Nuestra Señora de las Nieves

A esta advocación responde la Basílica de Santa María la Mayor 

“María es modelo de escucha, acogida, humildad, fidelidad y espera, virtudes importantes y fundamentales en la construcción de una sociedad más justa, madura y responsable, capaz de hacer redescubrir los valores profundos del corazón humano.”  Benedicto XVI

La Tradición 

Esta fiesta de la Santísima Virgen tiene su origen en la leyenda romana que la liturgia nos recuerda. En tiempo del papa Liberio, segunda mitad del siglo IV, existía en Roma un matrimonio sin hijos. La noche del 4 de agosto, la Virgen se les aparece en sueños, y por separado, para indicarles su voluntad de que se levante en su honor un templo en el lugar que aparezca cubierto de nieve en el monte Esquilino. Cuando los dos esposos fueron a hablar al Papa Liberio, este había tenido la misma revelación que ellos.

Se organizó una procesión al monte Esquilino, y allí vieron un trozo de campo acotado por nieve fresca y blanca. El Papa mandó construir la basílica y él mismo dio el primer golpe con el pico. El santuario de Nuestra Señora de las Nieves es conocido hoy en día como la Basílica de Santa María la Mayor, una de las cuatro grandes basílicas de Roma, junto a San Pedro, San Pablo Extramuros y San Juan de Letrán.

La leyenda no aparece hasta el siglo X o XI, y tuvo bastante aceptación popular. Un discípulo del Giotto la inmortalizó en unos lienzos que pintó para la basílica. En un cuadro aparece el papa Liberio dormido, con la mitra al lado; encima, ángeles y llamas, y, delante, la Virgen que le dirige la palabra. En otro cuadro aparece Juan Patricio, a quien se le aparece también la Virgen. Otra pintura nos presenta a María haciendo descender la nieve sobre el monte Esquilino.

La devoción a la Virgen de las Nieves arraigó fuertemente en el pueblo romanoy llegó a extenderse por toda la cristiandad. En su honor se levantan hoy templos por todo el mundo, y son muchas las mujeres cristianas que llevan este nombre de la Santísima Virgen: Nieves.

Santa María la Mayor 

La basílica de Santa María la Mayor parece ser que fue la primera iglesia que se levantó en Roma en honor de María y podemos decir, lo mismo que se afirma de San Juan de Letrán en un sentido más general, que es la iglesia madre de todas cuantas en el mundo están dedicadas a la excelsa Madre de Dios. Por esto, y por ser una de las iglesias más suntuosas de Roma, mereció el título de la Mayor. Así se la distinguía de las otras sesenta iglesias que tenía la Ciudad Eterna dedicadas a Nuestra Señora.

La primitiva iglesia no estaba consagrada a María. Se llamaba la basílica Sociniana. En su recinto lucharon los partidarios del papa Dámaso con los secuaces del antipapa Ursino a finales del siglo IV. En este tiempo se llamó también basílica Liberiana por su fundador, el papa Liberio.

En el siglo V es reconstruida por Sixto III (432-440). Este mismo Papa es el que consagra el templo a la Virgen. Desde este momento el nombre de María se va a hacer inseparable de este templo.

Este templo que renueva Sixto III en honor de la Theotokos es el eco romano de la definición de los padres de Efeso. La ciudad entera se apresta a levantar y hermosear esta basílica. Se levanta un arco de triunfo y sobre la puerta de entrada se lee una inscripción que empieza con estas palabras: “A ti, oh Virgen María, Sixto te dedica este nuevo templo… “

En el siglo VII una nueva advocación le nace a estaiglesia: Santa María ad praesepe, Santa María del Pesebre. La maternidad de María acaba por llevar la devoción de los fieles al portal de Belén, a Jesús. Como siempre: por María, a Jesús.

Al lado de la basílica surge una gruta estrecha, oscura y recogida como la de Belén. Allí irán los papas a celebrar la misa del gallo todas las Nochebuenas, y se enseñaban los maderos del pesebre en el cual había nacido el Hijo de Dios y trozos de adobes y piedras que los peregrinos habían traído de Tierra Santa.

En esta basílica el Papa proclamó a la Virgen como Reina de cielos y tierra. Se alberga aquí a la Virgen María, salvadora del pueblo romano «Salus Populi Romani». En varias situaciones de gran necesidad se le ha sacado en procesión. En una ocasión acabó con la plaga en Roma.

Desde el comienzo de su pontificado, Juan Pablo II quiso que una lámpara estuviera encendida de día y de noche bajo el icono de María, Salus, como testimonio de su gran devoción.