LIBROS RECOMENDADOS

 

Helena

 
ORAR: Los Primeros Cristianos

carro
Gabriel Larrauri
Planeta Testimonio

La selección de textos que se presenta en este libro busca dar a conocer la vida de los primeros cristianos a las mujeres y a los hombres del siglo XXI.

 
Estos textos de la antigüedad cristiana tienen un especial atractivo. Viajamos a los tiempos del nacimiento de la Iglesia. Nos permiten acercarnos a los primeros eslabones de esta fabulosa cadena que a lo largo de la historia ha transformado el mundo. porque nos permiten captar el mensaje cristiano en sus fuentes originarias.
 
 
Quo Vadis?
Quo Vadis?
carro
Henryk Sienkiewicz
Valdemar Histórica

La novela comienza en el año 63 d.C. en tiempos de Nerón, y en ella seremos testigos del gran incendio de Roma, de las primeras persecuciones a los cristianos y de los grandes festivales del circo romano. Se nos muestra el mundo pagano en todo su esplendor, con unas magníficas recreaciones de los personajes.

Vista previa del libro (en inglés): Google Books

 
 
Ben Hur
BEN-HUR
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Lewis Wallace

Edhasa

Esta mítica novela ha conseguido sobrevivir al paso de los años gracias a la fuerza de la historia que narra: la vida de Judá Ben Hur. La intensidad de las escenas, la belleza de los paisajes descritos, así como la gran recreación del lugar que hace Wallace nos lleva a definir esta lectura como una experiencia inolvidable.

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Fabiola
FABIOLA
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Cardenal Wiseman
Homo Legens

Es Fabiola la historia maravillosa de la conversión a la fe cristiana de una joven y bella patricia romana que, asombrada y conmovida, se enfrenta con la nueva religión, por la que los que creen en ella sufren toda clase de tormentos sin desmayos ni claudicaciones, deseosos de ganar la vida eterna. Así su prima Inés –más tarde Santa Inés–, así su esclava Syra y tantos de sus amigos.

Se desarrolla en medio del magnífico cuadro histórico que constituyen aquellos críticos días de la Roma de principios de siglo IV, cuando el cristianismo iluminó las catacumbas  con la luz de la fe y con la sangre derramada por sus miles de mártires.

Para leer el libro: Google Books

 
El Centurión

El Centurión

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John Stewart
MR Ediciones, 1998

Mientras el corrupto Tiberio permanece en su fortaleza de la isla de Capri, las luchas por la sucesión del trono socavan los cimientos del Imperio. Calígula, astuto pero inexperto, se enfrenta a las trampas tendidas por Sejano, el prefecto de la guardia pretoriana. En medio de las intrigas, Lucio Graco tribuno y el centurión Marco Aurelio son enviados a Judea para restablecer el orden.

 
Helena
HELENA
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Evelyn Waugh
Edhasa

La emperatriz Helena, madre del emperador  Constantino el Grande, llevó a cabo el histórico peregrinaje a Palestina, encontró la Cruz de Jesús, y construyó un par de iglesias en Belén y Olivet. Sin embargo, lo que interesa a Evelyn Waugh en esta novela es la interioridad del personaje, sus sentimientos, convicciones y pensamientos.

La vida de Helena coincide además con uno de los momentos más críticos de la historia, el reconocimiento del cristianismo como religión de un Imperio romano devastado por la insensatez, la corrupción y las intrigas, y ése es el ambiente que, espléndidamente recreado, sirve a Waugh de perfecto fondo a su colorista retrato de Helena. Aunado una minuciosa recreación de la trayectoria de sus protagonistas con una brillante reflexión sobre las contradicciones de la civilización occidental, Waugh nos ofrece la que sin duda es una de sus obras más sólidas y convincentes.

 
Yo soy Catio. El gladiador cristiano

Yo soy Catio. El gladiador cristiano
carro
Julio César Romano
Palabra  ( Juvenil )

El personaje de Catio, que descubrió el cristianismo como gladiador en medio del coliseo romano, nos muestra cómo fue extendiéndose la semilla de la fe. La semilla del cristianismo puede prender en las almas más insospechadas. El joven Catio lo encontró en las arenas del coliseo, en medio de espadas, cascos, sangre y sudor. Una pequeña cruz, entregada por un condenado, le hizo descubrir un mundo nuevo. A partir de ese momento toda su vida cambió.

 

'Animo a responder con generosidad y prontitud de corazón a la voz de Cristo'

Palabras de Benedicto XVI en el Ángelus

 

 

 

CASTEL GANDOLFO, domingo 15 julio 2012 (ZENIT.org).-

A la vuelta de Frascati, donde esta mañana se trasladó en visita pastoral, a las 12 horas, Benedicto XVI se asomó al balcón del patio del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo y recitó el Ángelus junto a los fieles y a los peregrinos presentes. Ofrecemos las palabras del papa al introducir la oración mariana.

 

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¡Queridos hermanos y hermanas!

En el calendario litúrgico, el 15 de julio es la memoria de san Buenaventura de Bagnoregio, franciscano, doctor de la Iglesia y sucesor de san Francisco de Asís en el gobierno de la Orden de los Frailes Menores. Él escribió la primera biografía oficial de Francisco, y al final de su vida fue también obispo de esta diócesis de Albano. En una de sus cartas, Buenaventura escribe: "Confieso ante Dios que la razón que me hizo amar más la vida del beato Francisco es que es similar al origen y al crecimiento de la Iglesia" (Epistula de tribus quaestionibus, en Opere di San Buenaventura. Introduzione generale, Roma 1990, p. 29). Estas palabras nos dirigen directamente al evangelio de este domingo, que presenta el primer envío enmisión de los Doce Apóstoles de parte de Jesús. “Jesús llamó a los Doce --narra san Marcos-- y comenzó a enviarlos de dos en dos... Y les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni dinero en el cinturón: sino calzados con sandalias y que no vistan dos túnicas" (Mc 6,7-9 ).

Francisco de Asís, después de su conversión, practicó a la letra este Evangelio, convirtiéndose en un fiel testigo de Jesús; y asociado de un modo especial al misterio de la Cruz, fue transformado en un "otro Cristo", como san Buenaventura lo presenta. Toda la vida de san Buenaventura, así como su teología, tiene como centro de inspiración a Jesucristo. Esta centralidad de Cristo la encontramos en la segunda lectura en la Misa de hoy (Ef.1,3-14), el famoso himno de la Carta de Pablo a los Efesios, que comienza así: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo". El Apóstol muestra cómo se ha realizado este designio de bendición, en cuatro etapas que comienzan todos con la misma expresión "en Él", refiriéndose a Jesucristo. "En él", el Padre nos ha elegido antes de la fundación del mundo; "en Él" tenemos la redención por su sangre; "en Él" nos hemos convertido en herederos, predestinados a ser "alabanza de su gloria"; "en Él", cuantos creen en el Evangelio fueron sellados con el Espíritu Santo.

Este himno paulino contiene el punto de vista de la historia que san Buenaventura ha contribuido a difundir en la Iglesia: toda la historia tiene como centro a Cristo, el cual garantiza también novedad y renovación a cada época. En Jesús, Dios ha hablado y ha dado todo, y ya que Él es un tesoro inagotable, el Espíritu Santo no deja nunca de revelar y actualizar su misterio. Por lo tanto, la obra de Cristo y de la Iglesia no vuelve hacia atrás nunca, sino que avanza siempre.

Queridos amigos, invoquemos a María Santísima, a quien mañana celebraremos como la Virgen del Monte Carmelo, para que nos ayude, como san Francisco y san Buenaventura, para responder generosamente al llamado del Señor, para proclamar su Evangelio de salvación con la palabra y sobre todo con la vida.

El nombre «Christianus» sólo empezó a difundirse en Occidente a partir del siglo IV.

15 de julio de 2012 (L´Osservatore Romano).-

 

Un breve artículo de Carlo Carletti en la edición de este jueves de L´Osservatore Romano aborda un aspecto concreto de la construcción de la identidad cristiana en los primeros tiempos: la forma en que los miembros de la nueva comunidad religiosa se llamaban unos a otros.

La palabra Christianus [cristiano] sólo empezó a difundirse en Occidente, y con mucha lentitud, a partir de la conversión de Constantino, el emperador que con el edicto de Milán del año 313, en virtud del cual la religión cristiana comenzó a dejar se ser perseguida y acabó convirtiéndose en la religión del Imperio.

Antes de esa fecha, la fraternidad cristiana no sólo como virtud, sino también como forma de vida, había hecho cuajar la fórmula "los hermanos" para referirse a los demás miembros de la Iglesia. Así se plasma, por ejemplo,en diversas inscripciones funerarias, donde el deseo de autorrepresentación evidencia este hecho.
 

Tres lápidas...

Carletti se fija por ejemplo en una lápida en torno a al año 220, que se expone en el Museo Nacional de Roma, donde Alejandro, el padre del difunto (Marco), ambos siervos, se dirige en primera persona a quienes lean la lápida: "Os pido, buenos hermanos en el nombre del Dios único, que tras mi muerte nadie dañe esta tumba". Dado que la lápida no estaba en una catacumba, sino en un cementerio donde había tumbas cristianas y paganas, la expresión "hermanos" adquiere un valor identificativo.

Lo mismo pasa con el que se considera el primer elogio funerario latino de la comunidad cristiana de Roma, en torno al año 270. Se conserva en una de las zonas más antiguas del cementerio de Priscila. Son también unos padres que entierran a su hija Ágape, de catorce años, quien al final de los hexámetros se dirige a ellos: "Eucaris, madre mía, y Pío, padre mío, os pido, hermanos, que cuando vengáis aquí a rezar y en todas vuestras oraciones invoquéis al Padre y al Hijo y os acordéis de vuestra querida Ágape, para que Dios Omnipotente la conserve en la eternidad". De nuevo la expresión "hermanos", referida imaginariamente a los padres, alude a su condición de cristianos.

No cerca de la tumba de Ágape está la de Leoncio, unos veinte años anterior, donde sus amigos le despiden así: "Leoncio, paz te desean los hermanos. Adiós".
 
 
...y dos referencias

 
 
 
Este hecho notorio de que los cristianos, antes de existir este nombre, se llamasen "hermanos", sorprendía a los paganos, como recoge Minucio Félix en su imaginario diálogo Octavius: "Se aman casi antes de conocerse... y se llaman sin distinción hermanos y hermanas".

Y un siglo después Lactancio explica: "No hay otra razón para llamarnos hermanos que el hecho de que nos consideramos todos iguales. Esclavos y libres, grandes y pequeños son iguales entre sí y ante Dios se distinguen sólo por la virtud".

La hermandad como identidad, y la identidad en Cristo: dos denominaciones sucesivas, pues, y un mismo principio que ya latía en los siglos de los mártires.

 

 

 

 

 

San Benito de Nursia

Benito de Nursia,  nació en Nursia, cerca de la ciudad italiana de Spoleto, el año 480, fundó la orden de los benedictinos y es considerado patrón de Europa y patriarca del monaquismo occidental. Benito escribió una Regla para sus monjes que fue llamada "La Santa Regla" y que ha sido inspiración para los reglamentos de muchas otras comunidades religiosas. Su hermana gemela, Escolástica, también alcanzó la santidad.

Después de haber recibido en Roma una adecuada formación, estudiando la retórica y la filosofía. Se retiró de la ciudad a Enfide (la actual Affile), para dedicarse al estudio y practicar una vida de rigurosa disciplina ascética. No satisfecho de esa relativa soledad, a los 20 años se fue al monte Subiaco bajo la guía de un ermitaño y viviendo en una cueva.

Tres años después se fue con los monjes de Vicovaro. No duró allí mucho ya que lo eligieron prior pero después trataron de envenenarlo por la disciplina que les exigía. Con un grupo de jóvenes, entre ellos Plácido y Mauro, fundo su primer monasterio en en la montaña de Cassino en 529 y escribió la Regla, cuya difusión le valió el título de patriarca del monaquismo occidental. Fundó numerosos monasterios, centros de formación y cultura capaces de propagar la fe en tiempos de crisis.

 

"San Benito de Nursia, padre del monacato occidental, ejerció un influjo fundamental en el desarrollo de la civilización y cultura europea".

La fuente más importante para conocer su biografía es el segundo libro de los Diálogos, escrito por San Gregorio Magno, y en el que se presenta a San Benito como astro luminoso frente a la crisis de valores e instituciones que se vivía en su tiempo. San Benito nació en torno al año cuatrocientos ochenta en una familia acomodada".

Estudió en Roma y, queriendo solamente agradar a Dios, marchó a Effide, en donde se asoció a una comunidad de monjes. Vivió luego durante tres años como eremita en Subiaco y de allí se estableció en Montecasino.

Antes de morir, en marzo del año quinientos cuarenta y siete, escribió una Regla para la familia monástica que fundó, en la que se contienen indicaciones útiles no sólo para sus monjes, sino para todos los que buscan una guía en su camino hacia Dios. En mil novecientos sesenta y cuatro, Pablo Sexto proclamó a san Benito Patrón de Europa".

 

Benedicto XVI está

terminando su libro sobre

Jesús de Nazareth

El Papa está dedicando sus vacaciones a terminar la tercera y última parte de su libro “Jesús de Nazareth”.

 

12 de julio, 2012. (Romereports.com).-

El Papa está dedicando sus vacaciones a terminar la tercera y última parte de su libro “Jesús de Nazareth”. Lo ha confirmado el portavoz del Vaticano, el sacerdote Federico Lombardi.

P. FEDERICO LOMBARDI

Portavoz del Vaticano

Ha retomado el libro sobre Jesús, está trabajando para poder terminarlo. Como sabemos, en él trata sobre los evangelios de la infancia”.

Comenzó aescribirlo cuando era cardenal. Desde que fue elegido Papa ha dedicado a esta obra todas sus vacaciones. Publicó el primer volumen en el año 2007 y el segundo en 2011. Durante estas semanas espera concluir el tercer volumen, en el que reflexiona sobre la infancia de Jesús.
 
Además, en Castel Gandolfo está trabajando sus discursos del viaje al Líbano previsto para septiembre, y está preparando los argumentos del próximo Año de la Fe y del 50 aniversario del Concilio Vaticano II.

 

 

 

Presentamos la novela

"El Enigma del esclavo" 

de Juan Ivars

Javier Cercas Rueda en Pasen y Lean

Onésimo es un esclavo que huye de la hacienda donde ejerce como capataz para su amo Filemón, en Colosas, y vuelve al cabo de los años pidiendo su libertad con una carta de recomendación firmada en Roma por el apóstol Pablo. Este documento forma parte del corpus paulino y es prácticamente todo cuanto se sabe a ciencia cierta de este personaje. El resto es novela.

Ivars se apoya en las fuentes históricas del periodo, en lo que conocemos de la vida de los primeros cristianos y en una detallada reconstrucción geográfica de lugares y ciudades, para recrear lo que podría haber sido el periplo de Onésimo en esos años. Inventa un personaje en busca de la libertad y de la inmortalidad, lo pone en relación con las fuentes espirituales de la época (fariseos, mitologías paganas y primeros cristianos) y lo coloca en todos los escenarios posibles de Asia Menor, Grecia y Roma.

Docenas de personajes, muchos inspirados en los Hechos de los Apóstoles, y todo tipo de situaciones (viajes, luchas, encuentros, posibilidades románticas), envuelven el viaje vital del esclavo Onésimo. El periodista Juan Ivars (Valencia, 1951) ha escrito una historia sencilla y clara que vale sobre todo como recreación de una época y de la valiosa referencia de los primeros seguidores de Cristo.

 Pasen y Lean

En los comienzos de la era cristiana vivían en Galilea gentes de dos culturas distintas. Una parte importante de la población estaba constituida por personas de formación helénica, que ha­blaban griego, vivían sobre todo del comercio y la in­dustria, y vivían en las grandes ciudades como Tolemaida ‑con un puerto impor­tante en el Mar Mediterráneo‑, Séforis ‑en el interior‑ o Tiberiades ‑aorillas del Mar de Galilea‑. En cambio, la población rural era predominantemente judía, ha­blaba arameo, y vivía en casas de campo, aldeas o pequeñas poblaciones. Algunos de sus nombres resultan muy familiares para los lectores de los Evangelios: Nazaret, Caná, Cafarnaum, Corazim, Betsaida, ...

En los comienzos de la era cristiana vivían en Galilea gentes de dos culturas distintas. Una parte importante de la población estaba constituida por personas de formación helénica, que ha­blaban griego, vivían sobre todo del comercio y la in­dustria, y vivían en las grandes ciudades como Tolemaida ‑con un puerto impor­tante en el Mar Mediterráneo‑, Séforis ‑en el interior‑ o Tiberiades ‑a orillas del Mar de Galilea‑. En cambio, la población rural era predominantemente judía, ha­blaba arameo, y vivía en casas de campo, aldeas o pequeñas poblaciones. Algunos de sus nombres resultan muy familiares para los lectores de los Evangelios: Nazaret, Caná, Cafarnaum, Corazim, Betsaida.

No parece que hubiera un trato frecuente entre las gentes judías y helenísti­cas de Galilea a pesar de vivir muy próximos unos a los otros. Posiblemente sólo el imprescindible para satisfa­cer las necesidades básicas. Los campesinos judíos acudirían al mercado de las ciudades para vender sus productos y para com­prar algunas herramientas necesarias para su trabajo. Por eso no resulta nada extraño que supieran hablar un poco de griego, lo mismo que la población gentil sería ca­paz de entender algo el arameo.

Esta separación entre las poblaciones que nos muestra ac­tualmente la arqueología también puede apreciarse ‑aunque muy delicadamente‑ en los relatos evangélicos. Sabemos que Jesús estuvo viviendo en Nazaret, que asistió a una boda en Caná, que también vivió en la ciudad de Cafarnaum, que hizo milagros en Corazim, que paseó por el puerto de Betsaida. Sin embargo no te­nemos cons­tancia cierta de que estuviera en ninguna ciudad de población greco-parlante. Llama la atención que no se nombre en ningún Evangelio la ciudad de Séforis, que está a casi la misma distancia de Nazaret que Caná, cuando era una población grande y populosa. Otro tanto sucede con la ciudad de Tiberiades, que fue fun­dada hacia el año 20 en las orillas del Lago de Genesaret, a unos treinta kilóme­tros de Nazaret. Es casi seguro que la funda­ción y construcción de esta ciudad fuera objeto de comentarios por parte los vecinos de Nazaret ‑entre los cuales es­taba Jesús, que tendría unos veinticinco años­‑. Sin embargo nunca se dice en el Evangelio que Jesús la visitara. E incluso cuando parece que Jesús va a algunas de las ciudades o zonas de población no judía nunca tenemos la certeza de que en­trara en las ciudades, ya que en todos los casos el texto sagrado introduce alguna fórmula genérica que parece designar más bien la zona o los alrededores que la población misma. Así, por ejemplo, se dice que Jesús va a los “términos” de Gadara (Mc 5,1-18), a la “región” de Tiro y Sidón (Mc 7,24-31) o a los “alrededores” de Cesarea de Filipo (Mc 8,27).

NAZARET

Hace unos dos mil años Nazaret era una aldea desconocida para casi todos los habitantes de la tierra. Era un puñado de pobres ca­sas clavadas en unos promontorios de roca en la Baja Galilea. Ni siquiera en su región tenía una gran impor­tancia. A algo más de dos horas de camino a pie se podía llegar a la ciudad de Séforis, donde se concentraba la mayor parte de la activi­dad comercial de la zona. Se trataba de una ciudad próspera, con ricas construcciones y un cierto nivel cultural. Sus habitantes hablaban griego y tenían buenas relaciones con el mundo intelectual greco-latino. En cambio, en Nazaret vivían unas pocas familias judías, que hablaban en arameo. La mayor parte de sus habitantes se de­dicaban a la agricultura y la ganadería, pero no faltaba algunos ar­tesanos y obreros que se desplazaran a diario a trabajar en las construcciones de la vecina Séforis. Las excavacio­nes arqueológi­cas han sacado a la luz parte del antiguo Nazaret. En las casas se aprovechaban las numerosas cuevas que presenta el terreno para acondicionar en ellas sin realizar muchas modifi­caciones alguna bodega, silo o cisterna. El suelo se aplanaba un poco delante de la cueva, y ese recinto se cerraba con unas pare­des elementales. Posiblemente las familias utilizarían el suelo de esa habitación para dormir (Lc 11,5-9.

CAFARNAUM

Restos de la sinagoga de CafarnaúnJunto al lago de Genesaret se encontraba Cafarnaum. No era una gran ciudad, pero sí una de las poblaciones ju­días más importantes de la región, ya que estaba en una zona fronteriza, junto al camino que unía Galilea con la tetrarquía gobernada por Filipo, por lo que había en ella servicio de aduanas y una guarnición militar. Tenía una buena sinagoga, de la que todavía se conservan sus funda­mentos de piedra basáltica. En un terre­no llano, a la orilla del lago, se aglomeraban las casas y habitaciones alrededor de patios y calles angostas. Aquí no hay un terreno rocoso como en Nazaret, por lo que la técnica de construcción era distinta, así como el tipo de casas. Sus casas estaban construidas con paredes formadas de grandes piedras basálticas de forma parecida a la de un disco, y los huecos entre unas y otras se tapaban con cantos y barro, pero sin argamasa. Había muy pocas piedras talladas, que se utilizaban para los dinteles y las jambas de las puertas y ventanas. Las casas estaban cubiertas por travesaños de ramas de árboles reforzados con ca­pas de tie­rra, de juncos y de paja.

Todavía se conservan las paredes de una habitación que una antigua tradi­ción, avalada por las recientes exca­vaciones arqueológicas, identi­fica con la casa de San Pedro. Tiene unas dimensiones de siete metros de longitud por seis me­tros y medio de anchura, y en ella hay signos de veneración a partir del siglo primero, que testimonian el respeto con que ha sido cuidada por los cris­tianos casi desde sus orígenes. Junto a su puerta hay una plazuela que muchas veces resultaría pequeña para contener a la gente que acudía para ver y escuchar a Jesús (cfr. Mc 2,1-5).

 

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