La lucha de los primeros cristianos contra la práctica del aborto
La tradición de la Iglesia ha sostenido siempre que la vida humana debe ser protegida y favorecida desde su comienzo como en las diversas etapas de su desarrollo. Oponiéndose a las costumbres del mundo grecorromano, la Iglesia de los primeros siglos ha insistido sobre la distancia que separa en este punto tales costumbres de las costumbres cristianas.
A lo largo de toda la historia, los Padres de la Iglesia, sus pastores, sus doctores, han enseñado la misma doctrina sobre la ilegitimidad del aborto.
“El segundo mandamiento de la enseñanza: No asesinarás. No cometerás adulterio. No seducirás a los niños. No cometerás fornicación. No robarás. No practicarás magia. No usarás pociones. No provocarás [un] aborto, ni destruirás a un niño recién nacido” (Didajé 2:1–2 [70 d.C.]).
“El camino de la luz, entonces, es el siguiente. Si alguno desea viajar al lugar señalado, debe ser celoso en sus obras. El conocimiento, por tanto, que se nos da con el fin de caminar de esta manera, es el siguiente. . . . No matarás al niño procurándole el aborto; ni tampoco lo destruirás después de que haya nacido” (Carta de Bernabé 19 [74 d.C.]).
“¿Qué hombre en su sano juicio, por tanto, afirmará, siendo tal nuestro carácter, que somos asesinos? . . . Cuando decimos que aquellas mujeres que usan drogas para provocar el aborto cometen un asesinato y tendrán que dar cuenta a Dios por el aborto, ¿bajo qué principio deberíamos cometer un asesinato?
Porque no corresponde a la misma persona considerar al mismo feto en el vientre como un ser creado, y por tanto objeto del cuidado de Dios, y cuando ha pasado a la vida, matarlo; y no exponer a un niño, porque quienes lo exponen son acusados de asesinato de niños, y por otra parte, cuando ha sido criado para destruirlo” (Súplica a favor de los cristianos 35 [177 d.C.]).
“En nuestro caso, al estar prohibido para siempre el asesinato, no podemos destruir ni siquiera al feto en el útero, mientras que el ser humano todavía obtiene sangre de las otras partes del cuerpo para su sustento. Impedir un nacimiento no es más que matar a un hombre más rápidamente; ni importa si se quita la vida que nace, o se destruye la que está por nacer. Ése es un hombre que va a serlo; ya tienes el fruto en su semilla” (Apología 9:8 [197 d.C.]).
“Entre las herramientas de los cirujanos hay un instrumento determinado, que está formado por un marco flexible bien ajustado para, en primer lugar, abrir el útero y mantenerlo abierto; está además provisto de una cuchilla anular, por medio de la cual se disecan los miembros [del niño] dentro del útero con cuidado ansioso pero inquebrantable; siendo su último apéndice un gancho romo o cubierto, con el que se extrae todo el feto mediante un parto violento.
“Existe también [otro instrumento en forma de] una aguja o púa de cobre, mediante la cual se gestiona la muerte misma en este robo furtivo de la vida: Le dan, por su función infanticida, el nombre de embruosphaktes, [es decir]” el asesino del niño”, que por supuesto estaba vivo. . . “[Los médicos que practicaban abortos] sabían muy bien que se había concebido un ser vivo, y [ellos] se compadecieron de este desdichado estado infantil, que primero tuvo que ser ejecutado para escapar de ser torturado vivo” (El Alma 25 [210 d.C.]).
“Ahora admitimos que la vida comienza con la concepción porque sostenemos que el alma también comienza desde la concepción; la vida comienza en el mismo momento y lugar que el alma” (ibid., 27). “La ley de Moisés, en verdad, castiga con las penas debidas al hombre que causare el aborto [Éx. 21:22–24]” (ibid., 37).
MINUCIO FELIX
“Hay algunas mujeres [paganas] que, al beber preparados médicos, extinguen en sus entrañas la fuente del futuro varón y cometen así un parricidio antes de dar a luz. Y estas cosas ciertamente proceden de la enseñanza de vuestros [falsos] dioses. . . . A nosotros [los cristianos] no nos es lícito ni ver ni oír hablar de homicidio” (Octavio 30 [226 d.C.]).
“Las mujeres que tenían fama de creyentes comenzaron a tomar drogas para volverse estériles y a atarse fuertemente para expulsar lo que estaba engendrando, ya que, a causa de los parientes y el exceso de riqueza, no querían tener un hijo de un esclavo o por cualquier persona insignificante. ¡Mira, pues, hasta qué gran impiedad ha procedido ese inicuo, al enseñar el adulterio y el asesinato al mismo tiempo! (Refutación de todas las herejías [228 d.C.]).
CONCILIO DE ANCIRA
“En cuanto a las mujeres que fornican y destruyen lo que han concebido, o que se emplean en fabricar drogas para abortar, un decreto anterior las excluía hasta la hora de la muerte, y algunos han consentido. Sin embargo, deseando utilizar una lenidad algo mayor, hemos ordenado que cumplan diez años [de penitencia], según los grados prescritos” (canon 21 [314 d.C.]).
“La que provoque el aborto, pase diez años de penitencia, ya sea que el embrión esté perfectamente formado o no” (Primera Carta Canónica, canon 2 [374 d.C.]).
“Es homicida... ; también lo son los que toman medicinas para provocar el aborto” (ibid., canon 8).
“Por tanto os ruego que huyáis de la fornicación. . . . ¿Por qué sembrar donde la tierra se encarga de destruir el fruto? ¿Dónde hay muchos esfuerzos por abortar? ¿Dónde hay asesinato antes del nacimiento? Porque ni siquiera a la ramera dejarás que siga siendo una simple ramera, sino hazla también asesina. Ves cómo la embriaguez lleva a la prostitución, la prostitución al adulterio, el adulterio al asesinato; o más bien a algo incluso peor que el asesinato. Porque no tengo nombre que darle, ya que no quita lo que nace, sino que impide que nazca.
¿Por qué entonces abusas del don de Dios, y luchas con sus leyes, y sigues lo que es una maldición como si fuera una bendición, y haces de la cámara de la procreación una cámara para el asesinato, y armas a la mujer que fue dada para tener hijos para el matadero? ? Porque para sacar más dinero siendo agradable y objeto de deseo para sus amantes, ni siquiera esto se resiste a hacerlo, amontonando así sobre tu cabeza un gran montón de fuego. Porque incluso si la acción atrevida es de ella, la causa de la misma es tuya” (Homilías sobre Romanos 24 [391 d.C.]).
“Algunos llegan incluso a tomar pociones para asegurar la esterilidad y asesinar así a seres humanos casi antes de su concepción. Algunas, cuando se encuentran encintas a causa de su pecado, utilizan drogas para procurar el aborto, y cuando, como sucede a menudo, mueren con su descendencia, entran al mundo inferior cargadas con la culpa no sólo de adulterio contra Cristo sino también de suicidio y asesinato de niños” (Cartas 22:13 [396 d.C.]).
Este fue el momento en el que un terrorista atacó una iglesia en Colombo, Sri Lanka, el Domingo de Pascua de 2019.
Desde el ataque se abrió un proceso de investigación para encontrar a los responsables del atentado. Muchos líderes mundiales pidieron al gobierno de Sri Lanka que haga justicia. El papa aprovechó el tercer aniversario de los atentados para hacer este llamamiento público.
https://www.youtube.com/embed/CzXCnXWkJYI
FRANCISCO No quisiera terminar sin hacer un llamamiento a las autoridades de su país. Por favor y por el bien por la justicia, por el bien de tu pueblo, que se aclare de una vez por todas quiénes fueron responsable de estos hechos [los atentados de Semana Santa de 2019]. Esto traerá paz a su conciencia y a la Patria.
Casi 5 años después, la comunidad católica no ha olvidado a las más de 200 personas asesinadas ese día.
CARD. MALCOLM RANJITH Arzobispo de Colombo, Sri Lanka Hemos construido un cementerio especial en Kotahena o Nigambo. Tuvimos que comprar un terreno porque el cementerio católico estaba repleto, lleno de cadáveres y no podíamos enterrarlos a todos allí.
También hay un memorial en una de las iglesias que fueron destruidas aquel Domingo de Pascua.
CARD. MALCOLM RANJITH Arzobispo de Colombo, Sri Lanka Hay un memorial dentro de la iglesia. Reservamos una zona y escribimos todos los nombres en una lápida de piedra que construimos en la iglesia de San Sebastián.
Muchas personas han acudido a los memoriales para pedir la intercesión de estos hombres y mujeres. El cardenal Ranjith dijo que son ejemplos de los mártires modernos de los que el papa habla a menudo.
CARD. MALCOLM RANJITH Arzobispo de Colombo, Sri Lanka Dieron sus vidas por la fe, porque los atacantes lo hicieron por odio a la fe. Odium fidei, así lo llaman. Odiaban a los cristianos y atacaron a estos inocentes. Los mataron. Para nosotros son mártires porque murieron yendo a la Iglesia, por eso promovemos su causa.
El 21 de abril se cumplen 5 años del atentado. Es el tiempo mínimo que exige el Vaticano para iniciar el proceso de beatificación. Y en Sri Lanka lo tienen claro. En cuanto se cumpla ese aniversario, se pondrán manos a la obra.
En Primeros Cristianos, durante el viaje en el tren que ha transportado a la Conferencia Episcopal Española hemos tenido la oportunidad de conversar con Monseñor José Ignacio Munilla, actual obispo de la diócesis de Orihuela-Alicante, ampliamente reconocido por su cercanía y su especial atención a los jóvenes.
Destaca, de manera muy particular, por su incansable labor de evangelización a través de los medios de comunicación y su compromiso con la difusión del mensaje del Evangelio en el «continente digital».
Gracias a su activa presencia en redes sociales y a su histórico programa Sexto Continente en Radio María, se ha convertido en una voz pastoral de referencia en habla hispana.
En la siguiente entrevista, ha querido compartir con nosotros su visión sobre la visita del Papa a Madrid.
PC: Monseñor, entre los grandes mensajes que ha dado el Papa en España usted ha destacado el del Congreso, ¿por qué lo considera histórico?
D. José Ignacio Munilla: Hemos podido ver el espectáculo de un congreso con un aplauso histórico, en el que uno casi tenía miedo de ser el primero en dejar de aplaudir. Yo creo que, más que un aplauso por convicción, fue un aplauso por no quedarse "fuera de juego", vamos a ser claros. Esa es la lectura que yo haría.
Sin embargo, los días previos al evento hubo una altísima crispación y preocupación, incluso dentro de la Iglesia. Existía el temor de que el Papa estuviera cometiendo un error estratégico al meterse en lo que muchos consideraban la "boca del lobo".
Algunas personas de iglesia temían que el Pontífice se estuviera exponiendo a un escenario hostil donde sus palabras serían irremediablemente manipuladas, tergiversadas o instrumentalizadas por los partidos políticos para generar más confrontación, o incluso para legitimar a líderes cuestionados, dándoles lo que algunos llamaban un "balón de oxígeno a los corruptos".
Pero frente a estas reticencias, yo he sido tajante: no se le puede ceder la victoria al demonio. Dejarnos paralizar por el miedo a la manipulación mediática o política sería renunciar a anunciar el Evangelio. El objetivo del papa León XIV no era lograr un "eco político" ni refrendar ideologías, sino suscitar "conversiones silenciosas" en el corazón de nuestros representantes públicos.
Como iba diciendo, muchas personas, incluso dentro de la misma Iglesia de España (obispos, sacerdotes y laicos que temían una encerrona que nos perjudicara), echaron el grito al cielo. "¿Pero a quién se le ha ocurrido esta iniciativa?", se preguntaban. Yo creo que es una iniciativa que salió del mismo Papa.
Esto es fundamental porque desmitifica el cálculo diplomático. Demuestra que la visita no fue una estrategia milimetrada de la Nunciatura o de la Conferencia Episcopal, sino una decisión directa y audaz de León XIV. Él priorizó su deber profético y pastoral por encima de la prudencia humana. Asumió el riesgo personal de pisar un terreno resbaladizo porque creía en la necesidad imperiosa de hablar directamente a las conciencias de los gobernantes.
PC: ¿Y qué diagnóstico extrae del mensaje que transmitió el Papa una vez en el atril?
D. José Ignacio Munilla: Siempre invito a no hacer una lectura puramente sociológica o política de su discurso. El núcleo de su intervención fue dejar claro que esta polarización extrema y la incapacidad de la clase política para llegar a acuerdos no son meros fallos del sistema parlamentario, sino síntomas de un "corazón humano herido por el pecado".
El Papa no fue allí a darles una clase de gobernabilidad, sino que ofreció un diagnóstico antropológico y espiritual. Hizo una llamada al diálogo honesto, instando a los diputados a dejar de insultarse sistemáticamente y a trabajar unidos por el bien común.
PC: Usted ha destacado que el discurso fue una magistral síntesis de la Doctrina Social de la Iglesia, superando el habitual partidismo que rodea estos temas...
D. José Ignacio Munilla: Exactamente. El mayor logro intelectual y pastoral de León XIV fue que no presentó un catálogo de reproches ni un programa electoral. Logró superar ese "picoteo ideológico" al que nos tiene acostumbrados la política moderna. Es muy habitual que los partidos de izquierda nos aplaudan cuando la Iglesia habla de justicia social, pobreza o atención a los migrantes, y que los de derecha nos ovacionen cuando defendemos a la familia o el derecho a la vida.
Sin embargo, el Papa les presentó el "paquete completo" y holístico del Evangelio. Recordó que la base de todo Estado democrático debe ser la defensa innegociable de la vida humana en todas sus etapas (desde el niño no nacido hasta el anciano enfermo o el migrante que llega a nuestras costas), y a la vez reivindicó la justicia social, la solidaridad y la subsidiariedad como pilares de la convivencia.
Demostró que la Doctrina Social de la Iglesia no encaja en las etiquetas de "izquierdas" o "derechas"; las trasciende y las interpela a todas por igual. Les recordó que la verdadera política debe mirar siempre al bien común integral del ser humano, sin recortar aquellas partes que resultan incómodas para su ideología.
PC: Esos 7 minutos de aplausos ininterrumpidos y transversales llamaron muchísimo la atención. En su programa Sexto Continente en Radio María se preguntaba cómo explicar semejante ovación en un hemiciclo tan dividido.
D. José Ignacio Munilla: Mi respuesta es rotunda: lo defino como un verdadero "Kairós de Dios", un tiempo de gracia, el momento oportuno de Dios. Esa ovación evidenció que, más allá de las trincheras ideológicas, las conciencias de los políticos se vieron genuinamente interpeladas.
La autoridad moral del Santo Padre logró perforar la coraza partidista, demostrando que la verdad, expuesta con libertad y sin ataduras políticas, tiene el poder de unificar hasta a los más divididos.
PC: Para terminar, usted enmarca esta visita dentro del carácter valiente del pontificado de León XIV, trazando un paralelismo con sus posturas en la geopolítica mundial. ¿Qué lecciones debemos extraer de esta actitud?
D. José Ignacio Munilla: Entrar en el Congreso español sin miedo a la crítica es exactamente la misma actitud libre que el Papa ha mantenido en el mundo. Recordemos cómo denunció duramente la escalada bélica en el mundo.
Pues bien, esa misma firmeza evangélica, capaz de enfrentar al hombre más poderoso del mundo, es la que el Papa utilizó para plantarse ante las Cortes españolas: sin complejos, sin miedo a mancharse y confiando plenamente en la fuerza transformadora del Evangelio.
PC: ¿Podría contarnos alguna anécdota que haya vivido con el Santo Padre?
D. José Ignacio Munilla: Bueno, la verdad es que yo como anécdota, que creo que no es anécdota, he escrito un artículo sobre el Papa de los bebés. Creo que ha habido un signo continuo, continuo, continuo: la llegada de las familias con niños al papa. Eso ha sido un reguero ¿no? Creo que fue en en la cadena 4 donde escuché un comentario: "le van a llamar el Papa de los bebés", y yo dije: "A ver, eh, no es novedoso que los papas, eh, bendigan bebés, eso siempre se ha hecho".
Pero en este caso pienso que ha habido una inusitada demanda de tal cosa, y yo creo que es porque en este momento llevar adelante la vida, traer la vida al mundo, es heroico. Es un acto de confianza en Dios, que muchas veces no sólo con la sociedad sino incluso hasta con críticas internas de la propia familia para ser generosa la transmisión de la vida.
En estas circunstancias pienso que los padres sienten la necesidad de pedir la bendición de Dios porque se dan cuenta de que un hijo es fruto del milagro de la fe que se abre y confía en Dios, ¿no? Es por eso que piden a la Iglesia esa bendición.
Yo creo que esa ha sido la anécdota, pero convertida en tesis. O sea, es una anécdota que es una tesis. La tesis de que es el cristianismo el que permite el futuro, que esta generación no se acabe en ella misma, sino que se abra una esperanza.
¡Buen viaje Monseñor y muchas gracias por su tiempo!
Albert Martínez Oliva
Alberte Leis Vidal
Josep Del Hierro Dies
Protomártires romanos - su fiesta se celebra el 30 de junio
Son los primeros mártires que murieron en Roma, cuya muerte decretó el emperador Nerón por medio de atroces tormentos.
No sabemos sus nombres, salvo que los apóstoles Pedro y Pablo encabezaron este numeroso grupo de los primeros mártires romanos, víctimas de la persecución de Nerón tras el terrible incendio que destruyó gran parte de Roma en el año 64 (19 de julio).
Fue precisamente en el transcurso de esta persecución cuando se produjeron los martirios de San Pedro y San Pablo, por lo que la fiesta de los protomártires se celebra el 30 de junio, es decir, el día siguiente a la de estas dos columnas de la Iglesia.
En comparación con la comunidad hebrea, los cristianos residentes en Roma en aquella época constituían un grupo de personas reducido. De ellos, poco conocidos, circulaban voces calumniosas, y sobre ellos hizo recaer Nerón, condenándolos a terribles suplicios, la culpa del incendio, a fin de que cesaran las acusaciones que se le habían hecho a él.
En este sentido, el emperador se sirvió del hecho de que las ideas que profesaban los cristianos eran un abierto desafío a los dioses, celosos y vengativos.
“Los paganos—recordará más tarde Tertuliano— atribuyen a los cristianos cualquier calamidad pública, cualquier flagelo. Si las aguas del Tíber se desbordan e inundan la ciudad, si por el contrario el Nilo no se desborda ni inunda los campos, si hay sequía, carestía, peste, terremoto, la culpa es toda de los cristianos, que desprecian a los dioses, y por todas partes se grita: ¡Los cristianos a los leones!”
Los hechos acaecidos tras el incendio están atestiguados por el más célebre de los historiadores romanos, el pagano Tácito (Annales, 15, 44),quien no expresa la menor simpatía por los cristianos, tal y como lo demuestran los calificativos que emplea al referirse a ellos: “ignominias”, “execrable superstición”, “odio al genero humano”, “culpables”, merecedores del máximo castigo”…
Lo de menos es que fuera verdad que los cristianos hubieran incendiado Roma, el odio se había desatado y todos tenían que morir.
Tácito especifica claramente los géneros de muerte que se aplicaron a los cristianos:
“A su suplicio se unió el escarnio, de manera que perecían desgarrados por los perros tras haberles hecho cubrirse con pieles de fieras, o bien clavados en cruces, al caer el día, eran quemados de manera que sirvieran como iluminación durante la noche”.
También hace referencia a ellos San Clemente, Obispo de Roma, en su carta a los Corintios (caps. 5-6), donde narra lo siguiente:
“Pongamos ante nuestros ojos a los santos apóstoles. A Pedro, que por una hostil emulación tuvo que soportar no una o dos, sino innumerables dificultades, hasta sufrir el martirio y llegar así a la posesión de la gloria merecida.
Esta misma envidia y rivalidad dio a Pablo ocasión de alcanzar el premio debido a la paciencia: enrepetidas ocasiones, fue encarcelado, obligado a huir, apedreado y, habiéndose convertido en mensajero de la palabra en el Oriente y en el Occidente, su fe se hizo patente a todos, ya que, después de haber enseñado a todo el mundo el camino de la justicia, habiendo llegado hasta el extremo Occidente, sufrió el martirio de parte de las autoridades y, de este modo, partió de este mundo hacia el lugar santo, dejándonos un ejemplo perfecto de paciencia.
A estos hombres, maestros de una vida santa, vino a agregarse una gran multitud de elegidos que, habiendo sufrido muchos suplicios y tormentos también por emulación, se han convertido para nosotros en un magnífico ejemplo”.
Juan Pablo II al referirse a estos mártires romanos decía:
“es necesario recordar el drama que experimentaron en su alma, en el que se confrontaron el temor humano y la valentía sobrehumana, el deseo de vivir y la voluntad de ser fieles hasta la muerte, el sentido de la soledad ante el odio inmutable y, al mismo tiempo, la experiencia de la fuerza que proviene de la cercana e invisible presencia de Dios y de la fe común de la Iglesia naciente. Es preciso recordar aquel drama para que surja la pregunta: ¿algo de ese drama se verifica en mi?".
"Ambos son fundamento de la Iglesia una, santa, católica y apostólica"
Estos dos Apóstoles son venerados en este día como columnas de la Iglesia romana, que consolidaron con su sangre derramada por Jesucristo en la ciudad eterena. San Pedro, elegido por Jesús como cabeza de la Iglesia, estableció su sede en Roma y allí fue crucificado. San Pablo, después de su intensa tarea apostólica por todo el Imperio, predicó también en Roma, donde sufrió dos veces cautividad y acabó siendo decapitado.
Benedicto XVI destacaba la diversidad de carismas de los ambos.
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 30 de junio de 2010 -
Benedicto XVI destacó la diversidad de carismas y misiones de los santos que son el fundamento de la Iglesia: Pedro y Pablo.
En su alocución previa al rezo del Ángelus desde la ventana del Palacio Apostólico vaticano, este martes, el Papa afirmó que “los dos santos patronos de Roma, a pesar de haber recibido de Dios carismas y misiones diversas que cumplir, son ambos fundamento de la Iglesia una, santa, católica y apostólica”.
Respecto a Simón Pedro, el Pontífice señaló que “está tan cerca del Señor como para convertirse él mismo en una roca de fe y de amor sobre la que Jesús ha edificado su Iglesia”
San Pablo, añadió, “con la Gracia divina ha difundido el Evangelio, sembrando la Palabra de verdad y de salvación en medio de los pueblos paganos”.
Citando a san Juan Crisóstomo, Benedicto XVI afirmó que Dios ha hecho a la Iglesia “más fuerte que el mismo cielo” y recordó que Cristo le dijo a san Pedro que lo que atara en la tierra quedará atado en los cielos y lo que desatara en la tierra quedará desatado en los cielos.
También subrayó que la Iglesia está “permanentemente abierta a la dinámica misionera y ecuménica, ya que es enviada al mundo a anunciar y testimoniar, actualizar y extender el misterio de comunión que la constituye”
En sus palabras, pronunciadas tras celebrar en la Basílica Vaticana, la misa de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo y entregar el palio a 39 arzobispos metropolitanos, explicó que el palio “simboliza tanto la comunión con el Obispo de Roma, como la misión de apacentar con amor a la única grey de Cristo”.
Finalmente, pidió que “el ejemplo de los Apóstoles Pedro y Pablo ilumine las mentes y encienda en los corazones de los creyentes el santo deseo de cumplir la voluntad de Dios, para que la Iglesia peregrina en la tierra sea siempre fiel a su Señor”. E invitó a los asistentes a dirigirse “con confianza a la Virgen María, Reina de los Apóstoles, que desde el Cielo guía y sostiene el camino del Pueblo de Dios”.
Tras rezar el Ángelus, el Papa saludó a los familiares y acompañantes de los arzobispos que acababan de recibir el palio y a los peregrinos en distintas lenguas. A los de lengua española les invitó a seguir el ejemplo de los santos Pedro y Pablo martirizados en Roma “para que, cada vez más unidos al Señor, sepáis dar en vuestra vida abundantes frutos de santidad y apostolado”.
Escritor del siglo II (140-202), Padre de la Iglesia, el teólogo más profundo e importante de su siglo
Su Vida
Nació cerca del año 140 y, según Eusebio (Historia Ecclesiastica, 5: PG 20,443) en su adolescencia fue oyente de San Policarpo, lo cual hace suponer su procedencia asiática y probablemente de Esmirna. Por esta misma razón, San Jerónimo no duda en llamarlo «hombre de los tiempos apostólicos» (Epist. 77: PL 22,687).
No se sabe el motivo por el que San Ireneo se encontraba en Roma a la muerte de San Policarpo (23 de febrero del 155), como tampoco se conoce la razón por la que abandona el Asia Menor y se traslada a las Galias. Es cierto que en tiempos de Antonino Pío (161-180) era presbítero de la iglesia de Lyon.
Una vez sacerdote, según Eusebio (o. c., PG 20,439), fue enviado por los confesores de aquella diócesis al papa Eleuterio (174-189) para que hiciese de mediador en una cuestión referente al montanismo. El aprecio hacia su persona y su rectitud doctrinal hace explicable el que a la muerte de Fotino, obispo de Lyon, sea nombrado su sucesor (Eusebio, o. c., PG 20,443). Su dignidad episcopal queda también confirmada por los testimonios de San Jerónimo (Epist. 77: PL 22,268) y de Sócrates (Hist. Eccle., 3: PG 67,391).
De su tarea como obispo, conocemos su papel pacificador en la controversia de la Pascua durante el pontificado del papa Víctor I (189-198), cuya intervención nada común también la insinúa Sócrates (o. c., 5:PG 67,627). Se ignora el año de su muerte (cerca del 202) y no parece ser cierto el hecho de su martirio, que según algunos (San Gregorio de Tours, Hist. Francorum, 1,27) ocurrió en la persecución de Septimio Severo. Celebra su fiesta el 28 de junio.
Sus obras
De su producción literaria también nos han llegado noticias a través de Eusebio y de Sócrates aunque solamente dos de sus escritos se nos han trasmitido completos.
La obra principal la escribió contra los gnósticos, cuyo título original griego "Elenjos kai anatrope tes pseudonímou gnóseos" (Demostración y refutación de la falsa gnosis) nos ha conservado Eusebio (o. c., 5: PG 20,446). Se le conoce comúnmente con el nombre de Adversus Haereses, y nos ha llegado no en la lengua original griega sino en una traducción latina muy literal.
Es una obra polémica, dividida en cinco libros. En el primero intenta descubrir como falsas las doctrinas de los herejes (Valentín, Basílides, Cerinto, Marción, Taciano, etc.); en el segundo, refuta con argumentos de razón dichas herejías; en el tercero prueba la misma suerte, pero apoyándose en la Sagrada Escritura; en el cuarto hace lo mismo pero con palabras del Señor, y en el quinto, que trata casi exclusivamente de la resurrección de la carne, ofrece idéntica perspectiva, pero partiendo de otras doctrinas del Señor así como de las epístolas apostólicas.
Se propone, en esta obra, desenmascarar a los herejes para que reconociendo sus errores se conviertan a la Iglesia de Dios a la vez que pretende confirmar la fe de los recién bautizados en la doctrina tradicional.
Su obra "Epídeixis tou apostolikou kerigmatos" (Demostración de la enseñanza apostólica) no es un libro polémico sino más bien apologético. Expone la predicación de la verdad y explana las pruebas de los dogmas divinos; es un precioso testimonio de la teología y de la doctrina del santo, al mismo tiempo que ofrece un sentido del cristianismo sencillo, seguro y profundo.
Además de las obras enumeradas, escribió el "Adversus Gentes" que se titula De scientia (Eusebio, o. c., P; 20,510). Contra los que adulteraban la ley precisa de la Iglesia, escribió diversas cartas: una, llamada "De schi;mate", a Blastus, que vivía en Roma y era favorecedor de innovaciones, y otra al presbítero romano Florino "Sobre la monarquía" o "Que Dios no es el autor del mal" (Eusebio, o. c., PG 20,483-486). Eusebio nos da también noúcia y conserva algún pasaje de la carta escrita al papa Víctor sobre la fecha de la Pascua (o. c., PG 20,499), afirmando que, sobre el particular, escribió también a otros muchos obispos.
Su Doctrina
a) Trinitaria:
El principio fontal del que se sirve para refutar los sistemas gnósticos es el de la unidad divina: un solo Dios, un solo Señor, un solo Creador, un solo Padre, sólo El contiene todas las cosas dando el ser a todas ellas. Teniendo en cuenta los presupuestos de la gnosis, identifica el Dios único y verdadero no sólo con el Creador del mundo, sino también con el Dios del Antiguo Testamento. El Padre es Señor y el Hijo es Señor.
El Padre es Dios y el Hijo es Dios, ya que el que ha nacido de Dios es Dios. Asimismo, por la esencia misma y la naturaleza de su ser, se demuestra que no existe más que un solo Dios, aunque en la economía de nuestra redención haya un Hijo y un Padre.
También afirma la divinidad del Espíritu Santo incluyéndolo en el rango de Dios y que Él mismo lo derrama sobre la humanidad por El adoptada. El Espíritu Santo es eterno y se adueña del hombre interior y exteriormente no abandonándolo jamás.
La historia de la humanidad creada y redimida, así como las palabras «hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra» de Gen 1,26 (que el Padre dirige al Hijo y al Espíritu Santo, según I.) prueban claramente la existencia del Padre, del Hijo y del Espíritu.
El Verbo, pues, es Hijo de Dios, Hijo único de Dios y su filiación no comienza con la concepción virginal sino que es eterno como el Verbo que preexiste desde siempre.
Por su parte el Espíritu Santo, que ha hablado por los profetas, que ha enseñado a nuestro padres las cosas divinas y que ha guiado a los justos por el camino de la justicia, es el que, llegada la plenitud de los tiempos, ha sido derramado de un modo nuevo sobre la humanidad, mientras que Dios renovaba al hombre sobre toda la tierra.
El Verbo es quien revela al Padre y el Espíritu Santo es el revelador del hijo.
b) Encarnación:
Contra la teoría de Valentín afirma que la carne y sangre de Cristo son tan reales y verdaderas que fue el antiguo plasma de Adán lo que Cristo recapituló en Sí mismo. De esta manera, resulta evidente que si la afirmación de los herejes fuese cierta, el Verbo de Dios no habría tomado la carne ya que el asumirla hubiera supuesto la carga de un elemento despreciable.
Pone un interés especial en probar la realidad de la Encarnación precisamente porque estriba en ella la posibilidad de salvación para la carne.
El hecho de que Cristo asumió una carne verdadera explicará el relato sobre la plasmación del hombre haciendo ver cómo Cristo es el ejemplar del hombre de Gen 2,7.
El que el Verbo aún no hubiese tomado carne acarreó dos efectos desastrosos para el hombre, es decir, olvidándose que había sido hecho a imagen de Aquel que aún no se había manifestado, perdió fácilmente dicha semejanza.
Es, pues, la Encarnación el postulado necesario para que la obra redentora tenga sentido, al mismo tiempo que Cristo hecho carne, sufriente, muerto y revivido apunta a la idea de hombre perfecto, idea ahora realizable, porque de un modo ejemplar se ha realizado ya en Cristo.
Por otra parte, Cristo hecho carne queda constituido, después de restituir su dignidad al hombre plasmado, en mediador entre Dios y los hombres renovando, mediante su obediencia, los vínculos de amistad entre las dos partes alejadas.
c) Hombre:
El hombre, hecho de la tierra, es una obra de Dios y las tres divinas Personas intervinieron en su creación con su característica personal. Correspondió al Padre dar la consistencia a la materia ex qua del futuro cuerpo humano; al Hijo, en cambio, configurando la materia según la forma del hombre, le corresponde el cuerpo, el plasma o carne; quien fue capaz de sanar al ciego con el polvo de la tierra hecho barro, fue también capaz de formar ojos y cuerpo con el mismo polvo árido de la tierra que pisamos.
Por eso corresponde al Hijo recapitular en Sí el antiguo plasma de Adán para que sin renunciar a él, sino sólo a sus concupiscencias, pueda el hombre hacerse espiritual y viviente.
Y, por último, corresponde al Espíritu Santo, vistiendo de semejanza interna el cuerpo de Adán, el individuo viviente, dotado de Espíritu de Dios y destinado a poseerle. Y llega a afirmar que la carne y sangre que no tienen el espíritu de Dios están muertos.
En cuanto a su constitución, enseña que el hombre está compuesto de cuerpo, alma y espíritu.
La carne es el elemento capaz de ser perfeccionado, mientras que el alma es un elemento intermedio que se elevará unas veces siguiendo las mociones de la parte espiritual del hombre, o se rebajará otras accediendo a las concupiscencias de la carne.
Si se toma la sustancia-carne, el plasma, e independientemente el espíritu, se tendrá el plasma por un lado y el espíritu por otro pero no resultará el hombre espiritual y perfecto hasta que el Espíritu de Dios, unido al espíritu del hombre, transforme el plasma.
Parece, pues, que son dos cosas totalmente distintas en San Ireneo el hombre perfecto y hombre espiritual y perfecto; hombre perfecto equivale a hombre acabado, íntegro, es decir, que tiene las partes esenciales que hacen que dicho ser sea un hombre y no otra cosa; en cambio, hombre espiritual y perfecto equivale a aquel que una vez constituido en sus partes integrantes -cuerpo, alma y espíritu-, se abre libremente para recibir el Espíritu de Dios.
Tanto el alma como el espíritu tienen asegurada la pervivencia por su misma naturaleza; la carne, en cambio, por configuración propia es perecedera y mortal. Pero Cristo, haciéndose hombre, asumió la carne específicamente igual que la de cualquier otro hombre y redimiéndole con ella y resucitando, aseguró a dicho elemento la perseverancia en su ser.
Y esto no por su propia sustancia, ni por unas fuerzas ocultas que el hombre pudiese despertar en determinado momento; el que la carne adquiera una perseverancia eterna se deberá únicamente a la intervención de Dios, que puede hacer inmortal a lo mortal y puede traspasar de incorruptibilidad a lo que por naturaleza es corruptible.
El Espíritu, absorbiendo a la carne en su debilidad, le comunica su fuerza y virtualidades. Lo débil ha sido asumido por el elemento más poderoso quedando la enfermedad de la carne desterrada por la fuerza del Espíritu; la incorruptibilidad, pues, consistirá en una transfiguración, en un paso de mortal a inmortal, de corruptible a incorruptible, no por su propia sustancia sino por la intervención de Dios.
d) Escatología:
Si era necesario que fuese asumido lo que había de ser redimido, el fin último de la Encarnación consiste en que el Verbo de Dios depare en los tiempos novísimos una morada apta a cada uno, dado que en este mundo muchos se ponen de parte de la luz y otros se separan de ella.
La obra recapituladora de Cristo aparece, pues, como la designación concreta de cada uno al lugar que le corresponde. Hasta tal punto es necesario un juicio que discrimine la actitud de los hombres, que si éste no se diese habría sido inútil el advenimiento de Cristo.
Si el Hijo ha venido igualmente para todos y el Padre ha hecho a todos de modo semejante dotándolos de recto juicio y de libertad en sus operaciones, es necesario que se declare mediante una acción judicial la sumisión o desacato de los hombres.
La comunión con Dios es vida, luz y participación de su gozo; en cambio, los que haciendo uso de su libertad rompen la comunión con Dios, se separan de Él y de todo lo que tal unión lleva consigo. Y dado que Dios es eterno, eterna será la participación en su gozo y eterna la duración de los sufrimientos. El juicio supone que la obra comenzada en la Encarnación ha quedado consumada.
Y del mismo modo que existe la comunión con Dios que asegura la comunión en su eterna gloria, existe también la comunión con el diablo. Él recapitulará toda maldad, de modo que los que le están unidos por el lazo de la injusticia y de la impiedad participarán siempre con él en la maldición del fuego sin fin.
e) Iglesia:
Sus ideas en torno a la Iglesia pueden ser agrupadas en los apartados siguientes:
1. Cristo Cabeza de la Iglesia atrae a Sí todas las cosas a su debido tiempo continuando, mediante ésta, la obra de renovación hasta el fin de los tiempos.
2. A diferencia de los gnósticos, que no tienen un cuerpo de doctrina uniforme y armónico, la Iglesia, extendida por todo el mundo, guarda celosamente la fe recibida de los Apóstoles y de sus discípulos como si estuviera toda reunida en una sola casa y cree todo como si no tuviera más que una sola mente y un solo corazón y su predicación y tradición es conforme a esta fe, como si no tuviera más que una sola boca.
3. Así como la gnosis está reservada a pocos, la Iglesia, en cambio, esparcida por la tierra abarca a los hombres de todos los tiempos; y aunque haya muchas lenguas en el mundo, la fuerza de la fe y de la tradición es en todas partes la misma.
4. Solamente los Apóstoles y sus sucesores han recibido del Padre el don seguro de la verdad, carisma, por tanto, que falta a los herejes puesto que no son sucesores de los Apóstoles.
f) Primado de la Iglesia romana:
El texto que dice relación al Primado es el siguiente:
«Ad hanc enim ecclesiam propter potentiorem principalitatem necesse est omnem convenire ecclesiam, hoc est, omnes qui sunt undique fideles, in qua semper ab his qui sunt un ¡que, conservada est ea quae est ab apostolis traditio»; porque, a causa de su principalidad, es preciso que concuerden con esta Iglesia todas las iglesias, es decir, los fieles que están en todas partes, ya que en ella se ha conservado siempre la tradición apostólica por los fieles que son en todas partes (Adv. Haereses, III,3,2).
En el contexto trata San Ireneo sobre la Iglesia romana y demuestra que la tradición que ésta ha recibido de los Apóstoles y la fe que ha anunciado a los hombres han llegado hasta nosotros por sucesiones de obispos.
Diversos son los significados que los autores estudiosos de dicho texto han atribuido a la palabra principalitatem:
1) El de origen apostólico. Entonces, según esta interpretación, el texto sería propter potentiorem apostolicitatem, lo cual, se puede afirmar, incluye grados en la apostolicidad, a no ser que se conceda un ius speciale a San Pedro como cabeza. Abundando más, se prueba históricamente que la apostolicitas no libera a las otras iglesias del error, como sucedió con la de Corinto, la cual, gracias a Clemente Romano, fue traída de nuevo a la fe.
2) El de origen o principio. Si se entiende dicho origen o principio por apostolicidad, en tal caso, presenta los mismos defectos que la sentencia anterior; por el contrario, si se ha de entender cronológicamente, resulta que la Iglesia de Antioquía y, sobre todo, la de Jerusalén son anteriores a la de Roma.
3) Y por último, el de autoridad, sentencia más común entre los autores católicos.
También han sido muchas las soluciones sobre el significado del fideles de la frase ab his qui sunt undique. Esperamos el estudio prometido por A. M. Javierre en el que prueba que fideles equivale a episcopi. Por consiguiente, para tener seguridad sobre la ortodoxia de una doctrina, basta recurrir a la Iglesia de Roma con la que, por su primado de magisterio, deben estar concordes en la doctrina los obispos de todo el mundo.
g) Mariología.
Es el teólogo por excelencia del tema María Nueva Eva. La obra de la redención sigue, en el obispo de Lyon, las mismas etapas de la caída del hombre y, por consiguiente, la antítesis Eva-María no es más que un aspecto o un momento de la recapitulación.
Según L. Ciguelli (María Nuova Eva nella patristica greca, Asís 1966, 33. 1) subraya los siguientes puntos:
Eva es una virgen caducada, seducida por el ángel rebelde, desobediente, que causa por sí misma la muerte, virgen condenada, causa de muerte para todo el género humano, que engendra en la corrupción y en el dolor; María, en cambio, es virgen que recapitula a Eva, evangelizada por el ángel fiel, obediente, que causa por sí misma la salvación, virgen abogada de Eva, causa de salvación para todo el género humano, que engendra sin corrupción y sin dolor.
Cristo abrió con toda pureza el seno puro que regenera a los hombres en Dios.
J. IBÁÑEZ IBÁÑEZ. (G.E.R.)
BIBL.: Ediciones: R. MASSUET, París 1710 (reproducido en PG 7); W. W. HARVEY, Sancti Irenaei ep. Lugdunensis libros quinque adversus haereses, Cambridge 1949; F. SAGNARD, Irénée de Lyon: Contre les Hérésies. Livre 111, en Sources Chrétiennes 34, París 1952; A. ROUSSEAU, Irénée de Lyon: Contre les Hérésies. Livre IV, en Sources Chrétiennes 100, París 1965.
LO QUE SABEMOS SOBRE HIPATIA DE ALEJANDRÍA
MATEMÁTICA Y FILÓSOFA
ASESINADA EN MARZO DEL 415
DATOS QUE PARECEN MÁS SEGUROS
Hipatia significa "La más grande".
No se sabe exáctamente cuándo nació, pero sí que murió en marzo del año 415, en Alejandría.
Era miembro de una familia destacada. Su padre, Teón, fue un científico conocido, miembro del Museo, escritor, interesado en textos herméticos y órficos. Tenía una gran erudición matemática y astronómica, especialmente sobre sus predecesores alejandrinos, y contagió a su hija el interés por esas cuestiones.
El otro gran interés de Hipatia fue la filosofía. A propósito de esto, formó un grupo (integrado por personas de buenas familias) que basaba su convivencia en el sistema platónico de las ideas y en lazos interpersonales. Esta comunidad presenta rasgos de influencia gnóstica: por ejemplo, hablan de misterios para denominar los conocimientos que les transmite su “guía divina”, y creen que las personas de rango social inferior son incapaces de comprender estas cuestiones.
Gozaba de gran autoridad moral entre sus contemporáneos, que admiraban especialmente su autodominio, manifestado en la abstinencia sexual (se mantuvo virgen toda su vida), la modestia en el vestir (se cubría con el llamado “manto filosófico”) y, en general, la moderación en el modo de vida.
No practicaba activamente el paganismo, ni le atraía el politeísmo; simplemente lo consideraba un elemento más de la cultura griega que tanto admiraba. Es decir, su platonismo no incluía la celebración de rituales, magia o adivinación. De hecho, entre sus discípulos había cristianos y personas que simpatizan con el cristianismo (dos de ellos llegaron a ser consagrados obispos, como Sinesio de Cirene). Hipatia protegía a sus alumnos cristianos y había amistad entre éstos y sus compañeros paganos.
Se produjo un desencuentro entre el prefecto de la ciudad, Orestes, y el obispo Cirilo, por las injerencias de éste último en cuestiones civiles y los enfrentamientos entre judíos y cristianos (aunque hay que recordar que Orestes era cristiano, como correspondía en esa época a un representante del emperador). Hipatia se puso del lado de Orestes y recordó a Cirilo el ejemplo de su antecesor, Teófilo, que, a pesar de ambición y su campaña contra el paganismo, no era dictador y buscaba y conseguía el apoyo de las autoridades imperiales: había colaboración armoniosa entre autoridades civiles y eclesiásticas.De hecho, ella siempre se había relacionado libremente con las autoridades municipales y nunca nadie la había molestado; podía manifestar su independencia política en lugares públicos sin problema, y la gente sabía que los gobernantes buscaban sus consejos. Ahora, en cambio, empieza a haber rumores de que ella es la causa de que obispo y prefecto no se reconcilien, que se acentúan cuando Orestes se muestra intransigente a una reconciliación con Cirilo. Además, empiezan a circular otros rumores calumniosos sobre Hipatia y su relación con supuestas ceremonias mágicas, hechizos satánicos, etc.
Años 414-415: Hipatia pasa de observadora a participante activa en política, ayudando a Orestes a crear una especie de partido político; en respuesta, surge otro que apoya a Cirilo. Los partidarios de éste último se hallan preocupados por la influencia de Hipatia y las relaciones influyentes que posee (entre ellas, algunos cristianos).
Marzo de 415: en plena Cuaresma, una multitud, al mando de un tal Pedro, se abalanza sobre la litera de la filósofa cuando ésta volvía a casa tras un paseo por la ciudad. La golpean y la arrastran hasta el Cesarión, un antiguo templo de culto al emperador transformado en iglesia, donde la golpean de nuevo con tejas; a continuación, llevan sus restos hasta el Cinareo, donde los queman.
El de Hipatia parece más un asesinato político, no religioso, provocado por viejos conflictos. Tras este hecho, Orestes renunció a la lucha y se fue de Alejandría para siempre, de modo que las únicas protestas que hubo, más bien tímidas, vinieron de los concejales. Finalmente la ciudad se pacificó.
DATOS PROBABLES
Existen divergencias entre los expertos sobre la fecha de nacimiento de Hipatia. Las propuestas oscilan entre el 355 y el 370 d.C., aunque la primera resulta más verosímil; en otras palabras, es bastante probable que la filósofa alejandrina rondara los 60 años cuando fue asesinada.
El carácter exaltado de los alejandrinos pudo influir decisivamente en el lamentable episodio de la muerte de la filósofa. Dicho carácter se muestra en el hecho de que en aquella época hubo otros crueles asesinatos, como los de dos obispos impuestos a los alejandrinos por la corte imperial de Constantinopla: Jorge de Capadocia, que en el año 361 fue atado a un camello, despedazado y sus restos quemados; y Proterio, que en el 457 fue arrastrado por las calles y arrojado al fuego. Igualmente, pocos años después del asesinato de Hipatia, en el 422, el prefecto imperial fue muerto en un tumulto. De hecho, el propio obispo Cirilo reprochó al pueblo su carácter levantisco y pendenciero, en su homilía pascual del año 419.
DATOS HIPOTÉTICOS
Algunos creen que pudo estar casada con un tal Isidoro, aunque no hay datos que lo demuestren y, a la luz de lo que sabemos, resulta bastante improbable.
Tampoco está claro que el asesinato de la filósofa se produjera por orden del obispo Cirilo, aunque algunas fuentes parecen acusarlo indirectamente de ello.
Es posible que la actividad política de Hipatia estuviera apoyada por los judíos de la ciudad, puesto que Orestes apoyaba a su vez la resistencia de éstos contra el obispo.
BIBLIOGRAFÍA:
- Dzielska, María, Hipatia de Alejandría, Ediciones Siruela, Madrid, 2004 (2ª edición: 2006).
- Sinesio de Cirene, Cartas, Introducción, traducción y notas de F. A. García Romero, Editorial Gredos, 1995. - Sócrates Escolástico (Sócrates de Constantinopla), Historia ecclesiastica, libro VII, capítulos 13 a 15. - Juan Malalas, Chronographia, capítulo 14
Resumen de un artículo de Jerónimo Leal sobre el término "Primeros Cristianos"
Después de un detallado recorrido histórico en el que examina el uso en los santos Padres y en la teología de la expresión "Primeros Cristianos”, Jerónimo Leal concluye que la originalidad de San Josemaría reside en reconocerles como un modelo vivo y actual.
"Los primeros cristianos no son algo que pasó, -señala Leal- sino una situación que espiritualmente puede repetirse en cualquier cristiano: basta que se encuentre anímicamente cerca de Cristo. Pero esta originalidad lo es también respecto a los demás autores espirituales: ninguno —que nosotros hayamos podido comprobar— ha visto en los primeros cristianos un modelo vivo".
Importancia de la expresión y de su contenido
La expresión "primeros cristianos" aparece en las obras publicadas de San Josemaría un considerable número de veces, sobre todo si lo comparamos con otros escritos contemporáneos, o incluso más recientes. Por poner un ejemplo que ilustrará esto que acabamos de decir, el Catecismo de la Iglesia Católica, que bebe como en su fuente de los textos del Concilio Vaticano II, sólo se encuentra una vez la expresión, en el número 1329,2; al hablar de la Fracción del pan se indica que con esta expresión los primeros cristianos designaron sus asambleas eucarísticas. (Catecismo de la Iglesia Católica n. 760,1)
Si nos retrotraemos todavía un poco más en el tiempo y consideramos la producción de algunos grandes autores espirituales, se evidencia una absoluta despreocupación por el tema. No se menciona nunca en San Juan de la Cruz, nunca en Santa Teresa de Jesús, una sola vez aparece la expresión en Santa Teresa de Lisieux, para desear el mismo martirio que obtuvieron como gracia algunos primeros cristianos.
Patrística
Como es sabido, el término "cristianos" aparece por primera vez en los Hechos de los Apóstoles, en la narración en que se explica que los habitantes de Antioquía, probablemente paganos, dieron este nombre a los seguidores de Cristo. El nombre, aunque impuesto por personas ajenas a la doctrina, es el que después triunfó en la designación de los discípulos de Cristo. Con anterioridad a este nombre existieron otros que no han gozado tanto del favor de la historia.
Será San Ignacio de Antioquía quien nos proporcione el segundo testimonio del empleo de este nombre, que, como es lógico, no constituye todavía un término técnico. Es San Agustín quien por primera vez emplea la expresión.
El sintagma "primeros cristianos" se encuentra empleado por el obispo de Hipona en tres ocasiones. Una primera observación que se debe hacer inmediatamente es que la comparación agustiniana entre primeros cristianos y nosotros, establece una fuerte diferencia entre el cristiano del quinto siglo,contemporáneo del norteafricano, y una época anterior, que se juzga ya como pasada y de algún modo irrepetible en la situación actual.
San Agustín, aunque a nosotros nos pudiera parecer otra cosa, ya no se considera entre los primeros cristianos. Para San Agustín, los "primeros cristianos" son los seguidores de Jesucristo, contemporáneos de los Apóstoles, gente de toda condición social, excluidos los Apóstoles, que no entran en la categoría de primeros cristianos por formar un grupo aparte por encima de ellos. San Agustín es un caso aislado en la época patrística –casi el único a predicar sobre los primeros cristianos- y a la vez roca firme sobre la que apoyan los autores sucesivos.
"Los primeros cristianos" en San Josemaría
Vimos, al comenzar, el gran número de veces que San Josemaría utiliza la expresión. Sólo de este hecho ya se desprende la importancia que da a su contenido. Nuestra investigación se limita a los escritos publicados, en los que la frecuencia de la expresión es de diecisiete ocasiones, sin contar los términos sinónimos que ahora no nos interesan tanto (cfr. Forja 10, Camino, 469).
«Como los religiosos observantes tienen afán por saber de qué manera vivían los primeros de su orden o congregación, para acomodarse ellos a aquella conducta, así tú —caballero cristiano— procura conocer e imitar la vida de los discípulos de Jesús, que trataron a Pedro y a Pablo y a Juan, y casi fueron testigos de la Muerte y Resurrección del Maestro» (Camino, 925).
Más que el número de veces que emplea la expresión, sorprenden otros dos hechos. Primero, que está diseminada a de lo largo de toda la obra: no hay un sólo libro en que no se encuentre referencia al tema. En segundo lugar, el relieve dado a la expresión, por ejemplo cuando afirmaba en una entrevista concedida en 1967 a un corresponsal de “Time”:
«Si se quiere buscar alguna comparación, la manera más fácil de entender el Opus Dei es pensar en la vida de los primeros cristianos. Ellos vivían a fondo su vocación cristiana; buscaban seriamente la perfección a la que estaban llamados por el hecho, sencillo y sublime del Bautismo. No se distinguían exteriormente de los demás ciudadanos. Los miembros del Opus Dei son personas comunes; desarrollan un trabajo corriente; viven en medio del mundo como lo que son: ciudadanos cristianos que quieren responder cumplidamente a las exigencias de su fe» (Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, 24, 7).
La comparación delimita claramente la noción de primeros cristianos y pensamos que este texto debe considerarse la base para cualquier otra afirmación que quiera hacerse acerca del tema en San Josemaría. Las referencias a los primeros cristianos en las obras del fundador del Opus Dei como contemporáneos de los Apóstoles son las más frecuentes, por ejemplo en el siguiente texto:
«En la Iglesia existe esa radical unidad fundamental, que enseñaba ya san Pablo a los primeros cristianos: Quicumque enim in Christo baptizati estis, Christum induistis. Non est Iudaeus, neque Graecus: non est servus, neque liber: non est masculus, neque femina; ya no hay distinción de judío, ni griego; ni de siervo, ni libre; ni tampoco de hombre, ni mujer» (Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, 14, 2).
De todas formas, no faltan textos en los que se amplía el lapso temporal:
«Qué bien pusieron en práctica los primeros cristianos esta caridad ardiente, que sobresalía con exceso más allá de las cimas de la simple solidaridad humana o de la benignidad de carácter. Se amaban entre sí, dulce y fuertemente, desde el Corazón de Cristo. Un escritor del siglo II, Tertuliano, nos ha transmitido el comentario de los paganos, conmovidos al contemplar el portede los fíeles de entonces, tan lleno de atractivo sobrenatural y humano: mirad como se aman (Tertuliano, Apologeticum, 39), repetían» (Amigos de Dios, 225,2).
Toca ahora analizar la calificación de los primeros cristianos. Concretamente nos preguntamos si son personajes comunes sólo, o también el grupo de los doce. Como ya hemos visto en la entrevista de Time, son personas comunes que no se distinguen en nada de sus conciudadanos. «Para seguir las huellas de Cristo, el apóstol de hoy no viene a reformar nada, ni mucho menos a desentenderse de la realidad histórica que le rodea... –Le basta actuar como los primeros cristianos, vivificando el ambiente» (Surco, 320).
Con San Agustín vimos que se excluían los Apóstoles. San Josemaría no dice expresamente nunca que se excluyan los Apóstoles, pero parece desprenderse del contexto general de las afirmaciones que el modelo que se propone no es exclusivamente el de los doce, sino también el de otras muchas personas que han actuado como "apóstoles" sin ser "los Apóstoles". Esto que acabamos de afirmar se ve claramente en el siguiente texto:
«Por eso, quizá no puede proponerse a los esposos cristianos mejor modelo que el de las familias de los tiempos apostólicos: el centurión Cornelio, que fue dócil a la voluntad de Dios y en cuya casa se consumó la apertura de la Iglesia a los gentiles; Aquila y Priscila, que difundieron el cristianismo en Corinto y en Éfeso y que colaboraron en el apostolado de san Pablo; Tabita, que con su caridad asistió a los necesitados de Joppe. Y tantos otros hogares de judíos y de gentiles, de griegos y de romanos, en los que prendió la predicación de los primeros discípulos del Señor». (Es Cristo que pasa, 30, 4)
La originalidad de San Josemaría con respecto a San Agustín es la capacidad de sentirse en esa situación viva: los primeros cristianos no son algo que pasó, sino una situación que espiritualmente puede repetirse en cualquier cristiano: basta que se encuentre anímicamente cerca de Cristo. Pero esta originalidad lo es también respecto a los demás autores espirituales: ninguno —que nosotros hayamos podido comprobar— ha visto en los primeros cristianos un modelo vivo.
Por eso, con respecto a la particularidad del uso por San Josemaría, se ha de decir que no ha acuñado una nueva expresión, pues ya existía —como hemos visto— desde San Agustín, pero le añade algunos matices que la hacen en cierta manera nueva. No es simplemente una categoría histórica sino que, sin dejar de serlo, entra de lleno en la reflexión teológica y, concretamente, espiritual.
Por eso la característica que añade San Josemaría es la nota teológico-espiritual: no se trata de una mera referencia a la situación histórica de los comienzos de la cristiandad, ni un mero buen ejemplo a seguir. Incluye la sintonía interior con una situación de proximidad a los primeros pasos de la vida de la Iglesia y se identifica la situación histórica personal con una situación histórica colectiva.
«Experimentaremos el pasmo de los primeros discípulos al contemplar las primicias de los milagros que se obraban por sus manos en nombre de Cristo, pudiendo decir conellos: “¡Influimos tanto en el ambiente!”» (Camino 376).
En conclusión, desde el punto de vista histórico, como objetivo personal y reto para los estudiosos de la antigüedad, nos proponemos la dedicación a los estudios sobre el cristianismo primitivo, que en nuestra opinión deben multiplicarse, con la finalidad de conocer a fondo la vida de los primeros cristianos, profundizando así en las enseñanzas de San Josemaría.
Jerónimo Leal
Profesor de Patrología e Historia de la Iglesia Antigua
Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz
Artículo publicado en el número 16 de Annales Theologici,
Revista de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz
Pablo - De Atenas a Corinto, pasando por Antioquía y Éfeso
San Pablo pasó tiempo en la mayoría de las ciudades que conformaban el mundo conocido durante su tiempo
Según está escrito en Hechos (22:21), Pablo fue el misionero designado por Dios para difundir el Evangelio a través de lo que en aquel tiempo era considerado el “mundo entero”.
Aún está por completarse el mapa que recoja todos los viajes realizados por san Pablo en su vida. Sin embargo, lo que sí sabemos con seguridad es que Pablo, que antes de convertirse al cristianismo era llamado por su nombre judío Saulo de Tarso, pasó unos 30 años navegando por la cuenca del Mediterráneo y visitando las que se consideraban las principales ciudades de su época.
Las fuentes discrepan sobre la lista exacta de lugares que Pablo visitó durante su vida, pero lo que es seguro es que, durante los tres viajes descritos en Hechos 13-14, Hechos 15-17 y Hechos 18-20, visitó muchas ciudades históricas que son consideradas la columna vertebral de la civilización occidental. De Atenas a Corinto, pasando por Antioquía y Éfeso, aquí hay un resumen de los viajes de Pablo, incluyendo indicaciones de dónde están esos lugares en el mapa de hoy.
Primer viaje
El que se considera como “primer viaje” de Pablo comenzó en el año 45 y terminó en el 49. Junto con Bernabé, un judío chipriota convertido al cristianismo, Pablo viajó a través de la isla de Chipre, la patria de Bernabé, predicando el Evangelio en varias sinagogas. Luego zarparon de Pafos, en la costa suroeste de Chipre, y llegaron al puerto de Perga, en Anatolia, la actual Turquía.
La antigua ciudad de Perge, que data de alrededor del año 1000 a. C., en lo que hoy es Turquía.
Desde Perga llegaron finalmente a Antioquía de Pisidia, donde Pablo comenzó a difundir la palabra entre la comunidad judía local. Inicialmente, su mensaje fue muy bien recibido, lo que se concretó en una invitación a hablar durante el sabbat (el día santo para los creyentes judíos), pero parte de la comunidad pronto sintió envidia de la fuerte popularidad de que gozaba un predicador extranjero y terminaron expulsando a Pablo de la ciudad.
Pablo y Bernabé partieron entonces hacia Konya, una ciudad al sur de Ankara, en la actual Turquía, pero se vieron obligados a partir de nuevo, esta vez hacia la cercana ciudad de Listra. Aquí Pablo sanó a un enfermo y la comunidad pagana local comenzó a creer que había sido enviado por Dios.
Sin embargo, muy pronto, las mismas personas que se enfrentaron a él en Konya llegaron a Listra e instigaron a un grupo de lugareños a apedrear a Pablo, obligándolo a huir. Luego llegó a la ciudad de Derbe, también en la actual Turquía, y desde allí de vuelta a Listra, Konya y finalmente Antioquía de Siria en el Orontes, una ciudad de la antigua Siria ahora en la actual Turquía, desde donde se originó su viaje. Aquí Pablo informa de que, a través de su mensaje, muchos paganos conocieron la palabra de Dios.
Segundo viaje
El segundo viaje de Pablo comenzó en el año 49 y terminó en el 52. Esta vez, Pablo se puso en camino para revisar las primeras comunidades cristianas que ayudó a fundar durante su primer viaje.
Le acompañaban Silas, un miembro destacado de la primera comunidad cristiana, y Timoteo, el hijo de un griego que era un compañero estimado de Pablo. El grupo se dirigió a Listra, luego a través de Frigia, un antiguo reino en el río Sangarios en la actual Turquía; luego a Galacia, un área en las tierras altas del centro de Anatolia, también en la actual Turquía, que fue habitada por el pueblo galo del período helenístico, y finalmente a Troad, una ciudad en el noroeste de Anatolia, en la actual Turquía.
Aquí Pablo tuvo una visión de un hombre pidiéndole que llevara el Evangelio a Macedonia, así que luego partió para llegar al continente europeo por primera vez. A través de Samotracia, una isla griega en el norte del mar Egeo, y Neápolis, conocida hoy como la ciudad griega de Kavala, llegaron a Filipos, una ciudad romana en el primer distrito de Macedonia, que hoy en día es uno de los lugares Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO en Grecia.
San Pablo llegó a la antigua ciudad de Filipos, en la provincia griega de Macedonia.
Hoy en día es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.
Aquí Pablo disfrutó de la hospitalidad de Lidia, una mujer que trabajaba como comerciante de telas púrpuras, de la ciudad de Tiatira. No obstante, un grupo de hostiles locales no tardó en presionar a las autoridades para que arrestaran a Pablo y a sus compañeros. Sin embargo, gracias a un terremoto providencial, el grupo logró escapar de la cárcel de Filipos.
Al final, los magistrados locales se enteraron de que Pablo y sus compañeros de viaje eran ciudadanos romanos y los dejaron oficialmente libres. La comunidad de filipenses pronto creció hasta convertirse en un importante centro cristiano, al cual Pablo más tarde dirigió la Carta de Pablo a los Filipenses.
Después de Filipos, el grupo llegó a Tesalónica, en la actual Grecia septentrional, donde fueron recibidos por Jasón, un judío que se había convertido al cristianismo. Aquí Pablo realizó muchas conversiones, pero se vio rápidamente forzado a irse después de que un grupo de judíos locales denunciara sus actividades de evangelización a las autoridades paganas locales.
Entonces partieron hacia Berea, una importante ciudad portuaria de Macedonia, ahora conocida como Veria, en Macedonia, en el norte de Grecia, pero el mismo grupo que los echó de Tesalónica pronto los alcanzó y los obligó a dejar también Berea.
El grupo volvió a los caminos y llegó hasta Atenas, que había sido gravemente dañada por los ataques romanos en el año 146 a. C., pero que aún era considerada la capital de la filosofía y el conocimiento de lo que entonces era el mundo conocido. Aquí Pablo conversó con muchos intelectuales públicos tanto en sinagogas como en plazas públicas y fue invitado a dar un discurso a los ciudadanos atenienses desde el Areópago, una colina de mármol justo encima de la Acrópolis. Según Lucas (Hch 17,11-33) es aquí donde Pablo pronunció su famoso discurso sobre “un Dios Desconocido” a los pensadores paganos de Atenas.
La Acrópolis de Atenas, donde se le pidió a san Pablo que diera un discurso sobre el “Dios Desconocido”
De Atenas, Pablo se dirigió a Corinto, capital de la provincia romana de Acaya en el actual centro-sur de Grecia. Aquí se alojó con el matrimonio cristiano de Priscila y Aquila, que habían sido exiliados por el emperador romano Claudio en el 49-50.
En Corinto, Pablo participó en prolíficos discursos que originaron muchas conversiones, pero fue víctima de la hostilidad de grupos de judíos locales. No obstante, el procónsul romano Galio adoptó una postura neutral con respecto a la misión religiosa de Pablo y decidió dejarlo libre.
Junto con Priscila y Aquila, Pablo zarpó hacia Siria, llegó a Éfeso y desde aquí a Cesarea, en el actual centro-norte de Israel para, finalmente, regresar a Antioquía.
Tercer viaje
El tercer viaje de Pablo tuvo lugar entre los años 52 y 57. Primero regresó a Galacia y Frigia para echar un vistazo a las comunidades que ayudó a establecer durante sus viajes anteriores. Luego zarpó hacia Éfeso, una antigua ciudad griega en la actual Turquía, que en ese momento era la capital de la provincia romana de Asia y hogar del famoso templo de Artemisa-Diana, considerado una de las siete maravillas del mundo.
Aquí Pablo bautizó a 12 discípulos que habían recibido previamente un bautismo penitencial por Juan el Bautista y, junto con sus compañeros, ayudó a evangelizar a casi todos los habitantes locales.
Una reconstrucción del Templo de Artemisa, en Éfeso, una ciudad de la actual Turquía.
Después de un descanso invernal en Corinto, Pablo regresó a Éfeso, pero la hostilidad de los judíos locales lo obligó a partir hacia Antioquía, Siria. Desde aquí partió hacia otras ciudades griegas, incluyendo las islas de Lesbos y Samos, y llegó a Mileto, en la actual Turquía.
Aquí pronunció su famoso discurso dedicado a los “presbíteros de la Iglesia de Éfeso”, en el que recomendó que los líderes de las comunidades que él ayudó a fundar asumieran su misión y preservaran los valores de vigilancia, desinterés y caridad.
En el año 58, Pablo decidió dirigirse a Jerusalén, así que emprendió un arduo viaje por mar con paradas en un nuevo puerto casi todos los días, incluyendo las islas de Kos y Rodas en la Grecia de hoy en día. Finalmente llegó a Jerusalén, donde se quedó con Mnasón de Chipre, una de las personas a las que ayudó a convertir en uno de sus primeros viajes.
Luego Pablo visitó a Santiago, quien le aconsejó que hablara con los judíos más tradicionalistas del Templo. Aquí Pablo fue reconocido por los judíos de las provincias asiáticas y, una vez más, fue recibido con hostilidad.
Claudio Lisias, el tribuno romano local, intervino y encarceló a Pablo antes de saber que era ciudadano romano. Aquí comenzó lo que muchos llaman la “Pasión de Pablo”, en la que la dedicación de san Pablo a su misión evangelizadora lo llevó a ser arrestado, golpeado, torturado y finalmente asesinado en Roma por orden del emperador Nerón entre los años 62-64.
Azote intelectual de la Reforma, fue decapitado por oponerse al matrimonio de Enrique VIII con Ana Bolena, que acabó con el cisma de la Iglesia de Inglaterra
Los antecedentes
Apasionado por las letras y la política, formado en estudios jurídicos en Oxford y Londres y con una vocación religiosa cultivada al amparo del cardenal John Morton, arzobispo de Canterbury, Tomás Moro pronto se vio llamado a ser el gran referente británico del humanismo del siglo XVI. Sobre todo, cuando la publicación y difusión por toda Europa de su obra poética y, especialmente, de su ensayo Utopía (1516) lo convirtió en una reconocida figura.
Miembro del cuerpo jurídico, integrante del Parlamento de Londres, portavoz de la Cámara de los Comunes y embajador en los Países Bajos, donde estableció una duradera amistad con Erasmo de Rotterdam, Moro se ganó el afecto del rey Enrique VIII,quien le otorgó el título de caballero y otros beneficios académicos por su destacada producción literaria contra la Reforma luterana. Incluso contribuyó a la redacción de Defensa de los siete sacramentos, un texto firmado por el propio monarca.
Su reconocimiento y rectitud le llevaron en 1529 a ser designado por el rey gran canciller en sustitución del cardenal Thomas Wolsey, al tratarse de un cargo tradicionalmente ocupado por religiosos. Moro aceptó, aún a sabiendas que su primer cometido no iba a ser otro que tratar con los tribunales eclesiásticos la anulación del matrimonio de Enrique VIII con Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos.
El propio rey era conocedor del rechazo de su súbdito a lo que la Iglesia inglesa consideraba un atentado a un santo sacramento por la simple voluntad del monarca de formalizar su relación con su amante, Ana Bolena, pero también sabía que sólo un hombre como Moro, azote intelectual de la herejía luterana, podía conseguir la anulación matrimonial.
No fue el caso. Tomás Moro se opuso desde el primer momento a los deseos reales y rechazó firmar una carta en la que destacados nobles y prelados solicitaban al pontífice la anulación del matrimonio.
Ante la negativa del papa Clemente VII en un momento en el que España y el Sacro Imperio Romano Germánico suponían una amenaza mucho más real que Inglaterra, Enrique VIII encontró en el trono terrenal del papa el argumento perfecto para negarle la obligada obediencia de la Iglesia inglesa.
Así fue como instó a todo el clero de Inglaterra y Gales a someterse al poder de su monarca, quien desde ese instante se convertía en el principal referente de la Iglesia de Cristo en Inglaterra en comunión con el arzobispo de Canterbury. Su nuevo titular, Thomas Cramner, dictó la sentencia de nulidad matrimonial que pretendía el rey y dio acta de validez eclesiástica al matrimonio entre Enrique VIII y Ana Bolena, que se convirtió en reina de Inglaterra en 1533.
Antes de eso, Moro renunció a su cargo de canciller y en 1534 se negó a firmar la denominada Acta de Supremacía, que suponía el rechazo a la supremacía papal. El Acta, sin embargo, establecía el delito de quienes no la aceptaran y el 17 de abril de ese mismo año el humanista fue encarcelado en la Torre de Londres.
El juicio
Acusado de traición, Tomás Moro tuvo que esperar más de un año en prisión antes de su procesamiento a que se resolviesen otras denuncias contra él. Entre ellas, la presentada por el propio padre de Ana Bolena por lo que en la tradición jurídica romana se conocería como cohecho.
El hecho denunciado fue que el acusado habría recibido una copa de oro por haber decidido en un juicio a favor del encausado, aunque se determinó que Moro devolvió el regalo tras aceptar hacer un brindis.
También fue acusado de haber escrito y publicado contra el rey y de haber difundido los mensajes de una monja de Kent que dijo haber recibido mensajes divinos que aseguraban que el rey de Inglaterra dejaría de serlo si desposaba a Ana Bolena. Moro pudo probar documentalmente la falsedad de ambas acusaciones.
Procesado finalmente por traición junto al cardenal Juan Fisher, obispo de Rochester, quien también rechazó la anulación matrimonial y acatar el Acta de Supremacía, Moro fue juzgado por el Parlamento, que condenó a ambos a cadena perpetua y usurpación de todos sus bienes.
Sin embargo, el propio Enrique VIII instó al Tribunal Supremo Real a que procesara al condenado por el delito alta traición recogido en la ley de traiciones aprobada tras la ruptura de Londres y Roma y penado en este caso con la muerte.
“Encuentro de Tomás Moro con su hija tras su sentencia de muerte”, William F. Yeames (1872) Dominio público
Para ello, los jueces instructores de Westminster se basaron en el testimonio de Richard Rich, fiscal general del Reino, quien aseguró haber hablado con Moro y haber recibido de él mensajes condenatorios. Otros dos testigos presentes en la supuesta conversación, sin embargo, no testificaron en la causa.
Los cargos contra el acusado se basaron en la presunta negativa del acusado de reconocer al rey como cabeza de la Iglesia de Inglaterra y conspiración con Juan Fisher. El procedimiento del alto tribunal impedía al acusado tener abogado defensor ni presentar pruebas o testigos a su favor.
En la vista, Tomás Moro rechazó una vez más a aceptar el Acta de Supremacía, apelando a que ya se le había juzgado y sentenciado por ello. Asimismo negó haber pronunciado declaración alguna contra el matrimonio de Enrique VIII y Ana Bolena. Rechazó también una conspiración con el cardenal Fisher que no pudo ser probada por el tribunal.
Los jueces, sin embargo, dieron plena validez al testimonio de Rich al estar así dispuesto en el procedimiento procesal.
En su defensa, Moro aseguró que “de la misma forma en que un niño no podría rechazar la obediencia a su padre, tampoco el Reino de Inglaterra podría rechazar su obediencia a la autoridad de Roma, y la Iglesia es una sola, íntegra e indivisa en toda la cristiandad”. “Vosotros no tenéis autoridad, sin el consentimiento de los otros cristianos, para aprobar una ley o declaración parlamentaria contra dicha unión”, concluyó.
El fallo
El jurado –compuesto por 12 miembros entre los que figuraban Thomas Cromwell, secretario de Estado y máxima autoridad de Asuntos Espirituales, y un cuñado del rey– se retiró a deliberar por un período de apenas 15 minutos volvió a la sala y dictó sentencia: Tomás Moro era culpable de alta traición por haberse referido maliciosamente a la autoridad del rey sobre la Iglesia de Inglaterra”.
El tribunal dio oportunidad al reo de hablar tras conocer el fallo para pedir la clemencia real, aunque Moro aprovechó para manifestar lo que no había podido decir durante el juicio: “Yo sé bien por qué causa me habéis condenado, y es porque nunca he querido consentir en la material del matrimonio del rey”.
La condena era a muerte después de ser arrastrado hasta el patíbulo y permanecer colgado hasta estar medio muerto. En ese momento debía ser desmembrado y desviscerado en presencia de su familia. La cabeza, arrancada del cuerpo, debía exponerse en un lugar público. Aunque Enrique VIII concedió la última gracia al condenado a ser decapitado y a que su cabeza estuviese expuesta un mes en el puente de Londres.
De poco sirvieron las peticiones de clemencia de Carlos I de España y de Clemente VII, la pena se cumplió el 6 de julio de 1535, cuando el reo contaba 57 años. Paradójicamente, menos de un año después Ana Bolena también era decapitada, en su caso por adulterio, incesto y alta traición tras otro juicio parcial.
Tomás Moro es reconocido actualmente como santo tanto por la Iglesia católica como por la anglicana. El papa León XIII lo beatificó junto a Juan Fisher en 1886 como mártir de la Iglesia y Pío XI lo beatificó en 1935. Juan Pablo II lo proclamó en el 2000 santo patrón de los políticos y los gobernantes.
Después de más de dos décadas de desarrollo y varios meses de rodaje en Italia, Mel Gibson puso fin a la fotografía principal de “The Resurrection of the Christ”(La resurrección de Cristo), la esperada secuela de La pasión de Cristo (2004).
Aunque las grabaciones concluyeron formalmente en mayo, en los últimos días comenzaron a viralizarse en redes sociales varios videos captados en el set que muestran el ambiente de celebración del equipo.
Las imágenes registraron el mensaje que dio Gibson a sus actores, técnicos y colaboradores tras completar una filmación que se extendió durante 134 días en diferentes locaciones de Italia.
“Aprovechando que están todos aquí y que tengo un micrófono, solo quiero decirles muchísimas gracias por todos sus esfuerzos, todos sus talentos, todas sus habilidades y el empeño que pusieron para hacer que esta locura saliera adelante. Y, bueno, gracias por acompañarme en esa locura” Mel Gibson, Director
Gibson también aseguró que la etapa de posproducción será su siguiente gran desafío y prometió trabajar para que el resultado final esté a la altura del esfuerzo realizado durante la filmación: “De aquí en adelante haré todo lo posible por darle un último retoque a esto para que todos se sientan orgullosos”.
Mel Gibson Resurrección final rodaje
Una secuela que llevaba más de 20 años en desarrollo
El cierre del rodaje representa uno de los hitos más importantes para una producción que permaneció durante años en distintas etapas de escritura, planificación y preparación.
La nueva película retomará la historia inmediatamente después de los acontecimientos narrados en La pasión de Cristo y se centrará en la resurrección de Jesucristo. El director, quien escribió el guion junto con Randall Wallace (autor de Corazón valiente), explicó anteriormente que la historia abordará temas teológicos como el infierno, el Sheol, la caída de los ángeles y el origen de Satanás, describiendo el libreto como “un viaje alucinante”.
Un reparto completamente renovado
Uno de los cambios que más llamó la atención de los seguidores fue la decisión de reemplazar prácticamente a todo el elenco principal de la película original. Durante buena parte del desarrollo se esperaba que Jim Caviezel volviera a interpretar a Jesús, e incluso se pensó en utilizar tecnología de rejuvenecimiento digital.
Sin embargo, la producción optó por una estrategia menos costosa y renovó el elenco. El actor finlandés Jaakko Ohtonen asumirá el papel de Jesús, mientras que el nuevo reparto incluye a:
Mariela Garriga como María Magdalena
Pier Luigi Pasino como Pedro
Kasia Smutniak como María
Riccardo Scamarcio como Poncio Pilato
Rupert Everett en un papel de reparto
Mel Gibson Resurrección final rodaje
La nueva fecha de estreno
Aunque inicialmente se había anunciado que las dos películas llegarían a los cines en 2027 con apenas 40 días de diferencia, el calendario finalmente fue modificado.
La información más reciente indica que “The Resurrection of the Christ: Part One” se estrenará el 6 de mayo de 2027, mientras que “Part Two” llegará a los cines el 25 de mayo de 2028, ampliando considerablemente el intervalo entre ambas entregas.
El desafío de superar un fenómeno cultural
El monumental desafío que representa esta producción no solo radica en su extenso periodo de gestación, sino en las inmensas expectativas de una audiencia global que convirtió a la entrega original en un éxito de taquilla sin precedentes.
Al dividir la narrativa en dos volúmenes y explorar dimensiones espirituales complejas más allá del relato bíblico convencional, el cineasta busca redefinir los límites del cine épico religioso. Si logra materializar su ambiciosa visión visual y narrativa durante la inminente fase de edición, este proyecto promete generar un profundo impacto tanto en el ámbito teológico como en la industria cinematográfica internacional.
Durante su reciente visita a España, el papa León XIV ha insistido en que la fuerza de la Iglesia no nace de la grandeza de sus medios, sino de la santidad de sus hijos y de la fidelidad humilde a Cristo.
En sus discursos ha invitado a los cristianos a ser presencia de esperanza en medio de una sociedad fragmentada, recordando que el Evangelio no se transmite principalmente mediante estrategias, sino a través del testimonio personal. En la vigilia de oración animó a los jóvenes a ser “chispa de una humanidad nueva”.
Esta llamada conecta con la experiencia de los primeros cristianos, para quienes la fe era algo vivo que impregna toda la existencia. Su ejemplo ayuda a redescubrir una realidad que puede parecer lejana en el tiempo, pero que resulta extraordinariamente actual.
Aquellos hombres y mujeres no disponían de medios de comunicación ni redes sociales, carecían de influencia política y constituían una pequeña minoría dentro del Imperio romano. A pesar de ello, transformaron el mundo.
¿Cómo lo hicieron? El ejemplo de su vida: ahí estuvo la clave. Este es el tremendo poder transformador del buen ejemplo… Los primeros cristianos no se dedicaron, principalmente, a predicar, ni a adoctrinar, no tenían una estrategia de actuación sociológica, o de control y dominio cultural, religioso, etc. Vivían con total naturalidad la fe en cada minuto de su día y eso hizo que sus vidas llamasen la atención de sus coetáneos, atrajeran como un imán, fueran faro que iluminaba a los demás.
San Juan Crisóstomo explicaba que la fuerza del buen ejemplo es tal que, si de verdad fuéramos coherentes los cristianos, nuestra vida llevaría a los demás a convertirse: "Sobrarían las palabras, si mostrásemos las obras. No habría un solo pagano, si nosotros fuéramos verdaderamente cristianos".
Su fe se reflejaba en la familia, en el trabajo, en la atención a los pobres, en la manera de afrontar el sufrimiento y en la capacidad de perdonar.
Quizá ahí se encuentre una de las lecciones más necesarias para nuestro tiempo. Vivimos en una cultura donde abundan los mensajes, las opiniones y las discusiones, pero donde escasean, a veces, los testimonios convincentes. Muchas personas no rechazan a Cristo; simplemente no han encontrado a cristianos cuya vida despierte preguntas.
Los primeros cristianos no conquistaron corazones por campañas de imagen. Lo hicieron ofreciendo una forma distinta de vivir. En una sociedad marcada por la desigualdad, practicaban la fraternidad. En una cultura acostumbrada a la violencia, respondían con mansedumbre. En un mundo donde el poder era el valor supremo, servían a los demás. Su novedad era tan visible que resultaba difícil ignorarla.
Es fácil advertir el paralelismo con la situación actual. También hoy los cristianos se encuentran en un contexto secularizado y, en muchos ambientes, culturalmente minoritario. Precisamente por eso, el ejemplo de los primeros cristianos adquiere una fuerza especial. Nos recuerda que el futuro de la fe no depende tanto de las circunstancias externas como de la autenticidad con que se viva.
León XIV animó a los jóvenes españoles a trasformar el mundo y cambiar la historia:
“mirad a los primeros cristianos, habitantes de un mundo pagano. Siguiendo su ejemplo, sed misioneros del Evangelio ante las pobrezas materiales y espirituales de nuestro tiempo, sabiendo bien que nuestra fe es un estilo de vida que se cumple en la caridad (cf. Ga 5,6). Ésta, queridos jóvenes, es la virtud que cambia la historia más que ninguna otra. ¡Vosotros podéis cambiar la historia! ¡Hacedlo con el amor! (Vigilia de oración con los jóvenes en plaza de Lima, 6 de junio de 2026).
Tal vez la pregunta decisiva no sea cómo recuperar influencia social, sino cómo recuperar la frescura de aquellos hombres y mujeres que cambiaron la historia porque habían encontrado a Cristo. Como ha recordado León XIV en España, la fe vuelve a resultar atractiva cuando se convierte en vida.