El Jordán se convierte en epicentro de paz: La fe viva de los cristianos en Tierra Santa

Jordán

En un contexto marcado por la esperanza y la búsqueda incesante de la reconciliación, la región de Tierra Santa ha vuelto a ser el escenario de una de las manifestaciones de fe más profundas del calendario cristiano.

Este mes de enero de 2026, las orillas del río Jordán, en territorio jordano, se han transformado en un altar a cielo abierto donde miles de fieles y representantes eclesiales se han unido en una oración coral por la paz y la unidad de los pueblos.

La noticia, difundida originalmente por los medios oficiales del Vaticano, destaca no solo la importancia litúrgica del Bautismo del Señor, sino también el valor geopolítico y espiritual de Jordania como custodio de la memoria bíblica y refugio de coexistencia en el convulso Oriente Medio.

El Bautismo del Señor: Un retorno a las fuentes

La celebración central tuvo lugar en el sitio histórico donde, según la tradición y las investigaciones arqueológicas, Juan el Bautista bautizó a Jesús. Este lugar, conocido como Betania más allá del Jordán (Al-Maghtas), recibió a una multitud de peregrinos que, por primera vez en varios años tras periodos de inestabilidad, han podido acudir de manera más fluida.

El evento no fue simplemente una conmemoración ritual. Para la comunidad cristiana local, conocida como las "piedras vivas" de Tierra Santa, este acto representa un renacimiento espiritual. Los líderes religiosos presentes subrayaron que el agua del Jordán sigue simbolizando hoy una limpieza de las heridas del pasado y una invitación a caminar hacia un futuro de fraternidad.

Zona del río Jordán en el que se bautizó Jesucristo

Jordania: Tierra de acogida y Evangelio

Uno de los puntos clave resaltados en las crónicas de este 2026 es el papel fundamental del Reino Hachemita de Jordania. A diferencia de otras zonas de la región que enfrentan tensiones extremas, Jordania se mantiene como un modelo de convivencia entre cristianos y musulmanes. La presencia de las autoridades eclesiásticas en este lado del río refuerza el mensaje de que el Evangelio no es solo un texto antiguo, sino una realidad palpable que se traduce en hospitalidad y diálogo interreligioso.

La noticia pone de relieve que Jordania ya se prepara activamente para el gran hito del año 2030, cuando se celebrará el bimilenario del Bautismo de Jesús. Este horizonte temporal está impulsando proyectos de infraestructura y conservación que buscan facilitar el acceso de peregrinos de todo el mundo a los Santos Lugares.

Una oración por la paz en tiempos de incertidumbre

El momento más emotivo de la jornada fue la oración ecuménica dirigida por los Custodios de Tierra Santa y diversos patriarcas. En sus alocuciones, el mensaje fue unánime: la paz en Tierra Santa no es solo una cuestión de acuerdos políticos, sino de una conversión del corazón.

"No se salva al mundo afilando las espadas o eliminando al hermano, sino esforzándose incansablemente por comprender y perdonar", se escuchó durante las homilías en las orillas del río.

Esta oración se ha extendido también a las intenciones por el nuevo año y por el Jubileo de la Esperanza que vive la Iglesia universal. Se hizo especial énfasis en la situación de las familias jóvenes y los niños de la región, quienes cargan con las consecuencias de décadas de conflictos. La Iglesia reafirma así su compromiso de no abandonar estos territorios, manteniendo escuelas, hospitales y centros de acogida que sirven a todos sin distinción de credo.

El regreso de los peregrinos: Un signo de esperanza

Otro aspecto fundamental de la noticia es el paulatino regreso de los grupos de peregrinación. Tras años de dificultades, los primeros grupos de 2026 han comenzado a recorrer las rutas que unen Jordania con Jerusalén y Nazaret. Para la población local, el regreso del peregrino no es solo un alivio económico, sino un recordatorio de que no están solos y de que Tierra Santa sigue siendo el corazón espiritual de millones de personas.

La celebración en el Jordán cierra un ciclo de festividades que comenzó con la Navidad y la Epifanía, dejando una estela de esperanza. La imagen de los fieles sumergiendo sus manos en las mismas aguas donde comenzó la misión pública de Cristo es un potente símbolo de que, a pesar de las sombras, la luz del Evangelio sigue brillando con fuerza en la tierra que lo vio nacer.

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