Papa Francisco: “Hacer el bien” es un principio que une a toda la humanidad, más allá de la diversidad de ideologías y de religiones, y crea la cultura del encuentro que está en la base de la paz: es lo que ha afirmado el Papa en la misa de esta mañana en Santa Marta.
El Evangelio de este miércoles nos habla de los discípulos de Jesús que impiden a una persona externa acceder a su grupo que hace el bien. “Se lamentan” –afirma el Papa en la homilía- porque dicen: “Si no es uno de los nuestros, no puede hacer el bien. Si no es de nuestro bando, no puede hacer el bien”. Y Jesús les corrige: “No se lo impidáis –dice- Dejadle que haga el bien”. “Los discípulos –explica el Papa Francisco- eran un poco intolerantes”, cerrados en la idea de poseer la verdad, en la convicción que “todos los que no tienen la verdad, no pueden hacer el bien”. Y “esto es un error” y Jesús “amplía horizontes”. “La raíz de esta posibilidad de hacer el bien, que todos tenemos” –observa el Papa- está “en la creación”.
“El Señor nos ha creado a su imagen y semejanza, y somos imagen del Señor, y Él hace el bien y todos nosotros tenemos en el corazón este mandamiento: haz el bien y no hagas el mal. Todos. “¡Pero, padre, este no es católico, ¡No puede hacer el bien!. Sí, puede hacerlo. Debe hacerlo. No es que pueda: ¡es que debe! Sin embargo esta opinión cerrada de que no se puede hacer el bien fuera, todos, es un muro que nos lleva a la guerra y también a lo que muchos han pensado en la historia: matar en nombre de Dios. No podemos matar en nombre de Dios. Es, sencillamente, una blasfemia. Decir que se puede matar en nombre de Dios es una blasfemia”.
“Sin embargo, el Señor –prosigue el Papa- nos ha creado a su imagen y semejanza y nos ha puesto este mandamiento dentro del corazón: hacer el bien y no el mal”.
“El Señor a todos, a todos nos ha redimido con la sangre de Cristo: a todos, no solo a los católicos. A todos. ‘Padre ¿a los ateos?’ También a ellos. ¡A todos! ¡Y esta sangre nos hace hijos de Dios de primera categoría! ¡Hemos sido creados hijos a semejanza de Dios y la sangre de Cristo nos ha redimido a todos! Y todos nosotros tenemos el deber de hacer el bien. Y este mandamiento de hacer el bien para todos, creo que es un bello camino hacia la paz. Si nosotros, cada uno por su parte, hacemos el bien a los demás, nos encontramos allí, haciendo el bien, y poco a poco, lentamente, creamos la cultura del encuentro que tanto necesitamos. Encontrarse haciendo el bien. ‘Pero yo no creo padre, ¡yo soy ateo!’. Pero haz el bien: ¡nos encontramos allí!”
“Hacer el bien” –explica el Papa- “no es una cuestión de fe”, “es un deber, es una tarjeta de identidad que nuestro Padre nos ha dado a todos, porque nos ha hecho a su imagen y semejanza. Y Él hace el bien, siempre”. Esta es la oración final del Papa Francisco:
“Hoy es santa Rita, Patrona de las cosas imposibles, pero esto parece imposible: pidámosle a ella esta gracia, esta gracia que todas, todas las personas hagan el bien y nos encontremos en este trabajo, que es un trabajo de creación, asemejarnos a la creación del Padre. Un trabajo de familia, porque todos somos hijos de Dios: ¡todos, todos! Y Dios nos quiere mucho, ¡a todos! Que Santa Rita nos conceda esta gracia, que parece casi imposible. Así sea”.
En esta solemnidad de Pentecostés, contemplando y reviviendo «la efusión del Espíritu Santo, que Cristo resucitado derramó sobre la Iglesia», «no es un hecho lejano, de hace dos mil años, sino que llega hasta nosotros», el Papa Francisco culminó la Jornada de los movimientos eclesiales de los cinco continentes.
Novedad, armonía y misión fueron las tres palabras sobre las cuales el Papa quiso reflexionar en su homilía. Con la liturgia que, con la efusión del Espíritu Santo, sella el nacimiento de la Iglesia, preguntó ¿qué sucedió en aquel día tan lejano a nosotros, y sin embargo, tan cercano, que llega adentro de nuestro corazón?
En Jerusalén, donde están reunidos los Apóstoles, un estruendo de repente vino del cielo, «como de viento que sopla fuertemente», luego, las «lenguas como llamaradas», que se dividían y se posaban encima de cada uno de los Apóstoles. Signos claros y concretos que tocan a los Apóstoles, no sólo exteriormente, sinotambién en su interior: en su mente y en su corazón. Asistimos, entonces, a una situación totalmente sorprendente: una multitud se congrega y queda admirada porque cada uno oye hablar a los Apóstoles «de las grandezas de Dios».
Reflexionando sobre la novedad, que nos da siempre un poco de miedo, porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control en nuestra vida, el Obispo de Roma señaló que esto nos sucede también con Dios: con frecuencia lo seguimos, lo acogemos, pero hasta un cierto punto; nos resulta difícil abandonarnos a Él con total confianza, dejando que el Espíritu Santo anime, guíe nuestra vida, en todas las decisiones; tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, nos saque de nuestros horizontes con frecuencia limitados, cerrados, egoístas, para abrirnos a los suyos. Pero, en toda la historia de la salvación, cuando Dios se revela, aparece su novedad, trasforma y pide confianza total en Él:
«No es la novedad por la novedad, la búsqueda de lo nuevo para salir del aburrimiento, como sucede con frecuencia en nuestro tiempo. La novedad que Dios trae a nuestra vida es lo que verdaderamente nos realiza, lo que nos da la verdadera alegría, la verdadera serenidad, porque Dios nos ama y siempre quiere nuestro bien. Preguntémonos: ¿Estamos abiertos a las “sorpresas de Dios”? ¿O nos encerramos, con miedo, a la novedad del Espíritu Santo? ¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas, que han perdido la capacidad de respuesta?
En su segunda reflexión sobre la armonía, señalando que «el Espíritu Santo, aparentemente, crea desorden en el Iglesia, porque produce diversidad de carismas, de dones» y que «sin embargo, bajo su acción, todo esto es una gran riqueza, porque el Espíritu Santo es el Espíritu de unidad, que no significa uniformidad, sino reconducir todo a la armonía», el Papa Francisco reiteró que «en la Iglesia, la armonía la hace el Espíritu Santo».
Sólo Él puede suscitar la diversidad, la pluralidad, la multiplicidad y, al mismo tiempo, realizar la unidad. En cambio, cuando somos nosotros los que pretendemos la diversidad y nos encerramos en nuestros particularismos, en nuestros exclusivismos, provocamos la división; y cuando somos nosotros los que queremos construir la unidad con nuestros planes humanos, terminamos por imponer la uniformidad, la homologación.

«Si, por el contrario, nos dejamos guiar por el Espíritu, la riqueza, la variedad, la diversidad nunca provocan conflicto, porque Él nos impulsa a vivir la variedad en la comunión de la Iglesia. Caminar juntos en la Iglesia, guiados por los Pastores, que tienen un especial carisma y ministerio, es signo de la acción del Espíritu Santo; la eclesialidad es una característica fundamental para los cristianos, para cada comunidad, para todo movimiento. La Iglesia es quien me trae a Cristo y me lleva a Cristo; los caminos paralelos son peligrosos. Cuando nos aventuramos a ir más allá (proagon) de la doctrina y de la Comunidad eclesial, y no permanecemos en ellas, no estamos unidos al Dios de Jesucristo (cf. 2Jn 9). Así, pues, preguntémonos: ¿Estoy abierto a la armonía del Espíritu Santo, superando todo exclusivismo? ¿Me dejo guiar por Él viviendo en la Iglesia y con la Iglesia?»
En el último punto, dedicado a la misión, el Obispo de Roma hizo hincapié en que el Espíritu Santo nos introduce en el misterio del Dios vivo, y nos salvaguarda del peligro de una Iglesia gnóstica y de una Iglesia autorreferencial, cerrada en su recinto; nos impulsa a abrir las puertas para salir, para anunciar y dar testimonio de la bondad del Evangelio, para comunicar el gozo de la fe,del encuentro con Cristo:
«El Espíritu Santo es el alma de la misión. Lo que sucedió en Jerusalén hace casi dos mil años no es un hecho lejano, es algo que llega hasta nosotros, que cada uno de nosotros podemos experimentar. El Pentecostés del cenáculo de Jerusalén es el inicio, un inicio que se prolonga. El Espíritu Santo es el don por excelencia de Cristo resucitado a sus Apóstoles, pero Él quiere que llegue a todos. Jesús, como hemos escuchado en el Evangelio, dice: «Yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros» (Jn 14,16). Es el Espíritu Paráclito, el «Consolador», que da el valor para recorrer los caminos del mundo llevando el Evangelio. El Espíritu Santo nos muestra el horizonte y nos impulsa a las periferias existenciales para anunciar la vida de Jesucristo. Preguntémonos si tenemos la tendencia a cerrarnos en nosotros mismos, en nuestro grupo, o si dejamos que el Espíritu Santo nos conduzca a la misión».
El Obispo de Roma concluyó su homilía de Pentecostés alentando a invocar con María «Ven, Espíritu Santo»:
La liturgia de hoy es una gran oración, que la Iglesia con Jesús eleva al Padre, para que renueve la efusión del Espíritu Santo. Que cada uno de nosotros, cada grupo, cada movimiento, en la armonía de la Iglesia, se dirija al Padre para pedirle este don. También hoy, como en su nacimiento, junto con María, la Iglesia invoca: «Veni Sancte Spiritus! – Ven, Espíritu Santo, llena el corazón de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor». Amén.
Queridos hermanos y hermanas:
En este día, contemplamos y revivimos en la liturgia la efusión del Espíritu Santo que Cristo resucitado derramó sobre la Iglesia, un acontecimiento de gracia que ha desbordado el cenáculo de Jerusalén para difundirse por todo el mundo.
Pero, ¿qué sucedió en aquel día tan lejano a nosotros, y sin embargo, tan cercano, que llega adentro de nuestro corazón? San Lucas nos da la respuesta en el texto de los Hechos de los Apóstoles que hemos escuchado (2,1-11). El evangelista nos lleva hasta Jerusalén, al piso superior de la casa donde están reunidos los Apóstoles.
El primer elemento que nos llama la atención es el estruendo que de repente vino del cielo, «como de viento que sopla fuertemente», y llenó toda la casa; luego, las «lenguas como llamaradas», que se dividían y se posaban encima de cada uno de los Apóstoles. Estruendo y lenguas de fuego son signos claros y concretos que tocan a los Apóstoles, no sólo exteriormente, sino también en su interior: en su mente y en su corazón. Como consecuencia, «se llenaron todos de Espíritu Santo», que desencadenó su fuerza irresistible, con resultados llamativos: «Empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse». Asistimos, entonces, a una situación totalmente sorprendente: una multitud se congrega y queda admirada porque cada uno oye hablar a los Apóstoles en su propia lengua. Todos experimentan algo nuevo, que nunca había sucedido: «Los oímos hablar en nuestra lengua nativa».
¿Y de qué hablaban?
«De las grandezas de Dios».
A la luz de este texto de los Hechos de los Apóstoles, deseo reflexionar sobre tres palabras relacionadas con la acción del Espíritu: novedad, armonía, misión.
1. La novedad nos da siempre un poco de miedo, porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos, planificamos nuestra vida, según nuestros esquemas, seguridades, gustos. Y esto nos sucede también con Dios. Con frecuencia lo seguimos, lo acogemos, pero hasta un cierto punto; nos resulta difícil abandonarnos a Él con total confianza, dejando que el Espíritu Santo anime, guíe nuestra vida, en todas las decisiones; tenemos miedo a que Dios noslleve por caminos nuevos, nos saque de nuestros horizontes con frecuencia limitados, cerrados, egoístas, para abrirnos a los suyos.
Pero, en toda la historia de la salvación, cuando Dios se revela, aparece su novedad, trasforma y pide confianza total en Él: Noé, del que todos se ríen, construye un arca y se salva; Abrahán abandona su tierra, aferrado únicamente a una promesa; Moisés se enfrenta al poder del faraón y conduce al pueblo a la libertad; los Apóstoles, de temerosos y encerrados en el cenáculo, salen con valentía para anunciar el Evangelio. No es la novedad por la novedad, la búsqueda de lo nuevo para salir del aburrimiento, como sucede con frecuencia en nuestro tiempo. La novedad que Dios trae a nuestra vida es lo que verdaderamente nos realiza, lo que nos da la verdadera alegría, la verdadera serenidad, porque Dios nos ama y siempre quiere nuestro bien.
Preguntémonos: ¿Estamos abiertos a las “sorpresas de Dios”? ¿O nos encerramos, con miedo, a la novedad del Espíritu Santo? ¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas, que han perdido la capacidad de respuesta?
2. Una segunda idea: el Espíritu Santo, aparentemente, crea desorden en el Iglesia, porque produce diversidad de carismas, de dones; sin embargo, bajo su acción, todo esto es una gran riqueza, porque el Espíritu Santo es el Espíritu de unidad, que no significa uniformidad, sino reconducir todo a la armonía. En la Iglesia, la armonía la hace el Espíritu Santo. Un Padre de la Iglesia tiene una expresión que me gusta mucho: el Espíritu Santo “ipse harmonia est”.
Sólo Él puede suscitar la diversidad, la pluralidad, la multiplicidad y, al mismo tiempo, realizar la unidad. En cambio, cuando somos nosotros los que pretendemos la diversidad y nos encerramos en nuestros particularismos, en nuestros exclusivismos, provocamos la división; y cuando somos nosotros los que queremos construir la unidad con nuestros planes humanos, terminamos por imponer la uniformidad, la homologación.
Si, por el contrario, nos dejamos guiar por el Espíritu, la riqueza, la variedad, la diversidad nunca provocan conflicto, porque Él nos impulsa a vivir la variedad en la comunión de la Iglesia. Caminar juntos en la Iglesia, guiados por los Pastores, que tienen un especial carisma y ministerio, es signo de la acción del Espíritu Santo; la eclesialidad es una característica fundamental para los cristianos, para cada comunidad, para todo movimiento. La Iglesia es quien me trae a Cristo y me lleva a Cristo; los caminos paralelos son peligrosos.
Cuando nos aventuramos a ir más allá (proagon) de la doctrina y de la Comunidad eclesial, y no permanecemos en ellas, no estamos unidos al Dios de Jesucristo (cf. 2Jn 9). Así, pues, preguntémonos: ¿Estoy abierto a la armonía del Espíritu Santo, superando todo exclusivismo? ¿Me dejo guiar por Él viviendo en la Iglesia y con la Iglesia?

3. El último punto. Los teólogos antiguos decían: el alma es una especie de barca de vela; el Espíritu Santo es el viento que sopla la vela para hacerla avanzar; la fuerza y el ímpetu del viento son los dones del Espíritu. Sin su fuerza, sin su gracia, no iríamos adelante. El Espíritu Santo nos introduce en el misterio del Dios vivo, y nos salvaguarda del peligro de una Iglesia gnóstica y de una Iglesia autorreferencial, cerrada en su recinto; nos impulsa a abrir las puertas para salir, para anunciar y dar testimonio de la bondad del Evangelio, para comunicar el gozo de la fe, del encuentro con Cristo. El Espíritu Santo es el alma de la misión.
Lo que sucedió en Jerusalén hace casi dos mil años no es un hecho lejano, es algo que llega hasta nosotros, que cada uno de nosotros podemos experimentar. El Pentecostés del cenáculo de Jerusalén es el inicio, un inicio que se prolonga. El Espíritu Santo es el don por excelencia de Cristo resucitado a sus Apóstoles, pero Él quiere que llegue a todos. Jesús, como hemos escuchado en el Evangelio, dice: «Yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros» (Jn 14,16).
Es el Espíritu Paráclito, el «Consolador», que da el valor para recorrer los caminos del mundo llevando el Evangelio. El Espíritu Santo nos muestra el horizonte y nos impulsa a las periferias existenciales para anunciar la vida de Jesucristo. Preguntémonos si tenemos la tendencia a cerrarnos en nosotros mismos, en nuestro grupo, o si dejamos que el Espíritu Santo nos conduzca a la misión.
La liturgia de hoy es una gran oración, que la Iglesia con Jesús eleva al Padre, para que renueve la efusión del Espíritu Santo. Que cada uno de nosotros, cada grupo, cada movimiento, en la armonía de la Iglesia, se dirija al Padre para pedirle este don. También hoy, como en su nacimiento, junto con María, la Iglesia invoca: «Veni Sancte Spiritus! – Ven, Espíritu Santo, llena el corazón de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor». Amén.
Son los grandes olvidados: personas de carne y hueso, con nombre y rostro, que padecen marginación, persecución y muerte por la única razón de su fidelidad a Cristo. Para muchos de nosotros es fácil ser católico. Pero"hay muchos cristianos en el mundo que todas las mañanas, al levantarse, tienen que elegir entre su fe y la posibilidad de perder la vida".
De Haro, FernandoQuien nos lo recuerda es precisamente un periodista que no está dispuesto al olvido. Fernando de Haro, tras pasar por Canal +, CNN+ y los servicios informativos de Popular TV (entre otros destinos profesionales), dirige La mañana de fin de semana en la COPE y el periódico PaginasDigital.es, y acaba de publicar un libro consagrado a los mártires de nuestro tiempo: Cristianos yleones (Planeta Testimonio). Donde nos recuerda un hecho: cada año 100.000 cristianos son asesinados en el mundo. Un hecho tan escandaloso que dio lugar a una anécdota significativa.
El periódico italiano Il Sussidiario, en el que yo colaboro habitualmente, me pidió un artículo sobre la persecución de los cristianos en el mundo. Y empecé ese artículo recordando que en el mundo mueren 100.000 cristianos al año de forma violenta por su fe.

Foto: Fernando de Haro.
Es el dato que manejan en la OSCE, que a su vez se basa en los trabajos del Center for Study of Global Christianity, dirigido por David B. Barrett. Esta institución está en el Evangelic Gordon-Conwell Theological Seminary de Massachussetts y publica la World Christian Encyclopedia y el Atlas of Global Christianity. Los trabajos de Barret son los más citados en el mundo académico por los que se dedican a la estadística religiosa.
Cuando publiqué el artículo los lectores empezaron a escribir diciendo que había una errata. Así que el redactor jefe me llamó pidiéndome explicaciones y le explique no había ningún error, que las estimaciones eran ciertas.
En términos absolutos éste es el momento en el que hay más cristianos perseguidos. Pero es que éste es el momento en el que más cristianos hay desde hace veinte siglos. Hay más de dos mil millones, de los que la mayoría vive en los países del sur del planeta. El cristianismo, que es la religión más extendida, es la más perseguida.
Es difícil establecer comparaciones con otros períodos históricos. Sobre todo con los primeros siglos, porque los datos de las persecuciones como la de Diocleciano (comienzos del siglo IV) son difíciles de precisar. El siglo XX fue un siglo, por ejemplo, bestial, sobre todo a causa del estalinismo. En términos relativos, Barrett sostiene que la persecución desde los primeros siglos se ha mantenido más o menos estable y que ha afectado al 0,8% de los bautizados.
Decir queOccidente es mayoritariamente cristiano es decir mucho. La cultura, las formas de pensamiento, los líderes de opinión hace mucho tiempo que dejaron de serlo.
Esta cuestión de la persecución de los cristianos no es percibida como una cuestión de tutela de derechos humanos. Aunque se han tomado iniciativas importantes en el seno de las OSCE y del Parlamento Europeo, se sigue pensado que es una “cuestión religiosa” y todo lo que tiene que ver con lo religioso entra en el terreno de las opciones, de la subjetividad.
La persecución no entra dentro de las categorías ideológicas habituales, no es un tema que tenga que ver con el cambio climático, las cuestiones de género o los llamados derechos reproductivos, ni tampoco con el choque de civilizaciones, que son las cuestiones que están en la agenda. Y como bien dices hay una debilidad de los cristianos occidentales.
La primera debilidad es el desconocimiento. La mayoría de los bautizados europeos y americanos no saben nada de sus hermanos orientales, de los coptos egipcios, de los caldeos iraquíes, de los cristianos de la India, de China o de África.
Esta debilidad tiene que ver con una concepción abstracta de la fe. Si el cristianismo se reducea principios, a doctrina y a moral y ya no es un acontecimiento histórico se pierde la tensión por saber y conocer dónde sufre en este momento el Cuerpo de Cristo, el Pueblo de Dios. Por el contrario, un cristianismo que no es solo un recuerdo del pasado o un conjunto de buenos sentimientos, sino algo que está sucediendo aquí y ahora, es un cristianismo que está pendiente de lo que le sucede, que busca los nuevos testigos que sufren por su fe y que tiende a ayudarles.
Hace años, cuando leí algunas actas de los mártires de los primeros siglos, me llamaba la atención que aquella gente, en muchos casos personas muy sencillas, estimaran más su fe que la propia vida. Cuando uno se acerca a los cristianos perseguidos de ahora se da cuenta de que es la misma historia, exactamente la misma historia que hace 2000, 1800 o 1600 años. La misma sencilla y potente adhesión a un cristianismo que antes que nada es una fuente de satisfacción y alegría.
¡Cuál será el nivel de satisfacción, de correspondencia que encuentra en la fe esta gente perseguida, que ni las más complejas maquinarias de poder (como el comunismo chino), ni los pogroms (como los que se han producido en la India), ni leyes brutalmente injustas que te condenan a una muerte segura (como la ley de la blasfemia en Pakistán), ni la discriminación social, ni otras presiones les hacen apartarse de lo que han encontrado!
Hace falta tener una experiencia muy concreta y muy plena para tener esa posición. El cristianismo en la vida de muchos perseguidos del siglo XXI brilla con una belleza fascinante. Como los primeros, perdonan ante la muerte, ante la violación, ante la injusticia. Se hace en ellos carne lo que dice el salmo: “Tu gracia vale más que la vida”.
Se conoce muy poco el fenómeno del terror azafrán, el terrorismo hinduista. En 2008 ese terrorismo provocó una masacre de 500 cristianos, y 54.000 personas se quedaron sin techo. Lo peor es que no se ha hecho justicia. Diez mil personas que tuvieron que abandonar sus hogares no han vuelto. Y a los culpables se le han impuesto penas menores. La India va a ser una de las grandes potencias este siglo, le disputa el liderazgo a China, que será un país de viejos antes de salir de la pobreza.
India, que es una democracia, tiene un nacionalismo hindú muy parecido a algunos nacionalismos violentos de Occidente. El BPJ, un partido que está en el juego democrático, sirve de paraguas a una serie de organizaciones que tienen en el punto de mira a los bautizados. Les molesta que los cristianos, una minoría de 230 millones en una población de más de mil millones, tengan conversiones.
La fe se extiende, sobre todo, entre los intocables, los parias. Y se extiende por la caridad. Hay mucha gente en la India que al encontrarse con un cristiano se encuentra por primera vez con alguien que no le mira por la casta a la que pertenece.
En el libro cuento los orígenes de la llamada Iglesia Patriótica China. La historia es interesante. La gran maquinaria del poder maoísta pretendió crear una Iglesia patriótica. Funcionarios del partido seleccionaban a los que debían ser seminaristas, a los que debían ordenarse como sacerdotes o ser obispos.
Lo sorprendente es que después de décadas de intervención y de presiones (te llevan al campo de concentración sino cedes) no haya surgido una Iglesia cismática. Muchos de los miembros (obispos sobre todo) de esa mal llamada Iglesia patriótica, que estuvieron aislados durante años, en cuanto pudieron ponerse en contacto con la Santa Sede mostraron su fidelidad al Papa.
Fue fundamental la carta que escribió Benedicto XVI en 2007. A pesar de las dificultades para darla a conocer en China, para muchos cristianos que viven en circunstancias dificilísimas y muy confusas fue una clara orientación.
La mal llamada Iglesia patriótica se nutre de obispos que son ordenados sin el consentimiento de Roma. Durante los últimos años parecía que las autoridades chinas iban a dejar de realizar este tipo de ordenaciones, pero continúan haciéndolo. No es extraño que algunos sacerdotes e incluso obispos promovidos por las autoridades comunistas, como decía antes, muestren a su fidelidad a Roma.

Foto: El obispo Taddheus Ma Daquin eligión la fidelidad a Roma. Desde entonces no ha conocido la libertad.
El caso del obispo de Sanghai Thaddeus Ma Daqin es un buen ejemplo. Su ordenación como obispo fue acordada por las autoridades comunistas y por la Santa Sede. Tan pronto como fue ordenado, abandonó los órganos de la Asociación Patriótica y desde entonces está aislado junto al santuario de Seshan. Es un caso que refleja bien la situación: crece la fidelidad a Roma y el régimen no afloja.
Las referencias cristianas de Hugo Chávez eran un intento de utilizar la religiosidad popular para su proyecto totalitario. La persecución en América Latina, aunque sigue habiendo casos de violencia física, es sobre todo cultural. Los populismos neo-indigenistas quieren evitar la capacidad crítica que genera la fe y quieren destruir una tradición que tiene un valor evidente.
Lo que está sucediendo en el Sahel es poco conocido. El desarrollo de Al Queda de Magreb supone una amenaza para las minorías cristianas del norte de África. La prueba más clara la tenemos con lo que ha ocurrido en Mali.
Hay que ver cómo se mueve el rey, tras las últimas reformas (que han servido para poco), en su relación con los islamistas en el Gobierno. Mohamed VI ha utilizado en algún momento la expulsión de cristianos como válvula de escape.
Los últimos pronunciamientos del Tribunal de Estrasburgo sobre los símbolos religiosos y el uso público de la cruz son preocupantes. Es necesario responder con un esfuerzo de laicidad positiva al creciente laicismo. La laicidad positiva es, sobre todo, un esfuerzo para narrar en un mundo plural, la propia experiencia.
Lo importante es saber qué pasa. Ser conscientes de que esta gente, que tiene la misma experiencia que nosotros, son perseguidos por ella. Lo demás vendrá luego: oración, ayuda material, concienciación social, e incluso presencia política.
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La Iglesia necesita mucho el fervor apostólico que nos empuja al anuncio de Jesús. Es lo que ha destacado, esta mañana, el Papa Francisco en la Misa en la Casa Santa Marta. El Papa además nos ha puesto en guardia para no ser “cristianos de salón” sin la valentía de fastidiar las cosas demasiado tranquilas”.
Toda la vida de Pablo ha sido “una batalla campal”, una “vida con muchas pruebas”. El Papa Francisco ha centrado su homilía en el Apóstol de los Gentiles que, ha dicho, pasa su vida de “persecución en persecución”, pero que no se desanima. El destino de Pablo, destacó, “es un destino con muchas cruces, pero él sigue adelante; él mira al Señor y sigue adelante”.
“Pablo molesta: es un hombre que con su predicación, con su trabajo, con su comportamiento molesta, porque anuncia a Jesucristo y el anuncio de Jesucristo a nuestra comodidad, muchas veces a nuestras estructuras cómodas –también cristianas, ¿no?- molesta. El Señor siempre quiere que nosotros vayamos adelante, siempre adelante, hacia delante…. Que nosotros no nos refugiemos en una vida tranquila o en las estructuras caducas, estas cosas ¿no? El Señor…. Y Pablo, predicando al Señor, molesta. Pero él sigue adelante, porque él tenía en su actitud algo muy cristiano que es el celo apostólico. Tenía este fervor apostólico. No era un hombre de compromiso. ¡No! La verdad: ¡adelante! El anuncio de Jesucristo: ¡adelante!
Cierto, observó el Papa Francisco, San Pablo era un “hombre fogoso”. Pero aquí no se trata sólo de su temperamento. Y el Señor que “se mezcla en esto”, en esta batalla campal. Incluso –continuó- es el Señor el que lo empuja “a seguir adelante” a dar testimonio incluso en Roma.
“Entre paréntesis, me gusta que el Señor se preocupe de esta diócesis, desde aquel tiempo… ¡somos privilegiados! Y el celo apostólico no es un entusiasmo por tener poder, por tener cualquier cosa. Es algo que viene de dentro, que el mismo Señor lo quiere de nosotros: cristiano con celo apostólico. ¿Y de dónde viene este celo apostólico? Viene del conocimiento de Jesucristo. Pablo ha encontrado a Jesucristo, pero no un conocimiento intelectual, científico –esto es importante porque nos ayuda- sino con este conocimiento primero, el del corazón, del encuentro personal”.
Esto es lo que empuja a Pablo a seguir adelante, “a anunciar a Jesús siempre”. Y añadió: “Está siempre en problemas, pero no en problemas porque sí, sino por Jesús”, “anunciando a Jesús”, “las consecuencias son estas”. El fervor apostólico, destacó, se entiende solo “en una atmósfera de amor”. El celo apostólico, ha dicho otra vez, “tiene algo de locura, pero de locura espiritual, de sana locura”. Y Pablo “tenía esta sana locura”. El Papa invitó, por tanto, a todos los fieles a pedir el Espíritu Santo que haga crecer en nosotros el celo apostólico que no debe pertenecer solo a los misioneros. Por otro lado, advirtió, también en la Iglesia “hay cristianos tibios”, que no “quieren ir adelante”:
“También hay cristianos de salón. Los educados, pero que no saben darle hijos a la Iglesia con el anuncio y el fervor apostólico. Hoy podemos pedir al Espíritu Santo que nos dé este fervor apostólico a todos nosotros, que nos dé también la gracia de molestar a las cosas que están demasiado tranquilas en la Iglesia; la gracia de seguir adelante hacia las periferias existenciales. ¡La Iglesia tiene una gran necesidad de esto! No sólo en tierras lejanas, en las iglesias jóvenes, en los pueblos que todavía no conocen a Jesucristo, sino aquí en la misma ciudad, aquí mismo, necesitan este anuncio de Jesucristo. Por tanto, pidamos al Espíritu Santo esta gracia del celo apostólico, cristianos con celo apostólico. Y si molestamos ¡Bendito sea el Señor! ¡Adelante!, como dice el Señor a Pablo: ¡Ánimo!”
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© Radio Vaticano
La acción que el Espíritu Santo lleva a cabo en la guía de la Iglesia y en cada uno de nosotros ha sido el tema elegido por el Papa Francisco para la catequesis de la audiencia general en estos días ya muy próximos a Pentecostés.
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“Vivimos en una época en la que se es bastante escéptico respecto a la verdad”, ha dicho el Santo Padre a las más de 75.000 personas presentes en la Plaza de San Pedro. “Benedicto XVI ha hablado muchas veces del relativismo, es decir, la tendencia a creer que no hay nada definitivo y a pensar que la verdad proceda del consenso o de aquello que satisfaga nuestros deseos. Aquí me viene en mente la pregunta de Pilatos cuando Jesús le revela el sentido profundo de su misión: "¿Qué es la verdad?" . Pilatos no entiende que "la" Verdad está enfrente de él; no puede ver a Jesús el rostro de la verdad, que es el rostro de Dios,...La verdad no se aferra como una cosa: se encuentra. No es una posesión, es un encuentro con una Persona”
“Pero, ¿quién nos hace reconocer que Jesús es "la" Palabra de verdad, el Hijo unigénito de Dios Padre? San Pablo enseña que "nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo" ...a quien Jesús llamaba el "Paráclito" que significa "el que viene en nuestra ayuda", el que está a nuestro lado para sostenernos en este camino de conocimiento”.
¿Cuál es entonces la acción del Espíritu Santo?. “En primer lugar -ha explicado el Pontífice- recuerda y graba en los corazones de los creyentes las palabras que Jesús ha dicho y precisamente, a través de estas palabras, la ley de Dios.... se inscribe en nuestros corazones y se convierte en el principio de evaluación de nuestras decisiones y de guía en las acciones cotidianas; se convierte en un principio de vida”.
El Espíritu Santo, como promete Jesús, “nos conduce "a toda la verdad"; nos lleva no sólo al encuentro con Jesús, que es la plenitud de la verdad, sino que nos guía "dentro" de la Verdad; es decir, nos hace entrar en una comunión cada vez más profunda con Jesús, dándonos la inteligencia de las cosas de Dios ... La Tradición de la Iglesia afirma que el Espíritu de la verdad actúa en nuestros corazones suscitando ese “sentido de la fe" (sensus fidei), a través del cual, como dice el Concilio Vaticano II, el Pueblo de Dios, bajo la guía del Magisterio, se adhiere indefectiblemente a la fe confiada, penetra más profundamente en ella con juicio certero y le da más plena aplicación en la vida”.
“Preguntémonos: ¿estoy abierto a la acción del Espíritu Santo, le rezo para que me de luz y me haga más sensible a las cosas de Dios? Es una oración que tenemos que rezar todos los días: “Espíritu Santo, haz que mi corazón esté abierto a la Palabra de Dios, que mi corazón esté abierto al bien, a la belleza de Dios todos los días”. Quiero preguntaros algo: ¿Cuantos de vosotros rezan todos los días al Espíritu Santo? Serán pocos... pero tenemos que cumplir este deseo de Jesús y rezar todos los días al Espíritu Santo para que abra nuestro corazón”.
La acogida de las palabras y las verdades de fe, para que se conviertan en vida, “se realiza y crece bajo la acción del Espíritu Santo. En este sentido, debemos aprender de María, reviviendo su "sí", su disponibilidad total para recibir al Hijo de Dios en su vida, que desde ese momento se ha transformado. A través del Espíritu Santo, el Padre y el Hijo toman morada en nosotros, vivimos en Dios y de Dios”.
“Tenemos que dejarnos inundar de la luz del Espíritu Santo, para que Él nos introduzca en la verdad de Dios, que es el único Señor de nuestra vida. En este Año de la Fe preguntémonos si hemos dado algunos pasos concretos para llegar a conocer más a Cristo y las verdades de la fe... Pero al mismo tiempo preguntémonos qué pasos estamos dando para que la fe oriente toda nuestra existencia. ¡No se es cristiano "a tiempo determinado", en algunos momentos, en algunas circunstancias, en algunas opciones, se es cristiano en todos los tiempos! La verdad de Cristo, que el Espíritu Santo nos enseña y nos da, interesa para siempre y totalmente nuestra vida diaria. Invoquémosle más a menudo”. “Os hago una propuesta: Invoquemos todos los días al Espíritu Santo de modo que nos acerque a Jesucristo” ha concluido el Papa,
En los saludos en diversas lenguas, el Papa se ha dirigido entre otros a los peregrinos polacos procedentes de Szczecin, miembros de la Asociación Civitas Christiana que organiza en esa localidad la “Marcha por la Vida”. “Esta iniciativa recuerda a todos -ha dicho el pontífice- la necesidad de promover y defender la vida humana desde su concepción hasta su declive natural”. También ha hablado a los estudiantes italianos, en particular a los de las escuelas católicas, recordando que “la escuela católica constituye una realidad inapreciable para toda la sociedad, sobre todo por el servicio educativo que desempeña, en colaboración con las familias y está bien que su papel se reconozca de forma apropiada”.
Video: Romereports.com Texto: VIS
Los cristianos que tienen miedo de hacer puentes y prefieren construir muros, son cristianos no seguros de su propia fe, seguros de Jesucristo.
CIUDAD DEL VATICANO, 13 de mayo de 2013 (Zenit.org)
El papa Francisco habló el día 8 de mayo de la figura de Jesús como constructor de puentes y no de muros en la homilía de la mañana en Santa Marta. Se detuvo sobre la figura del buen evangelizador, abierto a todos, listo para escuchar a todos, sin exclusiones. Señaló que afortunadamente "ahora es un buen tiempo en la vida de la Iglesia: estos últimos cincuenta años, sesenta años, es un buen tiempo. Porque yo recuerdo que cuando era niño se oía en las familias católicas, también en la mía: 'no, a su casa no podemos ir, porque no están casados por la Iglesia, eh'. Era como una exclusión. No, ¡no podía ir! o porque son socialistas o ateos, no podemos ir. Ahora, gracias a Dios, no, no se dice".
Sobre la figura del apóstol Pablo señaló que es importante el modo en el que anuncia a Jesucristo entre los adoradores de ídolos (Hch 17, 15. 22-18,1): "Él no dice: ¡idólatras, iréis al infierno! sino que busca llegar a su corazón; no condena desde el inicio, busca el diálogo: Pablo es un pontífice, constructor de puentes. Él no quiere convertirse en un constructor de muros". Del apóstol añadió que es valiente y que "esto nos hace pensar sobre la actitud de un cristiano. Un cristiano debe anunciar a Jesucristo de forma que Jesucristo sea aceptado, recibido, no rechazado", además "el anuncio de la verdad depende del Espíritu Santo".
Pero Pablo es también "consciente que debe evangelizar, no hacer prosélitos". La Iglesia "no crece en el proselitismo, Benedicto XVI nos lo ha dicho; sino que crece por atracción, por el testimonio, por la predicación". Por tanto, continuó el santo padre, "Pablo actúa así porque estaba seguro, seguro de Jesucristo. No dudaba de su Señor. Los cristianos que tienen miedo de hacer puentes y prefieren construir muros, son cristianos no seguros de su propia fe, seguros de Jesucristo. Y se defienden alzando muros".
Pablo enseña, concluyó Francisco, cuál debe ser el camino de la evangelización, a seguir con valentía. Y "cuando la Iglesia pierde esta valentía apostólica, se convierte en una Iglesia parada. Ordenada, bonita, todo bonito, pero sin fecundidad, porque ha perdido la valentía de ir a las periferias, ahí donde hay tantas personas víctimas de la idolatría, de lo mundano, del pensamiento débil". Y si se trata de frenar por el miedo de equivocarse es necesario pensar que uno puede levantarse y continuar hacia delante. "Los que no caminan por no equivocarse cometen un error más grave".
(Por Alfonso Méndiz) - Hace un mes comentábamos el estreno de la teleserie “La Biblia”, que había alcanzado una gran audiencia en U.S.A. e iba a ser emitido por Antena 3 durante la Semana Santa. Como se presagiaba, sus diez capítulos, emitidos entre el Lunes Santo y el Domingo de Resurrección, obtuvieron un gran respaldo de la audiencia, y llegaron a ser el programa más visto de la semana.
Mark Burnett y Roma Downey, 2013Por Alfonso Méndiz (http://jesucristoenelcine.blogspot.com.es)
El estreno de la teleserie “La Biblia” ha alcanzado una gran audiencia en U.S.A. y ha sido emitido por Antena 3 durante la Semana Santa. Como se presagiaba, sus diez capítulos, emitidos entre el Lunes Santo y el Domingo de Resurrección, obtuvieron un gran respaldo de la audiencia, y llegaron a ser el programa más visto de la semana.
Ahora se anuncia su posible salto a las salas cinematográficas. Tanto los datos de audiencia en varios países como las ventas en DVD en Estados Unidos han corroborado el popular apoyo a esta producción de de History Channel, llevada a cabo por Mark Burnett y Roma Downey. Y aunque parecía un producto imposible de presentar en la gran pantalla, ya están en marcha varias gestiones para lanzar una versión reducida para los cines de todo el mundo.
Es difícil saber si el público responderá positivamente ante un producto ya visto en televisión, pero hay precedentes muy positivos, sobre todo en el cine religioso: la mini-serie Jesús de Nazaret, de Zeffirelli, es el caso más claro: su estreno en los cines cosechó éxitos realmente notables. Por eso resulta aventurado descalificar esta opción, visto el gran éxito que ha conseguido hasta el momento.
En Estados Unidos, "La Biblia" fue el estreno más visto de un canal de cable en el año 2013. Después llegó a España, donde alcanzó los 3'8 millones de espectadores. Y sumando todos los estrenos, acumula casi 60 millones. Con este precedente, el creador de la producción Mark Burnett ha anunciado su intención de acortar la miniserie y dejar los 440 minutos de los diez capítulos en un único relato de tres horas para su estreno en los cines.
Según el productor, que ha desarrollado el proyecto junto a su mujer Roma Downey, existen ya “numerosas ofertas”. Pero también cabe la posibilidad de que sea distribuida por él mismo.
En todo caso, Burnett se siente muy orgulloso con los resultados obtenidos: no en vano, ha sido la serie más comentada en las redes sociales norteamericanas.

“Toda la gente que miró para otro lado hace tres años y dijo que nadie iba a ver ‘La Biblia’ en televisión se equivocaban. Yo no me sorprendí. Sabía que iba a funcionar. Para mí, era como una voz de Dios”, señaló el productor.
Rodada en Marruecos, la ficción es un relato épico de los episodios más significativos de las Sagradas Escrituras y ha podido contar con un numeroso y destacado reparto.
La propia Roma Downey interpreta a la Virgen María y el actor portugués Diogo Morgado a Jesucristo. (Fuente: Deadline)
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Alicia Vacas es una misionera española que desde hace años vive en Tierra Santa. Dice que no es una experta en Teología, pero que sabe todo sobre las dificultades que afrontan los cristianos allí. Tiene información de primera mano.
Mayo, 2013 (Romereports.com)
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“Nosotros vivimos en un piso junto a otros Cristianos. Los edificios donde nosotros vivimos tiene 20 casas, y somos 7 vecinos. Las casas están vacías”.
Asegura que desde hace años los cristianos están huyendo de la Tierra Santa con la esperanza de encontrar un lugar mejor donde formar familia. En la ciudad de Betania, donde vive, muy cerca de Jerusalén, si no eres ciudadano israelí, la vida se convierte en una odisea.
“Pierdes el acceso a Jerusalén, el acceso a la sanidad, a la Universidad, el acceso al aeropuerto. Los cristianos no quieren perder esto y se van....”.
Y mientras muchos cristianos están abandonando Tierra Santa, otros en cambio están llegando a este mismo lugar. Y el principal motivo es que buscan trabajo.
“Hay una hemorragia de cristianos que están dejando Oriente Medio, pero también hay una hemorragia de cristianos que están llegando, principalmente de las Filipinas, de América Latina, de muchos países africanos, que vienen a buscar trabajo”.
Por eso la Iglesiade Jerusalén se enfrenta ahora al reto de acoger a esta nueva generación de inmigrantes y ayudarles a asimilar una cultura y un idioma diferente, manteniendo sus raíces cristianas, aunque sean una minoría.
“La mayor parte de los cristianos que vienen a Israel vienen a trabajar a casas de israelíes, por lo tanto, judíos. Los niños van a escuelas judías, por lo tanto tienen que aprender hebreo, escuchar las historias de la Biblia y para la Iglesia de Jerusalén, hoy es un desafío el tener toda esta generación de filipinos pequeñitos y enseñarles catequesis en hebreo”.
Alicia Vacas explica que la persecución religiosa se manifiesta en la burocracia, la discriminación, y en casos extremos mediante ataques directos. Aunque muchos cristianos ven la persecución religiosa como algo del pasado, dice, por desgracia sigue siendo un problema actual.
El papa Francisco continuó con las catequesis sobre el Credo en el Año de la Fe, por eso explicó la Fe que los cristianos profesan en el Espíritu Santo.
Queridos hermanos y hermanas,
El tiempo pascual que estamos viviendo con gozo, guiados por la liturgia de la Iglesia, es por excelencia el tiempo del Espíritu Santo donado «sin medida» (cfr Jn 3,34) por Jesús crucificado y resucitado. Este tiempo de gracia concluye con la fiesta de Pentecostés, en la que la Iglesia revive la efusión del Espíritu sobre María y los Apóstoles reunidos en oración en el Cenáculo.
Pero ¿quién es el Espíritu Santo? En el Credo profesamos con fe: «Creo en el Espíritu Santo que es Señor y da la vida». La primera verdad a la que adherimos en el Credo es que el Espíritu Santo es Kýrios, Señor. Ello significa que Él es verdaderamente Dios como lo son el Padre y el Hijo, objeto, por parte nuestra, del mismo acto de adoración y de glorificación que dirigimos al Padre y al Hijo. De hecho, el Espíritu Santo es la tercera Persona de la Santísima Trinidad; es el gran don deCristo Resucitado que abre nuestra mente y nuestro corazón a la fe en Jesús como el Hijo enviado por el Padre y que nos guía a la amistad, a la comunión con Dios.
Pero quisiera sobre todo detenerme en el hecho que el Espíritu Santo es la fuente inagotable de la vida de Dios en nosotros. El hombre de todos los tiempos y de todos los lugares desea una vida plena y bella, justa y buena, una vida que no esté amenazada por la muerte, sino que pueda madurar y crecer hasta su plenitud. El hombre es como un caminante que, atravesando los desiertos de la vida, tiene sed de un agua viva, fluyente y fresca, capaz de refrescar en profundidad su deseo profundo de luz, de amor, de belleza y de paz. ¡Todos sentimos este deseo! Y Jesús nos da esta agua viva: ella es el Espíritu Santo, que procede del Padre y que Jesús vierte en nuestros corazones. « yo he venido para que tengan Vida, y la tengan en abundancia», nos dice Jesús (Jn 10,10).
Jesús promete a la Samaritana donar un “agua viva”, con abundancia y para siempre, a todos aquellos que lo reconocen como el Hijo enviado por el Padre para salvarnos (cfr Jn 4, 5-26; 3,17). Jesús ha venido a donarnos esta “agua viva” que es el espíritu Santo, para que nuestra vida sea guiada por Dios, sea animada por Dios, sea nutrida por Dios. Cuando decimos que el cristiano es un hombre espiritual nos referimos justamente a esto: el cristiano es una persona que piensa y actúa según Dios, según el Espíritu Santo. Y nosotros, ¿pensamos según Dios? ¿Actuamos según Dios? O ¿nos dejamos guiar por tantas otras cosas que no son Dios?
A este punto podemos preguntarnos: ¿por qué esta agua puede saciarnos hasta el fondo? Sabemos que el agua es esencial para la vida; sin agua se muere; ella refresca, lava, hace fecunda la tierra. En la Carta a los Romanos encontramos esta expresión: « el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado» (5,5). El “agua viva”, el Espíritu Santo, Don del Resucitado que toma morada en nosotros, nos purifica, nos ilumina, nos renueva, nos trasforma porque nos hace partícipes de la vida misma de Dios que es Amor. Por esto, el Apóstol Pablo afirma que la vida del cristiano está animada por el Espíritu y de sus frutos, que son «amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia» (Gal 5,22-23). El Espíritu Santo nos introduce en la vida divina como “hijos en el Hijo Unigénito”.
En otro pasaje de la Carta a los Romanos, que hemos recordado varias veces, san Pablo lo sintetiza con estas palabras: «Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para volver a caer en el temor, sino el espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamara Dios ‘Padre’. El mismo espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Si somos hijos, también somos herederos, herederos de Dios y coherederos de Cristo, porque sufrimos con él para ser glorificados con él» (8,14-17). Este es el don precioso que el Espíritu Santo trae a nuestros corazones: la vida misma de Dios, vida de verdaderos hijos, una relación de confidencia, de libertad y de confianza en el amor y en la misericordia de Dios, que tiene también como efecto una mirada nueva hacia los demás, cercanos y lejanos, vistos siempre como hermanos y hermanas en Jesús a los cuales hay que respetar y amar. El Espíritu Santo nos enseña a mirar con los ojos de Cristo, a vivir la vida como la ha vivido Cristo, a comprender la vida como la ha comprendido Cristo.
He aquí por qué el agua viva que es el Espíritu Santo sacia nuestra vida, porque nos dice que somos amados por Dios como hijos, que podemos amar a Dios como sus hijos y que con su gracia podemos vivir como hijos de Dios, como Jesús. Y nosotros, escuchamos al Espíritu Santo que nos dice: Dios te ama, te quiere. ¿Amamos verdaderamente a Dios y a los demás, como Jesús? Y nosotros, ¿escuchamos al Espíritu Santo? ¿Qué cosa nos dice el Espíritu Santo? Dios te ama: ¡nos dice esto! Dios Te ama, te quiere. Y nosotros ¿amamos verdaderamente a Dios y a los demás, como Jesús? Dejémonos guiar, dejémonos guiar por el Espíritu Santo. Dejemos que Él nos hable al corazón y nos diga esto: que Dios es amor, que Él nos espera siempre, que Él es el Padre y nos ama como verdadero papá; nos ama verdaderamente. Y esto solo lo dice el Espíritu Santo al corazón. Sintamos al Espíritu Santo, escuchemos al Espíritu Santo y vayamos adelante por este camino del amor, de la misericordia, del perdón. ¡Gracias!
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