Intervención de Benedicto XVI

en la que presentó la figura

de san andrés

Benedicto XVI presenta las perennes lecciones de san Andrés apóstol

En la audiencia general de este miércoles

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 14 junio 2006 (ZENIT.org).-

Benedicto XVI dedicó este miércoles la audiencia general a presentar las lecciones que ha dejado a los creyentes de todas las épocas el apóstol san Andrés.

Al dirigirse a 30.000 peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro del Vaticano, el pontífice continuó así con la serie de catequesis sobre la Iglesia, en la que presentará la figura de los doce apóstoles.

Tras haber dedicado tres catequesis a san Pedro, primer obispo de Roma, en esta ocasión evocó la figura de su hermano, Andrés, discípulo de Juan Bautista, evangelizador de los griegos, patrono del patriarcado ecuménico ortodoxo de Constantinopla.

Andrés, como recordó Benedicto XVI, fue el primer apóstol que recibió la llamada de Jesús a seguirle, motivo por el que la liturgia de la Iglesia bizantina le honra con el apelativo de «Protóklitos», que significa el «primer llamado».

«Por la relación fraterna entre Pedro y Andrés, la Iglesia de Roma y la Iglesia de Constantinopla se sienten de manera especial como Iglesias hermanas entre sí», recordó Benedicto XVI.

Papa Pablo VI, en 1964, «restituyó la insigne reliquia de san Andrés, hasta entonces custodiada en la Basílica vaticana, al obispo metropolita ortodoxo de la ciudad de Patrás, en Grecia, donde según la tradición, el apóstol fue crucificado».

También de acuerdo con la tradición, Andrés, como su hermano Pedro, pidió ser colocado en una cruz diferente a la de Jesús. En su caso, se trató de una cruz en forma de aspa.

Andrés --indicó el Papa-- enseña que «la Cruz, más que un instrumento de tortura», es «el medio incomparable de una asimilación plena con el Redentor, con el Grano de trigo caído en la tierra».Martirio de San Andrés

«Tenemos que aprender una lección muy importante --advirtió--: nuestras cruces alcanzan valor si son consideradas y acogidas como parte de la cruz de Cristo, si son tocadas por el reflejo de su luz».

«Sólo por esa Cruz también nuestros sufrimientos quedan ennoblecidos y alcanzan su verdadero sentido», reconoció el Papa.

Para subrayar esta relación --siguió diciendo-- el

«Que el apóstol Andrés nos enseñe a seguir a Jesús con prontitud (Mateo 4, 20; Marcos 1, 18), a hablar con entusiasmo de Él a todos aquellos con los que nos encontramos, y sobre todo a cultivar con Él una relación de auténtica familiaridad, conscientes de que sólo en Él podemos encontrar el sentido último de nuestra vida y de nuestra muerte», concluyó.

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Intervención de Benedicto XVI

en la que presentó la figura de

san pedro(III)

Benedicto XVI explica el primado de Pedro según el Nuevo Testamento

Recorre los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles para ilustrar en qué consiste

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 7 junio 2006 (ZENIT.org).-

Benedicto XVI mostró este miércoles en la audiencia general cómo Cristo en los Evangelios confío a Pedro un papel preeminente entre los apóstoles que consiste en garantizar la unidad en la Iglesia.

Al dirigirse a unas 50.000 personas congregadas en la plaza de San Pedro, el pontífice dedicó su tercera intervención a la figura del pescador de Galilea --después de las catequesis del 15 y del 24 de mayo--, presentando en esta ocasión a Pedro como «la roca sobre la que Cristo fundó la Iglesia».

«Recemos para que el primado de Pedro, confiado a pobres seres humanos, sea siempre ejercido en este sentido original deseado por el Señor y para que lo puedan reconocer cada vez más en su significado verdadero los hermanos que todavía no están en comunión con nosotros», dijo el Papa al concluir.

Su meditación se convirtió en un repaso de las páginas del Evangelio y en parte de los Hechos de los Apóstoles en los que «se manifiesta la voluntad de Cristo de atribuir a Pedro un especial relieve dentro del colegio apostólico con numerosos indicios».

Él es, por ejemplo, el único apóstol a quien Jesús le asigna un nuevo nombre, Cefas, que quiere decir «Piedra», nombre que acabará sustituyendo al original, Simón.

Pedro es el único que es nombrado en numerosas ocasiones por su nombre, mencionándose al resto de los apóstoles en grupo, y siempre es recordado como el primero del grupo en los Evangelios.

«Fue el primero a quien lavó los pies en la última Cena --recordó el Santo Padre-- y sólo reza por él para que no desfallezca en la fe y pueda confirmar después en ella a los demás discípulos».

Por otra parte, «el mismo Pedro es consciente de esta posición particular que tiene --siguió diciendo--: es él quién habla a menudo, en nombre de los demás, pidiendo explicaciones ante una parábola difícil, o para preguntar el sentido exacto de un precepto o la promesa formal de una recompensa».

En el capítulo 16 de Mateo (versículos 18 a 19) Jesús pronuncia «la declaración solemne que define, de una vez por todas, el papel de Pedro en la Iglesia», siguió aclarando el pontífice: «tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos»

«Las tres metáforas a las que recurre Jesús son en sí muy claras: Pedro será el cimiento de roca sobre el que basará el edificio de la Iglesia; tendrá las llaves del Reino de los cielos para abrir y cerrar a quien le parezca justo; por último, podrá atar o desatar, es decir, podrá establecer o prohibir lo que considere necesario para la vida de la Iglesia, que es y seguirá siendo de Cristo».

  San Pedro  
   

«Es siempre la Iglesia de Cristo y no de Pedro. Describe con imágenes plásticas lo que la reflexión sucesiva calificará con el término "primado de jurisdicción"», subrayó.

Y esta posición preeminente que Jesús quiso entregar a Pedro «se constata también después de la resurrección», ilustró su sucesor den la sede de Roma, en el nacimiento de la primera comunidad cristiana.

«En el así llamado Concilio de Jerusalén, Pedro desempeña una función directiva, y precisamente por el hecho de ser el testigo de la fe auténtica, el mismo Pablo reconocerá en él un papel de "primero" ».

«Además, el hecho de que varios de los textos claves referidos a Pedro puedan ser enmarcados en el contexto de la Última Cena, en la que Cristo confiere a Pedro el ministerio de confirmar a los hermanos, muestra cómo la Iglesia, que nace del memorial pascual celebrado en la Eucaristía, tiene en el ministerio confiado a Pedro uno de sus elementos constitutivos», siguió aclarando.

Este contexto del Primado de Pedro en la Última Cena, explica la esencia del primado, dijo por último: «Pedro tiene que ser el custodio de la comunión con Cristo; tiene que guiar en la comunión con Cristo de modo que la red no se rompa, sino que sostenga la gran comunión universal».

«Sólo juntos podemos estar con Cristo, que es el Señor de todos. La responsabilidad de Pedro consiste en garantizar así la comunión con Cristo con la caridad de Cristo, guiando a la realización de esta caridad en la vida de todos los días», concluyó.

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Intervención de Benedicto XVI

en la que presentó la figura

de san pedro (II)

«La fe no es una marcha triunfal», explica Benedicto XVI

Muestra cómo Pedro, «el pescador», se convirtió en «el apóstol»

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 24 mayo 2006 (ZENIT.org).-

«La fe no es una marcha triunfal, sino un camino salpicado de sufrimientos y de amor», explicó Benedicto XVI este miércoles en la audiencia general.

Dedicó su intervención ante más de 35.000 peregrinos, congregados en la plaza de San Pedro, a explicar la manera en que el primer Papa, san Pedro, pasó de ser «el pescador» de Galilea a convertirse en «el apóstol».

«También Pedro tiene que aprender que es débil y que necesita perdón», explicó recordando el pasaje en el que, antes de la crucifixión, renegó de Jesús.

«Cuando finalmente se le cae la máscara y entiende la verdad de su corazón débil de pecador creyente, estalla en un llanto de arrepentimiento liberador. Tras este llanto ya está listo para su misión», aclaró el Papa.

La meditación se centró en dos momentos decisivos del apóstol que llegaría a ser el primer obispo de Roma: la multiplicación de los panes y el momento, en el que tras la resurrección, Jesús le llama a ser pastor de la Iglesia universal.

«La generosidad impetuosa de Pedro no le libra, sin embargo, de los peligros ligados a la debilidad humana. Es lo que también nosotros podemos reconocer basándonos en nuestra vida», indicó el Santo Padre.

Antes de la cruz, «también él cede al miedo y cae: traiciona al Maestro», evocó. «La escuela de la fe no es una marcha triunfal, sino un camino salpicado de sufrimientos y de amor, de pruebas y fidelidad que hay que renovar todos los días».

«Pedro, que había prometido fe absoluta, experimenta la amargura y la humillación del que reniega: el orgulloso aprende, a costa suya, la humildad», indicó, mostrando la clave que hizo de Pedro un apóstol.

Fe así, como «en una mañana de primavera», a orillas del Lago de Tiberíades, Jesús, tras la resurrección, le confió esa misión. Benedicto XVI revivió el diálogo de las tres preguntas de Jesús a Pedro, «¿me amas más que éstos».

 
  San Pedro  
   
 

El pescador ha dejado atrás la vehemencia que le caracterizaba y ahora reconoce sus límites. Explicando el juego de palabras que se esconde tras los verbos originales griegos, el Papa llegó a la última respuesta: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero».

«¡Parecería que Jesús se ha adaptado a Pedro, en vez de que Pedro se adaptará a Jesús! Precisamente esta adaptación divina da esperanza al discípulo, que ha experimentado el sufrimiento de la infidelidad».

«De aquí nace la confianza, que le hace ser capaz de seguirle hasta el final», incluida la muerte en la ciudad eterna, dijo por último.

«De los ingenuos entusiasmos de la adhesión inicial, pasando a través de la experiencia dolorosa de la negación y del llanto de la conversión, Pedro llegó a fiarse de ese Jesús que se adaptó a su pobre capacidad de amor».

«Y nos muestra también a nosotros el camino, a pesar de toda nuestra debilidad. Sabemos que Jesús se adapta a esta debilidad nuestra. Nosotros le seguimos, con nuestra pobre capacidad de amor y sabemos que Jesús es bueno y nos acepta», concluyó el Santo Padre.

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Intervención de Benedicto XVI

en la que presentó la figura

de san pedro (I)

El Papa presenta la aventura espiritual de san Pedro como lección y consuelo

Como el apóstol, dice, «tenemos que seguir a Jesús y no precederle»

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 17 mayo 2006 (ZENIT.org).-

  San Pedro  
  San Pedro

Benedicto XVI revivió este miércoles la aventura espiritual de san Pedro, el pescador de Galilea, para sacar una lección: seguir los proyectos de Dios y no transformarlos con nuestros deseos humanos.

Repasando la llamada de Cristo a Simón y sus primeros pasos tras el Señor, el Papa constató que Pedro quería, en un primer momento, «un Mesías "hombre divino", que responda a las expectativas de la gente, imponiendo a todos su potencia».

«Nosotros también deseamos que el Señor imponga su potencia y transforme inmediatamente el mundo», reconoció.

Sin embargo, siguió aclarando, «Jesús se presenta como el "Dios humano", el siervo de Dios, que trastorna las expectativas de la muchedumbre, abrazando un camino de humildad y de sufrimiento».

Escucharon en esta ocasión la catequesis del Papa más de 45.000 peregrinos, en una soleada mañana. Continuaba así con la serie de reflexiones sobre la Iglesia. Tras haber explicado que Cristo la confió a sus apóstoles, en las próximas semanas recorrerá, uno a uno, estos personajes.

Y el Papa comenzó por su predecesor presentando dos escenas decisivas de su vida.

Comenzó perfilando el carácter del personaje: «era un judío creyente y observante, confiado en la presencia activa de Dios en la historia de su pueblo».

Presentó también su «carácter decidido e impulsivo», «dispuesto a hacer prevalecer sus razones, incluso con la fuerza», como cuando sacó la espada cortando la oreja de una persona en el Huerto de los Olivos para defender a Jesús.

«Al mismo tiempo, a veces es también ingenuo y temeroso, así como honesto, hasta llegar al arrepentimiento más sincero».

La primera escena que presentó del «itinerario espiritual» de Pedro, fue la llamada de Jesús, cuando tras dirigirse a la muchedumbre desde su barca, tuvo lugar la pesca milagrosa.

Ante las redes llenas, el pescador experto reaccionó con «asombro y estremecimiento»: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador».

Jesús le respondió invitándole a ser «pescador de hombres» y el Papa añadió hablando en la plaza levantada en el mismo lugar de su martirio: «Pedro no se podía imaginar todavía que un día llegaría a Roma y que aquí sería "pescador de hombres" para el Señor».

Y a pesar de que Pedro respondió con generosidad a esta llamada, en realidad «el Mesías al que está siguiendo en sus sueños es muy diferente al auténtico proyecto de Dios». Por eso, «ante el anuncio de la pasión, se escandaliza y protesta».

Y Jesús le dice: «¡quítatede mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres». O con otras palabras, como aclaró Benedicto XVI, «no me indiques tú el camino, yo sigo mi camino y tú ponte detrás de mí».

  San Pedro  
   
Cristo entonces le explicó en que consiste seguirle. Se trata, en realidad, de una segunda llamada: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame...». Al aceptar estas palabras, el apóstol vivió su segunda «conversión».

«Estas diferentes conversiones de san Pedro y toda su figura son motivo de gran consuelo y una gran enseñanza para nosotros», dijo el Papa al sacar lecciones para la vida de cualquier cristiano.

«También nosotros deseamos a Dios, también queremos ser generosos, pero también nosotros nos esperamos que Dios sea fuerte en el mundo y transforme inmediatamente el mundo, según nuestras ideas, según las necesidades que vemos», constató.

«Dios opta por otro camino. Dios escoge el camino de la transformación de los corazones en el sufrimiento y en la humildad. Y nosotros, como Pedro, siempre tenemos que convertirnos de nuevo», propuso.

«Tenemos que seguir a Jesús y no precederle: Él nos muestra el camino», recalcó.

«Pedro nos dice --aseguró--: tú piensas que tienes la receta y que tienes que transformar el cristianismo, pero quien conoce el camino es el Señor. Es el Señor quien me dice a mí, quien te dice a ti: "¡sígueme!"».

«Y tenemos que tener la valentía y la humildad para seguir a Jesús, pues Él es el Camino, la Verdad y la Vida», concluyó.

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"LAS MUJERES ESTABAN

DISCRIMINADAS ENTRE

LOS PRIMEROS CRISTIANOS"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

RESPUESTA:  Es falso, porque llevaban a cabo una importante labor apostólica y su fe es destacada por San Pablo e incluso por autores paganos.

Esta acusación no se sostiene si uno se fija, por ejemplo, en las numerosas menciones que San Pablo hace en sus cartas a diversas mujeres (citando incluso sus nombres) para destacar sus esfuerzosen la labor de predicación del Evangelio o agradecerles algún servicio prestado a él o a la comunidad: Claudia, Cloe, Apfia, Evodia, Síntique, Ninfas...

María y las santas mujeres
 

De hecho, el propio Benedicto XVI quiso cerrar su ciclo de catequesis sobre los testigos del cristianismo naciente con una audiencia dedicada a "las mujeres al servicio del Evangelio" (14 de febrero de 2007).

 

Al ser preguntado por la cuestión del papel de la mujer en el cristianismo primitivo, el profesor Domingo Ramos-Lissón explica lo siguiente:

 

"Se puede decir que el trabajo apostólico de las mujeres en la Antigüedad cristiana tuvo una importancia extraordinaria. Un índice de la relevancia que tuvieron es la crítica que manifestaron por este motivo algunos paganos ilustres, como Plinio, Celso y Porfirio, que hacen un derroche de ironía contra el cristianismo, al reconocer la rápida profusión de conversiones entre las mujeres.

 

Desde los orígenes cristianos, la mujer desempeña un papel insustituible en la difusión evangélica. Un ejemplo, podía ser el de Priscila, que evangeliza a Apolo, según nos narra S. Lucas (Hch 18, 26). Clemente de Alejandría describe el papel de estas cristianas, que ayudaban a los primeros Apóstoles y que son las únicas que pueden entrar en los gineceos, servir de intermediarias y llevar a esas estancias la doctrina liberadora del Señor (Stromata, III, 6, 53).

 

En la literatura apócrifa cristiana encontramos los Hechos de Pablo y Tecla, que son una especie de novela histórica del siglo II, cuyo anónimo autor narra el protagonismo de Tecla y la presenta como la evangelista del Apóstol entre las mujeres. Los ejemplos podrían multiplicarse".

Además, el número de mujeres santas, mártires y vírgenes, de los primeros siglos es impresionante: las santas Felicidad y Perpetua, Santa Inés, Santa Águeda, Santa Lucía, Santa Cecilia... Todo ello sin olvidar a tantas mujeres desconocidas, como el caso de muchas viudas, que desde los tiempos apostólicos formaban un «orden» y atendían a ministerios con mujeres. 

Leer también:

LAS MUJERES QUE SIGUEN A JESÚS

LA MUJER JUDÍA EN TIEMPOS DE JESÚS.  ¿Cómo vivía la Virgen María?

San Pablo y las mujeres: ¿Un pionero del feminismo? 

¿Qué aportó el primitivo cristianismo a la historia de la humanidad?

“LAS MUJERES DE JESÚS”  Artículo de Juan Manuel de Prada

"LA IGLESIA LA FUNDÓ

EL EMPERADOR CONSTANTINO

EN EL 313 d.C."

 

 

 

 

 

 

 

 

RESPUESTA:  Es falso, porque ya hay referencias a la Iglesia y su estructura en escritos muy anteriores a esa fecha.

Para refutar esta tesis tenemos, por un lado, las palabras de Jesús en las que funda la Iglesia (“Tú eres Pedro…”), que aparecen en los Evangelios, cuyos primeros códices o copias se remontan al siglo II (antes de que Constantino llegara a emperador, por tanto).Estatua de Constantino

Además, hay numerosas referencias en los escritos de los primeros cristianos que muestran que existía un orden jerárquico desde los primeros tiempos de la comunidad cristiana.

El ejemplo más claro es el de laprimera carta de San Pablo a Timoteo, en la que el habla del “jefe de la comunidad” (es decir, el obispo), “los presbíteros” y “los diáconos”.

 
Otros ejemplos de textos en los que se menciona uno o varios de los tres órdenes de la estructura jerárquica de la Iglesia son: la carta de san Policarpo a los filipenses, las cartas de san Ignacio de Antioquía refiriéndose a su martirio (“Yo me ofrezco como rescate por quienes se someten al obispo, a los presbíteros y a los diáconos”), la epístola a los corintios de San Clemente Romano y un largo etcétera.

Todos estos testimonios son muyanteriores a la promulgación del Edicto de Milán en el 313 por parte del emperador Constantino.

Lo cierto es que, como señala José Orlandis en su Historia de la Iglesia (2001), “a medida que los Apóstoles desaparecieron,se generalizó en todas partes el episcopado local monárquico, que ya se había introducido desde un primer momento en otras iglesias particulares.
 
El obispo era el jefe de la iglesia, pastor de los fieles y, en cuanto sucesor de los Apóstoles, poseía la plenitud del sacerdocio y la potestad necesaria para el gobierno de la comunidad.

La estructura interna de las comunidades cristianas era jerárquica. El obispo —jefe de la iglesia local— estaba asistido por el clero, cuyos grados superiores —los órdenes de los presbíteros y los diáconos— eran, como el episcopado, de institución divina.

 Clérigos menores, asignados a determinadas funciones eclesiásticas, aparecieron en el curso de estos siglos. Los fieles que integraban el Pueblo de Dios eran en su inmensa mayoría cristianos corrientes, pero los había también que se distinguían por una u otra razón”.

 

Por último, cabe argumentar que el Primado del obispo de Roma era ya reconocido por todo el pueblo cristiano desde la época de San Pedro, manteniéndose su sucesión desde la muerte de éste un siglo y medio antes de Constantino.

El Santo Sudario: el cuerpo desapareció en un "big-bang"

El reciente estudio del científico italiano Giuseppe Baldacchini verificaría la autentificad del Sudario según las leyes dela física conocidas hoy en día.

Martes, 3 de julio, 2012 (vatincaninsider).- 

Marco Tosatti, Roma

Giuseppe Baldacchini es un físico que durante muchos años ha tenido responsabilidades en el ENEA de Frascati (Italia). Sin embargo, también es un estudioso apasionado de ese objeto misterioso que es el Sudario de Turín, y justamente en estos días ha reunido sus reflexiones en un trabajo que se puede consultar íntegro en la siguiente dirección En particular, expone una hipótesis fascinante para responder a una serie de dudas sobre la formación de la imagen y sobre cómo habría sido posible que el cuerpo envuelto en la sábana fúnebre haya desaparecido.

Baldacchini plantea dos hipótesis de trabajo: que el Sudario sea una falsificación medieval útil para la Iglesia católica (para fomentar prácticas de devoción o propaganda religiosa como tantas otras reliquias), o que se trate de un objeto auténtico con el que fue envuelto verdaderamente el cuerpo de Jesús y que, como tal, haya sido el único testigo de su Resurrección.

“El Sudario es una sábana de lino antiguo, de alrededor de 4,40 por 10 metros, en la que se encuentran signos como los de una débil imagen corpórea (IC) frontal y dorsal, además de algunas manchas de líquidos orgánicos e inorgánicos. En las últimas décadas se descubrió que la IC no es un dibujo o una pintura llevada a cabo con técnicas conocidas, y que algunas manchas rosadas pertenecen a sangre humana (Antonacci, 2000; Wilson, 2010). Naturalmente no podemos todavía excluir que se trate de una falsificación, y entonces deberíamos suponer que el Sudario es una falsificación medieval llevada a cabo por el falsificador más genial de la Tierra y que sigue siendo desconocido (Baldacchini, 2011). Como consecuencia, el hipotético autor, o autores, conocían algunas tecnologías o poesían información sobre ellas antes de su invención y divulgación”.

Baldacchini enlista once elementos científicos determinantes para concluir que el Sudario no es una falsificación.Por razones de espacio, no podemos enumerarlas todas aquí (se puede consultar, para aclarar más dudas, el trabajo íntegro antes indicado). El estudioso recuerda que “El Sudario no contiene huellas de líquidos o gases putrefactos (estos signos se producen después de que hayan pasado 40 horas de la muerte, por lo que el cuerpo ya no se encontraba antes de entonces, pero no demasiado, porque hay algunas manchas de sangre que, para formarse, necesitaron de un poco de tiempo debido al proceso de hemólisis)”; además indica que “el cuerpo no fue removido manualmente (no hay indicios de que haya sido arrastrado con respecto a las manchas de sangre)”.

Benedicto ante la Síndone

Entonces, ¿cómo desapareció el cuerpo? Responde Baldacchini: “El único fenómeno conocido por la física que conduce a la completa desaparición de la masa con una producción de energía equivalente es el proceso de aniquilación materia-antimateria (AMA), que hoy podemos reproducir tan solo a nivel subatómico en los laboratorios e partículas elementales, pero que fue una constante inmediatamente después del Big Bang, es decir en los instantes iniciales de existencia de nuestro universo”. La “teoría de la aniquilación” satisface las características exigidas por hipótesis anteriores: “De hecho, solamente se libera una pequeña parte de la energía de la masa en reposo, mientras el cuerpo se aniquila completamente y vuelve a aparecer prácticamente como era fuera del Sudario”.

Las hipótesis anteriores se referían a la energía de radiación (MEB) y al “cuerpo mecánicamente transparente (REB), que se completaban con la hipótesis del “Método histórico consistente” (chm). Todas estas teorías fueron elaboradas con el pasar del tiempo para tratar de dar una explicación a la desaparición del cuerpo, que no fue removido mecánicamente de la sábana fúnebre. En la argumentación que completa el estudio, el físico italiano afirma que “La hipótesis AMA no nos dice nada, excepto que el cuerpo se desmaterializó dentro del Sudario e, instantáneamente, se materializó de nuevo en otro sitio, muerto o vivo, indiferente para las leyes de la física, mismas que no contradicen las narraciones evangélicas que le describen resucitado, es decir vivo”. Y coinciden con las características químicas y físicas del Sudario de Turín. “Me empujé casi hasta los límites de los conocimientos científicos actuales, pero traté de permanecer dentro de las leyes de la física conocidas hasta la fecha, sobre todo la conservación de la energía y la no conservación de algunos parámetros fundamentales en los procesos elementales que son la base de la existencia de nuestro universo”, concluye el estudioso.

 "Los Mitos sobre la Iglesia primitiva"

SEGUNDO MITO 

 

"LAS MUJERES ESTABAN DISCRIMINADAS ENTRE LOS PRIMEROS CRISTIANOS"

 

 

 

 

 

 

 

 

RESPUESTA:  Es falso, porque llevaban a cabo una importante labor apostólica y su fe es destacada por San Pablo e incluso por autores paganos.

 

Esta acusación no se sostiene si uno se fija, por ejemplo, en las numerosas menciones que San Pablo hace en sus cartas a diversas mujeres (citando incluso sus nombres) para destacar sus esfuerzos en la labor de predicación del Evangelio o agradecerles algún servicio prestado a él o a la comunidad: Claudia, CloeApfiaEvodia, Síntique,Ninfas...

María y las santas mujeres

De hecho, el propio Benedicto XVI quiso cerrar su ciclo de catequesis sobre los testigos del cristianismo naciente con una audiencia dedicada a "las mujeres al servicio del Evangelio" (14 de febrero de 2007).

Al ser preguntado por la cuestión del papel de la mujer en el cristianismo primitivo, el profesor Domingo Ramos-Lissón explica lo siguiente:

"Se puede decir que el trabajo apostólico de las mujeres en la Antigüedad cristiana tuvo una importancia extraordinaria. Un índice de la relevancia que tuvieron es la crítica que manifestaron por este motivo algunos paganos ilustres, como Plinio, Celso y Porfirio, que hacen un derroche de ironía contra el cristianismo, al reconocer la rápida profusión de conversiones entre las mujeres.

Desde los orígenes cristianos, la mujer desempeña un papel insustituible en la difusión evangélica. Un ejemplo, podía ser el de Priscila, que evangeliza a Apolo, según nos narra S. Lucas (Hch 18, 26). Clemente de Alejandría describe el papel de estas cristianas, que ayudaban a los primeros Apóstoles y que son las únicas que pueden entrar en los gineceos, servir de intermediarias y llevar a esas estancias la doctrina liberadora del Señor (Stromata, III, 6, 53).

En la literatura apócrifa cristiana encontramos los Hechos de Pablo y Tecla, que son una especie de novela histórica del siglo II, cuyo anónimo autor narra el protagonismo de Tecla y la presenta como la evangelista del Apóstol entre las mujeres. Los ejemplos podrían multiplicarse".

Además, el número de mujeres santas, mártires y vírgenes, de los primeros siglos es impresionante: las santas Felicidad y PerpetuaSanta InésSanta ÁguedaSanta LucíaSanta Cecilia... Todo ello sin olvidar a tantas mujeres desconocidas, como el caso de muchas viudas, que desde los tiempos apostólicos formaban un «orden» y atendían a ministerios con mujeres.  

 

 

Cárcel MamertinaFueron mantenidos en la carcel mamertina antes de su ejecución

 

Renovada y reabierta la prisión de Pedro y Pablo

En la Cárcel Mamertina esperaron el martirio

ROMA, domingo 4 de julio de 2010 (ZENIT.org).-

Mientras los propietarios de cines de Roma se sentían confusos sobre cómo celebrar la fiesta de San Pedro, el superintendente de Arqueología no se sentía tal. Tras un año de excavaciones, la Cárcel Mamertina, donde San Pedro y San Pablo fueron mantenidos antes de su ejecución, ha sido renovada y reabierta.

  Cárcel Mamertina  
 
 

Cárcel Mamertina

El sitio de la prisión es adyacente al antiguo Foro Romano, cavado en la roca de la Colina Capitolina y dando a la casa del Senado. Creyéndose construida por el rey romano Servio Tulio en el siglo VI antes de Cristo, la Cárcel Tuliana, como es también conocida, consiste en dos celdas una sobre la otra. La celda inferior, un apretado y húmedo espacio, era accesible sólo a través de un agujero en el piso de la celda superior, y se usó a lo largo de la República y el Imperio como prisión y lugar de ejecución.

 

El jefe galo Vercingetorix fue extrangulado en esta celda, después del triunfo de Julio César, y Yugurta, rey de los numidios, fue dejado morir de hambre en las profundidades de la prisión.

 

Escribiendo en el siglo I antes de Cristo, el autor romano Salustio describía la prisión como “de 12 pies de profundidad, cerrada alrededor por paredes y una bóveda de piedra. Su aspecto es repugnante, pavoroso por su abandono, oscuridad y hedor”.

 

Un siglo después de que Salustio escribiera esta descripción, San Pedro y San Pablo fueron a habitar la repelente celda inferior, en sus últimos días antes de su martirio, encarcelados por el emperador Nerón.

 

La presencia de los dos apóstoles transformó el lugar de desesperación en unespacio de esperanza, oración y catequesis para sus carceleros Proceso y Martiniano. Cuando los dos soldados romanos pidieron ser bautizados, no había agua en la celda para el sacramento, de manera que San Pedro golpeó el suelo de piedra con su bastón y brotó una fuente a través de la roca. El sitio del milagroso manantial de agua se conmemora todavía en la celda inferior.

  Imágenes de los santos  
 
 
Imágenes de los santos

Los carceleros de Pedro le ayudaron a escapar de la triste prisión, pero tras encontrar a Cristo en la Vía Apia, San Pedro regresó y aceptó voluntariamente su muerte por crucifixiónen el circo de Nerón sobre la Colina Vaticana.

La semana pasada, la oficina romana del superintendente de Arqueología anunció que las excavaciones han descubierto restos de frescos que documentan la transformación del lugar en una iglesia junto con otras estructuras en el Foro. La excavación trazó las diversas fases del área desde la arcaica cantera de piedra hasta la prisión, y la “verdaderamente rápida transformación” en un centro petrino de devoción.

Hoy la prisión se sitúa bajo la Iglesia de San José de los Carpinteros, contruida en el siglo XVII, pero el lugar es propiedad del Vicariato de Roma, y será abierto al público por la Obra Romana de Peregrinaciones, quizá tan pronto como en julio.

Allí, los peregrinos tendrán la oportunidad de rendir homenaje a San Pedro y San Pablo, que situados en un Foro, lleno de templos dedicados a hombres que se convirtieron en dioses, tuvieron el valor de proclamar el Evangelio de Dios hecho hombre.

Texto completo 

San JosemaríaResumen de un artículo de Jerónimo Leal sobre el término "Primeros Cristianos" San Josemaría y los primeros cristianos.

 

 

 

San Josemaría y los

primeros cristianos

Resumen de un artículo de Jerónimo Leal sobre el término "Primeros Cristianos"

Jerónimo Leal

Después de un detallado recorrido histórico en el que examina el uso en los santos Padres y en la teología de la expresión "Primeros Cristianos”,  Jerónimo Leal concluye que la originalidad de San Josemaría reside en reconocerles como un modelo vivo y actual.

"Los primeros cristianos no son algo que pasó, -señala Leal- sino una situación que espiritualmente puede repetirse en cualquier cristiano: basta que se encuentre anímicamente cerca de Cristo. Pero esta originalidad lo es también respecto a los demás autores espirituales: ninguno —que nosotros hayamos podido comprobar— ha visto en los primeros cristianos un modelo vivo".

 

Importancia de la expresión y de su contenido

La expresión "primeros cristianos" aparece en las obras publicadas de San Josemaría un considerable número de veces, sobre todo si lo comparamos con otros escritos contemporáneos, o incluso más recientes. Por poner un ejemplo que ilustrará esto que acabamos de decir, el Catecismo de la Iglesia Católica, que bebe como en su fuente de los textos del Concilio Vaticano II, sólo se encuentra una vez la expresión, en el número 1329,2; al hablar de la Fracción del pan se indica que con esta expresión los primeros cristianos designaron sus asambleas eucarísticas. (Catecismo de la Iglesia Católica n. 760,1)

Si nos retrotraemos todavía un poco más en el tiempo y consideramos la producción de algunos grandes autores espirituales, se evidencia una absoluta despreocupación por el tema. No se menciona nunca en San Juan de la Cruz, nunca en Santa Teresa de Jesús, una sola vez aparece la expresión en Santa Teresa de Lisieux, para desear el mismo martirio que obtuvieron como gracia algunos primeros cristianos.

 

Patrística

Como es sabido, el término "cristianos" aparece por primera vez en los Hechos de los Apóstoles, en la narración en que se explica que los habitantes de Antioquía, probablemente paganos, dieron este nombre a los seguidores de Cristo. El nombre, aunque impuesto por personas ajenas a la doctrina, es el que después triunfó en la designación de los discípulos de Cristo. Con anterioridad a este nombre existieron otros que no han gozado tanto del favor de la historia.San Agustín de Hipona

Será San Ignacio de Antioquía quien nos proporcione el segundo testimonio del empleo de este nombre, que, como es lógico, no constituye todavía un término técnico. Es San Agustín quien por primera vez emplea la expresión.

El sintagma "primeros cristianos" se encuentra empleado por el obispo de Hipona en tres ocasiones. Una primera observación que se debe hacer inmediatamente es que la comparación agustiniana entre primeros cristianos y nosotros, establece una fuerte diferencia entre el cristiano del quinto siglo, contemporáneo del norteafricano, y una época anterior, que se juzga ya como pasada y de algún modo irrepetible en la situación actual.San Agustín, aunque a nosotros nos pudiera parecer otra cosa, ya no se considera entre los primeros cristianos.

Para San Agustín, los "primeros cristianos" son los seguidores de Jesucristo, contemporáneos de los Apóstoles, gente de toda condición social, excluidos los Apóstoles, que no entran en la categoría de primeros cristianos por formar un grupo aparte por encima de ellos. San Agustín es un caso aislado en la época patrística –casi el único a predicar sobre los primeros cristianos- y a la vez roca firme sobre la que apoyan los autores sucesivos.

 

"Los primeros cristianos" en San Josemaría

Vimos, al comenzar, el gran número de veces que San Josemaría utiliza la expresión. Sólo de este hecho ya se desprende la importancia que da a su contenido. Nuestra investigación se limita a los escritos publicados, en los que la frecuencia de la expresión es de diecisiete ocasiones, sin contar los términos sinónimos que ahora no nos interesan tanto (cfr. Forja 10, Camino, 469).

San Josemaría

«Como los religiosos observantes tienen afán por saber de qué manera vivían los primeros de su orden o congregación, para acomodarse ellos a aquella conducta, así tú —caballero cristiano— procura conocer e imitar la vida de los discípulos de Jesús, que trataron a Pedro y a Pablo y a Juan, y casi fueron testigos de la Muerte y Resurrección del Maestro» (Camino, 925).

Más que el número de veces que emplea la expresión, sorprenden otros dos hechos. Primero, que está diseminada a de lo largo de toda la obra: no hay un sólo libro en que no se encuentre referencia al tema. En segundo lugar, el relieve dado a la expresión, por ejemplo cuando afirmaba en una entrevista concedida en 1967 a un corresponsal de “Time”: «Si se quiere buscar alguna comparación, la manera más fácil de entender el Opus Dei es pensar en la vida de los primeros cristianos. Ellos vivían a fondo su vocación cristiana; buscaban seriamente la perfección a la que estaban llamados por el hecho, sencillo y sublime del Bautismo. No se distinguían exteriormente de los demás ciudadanos. Los miembros del Opus Dei son personas comunes; desarrollan un trabajo corriente; viven en medio del mundo como lo que son: ciudadanos cristianos que quieren responder cumplidamente a las exigencias de su fe» (Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, 24, 7).

La comparación delimita claramente la noción de primeros cristianos y pensamos que este texto debe considerarse la base para cualquier otra afirmación que quiera hacerse acerca del tema en San Josemaría. Las referencias a los primeros cristianos en las obras del fundador del Opus Dei como contemporáneos de los Apóstoles son las más frecuentes, por ejemplo en el siguiente texto: «En la Iglesia existe esa radical unidad fundamental, que enseñaba ya san Pablo a los primeros cristianos: Quicumque enim in Christo baptizati estis, Christum induistis. Non est Iudaeus, neque Graecus: non est servus, neque liber: non est masculus, neque femina; ya no hay distinción de judío, ni griego; ni de siervo, ni libre; ni tampoco de hombre, ni mujer» (Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, 14, 2).

De todas formas, no faltan textos en los que se amplía el lapso temporal: «Qué bien pusieron en práctica los primeros cristianos esta caridad ardiente, que sobresalía con exceso más allá de las cimas de la simple solidaridad humana o de la benignidad de carácter. Se amaban entre sí, dulce y fuertemente, desde el Corazón de Cristo. Un escritor del siglo II, Tertuliano, nos ha transmitido el comentario de los paganos, conmovidos al contemplar el porte de los fíeles de entonces, tan lleno de atractivo sobrenatural y humano: mirad como se aman (Tertuliano, Apologeticum, 39), repetían» (Amigos de Dios, 225,2).

Toca ahora analizar la calificación de los primeros cristianos. Concretamente nos preguntamos si son personajes comunes sólo, o también el grupo de los doce. Como ya hemos visto en la entrevista de Time, son personas comunes que no se distinguen en nada de sus conciudadanos. «Para seguir las huellas de Cristo, el apóstol de hoy no viene a reformar nada, ni mucho menos a desentenderse de la realidad histórica que le rodea... –Le basta actuar como los primeros cristianos, vivificando el ambiente» (Surco, 320).

En San Agustín vimos que se excluían los Apóstoles. San Josemaría no dice expresamente nunca que se excluyan los Apóstoles, pero parece desprenderse del contexto general de las afirmaciones que el modelo que se propone no es exclusivamente el de los doce, sino también el de otras muchas personas que han actuado como "apóstoles" sin ser "los Apóstoles". Esto que acabamos de afirmar se ve claramente en el siguiente texto: «Por eso, quizá no puede proponerse a los esposos cristianos mejor modelo que el de las familias de los tiempos apostólicos: el centurión Cornelio, que fue dócil a la voluntad de Dios y en cuya casa se consumó la apertura de la Iglesia a los gentiles; Aquila y Priscila, que difundieron el cristianismo en Corinto y en Éfeso y que colaboraron en el apostolado de san Pablo; Tabita, que con su caridad asistió a los necesitados de Joppe. Y tantos otros hogares de judíos y de gentiles, de griegos y de romanos, en los que prendió la predicación de los primeros discípulos del Señor». (Es Cristo que pasa, 30, 4)

Por eso, con respecto a la particularidad del uso por San Josemaría, se ha de decir que no ha acuñado una nueva expresión, pues ya existía —como hemos visto— desde San Agustín, pero le añade algunos matices que la hacen en cierta manera nueva. No es simplemente una categoría histórica sino que, sin dejar de serlo, entra de lleno en la reflexión teológica y, concretamente, espiritual. Por eso la característica que añade San Josemaría es la nota teológico-espiritual: no se trata de una mera referencia a la situación histórica de los comienzos de la cristiandad, ni un mero buen ejemplo a seguir. Incluye la sintonía interior con una situación de proximidad a los primeros pasos de la vida de la Iglesia y se identifica la situación histórica personal con una situación histórica colectiva.

La originalidad de San Josemaría con respecto a San Agustín es la capacidad de sentirse en esa situación viva: los primeros cristianos no son algo que pasó, sino una situación que espiritualmente puede repetirse en cualquier cristiano: basta que se encuentre anímicamente cerca de Cristo. Pero esta originalidad lo es también respecto a los demás autores espirituales: ninguno —que nosotros hayamos podido comprobar— ha visto en los primeros cristianos un modelo vivo.San Josemaría Escrivá

«Experimentaremos el pasmo de los primeros discípulos al contemplar las primicias de los milagros que se obraban por sus manos en nombre de Cristo, pudiendo decir con ellos: “¡Influimos tanto en el ambiente!”» (Camino 376).

En conclusión, desde el punto de vista histórico, como objetivo personal y reto para los estudiosos de la antigüedad, nos proponemos la dedicación a los estudios sobre el cristianismo primitivo, que en nuestra opinión deben multiplicarse, con la finalidad de conocer a fondo la vida de los primeros cristianos, profundizando así en las enseñanzas de San Josemaría.

Jerónimo Leal

 

Profesor de Patrología e Historia de la Iglesia Antigua
Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz
Artículo publicado en el número 16 de Annales Theologici
Revista de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz

  

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