
Actualmente es obispo de Trondheim, en Noruega, y fue elegido presidente de la Conferencia Episcopal Escandinava el pasado 2024.
Aunque ahora sea muy conocido en amplios sectores de la Iglesia, su relación con la fe fue más bien tardía. Creció en una familia noruega no practicante y pasó toda su adolescencia declarándose agnóstico.
Sin embargo, el descubrimiento de la Sinfonía de la Resurrección de Mahler le removió y decidió ponerse manos a la obra para buscarle algo más de sentido a su propia vida, encontrándolo finalmente en la religión y convirtiéndose así al cristianismo.
Fue en 2002 cuando entró en la Orden Cisternciense de la Estricta Observancia, convirtiéndose en monje trapense, que se cracterizan por poner el acento en la vida interior y el silencio.

