Hay que «acercarse al otro de puntitas, sin levantar el polvo que nubla la vista»

 

Audiencia por los 50 años del Pontificio Instituto de Estudios Árabes y de Islamística (Pisai)

Hay que «acercarse al otro de puntitas, sin levantar el polvo que nubla la vista»

 

Papa Francisco volvió a afrontar el tema del diálogo con los musulmanes, después de los atentados en París y de las tragedias que se han verificado en Paquistán o Nigeria, en ocasión de la audiencia que concedió esta mañana al Pontificio Instituto de Estudios Árabes y de Islamística, con motivo de su 50 aniversario. El instituto fue fundado por la Sociedad de los Misioneros de África (los “padres blancos”). El Papa subrayó que «tal vez nunca como ahora se advierte tal necesidad, porque el antídoto más eficaz contra cualquier forma de violencia es la educación al descubrimiento y a la aceptación de la diferencia como riqueza y fecundidad».

«En los últimos años, a pesar de algunas incomprensiones y dificultades, se han dado pasos positivos en el diálogo interreligioso, incluso con los fieles del islam», recordó el Pontífice argentino. «Por ello, es esencial el ejercicio de la escucha. No es solo una condición necesaria en un proceso de recíproca comprensión y de pacíficaconvivencia, sino también un deber pedagógico con el objetivo de ser –prosiguió el Papa citando su exhortación apostólica “Evangelii gaudium”– capaces de reconocer los valores de los demás, de comprender las preocupaciones que subyacen a sus peticiones y de hacer surgir las convicciones comunes». Estuvieron en la audiencia tanto el cardenal Zenon Grocholewski, quien, como Prefecto de la Congregación para la Educación Católica, es el responsable de la Curia romana para el Pisai, como el cardenal Jean-Louis Tauran, Presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso. Además, en el contexto del 50 aniversario del Pisai, se llevó a cabo en la Pontificia Universidad Urbaniana un congreso titulado “Estudiar y comprender la religión del otro”.

Los 50 años del Piasi en Roma («después de su nacimiento y los primeros desarrollos en Túnez, gracias a la gran obra de los Misioneros de África») «demuestran cómo la Iglesia universal, en el clima de la renovación post-conciliar, ha comprendido la incumbente necesidad de un instituto específicamente dedicado a la investigación y a la formación de agentes del diálogo con los musulmanes. Tal vez, nunca como ahora se advierte tal necesidad, porque el antídoto más eficaz en contra de cualquier tipo de violencia es la educación al descubrimiento y a la aceptación de la diferencia como riqueza y fecundidad».

El diálogo entre musulmanes y cristianos «exige paciencia y humildad que acompañan un estudio profundo, puesto que la aproximación y la improvisación pueden ser contraproducentes o, incluso, causa de disgusto. Se necesita un compromiso duradero y constante para estar preparados en las diferentes situaciones y en los diferentes contextos. Por esta razón se exige una preparación específica, que no se limite al análisis sociológico, sino que tenga las características de un camino entre personas que pertenecen a las religiones que, de maneras diferentes, siguen la paternidad espiritual de Abraham», explicó Bergoglio. Además, subrayó que la base del diálogo es «una adecuada formación, para que, firmes en la propia identidad, se pueda crecer en el conocimiento recíproco». Es necesario, indicó citando la “Evangelii gaudium”, tener cuidado en «no caer en los lazos de un sincretismo conciliador pero que al final se revela vacío», que puede promover un «totalitarismo sin valores». Hay que volver a los fundamentos: «Cuando nos acercamos a una persona que profesa con convicción la propia religión, su testimonio y su pensamiento nos llaman y nos llevan a interrogarnos sobre nuestra misma espiritualedad. Al principio del diálogo se da, pues el encuentro. De este se genera el primer conocimiento del otro. Si se parte del presupuesto de la común pertenencia a la naturaleza humana, se pueden superar los prejuicios y las falsedades, para comenzar a comprender al otro según una nueva perspectiva».

Esta, recordó el Papa, es la misión del Pisai, cuyo «trabajo académico, fruto de fatigas cotidianas, va a investigar en las fuentes, llenando lagunas, analizando la etimología, proponiendo una hermenéutica del diálogo y, mediante un enfoque científico inspirado en el estupor y en la maravilla, es capaz de no perder el norte del mutuo respeto y del afecto recíproco. Con estas premisas, hay que acercarse al otro de puntitas, sin levantare l polvo que nubla la vista». El Instituto, con sede en Viale Trastevere, «es muy precioso entre las instituciones académicas de la Santa Sede y es necesario que sea todavía más conocido», convirtiéndose «en un punto de referencia para la formación de los cristianos que actúan en el campo del diálogo interreligioso, bajo la égida de la Congregación para la Educación Católica y en estrecha colaboración con el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso», instaurando «una provechosa colaboración con los demás Ateneos pontificios, con los centros de estudio e investigación, tanto cristianos como musulmanes, desperdigados por todo el mundo», y sin traicionar «nunca la tarea primaria de la escucha y del diálogo, fundado sobre identidades claras, sobre la investigación apasdionada, paciente y rigurosa de la verdad y de la belleza, esparcidas por el Creador en el corazón de cada hombre y mujer, y realmente visibles en cualquier auténtica expresión religiosa».