Primeros Cristianos

Papa en Santa Marta: El Reino de Dios está en el silencio, no en dar espectáculo

Aseguró que el Reino de Dios no consiste en dar espectáculo o en hacerse ver, sino en el testimonio silencioso. Dijo que está en los desafíos de todos los días, en la pequeña “cruz cotidiana”.

En su homilía en Casa Santa Marta, el Papa Francisco resaltó la importancia de la humildad.

Aseguró que el Reino de Dios no consiste en dar espectáculo o en hacerse ver, sino en el testimonio silencioso. Dijo que está en los desafíos de todos los días, en la pequeña “cruz cotidiana”.

 

PAPA FRANCISCO

“Cuando uno piensa en la perseverancia de muchos cristianos que sacan adelante su familia, – hombres y mujeres –, que cuidan a los hijos, cuidan de los abuelos y llegan a fin de mes con sólo medio euro, pero rezan… Ahí está el Reino de Dios, escondido, en esa santidad de la vida cotidiana, en la santidad de todos los días”.

Por último, añadió que el Reino de Dios es como una semilla que se debe cultivar a través del silencio y la oración.

EXTRACTO DE LA HOMILÍA DEL PAPA

(Fuente: Radio Vaticana)

“¡El espectáculo! El Señor jamás dice que el Reino de Dios es un espectáculo. ¡Es una fiesta! Pero es diferente. Es fiesta, ciertamente, es bellísima. Una gran fiesta. Y el Cielo será una fiesta, pero no un espectáculo. Y nuestra debilidad humana prefiere el espectáculo”.

“El día que hará rumor, lo hará como el rayo, chispeando, que se desliza de un lado al otro del cielo. Así será el Hijo del hombre en su día, el día que hará rumor. Y cuando uno piensa en la perseverancia de tantos cristianos, que llevan adelante su familia – hombres, mujeres –  que se ocupan de sus hijos, cuidan a los abuelos y llegan a fin de mes sólo con medio euro, pero rezan. Ahí está el Reino de Dios, escondido, en esa santidad de la vida cotidiana, esa santidad de todos los días. Porque el Reino de Dios no está lejos de nosotros, ¡está cerca! Ésta es una de sus características: cercanía de todos los días”.

“El Reino de Dios es humilde, como la semilla: humilde pero se vuelve grande, por la fuerza del Espíritu Santo. Debemos dejarlo crecer en nosotros, sin vanagloriarnos: dejar que el Espíritu venga, nos cambie  el alma y nos lleve adelante en el silencio, en la paz, en la tranquilidad, en la cercanía a Dios, a los demás, en la adoración a Dios, sin espectáculos”.

Fuente: Rome Reports

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