El 22 de agosto, día que la ONU dedica a las víctimas de la violencia motivada por la religión

 

La resolución fue aprobada el 28 de mayo de 2019 a propuesta de Polonia, Estados Unidos, Canadá, Brasil, Egipto, Irak, Jordania, Nigeria y Pakistán.

 

 

Se trata de una iniciativa muy aplaudida por organizaciones que conocen la angustia sufrida por minorías religiosas en países intolerantes.

 

THOMAS HEINE-GELDERN
Presidente ejecutivo, Ayuda a la Iglesia Necesitada

Desde hace 70 años Ayuda a la Iglesia Necesitada ayuda a los cristianos que sufren, sobre todo cuando son discriminados o cuando sufren. Por tanto estamos muy contentos con esta iniciativa del 22 de agosto porque nos brinda la posibilidad de actuar contra quien usa la violencia. Además, hay que tener en cuenta que la mayoría de las personas perseguidas en todo el mundo son cristianas.

 

MARTA PETROSILLO
Portavoz en Italia, Ayuda a la Iglesia Necesitada

Siempre es importante llamar la atención del mundo sobre la persecución por motivos religiosos. Porque es un tema que por si solo está silenciado y la idea de dedicar una jornada al que sufre en el ámbito de la fe es un paso muy importante, me permito decir que un paso que se debe hacer por todas estas personas que por vivir su fe se enfrentan a privaciones, discriminaciones y hasta la muerte.

Ayuda a la Iglesia Necesitada aplaude la celebración de este día pero subraya que aún hay mucho trabajo por delante.

 

THOMAS HEINE-GELDERN
Presidente ejecutivo, Ayuda a la Iglesia Necesitada

Estamos muy contentos por esta iniciativa porque es un paso en la dirección correcta. Es la primera vez que una organización internacional, tan importante como las Naciones Unidas, reconozca que hay actos de violencia basados en la religión. Con esta iniciativa se reconoce que el problema existe y esto permite tomar medidas para el futuro.

Es un paso en la dirección correcta pero también habrá que ver si ayuda a que cambien las cosas. No deberíamos olvidar de organizaciones internacionales como las propias Naciones Unidas tienen el deber de proteger la libertad religiosa y de impedir la violencia. Por tanto, este 22 de agosto es una oportunidad perfecta para recordar a la comunidad internacional este deber.

Ayuda a la Iglesia Necesitada calcula que 1 de cada 5 cristianos en el mundo viven en países donde hay persecución o discriminación religiosa.

Todas estas personas, que han sido víctimas de la violencia por motivos religiosos, no solo cristianos, serán recordados el 22 de agosto.

 

San Mamés, mártir  - 17 de agosto

Este mártir de Capadocia, tan alabado de los Santos Gregorio y Basilio, tuvo por padres a dos insignes confesores de Cristo, que padecieron en Cesarea. Mamés vino antes de tiempo al mundo, pues su madre Rufina le dió a luz en medio de los tormentos. Ammia se encargó de la crianza del niño, y le educó cristiana y literariamente en las escuelas de Cesarea.

Según cuenta la leyenda, Mamés ("el que fue amamantado"), del Oriente Bizantino, nació en el seno de una familia modesta. Algunos historiadores datan la fecha de su nacimiento en el 259 y la de su martirio en el 275.

Leyenda

Hijo de Teodoro y Rufina, Mamés nació en prisión al estar encarcelados sus padres por ser cristianos. La madre murió en el parto y el padre murió también muy pronto, siendo ambos elevados a los altares. A partir de entonces, fue criado por una noble patricia, viuda y rica, llamada Ammia, también santa, la cual murió cuando Mamés tenía quince años dejando al joven heredero de su hacienda.

El gobernador de Cesárea de Capadocia (Asia Menor, actual Turquía) sometió a tormentos a Mamés, sin conseguir que abjurara de su fe. Después, lo envió al emperador Aureliano que ordenó someterle a nuevas torturas. Cuenta la leyenda que un ángel lo liberó y le mandó refugiarse en un monte cercano a Cesárea, donde se dedicó al pastoreo.

 

 

El gobernador Alejandro lo encuentra y le pone preso. Lo quisieron quemar en el circo pero no lo lograron. Soltaron unos leones y al parecer, Mamés consiguió amansar a los leones a los que había sido entregado en el circo y, ante este portento, decidieron acabar con su vida clavándole un tridente en el abdomen. Sangrando, Mamés consiguió llegar hasta la cueva cerca del teatro. Temerosos de nuevos milagros le mandaron a decapitar, y murió invitado al cielo por los ángeles.

Aunque los datos tradicionales del martirio bajo Aureliano (275 d. C.) no están plenamente confirmados, pueden considerarse verosímiles.

Devoción

El primer centro de culto a San Mamés fue Cesárea de Capadocia. También tenía santuario en Constantinopla, desde allí trajeron la cabeza del santo al principal centro de culto en Europa, la catedral de Langres (Haute-Marne, Francia), cuyo titular es Saint Mamas, siendo los peregrinos del camino de Santiago quienes trajeron su devoción a España. El santuario Morero en Daroca es el más importante del santo. En la iglesia de Santa María Magdalena en Zaragoza hay un relicario de plata con la cabeza del santo.

 

san Mames

 

 

 

Parte de los restos de San Mamés se guardan con mucho cariño en una iglesia de Cavaglio d'Agnona (Italia).

San Mamés está en el santoral de Oriente y de Occidente. El Martirologio lo celebra el 17 de agosto, pero la fiesta se celebra el 7 de agosto.

Tradicionalmente, es el protector de las personas con roturas de huesos y de los lactantes. Sin embargo en la localidad de Murero (Zaragoza) se le considera el abogado de los que sufren de hernia.

El estadio del Athletic Club de Bilbao también está dedicado a este santo, que es muy venerado en la villa vizcaína.

 

san Mames

El famoso estadio del Athletic Club de Bilbao dedicado a San Mamés (Catedral del fútbol español).

 

 

Ver en Wikipedia

 

 

San Eusebio, Papa y Mártir


Agosto 17 - Septiembre 26

Nació en Casano jonico (de origen griego). Mártir. Elegido Papa el 18.IV.309. Durante su pontificado continuaron las polémicas sobre los apóstatas que llevaron a la Iglesia al borde del cisma. Consiguió mantener posiciones firmes pero actuó con gran caridad. Sufrió el martirio en Sicilia.

Martirologio Romano: En Sicilia, muerte de san Eusebio, papa, valeroso testigo de Cristo, que fue deportado por el emperador Majencio a esa isla, donde dejó la patria terrena para merecer la patria celestial. Trasladado su cuerpo a Roma, fue enterrado en el cementerio de Calixto (310).

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Fue el 31º Papa de la Iglesia Católica, desde abril de 309 hasta agosto de 309

 

Eusebio nació en Grecia y era hijo de un médico. Sucesor del Papa San Marcelo I, su pontificado fue corto, en el año 309 ó 310. El Catálogo Liberiano dice que duró sólo cuatro meses, del 18 de abril al 17 de agosto de 309 ó 310.

Sabemos algunos detalles de su carrera de un epitafio en su tumba, que fue mandado a hacer por el Papa San Dámaso I. Este epitafio llegó a nosotros a través de transcripciones antiguas. Unos pocos fragmentos del original, junto con una copia en mármol del siglo VI hecha para sustituir el original después de su destrucción, fueron hallados por De Rossi en la capilla papal, en las catacumbas de San Calixto.

De este epitafio surge que las graves disensiones internas causadas en la Iglesia Romana por la readmisión de los apóstatas (lapsi) durante la persecución de Diocleciano, y que habían surgido ya bajo el papa Marcelo, continuaron durante el papado de Eusebio.

Ese último mantenía la actitud de la Iglesia Romana, adoptada después de la persecución de Decio (250-251), que los apóstatas no debían ser excluidos por siempre de la comunión eclesiástica, sino por otro lado, debían ser readmitidos sólo después de haber hecho una adecuada penitencia (Eusebius miseros docuit sua crimina flere).

Una facción de cristianos en Roma bajo el liderazgo de un tal Heraclio se oponía a este punto de vista. No se ha determinado si Heraclio y sus seguidores propugnaban una interpretación de la ley más rigurosa (novacianismo) o más indulgente. Esta última, sin embargo, es por mucho más probable en la hipótesis de que Heraclio era el jefe de un partido compuesto por apóstatas y sus seguidores, que demandaban la inmediata restauración al cuerpo de la Iglesia.

Dámaso describe en términos muy fuertes el conflicto que sobrevino (seditcio, cœdes, bellum, discordia, lites). Es probable que Heraclio y sus adeptos buscaran por la fuerza su admisión al culto divino, lo cual resentían los fieles reunidos en Roma alrededor de Eusebio.

En consecuencia, ambos Eusebio y Heraclio fueron desterrados por el emperador Majencio. Eusebio, en particular, fue exiliado a Sicilia, donde murió muy pronto.

El Papa San Melquíades ascendió a la Silla Papal el 2 de julio de 311. El cuerpo de su predecesor fue traído a Roma, probablemente en 311, y el 26 de septiembre (según el "Depositio Episcoporum" en el cronógrafo de 354) fue colocado en un cubículo separado de la catacumba de San Calixto.

Su firme defensa de la disciplina eclesiástica y el destierro que sufrió por ello causaron que fuera venerado como un mártir, y en su epitafio el Papa Dámaso honró a Eusebio con dicho título.

Su fiesta se celebra en algunos sitios el 26 de septiembre.

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CATACUMBAS DE SAN CALIXTO

 

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Bibliografía: Liber pontificalis, ed. DUCHESNE, I, 167; DE ROSSI, Roma sotterranea, II (Rome 1867), 191-210: NORTHCOTE AND BROWNLOW, Roma sotterranea, 2nd ed. (London, 1879); LIGHTFOOT, Apostolic Fathers, 2nd ed. I, I, 297-299; IHM, Damasi Epigrammata (Leipzig, 1895), 25, num. 18; Acta SS., Sept., VII, 265-271; Carini, I lapsi e la deportazione in Sicilia del Papa S. Eusebio (Rome, 1886); LANGEN, Geschichte der römischen Kirche, I (Bonn, 1881), 380-382.
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Fuente: Kirsch, Johann Peter. "Pope St. Eusebius." The Catholic Encyclopedia. Vol. 5. New York: Robert Appleton Company, 1909. <newadvent.org>.

 

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Divertida y emocionante novela sobre este joven romano

San Tarsicio fue un ejemplo de amor a Dios para todos los jóvenes de hoy en día. Muy consciente del gran valor del sacramento eucarístico.

 

Ramón Díaz Perfecto (Pamplona,  1996) ha escrito en Alexia Editorial la novela "Tarsicio y los leones", dirigida fundamentalmente al público juvenil e infantil,  acerca de la vida de este joven romano.

 

San Tarsicio  Ramon Diaz Tarsicio

 

 

Esta novela, tomándose algunas libertades creativas, narra la historia del mártir de la Eucaristía, san Tarsicio, patrón de los monaguillos. Entretenida y formativa, ha hecho llorar y reír por momentos. Está escrita para que los adultos la podamos disfrutar igual que los más jóvenes.

Muy recomendable para niños, que encontrarán en Tarsicio un santo de su edad que hizo grandes cosas por Dios, para jóvenes y para mayores.

Su historia se desarrolla en el siglo tercero. En aquel periodo, el emperador Valeriano persigue a los cristianos y Tarsicio es un joven acólito de la Iglesia de Roma.

Frecuenta las catacumbas de San Calixto y un día, pensando que su juventud habría sido la mejor protección para la Eucaristía, se ofrece para llevar el Pan consagrado a los encarcelados y a los enfermos.

 

"Me llamo Tarsicio y te recomiendo que dejes de leer esta contraportada cuanto antes. Pero, por si eres de una de esas personas a las que no les importa que les destripen las historias, ahí te va:
Nací en Roma hace mucho tiempo, en una época en la que la diversión típica de un niño de mi edad era ir al Coliseo a ver leones devorando gente, cristianos a poder ser. Salvo por ese pequeño detalle, no creo que tu vida y la mía sean muy diferentes. Voy al colegio, me gusta hacer deporte y tengo dos amigos que no cambiaría por nada en el mundo.
Los cristianos como yo vivíamos bastante tranquilos hasta que, un día, el emperador se levantó con dolor de cabeza y decidió que se había cansado de nosotros… Pero es que ya estamos entrando en spoilers, así que me callo. Mejor ponte a leer el libro, que es mucho más interesante que este rollo que te estoy contando."

 

 

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San Tarsicio - Mártir de la Eucaristía

 

 

Divertida y emocionante novela sobre este joven romano

 

Ramón Díaz Perfecto (Pamplona,  1996) ha escrito en Alexia Editorial la novela "Tarsicio y los leones", dirigida fundamentalmente al público juvenil e infantil,  acerca de la vida de este joven romano. Le entrevistamos para www.primeroscristianos.com acerca de los motivos que le han llevado escribir sobre un joven mártir , san Tarsicio , que murió el 15 de agosto del año 257.

Fue el primero en proclamar su fe en el misterio eucarístico hasta el extremo de consignar su vida. Se le conoce como el protomártir de la Eucaristía. Defendió en silencio a su Dios presente en la Hostia Santa, correspondiendo a la entrega del Amigo que se ofrecía por su vida, y por la de todos, en la Eucaristía.

 

¿Quién fue san Tarsicio y por qué se le considera mártir de la eucaristía?

La información que nos ha llegado es escasa. Casi todo lo que sabemos sobre su vida se debe a un poema compuesto por el Papa san Dámaso, que marcaba su sepultura en las catacumbas de San Calixto.

Ahí se nos cuenta que el joven Tarsicio sufrió un martirio igual que el de san Esteban –es decir, apedreado– por no querer «arrojar las perlas a los cerdos». El Martirologio romano y la tradición oral expanden el relato al decirnos que fue un acólito que ayudó alguna vez en las misas celebradas por el Papa san Sixto.

En aquellos tiempos de persecución, los cristianos eran muy conscientes de que, para superar las pruebas que les aguardaban, necesitaban ser fortalecidos por el alimento del cielo. Edictos como el de Valeriano prohibían la actividad de los presbíteros, por lo que, para burlar la mirada de los carceleros, era corriente enviar a jóvenes con la Comunión que asistieran a quienes aguardaban el martirio.

Un día en que Tarsicio llevaba la Eucaristía a unos encarcelados, se encontró por el camino a unos chicos de su edad que le pidieron ver lo que llevaba encima. Tarsicio se negó y ellos insistieron. Forcejearon, pero no hubo manera de quitárselo.

 

san Tarsicio

 

 

Así que le atacaron con piedras y palos hasta matarlo. Incluso entonces, Tarsicio permaneció abrazado a la Eucaristía. En esos momentos apareció por ahí un legionario catecúmeno llamado Cuadrato, quien tomó su cuerpo y lo llevó a las catacumbas de San Calixto.

Por todo esto se le considera patrón de los monaguillos y mártir de la Eucaristía.

 

¿Qué te llamó la atención de este santo y te impulsó a escribir un libro sobre su vida?

La madurez de su fe en la Eucaristía, a pesar de su corta edad. Es un tema que me apasiona. La Escritura dice: «Soy más inteligente que los ancianos, porque observo tus preceptos». A veces subestimamos la piedad de los niños o no nos creemos del todo que su fe sea verdadera.

Se dice: «Es solo un niño. Cuando crezca ya decidirá sobre su vocación, sobre su religión, sobre su lo que sea». Pero la sencillez del niño le otorga una sabiduría y un amor que nos sobrepasan. Porque no vienen de este mundo, sino del Padre.

Se calcula que Tarsicio murió con unos diez o doce años. Siendo tan pequeño, entendió que lo que llevaba consigo no era simplemente algo valioso para él. No. Era el mismo cuerpo de Cristo y merecía ser protegido a toda costa. Incluso a costa de su vida. Dios le pidió que lo dejara todo por él.

Podría haber escapado. Podría haber entregado lo que llevaba y seguir una vida tranquila y pacífica. Teniendo en cuenta el miedo que debió pasar, incluso podría no habernos sorprendido. Pero Dios le dio la madurez suficiente para ver que esa vida que podía salvar nada valía en comparación con la que él le había prometido.

 

¿Qué paralelismos crees que hay entre nuestra sociedad y la de los primeros cristianos?

La situación de los primeros cristianos es única e irrepetible. Podría parecer que vivimos dos épocas similares: romanos y occidentales contemplamos los últimos estertores de una civilización decadente, que vive a la sombra de lo que una vez fue.

Sin embargo, mi opinión personal es que estas dos sociedades son, en un sentido, radicalmente diversas. Una decayó al constatar su propia insuficiencia. La otra decae por emborracharse de autosuficiencia. Una cayó con paracaídas. La otra lo hace como una nuez.

La sociedad romana provenía de un mundo en tinieblas que no había conocido la luz de Cristo. Un mundo que esperaba «con gemidos de parto» su salvación, consciente de que sus propias fuerzas no le bastaban. Las tinieblas que nos amenazan ahora son de una naturaleza diversa. Nuestra sociedad ha conocido la luz de Cristo... y la ha rechazado.

 

San Tarsicio

 

 

Los primeros cristianos tuvieron que pintar sobre un lienzo en blanco; nosotros no solo tenemos que seguir pintando ese lienzo, sino que se nos añade el deber de restaurar lo que se ha estropeado. El ejercicio es en parte similar y en parte diverso. Sobre todo, teniendo en cuenta que no se ha estropeado solo. Para bautizar a Cicerón y a Platón se necesitó un poco de agua.

Si se pretende hacer lo mismo con Nietzsche y Hegel habría que dejarlos un par de semanas a remojo en el Jordán. Los primeros trabajaron a oscuras, cometiendo sus errores y aciertos. Los segundos han trabajado sabiendo dónde está el faro de Cristo y remando en la dirección opuesta.

Por otro lado, pienso que nuestra tarea es tan hermosa como la de aquellos cristianos. Restaurar no es simplemente quitar el polvo. Implica volver a pintar. Implica mancharse las manos. Implica buscar formas creativas de recuperar lo que ya se ha perdido, y de lo que no tenemos fotografías. No se trata simplemente de conservar un cuadro sucio, sino de devolverle el color que hacía que estuviera vivo.

 

¿Qué relevancia puede tener para un creyente, en el contexto actual, la vida de unas personas tan lejanas en el pasado?

Vivimos una época curiosa en la que nos preguntamos qué relevancia tiene para el presente un evento del pasado. A veces volteamos la mirada hacia atrás con desprecio y nos parece imposible que nuestros antepasados hayan sido capaces de construir pirámides sin la ayuda de alienígenas.

Pero el hombre es el hombre. Ayer, hoy y mañana. Con su ingenio y su ambición. Con su grandeza y su miseria. Las circunstancias han cambiado, pero nuestra naturaleza no.

Tarsicio vivió en la Roma pagana del siglo III, pero a Tarsicio le dolía la barriga si comía demasiados dulces y tenía sed si no bebía agua. Sus batallas eran nuestras batallas. Con otros colores. Con otros sabores. Pero al final, él, como nosotros, luchaba por ir al cielo con una naturaleza caída.

Trataría de vivir su fe en una sociedad que remaba en otra dirección y se aburriría los domingos en misa si la homilía era demasiado larga. Lo que le caracteriza es que, en medio de unas vicisitudes tan familiares, decidió no esperar a ser adulto para amar a Dios. No se contentó con entregarle las migajas. Pienso que ese camino de sencillez sigue siendo transitable hoy.

 

¿A qué tipo de público está dirigido el libro?

A cualquier persona que disfrute con una buena historia. A niños que quieran reírse un rato y a adultos a los que no les importa derramar una lágrima. A párrocos que busquen material para formar a sus monaguillos y a profesores de lengua que quieran que sus alumnos enganchen con la lectura.

Es un libro gamberro, en el que los protagonistas son chavales normales, a los que no les gusta ir a clase y quieren a sus amigos con locura. Supongo que hay mucho de mi infancia reflejado en las trastadas que hacen. Pero también es un libro que se toma en serio la inteligencia de los lectores más jóvenes.

En mi opinión, no hace falta rebajar el mensaje para que lo entiendan, basta con adaptar el lenguaje. Con delicadeza, se narran persecuciones y martirios; la Eucaristía es un tema central y no faltan conversaciones en torno al dolor. No es para nada una historia oscura, pero tampoco es de color rosa. Tarsicio se ganó el cielo y eso nos inspira a todos: pequeños y mayores.

 

by   Rafa Peña

 

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SAN TARSICIO, MÁRTIR DE LA EUCARISTÍA

 

 

 

A principios de agosto de 2014 se produjo la gran huida de cristianos de Mosul y la llanura de Nínive por el avance del Estado Islámico. Una tragedia aún grabada en la memoria y de la que sólo el 60% ha regresado a sus tierras. El primado caldeo llama a salir de una lógica de "miedo y desesperación" trabajando para "detener los conflictos" que ensangrientan la región.

 

cristianos ninive Irak

 

Salir de una lógica de miedo y desesperación, trabajando para detener los conflictos comenzando por los líderes religiosos cristianos, musulmanes y judíos que "deben mostrar unidad" contra aquellos que "alimentan el odio y el extremismo". Este es el llamamiento lanzado por el Patriarca de Bagdad de los Caldeos, Card. Louis Raphael Sako, enviado a AsiaNews, con motivo del 10º aniversario de la gran huida de los cristianos de Mosul y de la llanura de Nínive, una tragedia colectiva ante el avance del Estado Islámico.

En los 10 primeros días de agosto de 2014, más de 120.000 cristianos abandonaron precipitadamente sus hogares y todas sus posesiones, buscando refugio en Erbil y en el Kurdistán iraquí para escapar de la locura yihadista.

Una década después, el norte de Irak está inmerso en una lenta y difícil tarea de reconstrucción, lastrada por los disturbios, las dificultades económicas y las numerosas guerras que aún se libran en la región, empezando por la que enfrenta a Israel y Hamás en Gaza, con alianzas y repercusiones mundiales.

La propia comunidad cristiana, con sus muertos a manos de los hombres del "califa" al-Baghdadi, lucha por reiniciar y repoblar unas tierras que forman parte de su historia y tradición cultural desde hace milenios. Sin embargo, el camino aún es largo y sólo el 60% ha regresado, como subraya el propio Primado caldeo.

 

 

 

He aquí el mensaje del Patriarca caldeo:

En el décimo aniversario de los crímenes perpetrados por el Estado Islámico (EI, antes Isis), que incluyen el desplazamiento de los cristianos de Mosul y la llanura de Nínive y el genocidio de los yazidíes, los pueblos de Medio Oriente siguen viviendo en un estado constante de miedo, ansiedad y preocupación. Por ejemplo, Tierra Santa está experimentando actualmente asesinatos, desplazamientos, destrucción y atentados, en una escalada de la guerra que está llegando a su clímax y poniendo a toda la región de Medio Oriente en una encrucijada.

Si los sabios y entendidos del mundo no actúan para detener la violencia en curso, que está matando miles de vidas y destruyendo hogares e infraestructuras, acabaremos viviendo en condiciones catastróficas.

Todos dicen de boquilla que están en contra de la guerra, pero todos siguen armándose y luchando. Sin embargo, la paz debería ser siempre un compromiso absoluto. Nosotros, los pueblos de la región y las naciones de Medio Oriente, vivimos codo con codo y no podemos perseguir una condición de aislamiento. Y creemos firmemente que no hay solución en la guerra. En los conflictos todos acabamos perdiendo, como ha afirmado repetidamente el Papa Francisco.

Simplemente necesitamos hoy, más que nunca, aprender las lecciones del pasado para que las tragedias no se repitan ¡Tenemos que trabajar para lograr la paz y la estabilidad, superando y venciendo el mal con el bien, y la guerra con el diálogo y el entendimiento, la exclusión respetando el derecho de los pueblos a la autodeterminación, terminando por respetar el derecho internacional!

La gente está abrumada por el miedo y la desesperación. Dios nos creó para vivir y no para morir impregnados de esta infelicidad y de un sentimiento de miseria; al contrario, todos deberíamos poder vivir juntos en paz, amor y alegría.

Por ello, Occidente debe salir de una lógica sin salida, hecha sólo de discursos y palabras, de la que hasta ahora no ha surgido ninguna solución: al contrario, debe trabajar para poner fin a los conflictos que él mismo alimenta apoyando guerras "por poderes" y esforzarse por construir la paz y la estabilidad en todas partes. Un ejemplo es el conflicto entre Rusia y Ucrania, que ya va por su tercer año y ¡cuyo final no está a la vista!

Los dirigentes y líderes religiosos cristianos, musulmanes y judíos deben alzar la voz y mostrar unidad contra quienes alimentan el odio y el extremismo, haciendo sonar sin descanso los tambores de guerra.

También hago un llamamiento a nuestras Iglesias de Oriente para que muestren y sean portadoras de esperanza, aceptando la invitación del Papa Francisco, que nos pide a todos que seamos "peregrinos de la esperanza" con ocasión del Año Santo 2025.

Por último, deseo oraciones conjuntas entre iglesias y mezquitas, por la paz en nuestra región, según la fórmula: "Oh Señor de la paz, da la paz a nuestro mundo".

* Patriarca de Bagdad de los Caldeos y Presidente de la Conferencia Episcopal Iraquí

 

Bagdad (AsiaNews) -

Basílica de la Dormición

En siglo IV se construyó una gran basílica, llamada Santa Sión y considerada la madre de todas las iglesias

Se encuentra en el monte Sión, es decir, la colina que se encuentra en el extremo suroccidental de la Ciudad Santa y que recibió ese nombre en época cristiana. Allí, alrededor del Cenáculo, nació la primitiva Iglesia; y allí, durante la segunda mitad del siglo IV, se construyó una gran basílica, llamada Santa Sión y considerada la madre de todas las iglesias.

 

dormicion asuncion

 

 

María ha sido llevada por Dios, en cuerpo y alma, a los cielos

La fe en esta verdad consoladora de la Asunción nos mueve a afirmar que «la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada a la gloria del cielo y elevada al trono por el Señor como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los Señores y vencedor del pecado y de la muerte» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 966).

Sabemos pocos detalles acerca de los últimos años de Nuestra Señora en la tierra. Entre la Ascensión y Pentecostés, la Sagrada Escritura la sitúa en el Cenáculo (Cfr. Hch 1, 13-14); después, permanecería sin duda junto a san Juan, pues había sido confiada a sus cuidados filiales (Cfr. Jn 19, 25-27). Pero la Escritura no recoge el momento ni el escenario en que se produjo la Asunción. Según algunos testimonios antiquísimos, habría tenido lugar en Jerusalén; según otros, de origen más reciente, en Éfeso.

Entre las tradiciones de la Ciudad Santa, destacan algunos relatos que pertenecen al género apócrifo del Transitus Virginis o Dormitio Mariæ; con este término siempre se ha querido expresar que el final de la vida de Nuestra Señora se habría parecido a un dulce sueño.

Esos escritos narran que, cuando Santa María dejó este mundo, reunidos los apóstoles alrededor de su lecho, el Señor mismo bajó del cielo acompañado de innumerables ángeles y tomó el alma de su Madre; luego, los discípulos colocaron el cuerpo en un sepulcro y, pasados tres días, el Señor regresó para llevárselo y unirlo al alma en el paraíso.

Al describir estos hechos, los autores diferencian dos lugares: la casa donde se produjo el tránsito y la tumba desde donde el cuerpo de Santa María fue asunto.

 

dormicion

 

 

En la Ciudad Santa, dos iglesias conservan todavía hoy la memoria de aquellos misterios: en el monte Sión y en Getsemaní.

Encontramos ecos de estos testimonios en las enseñanzas de varios Padres de la Iglesia. San Juan Damasceno, que murió en Jerusalén a mediados del siglo VIII, relata la Asunción de un modo semejante a los apócrifos y además sitúa los acontecimientos en el Cenáculo y en el huerto de los Olivos:

El cuerpo amortajado de la Virgen, «sacado del monte Sión, puesto sobre los hombros gloriosos de los apóstoles, es transportado, con la tumba, en el templo celestial. Pero antes es conducido a través de la ciudad, como una esposa bellísima, adornada por el esplendor inefable del Espíritu; y así es acompañada hasta el huerto santísimo de Getsemaní, mientras los ángeles la preceden, la siguen y la cubren con sus alas, junto a la Iglesia en toda su plenitud» (San Juan Damasceno, Homilia II in Dormitionem Beatæ Mariæ Virginis, 12).

asunción dormicion

 

En la Ciudad Santa, dos iglesias conservan todavía hoy la memoria de aquellos misterios: en el monte Sión, a pocos metros del Cenáculo, la basílica de la Dormición; y en Getsemaní, junto al huerto donde Jesús rezó la noche del Jueves Santo, la Tumba de María.

La basílica de la Dormición

Se encuentra en el monte Sión, es decir, la colina que se encuentra en el extremo suroccidental de la Ciudad Santa y que recibió ese nombre en época cristiana. Allí, alrededor del Cenáculo, nació la primitiva Iglesia; y allí, durante la segunda mitad del siglo IV, se construyó una gran basílica, llamada Santa Sión y considerada la madre de todas las iglesias.

Además del Cenáculo, incluía el lugar del Tránsito de Nuestra Señora, que la tradición situaba en una vivienda cercana. Aquel templo pasó por varias destrucciones y restauraciones en los siglos siguientes, hasta que solo quedó en pie el Cenáculo.

Sin embargo, nunca se olvidó la vinculación de la zona con la vida de Santa María, de forma que en 1910, cuando el emperador de Alemania Guillermo II obtuvo unos terrenos en Sión, se edificó una abadía benedictina con una basílica anexa dedicada a la Dormición de la Virgen.

 

Asunción - basilica de la dormicion

Varias capillas rodean la representación de la Dormición.

 

Se trata de una iglesia de estilo románico alemán con rasgos bizantinos, concebida en dos niveles. En el plano superior se halla la nave principal, de planta circular, rematada con una gran cúpula adornada con mosaicos; alrededor se abren seis capillas laterales y, en la cara oriental, un ábside para el presbiterio, cerrado con bóveda de cañón y una semicúpula también decorada con un gran mosaico.

Descendiendo al piso inferior, la atención se dirige al centro de la cripta, donde hay una imagen yacente de la Santísima Virgen protegida por un pequeño templete. Varias capillas —regalos de diversos países o asociaciones— rodean ese santuario.

 

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ASUNCIÓN DE MARÍA

 

Ver en Wikipedia

 

María ha sido llevada por Dios, en cuerpo y alma, a los cielos. Hay alegría entre los ángeles y entre los hombres

La Asunción es una realidad que también nos toca a nosotros, porque nos indica de modo luminoso nuestro destino, el de la humanidad y de la historia. De hecho, en María contemplamos la realidad de gloria a la que estamos llamados cada uno de nosotros y toda la Iglesia.

 

La fe en esta verdad consoladora de la Asunción nos mueve a afirmar que «la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada a la gloria del cielo y elevada al trono por el Señor como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los Señores y vencedor del pecado y de la muerte» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 966).

Este es, por tanto, el núcleo de la enseñanza transmitida por la Iglesia sobre los misterios últimos de la vida terrena de Nuestra Señora: participando en la victoria de Cristo, Ella ha vencido la muerte y ya triunfa en la gloria celestial en la totalidad de su ser, en cuerpo y alma.

La liturgia nos lo hace contemplar cada año en la solemnidad de la Asunción, el 15 de agosto, y en la memoria de Santa María Virgen, Reina, que se celebra el 22 para recordar que, desde su entrada en el paraíso, ejerce junto a su Hijo su reinado maternal sobre toda la creación.

Asunción - basilica de la dormicion
La basílica, de planta circular, cuenta con un ábside decorado con un gran mosaico.

 

Sabemos pocos detalles acerca de los últimos años de Nuestra Señora en la tierra. Entre la Ascensión y Pentecostés, la Sagrada Escritura la sitúa en el Cenáculo (Cfr. Hch 1, 13-14); después, permanecería sin duda junto a san Juan, pues había sido confiada a sus cuidados filiales (Cfr. Jn 19, 25-27). Pero la Escritura no recoge el momento ni el escenario en que se produjo la Asunción. Según algunos testimonios antiquísimos, habría tenido lugar en Jerusalén; según otros, de origen más reciente, en Éfeso.

Entre las tradiciones de la Ciudad Santa, destacan algunos relatos que pertenecen al género apócrifo del Transitus Virginis o Dormitio Mariæ; con este término siempre se ha querido expresar que el final de la vida de Nuestra Señora se habría parecido a un dulce sueño.

Esos escritos narran que, cuando Santa María dejó este mundo, reunidos los apóstoles alrededor de su lecho, el Señor mismo bajó del cielo acompañado de innumerables ángeles y tomó el alma de su Madre; luego, los discípulos colocaron el cuerpo en un sepulcro y, pasados tres días, el Señor regresó para llevárselo y unirlo al alma en el paraíso.

Al describir estos hechos, los autores diferencian dos lugares: la casa donde se produjo el tránsito y la tumba desde donde el cuerpo de Santa María fue asunto.

 

 

 

En la Ciudad Santa, dos iglesias conservan todavía hoy la memoria de aquellos misterios: en el monte Sión y en Getsemaní

Encontramos ecos de estos testimonios en las enseñanzas de varios Padres de la Iglesia. San Juan Damasceno, que murió en Jerusalén a mediados del siglo VIII, relata la Asunción de un modo semejante a los apócrifos y además sitúa los acontecimientos en el Cenáculo y en el huerto de los Olivos: el cuerpo amortajado de la Virgen,

«Sacado del monte Sión, puesto sobre los hombros gloriosos de los apóstoles, es transportado, con la tumba, en el templo celestial. Pero antes es conducido a través de la ciudad, como una esposa bellísima, adornada por el esplendor inefable del Espíritu; y así es acompañada hasta el huerto santísimo de Getsemaní, mientras los ángeles la preceden, la siguen y la cubren con sus alas, junto a la Iglesia en toda su plenitud» (San Juan Damasceno, Homilia II in Dormitionem Beatæ Mariæ Virginis, 12).

En la Ciudad Santa, dos iglesias conservan todavía hoy la memoria de aquellos misterios: en el monte Sión, a pocos metros del Cenáculo, la basílica de la Dormición; y en Getsemaní, junto al huerto donde Jesús rezó la noche del Jueves Santo, la Tumba de María.

 

La basílica de la Dormición

En un artículo anterior se escribió acerca del monte Sión, es decir, la colina que se encuentra en el extremo suroccidental de la Ciudad Santa y que recibió ese nombre en época cristiana. Allí, alrededor del Cenáculo, nació la primitiva Iglesia; y allí, durante la segunda mitad del siglo IV, se construyó una gran basílica, llamada Santa Sión y considerada la madre de todas las iglesias.

Además del Cenáculo, incluía el lugar del Tránsito de Nuestra Señora, que la tradición situaba en una vivienda cercana. Aquel templo pasó por varias destrucciones y restauraciones en los siglos siguientes, hasta que solo quedó en pie el Cenáculo.

Sin embargo, nunca se olvidó la vinculación de la zona con la vida de Santa María, de forma que en 1910, cuando el emperador de Alemania Guillermo II obtuvo unos terrenos en Sión, se edificó una abadía benedictina con una basílica anexa dedicada a la Dormición de la Virgen.

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Varias capillas rodean la representación de la Dormición; en una se encuentra el Tabernáculo.

 

Se trata de una iglesia de estilo románico alemán con rasgos bizantinos, concebida en dos niveles. En el plano superior se halla la nave principal, de planta circular, rematada con una gran cúpula adornada con mosaicos; alrededor se abren seis capillas laterales y, en la cara oriental, un ábside para el presbiterio, cerrado con bóveda de cañón y una semicúpula también decorada con un gran mosaico.

Descendiendo al piso inferior, la atención se dirige al centro de la cripta, donde hay una imagen yacente de la Santísima Virgen protegida por un pequeño templete. Varias capillas —regalos de diversos países o asociaciones— rodean ese santuario.

 

La Tumba de María

La Tumba de María se halla en el cauce del torrente Cedrón, en Getsemaní, unas decenas de metros al norte de la basílica de la Agonía y del huerto de los Olivos. Recibe también el nombre de iglesia de la Asunción por los cristianos ortodoxos griegos y armenios, que comparten la propiedad, y por los sirios, coptos y etíopes, que detentan algunos derechos sobre el sitio.

 

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Una larga escalera conduce desde la entrada a la nave de la iglesia.

 

Para llegar al sepulcro venerado hay que descender dos tramos de escaleras: el primero, desde la calle hasta un patio a un nivel inferior, que sirve de atrio a la iglesia y que también conduce a la gruta del Prendimiento; el segundo, dentro del edificio, desde el mismo pórtico hasta la nave.

Esta profundidad se explica porque el lecho del Cedrón se ha elevado con el pasar de los siglos, y porque la construcción conservada hasta nosotros correspondería en realidad a la cripta de la basílica primitiva, cuya obra puede remontarse al siglo IV o V.

En 1972, una inundación obligó a realizar una vasta restauración de la iglesia, y se aprovechó además para acometer investigaciones arqueológicas. Esos estudios, junto con las fuentes históricas, indican que la sepultura donde, según la tradición, reposó el cuerpo de la Virgen formaba parte de un complejo funerario del siglo I.

Había sido enteramente excavado en la roca y contaba con tres ambientes. Cuando se decidió incluir la tumba de Santa María en un edificio de culto, los arquitectos bizantinos debieron de seguir un procedimiento parecido al empleado con el Santo Sepulcro: la aislaron del contorno, eliminando también las otras cámaras; sustituyeron el techo por una cúpula de cantería, y encima levantaron el santuario.

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En el centro de la nave, una capilla cubre el sepulcro donde, según la tradición,
los Apóstoles pusieron el cuerpo de la Virgen antes de la Asunción.

 

Al igual que sucedió con otros lugares cristianos en Tierra Santa, las invasiones del primer milenio hicieron que el santuario se encontrara deteriorado a la llegada de los cruzados, en el siglo XI.

En 1101 se instaló allí una comunidad de benedictinos de Cluny, y comenzaron las obras de restauración: se abrió la entrada a la cripta, alargando la escalinata; a los lados de la bajada, se prepararon dos capillas, utilizadas más tarde como panteón real; se embelleció la tumba de la Virgen, cubriéndola con un templete de mármol; se reconstruyó la iglesia superior y, al lado, se edificó un monasterio con hospedería para peregrinos y un hospital.

Pocos decenios más tarde, tras la conquista de Jerusalén por Saladino, de todo el complejo solo quedaron la cripta, la fachada y la escalera que las unía, con las dos capillas: es lo que constituye la iglesia actual.

 

 

En cuerpo y alma

«El misterio de la Asunción de María en cuerpo y alma se inscribe completamente en la resurrección de Cristo. La humanidad de la Madre ha sido "atraída" por el Hijo en su paso a través de la muerte. Jesús entró definitivamente en la vida eterna con toda su humanidad, la que había tomado de María; así Ella, la Madre, que lo ha seguido fielmente durante toda su vida, lo ha seguido con el corazón, ha entrado con Él en la vida eterna, que llamamos también Cielo, Paraíso, Casa del Padre» (Francisco, Homilía, 15-VIII-2013).

Al mismo tiempo, «la Asunción es una realidad que también nos toca a nosotros, porque nos indica de modo luminoso nuestro destino, el de la humanidad y de la historia. De hecho, en María contemplamos la realidad de gloria a la que estamos llamados cada uno de nosotros y toda la Iglesia» (Benedicto XVI, Ángelus, 15-VIII-2012).

 

Nuestra Señora, hecha partícipe de modo pleno de la obra de nuestra salvación, tenía que seguir de cerca los pasos de su Hijo: la pobreza de Belén, la vida oculta de trabajo ordinario en Nazaret, la manifestación de la divinidad en Caná de Galilea, las afrentas de la Pasión y el Sacrificio divino de la Cruz, la bienaventuranza eterna del Paraíso.

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La cámara funeraria está excavada en la roca y tiene un banco adosado  para el cuerpo.

 

Todo esto nos afecta directamente, porque ese itinerario sobrenatural ha de ser también nuestro camino. María nos muestra que esa senda es hacedera, que es segura. Ella nos ha precedido por la vía de la imitación de Cristo, y la glorificación de Nuestra Madre es la firme esperanza de nuestra propia salvación.

No podemos abandonar nunca la confianza de llegar a ser santos, de aceptar las invitaciones de Dios, de ser perseverantes hasta el final. Dios, que ha empezado en nosotros la obra de la santificación, la llevará a cabo (cfr. Flp 1, 6) (Es Cristo que pasa, n. 176).

 

María ha sido llevada por Dios, en cuerpo y alma, a los cielos

La Tumba de María se halla en el cauce del torrente Cedrón, en Getsemaní, unas decenas de metros al norte de la basílica de la Agonía y del huerto de los Olivos. Recibe también el nombre de iglesia de la Asunción por los cristianos ortodoxos griegos y armenios

La fe en esta verdad consoladora de la Asunción nos mueve a afirmar que «la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada a la gloria del cielo y elevada al trono por el Señor como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los Señores y vencedor del pecado y de la muerte» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 966).

 

Sabemos pocos detalles acerca de los últimos años de Nuestra Señora en la tierra. Entre la Ascensión y Pentecostés, la Sagrada Escritura la sitúa en el Cenáculo (Cfr. Hch 1, 13-14); después, permanecería sin duda junto a san Juan, pues había sido confiada a sus cuidados filiales (Cfr. Jn 19, 25-27). Pero la Escritura no recoge el momento ni el escenario en que se produjo la Asunción. Según algunos testimonios antiquísimos, habría tenido lugar en Jerusalén; según otros, de origen más reciente, en Éfeso.

 

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Entre las tradiciones de la Ciudad Santa, destacan algunos relatos que pertenecen al género apócrifo del Transitus Virginis o Dormitio Mariæ; con este término siempre se ha querido expresar que el final de la vida de Nuestra Señora se habría parecido a un dulce sueño.

Esos escritos narran que, cuando Santa María dejó este mundo, reunidos los apóstoles alrededor de su lecho, el Señor mismo bajó del cielo acompañado de innumerables ángeles y tomó el alma de su Madre; luego, los discípulos colocaron el cuerpo en un sepulcro y, pasados tres días, el Señor regresó para llevárselo y unirlo al alma en el paraíso.

Al describir estos hechos, los autores diferencian dos lugares: la casa donde se produjo el tránsito y la tumba desde donde el cuerpo de Santa María fue asunto.

En la Ciudad Santa, dos iglesias conservan todavía hoy la memoria de aquellos misterios: en el monte Sión y en Getsemaní.

 

tumba de maria

 

 

Encontramos ecos de estos testimonios en las enseñanzas de varios Padres de la Iglesia. San Juan Damasceno, que murió en Jerusalén a mediados del siglo VIII, relata la Asunción de un modo semejante a los apócrifos y además sitúa los acontecimientos en el Cenáculo y en el huerto de los Olivos:

El cuerpo amortajado de la Virgen, «sacado del monte Sión, puesto sobre los hombros gloriosos de los apóstoles, es transportado, con la tumba, en el templo celestial. Pero antes es conducido a través de la ciudad, como una esposa bellísima, adornada por el esplendor inefable del Espíritu; y así es acompañada hasta el huerto santísimo de Getsemaní, mientras los ángeles la preceden, la siguen y la cubren con sus alas, junto a la Iglesia en toda su plenitud» (San Juan Damasceno, Homilia II in Dormitionem Beatæ Mariæ Virginis, 12).

 

En la Ciudad Santa, dos iglesias conservan todavía hoy la memoria de aquellos misterios: en el monte Sión, a pocos metros del Cenáculo, la basílica de la Dormición; y en Getsemaní, junto al huerto donde Jesús rezó la noche del Jueves Santo, la Tumba de María.

 

La Tumba de María

La Tumba de María se halla en el cauce del torrente Cedrón, en Getsemaní, unas decenas de metros al norte de la basílica de la Agonía y del huerto de los Olivos. Recibe también el nombre de iglesia de la Asunción por los cristianos ortodoxos griegos y armenios, que comparten la propiedad, y por los sirios, coptos y etíopes, que detentan algunos derechos sobre el sitio.

 

tumba maria asuncion

 

En el centro de la nave, una capilla cubre el sepulcro donde, según la tradición,
los Apóstoles pusieron el cuerpo de la Virgen antes de la Asunción.

 

Para llegar al sepulcro venerado hay que descender dos tramos de escaleras: el primero, desde la calle hasta un patio a un nivel inferior, que sirve de atrio a la iglesia y que también conduce a la gruta del Prendimiento; el segundo, dentro del edificio, desde el mismo pórtico hasta la nave.

Esta profundidad se explica porque el lecho del Cedrón se ha elevado con el pasar de los siglos, y porque la construcción conservada hasta nosotros correspondería en realidad a la cripta de la basílica primitiva, cuya obra puede remontarse al siglo IV o V.

En 1972, una inundación obligó a realizar una vasta restauración de la iglesia, y se aprovechó además para acometer investigaciones arqueológicas. Esos estudios, junto con las fuentes históricas, indican que la sepultura donde, según la tradición, reposó el cuerpo de la Virgen formaba parte de un complejo funerario del siglo I.

Había sido enteramente excavado en la roca y contaba con tres ambientes. Cuando se decidió incluir la tumba de Santa María en un edificio de culto, los arquitectos bizantinos debieron de seguir un procedimiento parecido al empleado con el Santo Sepulcro: la aislaron del contorno, eliminando también las otras cámaras; sustituyeron el techo por una cúpula de cantería, y encima levantaron el santuario.

Al igual que sucedió con otros lugares cristianos en Tierra Santa, las invasiones del primer milenio hicieron que el santuario se encontrara deteriorado a la llegada de los cruzados, en el siglo XI.

En 1101 se instaló allí una comunidad de benedictinos de Cluny, y comenzaron las obras de restauración: se abrió la entrada a la cripta, alargando la escalinata; a los lados de la bajada, se prepararon dos capillas, utilizadas más tarde como panteón real; se embelleció la tumba de la Virgen, cubriéndola con un templete de mármol; se reconstruyó la iglesia superior y, al lado, se edificó un monasterio con hospedería para peregrinos y un hospital.

Pocos decenios más tarde, tras la conquista de Jerusalén por Saladino, de todo el complejo solo quedaron la cripta, la fachada y la escalera que las unía, con las dos capillas: es lo que constituye la iglesia actual.

 

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La cámara funeraria está excavada en la roca y tiene un banco adosado a la pared para poner el cuerpo.

En cuerpo y alma

«El misterio de la Asunción de María en cuerpo y alma se inscribe completamente en la resurrección de Cristo. La humanidad de la Madre ha sido "atraída" por el Hijo en su paso a través de la muerte.

Jesús entró definitivamente en la vida eterna con toda su humanidad, la que había tomado de María; así Ella, la Madre, que lo ha seguido fielmente durante toda su vida, lo ha seguido con el corazón, ha entrado con Él en la vida eterna, que llamamos también Cielo, Paraíso, Casa del Padre» (Francisco, Homilía, 15-VIII-2013).

Al mismo tiempo, «la Asunción es una realidad que también nos toca a nosotros, porque nos indica de modo luminoso nuestro destino, el de la humanidad y de la historia. De hecho, en María contemplamos la realidad de gloria a la que estamos llamados cada uno de nosotros y toda la Iglesia» (Benedicto XVI, Ángelus, 15-VIII-2012).

Nuestra Señora, hecha partícipe de modo pleno de la obra de nuestra salvación, tenía que seguir de cerca los pasos de su Hijo: la pobreza de Belén, la vida oculta de trabajo ordinario en Nazaret, la manifestación de la divinidad en Caná de Galilea, las afrentas de la Pasión y el Sacrificio divino de la Cruz, la bienaventuranza eterna del Paraíso.

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ASUNCIÓN DE MARÍA

 

Ver en Wikipedia

 

¿Tenían devoción a María los primeros cristianos? Sí, pero hay que saber rastrearla

En el año 313 el cristianismo fue despenalizado por el Emperador Constantino y en el 380 el Emperador Teodosio declaró que sería la única religión oficial (o lícita) del Imperio. Medio siglo después, en el 431, el Concilio de Éfeso decretó que María podía ser honrada con el título de Theotokos (“la que dio a luz a Dios”). Desde entonces se multiplican los signos de devoción de los cristianos a la Virgen.

 

Muchos protestantes, y también algunos neopaganos y racionalistas, dan por sentado que la devoción a la Virgen es, pues, muy tardía, y quizá una incorporación posterior de divinidades femeninas paganas camufladas. Consideran que es una devoción que los cristianos anteriores a Constantino (la despenalización) o a Éfeso (el dogma de María como Madre de Dios) no habrían tenido. Para los cristianos del siglo I, II y III María habría sido sólo una sencilla mujer de los Evangelios, dócil al Señor, que amaba a Dios y su hijo.

Pero, ¿cómo se llegó entonces a esa explosión de devoción mariana en el siglo V?

 

Un libro que analiza los 3 primeros siglos

Ahora, Rachel Fulton Brown, profesora de Historia en la Universidad de Chicago, analiza en la revista ecuménica conservadora First Things el libro de Stephen J. Shoemaker “Mary in Early Christian Faith and Devotion” (“María en la temprana devoción y fe cristiana”) publicado en Yale University Press. Rachel Fultone explica que durante décadas nadie ha intentado investigar ni rastrear en serio los orígenes de la devoción mariana. Shoemaker es el primero en muchos años.

 

devoción Virgen María

 

Shoemaker, que es más bien protestante y un experto en los textos apócrifos cristianos y el cristianismo bizantino, repasa una serie de textos apócrifos de los siglos II y III donde María tiene un papel importante. Muchas de las escenas e ideas de esos textos enseguida arraigaron en las tradiciones cristianas e incluso, luego, en el arte medieval.

La conclusión de Shoemaker es que María, en los primeros siglos, sí era objeto de mucho recuerdo, respeto y admiración, más del que los protestantes suelen creer y admitir. Pero no considera que deba llamarse “devoción” a lo que tenían esos cristianos, porque piensa que no solían tenerla como intercesora: si no le pides milagros, no es “devoción”. Shoemaker dice que María era, básicamente, “una santa entre otros santos, reverenciada por su pureza excepcional y santidad, y su intimidad con su hijo, un estatus más modesto que el tiene en el Oriente cristiano hoy”.

 

Shoemaker se queda corto: María como vaso sacro

Rachel Fulton critica esta conclusión. Le parece insuficiente, Por un lado, porque los cristianos antiguos sí piden intercesión a la Virgen. Por otro lado, porque la devoción no es sólo pedir intercesión, sino reconocerle un status de sacralidad. Y María en muchos textos apócrifos y antiguos sí es vista como un “vaso sacro” colocado “aparte, para Dios”, es decir, un objeto sagrado para recibir lo Sagrado. Y los cristianos lo expresaban con exhuberancia de símbolos que luego pasarían a los grandes himnos e iconos bizantinos.

Esto está ya en el Apocalipsis 11,19 y 12, que se escribió hacia el año 96 d.C. Cuenta cómo se abrió el Templo y se vio al Arca de la Alianza, y hubo rayos y truenos y terremoto y aullidos… y entonces se vio a una mujer vestida de sol con doce estrellas como corona y la luna como pedestal, que estaba embarazada, llevando en su seno a quien vencerá al dragón y juzgará las naciones.

 

María es el Arca: la vasija sacratísima que lleva a Dios

El biblista ex-protestante Scott Hahn, experto en Apocalipsis, señala que el autor quiere indicar que María, la Madre de Jesús, es esa mujer y es también el Arca de la Alianza. Igual que el Arca tiene en su interior el maná, la vara de Aarón y las Tablas de la Ley, María tiene en su interior al Pan de Vida, al Verdadero Sacerdote y a la Ley hecha carne que es Jesús. Hahn cree que para los lectores antiguos esto era patente: igual que el Rey David danzaba ante el Arca y el bebé Juan Bautista “danza” ante María, igual que David comenta “¿cómo puede venir el Arca a mí” e Isabel comenta, sobre María, “¿Cómo es que viene a mí la madre de mi Señor?”.

Esta tradición de señalar a María como un gigantesco, sagrado, objeto portador de Dios, es el que se repite en la literatura apócrifa de los siguientes siglos. Los cristianos expresaron con ese tipo de enfoque y símbolos su devoción a María y a su oficio.

 

El Protoevangelio de Santiago, del siglo II

En el Protoevangelio de Santiago, del siglo II, Shoemaker cree que hay poco interés por María. Rachel Fulton no está de acuerdo. En ese libro, dice, “María es descrita como alguien o algo preparado especialmente por Dios para un propósito específico, es concebida milagrosamente después de que sus padres oraran para tener hijos; a los 3 años es enviada al Templo para ser educada allí.

En la pubertad es prometida a José para protegerla y cuando el ángel se le aparece está hilando la púrpura y escarlata para el velo del Templo“. Shoemaker admite que son símbolos de María como “corporalización física de santidad, como lo es el templo, que sirve de lugar de santidad divina en la tierra”.

 

El Libro del Reposo de María, del siglo III

Otro caso que comentan es el Libro del Reposo de María del siglo III, que tenemos por su versión etíope en lengua ge’ez (la lengua litúrgica etíope, antaño lengua imperial allí, hoy sin hablantes). Hay también fragmentos en siríaco y georgiano antiguo. Es la versión más antigua (que tengamos escrita) sobre la muerte de María y su ascensión al Cielo.

En ese libro el apóstol Pedro dice: “La luz de la lámpara de nuestra hermana María llena el mundo y no se extinguirá hasta el fin de los días, para que los que han decidido salvarse reciban seguridad en ella. Y si reciben la imagen de luz, recibirán el descanso y bendición de ella”.

Esto, según Rachel, no son fantasías gnósticas, sino el tipo de halagos de base bíblica que cristalizarán en la poesía bizantina. Por eso, el famoso himno Akathistos del siglo V, lleno de “piropos” a María, la alaba como “antorcha llena de luz, que brilla sobre aquellos en las tinieblas”.

 

María intercede por los condenados y les aporta alivio

Que María es intercesora queda claro en este texto del siglo III: una vez sube al Cielo su cuerpo, junto al árbol de la vida, donde allí los ángeles devuelven el alma al cuerpo de ella, los ángeles la llevan a un infierno a ver a los condenados (o quizá almas purgantes). Ellos piden así a María:

“María, te suplicamos, María, luz y madre de la luz; María, vida y madre de los apóstoles; María, lámpara dorada que llevas cada lámpara justa; María, nuestra maestra y madre de nuestro maestro; María, nuestra reina, suplica a tu hijo que nos de un poco de respiro”. María intercede por ellos y el Señor les concede “9 horas de descanso en el Día del Señor”.

Después, los apóstoles y María van al Paraíso, se sientan bajo el árbol de la vida con los Patriarcas y las almas de los buenos. Después suben al Séptimo Cielo, “donde se sienta Dios”. Allí, los apóstoles ven a María sentada a la derecha de Dios, junto a Cristo con sus heridas, con 10.000 ángeles rodeando a María en su trono, cantando.

He aquí, por lo tanto, un texto del siglo III con María como reina, intercesora, junto a Dios y llena de halagos del máximo rango.

 

No busquemos a María la campesina… sino a la Madre de Dios

Para Shoemaker, “no se trata de María la Madre de Dios sino de la madre del Gran Querubín de Luz”. Pero Rachel Fulton señala que es María la madre de Jesús vestida con los ropajes devocionales que le daban los cristianos de ese siglo. Rachel Fulton cree que no tiene sentido que desde el siglo XXI exijamos que los cristianos del siglo II o III representen a María con criterios de realismo historicista, como una “campesina judía de Galilea”, cuando ellos tratan de expresar sus títulos eternos y celestiales.

 

Las Cuestiones de Bartolomé, del siglo III

Podemos ver otro ejemplo (que sonará a cualquiera que haya leído alguna vez el popular himno bizantino Akathistos) está en el “Evangelio” o “Cuestiones de Bartolomé”, otro apócrifo del siglo III.

Jesús invita a los apóstoles a ver al demonio encadenado, y les anima a golpear al demonio en el cuello. El apóstol Bartolomé invoca a la Virgen pidiéndole coraje (lo que ya demuestra que era una intercesora para los cristianos del siglo III, aún en época de persecuciones). En vez de decir “María, ayúdame”, empieza una lista de títulos gloriosos:

“Oh vientre más amplio que la envergadura de los cielos, oh vientre que contienes a quien los Siete Cielos no contienen; lo contuviste sin dolor, mantuviste en tu seno, a quien cambió su ser en la más pequeña de las cosas; oh, vientre que llevó, escondido en cuerpo, al Cristo que ha sido visible a muchos; oh vientre que se hizo más espacioso que la creación completa…”

Incluso Shoemaker ve que aquí, en pleno siglo III, está la idea que la liturgia ortodoxa repetirá: “más amplia que los Cielos”, “que contiene a quien no puede ser contenido”.

 

Una liturgia del siglo IV: “álzate, Señor, y el arca que has santificado”

En el siglo IV, con el cristianismo ya despenalizado, pero antes de Éfeso, tanto en Jerusalén como en Constatinopla se pudo celebrar a lo grande la fiesta de “María en Jerusalén”. La liturgia decía en esos días ya: “Álzate, oh Señor, en tu lugar de descanso; tú y el arca, que tú has santificado”, añadiendo: “Contemplad, he aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo”.

Rachel Fulton anima a buscar a María en las liturgias y textos antiguos con este lenguaje clave y poético (el mismo que perduró y se amplió luego en la poesía e himnos bizantinos). Si no, dice, “somos como lo nazis de la película En Busca del Arca Perdida, que cavamos en el sitio equivocado”.

 

+ info:

La devoción de los primeros cristianos a la Virgen

 

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