Después de Bangui y San Pedro, Francisco abrió la Puerta Santa de la Basílica de San Juan de Letrán, su catedral. «Se nos pide que seamos instrumentos de misericordia, conscientes de que seremos juzgados sobre esto»

El Papa: testigos de un amor más grande en el mundo herido

Después de Bangui y San Pedro, Francisco abrió la Puerta Santa de la Basílica de San Juan de Letrán, su catedral. «Se nos pide que seamos instrumentos de misericordia, conscientes de que seremos juzgados sobre esto»


A las 9.29 hrs. Francisco apre los batientes de la Puerta Santa de la Basílica de San Juan de Letrán, su catedral. Es la tercera puerta jubilar abierta por el Pontífice, después de la de Bangui, en la República Centroafricana, el pasado 29 de noviembre, y la de San Pedro, el pasado 8 de diciembre. Es el tercer domingo de Adviento, llamado «Gaudete», de alegría, y los paramentos de la celebración fueron de color rosa, en lugar de los violeta.

En la homilía, Francisco recordó que la invitación que hace el profeta a la antigua ciudad de Jerusalén se dirige también hoy a toda la Iglesia y a cada uno: «¡Alégrate… exulta!». El motivo de estas alegrías «se expresa con palabras que infunden esperanza, y permiten mirar el futuro con serenidad. El Señor ha abolido toda condena y ha decidido vivir en medio a nosotros».

El Papa explicó que teniendo presente la Navidad, que se acerca, «no podemos dejarnos llevar por el cansancio; no está permitida ninguna forma de tristeza, a pesar de tener motivos por tantas preocupaciones y por las múltiplesformas de violencia que hieren nuestra humanidad. La venida del Señor, debe llenar nuestro corazón de alegría». El profeta Sofonías recuerda que Dios «protege a su pueblo». «En un contexto histórico de grandes injusticias y violencias, por obra sobre todo de hombres de poder, Dios hace saber que Él mismo reinará sobre su pueblo, que no lo dejará más a merced de la arrogancia de sus gobernantes, y que lo liberará de toda angustia. Hoy nos piden que “no desfallezcan tus manos” a causa de la duda, de la impaciencia o del sufrimiento».

«Hemos abierto la Puerta Santa —añadió Papa Bergoglio—, aquí y en todas las catedrales del mundo. También este simple signo es una invitación a la alegría. Inicia el tiempo del gran perdón. Es el Jubileo de la Misericordia. Es el momento de descubrir la presencia de Dios y su ternura de Padre. Seamos también nosotros como la gente que interrogaba a Juan: ‘¿Qué cosa debemos hacer?’». El Bautista «invita a actuar con justicia y a mirar a las necesidades de cuantos se encuentran en dificultad. Lo que Juan exige de sus interlocutores, es cuanto se puede confrontar con la ley. A nosotros, en cambio, nos piden un compromiso más radical. Delante a la Puerta Santa que estamos llamados a atravesar, nos piden ser instrumentos de misericordia, conscientes que seremos juzgados sobre esto. Quien ha sido bautizado sabe que tiene un compromiso más grande. La fe en Cristo lleva a un camino que dura toda la vida: aquel de ser misericordiosos como el Padre».
 

«La alegría de atravesar la Puerta de la Misericordia se une al compromiso de acoger y testimoniar un amor que va más allá de la justicia, un amor que no conoce confines. Es de este infinito amor que somos responsables, no obstante nuestras contradicciones».

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