El Papa saludó a la niña que ha sido curada por el beato José Sánchez del Río, que será declarado santo.

Francisco les bendijo y les pidió no solo que recen por él, sino que también le canten.

El Papa saludó a la niña que ha sido curada por el beato José Sánchez del Río, que será declarado santo.

 

Los más de 600 niños reunidos en la catedral de Morelia recibieron a Francisco con una alegría desbordante.  
 
Lo primero que hizo el Papa fue saludar a la pequeña Lupita y a su madre. La curación milagrosa de la niña posibilitará que el beato José Sánchez del Río sea declarado santo de acuerdo con el decreto que firmó el Papa el pasado 22 de enero. Madre e hija entregaron unas flores al Papa que depositó sobre una escultura que recuerda al pequeño. José Sánchez del Río fue terriblemente torturado durante la guerra Cristera en 1928. 
 
Francisco habló a los niños y les pidió que recuerden rezar por todas las personas que les ayudan a crecer como sus padres, abuelos o profesores. Les dio también una sencilla pero profunda enseñanza.
 
FRANCISCO
“Sobre todo cada uno de ustedes ahora piense en su corazón en la familia que tiene y en los amigos y si están peleados con algunos también piensen en el y también vamos a pedir para que la virgen lo cuide. Es una manera de ir haciéndonos amigos y no tantos enemigos porque la vida no es linda con enemigos y el que hace los verdaderos amigos es dios en nuestro corazón”. 
 
Francisco se detuvo a saludar a unos pequeños enfermos que había en las primeras filas mientras el resto de niños le dedicaban todo tipo de cantos.
 
Después a la salida, el coro monumental de la catedral le dedicó esta impresionante canción.
 
El Papa les agradeció su música, les invitó a continuar cantando y a buscar la belleza que engrandece el alma.
 
FRANCISCO
– “Los felicito. Los felicito en serio. El arte, el deporte, ensanchan el alma y hacen crecer bien, con aire fresco y no aplastan la vida. Sigan siendo creativos, sigan así, buscando la belleza, las cosas lindas, las cosas que duran siempre y nunca se dejen pisotear por nadie. ¿Está claro?”
– “Sí”. (La audiencia)
– “¿Les doy la bendición?”
– “Sí”. (La audiencia)
 
Francisco les bendijo y les pidió no solo que recen por él, sino que también le canten.
 
“Y por favor les pido que recen por mí y que de vez en cuando me canten alguna canción aunque esté lejos. Ciao. Hasta luego. Que Dios los bendiga”.