Primeros Cristianos

Francisco: “El Señor nos encontrará en nuestros pecados y errores”

El Papa Francisco centró su homilía en Casa Santa Marta en la humildad. El Papa contrapuso el orgullo de quien está seguro de sí mismo con la humildad de quien reconoce que es pecador.

“Sólo Él salva, no nuestra observancia de los preceptos”

El Papa Francisco centró su homilía en Casa Santa Marta en la humildad. El Papa contrapuso el orgullo de quien está seguro de sí mismo con la humildad de quien reconoce que es pecador.

Papa Francisco

“El Señor no nos encontrará en el centro de nuestras seguridades, no. Ahí no va el Señor. Nos encontrará en la marginación, en nuestros pecados, en nuestros errores, en nuestra necesidad de ser curados espiritualmente, de ser salvados. Ahí nos encontrará el Señor”.

El Papa concluyó que la humildad no consiste en decir que uno no sirve para nada, sino en reconocer los propios pecados y la necesidad de ser salvado.

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Extracto de la homilía del Papa

“Es el drama de la observancia de los mandamientos sin fe: ‘Yo me salvo solo, porque voy a la sinagoga todos los sábados, trato de obedecer a los mandamientos, ¡pero que éste no venga a decirme que eran mejor que yo aquel leproso y aquella viuda!’. ¡Esos eran marginados! Y Jesús nos dice: ‘Pero, mira, si tú no te marginas, no te sientes en el margen, no tendrás salvación’. Ésta es la humildad, el camino de la humildad: sentirse tan marginados que tenemos necesidad de la salvación del Señor. Sólo Él salva, no nuestra observancia de los preceptos. Y esto no gustó, se enojaron y querían matarlo”.

“María en su Cántico no dice que está contenta porque Dios ha mirado su virginidad, su bondad y su dulzura, tantas virtudes que ella tenía. No. Sino porque el Señor ha mirado la humildad de su sierva, su pequeñez, su humildad. Es lo que mira el Señor. Y debemos aprender esta sabiduría de marginarnos, para que el Señor nos encuentre. No nos encontrará en el centro de nuestras seguridades, no, no. Allí no va el Señor. Nos encontrará en la marginación, en nuestros pecados, en nuestras equivocaciones, en nuestras necesidades de ser curados espiritualmente, de ser salvados; allí nos encontrará el Señor”.

“La humildad cristiana no es la virtud de decir: ‘Pero, yo no sirvo para nada’ y esconder la soberbia allí, ¡no, no! La humildad cristiana es decir la verdad: ‘Soy pecador, soy pecadora’. Decir la verdad: es ésta nuestra verdad. Pero hay otra: Dios nos salva. Pero nos salva allá, cuando nosotros somos marginados; no nos salva en nuestra seguridad. Pidamos la gracia de tener esta sabiduría de marginarnos, la gracia de la humildad para recibir la salvación del Señor”.

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