
El libro "Helena, la luz de Roma" ha sido publicado recientemente por la editorial Almuzara. Esta obra ha sido publicada por Mar Rodríguez Vacas, quien regresa a la época del Imperio Romano tras su anterior publicación, El olivo de los Claudio, pero esta vez centra su atención en una figura legendaria: Santa Helena.
La autora saca del olvido a una mujer que fue emperatriz y madre del emperador Constantino, al desvelar con exactitud histórica las décadas desconocidas de su vida. Esta figura, que alcanzó los altares, se convirtió en una de las personalidades más influyentes en la historia del cristianismo primitivo.
A finales del siglo III D.C., en un Imperio que enfrenta una crisis sin precedentes y está al borde del colapso, la novela relata la historia de una mujer que, mientras Roma desata su furia contra los cristianos y las legiones combaten a los bárbaros, logra sobrevivir en un entorno lleno de conspiraciones y traiciones. En medio de tanta convulsión, solo una certeza la mantiene con vida: el futuro de su hijo Constantino, quien está destinado a convertirse en el hombre que cambiará el curso de la historia.
En el corazón de una sociedad agitada, esta romana logró escribir una de las páginas más extraordinarias de la historia al facilitar el triunfo del símbolo de la cruz sobre el águila romana, mientras tanto, en los circos y anfiteatros morían héroes y cobardes, y un pequeño grupo de hombres en los palacios imperiales decidía el destino de la civilización.
Santa Helena, madre de emperadores y compañera de Constantino, será la protagonista de una transformación en el Imperio al establecer, junto al erudito obispo Osio de Córdoba, la tolerancia religiosa después de siglos de persecución, según relata la novela. Su vida estuvo marcada por un profundo compromiso con el cristianismo, culminando en un viaje final a Tierra Santa donde encontró los lugares sagrados que consolidaron su leyenda para siempre.
Con un notable dominio narrativo, Mar Rodríguez Vacas evoca en esta novela una era de transformación significativa, donde el antiguo paganismo fue superado por la revolución espiritual del cristianismo. Se trata de una historia que abarca la fe inquebrantable, el amor tanto conyugal como maternal, así como traiciones y la firmeza femenina que logró alterar el curso de la historia para siempre.
Mar Rodríguez Vacas es doctora en Periodismo por la Universidad de Sevilla, licenciada en Ciencias Ambientales por la Universidad de Córdoba y titulada en Ballet Clásico por el Conservatorio Profesional de Danza Antonio Ruiz Soler de Sevilla.
Desde 2005, ha trabajado en el mundo de la comunicación audiovisual, especializándose con el paso de los años en la redacción de guiones documentales, sobre todo de índole histórica. En estos días trabaja en comunicación institucional, como jefa de prensa de la Delegación del Gobierno de Córdoba.
Con Almuzara ha publicado El olivo de los Claudio y Eso no estaba en mi libro de historia del ballet clásico, regresa ahora a la antigüedad clásica con Helena, la luz de Roma.
Adentrarse en las páginas de esta obra supone comprender las tensiones de la Tetrarquía, un sistema político diseñado para salvar a Roma pero que acabó sumiendo al territorio en una lucha de egos y ambiciones dinásticas. La figura de Helena emerge aquí no solo como un icono religioso, sino como una estratega nata que supo interpretar los signos de su tiempo mejor que muchos generales de su época. Mientras Constancio Cloro se veía obligado a cumplir con los dictados de Diocleciano y Maximiano, Helena cultivaba en la sombra la educación de un joven Constantino, inculcándole una visión de unidad que acabaría con la fragmentación del poder.

Santa Helena, Roma, Constantino
Este relato pone especial énfasis en el papel de los consejeros espirituales, destacando la presencia de Osio de Córdoba, quien actuó como puente entre la fe emergente y la estructura imperial, permitiendo que el Edicto de Milán no fuera solo un documento legal, sino el reflejo de un cambio de paradigma social. La novela explora cómo la fe cristiana, lejos de ser una debilidad, se convirtió en el pegamento que mantuvo unidas las provincias romanas frente a la presión de los pueblos bárbaros del norte. Es, en definitiva, un análisis profundo sobre la resiliencia de una madre que vio cómo su familia era sacrificada en el altar de la política romana, pero que supo esperar su momento para colocar la primera piedra de la Cristiandad moderna. La maestría con la que la autora describe los paisajes de la antigua Britania, las cortes de Tréveris y los templos de Bizancio, permite que el lector se sienta partícipe de una de las transiciones más fascinantes de la humanidad, donde lo divino y lo terrenal se entrelazaron definitivamente bajo la mirada atenta de la luz de Roma.