Naín, donde Jesús resucitó al hijo de una viuda

“Y sucedió que a continuación se fue a una ciudad llamada Naím, e iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad. Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: «No llores.» Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y él dijo: «Joven, a ti te digo: Levántate.» El muerto se incorporó y se puso a hablar, y él se lo dio a su madre. El temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios, diciendo: «Un gran profeta se ha levantado entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo». Y lo que se decía de él, se propagó por toda Judea y por toda la región circunvecina” (Lucas 7,11-17).
 
Naín o Naim (griego: Naín, “deleitoso [belleza]” o “pasto [prado]”; tal vez una transliteración del hebreo antiguo nîn, “descendiente”). Pueblo o aldea de Galilea donde Jesús resucitó al hijo de una viuda (Lc. 7:11). El lugar es ahora la aldea llamada Nein,y está a unos 8 km al norte de Jezreel, sobre una meseta, al pie del collado de Moré, ahora llamado Pequeño Hermón Era un poblado situado en el sur de Galilea, cerca de Nazaret y a cuarenta kilómetros de Cafarnaún. Es normalmente identificada con la aldea de Nein que aparece como un distrito de Nazaret. Sin embargo, las ruinas mucho más amplias que la envergadura de la localidad indican que se trató de un asentamiento más bien extenso.

 
La población de Naim se encuentra a las faldas del monte Tabor y, por tanto, muy cerca de Nazaret. Ahí es donde tuvo lugar el impresionante milagro de la resurrección del hijo de la viuda. Con las siguientes palabras Eusebio de Cesarea atestiguaba la permanencia del recuerdo sacro de este lugar en el s. IV. : “La ciudad de Naím, donde el Señor resucitó al hijo de la viuda, se encuentra hasta hoy en la duodécima (en realidad, la quinta) milla desde el monte Tabor, junto Endor”.
 
De los acontecimientos posteriores nos informa un testimonio anónimo, que podria datar del s.V-VI, recogido por el monje benedictino Pietro Diácono (s. XII), y que decia: “En la casa de la viuda, cuyo hijo fue resucitado, hay ahora una iglesia, y la sepultura donde le querían poner existe aún hoy”.

Una iglesia muy bonita existía entonces en Naím en el s. XIV (fra Nicolò de Poggibonsi), pero desde el s. XVI todo quedo en ruinas. La iglesia actual, simple y modesta, fue construida en el 1881, sobre los restos de la antigua. Conserva dos preciosas pinturas de fines del s. XIX.
 
El cementerio antiguo debía de extenderse al oeste del pueblo, sobre las pendientes de la montaña, donde se ven diversas tumbas excavadas en la roca. Un sarcófago romano de piedra se conserva en la fachada de la iglesia. Los franciscanos de Tierra Santa, no sin las dificultades descritas por M. Sodar Vaulx, pudieron adquirir las ruinas y edificar en Naím una iglesia.

Una relación escrita en aquellos días y publicada en L’Osservatore Romano, y también en La Terra Santa de Florencia, nos índica los artífices que consiguieron realizar la construcción de la iglesia que rememora este milagro del Señor: ellos fueron Filippo de Montaltoveglio- que fue guardián de Nazaret-, fra Giuseppe Baldi -que fue procurador de Tierra Santa en Galilea-, y Pacífico Saleh -dragomán de Tierra Santa- que fue quién supo contener la mayor parte de las disputas con aquellos que querían obstaculizar tal obra. El narrador recuerda al “jefe del pueblo, honestísimo musulmán y de óptimo corazón” que “permitió coger agua de la única fuente vecina y coger piedras de su fondo: agua y piedras es cuanto se necesita en la construcción…”.