Mientras se preparaba para viajar a Roma para completar sus estudios de doctorado, el joven sacerdote Karol Wojtyla recibió un consejo de uno de sus superiores en Cracovia: “aprende la propia Roma”.
Como el propio futuro Papa y San Juan Pablo II relataría más tarde en una de sus memorias, esta actitud significaba aprovechar la gran herencia de fe y cultura de la que está impregnada la Ciudad Eterna, beneficiándose al mismo tiempo de la cercanía al Romano Pontífice.
Aprender Roma
Aprender Roma (Imparare Roma) es también el título del ciclo de películas que la Pontificia Universidad de la Santa Cruz está realizando en colaboración con la empresa audiovisual Digito Identidad y que se presentará oficialmente el 26 de octubre en el Aula Magna de la misma Universidad.
Se trata de una producción audiovisual, única en su género, protagonizada por los propios estudiantes de la Universidad, que acompañarán a los espectadores en un viaje de descubrimiento de los momentos más significativos de la historia cristiana de Roma.
Dividida en tres temporadas de nueve episodios cada una, la serie Aprender Roma pretende mostrar las riquezas artísticas, culturales y religiosas que conserva la Ciudad Eterna.
Los episodios, de una duración media de cinco minutos, se publicarán periódicamente en el canal de YouTube y en las redes sociales de la Universidad de la Santa Cruz, una vez al mes durante los próximos tres años.
Las películas se centrarán, por tanto, en la narración de aquellas historias que han dejado una huella indeleble en las obras de arte que hoy pueden admirarse o en aquellos lugares sencillos y a menudo poco conocidos de la Urbe.
Antigüedad, Edad Media, Edad Moderna y Edad Contemporánea
Siguiendo un hilo narrativo en orden cronológico, las tres series que componen el proyecto abarcan la Antigüedad (primera serie), la Edad Media y el comienzo de la Edad Moderna (segunda serie) y el resto de la Edad Moderna y Contemporánea (tercera serie).
A través de las vidas de los santos que han marcado profundamente la historia de la Iglesia y de acontecimientos históricos que aún hoy pueden recordarse en numerosos monumentos, será posible emprender un viaje virtual en el tiempo para descubrir la riqueza que el centro del cristianismo sigue ofreciendo a los fieles de todo el mundo.
Hasta el momento, se han realizado 15 episodios en los que han participado 17 estudiantes de las distintas facultades de la Santa Cruz, tanto laicos como religiosos, procedentes de distintos países: Sri Lanka, Brasil, India, México, Italia, Kenia, Argentina, Nicaragua y España.
El rodaje de los episodios restantes se completará a lo largo de 2024, y serán presentados por nuevos alumnos. Esto les dará la oportunidad de conocer la historia de la ciudad en la que viven y estudian durante unos años, antes de regresar a sus propias diócesis.
La iniciativa se ofrece a estudiantes, profesores, empleados, amigos, benefactores y personas vinculadas a la Santa Cruz como una oportunidad para explorar la riqueza de Roma en el contexto del desarrollo del cristianismo hasta nuestros días. De este modo se pretende crear un entorno que, a través del estudio y la exploración de la riqueza cultural y espiritual de la Ciudad Eterna, pueda contribuir a un mayor y positivo desarrollo no sólo académico, sino también personal y humano.
El proyecto se financia a través de una campaña de recaudación de fondos iniciada por la Oficina de Promoción y Desarrollo. Los contenidos están editados por los profesores del Departamento de Historia de la Iglesia de la Universidad de la Santa Cruz, Luis Cano y Javier Domingo.
Los títulos de la primera serie presentan los lugares del paso de San Pablo a Roma y su martirio y sepultura, así como el de San Pedro, la vida de los primeros cristianos, el testimonio de los mártires y la historia del emperador Constantino con la construcción de las basílicas de San Juan de Letrán y Santa Croce in Gerusalemme.
El preestreno del primer episodio de la primera serie se proyectará el jueves 26 de octubre en el Aula Magna de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz.
"Estos que visten estolas blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido…? Éstos son los que vienen de la gran tribulación y han lavado sus estolas y las han blanqueado en la sangre del Cordero.Por eso están ante el trono de Dios, y le adoran día y noche en su templo." (Apocalipsis 7,13-15)
Honor y respeto a los difuntos
La Iglesia Católica, ya desde la época de los primeros cristianos, siempre ha rodeado a los muertos de una atmósfera de respeto sagrado. Esto y las honras fúnebres que siempre les ha tributado permiten hablar de un cierto culto a los difuntos: culto no en el sentido teológico estricto, sino entendido como un amplio honor y respeto sagrados hacia los difuntos por parte de quienes tienen fe en la resurrección de la carne y en la vida futura.
El cristianismo en sus primeros siglos no rechazó el culto para con los difuntos de las antiguas civilizaciones, sino que lo consolidó, previa purificación, dándole su verdadero sentido trascendente, a la luz del conocimiento de la inmortalidad del alma y del dogma de la resurrección; puesto que el cuerpo —que durante la vida es “templo del Espíritu Santo” y “miembro de Cristo” (1 Cor 6,15-9) y cuyo destino definitivo es la transformación espiritual en la resurrección— siempre ha sido, a los ojos de los cristianos, tan digno de respeto y veneración como las cosas más santas.
Este respeto se ha manifestado, en primer lugar, en el modo mismo de enterrar los cadáveres.
Vemos, en efecto, que a imitación de lo que hicieron con el Señor José de Arimatea, Nicodemo y las piadosas mujeres, los cadáveres eran con frecuencia lavados, ungidos, envueltos en vendas impregnadas en aromas, y así colocados cuidadosamente en el sepulcro.
En las actas del martirio deSan Pancracio se dice que el santo mártir fue enterrado “después de ser ungido con perfumes y envuelto en riquísimos lienzos”; y el cuerpo de Santa Cecilia apareció en 1599, al ser abierta el arca de ciprés que lo encerraba, vestido con riquísimas ropas.
Pero no sólo esta esmerada preparación del cadáver es un signo de la piedad y culto profesados por los cristianos a los difuntos, también la sepultura material es una expresión elocuente de estos mismos sentimientos. Esto se ve claro especialmente en la veneración que desde la época de los primeros cristianos se profesó hacia los sepulcros: se esparcían flores sobre ellos y se hacían libaciones de perfumes sobre las tumbas de los seres queridos.
Las catacumbas
En la primera mitad del siglo segundo, después de tener algunas concesiones y donaciones,los cristianos empezaron a enterrar a sus muertos bajo tierra. Y así comenzaron las catacumbas. Muchas de ellas se excavaron y se ampliaron alrededor de los sepulcros de familias cuyos propietarios, recién convertidos, no los reservaron sólo para los suyos, sino que los abrieron a sus hermanos en la fe.
Andando el tiempo, las áreas funerarias se ensancharon, a veces por iniciativa de la misma Iglesia. Es típico el caso de las catacumbas de San Calixto: la Iglesia asumió directamente su administración y organización, con carácter comunitario.
Con el edicto de Milán, promulgado por los emperadores Constantino y Licinio en febrero del año 313, los cristianos dejaron de sufrir persecución.
Podían profesar su fe libremente, construir lugares de culto e iglesias dentro y fuera de las murallas de la ciudad y comprar lotes de tierra sin peligro de que se les confiscasen.
Sin embargo, las catacumbas siguieron funcionando como cementerios regulares hasta el principio del siglo V, cuando la Iglesia volvió a enterrar exclusivamente en la superficie y en las basílicas dedicadas a mártires importantes.
Pero la veneración de los fieles se centró de modo particular en las tumbas de los mártires; en realidad fue en torno a ellas donde nació el culto a los santos. Sin embargo, este culto especialísimo a los mártires no suprimió la veneración profesada a los muertos en general. Más bien podría decirse que, de alguna manera, quedó realzada.
En efecto: en la mente de los primeros cristianos, el mártir, víctima de su fidelidad inquebrantable a Cristo, formaba parte de las filas de los amigos de Dios, de cuya visión beatifica gozaba desde el momento mismo de su muerte: ¿qué mejores protectores que estos amigos de Dios?
Los fieles así lo entendieron y tuvieron siempre como un altísimo honor el reposar después de su muerte cerca del cuerpo de algunos de estos mártires, hecho que recibió el nombre de sepultura ad sanctos.Por su parte, los vivos estaban también convencidos de que ningún homenaje hacia sus difuntos podía equipararse al de enterrarlos al abrigo de la protección de los mártires.
Consideraban que con ello quedaba asegurada no sólo la inviolabilidad del sepulcro y la garantía del reposo del difunto, sino también una mayor y más eficaz intercesión y ayuda del santo.Así fue como las basílicas e iglesias, en general, llegaron a constituirse en verdaderos cementerios, lo que pronto obligó a las autoridades eclesiásticas a poner un límite a las sepulturas en las mismas.
Funerales y sepultura
Pero esto en nada afectó al sentimiento de profundo respeto y veneración que la Iglesia profesaba y siguió profesando a sus hijos difuntos. De ahí que a pesar de las prohibiciones a que se vio obligada para evitar abusos, permaneció firme en su voluntad de honrarlos.
Y así se estableció que, antes de ser enterrado, el cadáver fuese llevado a la Iglesia y, colocado delante del altar, fuese celebrada la Santa Misa en sufragio suyo. Esta práctica, ya casi común hacia finales del s. IV y de la queSan Agustín nos da un testimonio claro al relatar los funerales de su madreSanta Mónica en sus Confesiones, se ha mantenido hasta nuestros días.
San Agustín también explicaba a los cristianos de sus días cómo los honores externos no reportarían ningún beneficio ni honra a los muertos si no iban acompañados de los honores espirituales de la oración: “Sin estas oraciones, inspiradas en la fe y la piedad hacia los difuntos, creo que de nada serviría a sus almas el que sus cuerpos privados de vida fuesen depositados en un lugar santo. Siendo así, convenzámonos de que sólo podemos favorecer a los difuntos si ofrecemos por ellos el sacrificio del altar, de la plegaria o de la limosna” (De cura pro mortuis gerenda, 3 y 4).
Comprendiéndolo así, la Iglesia, que siempre tuvo la preocupación de dar digna sepultura a los cadáveres de sus hijos, brindó para honrarlos lo mejor de sus depósitos espirituales. Depositaria de los méritos redentores de Cristo, quiso aplicárselos a sus difuntos, tomando por práctica ofrecer en determinados días sobre sus tumbas lo que tan hermosamente llamó San Agustín sacrificium pretii nostri, el sacrifico de nuestro rescate.
Ya en tiempos de San Ignacio de Antioquia y de San Policarpo se habla de esto como de algo fundado en la tradición. Pero también aquí el uso degeneró en abuso, y la autoridad eclesiástica hubo de intervenir para atajarlo y reducirlo. Así se determinó que la Misa sólo se celebrase sobre los sepulcros de los mártires.
Los difuntos en la liturgia
Por otra parte, ya desde el s. III es cosa común a todas las liturgias la memoria de los difuntos. Es decir, que además de algunas Misas especiales que se ofrecían por ellos junto a las tumbas, en todas las demás sinaxis eucarísticas se hacía, como se sigue haciendo todavía, memoria —memento— de los difuntos.
Este mismo espíritu de afecto y ternura alienta a todas las oraciones y ceremonias del maravilloso rito de las exequias. La Iglesia hoyen día recuerda de manera especial a sus hijos difuntos durante el mes de noviembre, en el que destacan la “Conmemoración de todos los Fieles Difuntos”, el día 2 de noviembre, especialmente dedicada a su recuerdo y el sufragio por sus almas; y la “Festividad de todos los Santos”, el día 1 de ese mes, en que se celebra la llegada al cielo de todos aquellos santos que, sin haber adquirido fama por su santidad en esta vida, alcanzaron el premio eterno, entre los que se encuentran la inmensa mayoría de los primeros cristianos.
«Hoy cada uno de nosotros puede pensar en el ocaso de su vida... ¿Lo veo con esperanza, con la alegría de ser recibido por el Señor?»
El Papa Francisco explica en la Audiencia General qué es la Comunión de los Santos
Francisco ha explicado que la 'comunión de los santos' es la caridad que se vive entre los cristianos.
Francisco dijo que la caridad es la mayor riqueza de la Iglesia y que, para nutrirla, es necesario el alimento espiritual de los sacramentos. A través de ellos 'nos encontramos con Jesús' y como 'todo encuentro con el Señor tiene un carácter misionero', los sacramentos nos impulsan a llevar a los demás 'la salvación que hemos recibido'.
Roma, 6 de noviembre de 2013
Resumen de la catequesis del Papa en esañol:
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy quisiera hablar de la comunión de los santos, que crece mediante la participación en los bienes espirituales de la Iglesia. En los Sacramentos nos encontramos con Jesús y, por medio de Él, entramos a formar parte del santo Pueblo de Dios. Todo encuentro con el Señor tiene un carácter misionero. Por eso, los Sacramentos constituyen una invitación a comunicar a los otros lo que hemos visto y oído, a llevar a los demás la salvación que hemos recibido.
A su vez, los carismas son dones y gracias especiales que el Espíritu Santo reparte para la edificación de la Iglesia, es decir, de su santidad y de su misión en el mundo. Ellos enriquecen la caridad, que está por encima de todo. Sin amor, los carismas son vanos. Con amor, hasta el menor de nuestros actos repercute en beneficio de todos.
La caridad es la mayor riqueza de la Iglesia. Vivir la comunión en la caridad significa no buscar el propio interés, sino ser capaces de compartir las alegrías y los sufrimientos de los hermanos, ser capaces de llevar los unos las cargas de los otros.
No lo olvidemos: los bienes espirituales que compartimos en la Iglesia están al servicio de la comunión y de la misión, y mediante la comunión de los santos cada uno de nosotros somos signo y “sacramento” del amor de Dios para los demás y para el mundo entero.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, México, Panamá, Argentina y los demás países latinoamericanos. Que María Santísima haga de todos nosotros discípulos misioneros, que dan gratis las gracias recibidas. Muchas gracias.
«Hoy cada uno de nosotros puede pensar en el ocaso de su vida... ¿Lo veo con esperanza, con la alegría de ser recibido por el Señor?»
El Papa Francisco explica en la Audiencia General qué es la Comunión de los Santos
Francisco ha explicado que la 'comunión de los santos' es la caridad que se vive entre los cristianos.
Francisco dijo que la caridad es la mayor riqueza de la Iglesia y que, para nutrirla, es necesario el alimento espiritual de los sacramentos. A través de ellos 'nos encontramos con Jesús' y como 'todo encuentro con el Señor tiene un carácter misionero', los sacramentos nos impulsan a llevar a los demás 'la salvación que hemos recibido'.
Roma, 6 de noviembre de 2013
Resumen de la catequesis del Papa en esañol:
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy quisiera hablar de la comunión de los santos, que crece mediante la participación en los bienes espirituales de la Iglesia. En los Sacramentos nos encontramos con Jesús y, por medio de Él, entramos a formar parte del santo Pueblo de Dios. Todo encuentro con el Señor tiene un carácter misionero. Por eso, los Sacramentos constituyen una invitación a comunicar a los otros lo que hemos visto y oído, a llevar a los demás la salvación que hemos recibido.
A su vez, los carismas son dones y gracias especiales que el Espíritu Santo reparte para la edificación de la Iglesia, es decir, de su santidad y de su misión en el mundo. Ellos enriquecen la caridad, que está por encima de todo. Sin amor, los carismas son vanos. Con amor, hasta el menor de nuestros actos repercute en beneficio de todos.
La caridad es la mayor riqueza de la Iglesia. Vivir la comunión en la caridad significa no buscar el propio interés, sino ser capaces de compartir las alegrías y los sufrimientos de los hermanos, ser capaces de llevar los unos las cargas de los otros.
No lo olvidemos: los bienes espirituales que compartimos en la Iglesia están al servicio de la comunión y de la misión, y mediante la comunión de los santos cada uno de nosotros somos signo y “sacramento” del amor de Dios para los demás y para el mundo entero.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, México, Panamá, Argentina y los demás países latinoamericanos. Que María Santísima haga de todos nosotros discípulos misioneros, que dan gratis las gracias recibidas. Muchas gracias.
Parece que las armas fueron escondidas por rebeldes judíos que se escondían en las cuevasdespués de haberlas tomado como botín de guerra del ejército romano. Encontrar una espada así es raro, ¡entonces cuatro? Es un sueño. Nos frotamos los ojos para creerlo, dicen los investigadores.
Como parte del lanzamiento del libro New Studies in the Archaeology of the Judean Desert: Collected Papers que trata sobre los nuevos descubrimientos arqueológicos encontrados en la exploración del desierto de Judea – las raras armas fueron presentadas por primera vez, descubiertas en una pequeña y oculta cueva ubicada en una área de abruptos acantilados aislados y de difícil acceso, en los terrenos de la Reserva Natural Ein Gedi administrada por la Autoridad de Parques y Reservas Naturales.
En esta cueva se descubrieron hace unos 50 años los restos de una inscripción hebrea fragmentada escrita con tinta sobre una estalactita, en la antigua escritura hebrea característica de los días del Primer Templo.
El Dr. Asaf Gi’or del Departamento de Arqueología de la Universidad Ariel, el geólogo Boaz Langford del Instituto de Ciencias de la Tierra y el Centro de Investigación de Cuevas de la Universidad Hebrea de Jerusalén y Shai Halevi, fotógrafo de la Autoridad de Antigüedades, llegaron a la cueva para fotografiar la inscripción hebrea en la estalactita con fotografía multiespectral, que permite descifrar partes adicionales de la inscripción que no son visibles a simple vista.
Durante su recorrido, el Dr. Gi’or encontró dentro de un profundo rincón la punta de una lanza (pilo romano) en un estado de conservación excepcional. En un rincón cercano, Gi’or localizó fragmentos de madera trabajada que resultaron ser parte de las vainas de las espadas.
Los investigadores informaron sobre este descubrimiento al equipo de exploración arqueológica de la Autoridad de Antigüedades que actualmente está llevando a cabo un proyecto científico sistemático en las cuevas del desierto de Judea.
Como parte de esta exploración, que se lleva a cabo por iniciativa de la Autoridad de Antigüedades y en cooperación con la Oficina del Patrimonio y el Oficial Jefe de Arqueología de la Administración Civil, se han documentado cientos de cuevas en el desierto de Judea en los últimos seis años y se han realizado 24 excavaciones arqueológicas en cuevas seleccionadas, cuyo objetivo es salvar los restos arqueológicos únicos – que se conservan en el desierto de Judea – del saqueo de antigüedades.
Cuando llegó el equipo de la exploración a la cueva, se sorprendieron al descubrir dentro de una grieta estrecha y profunda un «tesoro» excepcional: cuatro espadas romanas.
Las espadas se conservaron en excelentes condiciones, tres de ellas se encontraron con la hoja de hierro todavía dentro de la vaina de madera. Dentro de la hendidura también se encontraron partes de correas de cuero y objetos de metal y madera que formaban parte del conjunto de espadas.
Las espadas tienen mangos elaborados, hechos de madera o metal. La longitud de la hoja de tres de las espadas es de unos 60-65 cm, identificándolas como ‘spathas’ romanas, y otra espada más corta, con una hoja de unos 45 cm, se identificó como del tipo Ring Pommel Sword.
Las espadas fueron cuidadosamente extraídas de la grieta y trasladadas rápidamente para su tratamiento y conservación en condiciones controladas de clima en los laboratorios de la Autoridad de Antigüedades. En un examen preliminar, parecer ser espadas estándar que estaban en uso por los soldados del ejército estacionados en la Tierra de Israel en el período romano.
El escondite de las espadas sugiere que las armas fueron tomadas como botín de manos de soldados romanos o del campo de batalla y deliberadamente ocultadas por rebeldes judíos para su reutilización, dice el Dr. Eitan Klein, uno de los directores del proyecto de exploración del desierto de Judea. Es probable que los rebeldes no quisieran ser atrapados con las armas cuando se encontraran con las autoridades romanas.
Estamos sólo al principio de la investigación de la cueva y el conjunto de armas descubierto en ella, y nuestro objetivo es tratar de determinar quiénes eran los dueños de las espadas, dónde se fabricaron y cuándo, y también por quién. Intentaremos comprender cuál es el evento histórico tras el cual se escondieron las armas en la cueva, y si de hecho fue durante la revuelta de Bar Kokhba, que tuvo lugar en los años 132-135.
Con el descubrimiento de las espadas, se decidió llevar a cabo una excavación arqueológica formal de la cueva por parte de la Autoridad de Antigüedades, dirigida por los investigadores Uriah Amichai, Haggai Haimer, Dr. Eitan Klein y Amir Ganor.
La cueva fue excavada en su totalidad, descubriéndose hallazgos de la época calcolítica (hace unos 6.000 años) y del período romano (hace unos 2.000 años). Al pie de la entrada de la cueva se encontró una moneda de bronce de la época de la revuelta de Bar Kokhba, quizás una pista del período de tiempo en que la cueva sirvió como escondite.
Murió mártir, siendo Trajano emperador, hacia el 117
Por humildad se resistió con todas las fuerzas posibles a asumir el papado, pero el día 27 de Julio del año 108 la Iglesia tuvo por Papa a Evaristo.
Nació por los años 60, de una familia judía asentada en tierras griegas. Recibió educación judía y aprendió en los liceos helénicos.
Griego de Antioquía pero nacido en Belén, Evaristo se convirtió en el cuarto o quinto sucesor de Pedro, alrededor del 97 y gobernó durante unos 9 años, hasta aproximadamente el 105. No se conoce casi nada de su pontificado, pero según algunas tradiciones murió como mártir bajo el imperio de Trajano.
No se conocen datos de su conversión al cristianismo, pero se le ve ya en Roma como uno de los presbíteros muy estimados por los fieles que, lleno de celo, eleva el nivel de la comunidad de cristianos de la ciudad, entregándose por completo a mostrarle a Jesucristo. Amplio conocedor de la Sagrada Escritura, es docto en la predicación y humilde en el servicio.
Muerto mártir el Papa Clemente, sucesor de Anacleto, la atención se fija en Evaristo. Por humildad se resistió con todas las fuerzas posibles a asumir la dignidad que comportaba tan alto servicio. El día 27 de Julio del año 108 la Iglesia tuvo por Papa a Evaristo.
Atendió cuidadosamente las necesidades del rebaño: Defiende la verdadera fe contra los errores gnósticos. Establece normas que afectan a la consagración y trabajo pastoral de los Obispos y de los diáconos. Manda la celebración pública de los matrimonios. Se ocupa de la vida de los fieles, esbozándose ya una cierta administración territorial, para su mejor atención y gobierno. También escribió cartas a los fieles de África y de Egipto.
Murió mártir, siendo Trajano emperador, hacia el 117.
La iglesia del tiempo cada día crece en número, pero está perseguida por las leyes; es silenciosa y fuerte en la fe, oculta y limpia en las obras; vive dentro del Imperio en estado latente, desplegando poco a poco su potencialidad al soplo del Espíritu.
La Iglesia lleva caminando veintiún siglos y el actual Sínodo de Roma solo es un momento más de su multisecular peregrinación. Una “Iglesia en salida” ha sido expresión favorita del papa Francisco, apenas elegido sucesor de Pedro.
Con esa referencia ha recordado que la Iglesia debe seguir siendo lo que ya fue desde el primer instante, con el “pistoletazo” de salida en Pentecostés, y las lenguas de fuego sobre la primitiva comunidad cristiana: varones y mujeres, reunidos en el Cenáculo de Jerusalén, en torno a María, Madre de Dios y de la Iglesia, para lanzarse ya al mundo entero. Allí comenzó la Iglesia “en salida” y, mal que bien, lo ha continuado siendo a lo largo de los siglos; de lo contrario hoy no habría un Sínodo romano, ni yo estaría escribiendo estas líneas.
El Sínodo llega ahora al ecuador de su camino y, entre tantos posibles comentarios, solo deseo recordar cómo todos los cristianos somos copartícipes de su andadura, porque también lo somos de un más amplio y permanente camino sinodal de la Iglesia, que no se reduce a un sínodo concreto y, de suyo, pasajero.
Ya los primeros cristianos “hicieron sínodo” sobre todo por el diario “caminar juntos” en la común fe recibida, porque esto significa como es sabido el término “sínodo”; así fueron “Iglesia sinodal”, y no tanto por el hecho de reunirse a debatir cuestiones como sucede estos días en Roma. También esto es necesario, y ha servido para ahondar en muchos aspectos de las verdades de fe y vivir mejor lo esencial del cristianismo: amar a Cristo y darlo a conocer con la propia vida. Esta será siempre la referencia clave de la misión de la Iglesia.
De ahí que ahora estemos, o no, en las aulas del Sínodo romano, debemos ser copartícipes, porque antes, ahora y después, hemos sido y seguiremos siendo peregrinos del incesante caminar de la Iglesia, que comprende este y cuantos sínodos y concilios ha habido, desde el siglo I en Jerusalén.
Los primeros cristianos “hicieron sínodo” caminando estrechamente unidos por la fe del bautismo: todos juntos, pero no revueltos; y cada uno en y desde su sitio, donde Dios los llamó para seguir a Cristo, sin confusión ni mutuas envidias entre los dones recibidos por unos y otros, como discípulos del Señor.
Todos gozosos por el sacerdocio real compartido universalmente en razón del Bautismo; otros, además, por el sacerdocio ministerial solo propio de ellos en virtud del sacramento del Orden, para constituir la jerarquía sagrada querida expresamente por Cristo, Cabeza y Fundador de su Iglesia. Todos los bautizados se sabían “Iglesia”, Familia de Dios, formando así el “Cristo total” como escribió san Agustín y recuerda el número 795 del Catecismo.
El “camino sinodal” en el sentido indicado -el de todos los bautizados, sin más distinción-, se inició ya antes del primer sínodo, que reunió en Jerusalén a los apóstoles y presbíteros para estudiar y decidir las obligaciones de los judíos convertidos al cristianismo. Antes, pues, de aquel primer concilio, en el que solo participaron “presencialmente” apóstoles y presbíteros, ya había “camino sinodal” en su más genuina esencia: el que recorrían a diario todos los bautizados, como lo prueban los Hechos de los Apóstoles, donde leemos:
“Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y con María, la madre de Jesús” (Hechos 1, 14). “Perseveraban unánimes en la doctrina de los apóstoles y en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. (…) Todos los creyentes estaban unidos” (Hechos 2, 42.44).
A principios de este año, se donó al Vaticano una réplica a tamaño natural de la llamada “barca de San Pedro”. Ahora, la barca se exhibe cerca de una de las zonas más concurridas de este museo.
BARBARA JATTA
Directora, Museos Vaticanos
Este fue el deseo del Santo Padre el papa Francisco, que quería que se expusiera ante el mayor número de personas posible, y por eso lo pusimos aquí, a la entrada de los Museos Vaticanos por donde pasa todo el mundo...".
La embarcación mide más de 28 pies de largo y puede transportar a una docena de personas aproximadamente. Es una réplica exacta de la embarcación original que se descubrió a orillas del lago Tiberíades en 1986. No fue la barca del apóstol Pedro, pero sí una barca usada por los pescadores de la época.
MAURIZIO APONTE
Donante, Barca de San Pedro
Los materiales, todo estaba hecho de acuerdo con lo que había en Tierra Santa en ese momento. Por ejemplo, cedro, lino y cáñamo. Todo lo que se utilizaba para construir barcos hace 2000 años.
Instalar la embarcación no fue tarea sencilla. Pero la familia Aponte, quienes donaron la barca, en colaboración con el Instituto Diplomático Internacional de Roma, está encantada de que ahora sea accesible a los visitantes de los Museos.
MAURIZIO APONTE
Donante, Barca de San Pedro
Me siento muy honrado tanto por mi familia como por mí, porque pensé que nunca llegaríamos a esto. También porque al principio todo estaba pensado como un regalo privado al Santo Padre. Solo eso. Nada más.
Ahora, los casi 7 millones de personas que cada año pasan por los museos pasarán por delante de la barca, puesta ahí como recordatorio sobre los orígenes del primer papa y de toda la Iglesia.
Entre todo el drama que estamos viviendo en estos días, hemos tenido un consuelo, un acercamiento por parte del Santo Padre. Me llamó ayer, y también anteayer, para preguntarme cómo estaba la situación pero también para informarse sobre la comunidad parroquial de Gaza y me expresó su cercanía y preocupación. Le agradecí su llamamiento por el fin de toda guerra y para que haya paz... esperando que la paz llegue pronto.
P. GABRIEL ROMANELLI
Párroco latino de Gaza
Quería mostrar su cercanía. Y ayer, después de enviarle su saludo y su oración, llamó al padre Youssef, a las hermanas y a la comunidad que se han refugiado en la parroquia de allí y le dio su bendición. ¡Verdaderamente un consuelo! Sabemos que la oración del Santo Padre representa la oración de toda la Iglesia. Que su bendición sane todas las heridas de esta tierra.
El P. Gabriel Romanelli pertenece al Instituto del Verbo Encarnado y es párroco de la iglesia latina de Gaza desde hace unos cuatro años.
La comunidad cristiana de la Franja es numéricamente muy pequeña. En esta región exclusivamente musulmana, los cristianos representan el 0,05% de la población.
P. GABRIEL ROMANELLI
Párroco latino de Gaza
¡La comunidad cristiana de Gaza está bien! ¡Sufre como todas las personas! Gracias a Dios no tenemos víctimas, sin embargo algunos han perdido sus viviendas o han sufrido daños. Tengo más de 135 personas de la comunidad dentro de la iglesia, si pensamos que son alrededor de 1.000. ¡135 es un número muy alto! En la iglesia ofrecemos todo lo que necesitan: un lugar para dormir, algo para comer y beber y continuamos un programa espiritual y de apoyo para niños y adultos. Ante tanta necesidad somos, como diría la Madre Teresa, una gota en el mar pero sin nosotros esa gota faltaría. Esto es lo que nos mueve a hacer el bien todos estos años.
El padre Gabriel estaba de viaje y no pudo regresar a Gaza. Actualmente se encuentra en la ciudad de Belén en Palestina.
P. GABRIEL ROMANELLI
Párroco latino de Gaza
¡Querría ir! He pedido entrar. Sé que esta es la voluntad de Dios que quería que yo estuviera aquí. ¡Pero mi rebaño está ahí! ¡Mi gente está ahí! Las almas para ayudar están ahí. Y, por tanto, se necesitarían corredores humanitarios. Son necesarios para la pobreza, las necesidades de salud, agua, electricidad.
Crisanto y Daria fueron dos mártires cristianos del siglo III
Fueron enterrados vivos porque ella había sido una vestal antes de convertirse. Calderón les consagró un drama. El National Geographic sufragó la investigación de sus restos.
"Aquesta cueva, que hoy tiene / tan grande tesoro dentro, / de nadie ha de ser pisada; / y así, este peñasco quiero / que la selle, porque sea / losa de su monumento; / y para que sus cenizas / nunca pisadas del tiempo / vuelen, durando inmortales / siglos de siglos eternos; este rústico padrón / estará siempre diciendo / a las futuras edades: / Aquí yacen los dos cuerpos / de Crisanto y de Daria, / los dos amantes del cielo".
Esto declama el ángel al final de un drama sacro de Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), la última gran voz poética del Siglo de oro español. Drama que, efectivamente, lleva el título de Los dos amantes del cielo. Como hombre de letras y de fe, Calderón de la Barca comprendió el potencial lírico de la historia de los mártires romanos Crisanto y Daria, de los cuales la Iglesia celebra su memoria el 25 de octubre, y quiso llevarla a escena.
Como hizo en 2011, de manera más prosaica, pero siempre con un gran olfato para las historias de valor, el coloso de los documentales, National Geographic.
Un santo imprevisto
Según la tradición, Crisanto y Daria fueron martirizados en tiempos del emperador Numeriano, que gobernó entre el año 283 y el 284. Sus nombres figuran en el Martirologio jeronimiano, que se remonta al siglo V, pero que fue redactado basándose en fuentes más antiguas. Los detalles del caso fueron descritos con diversas variantes y están envueltos en una nube de indeterminaciones. Sin embargo, el relato está bastante claro en sus trazos principales.
Crisanto, joven brillante nativo de Alejandría de Egipto e hijo único del senador Polemio, se mudó a Roma para estudiar. Allí conoció al presbítero Carpóforo y se convirtió al cristianismo. Su padre, trastornado, intentó alejar a su hijo de esa nueva pasión, primero con jóvenes atractivas y después apuntando a una belleza femenina más elevada, espiritual e intelectual: la de una virgen que custodiaba el fuego sagrado de la diosa Vesta.
Enviaron a la fascinante vestal Daria para que, con la fuerza de su cultura y su estatus social, altísimo en la sociedad romana, Crisanto volviera a la religión de sus antepasados. Sin embargo, sucedió un imprevisto: venció el ardor de Crisanto y Daria se convirtió. Entre ambos surgió un gran amor en Cristo, una unión en la castidad.
Murieron juntos
Difundieron el Evangelio, convirtiendo a otros romanos, hasta que fueron descubiertos y condenados a muerte. Los llevaron a la vía Salaria, donde fueron arrojados a una fosa y sepultados vivos porque no se podía derramar la sangre de una vestal. Su tumba, en las catacumbas de Trasone, se convirtió en meta de peregrinaciones y el culto se difundió tanto en la parte occidental como oriental del imperio.
Enterrados vivos: el martirio de los dos castos esposos, Crisanto y Daria.
Actualmente, los restos de Crisanto y Daria se conservan en la catedral de Reggio Emilia. Cómo llegaron allí, nos lo explica don Augusto Gambarelli, historiador y archivero diocesano: "En el 947, el rey Berengario II donó las reliquias de los santos a Adelardo, obispo de Reggio Emilia, una donación de la que poseemos varios testimonios antiguos, aunque no contemporáneos al hecho. Las reliquias fueron trasladadas desde Roma a Reggio.
Eran años especiales: recordemos que en el 899, Reggio había sido devastada por los húngaros, que habían asesinado al obispo. Eran tiempos en los que las reliquias eran muy importantes para la comunidad. A partir de entonces se quedaron en la catedral: primero, solo en el altar de la cripta; después, en 1522, se hizo una identificación y partes de los cuerpos fueron custodiados en dos bustos relicarios de plata".
Los amantes del Cielo acompañaron silenciosamente a la ciudad y la diócesis emiliana hasta 2008, cuando alguien alteró esta quietud.
Una nueva investigación
Durante las grandes obras de restauración de la catedral de Reggio Emilia, iniciadas en 2004, se decidió llevar a cabo una nueva investigación sobre las reliquias, tanto de reconocimiento como de conservación. Para hacerlo se implicó a uno de los mayores expertos en el sector, el paleopatólogo Ezio Fulcheri, de la Universidad de Génova.
Y aquí tuvo lugar un cruce de intereses. "Antes de que me contactara la diócesis de Reggio Emilia", recuerda Fulcheri, "el National Geographic, con el que colaboraba, me pidió si había la posibilidad de realizar juntos algo relacionado con reliquias de santos. Pensé entonces en Crisanto y Daria y me imaginé una investigación realizada por un equipo multidisciplinario, con datación al carbono, tomografía computerizada, análisis del polen y los sedimentos... una investigación de amplio alcance. El National Geographic aceptó hacerse cargo de los gastos, bastante elevados, y pudo seguir los trabajos y así obtener un producto para su público".
Y así fue, con el acuerdo de todas las partes, y en 2011 salió un documental, transmitido en Italia por la plataforma Sky, con el título de Los esposos enterrados vivos. Una joya en su género por la belleza de las imágenes y la fuerza evocadora de las reconstrucciones históricas, que merecería ser sacado del olvido en el que ha caído.
A veces se encarga la identificación de reliquias con orígenes históricos inciertos con un escepticismo tácito sobre su autenticidad, incluso con un débil deseo de desmitificación. En el caso de Crisanto y Daria la investigación dio unos resultados sorprendentes.
La ciencia sostiene a la historia
El análisis antropológico, por ejemplo, verificó la presencia en los relicarios de dos individuos, y excluyó la presencia de huesos ajenos a ellos. Esqueletos casi completos y en buen estado de conservación. Los huesos de los cráneos llevaron a la identificación de un sujeto de sexo femenino de edad comprendida entre los 20 y los 25 años, mientras que la determinación del sexo del segundo esqueleto resultó más difícil. Los relieves en los huesos de los miembros superiores e inferiores indican que ambos sujetos tuvieron una vida caracterizada por actividad muscular poco intensa, típica de las clases sociales altas.
Las reliquias de Crisanto y Daria fueron expuestas para la veneración de los fieles con motivo de su estudio.
Los elevados valores de plomo hallados en los huesos podrían indicar una vida en la Urbe [Roma], donde los conductos de agua liberaban una elevada cantidad de este metal. La datación al carbono confirmó que ambos vivieron entre finales del siglo I y la primera mitad del siglo IV d.C. Y si bien no ha sido posible identificar la causa de la muerte, los expertos no han hallado politraumatismos, directos o indirectos, en los esqueletos, lo que es compatible con una muerte por ahogamiento.
En resumen, no solo no ha emergido nada que contradiga lo que sabemos por la tradición hagiográfica, sino que muchos de los datos científicos parecen encajar perfectamente con ella. Los amantes del Cielo probablemente hayan sonreído ante la sorpresa de algunas personas por estos resultados. Y tras la fastidiosa intromisión en su intimidad, han vuelto a velar sobre Reggio Emilia y todos los amantes terrenales que se encomiendan a ellos.