Ciudad del Vaticano, 18 abril 2012 (VIS).-
Benedicto XVI, retomando la catequesis sobre la oración, dedicó la audiencia general de los miércoles a la que ha sido denominada como “Pequeña Pentecostés”, ocurrida en un momento difícil para la Iglesia naciente.
Los Hechos de los Apóstoles narran que Pedro y Juan acaban de salir de la cárcel, después de haber sido apresados por predicar el evangelio, y se encuentran con la comunidad reunida. Ésta, al escuchar lo ocurrido, no busca cómo reaccionar o defenderse ni que medidas adoptar; sencillamente, ante la prueba, empieza rezar pidiendo la ayuda de Dios que escuchará la plegaria enviando al Espíritu Santo.
“Es una oración unánime y concorde de toda la comunidad -explicó el Papa-, que se enfrenta a una situación de persecución a causa de Jesús (…) porque lo que viven los dos apóstoles no les afecta solamente a ellos, sino a toda la Iglesia. Ante las persecuciones padecidas por causa de Jesús, la comunidad ni se asusta ni se divide, sino que está profundamente unida en la oración”.
Cuando los creyentes se ven sometidos a la prueba a causa de su fe, “la unidad, en lugar de estar comprometida, se refuerza, ya que está sostenida por una oración incansable. La Iglesia no debe temer las persecucionesque en su historia se ve obligada a soportar, sino, como Jesús en Getsemaní, ha de confiar siempre en la presencia, en la ayuda y en la fuerza de Dios, invocada en la oración”.
Ahora bien, antes de comprender a fondo lo que ha sucedido, la primera comunidad intenta leer los acontecimientos a través de la fe y lo hace mediante la Palabra de Dios. San Lucas narra en los Hechos de los Apóstoles que la comunidad de Jerusalén comenzó por recordar e invocar la grandeza y la inmensidad de Dios y después, a través de los salmos, pasó a reconocer cómo Dios había actuado en la historia estando cerca de su pueblo, “demostrando -dijo Benedicto XVI- que era un Dios que se interesaba por los seres humanos (...) que no los abandonaba”. A continuación, los sucesos se interpretan “a la luz de Cristo, que es también la clave para entender la persecución. La oposición hacia Jesús, su Pasión y su muerte se releen (…) como actuación del proyecto de Dios Padre para la salvación del mundo (…) En la oración, la meditación sobre las Sagradas Escrituras a la luz del misterio de Cristo, ayuda a leer la realidad presente en el ámbito de la historia de la salvación que Dios cumple en el mundo”.
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De ahí que la petición que la primera comunidadcristiana de Jerusalén formula a Dios en la oración ,“no es la de ser defendida, ni la de salvarse de la prueba (...) ni de tener éxito, sino la de proclamar (...) con franqueza, con libertad, con coraje, la Palabra de Dios”. Y los primeros cristianos añaden que ese anuncio “esté acompañado de la mano de Dios, para que haya curaciones, señales y prodigios; es decir, que sea una fuerza que transforme la realidad, que cambie el corazón, la mente y la vida de los hombres y que aporte la novedad radical del Evangelio”
“También nosotros -finalizó el Santo Padre- debemos llevar los acontecimientos de nuestra vida cotidiana a nuestra oración, para buscar su significado más profundo. Y como la primera comunidad cristiana, dejándonos iluminar por la Palabra de Dios, a través de la meditación de la Sagrada Escritura, podemos aprender a ver que Dios está presente en nuestras vidas, incluso en tiempos difíciles, y que todo (…) forma parte de un diseño superior de amor en el que la victoria final sobre el mal, sobre el pecado y la muerte, es realmente la del bien, la de la gracia, la de la vida, la de Dios”.
Rezar nos hace ver la realidad con ojos nuevos, y nos ayuda a encontrar el camino en medio de las adversidades
25abril 2012, VIS
Si la oración y la Palabra de Dios no alimentan nuestra vida espiritual, corremos el riesgo de que los mil trabajos y preocupaciones de la vida cotidiana nos sofoquen; rezar nos hace ver la realidad con ojos nuevos, y nos ayuda a encontrar el camino en medio de las adversidades. Así lo ha afirmado hoy Benedicto XVI en la catequesis de la audiencia general de hoy, pronunciada ante más de 20.000 fieles reunidos en la plaza de San Pedro.
El Papa ha explicado en su discurso cómo la oración impulsó a la Iglesia de los primeros tiempos para seguir adelante en medio de las dificultades, y cómo puede ayudar al hombre de hoy a vivir mejor. “La Iglesia -ha dicho el Pontífice-, desde el inicio de su camino, se ha encontrado con situaciones imprevistas que ha tenido que afrontar, nuevas cuestiones y emergencias a las que ha tratado de dar respuesta a la luz de la fe, dejándose guiar por el Espíritu Santo”.
Ésto se manifestó ya en tiempos de los Apóstoles. El evangelista San Lucas narra en los Hechos “un problema serio que la primera comunidad cristiana de Jerusalén tuvo que resolver (…) sobre la pastoral de la caridad hacia las personas solas y necesitadas”, cuestión difícil que podía provocar divisiones dentro de la Iglesia. “En este momento de emergencia pastoral, destaca la distinción realizada por los Apóstoles. Ellos se encuentran ante la exigencia primaria de anunciar la Palabra de Dios según el mandato del Señor, pero consideran con la misma seriedad el deber de (…) proveer con amor a las situaciones de necesidad en las que encuentran los hermanos y las hermanas, para responder al mandamiento de Jesús: amaos los unos a los otros como yo os he amado”.
La decisión que toman es clara: no es justo que abandonen la oración y la predicación, por lo que “son elegidos siete hombres de buena reputación, los Apóstoles rezan para pedir la fuerza del Espíritu Santo, y luego les imponen las manos para que se dediquen de forma
especial al servicio de la caridad”. Esta decisión, explicó el Papa, “muestra la prioridad que debemos dar a Dios, a la relación con Él en la oración, tanto personal como comunitaria. Sin la capacidad de pararnos a escuchar al Señor, a dialogar con Él, se corre el riesgo de agitarse y preocuparse inútilmente por los problemas y las dificultades, incluidas las eclesiales y pastorales”.
Benedicto XVI recordó que los santos “han experimentado una profunda unidad de vida entre oración y acción, entre amor total a Dios y amor a los hermanos”. San Bernardo, modelo de armonía entre ambos, “afirma que demasiadas ocupaciones, una vida frenética, a menudo terminan por endurecer el corazón y hacer sufrir al espíritu. Es una advertencia preciosa para nosotros en la actualidad, ya que estamos acostumbrados a valorar todo con el criterio de la productividad y de la eficiencia. El episodio de los Hechos de los Apóstoles nos recuerda la importancia del trabajo, del esfuerzo en las actividades cotidianas, que hay que desarrollar con responsabilidad y dedicación; pero también nuestra necesidad de Dios, de que nos guíe, de su luz que nos da fuerza y esperanza. Sin la oración diaria vivida con fidelidad, nuestro obrar se vacía, pierde el alma profunda, se reduce a un simple activismo que nos deja insatisfechos. (…) Todos los pasos de nuestra vida, todas las acciones -también las de la Iglesia- deben ser hechas ante Dios, en la oración, a la luz de su Palabra”.
Cuando la oración se alimenta con la Palabra de Dios, “se ve la realidad con ojos nuevos, con los ojos de la fe, y el Señor, que habla a la mente
y al corazón, da nueva luz al camino en cualquier situación. Nosotros creemos en la fuerza de la Palabra de Dios y de la oración. (…) Si los pulmones de la oración y de la Palabra de Dios no alimentan la respiración de nuestra vida espiritual, nos arriesgamos a ahogarnos en medio de las mil cosas de todos los días. La oración es la respiración del alma y de la vida”.
Para terminar, Benedicto XVI subrayó que, cuando oramos, “incluso cuando nos encontramos en el silencio de una Iglesia o de nuestra habitación,estamos unidos en el Señor a numerosos hermanos y hermanas en la fe, como un conjunto de instrumentos que, manteniendo su individualidad, elevan a Dios una única gran sinfonía de intercesión, de acción de gracias y de alabanza”.
Ciudad del Vaticano, 9 mayo 2012 (VIS).
“Desde el primer momento de mi elección como sucesor de San Pedro, me he sentido siempre sostenido por la oración de la Iglesia, por vuestra oración, sobre todo en los momentos más difíciles. Doy gracias de corazón”. Así lo ha afirmado Benedicto XVI durante la catequesis de la audiencia general de hoy, añadiendo que “la oración constante y unánime es un precioso instrumento para superar cualquier prueba que pueda surgir en el camino de la vida, porque estar profundamente unidos a Dios nos permite estar también profundamente unidos a los demás”.
Dentro del ciclo dedicado a la oración en la Iglesia primitiva, esta mañana el Santo Padre ha centrado su catequesis en el último episodio de la vida de San Pedro narrado en los Hechos de los Apóstoles, cuando fue encarcelado por Herodes Agripa y liberado por un ángel del Señor.

El Papa ha recordado a los diez mil fieles presentes en la plaza de San Pedro que, mientras el Apóstol estaba en la cárcel, la Iglesia rezaba constantemente por él. Así, ha explicado el Papa, “la fuerza de la oración incesante de la Iglesia llega a Dios, y el Señor escucha y efectúa una liberación impensable e inesperada enviando a su ángel”.
El Pontífice ha subrayado la actitud de Pedro mientras permanecía en la prisión: estaba durmiendo cuando aparece el ángel. En en una situación tan crítica, esto puede parecer extraño, “y sin embargo denota tranquilidad y confianza: se fía de Dios, sabe que está rodeado de la solidaridad y la oración de los suyos, y se abandona totalmente en las manos del Señor. Así debe ser nuestra oración: asidua, solidaria con los demás, confiando plenamente en Dios que nos conoce en lo más íntimo y nos cuida”.
Una vez liberado, Pedro se dirige a casa de la madre de Marco, donde muchos discípulos están reunidos en oración. Como en otros episodios recogidos en los Hechos de los Apóstoles, también en esta ocasión “la respuesta de la comunidad frente a las dificultades y los peligros es encomendarse a Dios, intensificar la relación con Él”. Benedicto XVI se ha referido a uno de estos momentos de crisis, narrado por el apóstol Santiago y motivado por celos y disputas dentro de la comunidad. Para Santiago, los motivos de la crisis son dos: el dejarse dominar por las propias pasiones, especialmente por el egoísmo; y la falta de oración. El apóstol afirma que la situación cambiaría si toda la comunidad rezara unida, de modo asiduo y unánime. Esta recomendación, ha dicho el Papa, es “un llamamiento importante también para nosotros y nuestras comunidades, desde las pequeñas, como la familia, hasta las más grandes, como la parroquia, la diócesis, la Iglesia entera”.
El episodio de la liberación de Pedro, ha concluido Benedicto XVI, “nos dice que la Iglesia, cada uno de nosotros, atraviesa la noche de la prueba, pero la vigilancia incesante de la oración nos sostiene. (…) Mediante la oración constante y confiada, el Señor nos libera de las cadenas, nos guía, (…) nos da serenidad de corazón para afrontar las dificultades de la vida, incluso el rechazo, la oposición, la persecución. (…) El Apóstol, a pesar de estar encadenado, se siente tranquilo, con la certeza de no estar nunca solo: la comunidad está rezando por él, el Señor está a su lado; es más,sabe que 'la fuerza de Cristo se manifiesta plenamente en la debilidad”.
Ciudad del Vaticano, 16 mayo 2012 (VIS).
Después de haber analizado la oración en los Hechos de los Apóstoles, Benedicto XVI anunció que dedicará las próximas catequesis a ese tema en las Cartas de San Pablo, que las inicia y termina siempre con una plegaria y que, en su epistolario, nos ha dejado una rica gama de formas de orar.
Cuando rezamos, sentimos “nuestra debilidad (...) nuestro ser criaturas, porquenos encontramos ante la omnipotencia y la trascendencia de Dios (...) y percibimos nuestros límites (...) y la necesidad de confiar cada vez más en Él”. Es entonces cuando “el Espíritu Santo nos ayuda en nuestra incapacidad (...) y nos guía al dirigirnos a Dios”. Así, la oración es sobre todo “la acción del Espíritu Santo en nuestra humanidad, que se hace cargo de nuestra debilidad y nos transforma de personas ligadas a la realidad material en personas espirituales”.
Entre las repercusiones de la acción del Espíritu de Cristo como principio interno de todas nuestras obras, el Santo Padre observó, en primer lugar, que “la oración animada por el Espíritu nos da la posibilidad de abandonar y superar toda forma de miedo o de esclavitud, viviendo la verdadera libertad de los hijos de Dios”. Otra consecuencia es que “la relación con Dios llega a ser tan profunda que no se ve afectada por ningún hecho o situación. Entendemos que la oración no nos libra de las pruebas ni de los sufrimientos, pero podemos vivirlos en unión con Cristo, con sus sufrimientos, en la perspectiva de participar también en su gloria”.

Por último, “la oración del creyente también se abre a la dimensión de la humanidad y de la creación entera, (...) no se queda encerrada en sí misma: se abre para compartir los sufrimientos de nuestro tiempo. Se convierte así en (...) canal de esperanza para toda la creación y expresión del amor de Dios que se derrama en nuestros corazones por medio del Espíritu”.
El apóstol, finalizó el Santo Padre, nos enseña que cuando rezamos “tenemos que abrirnos a la presencia y la acción del Espíritu Santo (...) para que nos lleve a Dios con todo nuestro corazón y todo nuestro ser. El Espíritu de Cristo se convierte en la fuerza de nuestra oración 'débil', en la luz de nuestra oración 'apagada', enseñándonos a vivir, enfrentándonos a las pruebas de la existencia, de la certeza de que no estamos solos, abriéndonos a los horizontes de la humanidad y de la creación 'que gime y sufre con dolores de parto'”.
Miércoles, 1 de agosto (REL).-
En la festividad litúrgica de San Alfonso María de Ligorio y en la Plaza de la Libertad del Palacio Apostólico de Castelgandolfo el Papa ha retomado las audiencias generales de los miércoles, suspendidas durante el mes de julio. Y lo ha hecho con una breve pero completa exposición de la doctrinadel santo,doctor de la Iglesia y maestro de moralistas, sobre la oración.
San Alfonso María de Ligorio, fundador de los redentoristas, fue "uno de los santos más populares del siglo XVIII, por su estilo simple y directo y por su doctrina sobre el sacramento de la penitencia: en un periodo de gran rigorismo, fruto de la influencia jansenista, recomendaba a los confesores administrar este sacramento mostrando el abrazo alegre de Dios Padre, que en su misericordia infnita no se casa de acoger al hijo arrepentido".
En 1759 escribió Del gran medio de la oración, un librito "que él consideraba el más útil de todos sus escritos". En él describe la oración como "el medio necesario y seguro para obtener la salvación y todas las gracias que necesitamos para conseguirla".
Al decir que la oración es un medio, "nos recuerda el fin a alcanzar": Dios. San Alfonso acuñó una máxima muy sencilla para comprenderlo: "Quien reza, se salva; quien no reza, se condena". Y decía él mismo: "Salvarse sin rezar es dificilísimo, más bien imposible... pero rezando, salvarse es algo seguro y facilísimo". E insistía: "Si no rezamos, no hay excusa, porque la gracia de orar se le da a todos"; luego "si no nos salvamos, toda la culpa será nuestra, porque no habremos rezado".
"Se nos invita", dice ya el Papa, "a no temer recurrir a Él y a presentarle con confianza nuestras peticiones, con la certeza de obtener aquello de lo que tengamos necesidad... Sólo mediante la oración podemos acogerle a Él y a su gracia, que, iluminándonos en todas las situaciones, nos hace discernir el bien del mal y, fortificándonos, hace eficaz también nuestra voluntad, esto es, la hace capaz de llevar a la práctica el bien conocido".
"La relación con Dios es esencial en nuestra vida", concluye el Papa: "Se realiza hablando con Dios, en la oración personal cotidiana y con la participación en los sacramentos". Con esos medios, "puede crecer en nosotros la presencia divina que endereza nuestro camino, o ilumina y lo hace seguro y sereno, incluso en medio de dificultades y peligros".
Miércoles, 8 de agosto (ReL).
La figura litúrgica del día, Santo Domingo de Guzmán, estuvo en el centro de la reflexión de Benedicto XVI esta mañana en el marco de la celebración de la Audiencia General.
En su catequesis el Pontífice arrojó luz sobre el peculiar modo de orar de esta santa figura del siglo XIII, fundador de la Orden de los Padres Predicadores. "Santo Domingo nos recuerda que al origen del testimonio de fe que cada cristiano debe dar en familia, en el trabajo y en el compromiso social, así como en los momentos de distención, se coloca la oración como contacto personal con Dios, que es lo que nos da fuerza para vivir intensamente -dijo el Papa- cada evento y en especial los más sufridos".
En efecto en su breve catequesis pronunciada en Castel Gandolfo y solo en idioma italiano, el Papa aludió a que Santo Domingo de Guzmán con sus nueve modos de orar nos enseña la importancia de las actitudes exteriores de nuestra propia oración.
Texto íntegro de la catequesis
Queridos hermanos y hermanas,
Hoy la Iglesia celebra la memoria de santo Domingo de Guzmán, Sacerdote y Fundador de la Orden de los Predicadores, llamados Dominicos. En una precedente Catequesis, ilustré esta insigne figura y la fundamental contribución que ha aportado a la renovación de la Iglesia de su tiempo. Hoy quisiera sacar a la luz un aspecto esencial de su espiritualidad: su vida de oración.
Santo Domingo fue un hombre de oración. Enamorado de Dios no tuvo otra aspiración que la salvación de las almas, en particular aquellas caídas en las redes de la herejía de su tiempo; imitador de Cristo, encarnó radicalmente los tres consejos evangélicos uniendo a la proclamación de la Palabra el testimonio de una vida pobre. Bajo la guía del Espíritu Santo, avanzó en el camino de la perfección cristiana. En cada momento, la oración fue la fuerza que renovó e hizo siempre más fecundas sus obras apostólicas.
El Beato Jordán de Sajonia muerto en el año 1237, su sucesor en la guía de la Orden, escribe así: «Durante el día, ninguno más que él se mostraba sociable... Viceversa de noche, nadie era más asiduo en el velar en oración. El día lo dedicaba al prójimo, pero la noche la daba a Dios». En Santo Domingo podemos ver un ejemplo de integración armoniosa entre contemplación de los misterios divinos y actividad apostólica. Según los testimonios de las personas a él más cercanas, «él hablaba siempre con Dios o de Dios».
Tal observación indica su comunión profunda con el Señor y al mismo tiempo, el constante compromiso en conducir a los demás a esta comunión con Dios. No ha dejado escritos sobre la oración pero la tradición dominica ha recogido y mandado a otras generaciones su experiencia viva en una obra titulada: Las nuevas maneras de orar de Santo Domingo. Este libro fue compuesto entre el año 1260 y el 1288 por un Fraile dominico, nos ayuda a aprender a comprender algo de la vida interior del Santo, nos ayuda en todas las diferencias, también a nosotros, a aprender algo sobre el modo de orar.
Para él son por tanto nueve los modos de rezar, y cada uno de ellos lo realizaba siempre delante de Jesús Crucificado, y expresa una postura corporal y espiritual que, íntimamente compenetradas, favorecen el recogimiento contemplativo y el fervor. Los primeros siete modos siguen una línea ascendente, como los pasos de un camino, hacia la comunión con Dios Trinidad: Santo Domingo ora de pie inclinado para expresar la humildad; tendido en el suelo para pedir perdón por sus pecados; de rodillas haciendo penitencia para participar en los sufrimientos del Señor; con los brazos abiertos mirando el crucifijo para contemplar el Amor Supremo; con la mirada al cielo, sintiéndose atraído hacia el mundo de Dios.
Los dos últimos modos de rezar, en cambio, sobre los que me gustaría brevemente detenerme, corresponden a dos prácticas de piedad vividas habitualmente por el Santo. En primer lugar la meditación personal, donde la oración adquiere una dimensión aún más íntima, ferviente y serena. Al final de la recitación de la Liturgia de las Horas, y después de la celebración de la Misa, Santo Domingo prolongaba la conversación con Dios, sin establecer un límite de tiempo. Sentado tranquilamente, se recogía en sí mismo en una actitud de escucha, leyendo un libro o mirando al Crucifijo. Vivía tan intensamente estos momentos de relación con Dios que exteriormente se podían apreciar sus reacción de alegría o de llanto.
Los testigos dicen que, a veces, entraba en una especie de éxtasis, con el rostro transfigurado, pero poco después emprendía con humildad de nuevo sus actividades diarias, recargado por la fuerza que viene de lo Alto. Luego practicaba la oración durante el viaje entre un convento y otro; rezaba las laudes, la Hora Media, las Vísperas con los compañeros, y, cruzando los valles y las colinas, contemplaba la belleza de la creación. Entonces brotaba de su corazón un himno de alabanza y acción de gracias a Dios por tantos dones, especialmente por la más grande de las maravillas: la redención obrada por Cristo.
Queridos amigos, santo Domingo nos recuerda que en el origen del testimonio de fe -que todo cristiano debe dar en familia, en el trabajo, en el compromiso social, e incluso en los momentos de distensión-, está la oración; sólo una relación real con Dios nos da la fuerza para vivir intensamente todos los acontecimientos, especialmente los más dolorosos.
Este Santo nos recuerda también la importancia de la actitud externa mientras rezamos. Estar de rodillas, de pie delante del Señor, fijar nuestra mirada en el Crucifijo, detenernos y recogernos en silencio, no es una cosa secundaria, sino que nos ayuda a ponernos interiormente con toda nuestra persona, en relación con Dios.
Quisiera llamar la atención una vez más sobre la necesidad para nuestra vida espiritual, de encontrar momentos cada día para orar con tranquilidad; será también una manera de ayudar a los que nos rodean para entrar en el círculo luminoso de la presencia de Dios, que trae la paz y el amor que todos necesitamos. Gracias
“ESTAMOS LLAMADOS A ILUMINAR EL MUNDO DE LA COMUNICACIÓN CON LA LUZ DEL EVANGELIO”
CRISTIANISMO Y COMUNICACIÓN
ENTREVISTA A JESÚS COLINA
DIRECTOR DE ALETEIA.ORG Y EXDIRECTOR DE ZENIT
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| Jesús Colina | |||
Jesús Colina, director de Aleteia.org y exdirector de Zenit, ha concedido una entrevista a primeroscristianos.com en la que habla de su agencia, el mundo de la comunicación y los primeros cristianos.
- ¿CÓMO Y POR QUÉ NACIÓ ZENIT?
- Mientras trabajaba en Roma como periodista, hacía colaboraciones para varios medios, y con frecuencia llegaban solicitudes para reproducir contenidos, sobre todo de periódicos de América Latina. Era evidente que en lengua española (y estamos hablando de la mitad de los católicos del mundo) había demanda de información sobre la Iglesia.
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En realidad, habíamos pensado hacerlo sólo en español, pero tras el primer Sínodo de la Iglesia de América hicimos una prueba y vimos que también en inglés había hueco. A partir de ahí, por determinadas circunstancias, cada una casual, comenzamos en francés, en alemán, en portugués, en italiano y, tras el discurso de Benedicto XVI de Ratisbona, en árabe.
- ¿QUÉ OBJETIVOS TIENE AHORA ZENIT?
- En estos años nos hemos planteado crear un portal de “in-formación”, dar contenidos multimedia y de web 2.0. Para no cambiar nuestra identidad de agencia de noticias, hemos preferido acuerdos estratégicos con portales y, por ahora, hemos rechazado lo multimedia. La cuestión de la web 2.0 es complicada, pues se basa en un concepto relativista de la verdad, que no nos interesa. No se puede poner al mismo nivel una encíclica del Papa y lo primero que se le ocurre a un usuario en un foro. Nos desviaríamos de nuestro objetivo de “in-formación”.
Además, más allá de cada noticia, está toda la confusión que hay dentro de nuestra materia. Hay cada vez mayor desinformación, y se crea un círculo vicioso: a más desinformación, más analfabetismo religioso y viceversa. Eso provoca preguntas que pueden bloquear a algunos en su camino de fe (Galileo, Pio XII, las Cruzadas…). Hay que responder a esas preguntas en los medios de comunicación.
- EN LA PRESENTACIÓN DE ZENIT SE DICE QUE EL NOMBRE DE LA AGENCIA ESTÁ INSPIRADO EN EL SIGNO DEL SOL, QUE PARA LOS PRIMEROS CRISTIANOS REPRESENTABA A CRISTO. ¿ES ZENIT LA CONTINUACIÓN DE LA DIFUSIÓN DEL MENSAJE EVANGÉLICO QUE ELLOS COMENZARON?
- La cuestión fundamental para los primeros cristianos fue cómo el Cristo que habían descubierto informaba las diferentes dimensiones de su vida. En ese sentido, la relación entre fe y razón constituyó uno de sus grandes temas.
En el campo de la información, se trata de ver el mundo con los ojos de Cristo, pero manteniendo las categorías profesionales del periodista. La luz de la fe ilumina estas categorías, del mismo modo que los primeros cristianos, gracias a esa luz de la fe, iluminaron la filosofía grecorromana, dando origen a la civilización occidental.
Éste es un tema impresionante, que no está trabajado en ningún debate público. Así como los primeros cristianos se encontraron con el desafío de iluminar la filosofía grecorromana, la razón, con la luz del Evangelio, nosotros, en la era de la comunicación, estamos llamados a iluminar con esta luz la sociedad de la comunicación.
- LOS PRIMEROS CRISTIANOS DIRIGÍAN SU MENSAJE A TODO EL MUNDO, CON EL FIN DE EXTENDER LA IGLESIA, PROVOCANDO CONVERSIONES EN PERSONAS AJENAS AL CRISTIANISMO. ¿ZENIT ES UN PRODUCTO DE CONSUMO INTERNO PARA LOS CATÓLICOS O SE DIRIGE A GENTE DE TODAS LAS CREENCIAS?
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| Jesús Colina | |||
- Si somos realistas, a veces parece que “evangelizamos la sacristía”. Tenemos un público cautivo: el cristiano comprometido de un nivel intelectual medio-alto, de formación universitaria.
Luego hay un público muy variopinto, al que no sabes cuándo ni cómo llegas, y que a veces sólo quiere información para criticar lo que dice el Papa o la Iglesia, porque es la única voz moral que toma posición sobre los distintos aspectos de la vida humana, de la vida ética, y que además cambia la vida de las personas.
Por último, existe otro público interreligioso. En Internet, en la intimidad de tu pantalla, tienes una libertad única, que suele estar poco controlada. Y está claro que hay jóvenes musulmanes, agnósticos, etc., con inquietudes, y a través de Google caen donde caen. Además están las embajadas, gobiernos, etc., que también necesitan saber qué dice la Santa Sede. De todos modos, tratamos de usar la información como servicio y no como poder; es decir, sembramos y, luego, que pase lo que Dios quiera.
- ¿PODEMOS VER ALGÚN PARALELISMO ENTRE LO QUE ESTÁ SUCEDIENDO HOY EN LOS MEDIOS Y EL AMBIENTE HOSTIL QUE ENCONTRARON LOS PRIMEROS CRISTIANOS?
- La Iglesia es percibida hoy en la sociedad como “liberticida”, como aquélla que mata la libertad, lo cual crea una aprehensión negativa. La Iglesia propone un camino de felicidad, no de amargura: dice a veces que no porque se dirige a un gran “sí”. Pero hoy en día éste “sí” que no se percibe. Sólo llega lo negativo. Los cristianos tenemos un examen de conciencia que hacer, porque no estamos comunicando bien el mensaje.
Hay grupos con un prejuicio negativo de base. En ese sentido, igual que los primeros cristianos vivieron la persecución del imperio romano, nosotros vivimos la persecución de la sociedad de la comunicación, la del ridículo. Hoy en día tenemos desafíos similares que se enfrentaron los primeros cristianos: una sociedad multicultural y multirreligiosa, y una persecución diferente, pero real.
Sin embargo, esta situación puede ayudar a la purificación de la Iglesia: a veces, lo mejor para la humildad es la humillación, y la Iglesia saldrá fortalecida y esplendorosa.
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1. Vida de santidad“Observan exactamente los mandamientos de Dios, viviendo santa y justamente, así como el Señor Dios les ha mandado; le rinden gracias cada mañana y cada tarde, por cada comida o bebida y todo otro bien... ". (ARISTIDES, Siglo II, La Apología)
"Estas son, oh emperador, sus leyes. Los bienes que deben recibir de Dios, se los piden, y así atraviesan por este mundo hasta el fin de los tiempos, puesto que Dios lo ha sujetado todo a ellos. Le están, pues, agradecidos, porque para ellos ha sido hecho el universo entero y la creación. Por cierto, esta gente ha hallado la verdad”. (ARISTIDES, Siglo II, La Apología) “En los cristianos se da un sabio dominio de sí mismos, se practica la continencia, se observa el matrimonio único, la castidad es custodiada, la injusticia es excluida, la piedad es apreciada con lo hechos. Dios es reconocido, la verdad es considerada norma suprema”. (SAN TEÓFILO DE ANTIOQUÍA, Libros a Autólico, Siglo II) 2. Entrega a los demás
“Socorren a quienes los ofenden, haciendo que se vuelvan amigos suyos; hacen bien a los enemigos. No adoran dioses extranjeros; son dulces, buenos, pudorosos, sinceros y se aman entre sí; no desprecian a la viuda; salvan al huérfano; el que posee da, sin esperar nada a cambio, al que no posee. Cuando ven forasteros, los hacen entrar en casa y se gozan de ello, reconociendo en ellos verdaderos hermanos, ya que así llaman no a los que lo son según la carne, sino a los que lo son según el alma. Cuando muere un pobre, si se enteran, contribuyen a sus funerales según los recursos que tengan; si vienen a saber que algunos son perseguidos o encarcelados o condenados por el nombre de Cristo, ponen en común sus limosnas y les envían aquello que necesitan, y si pueden, los liberan; si hay un esclavo o un pobre que deba ser socorrido, ayunan dos o tres días, y el alimento que habían preparado para sí se lo envían, estimando que él también tiene que gozar, habiendo sido como ellos llamado a la dicha”. (ARISTIDES, Siglo II, La Apología) 3. Ciudadanos de la tierra y del cielo“No tenemos aquí ciudad permanente, sino que andamos buscando la del futuro”. (Hebreos 13, 14) “Habitan en la propia patria como extranjeros. Cumplen con lealtad sus deberes ciudadanos, pero son tratados como forasteros. Cualquier tierra extranjera es para ellos su patria y toda patria es tierra extranjera.
Se casan como todos, tienen hijos, pero no abandonan a sus recién nacidos. Tienen en común la mesa, pero no la cama. Están en la carne, pero no viven según la carne. Habitan en la tierra, pero son ciudadanos del cielo. Obedecen a las leyes del Estado, pero, con su vida, van más allá de la ley. Aman a todos y son perseguidos por todos. No son conocidos, pero todos los condenan. Son matados, pero siguen viviendo. Son pobres, pero hacen ricos a muchos. No tienen nada, pero abundan en todo. Son despreciados, pero en el desprecio encuentran gloria ante Dios. Se ultraja su honor, pero se da testimonio de su justicia. Están cubiertos de injurias y ellos bendicen. Son maltratados y ellos tratan a todos con amor. Hacen el bien y son castigados como malhechores. Aunque se les castigue, están serenos, como si, en vez de la muerte, recibieran la vida. Son atacados por los judíos como una raza extranjera. Los persiguen los paganos, pero ninguno de los que los odian sabe decir el porqué”. (Autor Desconocido, Siglo II-III, Carta a Diogneto) “Los cristianos llevan grabadas en su corazón las leyes de Dios y las observan en la esperanza del siglo futuro. Por esto no cometen adulterio ni fornicación, no levantan falso testimonio; no se adueñan de los depósitos que han recibido; no anhelan lo que no les pertenece; honran al padre y a la madre, hacen bien al prójimo; y, cuando son jueces, juzgan justamente. No adoran ídolos de forma humana; todo aquello que no quieren que los otros les hagan a ellos, ellos no se lo hacen a nadie. No comen carnes ofrecidas a los ídolos, porque están contaminadas. Sus hijas son puras y vírgenes y huyen de la prostitución; los hombres se abstienen de toda unión ilegítima y de toda impureza; igualmente sus mujeres son castas, en la esperanza de la gran recompensa en el otro mundo…” (ARÍSTIDES, La apología, Siglo II) 4. EucaristíaEn uno de los primeros textos cristianos, San Justino explica cómo se celebraba la eucaristía en los primeros tiempos. “El día que se llama día del sol tiene lugar la reunión en un mismo sitio de todos los que habitan en la ciudad o en el campo. Se leen las memorias de los Apóstoles y los escritos de los Profetas. Cuando el lector ha terminado, el que preside toma la palabra para incitar y exhortar a la imitación de tan bellas cosas.
Luego nos levantamos y oramos por nosotros... y por todos los demás dondequiera que estén, a fin de que seamos hallados justos en nuestra vida y nuestras acciones y seamos fieles a los mandamientos para alcanzar la salvación eterna. Luego se lleva al que preside el pan y una copa con vino y agua mezclados. El que preside los toma y eleva alabanzas y gloria al Padre del universo, por el nombre del Hijo y del Espíritu Santo, y da gracias largamente porque hayamos sido juzgados dignos de estos dones. Cuando el que preside ha hecho la acción de gracias y el pueblo ha respondido “amén”, los que entre nosotros se llaman diáconos distribuyen a todos los que están presentes el pan y el vino “eucaristizados”. (SAN JUSTINO, Carta a AntoninoPío, Emperador,año 155) “A nadie le es lícito participar en la Eucaristía, si no cree que son verdad las cosas que enseñamos y no se ha purificado en aquel baño que da la remisión de los pecados y la regeneración, y no vive como Cristo nos enseñó. Porque no tomamos estos alimentos como si fueran un pan común o una bebida ordinaria, sino que así como Cristo, nuestro salvador, se hizo carne y sangre a causa de nuestra salvación, de la misma manera hemos aprendido que el alimento sobre el que fue recitada la acción de gracias, que contiene las palabras de Jesús y con que se alimenta y transforma nuestra sangre y nuestra carne, es precisamente la carne y la sangre de aquel mismo Jesús que se encarnó. Los apóstoles, en efecto, en sus tratados llamados Evangelios, nos cuentan que así les fue mandado, cuando Jesús, tomando pan y dando gracias dijo: “Haced esto en conmemoración mía. Esto es mi cuerpo”.Y luego, tomando del mismo modo en sus manos el cáliz, dio gracias y dijo: “Esta es mi sangre”, dándoselo a ellos solos. Desde entonces seguimos recordándonos unos a otros estas cosas. Y los que tenemos bienes acudimos en ayuda de otros que no los tienen y permanecemos unidos. Y siempre que presentamos nuestras ofrendas alabamos al Creador de todo por medio de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo”. (SAN JUSTINO, Carta a Antonino Pío, Emperador, año 155) 5. Dimensión cristiana del trabajoLos primeros cristianos tuvieron muy presente el testimonio de Cristo con su vida de trabajo, ya que “fue considerado como carpintero, y fue así que obras de este oficio fabricó mientras estaba entre los hombres, enseñando por ellas los símbolos de la justicia, y lo que es una vida de trabajo” (JUSTINO, Diálogo con Tritón).
Al proyectarse el mensaje cristiano sobre aquella estructura laboral, el trabajo aún el peor cualificado, adquiere una dimensión nueva en Cristo (cfr. Ef. 6,7). La dimensión sobrenatural del trabajo será como un incentivo divino que superará con mucho el impacto de los condicionamientos sociales, pero sin violencias ni rebeliones. El trabajo tenía para los primeros cristianos un valor de signo distintivo entre el verdadero creyente y el falso hermano, así como una manera delicada de vivir la caridad para noser gravoso a ningún hermano (cfr. 2 Thes 3,8). (cfr. Enciclopedia GER, Cristianos, Primeros II, Espiritualidad) Por otra parte, no podemos olvidar que los primeros cristianos estaban inmersos en un mundo en el que el trabajo era tenido como algo peyorativo. “Y como el trabajo era lo que determinaba la vida del esclavo, se impuso la conocida distinción entre trabajo servil y trabajo liberal, identificando en el primero el trabajo propiamente dicho, y en el segundo toda esa gama de actividades que, además de la cultura, comprende las aficiones y las artes” (J.Mullor, La Nueva Cristiandad, Madrid 1966, p.215). |
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Jesús Colina, director de Aleteia.org y exdirector de Zenit, ha concedido una entrevista a Primeros Cristianos en la que habla de su agencia, el mundo de la comunicación y los primeros cristianos.
Mientras trabajaba en Roma como periodista, hacía colaboraciones para varios medios, y con frecuencia llegaban solicitudes para reproducir contenidos, sobre todo de periódicos de América Latina. Era evidente que en lengua española (y estamos hablando de la mitad de los católicos del mundo) había demanda de información sobre la Iglesia.
Eso, que al comienzo era un sueño, se convirtió en un objetivo asequible cuando Internet empezó a hacerse popular. El gran descubrimiento de Zenit fue que el e-mail podía ser un gran medio para difundir noticias, y se debió a una cuestión de escasez: para enviar mails no hace falta pagar. Luego descubrimos que el mail tiene una capacidad de fidelización casi única, y se convirtió en el modo más eficaz de crecer.
En realidad, habíamos pensado hacerlo sólo en español, pero tras el primer Sínodo de la Iglesia de América hicimos una prueba y vimos que también en inglés había hueco. A partir de ahí, por determinadas circunstancias, cada una casual, comenzamos en francés, en alemán, en portugués, en italiano y, tras el discurso de Benedicto XVI de Ratisbona, en árabe.
En estos años nos hemos planteado crear un portal de “in-formación”, dar contenidos multimedia y de web 2.0. Para no cambiar nuestra identidad de agencia de noticias, hemos preferido acuerdos estratégicos con portales y, por ahora, hemos rechazado lo multimedia. La cuestión de la web 2.0 es complicada, pues se basa en un concepto relativista de la verdad, que no nos interesa. No se puede poner al mismo nivel una encíclica del Papa y lo primero que se le ocurre a un usuario en un foro. Nos desviaríamos de nuestro objetivo de “in-formación”.
Además, más allá de cada noticia, está toda la confusión que hay dentro de nuestra materia. Hay cada vez mayor desinformación, y se crea un círculo vicioso: a más desinformación, más analfabetismo religioso y viceversa. Eso provoca preguntas que pueden bloquear a algunos en su camino de fe (Galileo, Pio XII, las Cruzadas…). Hay que responder a esas preguntas en los medios de comunicación.
La cuestión fundamental para los primeros cristianos fue cómo el Cristo que habían descubierto informaba las diferentes dimensiones de su vida. En ese sentido, la relación entre fe y razón constituyó uno de sus grandes temas.
En el campo de la información, se trata de ver el mundo con los ojos de Cristo, pero manteniendo las categorías profesionales del periodista. La luz de la fe ilumina estas categorías, del mismo modo que los primeros cristianos, gracias a esa luz de la fe, iluminaron la filosofía grecorromana, dando origen ala civilización occidental.
Éste es un tema impresionante, que no está trabajado en ningún debate público. Así como los primeros cristianos se encontraron con el desafío de iluminar la filosofía grecorromana, la razón, con la luz del Evangelio, nosotros, en la era de la comunicación, estamos llamados a iluminar con esta luz la sociedad de la comunicación.
Si somos realistas, a veces parece que “evangelizamos la sacristía”. Tenemos un público cautivo: el cristiano comprometido de un nivel intelectual medio-alto, de formación universitaria.
Luego hay un público muy variopinto, al que no sabes cuándo ni cómo llegas, y que a veces sólo quiere información para criticar lo que dice el Papa o la Iglesia, porque es la única voz moral que toma posición sobre los distintos aspectos de la vida humana, de la vida ética, y que además cambia la vida de las personas.
Por último, existe otro público interreligioso. En Internet, en la intimidad de tu pantalla, tienes una libertad única, que suele estar poco controlada. Y está claro que hay jóvenes musulmanes, agnósticos, etc., con inquietudes, y a través de Google caen donde caen. Además están las embajadas, gobiernos, etc., que también necesitan saber qué dice la Santa Sede. De todos modos, tratamos de usar la información como servicio y no como poder; es decir, sembramos y, luego, que pase lo que Dios quiera.
La Iglesia es percibida hoy en la sociedad como “liberticida”, como aquélla que mata la libertad, lo cual crea una aprehensión negativa. La Iglesia propone un camino de felicidad, no de amargura: dice a veces que no porque se dirige a un gran “sí”. Pero hoy en día éste “sí” que no se percibe. Sólo llega lo negativo. Los cristianos tenemos un examen de conciencia que hacer, porque no estamos comunicando bien el mensaje.
Hay grupos con un prejuicio negativo de base. En ese sentido, igual que los primeros cristianos vivieron la persecución del imperio romano, nosotros vivimos la persecución de la sociedad de la comunicación, la del ridículo. Hoy en día tenemos desafíos similares que se enfrentaron los primeros cristianos: una sociedad multicultural y multirreligiosa, y una persecución diferente, pero real.
Sin embargo, esta situación puede ayudar a la purificación de la Iglesia: a veces, lo mejor para la humildad es la humillación, y la Iglesia saldrá fortalecida y esplendorosa.
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AÑO DE SAN PABLO |
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ENTREVISTA AL CARDENAL LANZA DE MONTEZEMOLO | |
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ENTREVISTA AL ABAD DE SAN PABLO EXTRAMUROS |