Fue un momento de intenso silencio. Un silencio de oración y de veneración frente a la Síndone. Papa Francisco en el “Duomo” de Turín, durante su visita a la capital piamontesa en ocasión de la Ostensión de la Síndone y del bicentenario del nacimiento de Don Bosco. 

El Papa en la catedral de Turín en diálogo silencioso con la Sábana Santa

Fue un momento de intenso silencio. Un silencio de oración y de veneración frente a la Síndone. Papa Francisco en el “Duomo” de Turín, durante su visita a la capital piamontesa en ocasión de la Ostensión de la Síndone y del bicentenario del nacimiento de Don Bosco, permaneció sentado durante algunos minutos con la mirada concentrada en el lino que, según la tradición, envolvió el cuerpo de Jesús.
Se «dejó ver», como dijo cuando explicó la actitud que hay que tener frente a la Sábana Santa durante el videomensaje para la Ostensión televisiva de 2013. No se arrodilló como San Juan Pablo II o Benedicto XVI en sus respectivas visitas a la Síndone.

Para Papa Bergoglio estar frente a la Síndone «no es un simpe observar, sino un venerar, es una mirada de oración», afirmó. «Y diría más: es un dejarse ver. Este rostro tiene los ojos cerrados, es el rostro de un difunto, sin embargo, misteriosamente nos ve, y en el silencio nos habla.

¿Cómo es posible? ¿Por qué el pueblo fiel, como ustedes, quiere detenerse ante este ícono de un hombre flagelado y crucificado? Porque el hombre de la Síndone nos invita a contemplar a Jesús de Nazaret. Esta imagen, impresa en el lino, habla a nuestro corazón y nos impulsa a subir el Monte del Calvario, a ver el madero de la Cruz, a sumergirnos en el silencio elocuente del amor».

El Pontífice argentino invitó a dejarse «alcanzar por esta mirada, que no busca nuestrso ojos, sino nuestro corazón. Escuchemos lo que quiere decirnos en el silencio, yendo más allá de la misma muerte. Mediante la Sacra Síndone nos llega la Palabra única y última de Dios: el amor hecho hombre, encarnado en nuestra historia; el amor misericordioso de Dios que ha tomado sobre sí todo el mal del mundo para liberarnos de su dominio».

Este rostro «desfigurado se parece a muchos rostros de hombres y de mujeres heridos por una vida que no respeta su dignidad, por guerras y violencias que afectan a los más débiles… Sin embargo, el rostro de laSíndone comunica una gran paz: este cuerpo torturado expresa una soberana majestad. Es como si transmitiera una energía contenida pero potente, es como si nos dijera: ten confianza, no pierdas la esperanza, la fuerza del amor de Dios, la fuerza del resucitado vence todo».

Después de la contemplación, el Papa tocó delicadamente y con afecto al marco que contiene la Síndone.