El santo padre Francisco ha hecho una pausa en los trabajos del Sínodo de los Obispos, para acudir a la plaza de san Pedro y pasar la mañana del miércoles acompañado de los miles de fieles que han acudido a la audiencia general.

Están unidos por el confiarse a Dios, por la dedicación a la Iglesia y de la vida mística

El santo padre Francisco ha hecho una pausa en los trabajos del Sínodo de los Obispos, para acudir a la plaza de san Pedro y pasar la mañana del miércoles acompañado de los miles de fieles que han acudido a la audiencia general.

Durante aproximadamente media hora, el Papa ha paseado por los pasillos de la plaza en el jeep descubierto, saludando a los peregrinos venidos de distintas partes del mundo. Al grito del “¡Viva el Papa!”, los fieles entusiasmados daban la bienvenida al Pontífice. Y así, agitando las banderas, las pancartas y acercando a los más pequeños para que recibieran la bendición ha dado inicio el encuentro.

Francisco ha recordado durante la audiencia que hoy es la fiesta litúrgica de santa Teresa de Jesús, carmelita descalza, virgen y doctora de la Iglesia. Asimismo, ha indicado que mañana es el aniversario de la elección a la sede de Pedro de san Juan Pablo II. “Estos dos santos están unidos por el confiarse a Dios, por la dedicación a la Iglesia y de la vida mística. Aprendamos de ellos la radicalidad evangélica y el crecimiento en la plena comunión de Dios”, ha exhortado.

Siguiendo con la serie de catequesis que en las últimas semanas ha realizado sobre la Iglesia, hoy el Santo Padre ha reflexionado sobre el destino final del pueblo de Dios. De este modo, Francisco ha pronunciado las siguientes palabras en español resumiendo la catequesis:

“Queridos hermanos y hermanas: En esta catequesis vamos a preguntarnos por el destino final del pueblo de Dios. Qué tenemos que esperar. El Apocalipsis nos presenta dos imágenes: la esposa que espera a su Esposo, y esto nos habla del proyecto de comunión con la persona de Jesús que Dios ha trazado a lo largo de la historia, y la otra imagen, la Nueva Jerusalén, que evoca el lugar donde todos los pueblos se reunirán junto a Dios.

La esperanza cristiana engloba a toda la persona, pues no es un mero deseo,  o un optimismo, sino la plena realización del misterio del amor divino, en el que hemos renacido y en el que ya vivimos. Nosotros deseamos, anhelamos, la venida de Nuestro Señor Jesucristo, y Él se hace cada día más cercano a nosotros para llevarnos finalmente a la plenitud de su comunión y su paz. Por ello, la Iglesia tiene la misión de mantener encendida la lámpara de esa esperanza, como signo seguro de la salvación. Debemos preguntarnos si de verdad somos testigos luminosos y creíbles de esa esperanza, si nuestras vidas, nuestras comunidades, manifiestan la presencia del Señor y la espera ardiente de su venida, si no corremos el riesgo de agotar el aceite de nuestra fe y de nuestra alegría”.

Tras los saludos en las distintas lenguas, el Papa ha dirigido un pensamiento especial a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Y así, ha pedido seguir invocando la intercesión de la Virgen María sobre el Sínodo por la Familia. A los jóvenes les ha pedido “dar las gracias siempre al Señor por el don de la familia”, a los enfermos les ha exhortado a “unir la ofrenda de vuestro sufrimiento a la intención de oración por la paz en las familias”. Y finalmente, a los recién casados les ha animado a “fundar vuestra casa conyugal en la roca de la Palabra de Dios”.

Fuente: Zenit