“Yo me invito a mí mismo y a todos a buscar si en mi corazón hay algo que se pueda atribuir a los celos o a la envidia, que siempre lleva a la muerte y me impide ser feliz”

“Esta enfermedad nos lleva a ver lo bueno que hay en el otro como si estuviera en tu contra.”

“Yo me invito a mí mismo y a todos a buscar si en mi corazón hay algo que se pueda atribuir a los celos o a la envidia, que siempre lleva a la muerte y me impide ser feliz”
 

Durante su homilía del jueves en Casa Santa Marta el Papa Francisco comparó la envidia con las malas hierbas que crecen lentamente y sin dejar que nada se desarrolle a su lado.
 
PAPA FRANCISCO
“Pensando y reflexionando sobre este pasaje de la Escritura… Yo me invito a mí mismo y a todos a buscar si en mi corazón hay algo que se pueda atribuir a los celos o a la envidia, que siempre lleva a la muerte y me impide ser feliz”.
 
El Papa también recordó que a Jesús lo llevaron ante Poncio Pilato por envidia y recomendó pedir a Dios la gracia de superarla.
 
EXTRACTOS DE LA HOMILÍA DEL PAPA
(Fuente: Radio Vaticana)
 
“¡Qué cosa fea es la envidia! Es una actitud y un pecado feo. En el corazón, los celos o la envidia crecen como mala hierba: crece y no deja crecer la hierba buena. Todo lo que le parece que le hace sombra, le hace mal. ¡Nunca está en paz! ¡Es un corazón atormentado, un corazón feo! Además, el corazón envidioso – como escuchamos aquí – lleva a matar, a la muerte. Y la Escritura lo dice claro: por la envidia del diablo, entró la muerte en el mundo”.
 
“Y yo, pensando y reflexionando sobre este pasaje de la Escritura, me invito a mí mismo y a todos a buscar si en mi corazón hay algo de celos, algo de envidia, que siempre lleva a la muerte y no me hace feliz. Porque esta enfermedad nos lleva a ver lo bueno que hay en el otro como si estuviera en tu contra. ¡Y éste es un pecado feo! Es el comienzo de tantas, tantas criminalidades. Pidamos al Señor que nos dé la gracia de no abrir el corazón a los celos, de no abrir el corazón a las envidias, porque estas cosas llevan siempre a la muerte”.
 
“La envidia – según la interpretación de Pilatos, que era muy inteligente, ¡pero cobarde! –  es la que llevó a la muerte a Jesús. El instrumento, el último instrumento. Se lo habían entregado por envidia. Pidamos también al Señor la gracia de no entregar nunca, por envidia, a un hermano a la muerte, a una hermana de la parroquia, de la comunidad, tampoco a un vecino del barrio: cada uno tiene sus pecados, cada uno tiene sus virtudes. Son propias de cada uno. Ver el bien y no matar con los chismes, por envidia o por celos”.