Esta santa, nacida en Roma, se le llama así para distinguirla de santa Melania la Anciana. Pertenecía a la aristocracia romana y se había casado con su primo Piniano.
Cuando, una década más tarde, perdieron a sus dos hijos, se volcaron en la práctica de los consejos evangélicos. Así liquidaron progresivamente sus grandes bienes en construir monasterios, hospitales e iglesias. Abandonaron Roma poco después del saqueo de Alarico y después de una larga estancia en Sicilia, llegaron a Tagaste, Numidia, a casa del obispo Alipio, amigo de San Agustín, y un tiempo después, a Jerusalén.
A la muerte de su madre y su esposo, Melania estableció allí en Jerusalén una comunidad de vírgenes consagradas, entre las que pasó los siete últimos años de su vida.
El número de peregrinos a Tierra Santa continúa creciendo: se ha doblado en los dos últimos años
La Oficina de Peregrinación Franciscana, que programa las misas para los peregrinos que visitan los Santos Lugares y por tanto ofrece una información muy fiable, ha dado a conocer datos muy positivos sobre el aumento de peregrinos a Tierra Santa.
En 2016 los lugares santos recibieron 274.983 peregrinos, que ascendieron a 411.754 en 2017 (+137%) y a 538.429 en lo que va de 2018, lo que supondrá que al finalizar el año se habrá doblado el número de fieles respecto a dos años antes.
Durante los años de mayor inestabilidad en Oriente Medio a causa del genocidio contra los cristianos y el conflicto entre Israel y Palestina, la Custodia de Tierra Santa multiplicó sus llamamientos para no detener las peregrinaciones, ya que la presencia de visitantes es clave para la subsistencia de las comunidades cristianas locales.
Los países con mayor número de peregrinos son Estados Unidos (127.964), Italia(60.417), Polonia (50.707) e Indonesia (30.813). Según recuerda Gaudium Press, las cifras oficiales sólo toman en cuenta los grupos de peregrinos que se registran oficialmente para reservar tiempos de oración en los Santuarios. Por este motivo, los peregrinos reales son más numerosos, ya que muchas personas viajan individualmente o en grupos pequeños que no realizan el proceso de registro.
Por su parte, y corroborando estos datos, la Oficina Central de Estadística de Israel publicó los datos de ingreso de turistas al país desde enero hasta octubre de 2018. Según el organismo, más de tres millones de personas foráneas ingresaron al país (3.399.300), un 15% más que en 2017 y un 44% más que en 2016.
¿Cómo se vive el recuerdo de los Inocentes como primeros mártires?
El vicario custodial, Dobromir Jasztal, celebró misa este 28 de diciembre en Belén, justo sobre la tumba de los Santos Inocentes: una de las pequeñas grutas bajo la iglesia de Santa Catalina de la Natividad en Belén, en la capilla de San José. Asistieron algunos frailes franciscanos de la Custodia de Tierra Santa, junto a religiosas, fieles locales y peregrinos.
En esta fecha se recuerda a los niños asesinados por mandato de Herodes, tras el nacimiento de Jesús, por miedo a ser derrocado. Durante la masacre de todos los hijos varones menores de dos años, como narra el evangelio de Mateo, San José fue avisado en un sueño para que huyera a Egipto con Jesús y María y el sitio donde tuvo el sueño es precisamente donde se celebra la liturgia.
«Las festividades después de Navidad no interfieren con la alegría navideña, sino que nos permiten comprender su significado», dijo fray Dobromir en la homilía.
El vicario habló de todas las preguntas que podríamos hacernos en relación con este suceso: ¿Por qué Dios salva a Jesús y no a todos los niños de Belén? ¿Puede Dios haber cometido tal injusticia? ¿Por qué los niños son considerados mártires, aunque no tomaran ninguna decisión? «La razón de esta aparente incoherencia de Dios solo puede entenderse a través de la encarnación de Jesús», explicó.
El gran paso que todos debemos dar es salir de la lógica humana. «En la Cruz, Jesús demostró que él no destruye a sus enemigos, pero es Él quien vence. Y no como nosotros habríamos esperado»: Dios da valor propio a la muerte inocente, como dio valor a la muerte de Jesús, afirmó fray Dobromir.
En los iconos ortodoxos de la Navidad, expresiones de la religiosidad popular durante siglos, es común observar al Niño no simplemente echado sobre las pajas del pesebre, sino envuelto en una faja, como un difunto embalsamado, y también a menudo el pesebre tiene forma de féretro. ¿Qué quiere decir esto?
De Belén al Calvario
La explicación puede encontrarse en la relación entre la Navidad y la Pascua del Señor, entre el Belén y el Calvario. La piedad cristiana hace notar que los brazos extendidos de Jesús en el Belén son los mismos que se extenderán sobre la Cruz. Algunos pintores, como Benedetto Bonfigli (s. XV) o Lorenzo Lotto (s. XVI) asocian la escena de la Navidad al crucifijo.
Benedicto XVI desarrolló, en su audiencia del 21 de diciembre de 2012, la relación entre la Navidad y la Misa; y, por tanto, su relación con la muerte y resurrección del Señor.
En primer lugar, se ha preguntado cómo podemos vivir los cristianos el acontecimiento de la Navidad, sucedido hace más de dos mil años. La Misa de la Noche de Navidad reza: “Hoy ha nacido para nosotros el Salvador”. Esto, responde el Papa, es real gracias precisamente a la liturgia, que hace posible superar los límites del espacio y del tiempo: “Dios, en aquel Niño nacido en Belén, se ha acercado al hombre: nosotros lo podemos encontrar todavía, en un ‘hoy’ que no tiene ocaso”. Dicho de otro modo, “Dios nos ofrece ‘hoy’, ahora, a mí, a cada uno de nosotros, la posibilidad de reconocerlo y de acogerlo, como hicieron los pastores de Belén, para que Él nazca también en nuestra vida y la renueve, la ilumine, la transforme con su Gracia, con su Presencia”. En síntesis, por medio de la liturgia “la Navidad es un evento eficaz para nosotros”.
Ciertamente, bastaría con recordar que la Misa es actualización del Misterio Pascual (la muerte y resurrección de Cristo), que asume, condensa y consuma todos los demás Misterios de la vida del Señor, también el de la Navidad.
Navidad y Pascua, continuaba señalando Benedicto XVI, son dos fiestas que celebran la redención de la humanidad. La Navidad celebra la entrada de Dios en la historia haciéndose hombre, para que el hombre pueda conocerle y unirse a Él. La Pascua celebra la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte, obtenida mediante la Cruz y la Resurrección. La Navidad cae al inicio del invierno, cuando la naturaleza está envuelta por el frío, anunciando la victoria del sol y del calor. La Pascua cae al inicio de la primavera, cuando el sol vence las nieblas.
Navidad y Pascua, Epifanía y Eucaristía
De esta manera, como hacían los Padres de la Iglesia, el nacimiento de Cristo ha de ser entendido a la luz de la entera obra redentora que culmina en el Misterio Pascual: “Dios se hace hombre, nace niño como nosotros, toma nuestra carne para vencer a la muerte y al pecado”.
Así lo dice San Basilio: “Dios asume la carne justo para destruir la muerte en ella escondida. Como los antídotos de un veneno, una vez ingeridos anulan los efectos, y como la oscuridad de una casa se disuelve a la luz del sol, así la muerte que dominaba sobre la naturaleza humana fue destruida por la presencia de Dios. Y como el hielo, que permanece sólido en el agua mientras dura la noche y reina la oscuridad, se derrite de inmediato al calor del sol. Así la muerte, que había reinado hasta la venida de Cristo, apenas aparece la gracia del Dios Salvador y surge el sol de justicia, “fue devorada por la victoria” (1 Co. 15,54), sin poder coexistir con la Vida”
En Navidad, comienza, por tanto, la Epifanía, es decir, la manifestación del plan divino redentor: “En Navidad encontramos la ternura y el amor de Dios que se inclina sobre nuestros límites, sobre nuestras debilidades, sobre nuestros pecados y se abaja hasta nosotros” (cf Fil 2, 6-7). Es decir: “El culmen de la historia del amor entre Dios y el hombre pasa a través del pesebre de Belén y el sepulcro de Jerusalén”.
De ahí resulta que el misterio de la Navidad, que puede verse situada en el marco de la Epifanía (si bien esta fiesta se celebra dos semanas después y forma una unidad con el Bautismo del Señor y el milagro de lasBodas de Caná), ha de ser contemplado y vivido en torno a la Misa, la Eucaristía. En la Navidad Cristo se manifiesta en la humildad y abajamiento del Niño de Belén. En la Eucaristía, Cristo vivo sigue ahora manifestándose y entregándose por nosotros. La Eucaristía es el “centro de la Santa Navidad”, donde “se hace presente Jesús de modo real, verdadero Pan bajado del cielo, verdadero Cordero sacrificado por nuestra salvación”.
* * *
Durante el tiempo de Navidad celebramos también la Fiesta de la Sagrada Familia, la familia de Jesús en Belén y en Nazaret, que es como el germen de la Iglesia. Ella refleja en el mundo a Cristo, luz de las gentes, como familia de Dios.
En la fiesta de la Epifanía contemplamos la adoración de los Magos. Siguiendo esa estrella que aún resplandece, representan a todas las personas que reconocen la llegada de la verdadera y definitiva luz del mundo.
La Navidad, "fiesta del corazón"
En la Homilía de la Nochebuena, ha señalado Benedicto XVI que la Navidad ya es Epifanía, pues Dios se manifestado y lo ha hecho como niño. Así "se contrapone a toda violencia y lleva un mensaje que es paz". Y por eso, ahora que la violencia amenaza al mundo de modos diversos, el Papa nos invita a rezar:
"Tú, el Dios poderoso, has venido como niño y te has mostrado a nosotros como el que nos ama y mediante el cual el amor vencerá. Y nos has hecho comprender que, junto a ti, debemos ser constructores de paz. Amamos tu ser niño, tu no-violencia, pero sufrimos porque la violencia continúa en el mundo, y por eso también te rogamos: Demuestra tu poder, ¡oh Dios! En este nuestro tiempo, en este mundo nuestro, haz que las varas del opresor, las túnicas llenas de sangre y las botas estrepitosas de los soldados sean arrojadas al fuego, de manera que tu paz venza en este mundo nuestro. (...) En el niño en el establo de Belén, se puede, por decirlo así, tocar a Dios y acariciarlo. De este modo, el año litúrgico ha recibido un segundo centro [además de la Pascua] en una fiesta que es, ante todo, una fiesta del corazón" (Homilía en la Misa del 24-XII-2011).
La Navidad, tiempo de la humildad
Asimismo, evocando la pequeñez de la puerta que actualmente da acceso a la Iglesia de la Natividad en Belén, observaba Benedicto XVI: "Si queremos encontrar al Dios que ha aparecido como niño, hemos de apearnos del caballo de nuestra razón 'ilustrada'. Debemos deponer nuestras falsas certezas, nuestra soberbia intelectual, que nos impide percibir la proximidad de Dios".
Dios se manifesta, efectivamente, en su bondad y humildad, llamando a las puertas de nuestra alma, durante todo estos días, breves pero intensos. Abrirle esas puertas es condición para participar de su Luz y llenar el mundo de su Alegría.
Ramiro Pellitero
SAN NEMESIO, MÁRTIR
La historia de Nemesio —se adapte o no en todos sus extremos a la bella y adornada narración que conocemos— es la de un hombre fiel y cabal que era uno más del pueblo. Un cristiano anónimo. Quiero decir, sin oficio conocido ni de condición social acreditada. Por los años de madurez que se le atribuyen podría ser casado —condición común a sus años—, aunque bien pudiera ser que no hubiera formado familia. Ni siquiera eso sabemos.
Fue durante la persecución de Decio, por los años 250. Lo refiere San Dionisio, obispo de Alejandría que habla de un tal Nemesio o Nemesion, egipcio de origen, de costumbres y de idioma. Era un vecino más en su pueblo, no de muchos años aunque entrado en la madurez, un hombre hecho.
Se le estimaba entre los que más del pueblo por la conducta justa y sus costumbres sanas; en fin, apreciado por su bondad y conducta ética intachable, como cabe y debe esperarse en un discípulo de Cristo verdadero. Fue el hombre que todo joven quiere ser cuando crezca y que todo viejo lamenta no haber sido.
Pero había envidiosos. Siempre hubo gente así, están en todas partes y estamentos. Se sienten humillados por la honradez y nobleza ajena que lleva también a la envidia de la estima de que gozan los que son honrados y buenos. Lo acusaron de cooperar con canallas que fueron perseguidos, presos y condenados a la pena de muerte. Pronto el juez pudo declarar absuelto a Nemesio y probar que fue calumnia el intento.
Como el orgullo es perverso, repiten ante el magistrado la acusación; esta vez cambiando los términos: "Tristes estamos —le dicen— por haber perdonado a un reo como Nemesio". Te ha engañado; es hábil, conoce todo tipo de engaños... ¿no sabes que es cristiano?
Para el juez es el peor de los delitos. La ley de Decio es implacable. Confirmado por serena confesión del reo es remitido a Sabino, gobernador de Egipcio y residente en Alejandría. Se comprueba en nuevo juicio la identidad cristiana de Nemesio que se muestra firme en su decisión de no renegar de su Dios. No le conmueven promesas ni castigos. Termina quemado en la hoguera en compañía de algunos ladrones y asesinos de su tiempo.
La bella historia termina narrando el añadido contento de Nemesio por morir entre malhechores como lo hizo el Maestro.
Lo noble y recto de los cristianos fue verdad auténtica y generosa ayer como lo es hoy; en algunos, la bondad es eminente hasta la muerte. Lastimosamente las tristes y lastimosas bajezas de los hombres tampoco han cambiado mucho desde entonces.
¿Cómo puede mi amigo estar tan ciego? Sí, él afirma que la humanidad ha cambiado a mejor con el tiempo, piensa que el hombre está abocado al "progreso" sin remedio. Con la historia de hoy en las manos, a mí me parece que no ha mejorado mucho el hombre por dentro. Hoy también los veo tan engreídos, envidiosos, retorcidos y soberbios que los noto muy capaces de repetir la historia y de volver a liquidar a cualquier Nemesio.
Ya están visibles de nuevo, justo a tiempo para la Navidad
Los mosaicos de la basílica de la Natividad de Belén, en restauración desde hace 15 meses, acaban de ser desvelados y tienen un brillo deslumbrante
Hacía más de un año que permanecían ocultos tras grandes andamiajes. Los mosaicos de la basílica de la Natividad de Belén, realizados a mediados del siglo XII, en pleno periodo de las Cruzadas, han sido minuciosamente restaurados durante 15 meses. Ennegrecidos por el hollín de las velas durante varios siglos, habían perdido todo su brillo. Ahora, reaparecen en todo su esplendor original.
Un renacimiento muy esperado
Los mosaicos originales cubrían 2000 m2 de la basílica de la Basílica de Natividad de Belén, pero el tiempo, la humedad, las guerras y la falta de mantenimiento los han hecho desaparecer poco a poco. De esta inmensa crónica en teselas, que cuenta episodios del Antiguo y del Nuevo Testamento, no quedan más que unos 125 m2.
Después de su restauración, los visitantes han quedado impactados por el resplandor de los colores y el brillo de los dorados. Hay que decir que los mosaicos no se restauraban desde el siglo XV, debido a conflictos entre las Iglesias católica, griega, ortodoxa y armenia, que gestionan el edificio. Era casi imposible distinguir la iconografía en el mosaico cubierto en su totalidad de una capa negra y espesa de hollín.
Esta gran obra de restauración ha permitido hacer otros descubrimientos sorprendentes. Bajo los mosaicos, sobre las columnas, los restauradores han logrado rescatar pinturas de la misma época. Entre 1127 y finales del siglo XII, los peregrinos ricos pagaban al os artistas para que representaran en la iglesia a los santos de sus familias o de sus regiones.
Alto lugar del cristianismo, la basílica fue construida en el supuesto lugar de la gruta donde María habría dado a luz a Jesús. Esta iglesia protegida por la UNESCO recibe cada año a más de 2 millones de peregrinos.
¿Qué dicen acerca de Belén los primeros cristianos?
También los discípulos del Señor y los primeros cristianos fueron muy conscientes desde el principio de la importancia que había adquirido Belén.
A mediados del siglo II, san Justino, que era natural de Palestina, se hacía eco de los recuerdos que se transmitieron de padres a hijos los habitantes de la aldea sobre la gruta, usada como establo, en que había nacido Jesús (Cfr. San Justino, Diálogo con Trifón, 78, 5).
En los primeros decenios del siglo siguiente, Orígenesatestigua que el lugar donde nació el Señor era perfectamente conocido en la localidad, incluso entre quienes no eran cristianos: «En armonía con lo que en los evangelios se cuenta, en Belén se muestra la cueva en que nació [Jesús] y, dentro de la cueva, el pesebre en que fue reclinado envuelto en pañales. Y lo que en aquellos lugares se muestra es famoso aun entre gentes ajenas a la fe; en esta cueva, se dice, nació aquel Jesús a quien admiran y adoran los cristianos” (Orígenes, Contra Celso, 1, 51).
En tiempos del emperador Adriano, las autoridades del Imperio edificaron templos paganos en varios enclaves –por ejemplo, el Santo Sepulcro y el Calvario– venerados por los primeros cristianos, con el propósito de borrar los vestigios del paso de Cristo por la tierra: «Desde los tiempos de Adriano hasta el imperio de Constantino, por espacio de unos ciento ochenta años, en el lugar de la resurrección se daba culto a una estatua de Júpiter, y en la peña de la cruz a una imagen de Venus de mármol, puesta allí por los gentiles. Sin duda se imaginaban los autores de la persecución que, si contaminaban los lugares sagrados por medio de los ídolos, nos iban a quitar la fe en la resurrección y en la cruz” (San Jerónimo, Cartas, 58, 3).
Algo análogo pudo suceder en Belén, ya que el lugar donde nació Jesús fue convertido en un bosque sagrado en honor del dios Adonis. San Cirilo de Jerusalén vio los terrenos donde se encontraba la gruta cubiertos de árboles (San Cirilo de Jerusalén, Catequesis, 12, 20: «Hasta hace pocos años se trataba de un lugar poblado de bosque»), y san Jerónimo también se refiere al fallido intento de paganizar esta memoria cristiana con palabras no exentas de cierta ironía: «Belén, que es ahora nuestra, el lugar más augusto del orbe, aquel del que dijo el salmista: de la tierra ha germinado la Verdad (Sal 84, 12), estuvo bajo la sombra de un bosque de Thamuz, es decir, de Adonis, y en la cueva donde antaño dio Cristo sus primeros vagidos se lloraba al querido de Venus» (San Jerónimo,Cartas, 58, 3).
Es fiesta de optimismo, de luz, de reconciliación, de alegría y de paz
El niño débil e indefenso de Belén, es Dios. No nació para buscar conflictos con el poder romano ni con la tiranía de quienes se creían intérpretes infalibles de la Ley, pero no se achantó ante el error, la fuerza del mal ni la injusticia. Traía la verdad, el bien, la luz y la paz que el mundo necesita.
Él vino a liberar a todos los hombres y mujeres de las tiranías que lleva consigo el pecado. Ofreció su vida también por sus perseguidores y por quienes lo odiaban, para que también ellos pudieran alcanzar la salvación. Para que pudieran tener una vida feliz y perdurable.
Por eso hoy la Navidad es fiesta de amor y libertad, de hablar con soltura y confianza de las cosas buenas que bullen en el corazón, sin acobardarse ante ambientes adversos. Un buen momento para reconocer qué buena y qué gozosa es la realidad del matrimonio y de la familia, qué hermosa la sonrisa de un niño, qué tierna la mirada afectuosa del abuelo enfermo que apenas balbucea.
Una oportunidad para contemplar a la sociedad en que vivimos con realismo y alegría: aunque no falten dificultades es mucho lo que se puede hacer para construir, con el esfuerzo de todos, un mundo en el que valga la pena vivir.
La Navidad trae una invitación a todos los hombres de buena voluntad para que recapacitemos, para que, respetando las diferencias, opiniones y modos de ser de cada uno, busquemos decididamente lo importante: el auténtico bien de todo ser humano, por encima de egoísmos personales.
Es fiesta de optimismo, de luz, de reconciliación, de alegría y de paz. Y ese optimismo, alegría y paz serán reales si dejamos que Jesús nazca en nuestros corazones, que los ilumine. Algunos consejos:
a) Poner el nacimiento y explicarlo a los niños, y rezar allí reviviendo la escena
b) Ir a la Misa del Gallo, o cuidar especialmente la Misa de ese día. Preparándose bien con una buena confesión
c) Dar algo de lo nuestro a los necesitados, especialmente de nuestro tiempo y afecto a la familia y a quienes tenemos cerca.
Las tres mejores secuencias del Cine sobre el empadronamiento del César Augusto, que obligó a María y José a viajar hasta Belén
La película Ben Hur(William Wyler, 1959) arranca justamente con la secuencia del empadronamiento. Toda la primera parte –casi 20 minutos– está dedicada al Nacimiento de Jesús (no en vano, tiene por subtítulo: “A tale of Christ”) y recorre con cierta parsimonia los episodios que preceden a Belén. El primero de todos, como punto de partida para toda su historia novelada, es el empadronamiento de César Augusto.
Aún sobre los títulos de crédito, una voz nos sitúa en el marco histórico-político de aquel censo, que avivó en el pueblo judío los anhelos de liberación. Judea, que llevaba un siglo bajo el yugo romano y vivía a la espera de un nuevo Mesías, experimentó con este suceso una repentina añoranza de su antiguo esplendor: la gran Jerusalén, la Torre Antonia... tantos y tantos lugares que evocaban su pasado.
Por contraste a ese marco histórico, La Natividad (2006), de Catherine Hardwicke, sitúa el empadronamiento en una supuesta intriga del rey Herodes para acabar con el Mesías esperado. Hardwicke atribuye a este personaje un mayor protagonismo en las escenas del Nacimiento de Cristo que el escuetamente señalado en los Evangelios.
Herodes, temeroso de que alguien pueda arrebatarle el poder y obsesionado con la profecía de un nuevo Rey de Israel, aprovecha el censo de Cesar Augusto para obligar a los judíos a volver a su ciudad de origen: así podrá localizar a ese Mesías liberador, pues la profecía indica que surgirá de la estirpe de David.
Si es verdad que existe, deberá acudir necesariamente a Belén. Junto al tirano vemos a su hijo Herodes Antipas, que treinta años después tomará la mujer de su hermano, Herodías, encerrará y decapitará a S. Juan Bautista, y gobernará Judea durante toda la vida pública del Señor.
En la escena siguiente, el anuncio del censo por parte de los soldados siembra la inquietud en la pequeña aldea de Nazaret. José, con su esposa embarazada de ocho meses, recibe aquella noticia con especial preocupación.
Finalmente, la película Jesús (1979), codirigida por Peter Sykes y John Krisch, hace del empadronamiento el punto de arranque de una historia continuada y fluida, recorrida a ritmo vertiginoso, que abarca todos los acontecimientos de la infancia de Jesús: anuncio del censo, la llegada a Belén, la falta de sitio en la posada y el cobijo en la gruta; después, el anuncio a los pastores, el nacimiento del Niño y la adoración de aquellos en el portal; y finalmente, la presentación en el Templo, la circuncisión y el cántico profético de Simeón.
Todo en 2’30”. Una secuencia que, por su fuerte concatenación, pide ser expuesta en su totalidad, y en la que apreciamos, sobre todo, su carácter didáctico –el narrador explica todos los sucesos, son una clara intencionalidad catequética- y la acertada ambientación costumbrista de las construcciones y vestimentas de la época. El doblaje es latino.
Un magnífico conjunto de monumentos sepulcrales del cristianismo primitivo: la antigua necrópolis húngara de Pécs
Los romanos dejaron una marca indeleble en las sociedades que conquistaron. En muchas de sus antiguas provincias hay espléndidos restos de la civilización y la cultura romanas, lo que incluye monumentos del cristianismo primitivo.
Uno de los más notables de Europa es la antigua necrópolis cristiana de Pécs, Hungría. Aquí los visitantes pueden de hecho vislumbrar el pasado y sorprenderse ante la brillantez arquitectónica y artística de una antigua comunidad del cristianismo primitivo.
Un deleite para la vista: la antigua necrópolis cristiana de Pécs
La necrópolis es un complejo integrado por antiguos enterramientos y lugares de culto del cristianismo primitivo. Tiene una gran variedad de estructuras de enterramiento; entre ellas hay tumbas de ladrillo, estructuras funerarias de piedra, sarcófagos y criptas. También hay varias capillas y un mausoleo. El cementerio es un complejo extenso y se calcula que alberga unos 500 enterramientos. Esta necrópolis está compuesta de dos niveles, ambos bajo tierra.
El primer nivel del complejo, reforzado por contrafuertes, es un mausoleo que era utilizado como capilla conmemorativa. En el pasado el edificio estaba cubierto por arcadas, y hay un magnífico ejemplo de un sarcófago de mármol del siglo III en su pared sur. En la iglesia, unas escaleras bajan hasta la zona de enterramiento y la necrópolis propiamente dicha. Existen otras capillas en el lugar que también albergan tumbas y criptas por debajo de ellas.
Hay muchos interesantes monumentos funerarios en la necrópolis. Entre ellos está la conocida como Tumba de la Jarra, llamada así por las imágenes de una jarra y una copa grabadas en uno de sus lados, en una clara referencia al sacramento de la Comunión. Hay otros ataúdes y sarcófagos de piedra decorados con numerosas imágenes, patrones geométricos e incluso figuras de ángeles en la zona de enterramientos.
Una de las más magníficas estructuras del complejo es la gran tumba, casi una sala, conocida como Tumba de Pedro y Pablo. Es importante recordar que algunas de las tumbas no eran simplemente lugares de entierro, sino también capillas conmemorativas donde los familiares de los difuntos se reunían para rezar por el alma de sus seres queridos.
La necrópolis alberga numerosos bellos ejemplos de arte cristiano-romano primitivo. Todavía pueden verse los restos de pinturas murales y frescos en los muros de tumbas y capillas, ilustrando escenas bíblicas diversas como Adán y Eva y Daniel en el foso de los leones, así como iconografía cristiana. Se observan patrones geométricos incluso en los murales.
Muchas de las pinturas se encuentran muy deterioradas, pero aún siguen siendo verdaderamente impresionantes. Los estilos artísticos que podemos contemplar en la necrópolis de Pécs son similares a los estilos artísticos romanos más habituales de la época.
Restos de una pintura mural en la antigua necrópolis cristiana de Pécs (Mehlich, J/ CC BY 3.0 )
Pécs era una colonia romana en el siglo II d. C.
Pécs era conocida originalmente como Sopianae y fue fundada como colonia por los romanos en el siglo II d. C. Pronto se convirtió en un floreciente centro provincial. Desde el siglo IV, la creciente comunidad cristiana de Pécs comenzó a construir iglesias y capillas, y al ser lugares sagrados los miembros de la élite querían ser enterrados en ellos.
Este hecho llevó a la práctica de enterrar a los difuntos en estas cámaras subterráneas, lo que con el paso del tiempo condujo al desarrollo de la necrópolis. La escala del cementerio indica que la comunidad cristiana floreció aquí durante muchos siglos.
Parece que, incluso después de la caída del Imperio romano de Occidente y la llegada de los bárbaros germánicos, los cristianos continuaron haciendo uso de la necrópolis y utilizando estilos artísticos romanos para decorar sus tumbas. Sopianae se convirtió así en un importante centro eclesiástico, primero bajo el dominio de los francos y posteriormente dentro del reino de Hungría .
Máscara teatral esculpida en piedra en un sarcófago de la necrópolis de Pécs (Casaba P/ CC BY 4.0 )
La necrópolis ha sido excavada desde el siglo XVIII. A diferencia de muchos otros yacimientos arqueológicos, quienes la excavaron fueron muy cuidadosos y conservaron gran parte de lo que encontraron. Esto permitió a las generaciones posteriores restaurar las capillas y las tumbas, así como devolver los objetos hallados a sus ubicaciones originales.
En la era moderna el lugar ha sido excavado por completo, y se ha logrado conservar sus monumentos. La necrópolis ha sido objeto de varios proyectos de restauración desde la década de 1960. El cementerio cristiano y sus estructuras son ahora un importante monumento histórico designado además como yacimiento arqueológico, mientras que la necrópolis ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Ubicación de la antigua necrópolis cristiana de Pécs
Pécs es una gran ciudad ubicada en el sudoeste de Hungría. Los dos niveles de la necrópolis se encuentran bajo una plaza pública en el corazón de la ciudad, y a un breve camino de la catedral católica de la ciudad. Hay que pagar entrada para poder ver las capillas y sus pinturas. En los alrededores hay una amplia oferta de alojamiento.