdote, que no se sentía bueno porque era humilde, se sentía pecador y rezaba mucho a la Virgen, y le decía esto a la Virgen –lo diré en español porque es una poesía muy bella-. Él decía a la Virgen que nunca, nunca se alejaría de Jesús y decía: "Esta tarde, Señora, la promesa es sincera. Por las dudas, no olvide dejar la llave afuera". Pero esto se dice pensando siempre en el amor a la Virgen, se dice a la Virgen. Pero cuando deja la llave siempre fuera, por lo que pueda suceder… ¡No funciona! ¡Debemos aprender a cerrar la puerta desde dentro! Y si no estoy segura, si no estoy seguro, pienso, me tomo el tiempo necesario, y cuando ya estoy seguro, en Jesús, se entiende, porque ¡sin Jesús nadie está seguro! Cuando me siento seguro, cierro la puerta ¿Lo entendéis? ¿Qué es la cultura de lo pasajero?

Cuando entré, miré lo que había escrito. Quería deciros una palabra, y la palabra es alegría. Siempre donde están los consagrados, los seminaristas, las religiosas y los religiosos, los jóvenes, hay alegría ¡Siempre hay alegría! Es la alegría de la frescura, el gozo de seguir a Jesús, la alegría que nos da el Espíritu Santo, no la alegría de este mundo. ¡Hay alegría! ¿Pero de dónde nace? Nace… ¿Sábado por la tarde vuelvo a casa y me iré a bailar con mis antiguos compañeros? ¿De esto nace la alegría? ¿De un seminarista, por ejemplo? ¿No? ¿o sí?

Algunos dirán: el gozo viene de las cosas que se tienen, por tanto de ahí la búsqueda del último modelo de Smartphone, el Scooter más veloz, el coche que destaca… Pero yo os digo, verdaderamente, a mi me hace daño cuando veo a un sacerdote o religiosa con un coche último modelo: ¡Esto no puede ser! ¡No puede ser! Vosotros pensáis: entonces ¿Debemos ir, Padre, con la bicicleta? ¡Es buena la bicicleta! Mons. Alfred va en bici: él va con la bici. Creo que el coche es necesario porque se debe hacer mucho trabajo e ir de un lado a otro.. ¡Pero usad una más humilde! Y si te gusta la cara piensa en los niños que se mueren de hambre. ¡Solo esto! ¡La alegría no viene de las cosas que se tienen!

Otros dicen que viene de las experiencias más extremas para sentir la emoción de las sensaciones más fuertes: a los jóvenes les gusta ir por el filo de la navaja, por placer. Otros se decantan por el vestido de última moda, por la diversión en los locales más en boga –con esto no digo que las monjas vayan a estos sitios, lo digo de los jóvenes en general. Otros piensan que viene del éxito con los chicos o las chicas, pasando de uno a otro o de una a otra. Y esta inseguridad del amor, que no es seguro; es el amor “por probar”. Y así podríamos continuar… También vosotros estáis en contacto con esta realidad que no podéis ignorar.

Nosotros sabemos que todo esto puede apagar algún deseo, crear alguna emoción, pero al final es una alegría que permanece en la superficie, no desciende a lo íntimo, no es un gozo íntimo: es la emoción de un momento que no te hace verdaderamente feliz. La alegría no es la emoción de un momento: ¡es otra cosa!

La verdadera alegría no viene de las cosas, del tener ¡No! Nace del encuentro, de la relación con los demás, nace del sentirse aceptado, comprendidos, amados y del aceptar, del comprender y del amar; y esto no por el interés de un momento, sino porque el otro, la otra es una persona. ¡La alegría nace de la gratuidad de un encuentro! El escuchar: “Tú eres importante para mí”, no necesariamente de palabra. Esto es bello… Y es exactamente lo que Dios nos hace entender. En el llamarnos, Dios nos dice: “Tú eres importante para mí, te quiero mucho, cuento contigo”. Jesús nos dice esto a cada uno de nosotros. ¡De aquí nace la alegría! La alegría del momento en el que Jesús nos ha llamado. Entender y escuchar esto es el secreto de nuestra alegría. Sentirnos amados por Dios, escuchar que para él no somos números, sino personas; y escuchar que es Él el que nos llama. Convertirse en un sacerdote, religioso, religiosa, no es primariamente una elección nuestra. Yo no me fío de aquel seminarista, de aquella novicia que dice: “He elegido este camino”. ¡Esto no me gusta! ‘No está bien! Sino que es la respuesta a una llamada, a una llamada de amor. Escucho algo dentro, que me inquieta y yo respondo que sí. En la oración el Señor nos hace sentir este amor, pero también a través de muchos signos que podemos leer en nuestra vida, en tantas personas que pone en nuestro camino.

Es la alegría del encuentro con él y su llamada nos lleva a no encerrarnos sino a abrirnos: lleva al servicio en la Iglesia. Santo Tomás decía "bonum est diffusivum sui" –no es un latín muy difícil- El bien se difunde. Y también se transmite la alegría. No tengáis miedo de mostrar la alegría de haber respondido a la llamada del Señor, a su elección de amor, y de testificar su Evangelio al servicio de la Iglesia. Y la alegría, la verdadera es contagiosa; contagia… hace ir adelante. Sin embargo, cuando te encuentras con un seminarista demasiado serio, demasiado triste, o con una novicia así, tu piensas: ¡Aquí hay algo que no funciona! Falta la alegría del Señor, la alegría que te lleva al servicio, la alegría del encuentro con Jesús, que te lleva al encuentro con los demás para anunciar a Jesús ¡Falta esto! ¡No hay santidad en la tristeza, no la hay! Santa Teresa –hay tantos españoles que la conocen bien- decía: “¡Un santo triste es un triste santo!” Es poca cosa… Cuando te encuentras un seminarista, un sacerdote, una religiosa con cara larga, triste que parece que sobre su vida han colocado una manta mojada, de estas pesadas… que aplasta… ¡algo no funciona! Pero por favor: nunca religiosas, nunca sacerdotes con la cara “de pepinillos en vinagre”, ¡Nunca!

La alegría que viene de Jesús. Pensad esto: cuando a un sacerdote –digo sacerdote pero también un seminarista- cuando a un sacerdote, una religiosa le falta la alegría, está triste, podéis pensar: ¡Será un problema psiquiátrico! No, es verdad: puede pasar. Sucede, algunos pobres se ponen enfermos… Puede pasar. Pero normalmente no es un problema psicológico. ¿Es un problema de insatisfacción? Eh, sí. ¿Pero donde está el origen de la falta de alegría? Es un problema de celibato. Os explico. Vosotros seminaristas, religiosas, consagrados vuestro amor es un amor a Jesús, un amor grande; el corazón es para Jesús y esto nos lleva a hacer un voto de castidad, el voto del celibato. Pero el voto de castidad y el voto del celibato no termina con el momento del voto, sigue adelante… Un camino que madura, madura hacia la paternidad pastoral, hacia la maternidad pastoral, y cuando un sacerdote no es un padre de su comunidad, cuando una monja no es una madre de todos con los que trabaja, se entristece. Este es el problema. Por esto os digo a vosotros: la raíz de la tristeza e la vida pastoral está exactamente en la falta de paternidad y maternidad que viene del vivir mal esta consagración, que sin embargo nos debe llevar a la fecundidad. No se puede pensar en un sacerdote o una religiosa que no sea fecunda: ¡esto no es católico! ¡Esto no es católico! Esta es la belleza de la consagración: es la alegría, el gozo…

Yo no quisiera avergonzar a esta santa religiosa (Se dirige a una monja anciana de la primera fila), que está en primera fila, pobrecilla, estaba casi sofocada, pero tenía una cara feliz. ¡Me ha hecho bien mirar su rostro, hermana! Quizás usted lleve ya muchos años de vida consagrada, pero tiene unos ojos muy bellos, usted sonreía, no se quejaba de los empujones… Cuando encontréis ejemplos como tantos, tantos y tantas religiosas, tantos sacerdotes que están contentos y que son fecundos, dan vida, vida, vida… ¡Esta vida la dan porque la encuentran a Jesús! ¡En la alegría de Jesús! Alegría no tristeza, fecundidad pastoral.

Para ser testigos gozosos del Evangelio es necesario ser auténticos, coherente. Y esta es otra palabra que quiero deciros: autenticidad. Jesús arremetía contra los hipócritas, los que pensaban por debajo, los que tienen –por decirlo francamente- doble cara. Hablar de autenticidad a los jóvenes no cuesta, porque los jóvenes –todos- tienen este deseo de ser auténticos, de ser coherentes. ¡Y a todos ellos les da asco cuando encuentran en nosotros a sacerdotes que no son auténticos o religiosas que no son auténticas!

Esta es una responsabilidad antes que nada de los adultos, de los formadores. Y a vosotros, formadores, que estáis aquí: dad siempre un ejemplo de coherencia a los más jóvenes. ¿Queremos jóvenes coherentes? ¡Seamos nosotros coherentes! Al contrario, el Señor nos dirá lo que le decía a los fariseos del pueblo de Dios: “Haced lo que dicen, pero ¡no lo que hacen”!¡Coherencia y autenticidad!

Pero también vosotros, por vuestro lado, intentad seguir este camino. Yo digo siempre lo que decía San Francisco de Asís: Cristo nos ha enviado a anunciar el Evangelio también con la palabra. La frase es así: “Anunciad el Evangelio siempre. Y si fuese necesario, con las palabras”. ¿Qué quiere decir esto? Anunciar el Evangelio con la autenticidad de vida, con la coherencia de vida. Pero en este mundo en el que las riquezas hacen tanto mal, es necesario que nosotros los sacerdotes, las religiosas, ¡seamos coherentes con nuestra pobreza! Cuando ves que el primer interés de una institución educativa o parroquial es casi siempre el dinero, no hacen bien ¡no hacen bien! ¡Es una incoherencia! Debemos ser coherentes, auténticos. En este camino, hagamos lo que dice San Francisco; prediquemos el Evangelio con el ejemplo, con las palabras. Pero antes que nada ¡es nuestra vida donde los demás deben leer el Evangelio! Sin temor, con nuestros defectos que intentamos corregir, con nuestros límites que el Señor conoce, pero también con la generosidad en el dejar que Él actúe en nosotros. Los defectos, los límites y –yo añado algo más- con los pecados…Yo quisiera saber una cosa: aquí en el Aula ¿hay alguien que no sea pecador, que no tenga pecados? ¡Qué levante la mano! ¡Qué levante la mano! Nadie, nadie. De aquí al fondo… ¡todos! ¿Pero cómo llevo mi pecado, mis pecados? Quiero aconsejaros esto, tened transparencia con el confesor. Siempre. Decidle todo, no tengáis miedo. “Padre, ¡he pecado!” Pensad en la samaritana, que para probar, para decirle a sus conciudadanos que había encontrado al Mesías, dijo: “Me ha dicho todo lo que he hecho” y todos conocían la vida de esta mujer. Decir siempre la verdad al confesor. Esta transparencia os hará bien, porque nos hace humildes a todos”.

“Pero Padre, me he quedado en esto, he hecho esto, he odiado”… lo que sea. Decir la verdad, sin esconderme, sin media palabra, porque estás hablando con Jesús en la persona del confesor. Y Jesús sabe la verdad ¡Solo Él te perdona siempre! Pero el Señor solo quiere que tú le digas lo que Él ya sabe. ¡Transparencia! Es triste cuando uno se encuentra con un seminarista, con una monja que hoy se confiesa para limpiar la mancha; mañana va con otro, con otro, una peregrinatio a los confesores para esconder su verdad. ¡Transparencia! Es Jesús el que te está escuchando. ¡Tened siempre esta transparencia ante Jesús en el confesionario! ¡Pero esta es una gracia!.Padre he pecado, he hecho esto, esto, esto… con todas las palabras. ¡Y el Señor te abraza, te besa! Ve ¡no peques más! ¿Y si vuelves? Otra vez. Yo esto lo digo por experiencia. He encontrado a muchas personas consagradas que caen en esta trampa hipócrita de la  falta de transparencia. “He hecho esto”, humildemente. Como aquel publicano que estaba al final del templo: “He hecho esto, he hecho esto…” Y el Señor te tapa la boca: ¡es Él el que la tapa! ¡No lo hagas tú! ¿Has entendido? ¡Del propio pecado sobreabunda la gracia! Abrid la puerta a la gracia, con esta transparencia.

Los santos y los maestros de la vida espiritual nos dicen que para ayudar a hacer crecer en autenticidad nuestra vida es muy útil, incluso indispensable, la práctica cotidiana del examen de conciencia. ¿Qué sucede en mi alma? Así abierto, con el Señor, y después con el confesor, con el Padre espiritual. ¡Esto es muy importante! ¿Hasta que hora..? ¿Mons. Fisichella tenemos tiempo?

[Mons. Fisichella: Si Usted habla así, estamos aquí hasta mañana, absolutamente.]

Si él dice que hasta mañana… que os traigan un bocadillo y una Coca-cola a cada uno, si es hasta mañana… al menos….

La coherencia es fundamental para que nuestro testimonio sea creíble. Pero no basta, quiere también una preparación cultural, preparación cultural destaco, para dar razón de la fe y de la esperanza. El contexto en el que vivimos solicita continuamente este “dar razón”, y es una cosa buena, porque nos ayuda a no dar nada por descontado. ¡Hoy no podemos dar nada por descontado! Esta civilización, esta cultura… no podemos. Pero ciertamente es trabajoso, exige una buena formación, equilibrada, que une a todas las dimensiones de la vida, la humana y la espiritual, la dimensión intelectual con la pastoral. En vuestra formación hay cuatro pilares fundamentales: formación espiritual, o sea la vida espiritual; la formación intelectual, este estudiar para “dar razón”; la vida apostólica, comenzar a anunciar el Evangelio; y cuarto, la vida comunitaria. Cuatro. Y para este último es necesario que la formación sea en comunidad en el noviciado, en el priorato, en el seminario… Pienso siempre en esto: es mejor el peor seminario que ningún seminario. ¿Por qué? Porque es necesaria esta vida comunitaria. Recordad estos cuatro pilares: vida espiritual, vida intelectual, vida apostólica y vida comunitaria. Estos cuatro. Sobre estos cuatro debéis edificar vuestra vocación.

Aquí quisiera destacar la importancia, en esta vida comunitaria, de las relaciones de amistad y de fraternidad que forman parte integrante de esta formación. Llegamos aquí a otro problema. Por lo que digo esto: relaciones de amistad y de fraternidad. Muchas veces me he reunido con comunidades, seminaristas, religiosos, o comunidades diocesanas donde las jaculatorias más comunes son las murmuraciones. ¡Es terrible! Se pelan unos a otros… Esto en el mundo clerical, religioso… Disculpadme pero es común: celos, envidias, hablar mal del otro. No solo hablar mal de los superiores, ¡esto es un clásico! Pero yo quiero decir que esto es común, muy común. También yo he caído en esto, muchas veces, ¡muchas veces! ¡Y me avergüenzo! ¡Me avergüenzo de esto! No está bien hacerlo: murmurar contra los demás. “Has escuchado esto… has escuchado esto…” ¡es un infierno esa comunidad! Esto no hace bien. Y por esto es importante la relación de amistad y de fraternidad. Los amigos son pocos. La Biblia dice esto: los amigos: uno, dos… Pero la fraternidad entre todos. Si tengo algo contra una hermana o con un hermano, se lo digo a la cara, o se lo digo a quien puede ayudar, pero no lo digo a los demás para “ensuciarlo”. Y las murmuraciones ¡es terrible! Detrás de los comentarios, están las envidias, los celos, las ambiciones. Pensad en esto. Una vez escuché decir a una persona que, después de los ejercicios espirituales –una persona consagrada, una religiosa.. ¡Esto es bueno! Esta hermana había prometido al Señor que no iba a hablar mal de otra. ¡Este es un bello camino a la santidad! No hablar mal de los demás. “Pero padre, ¡Hay problemas!...: díselo al superior, a la superiora, díselo al obispo, que puede hacer algo para remediarlo. No decirlo a quien no pueden ayudar. Esto es importante: ¡Fraternidad! Pero dime, ¿Tú hablarías mal de tu madre, de tu padre, de tus hermanos? Nunca. Y ¿por qué lo haces en la vida consagrada, en el seminario, en la vida presbiterial? Sólo esto: pensad, pensad… ‘Fraternidad! Este es amor fraterno.

Hay dos extremos: en este aspecto de la amistad y de la fraternidad, hay dos extremos: tanto el aislamiento como la disipación. Una amistad y una fraternidad que me ayude a ni caer en el aislamiento ni en la disipación. Cultivar las amistades, son un bien precioso: deben educaros no en la clausura, pero si a salir de vosotros mismos. Un sacerdote, un religioso, una religiosa no puede estar nunca sola, sino ser una persona siempre disponible para el encuentro. Las amistades después se enriquecen por los diversos carismas de vuestras familias religiosas. Es una riqueza grande. Pensemos en las bellas amistades de tantos santos.
Creo que debo acortar un poco, ¡tenéis mucha paciencia!

[Seminaristas: "Noooo!"]

Quisiera deciros: salid de vosotros mismos para anunciar el Evangelio, pero para hacer esto debéis salir de vosotros mismos para uniros a Jesús. Hay dos salidas: una hacia el encuentro con Jesús, hacia la trascendencia; la otra hacia los demás para anunciar a Jesús. Estas dos van juntas. Si vas solo por una, ¡esto no funciona! Yo pienso en la Madre Teresa de Calcuta. Era muy valiente esta monja… No tenía miedo de nada, iba por las calles… pero esta mujer tampoco tenía miedo de arrodillarse, dos horas, ante el Señor. No tengáis miedo de salir de vosotros mismos en la oración y en la acción pastoral. Sed valientes para rezar y para anunciar el Evangelio.

Yo quisiera una Iglesia misionera, no tan tranquila. Es una Iglesia bella la que camina hacia delante. En estos días han venido muchos misioneros y misioneras en la Misa de la mañana, aquí en Santa Marta, y cuando me saludaban me decía; “Soy una mujer ancuana; hace cuarenta años que estoy en el Chad, o aquí o allá…” ¡Qué belleza! Pero entiendes que esta monja ha pasado muchos años allí porque no ha dejado nunca de encontrarse con Jesús en la oración. Salir de sí mismos, hacia la trascendencia de Jesús en la oración, hacia la trascendencia a los demás en el apostolado, en el trabajo. Dad la contribución por una Iglesia así: fieles al camino que Jesús quiere. No aprendáis de nosotros, de nosotros, que no somos los más jóvenes: no aprendáis de nosotros ese deporte que nosotros, los viejos, practicamos a menudo: ¡el deporte del lamento! No aprendáis de nosotros el culto a la “diosa lamentos”. Sed positivos, cultivad la vida espiritual, y al mismo tiempo, sed capaces de reunir a las personas, especialmente a las más despreciadas y pobres. No tengáis miedo de salir y de caminar a contracorriente. Sed contemplativos y misioneros. Tened siempre a la Virgen con vosotros, rezad el Rosario, por favor… ¡No lo dejéis! Tened siempre a la Virgen con vosotros en vuestra casa, como la tenía el Apóstol Juan. Que ella siempre os acompañe y os proteja. Y rezad también por mí, porque yo necesito las oraciones, porque soy un pobre pecador pero seguimos adelante.

Muchas gracias y nos volveremos a ver mañana. Adelante con alegría, con coherencia, siempre con la valentía de decir la verdad, ese coraje de salir de nosotros mismos para encontrar a Jesús en la oración y salir de nosotros mismos para encontrar a los demás y darles el Evangelio. ¡Con la fecundidad pastoral!

Por favor, no seáis “solterones” y “solteronas”. ¡Adelante!

Ahora, decía mons. Fisichella que ayer habéis recitado el Credo, cada uno en su propia lengua. Como somos todos hermanos, tenemos un mismo Padre. Ahora, cada uno que rece el Padrenuestro en su propia lengua. Rezamos el Padrenuestro.

[Rezo del Padrenuestro]

Y tenemos también una Madre. En nuestra propia lengua digamos el Avemaría.

[Rezo del Avemaría]

El Vaticano recordó a los primeros mártires de la Iglesia, los llamados “proto-mártires”. Murieron en los primeros siglos, cuando el Imperio Romano prohibía profesar la religión cristiana.

El Vaticano recuerda a los protomártires romanos

El Vaticano recordó a los primeros mártires de la Iglesia, los llamados “proto-mártires”. Murieron en los primeros siglos, cuando el Imperio Romano prohibía profesar la religión cristiana.

Algunos de los santos más conocidos murieron mártires en lugares que hoy son muy importantes en la Ciudad Eterna. Es el caso de San Pedro.

REGINALDO LUCIOLI

Banda Oficial del Vaticano

Los proto-mártires son los primerísimos mártires de la Iglesia católica. Aquí tenemos el antiguo jardín de Nerón, donde San Pedro fue crucificado boca abajo por su deseo expreso. También se rinde homenaje a otros mártires que fueron asesinados por los leones en el Coliseo por ejemplo, o en otras situaciones”.

La fiesta de los proto-mártires romanos comenzó con una Misa del cardenal Gianfranco Ravasi. Contó con el Coro de la Diócesis de Roma y representantes de muchas Órdenes y Cofradías. Otro momento importante fue la procesión que atravesó los jardines y las calles de la Ciudad del Vaticano, acompañada por su banda oficial.

“Es muy emocionante que cada año nuestra banda sigue la celebración y pasa por la residencia del Papa. Este año pasó por Santa Marta. Se hizo escuchar haciendo los tres famosos redobles pontificios que es tradicional tocar delante del Papa”.

La procesión recorrió los alrededores de la Basílica de San Pedro. Llegó a los jardines del Vaticano y se detuvo en la iglesia teutónica, justo detrás de la residencia actual del Papa.

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Presentamos una selección de libros cuya lectura recomendamos para este verano.

 

 

LIBROS PARA EL VERANO

 
Presentamos una selección de libros cuya lectura recomendamos para este verano

 

Quo Vadis?
 
ienkiewicz, Henryk
Valdemar Histórica

La novela comienza en el año 63 d.C. en tiempos de Nerón, y en ella seremos testigos del gran incendio de Roma, de las primeras persecuciones a los cristianos y de los grandes festivales del circo romano. Se nos muestra el mundo pagano en todo su esplendor, con unas magníficas recreaciones de los personajes.

Vista previa del libro (en inglés): Google Books

 

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Ben Hur
 
Wallace, Lewis
Edhasa

Esta mítica novela ha conseguido sobrevivir al paso de los años gracias a la fuerza de la historia que narra: la vida de Judá Ben Hur. La intensidad de las escenas, la belleza de los paisajes descritos, así como la gran recreación del lugar que hace Wallace nos lleva a definir esta lectura como una experiencia inolvidable.

Vista previa del libro: Google Books

 

 

FABIOLA
Fabiola
 
Cardenal Wiseman
Homo Legens

Es Fabiola la historia maravillosa de la conversión a la fe cristiana de una joven y bella patricia romana que, asombrada y conmovida, se enfrenta con la nueva religión, por la que los que creen en ella sufren toda clase de tormentos sin desmayos ni claudicaciones, deseosos de ganar la vida eterna.

Maravillada ante ese espectáculo, poco a poco Fabiola se deja ganar por la nueva palabra, renegando de su paganismo y ayudando desde su alta posición social a sus nuevos hermanos en religión. La historia se desarrolla en Roma a principios de siglo IV.

Para leer el libro: Google Books

 

 

El Centurión. Un hombre contra un Imperio

 
Stewart, John
MR Ediciones, 1998

Mientras el corrupto Tiberio permanece en su fortaleza de la isla de Capri, las luchas por la sucesión del trono socavan los cimientos del Imperio. Calígula, astuto pero inexperto, se enfrenta a las trampas tendidas por Sejano, el prefecto de la guardia pretoriana. En medio de las intrigas, Lucio Graco tribuno y el centurión Marco Aurelio son enviados a Judea para restablecer el orden.

 

lechundris<br /><a href=View Raw Image" /> Helena
 
Evelyn Waugh
Edhasa

La emperatriz Helena, madre del emperador  Constantino el Grande, llevó a cabo el histórico peregrinaje a Palestina, encontró la Cruz de Jesús, y construyó un par de iglesias en Belén y Olivet. Sin embargo, lo que interesa a Evelyn Waugh en esta novela es la interioridad del personaje, sus sentimientos, convicciones y pensamientos.

La vida de Helena coincide además con uno de los momentos más críticos de la historia, el reconocimiento del cristianismo como religión de un Imperio romano devastado por la insensatez, la corrupción y las intrigas, y ése es el ambiente que, espléndidamente recreado, sirve a Waugh de perfecto fondo a su colorista retrato de Helena. Aunado una minuciosa recreación de la trayectoria de sus protagonistas con una brillante reflexión sobre las contradicciones de la civilización occidental, Waugh nos ofrece la que sin duda es una de sus obras más sólidas y convincentes.

 

 

Yo soy Catio. El gladiador cristiano
 
Julio César Romano
Palabra

El personaje de Catio, que descubrió el cristianismo como gladiador en medio del coliseo romano, nos muestra cómo fue extendiéndose la semilla de la fe. La semilla del cristianismo puede prender en las almas más insospechadas. El joven Catio lo encontró en las arenas del coliseo, en medio de espadas, cascos, sangre y sudor. Una pequeña cruz, entregada por un condenado, le hizo descubrir un mundo nuevo. A partir de ese momento toda su vida cambió

El corazón del mensaje de Dios es la misericordia: es lo que ha afirmado el Papa Francisco en la Misa en Santa Marta comentando el Evangelio de la llamada de Mateo. Estaba presente un grupo de trabajadores de Gobernación. Ha concelebrado con el Papa el cardenal Jorge Liberato Urosa Savino, arzobispo de Caracas, en el día en el que hoy es fiesta nacional en Venezuela.

“El Señor hace fiesta con los pecadores”: celebran la misericordia de Dios que “Cambia la vida

El corazón del mensaje de Dios es la misericordia: es lo que ha afirmado el Papa Francisco en la Misa en Santa Marta comentando el Evangelio de la llamada de Mateo. Estaba presente ungrupo de trabajadores de Gobernación. Ha concelebrado con el Papa el cardenal Jorge Liberato Urosa Savino, arzobispo de Caracas, en el día en el que hoy es fiesta nacional en Venezuela

“Misericordia quiero que no sacrificios”: el Papa repite las palabras de Jesús a los fariseos que critican al Señor que come con los pecadores. Y los publicanos  -explica- “eran doblemente pecadores, porque estaban pegados al dinero y habían traicionado a la patria” porque recogían los impuestos del pueblo en beneficio de los romanos. Jesús, por tanto, ve a Mateo, el publicano, y lo mira con misericordia.

Y este hombre, sentado en el banco de los impuestos, en un primer momento Jesús lo mira y este hombre siente algo desconocido para él –esa mirada de Jesús sobre él- siente un estupor dentro, siente la invitación de Jesús: ‘¡Sígueme! ¡Sígueme! En ese momento, este hombre se llena de alegría, pero también duda, porque está muy cogido al dinero. Bastó un momento solo –que nosotros conocemos por como supo expresarlo Caravaggio: el hombre que miraba, pero con las manos cogía el dinero- solo un momento en el que Mateo dice que sí, deja todo y se va con el Señor. Es el momento de la misericordia recibida y aceptada: ‘Sí, ¡voy contigo!’. Es el primer momento del encuentro, una experiencia espiritual profunda”.

Después viene un segundo momento: la fiesta”, “el Señor hace fiesta con los pecadores”: celebran la misericordia de Dios que “Cambia la vida”. Después de estos dos momentos, la sorpresa y la fiesta, llega “el trabajo cotidiano”, anunciar el Evangelio.

Este trabajo se debe alimentar con el recuerdo de aquel primer encuentro, de la fiesta. Y esto no es un momento, es un tiempo: hasta el final de la vida. El recuerdo. ¿El recuerdo de qué? ¡De aquellos hechos! ¡De aquel encuentro con Jesús que me ha cambiado la vida! ¡Qué ha tenido misericordia! Qué ha sido tan bueno conmigo y me ha dicho también: ‘¡Invita a tus amigos pecadores, para que celebremos!’. Este recuerdo da fuerzas a Mateo y a todos estos para seguir adelante. ‘El Señor me ha cambiado la vida! ¡Me he encontrado con el Señor! Recordarlo siempre. Es como soplar en las brasas de la memoria, ¿no? Soplar para mantener el fuego, siempre”.

En las parábolas evangélicas se habla del rechazo de muchos de los invitados a la fiesta del Señor. Y Jesús ha ido “a buscar a los pobres, a los enfermos y ha hecho fiesta con ellos”.

“Y Jesús, continuando con esta obra, hace fiesta con los pecadores y les ofrece la gracia. ‘Misericordia quiero que no sacrificios. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores’. ¡Quien se cree justo, que se cocine en su caldo! Él ha venido a por nosotros pecadores, esto es bello. ¡Dejemos que la misericordia de Jesús nos mire, celebremos y recordemos esta salvación!”.

© Radio Vaticana

Presentamos una selección de libros cuya lectura recomendamos para este verano.

 

 

LIBROS PARA EL VERANO

 
Presentamos una selección de libros cuya lectura recomendamos para este verano

 

Quo Vadis?
 
ienkiewicz, Henryk
Valdemar Histórica

La novela comienza en el año 63 d.C. en tiempos de Nerón, y en ella seremos testigos del gran incendio de Roma, de las primeras persecuciones a los cristianos y de los grandes festivales del circo romano. Se nos muestra el mundo pagano en todo su esplendor, con unas magníficas recreaciones de los personajes.

Vista previa del libro (en inglés): Google Books

 

Ben Hur
 
Wallace, Lewis
Edhasa

Esta mítica novela ha conseguido sobrevivir al paso de los años gracias a la fuerza de la historia que narra: la vida de Judá Ben Hur. La intensidad de las escenas, la belleza de los paisajes descritos, así como la gran recreación del lugar que hace Wallace nos lleva a definir esta lectura como una experiencia inolvidable.

Vista previa del libro: Google Books

 

 

Fabiola
 
Cardenal Wiseman
Homo Legens

Es Fabiola la historia maravillosa de la conversión a la fe cristiana de una joven y bella patricia romana que, asombrada y conmovida, se enfrenta con la nueva religión, por la que los que creen en ella sufren toda clase de tormentos sin desmayos ni claudicaciones, deseosos de ganar la vida eterna. Así su prima Inés –más tarde Santa Inés–, así su esclava Syra y tantos de sus amigos.

Maravillada ante ese espectáculo, poco a poco Fabiola se deja ganar por la nueva palabra, renegando de su paganismo y ayudando desde su alta posición social a sus nuevos hermanos en religión, desenvolviéndose la larga trama de sus vicisitudes y momentos de gran peligro en medio del magnífico cuadro histórico que constituyen aquellos críticos días de la Roma de principios de siglo IV, cuando el cristianismo iluminó las catacumbas –de las que Wiseman hace un erudito y apurado estudio– con la luz de la fe y con la sangre derramada por sus miles de mártires, que hoy forman el santoral, que recuerdan y veneran con perenne fervor los fieles católicos.

Para leer el libro: Google Books

 

 

El Centurión. Un hombre contra un Imperio

 
Stewart, John
MR Ediciones, 1998

Mientras el corrupto Tiberio permanece en su fortaleza de la isla de Capri, las luchas por la sucesión del trono socavan los cimientos del Imperio. Calígula, astuto pero inexperto, se enfrenta a las trampas tendidas por Sejano, el prefecto de la guardia pretoriana. En medio de las intrigas, Lucio Graco tribuno y el centurión Marco Aurelio son enviados a Judea para restablecer el orden.

 

Helena
Helena
 
Evelyn Waugh
Edhasa

La emperatriz Helena, madre del emperador  Constantino el Grande, llevó a cabo el histórico peregrinaje a Palestina, encontró la Cruz de Jesús, y construyó un par de iglesias en Belén y Olivet. Sin embargo, lo que interesa a Evelyn Waugh en esta novela es la interioridad del personaje, sus sentimientos, convicciones y pensamientos.

La vida de Helena coincide además con uno de los momentos más críticos de la historia, el reconocimiento del cristianismo como religión de un Imperio romano devastado por la insensatez, la corrupción y las intrigas, y ése es el ambiente que, espléndidamente recreado, sirve a Waugh de perfecto fondo a su colorista retrato de Helena. Aunado una minuciosa recreación de la trayectoria de sus protagonistas con una brillante reflexión sobre las contradicciones de la civilización occidental, Waugh nos ofrece la que sin duda es una de sus obras más sólidas y convincentes.

 

Yo soy Catio. El gladiador cristiano
Yo soy Catio. El gladiador cristiano
 
Julio César Romano
Palabra

El personaje de Catio, que descubrió el cristianismo como gladiador en medio del coliseo romano, nos muestra cómo fue extendiéndose la semilla de la fe. La semilla del cristianismo puede prender en las almas más insospechadas. El joven Catio lo encontró en las arenas del coliseo, en medio de espadas, cascos, sangre y sudor. Una pequeña cruz, entregada por un condenado, le hizo descubrir un mundo nuevo. A partir de ese momento toda su vida cambió

La luz que procede de la fe ilumina toda la existencia humana, y eso es particularmente importante en una época en la que los hombres tienen una especial necesidad de luz. Esa idea es uno de los hilos conductores de la primera encíclica del Papa Francisco, que recoge el borrador preparado por Benedicto XVI antes de su renuncia.

Un pequeña crónicasobre el contenido de "Lumen fidei"

La luz que procede de la fe ilumina toda la existencia humana, y eso es particularmente importante en una época en la que los hombres tienen una especial necesidad de luz. Esa idea es uno de los hilos conductores de la primera encíclica del Papa Francisco, que recoge el borrador preparado por Benedicto XVI antes de su renuncia.

La “Lumen fidei” (La luz de la fe) es una invitación -presentada en un tono propositivo- para que los cristianos miren el mundo “con los ojos de Cristo”. “Es urgente recuperar el carácter luminoso propio de la fe”, afirma el Papa en esta encíclica publicada hoy, con la que se completa la trilogía dedicadas a las virtudes teologales, después de la “Deus charitas est” y la “Spe salvi”, de Benedicto XVI. “Deseo hablar precisamente de esta luz de la fe para que crezca e ilumine el presente, y llegue a convertirse en estrella que muestre el horizonte de nuestro camino en un tiempo en el que el hombre tiene especialmente necesidad de luz”.

La encíclica se publica durante el “Año de la fe” proclamado por Benedicto XVI con ocasión del 50 aniversario de la conclusión del concilio Vaticano II y de los veinte años del Catecismo de la Iglesia católica. El Papa Francisco subraya que “el Vaticano II ha sido un Concilio sobre la fe” que ha mostrado “cómo la fe enriquece la existencia humana en todas sus dimensiones”. El Catecismo, por su parte, “es un instrumento fundamental para aquel acto unitario con el que la Iglesia comunica el contenido completo de la fe, «todo lo que ella es, todo lo que cree»”.

El Papa contempla la fe de Israel, con las figuras de Abraham y Moisés, hasta llegar a la plenitud de la vida cristiana con Jesucristo: “la fe cristiana está centrada en Cristo, es confesar que Jesús es el Señor, y Dios lo ha resucitado de entre los muertos”. La historia de Jesús es la manifestación más plena de que Dios es fiable. “La fe reconoce el amor de Dios manifestado en Jesús como el fundamento sobre el que se asienta la realidad y su destino último”.

Frente a quienes piensan que “Dios sólo se encuentra más allá, en otro nivel de realidad, separado de nuestras relaciones concretas”, los cristianos “confiesan el amor concreto y eficaz de Dios, que obra verdaderamente en la historia y determina su destino final”; amor que se ha “revelado en plenitud en la pasión, muerte y resurrección de Cristo”.

Pero “la fe no sólo mira a Jesús, sino que mira desde el punto de vista de Jesús, con sus ojos: es una participación en su modo de ver”. Una parte de la nueva lógica que inaugura la fe es que “no es algo privado, una concepción individualista, una opinión subjetiva, sino que nace de la escucha y está destinada a pronunciarse y a convertirse en anuncio”.

Un pasaje de la encíclica particularmente actual se refiere a la necesidad de recuperar la conexión de la fe con la verdad. “La fe, sin verdad, no salva, no da seguridad a nuestros pasos. Se queda en una bella fábula, proyección de nuestros deseos de felicidad” o bien se reduce a un “sentimiento hermoso, que consuela y entusiasma, pero dependiendo de los cambios en nuestro estado de ánimo o de la situación de los tiempos, e incapaz de dar continuidad al camino de la vida”.

En el clima cultural actual, se ve con sospecha la verdad que explica la vida personal y social en su conjunto. Se la considera casi como responsable de “los grandes totalitarismos del siglo pasado, una verdad que imponía su propia concepción global”. En el nexo entre religión y verdad estaría, según esa visión, “la raíz del fanatismo”.

A esa inquietud el Papa responde mencionando que es en la interioridad de la persona (en el “corazón”) donde nos abrimos a la verdad y al amor. El problema es que el amor “se concibe hoy como una experiencia que pertenece al mundo de los sentimientos volubles y no a la verdad”. Es ciento, añade el Papa, que el amor tiene que ver con la afectividad, pero para construir una relación duradera con la persona amada. “Sólo en cuanto está fundado en la verdad, el amor puede perdurar en el tiempo, superar la fugacidad del instante y permanecer firme para dar consistencia a un camino en común”.

El Papa da un paso más: “si el amor necesita la verdad, también la verdad tiene necesidad del amor. Amor y verdad no se pueden separar. Sin amor, la verdad se vuelve fría, impersonal, opresiva para la vida concreta de la persona”. Es algo que tiene también consecuencias a la hora de presentar la fe cristiana: “la verdad de un amor no se impone con la violencia, no aplasta a la persona. Naciendo del amor puede llegar al corazón, al centro personal de cada hombre. Se ve claro así que la fe noes intransigente, sino que crece en la convivencia que respeta al otro. El creyente no es arrogante; al contrario, la verdad le hace humilde, sabiendo que, más que poseerla él, es ella la que le abraza y le posee. En lugar de hacernos intolerantes, la seguridad de la fe nos pone en camino y hace posible el testimonio y el diálogo con todos”.

El Papa pone de relieve al mismo tiempo que “la fe necesita un ámbito en el que se pueda testimoniar y comunicar, un ámbito adecuado y proporcionado a lo que se comunica”. Así, “para transmitir un contenido meramente doctrinal, una idea, quizás sería suficiente un libro, o la reproducción de un mensaje oral”. Pero, en realidad, lo que se comunica en la Iglesia, es algo más: la luz nueva que nace del encuentro con el Dios vivo. “Para transmitir esta riqueza hay un medio particular, que pone en juego a toda la persona, cuerpo, espíritu, interioridad y relaciones. Este medio son los sacramentos, celebrados en la liturgia de la Iglesia”.

A lo largo del texto, el Papa Francisco repite varias veces que se trata de mirar la realidad con los ojos de Cristo. “La experiencia del amor nos dice que precisamente en el amor es posible te­ner una visión común, que amando aprendemos a ver la realidad con los ojos del otro, y que eso no nos empobrece, sino que enriquece nuestra mirada. El amor verdadero, a medida del amor divino, exige la verdad y, en la mirada común de la verdad, que es Jesucristo, adquiere firmeza y profundidad”.

La encíclica aborda otras cuestiones, como lo que supone la fe para dar sentido al sufrimiento. “Al hombre que sufre, Dios no le da un razonamiento que explique todo, sino que le responde con una presencia que le acompaña”. Y añade: “en Cristo, Dios mismo ha querido compartir con nosotros este camino y ofrecernos su mirada para darnos luz”.

Trata también del impacto de la fe en la convivencia con los demás, con sus manifestaciones concreta en el ámbito familiar, de respeto a la naturaleza, a buscar modelos de desarrollo que adecuados, a identificar formas de gobierno justas, etc., junto a otros temas de justicia, derecho y paz. La fe ayuda a la cohesión social. “Si hiciésemos desaparecer la fe en Dios de nuestras ciudades, se debilitaría la confianza entre nosotros, pues quedaríamos unidos sólo por el miedo, y la estabilidad estaría comprometida”.

El Papa recuerda que “la fe es una sola”, y que por tanto debe ser confesada en su integridad: “precisamente porque todos los artículos de la fe forman una unidad, negar uno de ellos, aunque sea de los que parecen menos importantes, produce un daño a la totalidad. Cada época puede encontrar algunos puntos de la fe más fáciles o difíciles de aceptar: por eso es importante vigilar para que se transmita todo el depósito de la fe”.

La Iglesia en la prensa

El papa Francisco rezó este domingo el ángelus desde el balcón de su estudio que da a la plaza de San Pedro. Fue después de la misa en la basílica en la jornada de los seminaristas, novicios y novicias, en el marco del Año de la Fe. Además de los miles de peregrinos que estaban en la plaza, también en directa se encontraban los pobladores de Piana Crixia, país natal de la abuela del papa, la 'nonna Rosa'.

En el ángelus Francisco exhorta: 'Alegría y coraje al anunciar el evangelio'

Recordó que la encíclica Lumen Fidei puede ayudarle a quien está buscando la fe

El papa Francisco rezó este domingo el ángelus desde el balcón de su estudio que da a la plaza de San Pedro. Fue después de la misa en la basílica en la jornada de los seminaristas, novicios y novicias, en el marco del Año de la Fe. Además de los miles de peregrinos que estaban en la plaza, también en directa se encontraban los pobladores de Piana Crixia, país natal de la abuela del papa, la 'nonna Rosa'.

CIUDAD DEL VATICANO, 07 de julio de 2013 (Zenit.org)

A continuación las palabras del santo padre: en cursivo están las improvisaciones que no estaban en el texto oficial.

¡Queridos hermanos y hermanas Buen día!

Antes de todo quiero compartir con ustedes la alegría de haber encontrado ayer y hoy un peregrinaje especial del Año de la Fe: el de los seminaristas, novicios y novicias.

Les pido rezar por ellos, de manera que el amor por Cristo madure siempre más en su vida y se vuelvan verdaderos misioneros del Reino de Dios.

El evangelio de este domingo nos habla justamente de esto: del hecho que Jesús no es un misionero aislado, no quiere cumplir solo su misión, pero involucra a sus discípulos. Y hoy vemos que además de los 12 apóstoles, llama a otros 72 y los envía en los pueblos, dos a dos, para anunciar que el Reino de Dios está cerca.

“¡Esto es muy bonito! -exclamó el papa- Jesús no quiere actuar solo, ha venido a traer al mundo el amor de Dios y quiere difundirlo con el estilo de la comunión, con el estilo de la fraternidad. Por esto forma inmediatamente una comunidad de discípulos, que es una comunidad misionera. En seguida los entrena para la misión, a partir.”

Entretanto advierte: “Atención, la finalidad no es la de socializar, pasar el tiempo juntos. No, la finalidad es anunciar el Reino de Dios, ¡y esto es urgente! ¡Y también hoy es urgente!”.

No hay tiempo que perder hablando, no hay que esperar el consentimiento de todos, es necesario partir y anunciarlo. A todos hay que llevar la paz de Cristo y si no la acogen se sigue igual adelante.

A los enfermos hay que llevarles la curación, porque Dios quiere sanar al hombre de todo mal. ¡Cuántos misioneros hay que hacen esto”. Siembran vida, salud y confort a las periferias del mundo.

Qué bonito es esto, no vivirpara sí mismo, no vivir para si misma, pero vivir para ir a hacer el bien. Hay tantos jóvenes hoy aquí en la plaza. Piensen a esto y pregúntense: ¿Jesús me llama para salir de mi mismo para ir a hacer el bien? A ustedes jóvenes, a ustedes, muchachos y muchachas, les pregunto, ¿tienen ustedes el coraje para esto, el coraje para escuchar la voz de Jesús? Es bello ser misioneros. Pero ustedes son buenos y me gusta esto.

Estos 72 discípulos que Jesús manda adelante ¿Quiénes son? ¿A quién representan? Si los doce son apóstoles y por lo tanto representan también a los obispos, sus sucesores, estos 72 pueden representar a los otros ministros que han sido ordenados, presbíteros, diáconos. Pero en un sentido más amplio podemos pensar a los otros ministros de la Iglesia, a los catequistas, a los fieles laicos que se empeñan en las misiones parroquiales, a quien trabaja con los enfermos, con las diversas formas de malestar y de marginación. Pero siempre como misioneros del evangelio, con la urgencia del Reino que está cerca.

Todos deben ser misioneros, todos pueden sentir ese llamado de Jesús, e ir adelante para anunciar el Reino.

Dice el evangelio que estos 72 volvieron de su misión llenos de alegría, porque habían sentido la potencia del Nombre de Cristo contra el mal. Jesús lo confirma: a estos discípulos Él le da la fuerza de derrotar al maligno.

Y añade: “No se alegren porque los demonios se someten a ustedes, sino más bien porque sus nombres están escritos en los cielos”.

No debemos jactarnos como si fuéramos nosotros los protagonistas: protagonistaes uno sóloes el Señor y su gracia,Él es el único protagonista.Y nuestra alegría es solamente esta: ser sus discípulos, sus amigos. Que la Virgen nos ayude a se buenos operarios del evangelio.

Queridos amigos, la alegría, no tengan miedo de tener la alegría, no tengan miedo de esa alegría, esa alegría que nos da el Señor cuando lo dejamos entrar en nuestra vida y que nos invite a todos nosotros a ir a las periferias de la vida a anunciar el evangelio. No tengan miedo de esa alegría, alegría y coraje”.

Después de rezar la oración del ángelus el papa dirigió otras palabras:

Queridos hermanos y hermanas, como ustedes saben hace dos días fue publicada la carta encíclica sobre el tema de la fe, con el título Lumen Fidei, la luz de la fe.

Por el Año de la Fe, el papa Benedicto XVI había iniciado esta encíclica, que es continuación de las de la caridad y la esperanza. Hé recogidoeste lindo trabajoy lo he llevado a término. Lo ofrezco con alegría a todo el pueblo de Dios. Todos, de hecho hoy necesitamos de ir a lo esencial de la fe cristiana, de profundizarla y de compararla con las problemáticas actuales.

Y pienso que esta encíclica al menos en algunas partes pueda ser útil también a quien está buscando a Dios y el sentido de su vida. La pongo en las manos de María, ejémplo perfecta de la fe, para que puede llevar esos frutos que el Señor quiere.

Les dirijo mis cordiales saludos a todos ustedes,queridos fieles de Roma yperegrinos. En particular a los jóvenes de la diócesis de Roma que se preparan a partir hacia Río de Janeiro para la Jornada Mundial de la Juventud. Queridos jóvenes, ¡también yo me estoy preparando!”. Caminemos juntos hacia estas gran fiesta de fe. La Virgen nos acompañey nos encontraremos allá abajo.

Saludo también a las monjas Rosminianas y a las Franciscanas Angelinas, que están realizando sus capítulos generales; y a los responsables de la Comunidad de San Egidio que han venido desde diversos países para un curso de formación. ¡Les deseo un buen domingo!¡Y buen provecho! ¡Hasta la vista!

Primeros Cristianos en otros idiomas
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