Durante su bendición dominical con el Angelus, ante miles de personas congregadas en la Plaza de San Pedro, Francisco se refirió a Laudato Si’, su carta sobre el cuidado de la naturaleza.

«La encíclica es para todos»: el Papa y el cuidado del ambiente

Durante su bendición dominical con el Angelus, ante miles de personas congregadas en la Plaza de San Pedro, Francisco se refirió a Laudato Si’, su carta sobre el cuidado de la naturaleza

“La encíclica está dirigida a todos, recemos porque todos crezcan en responsabilidad”. Al final de su bendición de hoy con el Angelus, enel momento de los saludos, Francisco se refirió a Laudato Si’, su carta dedicada al tema del cuidado al medio ambiente que será publicada esta semana. Y deseó que todas las personas puedan valorar su mensaje, no sólo los católicos.

El texto ya está terminado y traducido. El jueves 18 será presentado al mundo durante una conferencia en la cual participará uno de los máximos científicos en materia de cambio climático, John Schellnhuber. La expectativa internacional sobre su contenido es alta, sobre todo por el relevante papel que ha adquirido Bergoglio como líder internacional.

El pontífice aprovechó el Angelus para hablar del tema y señaló, hablando en italiano: “Como ya fue anunciado, el jueves próximo será publicada una carta encíclica sobre el cuidado de la creación. Invito a acompañar este acontecimiento con una renovada atención a las situaciones de degradación ambiental, pero también de recuperación, en los propios territorios. Esta encíclica está dirigida a todos: recemos porque todos puedan recibir su mensaje y crecer en la responsabilidad hacia la casa común que Dios nos ha confiado”.

También recordó que este día se celebra la Jornada Mundial de los Donadores de Sangre. Destacó que se trata de millones de personas las cuales contribuyen, en modo silencioso, a ayudar a los hermanos en dificultad. “A todos los donadores les expreso aprecio e invito especialmente a los jóvenes a seguir su ejemplo”, abundó.

Asimismo saludó a un grupo que estaba en San Pedro y el cual recordó “a todas las personas desaparecidas” y a ellos les aseguró su oración. También se mostró cercano “a todos los trabajadores que defienden en modo solidario el derecho al trabajo”.

Antes, en su reflexión bíblica, recordó dos parábolas: la de la semilla que crece sola y la del granito de mostaza. Explicó que mediante esas imágenes tomadas del mundo rural, Jesús presentó la eficacia de la palabra de Dios y las exigencias de su reino, mostrando las razones de la esperanza de los cristianos y su compromiso en la historia.

Señaló que la semilla que crece sola, aunque el campesino duerma o vigile, significa que la palabra de Dios puede transformar el corazón de quien la escucha y los fieles deben tener confianza porque “la palabra creadora está destinada a germinar”. Por otra parte, la imagen del granito de mostaza hace referencia a la más pequeña de todas las semillas que está llena de vida y crece hasta convertirse en la más grande de las plantas del huerto.

“Así es el reino de Dios: una realidad humanamente pequeña y aparentemente irrelevante. Para entrar a formar parte de él se requiere ser pobres en el corazón, no confiar en las propias capacidades, sino en la potencia del amor de Dios; no actuar para ser importantes a los ojos del mundo, sino preciosos a los ojos de Dios, que privilegia a los simples y humildes”, estableció.

Precisó que cuando los hombres viven así, en ellos irrumpe la fuerza de Cristo y transforma lo que es pequeño y modesto en una realidad que hace fermentar la masa entera del mundo y de la historia.

“De estas dos parábolas nos viene una enseñanza importante: el reino de Dios exige nuestra colaboración, pero es sobre todo iniciativa y regalo del señor. Nuestra obra débil, pequeña ante la complejidad de los problemas del mundo, si inserta en aquella de Dios no tiene miedo de las dificultades”, indicó.

“La victoria del señor es segura: su amor hará despuntar y crecer cada semilla de bien presente en la tierra. Esto nos abre a la confianza y al optimismo, no obstante los dramas, las injusticias, los sufrimientos que encontramos. La semilla del bien y de la paz germina y se desarrolla, porque la hace madurar el amor de Dios”, apuntó.

Andrés Beltramo Álvarez
Ciudad del Vaticano
http://vaticaninsider.lastampa.it