“Un día recibí una llamada telefónica, yo estaba en mi trabajo, en mi oficina: ‘Tiene que ir usted a almorzar con el Papa’. Naturalmente le dije a mi secretaria: ‘Llame usted al Vaticano porque alguien me quiere tomar el pelo”. Llamó y le confirmaron que sí… 

“Un día recibí una llamada telefónica, yo estaba en mi trabajo, en mi oficina: ‘Tiene que ir usted a almorzar con el Papa’. Naturalmente le dije a mi secretaria: ‘Llame usted al Vaticano porque alguien me quiere tomar el pelo”. Llamó y le confirmaron que sí… 

Y recuerdo claramente aquel almuerzo con el Papa que planteó el tema, de si yo tenia alguna idea de cómo mejorar el modo de comunicar (no ya de comunicar él, que no necesitaba ningún consejo, sino de comunicar ese universo de valores humanos y cristianos que el Vaticano tenía que hacer). 

Dije alguna cosa que me pareció, pasó algún tiempo y luego llegó la llamada telefónica. El papa le ha nombrado a usted director de…

Dudé mucho antes de aceptar. E inmediatamente después de aceptar, dije que quería hablar con el Papa, que quería conocer en profundidad cuál era su idea, cuál era su idea, qué es lo que efectivamente quería… Y así comenzó aquella etapa de mi vida que yo pensaba que iba a durar un par de años y que en realidad duró 22 años. 

Recuerdo una cosa que me ha servido muchas veces luego. Le dije: ‘Santo Padre, esto es una responsabilidad muy grande para mí. Es un tema capaz de angustiar a cualquier persona’. Y me dijo algo que me ha servido muchas veces en la vida: ‘No se puede hacer bien un trabajo si sólo se piensa en la responsabilidad. Si sólo se piensa en la responsabilidad entonces te sientes como amarrado, como encerrado dentro de esa responsabilidad’. Fue un consejo muy sabio que me ha ayudado muchas veces y del que he sacado mucho partido a lo largo de esos 22 años trabajando con él. 

Rome Reports