Ser cristiano es una llamada de amor, una llamada a ser hijos de Dios. Es lo que ha señalado el papa Francisco este martes durante la misa diaria celebrada en la Casa Santa Marta. Nos ha recordado que la certeza del cristiano es que Dios nunca nos deja solos y nos invita a seguir adelante, incluso en medio de los problemas.
Según informa Radio Vaticana, la misa, concelebrada por los cardenales Camillo Ruini, presidente del Comité Científico de la Fundación Joseph Ratzinger y Robert Sarah, presidente del Pontificio Consejo “Cor Unum”, así como por monseñor Ignacio Carrasco de Paula, presidente de la Academia Pontificia por la Vida, contó con la presencia de un grupo de empleados de ambos dicasterios y de un grupo de colaboradores del Observatorio Vaticano, acompañados por el director, José Gabriel Funes.
El santo padre centró su homilía en la primera lectura, tomada del libro del Génesis, que habla de la discusión entre Abraham y Lot por la división de la tierra. "Cuando leo esto --dijo-- pienso en el Medio Oriente y le pido tanto al Señor que nos dé a todos la sabiduría, esta sabiduría de no a pelear, ‘yo estoy aquí y tú allí'".
Abraham, observó el papa "había dejado su tierra para ir, no sabía dónde, pero donde el Señor le dijera". Sigue caminando, entonces, porque cree en la Palabra de Dios, que "lo había invitado a salir de su tierra". Este hombre, quizá nonagenario, mira la tierra que le indica el Señor y cree:
"Abraham parte de su tierra con una promesa: todo su viaje es ir hacia esta promesa. Y su recorrido es también un modelo de nuestro viaje. Dios llama a Abraham, a una persona, y de esa persona hace un pueblo. Si vamos al libro del Génesis, al principio, a la Creación, vemos que Dios crea las estrellas, crea las plantas, los animales, los crea, crea, crea...Pero crea al hombre en singular, uno. Dios siempre nos habla en singular a nosotros, porque nos ha creado a su imagen y semejanza. Y Dios habla en singular. Habló a Abraham y le dio una promesa y lo invitó a salir de su tierra. Como cristianos, estamos llamados en lo singular: ¡ninguno de nosotros es cristiano por pura casualidad! ¡Nadie!".
Hay una llamada "por el nombre, con una promesa", dijo el papa:"¡Adelante, yo estoy contigo! Camino a tu lado". Y esto, dijo, lo conocía Jesús: "Incluso en las momentos más difíciles se dirige al Padre":
"Dios nos acompaña, Dios nos llama por nuestro nombre, Dios nos promete una descendencia. Y esta es un poco la seguridad del cristiano. ¡No es una casualidad, es una llamada! Una llamada que nos hace seguir adelante. Ser cristiano es un llamado de amor, de amistad; una llamada a convertirse en hijo de Dios, hermano de Jesús; a ser fecundo en la transmisión de esta llamada a los demás, a ser instrumentos de esta llamada. Hay tantos problemas, hay momentos difíciles: ¡Jesús ha pasado por tantos! Pero siempre con esa confianza: "El Señor me ha llamado. El Señor es como yo. El Señor me ha prometido".
Dios, reiteró el papa, "es fiel, pues Él nunca puede renegar de sí mismo: Él es la lealtad". Y pensando en esta pasaje donde Abraham "es ungido como padre, por primera vez, padre de los pueblos, pensamos también en nosotros que hemos sido ungidos en el Bautismo, y pensamos en nuestra vida cristiana":
"... Alguien dirá: ‘Padre, soy un pecador’... Pero todos lo somos. Esto se sabe. El asunto es: pecadores, seguir adelante con el Señor, seguir adelante con la promesa que nos ha hecho, con aquella promesa de fecundidad y decirle a los demás, contarle a los demás que el Señor está con nosotros, que el Señor nos ha escogido y que Él no nos deja solos, ¡nunca! La certeza del cristiano nos hará bien. Quiera el Señor darnos, a todos nosotros, este deseo de ir hacia adelante, como lo tuvo Abraham, en medio de los problemas; pero seguir adelante con la confianza de que Él es el que me llamó, que me prometió tantas cosas bellas, ¡está conmigo!".
¿Alguna vez se ha preguntado si Jesús tuvo hermanos, por qué le condenaron a muerte o cuál es la diferencia entre evangelios canónicos y apócrifos? Todas estos interrogantes encontrarán respuesta en un libro gratuito que está entre los más descargados de iTunes. Se titula '50 preguntas sobre Jesús'.
1- ¿Qué fueron los milagros de Jesús?
2- ¿Por qué condenaron a Jesús?
4- ¿Qué relación hubo entre Jesús y María Magdalena?
5- ¿Qué relación hubo entre Pedro y María Magdalena?
6- ¿Qué ocurrió en la última cena?
7- ¿Jesús fue un revolucionario?
9- ¿Jesús era soltero o estuvo casado?
10- ¿Hay documentos históricos sobre Jesús fuera de la Biblia?
11- ¿En qué idioma hablaba Jesús?
12- ¿Jesús fundó fundo una Iglesia?
16- ¿Qué sucedió en el Concilio de Nicea?
17- Fariseos, saduceos, esenios, celotes ¿Quiénes eran?
18- ¿Qué relación tuvo Jesús con Roma?
19- ¿Qué actitud mostraba Jesús ante las prácticas de penitencia de su época?
20- ¿Quién fue José de Arimatea?
21- ¿Qué actitud mostraba Jesús ante las prácticas de penitencia de su época?
22- ¿Qué fue el Edicto de Milán?
23- ¿Cuál es el estado de la investigación sobre Jesús?
24- ¿Qué es el Evangelio de Judas?
25- ¿De qué trata el Evangelio de María Magdalena?
26- ¿Quién fue María Magdalena?
28- ¿Qué se sabe realmente de Jesús?
32- ¿Qué diferencias hay entre evangelios apócrifos y evangelios canónicos?
33- ¿Qué fue la estrella de Belén?
34- ¿Fue un hecho histórico la matanza de los inocentes?
35- ¿Qué es la biblioteca de Nag Hammadi?
36- ¿Cuáles y cuántos son los evangelios canónicos y los apócrifos?
37- ¿Quiénes eran los apóstoles?
38- ¿Era normal que Jesús estuviera rodeado de tantas mujeres?
39- ¿Qué quiere decir "la Virginidad" de María?
40- ¿Qué es el evangelio de Felipe?
41- ¿Qué influencia tuvo San Juan Bautista sobre Jesús?
42- ¿Jesús nació en Belén o en Nazaret?
43- ¿Qué aportan los manuscritos del Qumram?
44- ¿Estuvo casado San José por segunda vez?
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Fue publicado hace 6 años y ya ha sido descargado 4 millones de veces. Dentro de su categoría, alcanzó el número uno en descargas y desde entonces nunca ha bajado de los 10 más demandados en la sección Cristianismo.
En el libro, teólogos e historiadores de la Universidad de Navarra (España), recopilan y responden a 50 preguntas sobre Jesús de Nazaret. Como se dirige al gran público, también afrontan las cuestiones más controvertidas. Un recurso imprescindible para el Año de la Fe.
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El Papa se reunió el pasado Jueves en el Vaticano con los Patriarcas de Alejandría de los Coptos y de Babilonia de los Caldeos, además de los representantes pontificios en la Tierra Santa y en Siria, el Obispo auxiliar del Patriarca de Jerusalén y el Custodio de la Tierra Santa. Francisco recordó que «a nosotros, los creyentes, junto con la solidaridad concreta, se nos pide la oración constante y confiada para que el Señor conceda la deseada paz» a los territorios devastados por la violencia.
«Quisiera desde lo más profundo de mi corazón lanzar un llamamiento a los responsables de los pueblos y de los organismos internacionales, a los creyentes de todas las religiones y a los hombres y mujeres de buena voluntad –concluyó– para que se ponga fin a cualquier dolor, violencia, discriminación religiosa, cultural y social».
El Papa además pidió no olvidar a los «prófugos y a los refugiados» y «hacer todo lo posible para aliviar las graves necesidades de las poblaciones afectadas, en particular de las poblaciones sirias, como de los prófugos y de los refugiados cada vez más numerosos». Papa Francisco lanzó su llamado durante la audiencia a los que participaron en la asamblea de la Reunión de las obras de ayuda para las Iglesias orientales (Roaco).
Para orar al Dios cristiano no son necesarias muchas palabras, es suficiente «padre» que es una palabra «fuerte» y que no debe atemorizarnos. Para orar al Padre, es necesario tener los corazones en paz con nuestros hermanos: «Padre nuestro» quiere decir que no somos hijos únicos. La oración no es ni «magia» ni invocación de «un Dios cósmico».
Lo dijo el Papa durante la homilía de la Misa matutina en la Capilla de la Casa Santa Marta, en la que participaron algunos colaboradores de la Congregación para la educación católica, según indicó la Radio Vaticana. «Nosotros creemos –recordó– en un Dios cercanísimo a nosotros», no en un «Dios cósmico». Jesús, indicó, nos da inmediatamente un consejo en la oración: «no desperdiciar palabras, no hacer ruido», «el ruido de la mundanidad, los ruidos de la vanidad».
Hay algunos, prosiguió, que me dicen que cuando van con un «brujo» les dice muchas palabras para curarlos. Pero eso «es pagano». Nosotros, nos enseña Jesús, «no debemos ir con muchas palabras hacia Él», porque «Él sabe todo».
Orar al «dios cósmico», observó el Papa, es una «modalidad politeísta que lelga con esta cultura “light”; ¡Tú debes orar al Padre! Es una palabra fuerte, “Padre”. Tú debes orar a aquel que te generó, que te dio la vida, a ti. No a todos: a todos es demasiado anónimo. A ti. A mí. Y también a aquel que te acompaña en tu camino: conoce toda tu vida. Todo: lo que es bueno y lo que no es tan bueno. Conoce todo. Si no comenzamos la oración con esta palabra, no dicha con los labios, sino dicha con el corazón, no podemos orar en cristiano».
“El que pierda la propia vida por mi causa, la salvará” fue el versículo del evangelio elegido por el Obispo de Roma, para su reflexión previa a la oración mariana del Ángelus con la multitud de peregrinos en la plaza del Santuario de San Pedro en Roma.
Según el Papa Francisco estas son de las palabras más incisivas de Jesús, una síntesis de su mensaje, expresan una paradoja muy eficaz, que nos hace conocer el modo de hablar de Jesús y hasta escuchar su propia voz.
Pero ¿qué significa perder la vida por causa de Jesús?, se preguntó, para explicar que se trata de la defensa de la fe y de la verdad, como lo hicieron y hacen los mártires de ayer y de hoy: “hombres y mujeres que son apresados y asesinados por el sólo motivo de ser cristianos… Pero también dijo está el martirio cotidiano que no comporta la muerte, pero sí “perder la vida” por Cristo, cumpliendo el propio deber con amor, según la lógica de Jesús, según la lógica de la donación y el sacrificio”.
¡Cuántos papás y mamás, sacerdotes, consagrados y consagradas, jóvenes, renuncian a sus propios intereses para dedicarse a los niños, los discapacitados, los ancianos… y tantas personas, cristianos y no cristianos que “pierden la propia vida” por la verdad!, ponderó Francisco.
Poniendo como ejemplo a San Juan Bautista, que se celebra el 24 de junio, “que ha dado la vida por la verdad” el Vicario de Cristo afirmó: “¡Cuántas personas pagan a caro precio su empeño por la verdad! ¡Cuántos hombres rectos prefieren ir contra corriente, con tal de no renegar la voz de la conciencia, la voz de la verdad!”.
Finalmente, considerando que María Santísima perdió su vida por Jesús, hasta la Cruz, y la recibió en plenitud con toda la luz y la belleza de la Resurrección, invitó a todos a rogar su ayuda.
Texto completo:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En el Evangelio de este domingo resuena una de las palabras más incisivas de Jesús: “Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará” (Lc 9, 24).
Aquí hay una síntesis del mensaje de Cristo, y está expresada con una paradoja muy eficaz, que nos hace conocer su modo de hablar, casi nos hace sentir su voz…
Pero, ¿qué significa “perder la vida por causa de Jesús”? Esto puede suceder de dos maneras explícitamente confesando la fe, o implícitamente defendiendo la verdad. Los mártires son el máximo ejemplo del perder la vida por Cristo. En dos mil años son una fila inmensa de hombres y mujeres que han sacrificado su vida por permanecer fieles a Jesucristo y a su Evangelio. Y hoy, en muchas partes del mundo son tantos, tantos, más que en los primeros siglos, tantos mártires que dan su vida por Cristo. Que son llevados a la muerte por no renegar a Jesucristo. Esta es nuestra Iglesia, hoy tenemos más mártires que en los primeros siglos. Pero también está el martirio cotidiano, que no comporta la muerte pero que también es un “perder la vida” por Cristo, cumpliendo el propio deber con amor, según la lógica de Jesús, la lógica de la donación, del sacrificio. Pensemos: ¡cuántos papás y mamás cada día ponen en práctica su fe ofreciendo concretamente su propia vida por el bien de la familia! Pensemos en esto. ¡Cuántos sacerdotes, religiosos y religiosas desarrollan con generosidad su servicio por el Reino de Dios! ¡Cuántos jóvenes renuncian a sus propios intereses para dedicarse a los niños, a los minusválidos, a los ancianos…! ¡También estos son mártires, mártires cotidianos, mártires de la cotidianidad!
Y después hay tantas personas, cristianos y no cristianos, que “pierden su propia vida” por la verdad. Y Cristo ha dicho “yo soy la verdad”, por tanto, quien sirve a la verdad sirve a Cristo.
Una de estas personas, que ha dado su vida por la verdad es Juan el Bautista: precisamente mañana, 24 de junio, es su fiestagrande, la solemnidad de su nacimiento. Juan fue elegido por Dios para ir delante de Jesús a preparar su camino, y lo indicó al pueblo de Israel como el Mesías, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Cfr. Jn 1, 29). Juan se consagró completamente a Dios y a su enviado, Jesús. Pero al final, ¿qué sucedió?, murió por causa de la verdad, cuando denunció el adulterio del rey Herodes y de Herodías. ¡Cuántas personas pagan a caro precio el compromiso por la verdad! ¡Cuántos hombres rectos prefieren ir contracorriente, con tal de no renegar la voz de la conciencia, la voz de la verdad! Personas rectas que no tienen miedo de ir contracorriente, y nosotros no debemos tener miedo. Entre ustedes hay tantos jóvenes. Pero a ustedes jóvenes les digo no tengan miedo de ir contracorriente. Cuando te quieren robar la esperanza, cuando te proponen estos valores que son valores descompuestos, valores como la comida descompuesta, cuando un alimento está mal nos hace mal. Estos valores nos hacen mal por eso debemos ir contracorriente. Y ustedes jóvenes son los primeros que deben ir contracorriente. Y tener esta dignidad de ir precisamente contracorriente. ¡Adelante, sean valientes y vayan contracorriente! Y estén orgullosos de hacerlo.
Queridos amigos, recibamos con alegría esta palabra de Jesús. Es una regla de vida propuesta a todos. Y que san Juan Bautista nos ayude a ponerla en práctica.
Por este camino nos precede, como siempre, nuestra Madre, María Santísima: ella perdió su vida por Jesús, hasta la Cruz, y la recibió en plenitud, con toda la luz y la belleza de la Resurrección. Que María nos ayude a hacer cada vez más nuestra la lógica del Evangelio.
Después del ángelus, el Papa dijo:
Y recuerden bien: no tengan miedo de ir contracorriente, sean valientes y así como nosotros no queremos comer una comida que se ha descompuesto no llevemos con nosotros estos valores que están descompuestos y que arruinan la vida y quitan la esperanza. ¡Adelante!
Los saludo con afecto; a las familias, a los grupos parroquiales, a las asociaciones, a las escuelas.
Saludo a los alumnos del Liceo diocesano de Vipàva en Eslovenia; a la comunidad polaca de Ascoli Piceno; a la UNITALSI de Ischia de Castro; a los chicos del Oratorio de Urgnano, veo aquí su bandera, ¡muy bien, ustedes son muy buenos!; a los fieles de Pordenone; a las religiosas y operadores del Hospital “Miulli” de Acquaviva delle Fonti y un grupo de delegados sindicales del Véneto.
¡Les deseo a todos un feliz domingo! Recen por mí. ¡Buen almuerzo!
Publicamos el articulo de Rafael Navarro-Valls que escribe en El Mundo, en el que hace un análisis de lo que lleva de Pontificado el Papa Francisco. En él habla de la reforma ya comenzada por el Papa de la Curia, y de lo que ya se conoze como "Efecto Francisco", debido a su cercanía y sencillez.
Se cumplen 100 días del Pontificado del Papa Francisco. Sin embargo, no nos engañemos. En realidad, ese lapso de tiempo se refiere al que corre desde el regreso de Napoleón Bonaparte de su exilio en la isla de Elba (marzo de 1815), hasta su derrota en el campo de Waterloo y la nueva Restauración de Luis XVIII, en junio de ese año. Muy posteriormente, la expresión “cien días” se popularizó políticamente para indicar el periodo de gracia concedido a un nuevo gobernante, sobre todo al presidente de los Estados Unidos de América.
Si recuerdo estos datos, es para anotar que ni por su origen ni por su duración estos “cien días” han de ser especialmente significativos de ese centro de poder espiritual que es el Papado. Lo cual no significa que estos tres meses no sean un punto de referencia convencional que permite analizar -siguiendo el uso mediático- los primeros pasos por la Historia del Papa Bergoglio.
Por poner un ejemplo, en estos días el cristianismo ha dejado de tener un solo estilo expresivo formal, no sustancial. Quiero decir, que ese modo de expresión que era el barroco y que se creía definitivo, -como si Bernini y Miguel Angel fueran los auténticos intérpretes de Jesús de Nazaret- se difumina. Y ni siquiera han sido necesarios 100 días.
Han bastado unos gestos para modificar protocolos consolidados. El Papa que sigue viviendo en una habitación cercana a la que ocupaba cuando fue elegido; que no ha calzado los zapatos rojos popularizados por los Papas del Renacimiento; que no ha usado una sola vez la esclavina roja que el protocolo imponía para los actos solemnes o la recepción de credenciales de embajadores; que come en el comedor común de la Casa Santa Marta; y que no ha usado una sola vez el coche de matrícula SCV1, el Mercedes blindado tradicional del Vaticano... Todo eso tiene tal impacto inmediato en la estructura curial, que resulta más eficaz que 100 decretos o llamadas a la sobriedad. Es el llamado efecto Francisco.
Contra lo que se cree, ya ha comenzado la reforma de la Curia. No habrá que esperar a los estudios que elabore en octubre la Comisión de Cardenales nombrada al efecto. El nuevo estilo marca un modo de hacer que está removiendo la estructura burocrática vaticana desde sus cimientos. Naturalmente, faltan los nombramientos clave: secretario de Estado, prefectos de congregaciones, etc., pero después de unos meses bombardeando con el ejemplo -los famosos 100 días-, todo será más fácil. El menú ha sido ya servido...
En mi opinión, a diferencia de lo que el lobby mediático casi unánimemente proclama, no es la reforma de la Curia lo prioritario para el Papa Francisco, como si en ella se concentraran los males del universo entero.
La Curia ha sobrevivido -como estructura necesaria que es- a mil reformas, desde su consolidación en 1588 por el Papa Sixto V hasta la actual configuración de Juan Pablo II que data de 1988, y sus reglamentos de 1992/1999. La nueva reformaque se adivina cambiará las estructuras, pero no los corazones.
Esta es la gran batalla -los corazones- que quiere ganar el Papa Francisco y cuyas huellas se adivinan ya en estos 100 días.

Basten dos ejemplos: fustiga el “carrierismo” como auténtica lepra de algunos clérigos e interroga continuamente a los laicos que le escuchan acerca del deber de cambiar el mundo con el ejemplo y la palabra. Lo primero permite adivinar un Papa anticlerical, es decir, como se ha observado, “un Papa contrario al clericalismo”. Un Papa que abomina de los aires enrarecidos que emanan de ciertos clérigos obsesionados por el poder. Que en estos 100 días, por activa y por pasiva, ha vuelto a decir que prefiere una “Iglesia accidentada a una enferma”. Que anima a dejar las posiciones tranquilas de retaguardia y arriesgarse por “la periferia”: “Ser los primeros en movernos hacia los otros, sobre todo a los que están más lejos”. A los laicos los exhorta a meterse en “la gran política”, aquella que nace de los mandamientos y del evangelio. “Denunciar atropellos de derechos humanos, situaciones de explotación o exclusión, carencias en la educación o en la alimentación, no es hacer partidismo”, dice.
Vittorio Messori, un vaticanista incisivo e inteligente que suele publicar en el diario italiano Corriere della Sera, acaba de llamar la atención sobre un hecho poco frecuente. Durante estos 100 días, se observa una suerte de “luna de miel” con el Papa Francisco de parte de ambientes habitualmente hostiles o al menos distantes con la Iglesia romana. Como si el nuevo Papa fuera una especie de “revolucionario”, un “guerrillero”, que considerara la Historia como una alternativa entre el todo y la nada, en la cual un brusco giro llevaría a un nuevo cielo y una nueva tierra. Alguien al que hay que convencer de que solamente la revolución puede perfeccionar la Iglesia, de que es imposible mejorarla gradualmente. Los mismos que amenazan con el grito de indignez-vous si no ven realizadas sus utopías, y que probablemente cambiarían los actuales hosannas por futuros crucifícale, si vieran defraudadas sus esperanzas.
No parece que sea ése el camino emprendido por el Papa “venido del fin del mundo”. El tránsito del obispo Jorge Bergoglio al Papa Francisco no ha cambiado la identidad del nuevo obispo de Roma. No conviene olvidar que tres días antes de partir para el cónclave, había dicho que el futuro Papa “ante todo ha de ser un hombre de oración. Luego, debe estar profundamente convencido de que Jesús es el Señor de la Historia. En fin, debe ser un buen obispo, capaz de comprender, y de crear comunión con todos”.
El nombre del santo de Asís que ha escogido evoca alguien heroico en su pobreza, pero obediente a la jerarquía, con veneración al Papado y con horror a la herejía. Probablemente por eso hace dos días ha dejado claro que las cuestiones “no negociables” de las que hablaba su antecesor siguen siéndolo. Por un lado, ha defendido la “sacralidad de la vida humana”. Por otro, acaba de reunirse con una delegación de senadores y diputados franceses diciéndoles que no duden en “derogar” las leyes, si es necesario, para “proporcionar una calidad vital que eleve y ennoblezca a la persona”. Una clara referencia a normas sobre el matrimonio y la familia que no son estrictamente concordes con la visión cristiana.
EL ‘EFECTO FRANCISCO’ ha tenido un impacto muy positivo en el ecumenismo. Sucesivamente anglicanos, evangélicos y hebreos han mostrado un interés poco común con los mensajes pontificios. Sorprende, por ejemplo, que el pastor Timothy George, en ChristianityToday, el principal órgano de prensa evangélico de lengua inglesa, fundado por Billy Graham, acabe de publicar una artículo sumamente elogioso (Our Francis, too),en el que se alaba el ejemplo de sencillez y austeridad del Papa Francisco.
Si se piensa que el tradicional anticatolicismo evangélico en Estados Unidos sigue latente, este cambio de rumbo puede marcar las relaciones entre evangélicos y católicos. Algo similar ha sucedido con la reciente visita al Vaticano del arzobispo de Canterbury y primado de la Iglesia anglicana, Justin Welby. El clima era de inusual cordialidad y coincidencia, sobre todo en dos temas: la promoción de los valores cristianos y la justicia social “que quiere dar voz a los más pobres”.
En fin, los que pronosticaban un difícil duopolio, un singular condominio en los estrechos límites de la Ciudad del Vaticano entre un Papa en ejercicio y otro emérito, no han acertado para nada en sus cábalas. La exquisita cordialidad entre Bergoglio y Ratzinger así como la exacta comprensión de sus respectivas posiciones han propiciado unas entrevistas llenas de calor y eficacia.
Cien días no son nada en la vida de los pueblos, y menos en una institución que superpone el tempo espiritual al cronológico, pero proporciona muchas pistas.
A partir de ahora en todas las Misas de rito latino, el más extendido de la Iglesia católica, se invocará a San José justo después de la referencia que ahora se hace a la Virgen María.
La Congregación para el Culto Divino ha aprobado estos cambios en los texto de la Misa. Desde hace tiempo se estaba estudiando la modificación con el beneplácito de Benedicto XVI y ahora el Papa Francisco la ha refrendado.
Hasta ahora sólo se hacía referencia a San José en el denominado Canon Romano, gracias a introducción que aprobó el beato Juan XXIII durante el Concilio Vaticano II.
Por el momento el Vaticano ha publicado oficialmente el texto que se debe incluir en latín tras la referencia a la Virgen María: 'cum beáto Ioseph, eius Sponso,' (que significa: con San José, su esposo) pero en breve se facilitará una traducción oficial en las diferentes lenguas. Como el cambio es sencillo permite a los sacerdotes incorporar esta modificación de forma inmediata.
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II:
con María,
la Virgen Madre de Dios,
su esposo san José,
los apóstoles y…
III:
con María,
la Virgen Madre de Dios,
su esposo san José,
los apóstoles y los mártires…
IV:
con María,
la Vigen Madre de Dios,
con su esposo san José,
con los apóstoles y los santos…
En el paterno cuidado de Jesús, que San José de Nazaret desempeñó, colocado como cabeza de la Familia del Señor, respondió generosamente a la gracia, cumpliendo la misión recibida en la economía de la salvación y, uniéndose plenamente a los comienzos de los misterios de la salvación humana, se ha convertido en modelo ejemplar de la entrega humilde llevada a la perfección en la vida cristiana, y testimonio de las virtudes corrientes, sencillas y humanas, necesarias para que los hombres sean honestos y verdaderos seguidores de Cristo. Este hombre Justo, que ha cuidado amorosamente de la Madre de Dios y se ha dedicado con alegría a la educación de Jesucristo, se ha convertido en el custodio del tesoro más precioso de Dios Padre, y ha sido constantemente venerado por el pueblo de Dios, a lo largo de los siglos, como protector del cuerpo místico, que es la Iglesia.
En la Iglesia católica, los fieles han manifestado siempre una devoción ininterrumpida hacia San José y han honrado de manera constante y solemne la memoria del castísimo Esposo de la Madre de Dios, Patrono celestial de toda la Iglesia, hasta tal punto que el ya Beato Juan XXIII, durante el Sagrado Concilio Ecuménico Vaticano II, decretó que se añadiera su nombre en el antiquísimo Canon Romano.
El Sumo Pontífice Benedicto XVI ha querido acoger y aprobar benévolamente los piadosos deseos que han llegado desde muchos lugares y que ahora, el Sumo Pontífice FRANCISCO ha confirmado, considerando la plenitud de la comunión de los santos que, habiendo peregrinado un tiempo a nuestro lado, en el mundo, nos conducen a Cristo y nos unen a Él.
Por lo tanto, teniendo en cuenta todo esto, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en virtud de las facultades concedidas por el Sumo Pontífice Francisco, gustosamente decreta que el nombre de San José, Esposo de la Bienaventurada Virgen María, se añada de ahora en adelante en las Plegarias Eucarísticas II, III y IV de la tercera edición típica del Misal Romano, colocándose después del nombre de la Bienaventurada Virgen María, como sigue:
- en la Plegaria eucarística II: «ut cum beáta Dei Genetríce Vírgine María, beáto Ioseph, eius Sponso, cum beátis Apóstolis»;
- en la Plegaria eucarística III: «cum beatíssima Vírgine, Dei Genetríce, María, cum beáto Ioseph, eius Sponso, cum beátis Apóstolis»;
- en la Plegaria eucarística IV: «cum beáta Vírgine, Dei Genetríce, María, cum beáto Ioseph, eius Sponso, cum Apóstolis».
Por lo que se refiere a los textos redactados en lengua latina, se deben utilizar las fórmulas que ahora se declaran típicas. La misma Congregación se ocupará de proveer, a continuación, la traducción en las lenguas occidentales de mayor difusión; la redacción en otras lenguas deberá ser preparada, conforme a las normas del derecho, por la correspondiente Conferencia de Obispos y confirmada por la Sede Apostólica, a través de este Dicasterio.
No obstante cualquier cosa en contrario.
Dado en la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el día 1 de mayo del 2013, memoria de San José Obrero.
Para rezar el Padre nuestro debemos tener el corazón en paz con nuestros hermanos. Es lo que ha indicado esta mañana el papa Francisco en la misa celebrada en la Casa Santa Marta. El papa subrayó que creemos en un Dios que es Padre, que está muy cerca de nosotros, no es anónimo, no es "un Dios cósmico".
La oración no es magia, sino un confiarse en el abrazo del Padre. El papa centró su homilía en la oración del "Padre Nuestro" que Jesús enseñó a sus discípulos, de la que habla el evangelio de hoy. Jesús, dijo, nos da un consejo en la oración: "No malgasten palabras, no creen ruido", el ruido "de lo mundano, los ruidos de la vanidad". Y advirtió que "la oración no es algo mágico, no se hace magia con la oración". Alguien, prosiguió, me dice que cuando uno va a un "curandero", le dice un montón de palabras para sanarlo. Pero aquello "es pagano". A nosotros Jesús nos enseña: "No debemos ir con tantas palabras donde Él", porque "Èl lo sabe todo". Y añade: la primera palabra es "Padre", esta "es la clave de la oración". "Sin decir, sin escuchar esa palabra -advirtió- no se puede orar".
"¿A quién debo orar?, ¿al Dios Todopoderoso?, demasiado lejos. Ah, esto no lo siento. Jesús ni siquiera lo sentía. ¿A quién debo orar?, ¿al Dios cósmico?, un tanto habitual en estos días, ¿no?... orar al Dios cósmico, ¿no? Esta cultura politeísta que viene con esta cultura light…
¡Tú debes rezarle al Padre! Es una palabra fuerte: "Padre". Tú debes orar a quien te engendró, al que te dio la vida. No a todos: a todos es demasiado anónimo. A ti, a mí. Y también orar a aquel que te acompaña en tu camino: que conoce toda tu vida. Todo: lo que es bueno y lo que no es tan bueno. Él lo sabe todo. Si no empezamos la oración con esta palabra, no dicha de los labios, sino dicha desde el corazón, no podemos orar en cristiano".
La palabra "Padre", reiteró, "es una palabra fuerte", pero que "abre las puertas". En el momento del sacrificio, dijo el papa, Isaac se da cuenta de que "algo andaba mal", ya que "faltaba la oveja", pero confía en su padre y su "preocupación" la ha "depositado en el corazón de su padre" . Y reitera: "Y aún más, Padre, es la palabra que pensó en decir aquel hijo que se fue con la herencia y que después quería volver a casa. Y aquel padre "lo ve llegar y va corriendo" hacia él, "se le lanza al cuello, para llenarlo de amor". Y el "Padre, he pecado": esta es, continuó Francisco, "la clave de toda oración, sentirse amado por un Padre":
"Tenemos un Padre cercanísimo, que nos abraza... Todas estas preocupaciones, inquietudes que tenemos, dejémoslas al Padre: Él sabe lo que necesitamos. Padre, ¿qué?, ¿mi padre?
No, ¡Padre nuestro! Porque no soy hijo único, ninguno de nosotros, y si no puedo ser un hermano, será difícil convertirme en un hijo de este Padre, porque es el padre de todos. Sin duda que es el mío, pero también de los demás, de mis hermanos. Y si no estoy en paz con mis hermanos, no puedo decirle ‘Padre’ a Él".
De este modo, agregó, se puede explicar el hecho de que Jesús, después de habernos enseñado el Padrenuestro, subraya que si no perdonamos a los demás, tampoco el Padre perdonará nuestros pecados. "Es muy difícil perdonar a los demás, verdaderamente es muy difícil, porque siempre tenemos aquel pesar dentro". Pensamos: "Me lo hiciste, espera un poco..., para devolverle el favor que me había hecho":
"Oh no, no se puede orar con enemigos en el corazón, con hermanos y enemigos en el corazón. Esto es difícil, sí, es difícil, no es fácil. ‘Padre, no puedo decir Padre, no me viene'. Es cierto, yo lo entiendo. ‘No puedo decir nuestro, porque este me hizo esto, eso y...’ ¡no se puede! ‘Estos deben de ir al infierno, ¿no? ¡no son de los míos!’.
Es cierto, no es fácil. Pero Jesús nos ha prometido el Espíritu Santo: Él es quien nos enseña, desde dentro, desde el corazón, como decir 'Padre' y cómo decir ‘nuestro’. Pidamos hoy al Espíritu Santo que nos enseñe a decir ‘Padre’ y a poder decir ‘nuestro’, haciendo la paz con todos nuestros enemigos".
Publicamos la nota del arqueólogo Giorgio Filippi sobre el sarcófago de San Pablo que publicó este lunes la Sala de Prensa de la Santa Sede.
La basílica surge en el sepulcro del apóstol, en la Vía Ostiense, donde a finales del siglo II el presbítero romano Gayo, indicaba la existencia del «tropaion», erigido para testimoniar el martirio de Pablo. En el lugar se sucedieron, a lo largo del siglo IV, dos edificios, el «constantiniano» y el de «los Tres Emperadores», ligados a la peregrinación devocional a la tumba del apóstol y utilizados como cementerios y con objetivos litúrgicos.
La única documentación que hace referencia a la situación arqueológica del monumento se encuentra en unos pocos dibujos y bocetos con medidas, cuya interpretación en ocasiones es enigmática, realizados por los arquitectos Virginio Vespignani (1808-1882) y Paolo Belloni (1815-1889), tras el incendio de 1823, durante las excavaciones realizadas con motivo de la nueva Confesión (1838) y de la colocación de los cimientos del baldaquino de Pío IX (1850).
Los vestigios arqueológicos que se encontraron entonces dejaron de ser visibles después, pues en parte fueron destruidos y en parte precintados por la actual Confesión.
El hecho de que la Basílica de San Pablo surgiera sobre la tumba del apóstol es un dato indiscutible en la tradición histórica, mientras que la identificación del sepulcro originario es una cuestión que ha quedado abierta. La Crónica del Monasterio habla de un gran sarcófago de mármol, encontrado durante las obras de reconstrucción de la basílica, después del incendio de 1823, en el área de la Confesión, bajo las dos lápidas en las que está escrito «PAVLO APOSTOLO MART[YRI]», del que sin embargo no queda huella en la documentación de excavaciones, a diferencia de los otros sarcófagos descubiertos en aquella ocasión, entre los que se encuentra el famoso «dogmático», que hoy es conservado en los Museos Vaticanos.
Las investigaciones arqueológicas en la zona, considerada tradicionalmente como el lugar de sepultura del apóstol, comenzadas en el año 2002 y acabadas el 22 de septiembre de 2006, han sacado a la luzdiferentes estratos, formados por el ábside de la basílica constantiniana, englobada en el transepto del edificio de los Tres Emperadores: en el suelo de este último, bajo el altar papal, ha aparecido ese gran sarcófago del que se habían perdido las huellas y que se consideraba desde la época teodosiana como la Tumba de San Pablo.
Estas investigaciones tenían por objetivo verificar la consistencia y el estado de conservación de los vestigios de la basílica constantiniana y teodosiona, sobrevividos a la reconstrucción que tuvo lugar después del incendio y de valorizarla por razones de devoción.
Del 2 de mayo al 17 de noviembre de este año, se acabó, en la zona de la Confesión, el proyecto para abrir acceso a la Tumba de San Pablo. Después de haber desmontado el Altar de San Timoteo, se excavó en la zona inferior para volver a sacar a la luz, en toda su superficie de unos 5 metros cuadrados, el ábside de la basílica constaniniana. Para llegar hasta los vestigios del siglo IV se excavó dentro de los muros de la moderna base para los cimientos que se adapta perfectamente a las estructuras antiguas, tanto en su base como en su altura, hasta llegar hasta el punto de diferencia entre la parte antigua y la nueva, que se puede constatar por el color diferente de la argamasa, rosada la del siglo XIX y gris la del siglo IV.
Dado que la altura del transepto de los Tres Emperadores, sobre el que se encuentra el sarcófago de San Pablo, es más alta con respecto al nivel de la actual Confesión, es evidente que el nivel ha sido demolido con motivo de las obras del siglo XIX. La plataforma se conserva, en forma de peldaño, detrás del altar de Timoteo, incorporado en el muro moderno que delimita el lado este de la Confesión.
Durante las obras del siglo XIX, dado que parece que la cumbre del ábside tenía algunas partes inestables, fueron removidas, produciendo el efecto de un peldaño en el «emplecton», de unos diez centímetros de altura, correspondiente a dos hileras de ladrillos, que comienza en el borde interior del ábside, siguiendo su línea curva. En el frente del peldaño se ven las huellas dejadas en el cemento por los ladrillos removidos.
Para alcanzar la altura del suelo constantiniano se removió la mitad sur de la zona del ábside. En la excavación no se encontraron otros vestigios arqueológicos, con la excepción de restos de albañilería.
Para aumentar la visibilidad del sarcófago de San Pablo se amplió en unos 0,70 centímetros el hueco que atraviesa el muro del siglo XIX durante las obras de los años 2002-2003.
Ha sido posible tomar las medidas del sarcófago: caja de una longitud de 2,55 metros, de una anchura de 1,25 metros y de una altura de 0,97 metros. La cobertura es de 0,30 metros de altura.La parte del ábside descubierta constituye el único testimonio visible de la Basílica atribuida comúnmente a Constantino.
Sigue abierto el problema topográfico de la relación entre la basílica y el suelo descubierto en 1850, en el oeste del ábside de Constantino. Belloni consideró que se trataba de la antigua Vía Ostiense, que habría sido desviada a su colocación actual por orden de los Tres Emperadores, pero no midió el nivel del empedrado. En este sentido, resulta de particular interés el descubrimiento, dentro del ábside constantiniano, de algunos grandes bloques de basalto, reutilizados como material de construcción en los cimientos de la basílica de los Tres Emperadores.
Por lo que se refiere a la planta de la basílica constantiniana, dado que sólo contamos con las nuevas medidas realizadas en el ábside, es prematuro hacer nuevas hipótesis, confirmando las modestas dimensiones del edificio.
El nivel del estrato de barro, descubierto sobre el nivel del ábside constantiniano, concuerda con al transepto de los Tres Emperadores (390 d.C.), sobre el que se apoya el gran sarcófago que indicaba la Tumba del Apóstol en la época de la construcción de la nueva y grande basílica, y estaba delimitado por un podio presbiteral monumental, como parece que deja suponer la gran plataforma de sus cimientos, de un espesor de 1,66 m., que se apoya directamente sobre el suelo del ábside constantiniano. No se puede excluir que en el interior de estos cimientos puedan encontrarse restos del «tropaion» erigido sobre la tumba del apóstol Pablo.
Se puede considerar que entre 1838 y 1840, en la zona de la Confesión, se removió o demolió todo lo que se encontraba sobre el suelo de los Tres Emperadores. Para echar los cimientos del nuevo presbiterio y del altar papal, se trasladó incluso el sarcófago de san Pablo. Por ahora en el área estudiada, entre el nivel del suelo del año 390 y el de los cimientos de 1840, no se han encontrado vestigios de otras épocas.
[Traducción del original italiano realizada por Zenit]
El cristianismo no es una “casuística” de preceptos: Esta concepción impide comprender y vivirque Dios es alegría y magnanimidad. El Papa Francisco lo h afirmado en la Misa celebrada esta mañana en la Casa Santa Marta.
Los hipócritas que “llevan al pueblo de Dios a un camino sin salida” son los protagonistas del Evangelio de hoy y de la homilía del Papa Francisco. El Pontífice reflexionó sobre la famosa cita de Mateo que presenta un contraste entre el comportamiento de los escribas y fariseos –que se pavonean en público cuando hacen limosna, oración y ayuno- y el que Jesús quiere para los discípulos, que es el de asumir en las mismas circunstancias el “secreto”, la discreción agradecida y premiada por Dios. En especial, más allá de la vanidad de escribas y profetas , el Papa Francisco señala la imposición que estos realizan sobre los fieles de “tantos preceptos”. Lo define como “hipócritas de la casuística”, “intelectuales sin talento” que “no tienen la inteligencia de encontrar a Dios, de explicar a Dios con inteligencia” y haciendo así, impiden a sí mismos y a los demás la entrada en el Reino de Dios.
“Jesús lo dice: ‘No entráis vosotros ni dejáis entrar a los demás’. Son especialistas en ética sin bondad, no saben lo que es la bondad. Pero son especialistas de la ética, ‘se debe hacer esto, esto, esto…’ Te llenan de preceptos, pero sin bondad. Y aquellos de las filacterias que se ponen encima tantos adornos, tantas cosas, para simular ser majestuosos, perfectos, no tienen el sentido de la belleza. No tiene el sentido de la belleza. Llegan solo a una belleza de museo. Intelectuales sin talento, especialistas en ética sin bondad, portadores de belleza de museo. Estos son los hipócritas a los que Jesús reprende tanto”.
“Pero no termina aquí”, prosigue el Papa. “En el Evangelio de hoy –observa- el Señor nos habla de otra clase de hipócritas, los que van a lo sagrado”.
“El Señor nos habla de ayuno, de oración, de limosna: los tres pilares de la piedad cristiana, de la conversión interior, que la Iglesia nos propone a todos en la Cuaresma. También en este camino están los hipócritas, que se pavonean de hacer ayuno, dar limosna, de rezar. Creo que cuando la hipocresía llega a este punto de la relación con Dios, se está bastante cerca de pecar contra el Espíritu Santo. Estos no saben de belleza, no saben de amor, no saben de verdad: son pequeños, viles”.
“Pensemos en la hipocresía que hay dentro de la Iglesia: ¡cuánto mal nos hace a todos!”, reconoció el Papa Francisco. El Papa señaló como “icono” a imitar a un personaje descrito en otro pasaje del Evangelio. Se trata del publicano que con sencillez humilde reza diciendo: “Ten piedad de mí,Señor, que soy un pecador”.
“Esta –afirmó el Papa- es la oración que debemos hacer todos los días, con la conciencia de que somos pecadores”, pero “con pecados concretos no teóricos”. Y esta oración, concluyó, es la que nos ayudará a recorrer “el camino contrario a la hipocresía, tentación –recordó- que todos tenemos”.
“Pero todos nosotros tenemos la gracia, la gracia que viene de Jesucristo: la gracia de la alegría; la gracia de la magnanimidad, de la generosidad. El hipócrita no sabe que es la alegría, que es la generosidad, que es la magnanimidad”.
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Texto: Radio Vaticano Video: