Francisco recuerda la narración fundamental de los primeros testigos que corrieron al sepulcro: «A los Apóstoles y a los discípulos les cuesta más creer, a las mujeres no»

“Las mujeres en la Iglesia y en el camino de la fe, tienen hoy un papel especial en el abrir las puertas al Señor, en seguirlo y en comunicar su Rostro”

Francisco recuerda la narración fundamental de los primeros testigos que corrieron al sepulcro: «A los Apóstoles y a los discípulos les cuesta más creer, a las mujeres no»

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En su segunda audiencia general, en la Plaza San Pedro, el Papa Bergoglio habló de la Resurrección y de las narraciones evangélicas que describen las circunstancias del evento central de la fe cristiana. «Desde los primeros pasos de la Iglesia es clara y firme la fe en el Misterio de la Muerte y Resurrección de Jesús. Hoy, sin embargo, quisiera centrarme en la segunda, en los testimonios que toman la forma de un relato, que encontramos en los Evangelios. Sobre todo observamos que los primeros testigos de este evento fueron mujeres», explicó. Al amanecer, recordó el Papa, las mujeres fueron al sepulcro y lo encontraron vacío; después un ángel les habría anunciado la Resurrección.

«Las mujeres son llevadas por el amor y saben acoger este anuncio con fe: creen, y de inmediato lo transmiten, no lo tiene para sí mismas. Lo transmiten […] En las profesiones de fe del Nuevo Testamento, como testigos de la Resurrección vienen recordados sólo los hombres, los Apóstoles, pero no las mujeres. Esto se debe a que, de acuerdo con la Ley judaica de aquel tiempo, las mujeres y losniños no podían dar un testimonio fiable, creíble. En los Evangelios, sin embargo, las mujeres tienen un papel primordial, fundamental. Aquí podemos ver un elemento a favor de la historicidad de la Resurrección: si se tratara de un hecho inventado, en el contexto de aquel tiempo no hubiera estado relacionado al testimonio de las mujeres. Los evangelistas, en cambio, simplemente se limitan a narrar lo que sucedió: las mujeres son los primeros testigos».

Y Bergoglio subrayó que «los primeros testimonios del nacimiento de Jesús son los pastores, gente sencilla y humilde. Y las primeras en ser testimonios de la Resurrección son las mujeres. Y ello es bello, es un poco la misión de las mujeres, de las mamás, de las abuelitas. Dar testimonio a sus hijos y nietos de que Jesús está vivo, vive ha resucitado. Mamás y mujeres ¡adelante con este testimonio! […] esto nos hace reflexionar también sobre cómo las mujeres, en la Iglesia y en el camino de la fe, hayan tenido y sigan teniendo aún hoy un papel especial en el abrir las puertas al Señor, en seguirlo y en comunicar su Rostro, porque la mirada de fe necesita siempre la mirada sencilla y profunda del amor. A los Apóstoles y a los discípulos les cuesta más creer, a las mujeres no».

El Papa, al final de su discurso, citó una conclusión a la que han llegado muchos biblistas: «Todos los exégetasdeberían convenir», escribió Léon-Dufur, «en que la narración de la visita de las mujeres a la tumba no es, por lo menos en su origen, una narración apologética. De lo contrario, ¿por qué haber elegido como testimonio a las mujeres, las cuales, según las costumbres judías, no eran calificadas para ofrecer un testimonio jurídicamente cálido?».

«¿Es creíble que los discípulos hayan estado dispuestos a sufrir y a morir por una mentira que se ha convertido en leyenda?», se preguntó Peter Walker; «si pretendían crear una leyenda convincente, entonces tendríamos buenas razones para preguntarnos por qué habrían inverntado toda la historia de un Jesús resucitado que habría sido visto sobre todo por las mujeres, cuando sabían que muchos de sus escuchas judíos habrían rechazado instintivamente el testimonio de una mujer».

Efectivamente, no es un misterio que el judaísmo era entonces una religión bastante “machista”. El historiador judío Flavio Josefo, que nació después de la muerte de Cristo, en sus “Antigüedadades judaicas” (IV, 219) escribió que «El testimonio de las mujeres no debe tener ningún valor debido a la ligereza y atrevimiento de ese sexo». Es decir, las mujeres eran las que en la sociedad judía del primer siglo no podían ofrecer testimonios y en las narraciones de los cuatro Evangelios se convierten en testigos privilegiados. La palabra femenina, que ningún tribunal judío habría tomado en cuenta, se convierte en el apoyo de la fe de los primeros cristianos.

(Texto: Vatican Insider; Video: Romereports.com)