La Iglesia católica de Panamá estuvo presente en la misa con el cardenal José Luis Lacunza, el arzobispo José Domingo Ulloa y un importante grupo de peregrinos.

 

Francisco dijo que la armonía es un don del Cielo y puso como ejemplo a los primeros cristianos.

La Iglesia católica de Panamá estuvo presente en la misa con el cardenal José Luis Lacunza, el arzobispo José Domingo Ulloa y un importante grupo de peregrinos.

Durante su homilía de este martes en Casa Santa Marta, el Papa diferenció entre la armonía real y la tranquilidad pactada. La primera, dijo Francisco, es fruto del Espíritu Santo, mientras la tranquilidad negociada de una comunidad es una manera de cubrir las divisiones internas.
 
Francisco dijo que la armonía es un don del Cielo y puso como ejemplo a los primeros cristianos
 
FRANCISCO
“La verdadera ‘armonía’ del Espíritu Santo tiene una relación muy fuerte con el dinero: el dinero es enemigo de la armonía, el dinero es egoísta. Y por esta razón, la señal es que todos daban lo suyo para que no hubiera necesitados”. 
 
El Papa dijo que hay que elegir entre servir a Dios o al dinero.
 
La Iglesia católica de Panamá estuvo presente en la misa con el cardenal José Luis Lacunza, el arzobispo José Domingo Ulloa y un importante grupo de peregrinos.
 
EXTRACTOS DE LA HOMILÍA DEL PAPA 
Fuente: Radio Vaticana
“Nosotros podemos hacer acuerdos, una cierta paz… porque la armonía es una gracia interior que sólo puede hacerla el Espíritu Santo. Y estas comunidades, vivían en armonía. Y los signos de la armonía son dos: ninguno tiene necesidad, es decir, todo era común. ¿En qué sentido? Tenían un solo corazón, una sola alma y nadie consideraba de su propiedad lo que les pertenecía, sino que entre ellos todo era en común. En efecto, ninguno de entre ellos estaba necesitado. La verdadera ‘armonía’ del Espíritu Santo tiene una relación muy fuerte con el dinero: el dinero es enemigo de la armonía, el dinero es egoísta. Y por esta razón, el signo que da es que todos daban lo suyo para que no hubiera necesitados”. 
 
“Una comunidad puede ser muy tranquila, ir bien: las cosas van bien… Pero no está en armonía. Una vez he oído decir de un obispo una cosa sabia: ‘En la diócesis hay tranquilidad. Pero si tú tocas este problema, o este problema, o este problema, inmediatamente se desencadena la guerra’. Una armonía negociada, sería ésta, y ésta no es la del Espíritu. Es una armonía – digamos – hipócrita, como la de Ananías y Safira con lo que han hecho”. 
 
“La armonía del Espíritu Santo nos da esta generosidad de no tener nada como propio, mientras haya un necesitado. La armonía del Espíritu Santo nos da una segunda actitud: ‘Con gran fuerza, los Apóstoles daban testimonio de la Resurrección del Señor Jesús, y todos gozaban de gran favor’, es decir el coraje. Cuando hay armonía en la Iglesia, en la comunidad, hay coraje, el coraje de dar testimonio del Señor Resucitado”.